Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
Capítulo I: La conversación
"Las palabras pueden incluso alcanzar a herir de gravedad un corazón, de por sí ya lastimado, porque estas se convierten en un cuchillo afilado que arrasa con lo que está en su camino, sin importar nada." Diana "LadyMoon6" L.
Era la última hora de clases, y luego cada estudiante tenía que ir a su respectivo club para su ensayo. Pero ocho chicas tenían sus sentimientos a flor de piel y muchas dudas en sus cabezas. Las primeras en llegar al salón del club fueron Mio, Mugi, Nodoka, Azusa y Ui. Como era su costumbre, la tecladista preparo el té para las chicas con sus respectivos dulces. No por nada, la banda lleva el nombre de Houkago Tea Time. Ellas acostumbran a tomar la "fiesta de té" antes del ensayo correspondiente. A veces podía ser cuarenta minutos o cuarenta y cinco.
Al otro lado de la preparatoria, en los jardines para ser exactos, se encontraban Ritsu, Yui y Jun. Ellas estaban conversando muy amenamente. La mayor de las hermanas Hirasawa se preocupó de que Jun faltara a su hora de practica con su club de Jazz; Suzuki la calmo diciendo que había pedido permiso ya que tenía que nivelarse en una materia que no le estaba yendo de la mejor manera. Claro está, que la menor de las tres sabía que eso no era verdad. Simplemente, no quería ir a su club, pero tampoco quería ver a Ui.
La bajista del club de Jazz nunca se había sentido así, tan confundida con respecto al amor. No sabía si eso les pasaba a las otras chicas, pero tampoco tenía el menor interés en indagar sobre aquellos asuntos del corazón. Ella sabía que Ui jamás la vería como algo más que su simple "mejor amiga", título que lo compartía con Azusa. Y no es que sintiera celos, porque no lo tenía. Al contrario, se sentía dichosa de compartir esa bonita amistad con ellas dos. Pero se enamoró. Y eso le atrajo dudas a su inquieta alma.
Ritsu en cambio estaba sumida en su propio predicamento. Haberse enamorado de su mejor amiga no es una sabia decisión, como es bien sabido. Alguna vez escucho que el amor entre mejores amigos puede acarrear ciertos problemas si no se lo sabe manejar bien. Pues, por un lado, el positivo, como ambos se conocen bien, pueden llevar de la mejor manera la relación; pero por el otro, el negativo, el haber pasado mucho tiempo juntos y el saber muy bien del otro, puede acarrear un distanciamiento que puede desembocar en una conclusión de una bella amistad. Ahora, la baterista no sabía si creer en eso o no. Dicen tantas cosas y no siempre todas son verdaderas.
Pero ella se enamoró y no hizo nada por evitarlo.
Finalmente tenemos a Yui. La infantil, despreocupada e inmadura del grupo. Unas observaciones para nada buenas, si se espera algo más de ella. Sin embargo, la guitarrista principal de HTT, ya no era nada de eso. En su último año, antes de entrar a clases, ella había tomado la decisión de cambiar. Dejar de ser aquello para dar inicio a una nueva Hirasawa. Se había propuesto ser la verdadera hermana mayor, la que debe dar el ejemplo de puntualidad, disciplina y responsabilidad. Y esa decisión tendría un costo muy elevado, que ni siquiera pasaría por su mente en esos momentos. Porque todo en la vida, tiene un precio. Y porque, además, la castaña se había enamorado perdidamente de la neko.
Al igual que su mejor amiga, la baterista, no hizo nada por impedirlo.
Y ahí estaban las tres, conversando de mil cosas sin sentido. Lo curioso del caso, es que Jun se vino hacer amigas de ellas, casi cercana, en las vacaciones de verano. En una salida que tuvieron porque coincidieron las tres en el mismo lugar. Cosas de la vida, cosas del destino. Nadie sabe con exactitud aquello. Y lo que más llama la atención, es que las tres son castañas; sus colores de ojos es lo que cambia. También sus personalidades. Yui quería sacar su cigarrillo y fumar, brindárselo a Ritsu y a Jun, pero no podía, ya que aún estaban dentro de las instalaciones de la preparatoria. Y corrían el riesgo que alguien pudiese verlas.
