CAPÍTULO XIX. Alzó El Vuelo.

Y sus alas se agitaron y crearon una tormenta.

Antes.

Mi mano tomó las tijeras y me podía ver –turbiamente- reflejado en el espejo: cabello plateado, ojos azules –enrojecidos-, piel blanca…

Por un segundo, consideré la idea de cortarme ahí mismo el cabello –alguna vez había escuchado que después de un cambio grande, las personas tendían a hacer algo drástico con su imagen. Yo sentía la necesidad de hacer lo mismo, pero todavía no llegaba a ese punto-; luego, pensé en lo afiladas que se encontraban y, también por un segundo, consideré la idea de lastimarme –no matarme o algo así de drástico, sólo hacer algo que doliera, físicamente, para olvidar lo que me carcomía por dentro-.

No hice ninguna de ellas. Sólo me limité a tomar el par de cosas que había llevado al baño –algunas cosas que Yuuri me había dado durante esa relación: libros, una bufanda…- y destrozarlas. No aportaron el alivio que buscaba, ni siquiera remotamente.

Casi no podía creer la última conversación que había tenido con Yuuri –no, con el profesor Katsuki-; no sólo había terminado por repetir que su relación estaba terminada, sino que… cuando se había armado de valor para preguntar por qué, él había… él había…

¿Realmente había dicho eso?

Todavía podía sentir sus manos temblando, sus dedos aferrados unos con otros para que Yuuri no lo observara; para que no se percatara del cómo lo había reducido a ese estado. Quería darle la impresión de que era más –fuerte, maduro… no un niño rogando-.

-sólo quiero saber por qué- había dicho, mirándolo a través del escritorio y una montaña de papeleo.

Se había negado a recordar cómo era que lo había levantado de su regazo la última vez y lo había despachado.

-vete.

-¡tengo derecho a saberlo!- gruñó, perdiendo los papeles; refrenándose muy conscientemente de que eso no era lo que quería que Yuuri viese de él.

Los ojos de Yuuri se habían demorado en las hojas desperdigadas de su escritorio, en la pluma que sostenía con gracia en la mano y, por último, en él.

Había algo en sus ojos, una emoción que resultaba discordante con la situación y que, de pronto, se enfrío y dio paso a otra cosa, algo frío y parco. Algo inamovible.

-¿qué quieres que te diga?- dijo con voz tranquila -¿qué hará que me dejes en paz y sigas con tu vida, de una vez?

-la verdad.

Seguí el movimiento de su garganta al tragar y afirmar con un gesto de cabeza, cuando se levantó y se plantó frente a mí, también lo seguí. Mis ojos no le abandonaron, mientras tomaba una posición relajada, recargándose en el escritorio y cruzándose de brazos.

-la verdad… ¿qué ganarías con eso?

-sólo dime, ¿por qué?- solté.

-¿y dejarás esto, por fin?

-sí.

-la verdad, es que he estado solo mucho tiempo- dijo, el tono sereno, sus gestos simples y precisos -, tal vez demasiado, lo suficiente para que los avances inocentes y penosos de un alumno parecieran interesantes… necesitaba un pasatiempo, una distracción, mientras se resolvía lo de la plaza en la universidad.

"Pensé que lo dejaríamos, después de un tiempo, pero cada vez parecías más atado… nunca quise eso. Me han llamado de una universidad, me dan la plaza que quiero. Me voy. Ya no necesito la distracción.

Sus palabras, habían sido gélidas. Completamente diferentes en tono y fondo al modo en que había concebido a Yuuri en mi mente; resultaba chocante el modo en que se había movido sólo para quitarse una pelusa del hombro y mirarme de reojo –como si no valiese la pena darme una mirada entera-.

-¿ha sido lo suficientemente verdadero, para ti?

Esas habían sido sus palabras de despedida, lo último que dijo antes de que saliera de la oficina –a pesar de ser su espacio-, veloz como si mi sola presencia le irritara tanto, que tenía que salir corriendo del sitio que le pertenecía.

Me había dejado ahí. Destrozado. Viendo borrosamente, cada rincón que había memorizado en todo aquel tiempo: la silla, el escritorio, los estantes. Todo se volvió un borrón cuando las lágrimas acudieron –de nuevo- a mis ojos, anegándolos y resbalando por mis mejillas.

Me pregunté, no por primera vez, ¿cómo era que todo se había torcido tanto?

