Disclamer: los personajes no me pertenecen, la historia sí :D


CAPÍTULO XVI. La Pared Se Alza

Ahora.

Sus dedos hábiles se movían entre los botones y ojales de su camisa, acomodando cada uno en su lugar; podía ver la forma en que los rayos del sol entraban por la ventana y chocaban contra su blanca piel, provocando pequeños chispazos de luz en ellos. Su cabello estaba desordenado y mojado, después de haber tomado una ducha.

Diminutas gotas permanecían suspendidas de algunos de ellos, como cristales reflectando la luz. La ventana de mi habitación estaba abierta, por primera vez en meses, dejando que una onda pequeña de aire helado se colara hasta el sitio donde me encontraba sentado. Mirando.

Y me estaba convirtiendo en un idiota mientras le miraba, con pensamientos estúpidos. Por ese motivo era que había evitado cualquier relación –aunque sólo fuese sexual- que implicara la convivencia prologada; el tiempo siempre confunde a la mente, convirtiendo sencillos encuentros en cosas significativas… que te hacen tener pensamientos necios y convertirte en idiota.

-mañana saldré hacia Vancouver- dijo, sus ojos azules clavados en el otro lado de la ventana, levantándose de la cama -, tendremos ahí filmación por un par de semanas…

Me mordí la lengua cuando todas las preguntas se arremolinaron y amenazaron con escurrirse entre mis labios –sobre ese proyecto que le hacía ir de una locación a otra, perder horas dentro de un set cuya ubicación desconocía y parecía ser una de las principales razones por las que había vuelto al país-.

Víctor se giró para observarme, la toalla todavía envuelta en mis caderas.

-te llamaré cuando regrese a la ciudad.

-correcto.

Afirmó con un gesto vago y, tomando sus cosas, salió del lugar.

Suspiré y comencé a cambiarme, preguntándome cuánto duraría esta vez; cada ausencia anterior había sido sólo de un par de días y siempre volvía con un mensaje, ahora suponía sería más tiempo y eso era… bueno.

Eso me daría el tiempo que necesitaba para procesar lo que estaba ocurriendo –de esta forma de acostumbrarme a su presencia y de cómo me faltaba durante sus ausencias-, de blindarme contra los anhelos que se filtraban entre las costuras de mi realidad actual. Volver a dejarme, a mí mismo, muy claros los límites que ya se habían establecido.

Terminé de secarme el cabello, mirándome al espejo. Sí, ese momento de pausa era lo necesitaba, lo mejor que podía pasarme. Era perfecto.

Los días transitaron en un borrón, gracias al trabajo; había estado ocupado entre reuniones de academia con mis compañeros y trabajos de término de parcial. Llegaba muy tarde como para hacer algo más que dormir y me tenía que ir demasiado temprano, como para darme tiempo de pensar en otra cosa.

Bueno, al menos era así cuando me mantenía en movimiento; había momentos, en los que estaba en medio de un salón callado o, en mi oficina después de terminar un cuadro de evaluación… cuando me era imposible no pensar y todo me golpeaba –nuestro reencuentro después de años, mis memorias de nuestros días felices, nuestra extraña relación actual-.

-necesito salir a beber- soltó Yuri, dejándose caer a mi lado, en la banca en medio de uno de los jardines adyacentes del edificio principal. Su rostro parecía agotado, igual que el mío, aunque no comprendía del todo qué estaba haciendo en mi trabajo.

-¿de verdad?

-sí… ha sido- dudó, frunciendo el ceño y observando a los estudiantes a nuestro alrededor –una semana dura, culpa de los profesores imbéciles.

-¿en serio?- sonreí, presintiendo hacia dónde iba esa conversación.

-¿a qué hora estás libre hoy?- miró su reloj -¿no deberías estar atendiendo tus horas de oficina?

-debería… pero acabo de salir de una reunión con el resto de catedráticos de Literatura- expliqué, encogiéndome de hombros –sólo me estaba tomando un respiro rápido antes de irme a casa.

-bueno, cancela eso…- se puso de pie, su largo cabello rubio atado en una cinta acomodándose sobre su espalda –iremos a beber.

-de acuerdo- sonreí, realmente feliz, al percatarme de que llevaba demasiado tiempo sumergido en mi propio drama como para disfrutar de algo más, desde las vacaciones de navidad.

Terminamos en un bar pequeño y, por la hora, solitario.

La música era un jazz suave que permitía la conversación y, bueno, Yuri estaba despotricando sobre el maestro de música, repitiendo que no tenía temor de nada y cómo era que lo retaba a la mínima provocación; mientras yo intentaba contener la risa ante cada uno de esos insultos ya que, aunque él no se diera cuenta, lo mencionaba a la más diminuta oportunidad. Lo tenía demasiado presente, casi como…

Sentí un escalofrío, como esos que te dan cuando sientes los ojos de alguien más en ti; levanté la vista y miré a nuestro alrededor, mientras sentía el brazo de Yuri apretarse sobre mis hombros y su gruñido enojado en el oído. La sensación se volvió más fuerte.