La baterista vio la hora en su reloj muñequera, un rolex para nada barato, y le comunico a sus amigas que era mejor partir para el club, antes de que tuvieran problemas. Lo que no se percató la castaña, es que el mensaje que le envió a su amiga Mugi, nunca se fue. Y apenas llegaran al salón iban a recibir el sermón de sus vidas. Era algo típico entre ellas, porque llevaban así casi desde que se conocieron y formaron la banda. En el camino no se encontraron con nadie, ni siquiera con Sawako. Asumieron que todas estaban en sus respectivos clubes. Yui invito a Jun a que se quedara con ellas, algo que acepto gustosa. Pero tenía miedo en el fondo, ya que ahí, estaría Ui.
—¿Yui-san se habrá percatado que me gusta su hermana menor? Espero que no. —susurro para sí, la bajista menor.
Justo cuando llegaban al club, las tres chicas se quedaron de una sola pieza al escuchar lo que hablaban las otras. Al principio decidieron retirarse, pero después se quedaron ya que la curiosidad les gano. Y lo que no sabían, es que lo que vendría después, les partiría el corazón.
—… Si ve Mio-senpai —esa era a voz de Azusa. Fuerte y clara —, ni siquiera enviaron un mensaje que no iban a venir. Son desconsideradas. Y pensar que el siguiente año entraran a la universidad. Si siguen así, hasta pierden la carrera.
—No me extraña de ellas. Siempre fueron flojas y despreocupadas. En especial Ritsu. Esa idiota.
—A mí me preocupaba oneechan. No sé qué va hacer. Ella…
—¿Por qué dices eso, Ui?
—Porque me iré a vivir con Nodoka, para cuidar a los niños… —no se escuchó el resto, porque había murmuraciones. Las tres castañas estaban impactadas. Aun así, siguieron escuchando — Oneechan no sabe de esta decisión y yo no he tenido la valentía de decírselo. Sé que me comprenderá, pero me preocupa como ella va arreglarse, ya que nunca ha estado acostumbrada hacer algo.
—Hay algo que se llama "milagro", imouto —susurro Yui con cierta tristeza. Quería salir de ahí.
—Ritsu vive al límite y eso me tiene cansada —de nuevo, Mio retomaba la conversación —. Que ni haya mandado un mensaje diciendo que no iba aparecer al ensayo, ya se pasa. No sé cómo pudo autoproclamarse "presidenta del club", sabiendo que ella es vaga, floja y que se olvida de las cosas, porque ni siquiera tiene la decencia de preocuparse. Siempre soy yo la que me preocupo de ella.
—Y ni se diga de Yui-senpai. Ella solo piensa en comer y nada de practicar. Además, es muy pegajosa. Lo siento, Ui. Sé que es tu hermana mayor, pero tú sabes que es verdad. A mí me molesta que ella se me apague tanto y me abrace. ¡No soy su oso de peluche, por Kami-sama!
—Lo sé, Azusa-chan…
Eso fue suficiente para las chicas. Cada una quería llorar, pero no lo harían ahí. Ritsu saco su móvil, y se percató que su mensaje jamás se fue. No había tenido señal. Así que aprovecho, y envió otro mensaje, cerciorándose de que esta vez, si tenga señal para que se envíe. Una vez salido el mensaje correcto de envío, hizo señas a sus amigas y se fueron sin que nadie las viera. Fuera del instituto, la mayor de las hermanas Hirasawa invito a Jun y a la baterista a su casa. Cosa que, ambas aceptaron gustosamente.
En el club, el ambiente no cambiaba para nada. Ni la llegada de Sawako con Nodoka aligeraron el tenso ambiente que había. Azusa y Mio estaban más que enojadas por la "irresponsabilidad" de las castañas. Ui marcaba el número de su hermana mayor, pero esta no respondía. Las demás miraban expectante a la menor de las hermanas, pero ella movió la cabeza negativamente. "Otro día sin ensayo", fue lo que pensaron.
