Desequilibrados por el equilibrio:
EPÍLOGO
Los 300 años no pasaron rápido, fue muy aburrido. La primera semana el compartir habitación no había sido del agrado de ninguna de las dos, y más de una vez estuvieron cerca de matarse entre ellas de no ser porque los guardias mecánicos, y los shocks de los collares de control de Bright y Lumi las detuvieron.
Con el tiempo las cosas se fueron calmando, tras el primer mes ambas solo se limitaron a insultarse mutuamente y a mantener fuertes discusiones plagadas de insultos.
Para el segundo mes ya estaban calmadas, se habían dicho todo lo que tenían que decirse. Ese día ambas estuvieron acostadas, mirando el cronómetro digital avanzar.
Era el único ruido en toda la habitación, ninguna quería cruzar siquiera las miradas, aunque ocasionalmente se miraban mutuamente más que nada por la costumbre generada por los años de enemistad.
Ambas se habían quitado sus armaduras, las cuales estaban a los pies de sus respectivas camas.
Nightmare estaba acostumbrada a este tipo de aburrimiento, de hecho no la estaba pasando tan mal como cuando estuvo en la luna, por lo menos aquí tenía una cama suave y comida caliente. Sin embargo, Day Breaker era otro caso, pues el aburrimiento la estaba matando. Ella no paraba de dar vueltas en su cama con el mero intento de entretenerse. De tanto en tanto miraba a su hermana, pues no comprendía lo serena que estaba ante tal aburrimiento.
Finalmente ella se cansó y se levantó, captando la atención de Nightmare Moon. Day miró al techo, a una pequeña cámara que monitoreaba a las prisioneras.
—¡Oigan mocosos! ¡¿No esperaran que pase 300 años aquí sin hacer nada?! — Por unos segundos no pasó nada, hasta que de pronto una compuerta en el techo se abrió y de ella cayeron varias docenas de juegos de mesa de diversos tipos. — … ¿Esto es una broma verdad? — Dijo ella mientras que le hervía la sangre.
—Mne, es más de lo que tuve en la luna. — Dijo Nightmare mientras revisaba los juegos que había.
—¿Cómo estas tan calmada? ¡¿Cómo soportas semejante aburrimiento?! — Preguntó Day Breaker, totalmente histérica.
—Repito, "Es más de que tuve en la luna" ¿Tienes idea de lo que es ver siempre el mismo páramo desolado, sin una cama, sin juegos ni nada para entretenerse? — Dijo sin mirarla.
—Tsk, claro, había olvidado que tienes experiencia en este tipo de derrotas. — Dijo a modo de insulto.
—Ja, ja. Que graciosa. — Dijo con sarcasmo. — Pues… parece que por desgracia son juegos para dos o más jugadores… — Las dos se miraron. Day Breaker sufrió un pequeño tic en su ojo izquierdo mientras que se daba media vuelta.
—Ni loca…
—A mí tampoco me gusta pero tampoco hay muchas opciones, mínimo así mantenemos ocupado el cerebro. — Dijo sacando un juego clásico, serpientes y escaleras.
Day Beaker refunfuñó pero terminó por aceptar la invitación, después de todo no había otra cosa que hacer.
Así pasaron los meses, ambas jugaba juegos de mesa diferentes por día. En un principio ambas eran enormemente competitivas y se negaban a perder, hasta llegaban a hacer apuestas donde la perdedora tenía que someterse a humillaciones por parte de la ganadora, marcador en el cual ambas ganaron igual número de veces.
Así fue como pasaron su primer año, y al inicio del segundo por fin sus actitudes comenzaron a enfriarse un poco.
300 años después…
Ambas estaban acostadas en el suelo, por fin, era el último día de su encierro. Habían decidido jugar una última partida de ajedrez, y desempatar un marcador estancado.
—Y ¿Qué piensas hacer cuando salgas? — Preguntó Day Breaker moviendo su humano.
—Me gustaría regresar a Ultima Noche. — Posicionó a su alfil, amenazando al humano de Day.
—¿Verás a tus descendientes? — Hizo avanzar a su caballo, tomando la torre de Nightmare.
