Recomiendo escuchar la canción: What is love - Jaymes Young


CAPÍTULO XX. El Tsunami Que Rompe.

Ahora.

La suave música sonaba tranquila en el espacio, las notas deslizándose entre los muebles y la voz quebrada de Jaymes Young pidiendo no ser herido; mientras pasaba las páginas del libro que estaba leyendo, sentía que me estaba arrullando. La suave brisa de los últimos días de primavera tocando mi piel y los rayos solares acariciándola.

Tenía la cabeza recargada contra el respaldo del sillón y sentía que el libro en mis manos estaba por resbalar entre ellos para quedarme dormido al fin; sin embargo, alguien golpeó la puerta –repetidas veces-.

Me levanté bostezando y tallándome los ojos, caminé hasta ella y abrí la puerta.

Parpadeé una, dos veces; preguntándome vagamente si seguía dormido.

-¿Víctor?

Miré el reloj que tenía colgado a un costado de la puerta, asegurándome de la hora.

-¿qué…?

Víctor entró en el apartamento, dejando sus cosas –una mochila de apariencia pesada, un suéter y sus zapatos- en el área destinada y caminó en calcetines hasta el sofá. Acomodándose ahí.

Me quedé de pie junto a la puerta –aún abierta-, observándolo suspirar y cerrar los ojos para dejar caer su cabeza contra el respaldo.

-¿te vas a quedar ahí, toda el día?- preguntó, sin abrir los ojos.

Me percaté entonces de que todavía tenía el pomo de la puerta entre mis dedos y uno de mis vecinos –que iba hacía su departamento- me observaba desde el pasillo con interrogación en la mirada. Cerré la puerta y caminé hacia…

Miré el sofá donde había estado leyendo –el libro estaba justo a un costado de Víctor-, luego vi el otro sillón de una plaza y también las sillas del desayunador y el minúsculo comedor que poseía. No tenía idea de qué hacer, a pesar de encontrarme en mi propio espacio.

-¿planeas estar de pie?

Arrugué la frente ante su pregunta, no era mi culpa que su presencia fuese tan desconcertante en mi lugar –a esa hora, sin cita concertada, sin sexo-; tomé mi mano con la otra, mis dedos aferrándose unos a otros de forma casi dolorosa, tratado de calmar mis reacciones. Suspiré.

-¿qué haces aquí?- me atreví a preguntar, esperando con eso no dar inicio a alguno de sus episodios más crueles.

Abrió un ojo, para mirarme.

-sólo quiero tomar un descanso- respondió, totalmente tranquilo, como si el loco fuese enteramente yo -, tu departamento está mucho más cerca que el mío.

Bien. Negué con la cabeza y entré a la cocina, pronto sería hora de la cena y no tenía muchas ganas de hacerle mayor caso –en especial desde la última vez que habíamos tenido una conversación y habíamos terminado por pelear-. Me enfoqué en la estufa y la comida, él podía hacer lo que deseara.

Estaba troceando un par de verduras cuando escuché un sonido peculiar –un poco- por debajo de la música. Fruncí el ceño, detuve el movimiento del cuchillo y esperé a escucharlo de nuevo. Ahí estaba.

Giré en la cocina, intentando descubrir qué producía ese sonido; hasta que me acerqué a la barra y me percaté de Víctor, dormido en el lugar donde le había dejado. Roncando.

Un ronquido suave y bajo –nada ruidoso, sino como el sonido de un ronroneo-, constante y fuera de lugar.

Posé mis manos sobre la barra y le miré, enarcando una de mis cejas. Eso era… inesperado.

Me recordó, el tiempo en que todo era nuevo y eran nuevos descubrimientos; no imaginé que todavía habría algo que desconocía de él. Al menos, no en esta parte de su ser, de las cosas que pensaba eran inamovibles de mis recuerdos.

Víctor roncaba y, como me percaté al poner más atención, babeaba.

Con una risa bajita, volví a meterme a la cocina para terminar con la cena, de mucho mejor humor.

De alguna manera, me alegraba internamente de no ser el único que no podía controlarse 24/7 –aunque sólo fuera en algo tan incontrolable como la reacción física mientras dormía-. Pensando en ello, la última vez que Víctor se había quedado a dormir también había dado muestra de esa falta de control, cuando volví a despertar enredado en su cuerpo cálido.

Me senté sobre una de las sillas de la barra, mientras la comida terminaba de cocinarse en el fuego; mi barbilla apoyada sobre mi mano, al tiempo que le veía dormir y dejaba que esa cadencia suave me relajara, un poco.