[1]Twenty, love
Though it's still faint
This dream is a watercolor painting
The brush that paints the rainbow
Is right here in my heart
El móvil de Mugi sonó, cortando el silencio que se formó dentro del salón de música. La Ojou-Sama abrió el buzón de mensaje del WhatsApp, y vio los mensajes de Ritsu. Se sorprendió al ver que eran algunos, y por un momento se preocupó. No se dio cuenta que sus amigas estaban atentas a sus expresiones, que también se preocuparon al ver el ceño fruncido de ella. ¿Qué está pasando? La rubia tecladista estaba totalmente extrañada, ya que la castaña baterista rara vez mandaba ese tipo de mensaje, ¿Sera que está peleada con Mio? Movió la cabeza negativamente, quitando cualquier pensamiento negativo, y le paso el celular a su mentora para que lo leyera. Ella decidió salir un momento del salón, porque misteriosamente, empezó a no sentirse bien. Algo pasaba, y su corazón jamás falla en aquellas intuiciones.
"El grupo se está partiendo en varios pedazos, imposibles de restaurarlos."
"Mugi:
Yui y yo no podremos ir al salón de música ya que se nos presentó algunos inconvenientes. Pedimos mil disculpas."
Ese fue, el mensaje uno que no se envió, y que Ritsu lo volvió a enviar como un dato adjunto (le había hecho una capture de pantalla, en forma de evidencia).
"Mugi:
Parece que el mensaje anterior no se envió. No sé qué ha pasado. Te envío este, y espero que te llegue, y que sea a tiempo. Yui y yo tenemos unos asuntos que resolver, y no podremos ir al salón de música. Si lo logramos solucionar hoy mismo, sería perfecto. Pero si no pasare eso, temo que esta semana no podrán contar con nosotras. Nuevamente, mil disculpas."
Mensaje número 2.
—¿Sawako-sensei, puedo ver el mensaje por favor? —la profesora le paso el móvil de Mugi a Mio.
Mio leía una y otra vez el mensaje; no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Sintió punzadas de dolor en su corazón, ¿Por qué Ritsu le enviaba esos mensajes a Mugi y no a ella? ¿Qué asuntos debería resolver con Yui? Y como la bajista, el resto de las chicas estaban también con muchas interrogantes en la cabeza. En su tiempo como banda y amigas, eso no había sucedido, y el misterio con el que se estaban manejando el par de castañas les provocaba que las dudas se apoderaran de ellas.
Cada una cogió sus cosas y se fueron la para sus respectivas casas. Mugi fue la última en retirar las cosas, ya que había vuelto al salón, cuando la mayoría se había retirado. No demostraba signos de haber estado llorando y eso le aliviaba un poco. No quería preocupar a nadie, en especial a su profesora. Aquella mujer que entro a su cabeza y a su corazón casi de manera desapercibida. Cuando estaba a punto de irse, se topó con la figura de Yamanaka que salía de la bodega del club. Ambas quedaron mirando a los ojos directamente, y ninguna se atrevía hablar.
La tecladista salió primero y luego la profesora. Sawako le dijo que ella podía llevarla a su casa, y aunque Mugi iba a negarse, algo le dijo que mejor aceptara la propuesta. Tal vez el hablarlo con alguien, pueda aliviar el dolor que llevaba por dentro. También la inquietud del futuro de la banda. Ella recordaba muchas cosas, momentos que ha vivido desde que llego a la preparatoria Sakura y luego la integración a HTT. Pero ahora, sentía que las cosas estaban tomando otro rumbo, y que lo que ella tenía, se le estaba yendo de las manos por completo.
Sawako estaba preocupada: por sus alumnas, por la banda y por Mugi. Porque ella estaba empezando aceptar los sentimientos que tiene hacia la rubia de ojos azules. En el trayecto ninguna decía nada, y en el silencio, ambas tenían pensamientos de diversas clases. La rubia tecladista miraba por la ventana el paisaje que se le presentaba ante sus ojos, a pesar de que lo podía ver todos los días, cuando cogía el tren que la llevaba al instituto y el mismo, cuando regresaba a su hogar. Suspiro. Y ese suspiro no pasó desapercibido por Sawako.