—Pues claro, ¿Tú a dónde iras? — Con una sonrisa, movió su segundo alfil, capturando la torre de Day Breaker y amenazando a su rey. — Jaque.
—… ¿Cómo? Uf, yegua astuta. — Dijo pensando. — Pues yo creo que iré a ver a la descendencia de mi alumna… Y… bueno, tal vez intente sentar cabeza. — Hizo un enroque para defender al rey.
—Je. — Rio Nightmare. — ¿Vas a buscar pareja? — Movió a su torre restante, amenazando nuevamente al rey de Day.
—… — Day miró a Nightmare, movió a su rey para ponerlo seguro. — Tengo intereses…
—Pues me alegro, te haría bien conseguir marido. — Movió a su reina. — Jaque mate.
Day Beaker parpadeo varias veces. — Uf, bien jugado hermanita.
—Lo mismo digo, hermana.
Finalmente, el Timer anunció diez segundos para su liberación. El edificio comenzó a moverse, muy suavemente. Estaban saliendo a la superficie después de trescientos años.
El reloj llegó a cero, y las pesadas puertas de concreto y acero se abrieron.
Ambas tuvieron que cubrir sus ojos ante lo brillante del sol. Pero se recuperaron pronto.
─ Hay vamos, ─ se rio alguien. Una algo chillona, y con un tono impertinente. ─ La de negro, es una cosa. Pero la otra, ¿qué no era una diosa del sol? En serio que…
Ambas fijaron su atención en el poni que salió a recibirlas.
Era un semental de unos veinticuatro años. Pelaje lavanda muy claro, casi blanco. Melena rubia platinada, con una franja morada a la izquierda. Y una elegante bufanda púrpura, con detalles negros.
Sobra decir que ambas casi se caen del susto. Todo en él era demasiado familiar.
Y no ayudó que de su bolsillo sacara una especie de portafolios, que se abrió, y del que emergiera una estructura de acero, de cuatro metros de alto. Con enormes garras. De no ser porque era de color verde menta, y estaba equipado con luces azules, sería exactamente igual a las tropas mecánicas de aquel entonces.
Pero eso poco importaba a Nightmare, que no perdía de vista la bufanda del poni.
─ Bueno, c'est un plasair de vous renconter ─ dijo el poni. ─ Pueden llamarme Étnicelle Brillante, y soy el vigilante de esta área.
Day Breaker sintió un nuevo escalofrío. ─ Ese nombre es francés. Significa… significa… Chispa, Chispa brillante. Bright… Spark…
─ Este… ¿sí? Y el suyo significa Rompe Días, o Pause Do Jour. ¿A qué viene eso?
Day Breaker dio media vuelta, y se dispuso a regresar a su búnker, pero este ya se había vuelto a hundir en la tierra. Estaba libre, no había nada más que discutir.
Nightmare Moon también estaba nerviosa pero más porque el tipo extendió su casco, donde la bufanda se enroscó por su cuenta como una serpiente (lo que Nightmare temía). Pero lo que hizo fue abrir el pecho del gigante de acero, revelando un refrigerador. La bufanda tomó un smoothie para su dueño, que les sonrió a ambas.
─ ¿Entonces, puedo ofrecerles algo de beber? Tengo gaseosas, agua, ¿una cerveza? Luego de pasar trescientos años encerrado, yo con gusto me disfrutaría una. O dos, o…
─ Estamos bien, gracias ─ dijeron ambas.
─ Ah bueno, en ese caso, las escoltaremos. Ya las están esperando ─ anunció Étnicelle. ─ Señorita Moon, yo tendré el honor de escoltarla en persona. A la señora Breaker la escoltará mi máquina. Ustedes perdonarán, pero el Reino Unido y La Luna Nueva están muy lejos la una de la otra, y se me dieron instrucciones de llevarlas antes de que oscurezca.
─ ¿Y por qué yo tengo que ser escoltada en persona? ─ Preguntó Nightmare Moon. ─ ¿No es mejor que me escolte otra máquina mejor?
