CAPÍTULO XXVI. Solo

Observé mi reflejo en el espejo y me pregunté –no por primera vez-, si aquello dejaría doler alguna vez. Quizás no, si confiaba en los resultados de la última ocasión. Mis sentimientos por él, simplemente habían sido barridos debajo de una alfombra hasta que fueron demasiados y estallaron por todos lados, a la mínima oportunidad.

Habían sido semanas…

Algunos pensarían que la segunda vez sería más sencilla, pero era doblemente peor, porque había sido mi oportunidad de redención, de limpiarlo todo y hacerlo mejor para los dos; en cambio, todo había finalizado de la peor de las maneras.

Negué con la cabeza, dejando el nudo de la corbata en paz –que terminaba torcido no importaba qué le hiciera-; puesto que, en realidad lo último era una exageración flagrante. No había terminado todo de la peor manera, había sido bastante civilizado al final… todo el medio fue lo que estuvo mal.

Cuando, por fin, le había confesado todo a Phichit y a Yuri –ya que había estado deprimido por demasiado tiempo, que resultaba imposible ocultárselos-, ellos se encargaron de dejarme en claro que ninguno había actuado correctamente en algún punto de nuestras dos relaciones –cosa de la que yo era muy consciente-; pero Yuri fue quién dijo lo más doloroso, asegurando –con esa voz suave que utilizan tus amigos cuando no quieren lastimarte más- que parecíamos sencillamente incompatibles, un par de tercos que querían calzar juntos a cualquier costo.

No había podido discutir con él ese punto y eso me hizo sentir peor.

-¿pensé que creías que era algo bueno que estuviese con él?- pregunté, recordando la vergonzosa conversación que habíamos tenido al respecto.

-sí bueno, una cosa es follar, otra enamorarse… y otra muy distinta es enamorarse y joderla más de una vez.

Phichit había hecho un ruido estrangulado y negó con la cabeza varias veces.

-¿podrías sonar menos imbécil?- gruñó, alcanzando su botella de cerveza –Es evidente que Yuuri sabe eso… no es necesario que seas tan crudo al respecto. Además, yo vi que estuvo feliz, un tiempo, antes de que todo se desbandara. Ese niño idiota lo hizo feliz- se encogió de hombros -, tenemos suficiente edad para entender que, a veces, sólo te queda aferrarte a esas alegrías y darte cuenta que valió la pena. ¿O no, Yuuri?, ¿no crees que lo valió, por estar con él, de nuevo?

Pensé en eso, mientras mis ojos se deslizaban por la habitación –el departamento de Yura era enorme, minimalista con elegantes toques de chocolate, madera y algún tigre escondido por ahí-; pensé en la forma en que sus dedos me habían tocado y sus labios me habían besado. Recordé el sonido de su voz, cuando me susurraba palabras al oído, el aroma característico de su piel en la mía -después de tocarnos tanto-. Sus ronquidos suaves y el raro sonido de su risa.

Afirmé con un gesto, bebiendo todo el contenido que tenía la botella, en un solo trago.

-sí, valió la pena.

Yuri gruñó, obviamente no del todo de acuerdo; pero eso no importaba. Phichit tenía razón. Lo haría de nuevo.

Habían pasado días…

Cuando llegué a la universidad, me di cuenta que el verano ya estaba dando sus últimos respiros –con levísimas brisas cálidas- y el otoño estaba cubriéndolo todo. Hojas rojizas coloreando los árboles y arbustos, chaquetas cada vez más gruesas cubriendo la piel. También me percaté de que el tiempo se estaba escurriendo entre mis dedos sin darme cuenta.

Pronto, llegaría noviembre y tendría que ir a visitar a mis padres por mi cumpleaños –y luego vendría diciembre y el recuerdo de su cumpleaños-… Estaría frente a un próximo año, deslizándome de un mes a otro. Tendría todo ese tiempo para intentar olvidarme de él. De nuevo.

La jornada de trabajo, fue como cualquier otra. Me estaba percatando ahora, que me estaba convirtiendo en una rutina. No, en realidad, me estaba refugiando en esa rutina.

Prefería pasar mis días ocupado, lo suficiente como para llegar extenuado a casa y, simplemente caer en la cama a dormir. Un cerebro apagado por el cansancio. Sin espacio para pensar en lo que perdí. Permitiéndome transitar, día tras día, sin percatarme, sin sentir.

Ese día, terminó como cualquier otro, conmigo cenando tarde un par de cucharadas de un platillo insípido y concluyendo cuando me recostara entre las sábanas frías de mi cama. Solo.

Pero había valido la pena.

No importaba qué tanto o por cuánto tiempo doliera, eso era intrascendente; lo verdaderamente importante era que le había tenido –me dije, después de que habían pasado horas-, le había amado y nadie, ni siquiera nuestras propias decisiones, podrían quietarme eso.

Le había amado y él me había amado, a cambio –una vez, pensé que… quizá, dos veces- y no existía nada que pudiese borrar eso –me recordé, cuando me di cuenta que habían pasado meses-.

Cuando el invierno decidió despedirse de nosotros, golpeando la ciudad con una tormenta que nos obligó a mantenernos en casa, pude verlo en la televisión –tan guapo como la vida- convirtiéndose en alguien que yo desconocía. Cada semana, podía ver esa faceta suya que jamás me había mostrado y, en la que resultó, ser excelente.

