CAPÍTULO XI. Volo Papilionem.
Antes.
El día de mi cumpleaños seguía sin poder darle a Chris un mejor consejo, aunque si fue mi turno de explicarle por qué pensaba que Yuuri podía tener un montón de sentimientos por mí, pero ninguno de ellos tenía mucho que ver con el amor: era obvio a mis ojos que yo era un pasatiempo, algo que no había hecho antes –eso me había dicho y yo quería seguir creyendo en eso- y que tenía que sacudirse pronto.
Mi relación con Yuuri tenía una fecha de caducidad que desconocía; Chris, al menos sabía cuándo terminaría la suya, yo estaba simplemente esperando que sucediera en cualquier momento.
Quizá esos pensamientos tan oscuros me siguieron rondando todo el trayecto desde los dormitorios hasta el sitio donde había quedado de verme con él, porque en cuanto Yuuri me dio una mirada sus ojos se volvieron preocupados.
-¿te ocurre algo?
Nos encontramos en el estacionamiento del internado muy temprano, el sol a penas si despuntaba por entre los edificios que nos rodeaban; me observó con cuidado mientras encendía el automóvil y la calefacción.
-no realmente.
Le vi entrecerrar los ojos, seguro que no me había creído sin embargo, no quería seguir con el tema, por lo que prendí la radio y le miré, esperando entendiera y no continuara con ese camino. Suspiré alegremente cuando se dedicó simplemente a manejar.
No dijimos mucho en el trayecto, más que algunos comentarios sobre las actividades que habíamos hecho desde la última vez que salimos y sobre el clima; que parecía hoy nos daría un día soleado, aunque no precisamente cálido. Me entretuve mirando los caminos y edificios que íbamos dejando atrás y sonreí al verlo tomar el Puente MacArthur, con el reflejo del sol contra la cristalina agua del río Detroit, volviéndolo platinado y resplandeciente.
-¿Belle Isle Park?- pregunté, sonriendo porque ya sabía la respuesta.
-exacto, ¿está eso bien?
A veces me preguntaba si era un rasgo aprendido, ese de siempre dudar de todo lo que hacía, o sí era algo innato de él; cualquiera que fuera el caso no importaba, lo hacía ser Yuuri, mi Yuuri dudoso.
Estacionó el auto lo suficientemente cerca del acuario como para llegar caminando, pero al ser tan temprano aún permanecía cerrado; aprovechamos para caminar por los jardines y sentarnos a observar la mañana a orillas del río, mientras las aves cruzaban a vuelo y algunas personas pasaban corriendo o paseando sus mascotas.
Me dejé recostar contra su hombro y disfruté del momento.
Después, me di cuenta de la forma en que evitábamos hablar de cosas al inicio, del futuro sobre todo; dejábamos que las banalidades llenaran nuestras conversaciones y cuando no era suficiente recurríamos a los temas más superficiales de nuestras vidas: la familia, nuestras ciudades de nacimiento, sueños por alcanzar.
-¿así que ya tienes listas todas tus aplicaciones?- dijo y me permití esbozar una sonrisa, pensando que estaba intentando interesarse realmente en mí.
-sí, todas listas y enviadas…
-¿puedo preguntar a qué escuelas?
-veamos, son la UCL*, Cambridge, Oxford, la Estatal de Moscú y Stanford…- solté alegremente, contando con los dedos cada que mencionaba alguna; estaba orgulloso de mis elecciones y de tener posibilidades para cada una de ellas.
-¡impresionante! Estoy seguro que te aceptarán en todas ellas- Yuuri me sonrió dulcemente y tuve la sensación de enrojecer hasta la punta del cabello.
-gra… gracias. Eso es lo que espero.
-sé que así será- su mano alcanzó un mechón suelto de mi cabello y lo colocó con cuidado tras mi oreja. Posiblemente me derretí un poco en ese momento, a pesar del frío en el ambiente a nuestro alrededor.
-ahm, ¿y tú? ¿Planeas seguir trabajando en el internado por mucho tiempo?
Yuuri se acomodó, removiéndome un poco, sin hacerme quitármele de encima.
-no, en realidad vine aquí buscando una vacante en una universidad- explicó, acariciando distraídamente mi mano, que había dejado sobre su pierna -; pero no logré ganármela, así que decidí permanecer aquí por un tiempo, mientras se abre otra vacante o la buscaré en otra escuela.
-así que… ¿enseñar en la universidad? Eso es lo que realmente quieres hacer…
-bueno, no me quejo ahora- sus dedos encontraron su camino hasta apoderarse de los míos, estrechando mi mano entre la suya -; me gusta darles clases a ustedes, pero quiero ver lo que puedo hacer en la universidad.
Mi estómago escogió ese momento para darse a notar, avergonzándome con un sonido ruidoso y necesitado, provocando la risa de Yuuri y otro enrojecimiento de mi parte.
-ven, dejé la comida en el auto- extendió su mano al levantarse y la tomé, siguiéndolo como me pidió.
Terminamos comiendo dentro del automóvil. Yuuri tenía listos dos termos con café y leche, además de un bento delicioso con arroz, pescado asado y verduras salteadas, que compartimos mientras el estéreo reproducía música en un volumen lo suficientemente bajo como para ser sólo ruido de fondo.
-estuvo delicioso…
-me alegra que te gustara.