─ Lo siento pero solo me dieron uno de estos para el trabajo ─ se explicó él. ─ Además, aprovecharé a saludar a mi prima, Luminosity. Ella reina sobre Última Noche y hace tiempo que no la veo, así que voy y aprovecho el viaje.
Nightmare tembló. ─ Luminosity, ¿de casualidad ese mundo no se traduce Luminosité?
─ Y dale ─ dijo él, haciendo un elegante gesto de exasperación. ─ Pues sí, ¿y qué? Oigan, no tengo tiempo para esto, pongámonos en marcha, ¿quieren?
Las dos hermanas se despidieron la una de la otra, temblando ligeramente. No tenían ni idea de a qué se enfrentarían a partir de ahora.
Reino Unido:
La máquina dejó a Day Breaker en el salón del trono, y emitió una serie de pitidos. Luego, dio media vuelta y regresó a la base de operaciones. Un sirviente se apareció, y le anunció a Breaker que la Reina la recibirá pronto, que se pusiera cómoda.
El Salón del Trono estaba pintado con colores salmón y verde aguamarina en las paredes. Y los azulejos del suelo eran de un hermoso azul cielo.
Se respiraba una brisa fresca y vigorizante. Muy diferente a sus días en Perpetua Aurora.
Y, se fijó en el collage de fotografías en una pared. Al pie, había una fotografía de cuerpo completo de Shining Armor, de Cadence, de Twilight Sparkle, etc.
Y, frente a cada fotografía, había un pequeño florero con una rosa roja, que era cambiada diariamente.
Un gentil casco tocó el hombro de la ex Reina, llamando su atención.
─ ¡Tía Breaker! ─ Saludó alegremente la joven Reina Skyla.
Day Breaker sonrió alegremente. ─ ¡Skyla! ¿Tú eres la nueva Reina?
─ Pues, ni tan nueva, lo soy desde hace doscientos cuarenta y siete años, cuando tía Twilight murió ─ dijo ella. ─ Es un gusto volver a verte, tía.
─ Es un gusto verte a ti ─ saludó Day Breaker. ─ Me gusta lo que has hecho con el Reino.
─ Pues, se hace lo que se puede. Por suerte vivimos en una era en la que podemos contar con las máquinas para echarnos un casco ─ dijo ella. ─ ¿Te ofrezco algo de beber?
Tocó una campanilla dos veces, y otro gigante de acero entró a escena, abriendo su pecho, revelando una gran colección de bebidas.
─ ¿Cola? ¿Jugo de naranja? ¿Una cerveza? Si yo hubiera estado atrapado trescientos años también, con gusto me tomaría una.
Breaker rodó los ojos. ─ Lo mismo me dijo el tipo que nos liberó.
─ Ah, sí, Étnicelle. Es simpático.
─ ¿Lo conoces? ─ Preguntó Breaker. ─ Bueno, claro, es tu empleado.
─ Sí, bueno, no trabaja para mí, solo me hizo el favor de irlas a recibir. En realidad es mi tátara-tátara sobrino nieto. ─ Explicó Skyla. ─ Lo mandé a él porque, bueno, en caso ustedes dos quisieran hacer algo raro, él podría detenerlas fácilmente. Después de todo, es parte de una larga dinastía de inventores y armeros.
─ ¿Qué? ─ Soltó Day Breaker.
Skyla señaló hacia la fotografía que estaba entre la de Twilight y de Flash Sentry. Era un joven de cabello color azul cobalto con una franja rosa, y pelaje color lavanda. Pero eso no era lo peor, lo peor, era que estaba vestido con un traje negro, con detalles color púrpura.
─ ¡NO!
─ Tía, tranquilízate─ dijo Skyla. ─ Se parece, pero no es. Bright Spark y su amiguita desaparecieron justo después de encerrarlas a ustedes. Y antes de irse, le dijo a tía Twilight que estaba embarazada.
─ Entonces, ¿ese es el hijo de Twilight Sparkle? ¿De esta línea temporal? ─ Preguntó asustada Day Breaker.
─ Sí, es mi primo Dusk Shine. El tío Flash quería llamarlo Bright Spark, pero la tía Twlight le dijo que no se atreviera. Entonces, es Dusk.