—¿En qué piensas, Mugi?
—No sé en qué momento nosotras nos convertimos en extrañas, Sawako —la rubia callo por unos segundos, ordenando sus ideas, y también sus emociones —. Todo es tan confuso. Ricchan jamás me manda ese tipo de mensajes. Ella se los manda a Mio-chan, pero hoy…
Ambas se tuteaban cuando estaban fueran de clases. Obviamente, cada una en el instituto lo disimulaba muy bien, y el trato era cordial de alumna a profesora. Lejos del edificio educativo, todo cambiaba entre las dos, y por su lenguaje corporal, se pensaría que son pareja. La tecladista no lo había pensado de esa manera, porque en su mente estaba lo más importante: la banda, y su hermana menor. La docente castaña entendía muy bien el predicamento que vivía la heredera del emporio Kotobuki.
Sawako quería decirle muchas cosas, palabras que la tranquilizaren a su alumna, pero no encontraba ninguna que se le viniese a la mente. Ella también estaba sufriendo, porque veía como se estaba convirtiendo la banda a la que tanto juro cuidar y guiar, porque ellas eran sus pupilas, y porque no decirlo, la siguiente generación que dejaría una huella en el instituto Sakuragaoka, en un grupo de desconocidas. No negaría que cada una se ha ganado el corazón del resto del alumnado, e inclusive, son hasta famosas en otros establecimientos educativos.
Pero no tenía la bendita palabra tranquilizadora.
—Sawako… —Mugi la llamo, al ver que esta se quedó en silencio y pensativa —Quédate en mi casa, onegai.
La profesora no lo pensó dos veces. Esa manera de pedirle que se quede con ella, esa mirada tierna que desprendía de sus ojos azules, le decía que no le podía negar nada. Y sintió por primera vez en su vida, que la única mujer a la que ella puede obedecer, y aceptar lo que sea que le pida, es a la reina del teclado, Tsumugi Kotobuki.
—Está bien, Mugi. Me quedare contigo esta noche…
Azusa estaba en casa de Mio conversando del suceso extraño que se presentó en la tarde en el club. Ambas pelinegras estaban con mucha intriga por saber que tanto tenía que hacer Ritsu y Yui que les quitaba el tiempo de ensayar con ellas. Se venía el festival, y luego la presentación por el cierre del año escolar, justo después de su graduación. La neko-chan buscaba en sus memorias si la castaña infantil había dicho algo de alguna ocupación extra en las tardes, pero no encontraba ninguna. Y eso le frustraba; mismo sentimiento que tendría la bajista.
En sus años de mejores amigas, la baterista jamás se había comportado de esa manera. Nunca la había visto tan misteriosa, ni tampoco alejada de ella. Siempre se contaban las cosas, y no se ocultaban nada, incluido sueños, temores, entre otros. Ahora, las cosas tomaban otro rumbo, y ese camino no le gustaba para nada a la ojigris.
Lo que no sabían ni Nakano ni Akiyama, es que estarían a punto de vivir la nueva imagen de las castañas de la banda. Una imagen que no era para nada buena, ni bonita.
Al final, las tres amigas terminaron yendo a la casa de Ritsu. Solo hicieron una breve parada en la casa de Hirasawa, y eso porque tenía que dejarle una nota a su hermana menor, para que no se preocupara al momento de llegar y no encontrarla. Baterista, guitarrista y bajista, estaba tocando los acordes de una canción, una balada rock de hace mucho tiempo atrás, titulada Love Hurts del grupo Nazareth. Solo era instrumental, sin voces ni nada. El sonido inundaba la habitación convirtiéndola en un ambiente de nostalgia y dolor. De impotencia, y sentimientos mezclados.
[2]I'm young I know, but even so
I know a thing or two. I've learned from you.
I've really learned a lot, really learned a lot.
Love is like a flame, it burns you when it's hot.
