CAPÍTULO XXVIII. Boda.

Tuve que escapar de la ciudad en las vacaciones para lograr ir a cumplir con mi papel como mejor amigo de uno de los novios. Viendo alrededor –sintiendo la suave brisa contra mi piel y escuchando la música-, suponía que había valido la pena.

La ceremonia fue algo así como demasiado bella, en un trozo de playa apartado y privado de Hawái, con el océano de fondo y la arena blanca como alfombra; no hubo más decoración que algunas flores amarillas, telas blancas, el cielo tiñéndose de colores por el atardecer.

Yuri había sido bastante obsesivo –por semanas enteras- con los pequeños detalles; pero cuando estuvo ahí, con Otabek –los dos vestidos de lino y algodón color arena y beige- frente a la pequeña multitud de invitados, había parecido que cualquier preocupación se había borrado completamente de su mente.

El beso con ese atardecer de fondo, fue casi como magia.

La fiesta, comenzó en cuanto el sol se ocultó en el horizonte.

Hasta ese momento, me había sido sencillo ignorar su presencia; pero después de dirigir el brindis y cumplir con todas las tradiciones reglamentarias, no quedaba mucho más que hacer que charlar con los invitados y bailar. Además, Phichit había venido directo a mí, con sus ojos oscuros como platos y una extraña expresión en el rostro en cuanto lo vio.

Gracias a Otabek –quien no sólo era profesor a tiempo completo en el Internado, sino que también compartía su tiempo entre producir para algunos artistas que iniciaban y otros que ya tenían una carrera firme dentro del mundillo de la música, y que de igual forma partía su tiempo dedicándose a ser DJ en eventos importantes, incluyendo noches alocadas en sitios realmente importantes-, la lista de invitados terminó siendo muy variada, llena de gente famosa e importante.

Había alcanzado a identificar a un par de modelos y un pequeño grupo de actores –porque la lista de invitados no sobrepasaba las 100 personas-; pero cuando mis ojos lo encontraron entre todos ellos fue…

Víctor siempre había sido apuesto –por eso su carrera como modelo había sido sorpresiva, pero no del todo- y, sin embargo, ese día se veía… el color café claro de su traje de lino, el corte perfecto de cada pieza, encajando como un guante en su lugar; el perla de su camisa como una extensión de toda su marfileña piel.

Y supongo que no habían pasado suficientes vidas, porque todavía pude sentir un vuelco en el pecho por su sola presencia –al otro lado de la fiesta-. Probablemente, esa sería mi realidad –para siempre- y tendría que acostumbrarme a mi cuerpo reaccionando para él, cada una de las veces.

Sonreí, no del todo contento. Pero no dolía y eso era suficiente.

-¿quién invitó al bebé?- preguntó Phichit, dándome una copa de champán, que bebí con moderación, ya que no tenía un buen historial con el alcohol.

Fruncí el ceño ante el sobrenombre, el único que le llamaba de esa forma era Yura, así que me pareció extraño escucharle mencionarlo de esa forma.

-no lo sé… - y en cuanto las palabras salieron de mi boca, mis ojos se dirigieron hacia donde el único que podía ser culpable bailaba felizmente con su nuevo esposo –pero creo tener una idea…

Cuando Phichit se dio cuenta de a quién miraba su sorpresa no pudo ser menos obvia.

-¿por qué lo habría hecho?

Me encogí de hombros. La verdad es que no tenía respuesta para ello. Ninguna.

-eso deberás preguntárselo tú mismo.

-¿no lo harás tú?, ¿no quieres saber?- cuestionó.

Suspiré, evadiendo su figura en el recorrido de mi mirada por el lugar.

-la verdad es que no- tragué el nudo de ansiedad que había terminado por escalar a mi garganta -, puede que esté jugando conmigo o lo haya hecho por un retorcido motivo que piensa me hace bien… no importa. Nosotros… ya hemos acabado.

Phichit hizo un sonido que parecía una afirmación, pero pude ver en su mirada que no se tragaba lo que decía. Era irrelevante. Habíamos terminado

La decisión que tomamos había sido la mejor. Juntos solamente nos rompíamos uno al otro, era momento de honrar el dolor por el que habíamos pasado y continuar. Además…

Además, estaba el hecho de que había alguien en Detroit que le esperaba –o algo así-. No era como si fuesen novios o tuviesen una relación estable, ni siquiera era que se amaran; a pesar de eso, estaban juntos hacía un tiempo y… Era totalmente ridículo ponerme a pensar en esa clase de cosas –que no llevarían a ningún sitio-.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando una canción conocida comenzó y el DJ de la fiesta –uno de los famosos amigos de Otabek- anunció el primer baile de la pareja recién casada.

La luna como iluminación principal, velas y luces a media luz, convirtieron nuestro pequeño remanso de mundo en algo más allá de idílico. Phichit, que se había alejado con su –siempre acompañante- cámara fotográfica, se encontraba tomando evidencias fotográficas de cada uno de los detalles. Esperaba que lograra capturar la sonrisa radiante –y, de cierta forma, vulnerable- de Yura y la mirada embelesada de Otabek, la forma en que todas las luces se reflejaban sólo en ellos y, sólo, lo suficiente para que todo pareciera un momento etéreo, robado al tiempo.

Sentí un nudo en la garganta, alegría plena chocando con todas esas cosas que jamás fueron –bastante menos dolorosas que antes, pero aún presentes-; por fortuna, la pura dicha fue más y –aunque tenía lágrimas felices sin derramar- me uní a todos con el aplauso al final y al baile que siguió.

Estaba bailando con Leo y Guang-Hong, el ramo ya había sido lanzado y lo había atrapado Phichit, quien se había quedado con una fotografía impresionante del ramo chocando contra la lente de su cámara –me la había enseñado y me hizo reír por un buen rato-. Así que, en realidad, los novios ya no se encontraban en la celebración.

De tal forma que no tendría respuestas de Yuri, en mucho tiempo –puesto que no planeaba interrumpirlo en su luna de miel-; por lo que… estaba bailando.

Una canción lenta comenzó, rápidamente me sentí como una tercera rueda –entrometida- entre mis dos amigos y emprendí la retirada, antes de que ninguno de ellos lo hiciera de forma cortés. Caminé hacia la barra…

Víctor estaba en mitad del camino, esperando por mí. Una sonrisa centellante, aunque tímida –algo que hacía demasiado tiempo no veía en él-, su mano elevada con un gesto galante.

-¿me permites esta pieza?- preguntó.

Y resulto que no. Definitivamente no. No había vidas suficientes de tiempo, suficientes para superarlo.

Mi corazón trastabilló y tomé su mano, aceptando. Un. Baile.


Hola!

Vengo actualizando más pronto de lo que esperé (lo que es bueno) ;P

Ya estamos en la recta final!

Enjoy 3

~Clarisee