─ Es igualito…
─ Y también fue un científico loco ─ dijo Skyla. ─ Pero la tía Twilight nunca lo perdió de vista y lo puso en cintura muchas veces. Te lo juro. Solo se puso algo fuera de control cuando se casó con esa otra inventora.
─ ¿Luminositè? ─ Preguntó Breaker.
─ Sí, ella sí se llamaba así, pero igual, no se compara a la otra. Tranquila tía. Lo único que hicieron, fue llevar al mundo a una nueva era tecnológica. La magia ya quedó en segundo plano, tristemente.
─ ¿En serio?
─ Es más práctico usar los gadgets que cualquiera puede conseguir en cualquier supermercado. Existe el dicho, Faust hizo a todos los ponis; pero Dusk y Lumi los hicieron iguales.
─ Ya veo… ─ dijo Day Breaker.
No estaba segura si le gustaba la nueva era.
─ No es tan malo, tía, las máquinas te facilitan la vida enormemente. Y Dusk y Lumi son dos figuras históricas recordadas con mucho cariño entre los ponis.
Breaker gruñó, de mal humor. ─ Sí, claro. Los dioses de la tecnología. ¿Por qué no les ofrecieron las alas mejor?
─ De hecho, sí, lo hicieron, pero ambos dijeron que no les interesaba vivir para siempre.
─ Menos mal ─ dijo Breaker.
─ No era tan malo, de veras. ─ Aseguró Skyla. ─ Te hubiera caído bien. Ahora, ven, te mostraré tu habitación. Contraté un par de sirvientes solo para ti. Pero la mayoría aquí preferimos a los sirvientes mecánicos.
─ Agradezco tu hospitalidad, Skyla.
─ Cuando quieras, tía, cuando quieras ─ sonrió la joven alicornio. ─ Y qué bueno que estés con nosotros.
Reino de la Luna Nueva:
Étnicelle la dejó frente a un grupo de guardias frente al castillo. Nightmare miró el castillo con cierta nostalgia. El mismo ahora era tres veces más grande y esplendoroso que durante su mandato. Además, a diferencia de antes, había una pequeña ciudad a los pies del muro, una pequeña pero muy próspera ciudad.
En esta época del año la nieve cubría los techos, pero a diferencia de antaño, era una nieve tranquila, alegre donde los niños jugaban en paz. No era el frio mortal de hace 300 años.
—Por aquí, alteza. — Dijo uno de los guardias con respeto.
Étnicelle se unió al grupo, en la retaguardia. Un par de soldados lo saludaron, y él les correspondió el saludo con buen humor.
Nightmare siguió al guardia, al caminar por las calles de la ciudad pudo notar que muchos retrocedían al verla y los padres tomaban a sus hijos para alejarlos de ella. Nightmare se disgustó bastante, cuando ella reinaba sus súbditos la miraban con gran respeto y admiración, ahora… Solo había miedo.
Fuera de eso, el progreso tecnológico era asombroso; Los niños jugaban con extraños juguetes a control remoto, también pudo ver algunas tiendas que en sus vidrieras exhibían extrañas mercaderías y se promocionaban con brillantes carteles que titilaban.
Nightmare, curiosa, aprovechó para acercarse a uno de los negocios que poseía una vidriera que exhibía sus mercancías. El negocio se llama "Electrónicos del Tío Snow", y en la vidriera había objetos de lo más curiosos, pero lo que más la atrajo fue una especie de placa plana con imágenes en movimiento con una definición semejante con la propia realidad.
—Es un televisor de 76 pulgadas, de alta definición. — Le aclaró uno de los guardas. — Supongo que se debe poner al tanto del progreso.
—Ajá… claro… — Dijo ella, sin saber muy bien como tomar esas palabras.
Siguió caminando, hasta que de pronto se detuvo al ver una especie de caja metálica cuadrada andando por las calles llevando una bolsa de compras en un brazo mecánico. Junto a él había una anciana ciega que lo sostenía con la ayuda de una correa. Nightmare arqueo una ceja y siguió a la anciana con la mirada, la cual tarareaba una tranquila canción.
—Bueno… son útiles. — Reconoció ella.