Love hurts. Oooh, love Hurts
Las chicas miraron de dónde provenía aquella voz, dulce, ronca pero potente. Se sorprendieron al ver a Satoshi, hermano menor de Ritsu. Cantaba con mucho sentimiento, con las emociones a flor de piel. Por lo visto, él también estaba sufriendo mucho. No se sabía que le llevaba a ese dolor, pero tenía que ser algo sumamente serio para que este ahí, cantando con todo lo que tenía dentro de su ser. Demostrando que tenía talento, y uno muy bien escondido, incluso de su hermana mayor. Al ver que la guitarrista y la bajista siguieron tocando, el menor de los Tainaka sonrió y prosiguió con el canto.
Esa sería una larga noche.
I know it isn't true, I know it isn't true.
Love is just a lie, made to make you blue.
Love hurts. Oooh, love hurts.
Oooh, love hurts.
Oooh, love hurts.
Sumire estaba acostada en su cama, pensando en cómo todo sucedió. De un momento a otro dejo ser de apellido "Saito" a ser "Kotobuki". De su infancia no recuerda mucho, excepto que siempre estuvo con los Kotobuki y que había tenido una de las mejores enseñanzas en excelentes escuelas privadas, y ahora en el mismo instituto que estudiaba su "hermana mayor", Mugi. La pequeña siempre se había sentido alejada de la familia, que no formaba parte de la misma, y que, por el contrario, sus padres biológicos estaban en algún lugar esperando a que ella regresara.
Sin embargo, eso no era verdad.
Y le partía el corazón.
La incertidumbre no es buena consejera en ciertas ocasiones.
Uno sabe cuándo le están mintiendo.
Y lo que hicieron los Kotobuki fue ocultarle las verdaderas razones del por qué ella jamás volvió a ver a sus padres biológicos, ni por qué ella se quedó ahí, junto con ellos. Pero en algún momento de la vida, ella se enterará, y la verdad le golpeará a su noble corazón, y quedará hecho pedazos, irreconocible. Difícil de volver a juntarlos. Sumire seguía buscando en su banco de recuerdos algo que le diera una pista de su verdadero origen, pero no había ninguno.
La pequeña solo recordaba cómo le costó aprender a tocar batería. Ese era el instrumento que le gustaba, y que quería tocarlo a como dé lugar. Esa pasión nació cuando ella se había quedado sola en casa un día, estaba aburrida y lo único que hacía era mirar la televisión como una manera de pasar el tiempo. Todo cambió cuando al cambiar de canal, se encontró con uno de los conciertos de Metallica en México. Ver tocar con fuerza y suavidad al mismo tiempo, con pasión y entrega de Lars Ulrich, despertó en ella un sentimiento antes desconocido.
—¿Estás segura, Sumire? —preguntó el señor Kotobuki un poco consternado.
—Sí… —la rubia menor se quedó en silencio sin saber que decir exactamente a continuación.
—Aún no puedes decirme "papá", ¿verdad?
—Es un poco raro. Lo que yo siento…
—Está bien. Tomate tu tiempo, Sumire. Espero que algún día lo puedas hacer. Llamarnos "papá y mamá" a nosotros, y a Tsumugi "hermana".
—Haré lo que pueda, señor.
Despertó de sus recuerdos cuando sintió su móvil vibrar. Era un mensaje de Mugi que le comunicaba que estaba llegando con Sawako a dormir a la casa. Con el paso del tiempo, la menor de los Kotobuki se fue percatando de los sentimientos que ambas se transmitían sin necesidad de decirlo. Estaba consciente que esa relación que tenía su hermana mayor con la profesora era completamente prohibida, pero ella, Sumire Kotobuki, lo aceptaba de la mejor manera. Ella solo quería ver la felicidad de su hermana mayor, y la apoyaría en todo.
Aunque por dentro, su alma estuviese completamente jodida.
Cogió las baquetas y empezó a tocar su preciada batería.
—Vaya hermano. No sabía que tu cantabas. Bien guardado te lo tenías, ¿Eh?