-… te digo que lo mataré en cuanto tenga una chance- continuó, sólo deteniéndose para dar grandes tragos a su tarro de cerveza -, ¿por qué no me lo deja fácil y se rinde, renuncia? Le pongo trabajos imposibles y lo hace… es frustrante. Y todavía tiene la desfachatez de provocarme…- gruñó.

Una figura alta vino a plantarse frente a nosotros, del otro lado de la mesa. Volteé el rostro para ver de quién se trataba y no pude contener mi sorpresa.

El cabello plateado brilló dorado por las luces del lugar, sus ojos azules fijados en el brazo que Yuri tenía a mí alrededor –me fue imposible no moverme rápida y convulsamente hacia un costado, rompiendo el contacto-. Su sonrisa fría –como muchas otras que me había dirigido-, la voz, cuando habló, aburrida.

-¿Profesor?... qué coincidencia- dijo, agachándose un poco para verme a la cara –algunos de los miembros del equipo y yo decidimos venir aquí para festejar que terminamos las filmaciones fuera –explicó, apuntando hacia una mesa cercana con varias personas; como si ese esclarecimiento no fuese importante, sólo un dato suelto y ya.

-oh, qué bien- no sabía qué otra cosa decir… o qué otra cosa podía decir.

Yuri, que había agriado la expresión cuando notó que me había apartado sin motivo aparente, miraba a Víctor desde debajo de sus pestañas; sus labios se habían convertido en una línea helada y, simplemente, observaba el intercambio en silencio.

-¿quién eres tú?- preguntó Yuri, enarcando una de sus perfectas cejas.

Víctor se giró, casi parecía sorprendido, como si no hubiese estado consciente de su presencia hasta ese momento.

-mi nombre es Víctor Nikiforov- anunció, dándole la mano -, un placer.

Mi amigo miró la mano extendida y a Víctor un par de veces, antes de girarse en mi dirección.

-¿quién es este niño, Yuuri?

Me paralicé. Fue como una regresión a mis temores del pasado, las palabras que había temido mucho antes, saliendo de su boca. Aunque en ese momento Víctor no fuese más un niño –o algo remotamente cercano-.

-es… ah…- no imaginé, jamás, que ocurriría este encuentro ahora; es decir, antes… era un suceso que parecía inminente, pero nuestra relación actual sólo no… era algo que no se sentía de todo real, como para coexistir con el resto de mi vida.

-un amigo- bajó la mano y se irguió en toda su estatura.

-¿un amigo tuyo que no conozco?- Yuri frunció el ceño, aún más, todavía sin dignarse a darle otra mirada a Víctor -¿de dónde lo sacaste, katsudon?... –encaró, por fin, a Víctor con esos ojos suyos helados –Estoy casi seguro que te he visto antes…

El aludido se encogió de hombros, aunque –quizá fue mi imaginación- le vi tensarse un poco ante el escrutinio de Yuri.

Yuri posó su mejilla sobre su mano y el cabello, rubio que se había soltado en pequeños y ligeros mechones sobre su rostro, acarició lo mismo que tapo parcialmente algunos de sus rasgos. Me envaré inconscientemente mirándolo con incredulidad creciente. ¿Acaso estaba Yuri coqueteando?

-en una revista, creo… ¿modelo?-siguió mi mejor amigo con su voz de cama.

¡¿De verdad?! Simplemente, no… no podía creérmelo. Me mordí el interior de las mejillas tratando de no decir nada y miré sobre el hombro de Víctor que, atraído por las palabras de mi amigo, se había inclinado hacia él sobre la mesa sonriendo.

Pasé los siguientes minutos escuchando la explicación que Víctor hacía sobre su trabajo –datos lo suficientemente básicos como para no prestar mucha atención a la conversación- y cómo era que nos conocíamos –omitiendo un montón de detalles importantes, gracias a Dios-.

-¡así que eres ex alumno!- pude sentir a Yuri retraerse sólo un segundo -¿de qué generación estamos hablando?

Tenía solamente la mitad de mi atención en ellos, la otra estaba en el grupo de personas que acababa de entrar al lugar; había algo familiar en uno de ellos. Sonreí, no podía creerlo.

-bueno… me gradué en el 2012- dijo Víctor, atrayendo mi atención de vuelta a la conversación. La sonrisa todavía en mis labios.

-¿2012?... Yuuri, ¿no fue ese año cuando…?- la mirada de Yuri se volvió calculadora, incluso sospechosa ante mi rostro feliz -¿qué pasa?

-ah, es sólo que…- era sólo que no estaba seguro de cuál pregunta debía responder; sin embargo, me decanté por la que tenía una respuesta menos complicada –acabo de ver entrar a Minami.

-¡¿Kenjirou?!- Yuri medio se levantó de la silla y asomó la cabeza por sobre la figura de Víctor, quien se había quedado muy quieto mientras observaba el intercambio.

Mi amigo levantó la mano sobre su cabeza en cuanto logró vislumbrarlo, le hizo señas para invitarlo a unirse a nosotros; Minami sonrió y, después de un corto intercambio de palabras con sus acompañantes, se dirigió hasta nuestra mesa.