Afortunadamente no tardó mucho en llegar al castillo, el cual estaba separado de la ciudad por una fosa. El puente bajó y las puertas se abrieron para mostrar a una yegua adulta, aunque joven. El aspecto físico era prácticamente igual a su hijo Black, sin embargo… su melena rubia platinada, y su expresión elegante y arrogante, le resultaron inconfundibles a Nightmare.
—Luminosité… — Dijo ella en vos baja, sintiendo como un escalofrío le recorría la espalda.
La yegua iba vestida con una capa de color azul noche, forrada con lana en los bordes para protegerla del frio. Sobre su lacia y perfecta crin llevaba una tiara con una luna de plata en el centro.
—Saludos, soy la Reina Luminosity Strike. Un placer… Abuela. — Dijo ella manteniendo la seriedad.
Nightmare trago saliva. — Uf… Solo espero que tenga más de Black que de esa maldita…
—Soy Nightmare Moon, re… eh… — Luminosity arqueo una ceja.
—Bueno… ven, mejor pasa que hace frio. Tu habitación esta lista y el resto de la familia te está esperando.
—… Espera, ¿Qué?
—Sí, mi hermano menor, mi marido, mis dos hijos…
Miró al poni que estaba detrás de Nightmare.
─ ¡Primo! ¿Tú escoltaste a Nightmare?
─ Síp ─ dijo Étnicelle. ─ Siempre un placer verte, prima.
─ ¿Te quedas a cenar?
─Gracias, perfecto. Pero mientras, voy a dar una vuelta por la ciudad, a ver si aquí sí tienen una copia del último Super Smash. ¡Hasta la noche, prima!
Nightmare ignoró el intercambio de esos dos y se concentró en el asunto de conocer al resto de la familia. Ella había soñado varias veces cuando niña con tener hijos, nietos y una gran familia. Pero este escenario no era el que habría elegido para consagrar su sueño…
El camino hacia el interior fue algo largo, sobretodo porque ni Nightmare ni Luminosity sabían muy bien como iniciar una conversación con la otra…
El interior del palacio asombró bastante a Nightmare, había una calefacción perfecta dentro, que los resguardaba del frio en su totalidad. También las decoraciones sobrepasaban con creces el viejo castillo, pues si bien mantenía el diseño gótico, el nivel del arte había crecido y ahora era una belleza total. En las paredes pudo ver pinturas y retratos de varios miembros de la familia, incluido a su hijo Black ya con unos cuarenta, vestido con una elegante chaqueta militar de color azul noche con adornos plateados. Ver esa imagen la hizo sentir orgullosa y se detuvo solo para mirar el semental en el que se había convertido su hijo.
—Bien. — Dijo Shine llegan a una gran puerta de madera. — Bueno, ¿Quiere entrar primero o quiero que yo…? — Al darse vuelta vio que Nightmare estaba perdida en el retrato de Black Strike. Al ver esto, Shine suspiro y se acercó.
—Fue un gran rey, los libros de historia lo han retratado como tal.
Una lagrima cayo por la mejilla de Nightmare. — Dime Luminosity, ¿Si pudieras cambiar el pasado lo harías?
La Reina suspiro. — Depende… Supongo.
—Le quité su infancia… Y aun así corrigió todos mis errores.
—Pues… creo que él habría querido ahora, los corrigieras tú, ¿No crees? — Dijo ella. Nightmare la miro a los ojos, encontrando una sonrisa. — Tranquila, para los Strike, la familia es lo más importante por sobre todas las cosas. ¿Vamos? — Dijo haciendo un ademan para indicarle que podía pasar a conocer a su familia.
—… Sí… los Strike somos así. — Dijo ella con una sonrisa.
Rarity Belle dio un gran bostezo, estuvo trabajando durante toda la noche en su nuevo diseño. Fue un trabajo duro, y tedioso, pero valió la pena.
A pesar de tener ochenta y ocho años, Rarity seguía activa, y su nombre seguía teniendo un enorme peso en el mundo de la moda. Y eso era porque Rarity no paraba nunca. Siempre estaba trabajando en algo nuevo, poniendo todo su esfuerzo en crear un diseño que deslumbrara a cuantos lo vieran.