Ahora esa era la verdad. Me dije, viéndome en el espejo de mi baño –mucho rato después de que saliera del edificio de oficinas y me refugiara en mi dormitorio-.

Todo lo que pensé que sabía sobre Yuuri, era mentira y todo lo que creí que él… todo lo que pensé que sentía por mí, resultaba ser nada –un rato de ocio, un entretenimiento, una distracción, mientras se preparaba para lo que de realmente esperaba-.

Quería… quería ver mi reflejo y encontrar ahí la fuerza para salir de mi cuarto y demostrarle que no me había roto. Sin embargo, el dolor era punzante –como una estaca en mi pecho que se movía dentro en cada respiración- y constante. Me estaba desangrando y nadie más que yo podía verlo.

Me senté en el retrete cerrado, observando mis manos; habían pasado ya cinco días desde el desastroso final y todavía no podía obligarme a salir de ahí.

-¿Víctor?

La voz de Chris, estaba amortiguada por la puerta, pero era perfectamente consciente de cuan preocupada se escuchaba.

-vi esto y…- suspiró –sé que no es el mejor momento, pero… quizá si lo sea…

Por el espacio bajo la puerta, Chris pasó un par de sobres que me resultaron vagamente familiares.

Levanté el que estaba encima y el logo del London College me saludó, junto con el largo discurso de bienvenida; era mi carta de aceptación, la misma a la que decía ahí, debía responder mañana si deseaba el lugar. Recordaba el contenido del resto, todas las que tenía en el piso expirarían en los próximos días.

Christophe tenía razón no era el mejor momento… pero lo era. Ya no tenía ninguna cosa que me atara a Estados Unidos, podía tomar cualquier opción si lo deseaba –como lo había planeado al iniciar ese año escolar- o hacer algo completamente diferente; ya no había nadie que se preocupara por ello –o que me importara decepcionar-.

-¿Chris?

Abrí el seguro de la puerta, dejándolo pasar.

-¿qué pasa?

-creo que necesito que me ayudes a enviar unos papeles- dije, enjugándome las lágrimas que habían quedado colgadas de mis pestañas.

Lo vi sonreír, probablemente pensando que –por fin- había decidido ir a una de esas prestigiosas universidad a estudiar negocios –como todos a mi alrededor habían deseaba siempre- y continuar con la línea que se me había marcado.

Bueno, podía pensar lo que quisiera.

Por mi parte, iría a una de esas prestigiosas universidades –sí-, pero no para hacer aquello. Haría algo diferente, trazaría mi propio camino…

Una punzada en el pecho. El breve recuerdo de que ya había decidido hacer eso antes y había terminado mal. Ahora tendría que hacerlo solo.

Era lunes, los papeles de aceptación habían sido enviados hace semanas y casi podía palpar el final del semestre con los dedos; el sol golpeaba sobre las copas de los árboles, mientras fingía escuchar la cháchara insustancial de Chris con atención. En lugar de ello, escuchaba el rumor de los estudiantes yendo de un sitio a otro del plantel, con sus conversaciones insulsas e irrelevantes.

Parpadeé, cansado. Ya nada importaba lo suficiente, nada más allá de irme de ahí.

No veía al profesor Katsuki desde nuestra cruda conversación, dejé de ir a sus clases –medio esperando una llamada de mi padre, regañándome por faltar a clases, pero ésta nunca llegó-; eso no evitaba que me lo encontrara en los pasillos o jardines, que pudiese ver su espalda u hombros perderse tras las esquinas.

Podría haberlo evitado mucho mejor, pero no era eso lo que deseaba. Por cada ocasión que le vislumbraba, sentía el cuchillo que él mismo había alojado en mi pecho, torcerse e ir más profundo; era sólo el recordatorio permanente de que lo que yo sentí fue real y las consecuencias de haber dado así mi corazón eran grandes.

Era una moraleja que no pretendía olvidar.

Nadie, nunca, jamás, me haría ser de ese modo.

Yo sería diferente y… un día, encontraría la forma de cobrarme todo aquel sufrimiento.

Cada lágrima, cada suspiro… todo. Le cobraría todo.


Hola!

Aquí está el último capítulo del pasado, me demoré un poco intentando plasmar todo lo dramático que fue... espero haberlo logrado.

El próximo se demorará un poquito, puesto que tengo una semana muy ocupada; aún así, espero estar actualizando entre viernes y domingo C:

Les quiere:

~Clarisee