Decir que había amado a Víctor cuando nos encontramos por primera vez, sería mentira. No le amé cuando le vi en los pasillos, ni cuando lo noté sentado en todas mis clases –con esas ganas enormes de aprender-. Tampoco le amé cuando le veía observarme con esos ojos azules, desde el filo de su butaca.

Mi amor por él llegó sereno e inexorable, como agua de río erosionando la roca.

Me enamoré de Víctor al escucharle hablar de Jane Austen, reírse en voz baja –tratando de no molestar a la bibliotecaria- durante las conversaciones en la biblioteca; le amé cuando sentí sus labios por primera vez, cuando le escuché decir lo que sentía de esa forma tan dulce.

Lo había amado durante todo el tiempo que duró nuestra relación.

El eco de ese sentimiento jamás me había dejado, así que no era una sorpresa que me sintiera así, ahora. De nuevo.

Echando un vistazo al estofado, me permití dejar mis tonterías de lado y atreverme a sentir lo que sentía por completo. Sin otras cosas de por medio, como mi infinito sentido de la culpa o mi creciente necesidad de un castigo. Tampoco importaba que él no volviera a sentir del mismo modo –que me odiara ahora y para siempre-, mi corazón había sido suyo una vez y nunca dejaría de serlo, no era sólo algo sexual –asimismo, no era sólo por el delicioso dolor que infringía-. Había más, lo era todo.

El aroma de la carne y las verduras hizo agua mi boca, mientras el sonido de su suave ronquido condimentaba la escena hogareña. Una que nunca podría ser de verdad, porque yo había tomado una decisión apresurada, que pensé había sido la mejor –tal vez lo fue, tal vez no; pero nos había llevado hasta ahí-.

Le escuché moverse en el sofá y, murmurar algo, levantándose.

La música cambió, de nuevo, una melodía rítmica y –en apariencia- alegre; que, en cambio, hablaba sobre ir con la inercia de la marea, hasta el punto de ya no lograr nadar más. Ese sentimiento me rodeó: la inminente marea llevándome al fondo –todos estos años, arrastrándome-. Ya no podía hacerlo más.

Era momento de detenerlo todo… o algo así.

-¿quieres comer algo?- por primera vez, no suavicé mi tono para no molestarle, ni lo alcé para provocar que chocara con las partes más afiladas de su nueva personalidad. Sólo era yo, preguntando algo muy simple, sin pretensiones –el estofado está listo.

Al girarme para encararlo, ya que no escuché una respuesta, lo encontré parado y apoyándose en la barra, sus brazos cruzados y la luz que entraba por las ventanas perfilando sus facciones de forma muy generosa. Era extremadamente apuesto, y mi amor era imperecedero y estaba intacto.

-tiene papas y zanahorias- solté, con la cuchara en la mano; mi cerebro corriendo con todas esas epifanías, mientras hablaba sobre una comida.

-huele bien.

Cuando le vi sentarse y comer en silencio, pensé que si el destino nos había hecho reunirnos de nuevo, bien podía hacerlo mejor en esta ocasión. Mis dedos apretaron mi tenedor y me negué a verlo a los ojos, porque probablemente todo aquello podía reflejarse en los míos. Comí.

Sería algo imposible, por decirlo de forma simple, pero mi intención no era comenzar de nuevo. Tampoco pretendía seguirme aprovechando de su forma de venganza para auto flagelarme. Sólo quería que… comprendiera. No. Lo que quería era que supiese la verdad, nada más.

-Víctor…

-te he dicho que no quiero que me llames así- gruñó.

Suspiré internamente. Esto sería muy complicado.

-Víctor…- repetí, aunque no buscaba molestarlo; solamente deseaba tocar el recuerdo, para que me permitiera hacer mi confesión al chico de 17 años que quebré.

-¿qué?- sus ojos ardieron, sus cejas se unieron al centro.

-lo siento.

Me sentí respirar, como cuando duras demasiado bajo el agua y logras tomar una bocanada de aire. ¿Se lo había dicho ya?

-lamento haber…- ¿cómo seguir?, sin incendiar las cosas, porque parecía que había pólvora tirada por todas partes y mis palabras eran fósforos –lamento haberte herido del modo en que lo hice…

Sus ojos brillaron con ira, sus manos apretándose en los cubiertos hasta dejar blancos sus nudillos.