Le dirigió una última mirada a su nuevo vestido, y soltó un ligero suspiro de satisfacción.
Regresó a su cuarto, escaleras arriba, y a medio camino, la ilusión de satisfacción que tenía se desvaneció. Justo cuando pasó frente al cuarto de su niña.
Rarity nunca superó la pérdida de su amada Luminositè. A pesar de todos sus defectos, era una excelente hija. Jamás se mostró rebelde. Era tal vez la poni más peligrosa que conocía, pero al mismo tiempo, Rarity conocía la lucha interna de Luminositè; y que a diario era una batalla para no explotar y liberar sus 'urgencias' en otros ponis. Por amor a su mère, Luminositè hacía lo mejor posible para controlarse, y casi siempre lo logró.
─ Lo peor y lo mejor que pudo pasarte, fue conocer a tu amigo Bright, ¿verdad amor?
Rarity decía eso cada noche. Y luego, se iba a dormir.
Sus noches eran largas y tristes. Durante el día, ella tenía su trabajo para seguir adelante. Pero de noche, nada. Y se veía obligada a escuchar el silencio, y sentir el vacío en el que se convirtió su vida desde la pérdida de su hija. Muchos decían que sus vestidos les recordaban a las lágrimas, porque eso eran. Convertía su tristeza en hermosos y despampanantes diseños, y para ella, los ponis que los usaban eran monumentos vivos para su amada Luminositè.
La soledad era demasiada como para resistir, pero, ella se prometió seguir adelante. Vivir el doble por ella misma y por Luminositè. Durante ese tiempo, viajó por el mundo, diseñó el doble que antes, llevó su marca más allá de las especies. Hizo todas las cosas que sentía que Lumi hubiera podido lograr de no ser porque decidió terminar su vida pronto.
¿Rezar? Eso ni se le pasaba a Rarity por la cabeza. Sabía que los dioses existían, claro que sí. Y lo sabía porque ellos fueron los que hicieron que Luminositè se matara. Ellos les arrebataron a Luminositè. Y los odiaba por eso.
─ La píldora deberá hacer efecto en cualquier momento a partir de ahora ─ dijo la yegua, mientras que se dejaba llevar por el sueño.
Sonó el despertador.
Rarity dio un elegante bostezo, y se quitó el antifaz.
─ Buenos días Equestria.
Salió de su cama, y puso a la bañera a llenarse. Gracias a un timer (programado por la propia Luminositè), el grifo se detendría por sí mismo. Y mientras, Rarity bajó a la cocina, para preparar su café.
Muy para su sorpresa, se fijó que el desayuno ya estaba a medio preparar… por pequeñas muñecas que eran idénticas a su hija. Y que hacían 'Gero-Gero' 'Gero-Gero'.
─ Ustedes… ¿QUÉ HACEN AQUÍ? YO… YO LAS TIRÉ TODAS A LA BASURA.
Unos pasos firmes pero delicados llamaron la atención de Rarity.
─ ¿Qui est là? ¿Qué significa esto? ¿Quién se metió a mi casa?
Rarity se frotó los ojos, realmente espantada. ─ ¿Luminositè?
La joven de quince años abrió su mandíbula a máxima capacidad.
─ ¿Mère? ¿Eres tú, Mère?
─ Luminositè… ¿pero cómo? Tú estás, estás…
La joven corrió a abrazar a su madre, llorando de alegría.
─ Mère, oh, mère. Me alegra mucho verte. Yo… no sabes cuánto te he extrañado.
Rarity solo acertó a acariciar la melena de su hija. No entendía nada, pero estaba al mismo tiempo muy feliz. No podía ser una ilusión, ella conocía el contacto de Luminositè, su aroma, su forma de ser. No había forma que la estuvieran engañando. ¿Qué pasaba ahí?
Entonces, una muñeca se acercó a ella, cargando un pequeño espejo.
Rarity se miró, y finalmente lo comprendió todo. En lugar de su rostro arrugado, con el cabello gris y pelaje opaco y grisáceo; quien le devolvió la mirada era una yegua elegante y joven. Con su pelaje de un radiante color blanco, muy brillante. Y un largo cabello morado.