Recargué mi cabeza contra el reposacabezas y le miré sonriendo.
-serías una esposa perfecta, Yuuri: gran trabajo, atractivo y, además, sabes cocinar muy bien…- medio bromeé, riéndome abiertamente cuando fue su turno de sonrojarse y evadir mi mirada.
-en fin, traje también esto- se torció lo suficiente para llegar a la canasta donde había estado sacando todo, colocada con cuidado en el asiento trasero; le observé curioso, pensando qué más podía traer ahí, hasta que vi lo que contenían sus manos cuando volvió a su lugar.
Mi mano fue directa a mi boca, tapando mi mueca de incredulidad.
-no…
-feliz cumpleaños, Víctor- murmuró, colocando una pequeña vela con cuidado sobre el pastel de tamaño personal que sostenía, y prendiéndola.
La risa alegre floreció tras mi mano y no pude frenarme de querer abrazarlo sin más; pero le dejé que cantara –un poco desafinado- feliz cumpleaños e, incluso, me permití pedir un deseo antes de soplar –por favor, por favor… haz que esto dure por siempre-.
Mis brazos se cerraron a su alrededor inmediatamente después, haciéndolo complicarse un poco al hacer malabares para que el pastel no se cayera o ensuciara a ninguno de los dos. Apreté, estrechándolo lo más posible, ocultando mi rostro en el hueco de su hombro. Lo respiré, llenándome de todo él.
-te quiero, Yuuri.
Permaneció así por no sé cuánto tiempo, hasta que se separó con cuidado sonriendo. Levantó mi rostro para que le enfrentara, su otra mano –que ya había dejado el pastel sobre el tablero- se deslizó por mi cabello.
-feliz cumpleaños, Vitya.
Arrugué el ceño sin querer y pude percatarme de la sorpresa que eso provocó.
-¡lo siento!- solté, no lo había hecho a propósito –Sólo es… es que esa es la forma en que me llaman mi familia y amigos y…
-y tú y yo no somos amigos- concluyó, leyéndome tan fácilmente; sin soltar mi barbilla o dejar de cepillar el cabello que caía de mi coleta, permaneció callado un momento -Suteki-na otoko no hito** , ¿cómo debería llamarte?, ¿Vitenka?
-no, no…- negué con la cabeza, eso no era lo que quería –dime Víctor si es lo que quieres; sólo, no lo digas como sí…
-¿cómo si fuese tu amigo?- cuestionó, dejando por fin mi cabello.
-como si no fuese importante- dije, poniendo en palabras una de las cosas que me carcomían por dentro.
-eres importante, Víctor.
Algo en el tono de su voz me hizo estremecerme, mi piel erizándose de pronto.
Sus ojos cayeron a mis labios y tuve que mojarlos con mi lengua porque se volvieron inesperadamente secos.
El beso que vino fue suave, fue aire. Sus manos sujetaron mi rostro con delicadeza, inclinándolo para tener más acceso; las mías se entretuvieron repasando los pliegues de la bufanda que colgaba de su cuello y tapaba su pecho. Nuestros labios danzaron con finura casi etérea. Era un beso para descubrir, para reconocer.
Nos dejamos ir sólo cuando nuestros pulmones suplicaron por oxígeno.
Sus brazos permanecieron a mí alrededor hasta que nuestras respiraciones volvieron a su ritmo normal y permanecí entre ellos mientras comíamos del pastel hasta terminarlo.
Demasiado pronto llegó la hora de volver, ni siquiera tuvimos tiempo de pasear por el acuario y el resto de instalaciones; pero Yuuri tenía que volver por sus maletas y encaminarse hacia el aeropuerto para irse por tres semanas enteras. Cuando estacionó el auto, no deseaba dejarlo y en el abrazo de despedida me aferré tan fuerte que casi podía jurar le clavé las uñas a través de las capas de ropa. Él no se quejó.
-nos veremos muy pronto, ¿de acuerdo?- susurró contra mi coronilla, puesto que mi rostro estaba enterrado en su pecho –Además, tengo una excelente conexión a internet en casa… podemos mantenernos en contacto fácilmente.
Suspiré, rindiéndome.
-bien, pero… ¡no te vayas a enamorar de nadie allá, oíste! Ni tampoco permitas que tu familia haga planes raros, como entrevistas matrimoniales, ¿entendido?
Yuuri ni siquiera se inmutó, como si no fuese desternillante que alguien como yo le diese ese tipo de órdenes.
-lo prometo, Víctor.
-de acuerdo- murmuré, dándole un último abrazo, antes de salir.
Le despedí con la mano hasta que se alejó por la calle. Cerré los ojos sólo por un segundo, deseando con fuerza que lo que había pedido al apagar mi vela de cumpleaños se volviera una realidad –por favor, por favor…-.
*University College London
** Hombre maravilloso, según internet… pero como siempre, si alguien que si hable el idioma tiene alguna corrección, bienvenida sea C:
Hola!
Espero les guste el capítulo de hoy, espero traerles el siguiente este domingo, porque sino... actualizaré hasta el de la próxima semana, ya que saldré de viaje toda la semana y no estoy segura de poder tener acceso a internet, así que crucemos los dedos todxs :D
HaruAngyK... sí se viene el salseo xD
Agradezco como siempre, sus reviews, follos, alertas y favoritos, son los que alimentan a mi musa...
Les quiere:
~Clarisee (Silvia)