-cállate.

-te quise mucho…

-¡cállate!

-y lo único que, de verdad deseaba era que fueses feliz- continuaba, como si sus interrupciones no existieran o perdería valor y no diría nada -. Eras tan joven y querías cambiarlo todo, Víctor.

-cierra la maldita boca- gruñó, poniéndose en pie.

-te escuché, hablarlo con Christophe…- dije, parándome también, dispuesto a pararme frente a la puerta para frenar su huida, con tal de poder terminar aquella confesión –el modo en que tirarías por la borda todo lo que querías…

-¡yo te quería a ti!- se rompió, observándome dolido.

-¡pero no era posible!- me molesté conmigo mismo al levantar la voz, respirando hondo para serenarme -¿Es que no lo entiendes? Tenías toda la vida por delante, Víctor. Una escuela grandiosa y una carrera, que estabas dispuesto a abandonar. Me dieron una plaza en el South Montain Community College en Arizona…

-¿qué?

-Víctor, escucha: estabas a punto de tirar tu futuro por una relación que no sabías si funcionaría…

-¡es obvio que estaba equivocado!

-¿qué hubieses hecho si yo me iba a Arizona?- pregunté, exponiéndole las mismas dudas que tuve en ese momento –No tenías cupo en ninguna de las escuelas de la zona y hubiese sido una lucha infernal buscarte lugar… ¿hubieses tomado un sabático?

-podría…

-no. No era lo que querías- le interrumpí, no quería que creyera que había tomado la decisión sin pensarlo; quizá lo hice de forma apresurada y equivocada, pero no había sido sin pensarlo -. Tú deseabas ser más, lo vi. Cada vez que hablábamos del futuro pude verlo y yo no te quitaría eso.

-podrías haber renunciado.

Sí, podría haberlo hecho. Me dejé caer en la silla de nuevo, sintiendo el peso de todas esas decisiones caer otra vez en mis hombros.

-lo sé- me permití evadir su mirada sólo un segundo, antes de volver a encararlo, listo para lo que vendría -. Sin embargo, era mi sueño… ¿qué habrías hecho cuando descubrieras lo que hice, renunciar a él?

-yo no…

-hubiésemos sido infelices.

-no lo sabes, simplemente asumiste que lo seríamos. No me dijiste nada, sólo lo hiciste por tu cuenta- Víctor negó, metiendo sus manos a sus bolsillos, quizá estaba temblando un poco.

-asumí, que no estaba destinado a ser- dije, diciendo por fin la conclusión a la que había llegado hacía años.

-no puedes decirme todo esto y esperar que te perdone, sin más.

Observé mis manos sobre la mesa, ambos platos de comida abandonados, probablemente fríos para ese momento.

-por supuesto que no- respondí en voz baja -, no espero que lo hagas. Sólo pensé que… merecías saber la verdad. No fuiste sólo una distracción. Simplemente eras demasiado querido para mí, como para permitir que tus propias decisiones se interpusieran en tu futuro.

-¿y lo mejor era romperme así?

Cerré los ojos, apretando mis parpados. Un golpe directo al pecho, otra aguja clavándose profundo en mi mar de arrepentimientos.

-no… -sonreí sin humor, atreviéndome a mirarlo –pero jamás me he jactado de ser infalible. Tomé una decisión terrible sobre el cómo, por lo que te pido disculpas, pero jamás lo haré con el por qué.

-¿cómo sé que no es otra tetra de tu parte?- cuestioné con voz muy pequeña.

-estás en tu derecho de no creerme- dije, levantándome para comenzar a recoger los trastes de la mesa –Por mi parte, lo he dicho todo. Será tu propia decisión lo que hagas con lo que acabo de decir.

Me puse a lavar los platos y cubiertos, escuchándolo caminar hasta la sala, tomar sus cosas y salir de ahí. El golpe de la puerta con el marco, había sido como punto final a la conversación, aunque dudaba que fuese esa la conclusión. Todavía había cosas por aclarar, si bien la de ese día había sido la más importante.


Hola!

Después de una semana estresante, vengo aquí a dejar este capítulo. Éste será el último de los capítulos alternados entre pasado y presente, ya que a partir de aquí todos serán contados desde la perspectiva del "Ahora"; espero les guste ;)

La canción que Yuuri escucha mientras está teniendo su epifanía es We move like th ocean - Bad Suns.

El próximo capítulo estará aquí entre viernes y domingo.

Les quiere:

~Clarisee