Satoshi sonrió con algo de melancolía que no pasó desapercibido ante los ojos de las chicas. Algo andaba mal, y Ritsu inmediatamente se percató de aquello. Su hermano menor era un poco diferente a ella en términos de carácter y personalidad, y en otras, tenían muchas similitudes. Los hermanos Tainaka siempre habían sido considerados por ser un tanto especiales, debido al choque que tenían al momento de expresar sus sentimientos. Aun así, siempre se apoyaban el uno del otro. El uno siempre estaría pendiente del otro, aún sin ser llamados en voz alta. Porque no era necesario, simplemente el silencio era la mejor manera de comunicar algo.
La baterista miro con ojos expresivos a su hermano, y quería descubrir que le tenía así, pero evito seguir haciendo comentarios al percatarse de la mirada achocolatada de Yui. La mayor de las hermanas Hirasawa intuía algo y lo mejor sería dejar que el tiempo diga lo que tenga que decir. La castaña hiperactiva sintió como su corazón se encogía al recordar las palabras de Mio. SU Mio. Pero nada podía hacer, y lo mejor que pudo haber optado es dejar que las cosas sigan su curso. ¿Su hermano estará pasando por lo mismo, o no?
El silencio reinaba en la casa de los Hirasawa. Los señores Hirasawa habían salido de viaje a Inglaterra por algunos asuntos de negocios, y Yui no había regresado aún de donde sea que se encontrara. Solo estaba Ui con Nodoka en un silencio para nada incomodo, cada una sumida en sus propios pensamientos. Manabe ya sabía de la decisión de la menor de las Hirasawa, sin embargo, se sentía que le estaba quitando un poco de libertad. La castaña menor solo podía pensar en que su decisión es la más acertada a pesar de que dejaría a su hermana mayor en la deriva, refiriéndose a los quehaceres domésticos.
Pero había algo que también las inquietaba a las dos: el asunto personal que estaba realizando con Ritsu. ¿Qué es lo que realmente están haciendo? ¿Es eso, o solo es una excusa para no ir al club? ¿Qué hay detrás de todo ese misterio? Tanto Manabe como la menor de las hermanas Hirasawa, se encontraban preocupadas por el cambio repentino que ha tenido Yui. Estaban conscientes que el ser humano evoluciona, porque es parte de su naturaleza, pero en el caso de la guitarrista principal de HTT, era un poco especial.
La mayor de las Hirasawa siempre había sido como un libro abierto. Irradiaba alegría, infantilismo, y era un tanto despistada. Sin embargo, ahora era diferente. Sus ojos achocolatados demostraban nostalgia, su mirada estaba perdida, ya no era tan infantil y floja; se preocupaba un poco más por los estudios, y, sobre todo, se la notaba distanciada del resto. Ui podría decir que su hermana estaba alejada de ella misma. Y quería saber el motivo de aquello. ¿Un amor no correspondido, tal vez?
—Gracias, Ui.
—Gracias ¿Por qué, Nodoka? No deberías dármelas.
—El hecho de que te vayas a vivir conmigo para ayudarme a la crianza de mis hermanos menores, es motivo de agradecimiento. Sin embargo, estoy preocupada por Yui. No ha venido a casa para darle la noticia, y no sé cómo se lo vaya a tomar.
—No creo… —la contestación de Ui quedó en el aire al sentir el mensaje de su móvil sonar.
"No me esperes, Ui. Me quedaré en casa de Ricchan estudiando."
Ese solo mensaje, dejo a la menor de las Hirasawa paralizada. "¿A que está viniendo ese cambio, Onee-chan?" pensó de manera triste.
—No va a venir —fue la respuesta directa de Ui hacia la pregunta silenciosa de Nodoka.
Azusa miraba con mucha distracción la televisión. Mejor dicho, no la estaba mirando. Estaba ahí, pero su mente no. Sus memorias retrocedían a tiempos remotos, en donde ella quería buscar alguna respuesta al repentino cambio de su senpai. Es verdad que ella no le tuvo fe a que Yui pudiese tomar decisiones de "adultos", y también es verdad, que dijo cosas negativas de ella. Sin embargo, no lo hizo con la intención de herirla. Ahora su mente estaba confusa de los eventos que se presentaban. Había regresado a casa, después de haber estado con su otra senpai, Mio.