Su actuación como un hombre atormentado por los fantasmas de su pasado, no fue sólo convincente y profundamente realista; sino que asombró a todos los críticos y espectadores. Una segunda temporada fue confirmada antes, incluso de que terminaran de transmitir la primera.

Él habría de volver, tal vez a la ciudad… y yo seguiría solo.

La soledad hacía cosas graciosas, en ocasiones. Coloca en perspectiva mucho, como cuando aclaró el debacle al que nos estábamos precipitando, o me recordó todo aquello que había merecido ser salvado.

Al final, había pasado el tiempo y la primavera acarició mi piel con una brisa cálida, antes de volver a toparme con él.

No fue sorpresa. El impacto casi doloroso en mi corazón, la respiración entrecortada atorada en mi pecho. El anhelo.

Caminaba al otro lado de una transitada calle, conversando con una mujer de cabello rojo intenso –como rubí-; todavía había rachas de aire helado, por lo que no me sorprendió que usara un abrigo ligero y bufanda. Estaba sonriendo.

Una sonrisa se dibujó en mi propio rostro. Se veía feliz. Al fin y al cabo, de eso se trataba todo, ¿no?

-… ¿estás escuchándome?

Suspiré y dejé que mi mirada se resbalara de él hacia el semáforo del cruce peatonal donde me encontraba.

-sí, Yura… te estoy escuchando- dije, dirigiendo mi atención a mi interlocutor, al otro lado de la línea. Tuve que morderme los labios, como un freno, para no girar a verlo otra vez y verificar si ya se había perdido en la multitud.

-no fuiste buena compañía la última vez- advirtió y yo tuve que girar los ojos ante eso; no había sido compañía hacía bastante, pero no era como si hubiese sido grosero con su novio.

-Otabek lo dejó estar, hazlo tú también- gruñí, cruzando la calle junto a la multitud de personas que buscaba llegar al otro lado, igual que yo.

Todavía tenía días malos, lamentablemente, Otabek había presenciado uno de ellos la última vez que habíamos estado todos reunidos.

-Otabek es demasiado amable.

Tuve que reírme en voz alta, si Otabek era amable; pero el tinte meloso con el que Yuri hablaba era demasiado.

-no te preocupes, no te avergonzaré frente a la familia de Beka, ¿de acuerdo?- dije, mientras caminaba entre edificios, fachadas de comercios y cafeterías.

-no es que eso me preocupe…- escuché su suspiro profundo, inquieto –Yuuri, ¿no deberías comenzar a intentar salir con alguien más?

Me detuve, ocasionando que una mujer terminara por impactarse contra mi espalda; nos disculpamos profusamente, antes de volver a poner el teléfono en mi oído.

-no necesito salir con alguien ahora- contesté de la forma más tranquila que pude.

-lo haces, necesitas salir con alguien que no sea ese bebé…- alguien, al otro lado del aparato, le interrumpió; tuve que meterme a la cafetería frente al campus para dejar de estorbar el camino y, por otro lado, bien podría abastecerme de cafeína, mientras tanto. Esperé. –Yuuri, sé que le amaste mucho y, probablemente su trágico romance pueda dar pie a una novela cursi; pero debes conocer a alguien más. No quiero que estés solo.

-no lo estoy…- contesté por inercia.

Sabía lo que trataba de decirme y sabía que tenía razón.

Sin embargo, ahora la soledad era mi compañera; no podría amar a nadie como a él y tampoco tenía ganas de fingir sentimientos a nadie. No ahora. Tal vez, después de que haya pasado más tiempo.

Quizá, cuando mi corazón no golpeara desenfrenado cada vez que lo encontraba en una revista o al hacer zapping en la televisión. Después. Cuando no doliera.

Por el momento, prefería terminar de digerirlo. Solo.

Esa cena con la familia Altín resultó bastante divertida y memorable, romántica en el momento en que Otabek había aprovechado la oportunidad –reunidos amigos y familiares- y había postrado su rodilla en el piso para darle un anillo a Yura.

Él había maldecido en voz alta, enrojeciendo cuando los padres de Otabek le escucharon; pero había aceptado con los ojos notoriamente anegados.

Tuve que salir de ahí, tan pronto como me lo permitió la cortesía.

Todo ese dulce amor y brillante futuro, habían sido demasiado. Me alegraba por ambos y, precisamente por eso, me fui antes de que notaran lo doloroso que era verlos tan –obscenamente, bellamente- felices.

Para cuando la invitación a la boda llegó a mi correo, había pasado una vida y muchas cosas habían cambiado.

-¿Yuuri?- la voz adormecida me hizo sonreír.

-despierta, tonto- murmuré, sentándome al borde de la cama -. Es hora de irte o llegarás tarde al trabajo.

Se espabiló. Levantándose y corriendo por el departamento, encontrando sus cosas por el camino. Yo le seguí con mayor tranquilidad, no era yo quién necesitaba volver a su casa para cambiarme de ropa antes del trabajo.

-adiós- dijo, antes de darme en beso suave en los labios y salir de ahí, veloz.

-adiós- me despedí, aunque ya no me escuchara, una sonrisa suave.

En la televisión, él estaba dando una entrevista –lo felicitaban por una nominación como mejor actor en una serie dramática-. Qué bien se le veía.

Todo era diferente ahora.

Esperaba que pronto… ya no me sintiera tan solo.


Hola!

Sólo les recuerdo que ya estamos en la recta final ;)

~Clarisee