Llevaba puestos unos pantalones vaqueros y un suéter de apariencia gruesa y cálida; su cabello rubio peinado en picos hacia arriba, con su característico flequillo de un vivo color rojo. Tenía toda la finta de alguien demasiado cómodo con su alrededor, alguien con confianza.

Su caminar era ágil y atrajo un par de miradas, su porte y grácil figura, sólo era consecuencia de dedicarse a la danza toda su vida.

-¡Yuuri!- exclamó, en cuanto estuvo cerca de mí, sus brazos me envolvieron en un abrazo apretado y cálido; sonreí al responderle el gesto y sólo lo dejé ir cuando él lo hizo.

-¿de verdad?- gruñó Yuri, viéndolo mal.

-hola, otro Yuri- le saludó, desde su sitio a mi alrededor, pero sonreía jugando con él.

-años conociéndonos y sigo siendo el "otro Yuri"- Yuri negó y bufó con la cabeza; mientras Minami permanecía entre los dos, su brazo sobre mi hombro.

-¿qué hacen?- preguntó a todos, su mirada curiosa observando a Víctor –hola, soy Minami Kenjirou.

-Víctor Nikiforov- se presentó, su voz baja y seria.

-sólo salimos a beber, porque Yuri necesita olvidarse de su adorado maestro- solté en respuesta a su primer pregunta, sorprendiéndome al notar lo denso que se había vuelto todo de repente.

Aún con eso, me sentí un poco más ligero –como un peso siendo quitado de mi espalda-, gracias a encontrarme rodeado por amigos; de esa forma la presencia de Víctor era un poco menos agobiante.

-¿adorado?- Yuri arrugó el ceño, olvidado por completo su cara para el coqueteo.

-¿tienes un maestro adorado?- chilló Minami.

-bueno…- escuché gruñir a Víctor –he dejado mucho tiempo abandonado a mi grupo, un placer a todos.

-¡adiós!- Minami le despidió con un gesto alegre de mano, ignorando por completo su actitud y sonriendo mucho, como sólo él podía ser capaz.

Yuri se limitó a hacer un gesto vago y continuó gruñéndole a Minami por continuar colgado de mí e intentando convencerlo de que no tenía ningún "maestro adorado". Ninguno le prestó la atención necesaria para darle una segunda mirada; ningún otro, sólo yo. Mis ojos le siguieron en su recorrido a su mesa, en la conversación que mantuvo, en las risas que soltaba. Le continué mirando aun cuando dolía hacerlo.

Era una punzada agridulce, ver que la decisión que había tomado hace años no había estado del todo errada; él había seguido un camino que lo llevaba a ese momento, a verse tan feliz. No importaba que yo me hubiese quedado atrás, que todavía sangrara de a poco en cada encuentro.

Había sido lo mejor –quizá no lo más correcto, pero sí lo mejor-.

Bebí, escuchando a Minami tomarle el pelo a Yuri; reí cuando el gatito explotó en cólera cuando buscamos la plantilla docente del internado por internet, conociendo –por fin- cómo era el profesor que le atormentaba. Incluso las burbujas de felicidad lograron alcanzarme un poco más a fondo, cuando le vi negar sonrojado porque Minami le dijo que era muy guapo.

-ni siquiera lo he notado- se cruzó de brazos y la risa espumó en mi pecho.

-¡estás enamorado del tipo!- Minami chilló y se carcajeó, pero yo me limité a permanecer sonriendo serenamente; era algo que ya había previsto y era feliz por él. Sólo que…

Sólo que…

Los ocupantes de la mesa de Víctor se levantaron, todos caminaron fuera del establecimiento sin una mirada alrededor –sin una mirada de él para mí-. Era sólo otra punzada, otra que nutría lo que mi enferma persona creía merecía –todavía dolía, no merecer ni una leve despedida-.

No logré aguantar mucho más en la mesa. Mis amigos no merecían que arruinara el ambiente de esa salida con mis pensamientos terribles.

Simplemente les dije que necesitaba un segundo de aire fresco y salí del lugar.

En cuanto el viento frío tocó mi cara y mis pulmones se llenaron con ese aire gélido, pude respirar tranquilo. No tenía intención de permanecer mucho tiempo fuera, así que permití que mis músculos se fuesen destensando poco a poco y cerré mis ojos, permitiéndole a mi mente un tiempo fuera, para dejar de pensar –y pensar, y pensar en todo lo que daba vueltas ahí, últimamente-.

-¿profesor?

Abrí los ojos. Sorprendido.

-¿Víctor?

Él estaba frente a mí, envuelto en un abrigo y con las manos metidas en los bolsillos. ¿Por qué estaba ahí?, ¿no se había ido ya... probablemente con alguno (a) de sus compañeros (as)?

-olvidé algo, profesor…

Antes de darme cuenta, estaba presionado contra la pared y él había tomado total control de mis labios; sus manos hundiéndose entre mi ropa –provocando escalofríos por lo helados que tenía los dedos y, por su simple tacto-. Me aferré a sus hombros, sólo para dejar de sentir que estaba cayendo.

-te quiero hoy, profesor…- soltó entre besos.

Adentro estaban mis amigos… era una noche para nosotros…

-déjame… ir por mis cosas.