Ring.
No pensaba moverse abrir la puerta a nadie.
Ring. Ring.
Seguía con la misma idea. De seguro ha de ser alguien perdido o algún niño que querría algún dulce.
Ring. Ring. Ring. Ring.
Eso sí fue demasiado insistente. Se levantó con mucho desgano, pero mientras más rápido atienda la puerta, es mucho mejor para ella. Al abrir la puerta se percató que quien llamaba de manera insistente era su mejor amiga, Ui Hirasawa. Y no estaba sola. Nodoka Manabe también hacia su aparición de una manera que sorprendió a la neko. Estaba extrañada ante semejante aparición repentina de las dos amigas de infancia. Pero eso le indicaba también, que sus sospechas se estaban haciendo realidad.
Nakano le dio paso a Ui y a Nodoka, y al cerrar la puerta el silencio cayó sobre ellas, y el ambiente se convirtió pesado. Estoy empezando a creer que existe alguna clase de mala vibra a mi alrededor, pensó con cierto temor, la heredera de los Nakano. La segunda guitarra miraba con precaución y recelo a Manabe y luego a la menor de las Hirasawa; su corazón estaba latiendo de manera rápida e intuía que se trataba de alguna clase de noticias. Pero no una muy buena.
Ui y Nodoka salieron de casa en dirección a la casa de Azusa, con la esperanza de encontrar alguna respuesta. Estaban preocupadas por la actitud tomada por Yui, y era algo que nunca se les pasaría por la cabeza. Incluso habían notado cierto distanciamiento de la mayor de las Hirasawa para con ellas y para con la abuela de al lado. La anciana que vivía en la casa siguiente a la residencia Hirasawa, y que prácticamente había ayudado a la crianza y educación tanto de Yui como de Ui.
Tal vez Azusa sepa algo, pensó con cierta esperanza Ui.
—Sé que esto es repentino, Azusa-chan, pero queremos saber si tú sabes algo de mi hermana mayor.
—No sé nada. ¿Ha pasado algo con Yui-senpai?
—No. Pero nos mandó un mensaje diciendo que no vendría a casa, ya que esta en ciertas diligencias con Ritsu —contesto Manabe seriamente. Y Azusa captó el mensaje.
—La verdad, es que no he hablado con ella en varios días. Incluso cuando va al club, ella está distante y sólo pasa palabra con Ritsu-senpai. Mio -senpai y yo asumimos que como ellas son mejores amigas, y se llevan bien, podrían haber estado tramando alguna locura.
—Lo mismo pienso yo. Pero tengo el presentimiento, que esto no será una locura por broma —contestó Ui con cierta preocupación en su voz. ¿Y si Yui está metida en un serio problema?
A veces el amor es un sentimiento contradictorio, y difícil de interpretar.
Satoshi jamás se imaginó vivir una experiencia tan triste que le marcaria para siempre. Estaba consciente que no era el típico chico popular, ni tan guapo como para tener a todas las chicas del instituto detrás de él, pero tenía su encanto, y su manera. No recuerda cómo empezó todo, ni tampoco recuerda como fue a parar en esa espiral de autodestrucción, porque simplemente se sentía que estaba fuera de lugar, en cualquier lado que estuviese. Y todo lo que le pasaba, lo ocultaba con una sonrisa falsa, y diciendo que estaba bien, cuando realmente lo que quería era acabar con todo lo que sintiera.
Los hermanos Tainaka tenían su forma peculiar de demostrar sus emociones. Por ejemplo, Ritsu lo hacía a través de su hiperactividad, su sarcasmo, y su forma de mirar a las personas, penetrante, si la estuviesen buscando. Satoshi, por el otro lado, se quedaba callado, su mirada se tornaba triste, y su voz cambiaba por completo, a una llena de inseguridades. De los dos, el menor de los Tainaka siempre se había sentido inseguro de sí mismo.
