Disclamer: los personajes no me pertenecen, la historia sí :D
CAPÍTULO XVII. La Mariposa Que Está Lista Para Emprender El Vuelo.
Antes.
Tomé aire, muy profundamente.
Había estado viendo esa maldita puerta por el tiempo suficiente como para memorizar el patrón en las vetas en la madera. Era momento de hacer, lo que tenía que hacer.
El tiempo para dar cualquier respuesta se había agotado… debía decirle lo que había elegido. Aunque provocara una discusión, estaba casi seguro de que sería algo que podríamos sortear y Yuuri se daría cuenta de era lo mejor para ambos.
Me había tomado esa mañana para planear un discurso en mi cabeza, uno que sonaba coherente y que, según yo, planteaba todos los puntos buenos de mi elección. Lo había ido perfeccionando entre clase y clase; incluso, lo había practicado en mi mente durante la hora del almuerzo en la cafetería.
Chris había dejado caer su última sentencia –o lo hacía ese día o llamaría a mi padre-, así que no tenía más pretextos, ni tiempo.
Bien. Llegó la hora. Toqué la puerta.
Cuando escuché su voz suave desde el otro lado, entré y me preparé para soltarle la verdad, todo aquel discurso que había preparado. Pero… estaba ahí, justo frente a mí –sentado tras su escritorio, sus lentes medio caídos sobre su nariz y un montón de papeles regados por todo el escritorio, obviamente ocupado- totalmente comestible.
No pude frenarme de rodear ese desastre y sentarme sobre su regazo. Mi cabeza sobre su hombro, esperando el tiempo suficiente para convertirme en su centro de atención.
No tuve que esperar mucho.
Yuuri dejó el teclado de su computadora en paz y me observó enarcando una ceja.
Todavía no me rodeaba con los brazos, ni me había besado la mejilla –lo que me desconcertó bastante, pues no auguraba un buen inicio… pero estaba ocupado, lo entendía-; así que le rodeé yo con mis brazos y sonreí.
-hola.
No respondió a mi saludo y su rostro –debió decirme algo, debí notarlo-… su rostro estaba serio. Serio de verdad, mucho más que en nuestros primeros encuentros cuando estaba tratando de convencernos –a los dos- de que era una mala idea. Me estremecí, mis tripas enredándose en un nudo apretado. Doloroso.
-Víctor…- dijo con ese semblante serio.
Sus ojos me lo advirtieron: algo estaba mal. Terriblemente mal y yo… no estaba listo siquiera para que lo pusiera en palabras. Ni siquiera le permití terminar, no deseaba discutir con él ahora –al menos no antes de soltar mi bomba-; por lo que pensé en la forma más sencilla de distraerlo de cualesquiera que fuera la causa de su aparente enojo. Le besé.
Le besé profundamente, mis dedos contra su piel cálida, encendiéndome. Besos que regué por sus mejillas, por su quijada y cuello. Le respiré, apretándome contra su cuerpo.
No entendía cuál podía ser el problema, habíamos estado bien, más que bien; hacía mucho que no discutíamos, mucho que él no parecía martirizado por salir con un estudiante… estaba casi seguro de que nadie sabía sobre nosotros… entonces, ¿qué?
Me tomé el tiempo para explorarlo, para que mis manos le recorrieran y mis labios reaprendieran el sabor de su barbilla. Le besé de nuevo, porque ya no importaba la razón por la que había ido –o lo que le había pasado para ponerlo en ese estado-, lo único importante era que, en ese mismo momento, le tenía entre mis manos y me estaba permitiendo hacerle a mi voluntad.
El único pensamiento medio coherente que lograba vislumbrar, era que debía hacerle olvidar, hacer desaparecer de su mente eso que vi en sus ojos. Le besaría tan concienzudamente que olvidaría cualquier reparo, cualquier duda. Nada de eso podría caber en el espacio que quedaba entre mi cuerpo y el suyo. Lo volví un beso exploratorio, meticuloso. Quería quitarle el aliento, el pensamiento, que dejara de razonar y simplemente me sintiera.
Que recordara todo aquello que éramos juntos y pudiese ver que valía la pena.
Sentí sus manos apoderarse de mis brazos –el nudo se apretó más, terriblemente. Mi corazón se detuvo en mi pecho, porque lo sabía…- y retirarme lo suficiente para que notara la resolución en sus ojos: esto iba a acabar –no lo había logrado-.
-Víctor… - fue muy poco más que un susurro, pero lo sentí como una cuchilla.
Sabía que esa conversación llegaría –yo lo sabía-. Siempre lo supe –Yo. Lo. Sabía-, desde el mismo inicio de nuestra relación –YO. LO. SABIA- era evidente que todo terminaría de esa exacta forma. No debí haberme olvidado de eso. Jamás debí esperar otra cosa. Aun así…
-¡no!- solté, no logré que fuera más que un grito ahogado; destiló ira, lo sentí en cuanto pronuncié la palabra, aunque lo que más sentía era miedo -¡no puedes terminar con esto!
¡No podía! No cuando habíamos pasado por tanto y cuando todavía no escuchaba lo que tenía que decirle: mi decisión de estar ahí, con él.
-puedo y lo haré. Lo hago, justo ahora- miró mis ojos, probablemente notando como era que estaba batallando con mi propio cuerpo para que no se desbordaran. Su voz, en cambio, fue definitiva -. Se acabó.
-sí me dejas ahora, nunca, jamás, te perdonaré- sentencié.
Porque dolía.
Malditamente como nada que había sentido. Como nada que había imaginado. Estaba haciendo añicos mi corazón ahí.
-lo sé- dijo.
-Yuuri, si haces esto… te odiaré por siempre- me quebré, mi voz convirtiéndose en algo frágil y roto.
-lo sé…
Me levanté de su regazo con las rodillas inestables –temblando cual hojas-, igual que el resto de mí ser; pero no quería que lo último que él viera de mí, fuese a un niño llorando. Respiré hondo, plantándome frente suyo –con ojos rojos y todo-. Un día, se arrepentiría de esa decisión, porque yo…
Había elegido cambiar mi vida por él… lo menos que merecía era un poco de él. No esto.
-adiós, Víctor.
-hasta nunca, señor Katsuki.
Salí de ahí, felicitándome internamente por no azotar la puerta tras de mí; también lo hice por lograr salir del edificio de oficinas sin dar un espectáculo de mí mismo. Incluso, logré llegar a los dormitorios en una sola pieza.
Cuando la puerta de mi habitación se cerró a mis espaldas, fue cuando me permití llorar. ¿Cómo era que todo había terminado así?
De verdad lamento no haber actualizado desde hace tantooo
Se me fue la cabeza no sé a dónde y olvidé actualizar estos tres capítulos en esta plataforma, por lo que ofrezco enormes disculpas.
El próximo estará aquí el domingo. Lo prometo!
Les quiere:
~Clarisee