─ Ya veo. Me llegó la hora.
─ Pero está bien. Mère, no sabes lo mucho que te he extrañado.
─ No tanto como yo a ti ─ dijo Rarity. ─ Oh, Luminositè. Tengo mucho que contarte.
─ Y yo a ti, mère.
Se acurrucaron la una contra la otra, tan solo disfrutando de su mutuo contacto.
─ Te amo, mère.
─ Te amo, Luminositè.
Twilight se estiró con pereza cuando el sol le dio en los ojos. Otro día amanecía, y, como siempre, tenía una larga jornada por delante de clasificar su biblioteca, leer y otras cosas.
Disfrutaba de su retiro, pero las cosas se habían hecho algo aburridas desde que Flash se había ido, hacía un par de años. Bueno, sí, se divertía mucho cuando los hijos de Flurry venían a visitarla, pero en general los días eran lentos.
Le encantaban los niños, desde siempre, pero, ella y Flash decidieron que no podían tener otro hijo. Extrañaban a Bright Spark todos los días, cada uno a su manera.
Twilight miraba su biblioteca, y los libros de hechizos y los títulos sobre ingeniería y física fundamental le recordaban a Bright Spark. Siempre que encontraba un hechizo nuevo, él se esforzaba en entenderlo, y luego replicarlo con sus máquinas.
Ambos pasaban tardes enteras estudiando, disfrutando de su mutua compañía. Algo así como lo que hacían Bright y su abuelo muchos años antes.
En cuanto a Flash, le encantaba pasar tiempo con su hijo. Cuando los dos estaba juntos, Bright dejaba de lado su forma de ser fría y calculadora, y charlaba de cosas mundanas con su padre y los otros guardias. De hecho, los guardias apreciaban mucho a Bright Spark, siempre les fabricaba nuevas invenciones y nuevos equipos.
Pero lo más importante, le gustaba entrenar con ellos para mantener cuerpo sano y mente sana. Y de paso, aprender nuevas tácticas para programar sus robots.
Pero cuando se fue, al menos Twilight y Flash se tenían el uno al otro. Eso los ayudó a superar su pérdida. Solo había algo que no dejaban de lamentar, y era que jamás terminaron de comprender a su hijo.
Twilight bajó las escaleras, donde se topó con su marido, tomando café.
─ ¡Twilight, llegaste! ─ Dijo él muy emocionado.
─ ¿Flash? Espera, ¿qué significa esto? ─ Dijo ella. ─ Tú estás, estás…
─ Muerto, sí. Y tú también ─ dijo él muy feliz. ─ Oh, Twilight, me alegra mucho verte. ¡Te extrañé mucho, mi amor!
Y la abrazó y la besó.
─ ¿Muerta, yo? ─ Preguntó Twilight. ─ Yo… muerta. No puede ser. Pero yo…
─ Tarde o temprano tenía que pasar ─ dijo Bright Spark, saliendo del elevador de su laboratorio. ─ A todos nos llega la hora, ¿no mamá?
Twlight sonrió. ─ ¡Bright Spark!
Él sonrió, y se dejó abrazar por su madre.
─ Bright, te amo tanto.
─ Y yo a ti, mamá. Y ahora que estamos juntos, podemos empezar de nuevo.
─ Me alegro que pienses así, Bright.
─ Y espera a que te cuente su aventura ─ dijo Flash Sentry. ─ Se la pasó genial, ¿no Bright?
─ Sí, bueno déjala respirar papá ─ le sonrió Bright Spark. ─ ¿estás de humor de una sesión de estudios? Aquí tienen registros de los hechizos de todos los ciclos del mundo.
─ ¿De veras? ¡Vamos!
Bright se colocó un par de gafas especiales. ─ He esperado por mucho. Me encanta tenerte de vuelta, mamá. Te amo.
Y he aquí el final, con una aproximación a la liberación de Moon y Breaker, y un desenlace para Bright y Lumi. Espero que les haya gustado, y ya saben.
Chao; nos leemos!