Un día estaba en el receso en el instituto cuando se le acerco uno de los chicos populares con su grupo de amigos. Le llamó por su apellido, e inmediatamente él se puso de pie, por respeto. Este chico, Iwao, ha estado acostumbrado hacer lo que se le venga en gana y no sólo eso, ha realizado bullyng a otros chicos. Y esta no sería la primera vez que ambos se enfrentan, ya que anteriormente, Satoshi lo ha hecho para defender a otros estudiantes que no pueden contra él. Si fuera por el menor de los Tainaka, él se enfrentaría a puño tendido. Porque él sabía artes marciales, ya que venía estudiando ese deporte desde pequeño, gracias a la influencia de su tío.
Iwao lo miró con soberbia, y con la mano derecha, le agarró del cuello de la camisa, y lo levanto, acercándolo a su rostro. Le advirtió que dejara a Ima en paz, ya que ella nunca se fijaría en alguien como él, y que, por el contrario, dentro de los prospectos que ella tiene, siempre seria Iwao quien encabezaría la lista. Lo soltó, provocando que Satoshi se tropezara, cayendo al suelo. Él no dijo nada, ni tampoco hizo nada, sólo se lo quedó observando. Fueron los segundos más largos de su vida.
Iwao se río junto a sus amigos y se marcharon. Satoshi se levantó con un poco de dificultad, pero en su mente no dejaba de pasar la imagen que tenia de Ima. Ella era su compañera de curso, y habían entablado una bonita relación, sobre todo cordial. No entendía como había chicas que se fijaban en esos idiotas, que lo único en que piensan es en tener sexo y luego dejarlas botadas. Tristemente, se daba cuenta que el verdadero mundo es cruel, y que existía personas que disfrutaba de tratar mal a otras, sin tener un poco de remordimiento.
El menor de los hermanos Tainaka despertó de sus pensamientos al sentir la presencia de su hermana. Cuando ambos estaban en casa solos, se comunicaban a su manera, a veces mediante contacto físico, en otras con miradas y muy pocas veces, con palabras. Ellos no eran los clásicos hermanos que se sentaran a conversar durante largas horas. Para ellos, la mirada o algún otro gesto hablaba por sí solo y decía mucho más, que otra cosa. Ritsu lo miró por varios segundos, y luego se sentó en la cama de él. Eso fue señal para él, de que esta vez usarían la palabra como medio de dialogo.
—¿Desde cuándo has estado recibiendo clases de canto, Satoshi?
—Desde que entre a la secundaria…
—¿Por qué no me dijiste nada? —no había disgusto alguno en la voz de Ritsu. Al contrario, había un poco de curiosidad y preocupación.
—No quise molestarte con mis cosas, nee-chan.
—Tú nunca me molestas con tus cosas, Satoshi. Siempre estaré para ti, cuando me necesites.
—Lo sé… —soltó un largo suspiro, despertando aún más la curiosidad de su hermana mayor. Pero sabía que, si seguía haciendo eso, Ritsu no se iría y él quería estar solo por unos momentos —. Es sólo que pensé que la sorpresa de que había otro integrante en la familia, que está metiéndose en el mundo de la música, se podría echar a perder, y yo no quería eso. Además, yo sé que tú también cantas.
Ritsu sonrío con melancolía, al recordar por qué empezó a recibir clases de canto.
—Sí. Aunque a veces duele el hecho de acordarte de quién te indujo a hacer eso, o el porqué. La vida suele ser muy dura, hermano. Debes aprender esa regla.
Y él estaba más que consciente de aquello.
2 meses después
Instituto Sakuragaoka
Ese día las chicas estaban conversando de diversos temas, aprovechando que el profesor no había podido ir. Ritsu y Yui hablaban en voz baja sobre el tatuaje que se habían hecho a escondidas de los demás. De hecho, tenían pensado hacerse más, pero con un espacio de tres o seis meses, dependiendo. La baterista tenía decidido hacer "manga", es decir, tatuarse el brazo por completo, mientras que la guitarrista principal, sólo una parte. Sus tatuajes hablaban de una historia, que sólo ellas dos la sabían y también, eran las únicas que conocían su significado. Incluso Satoshi las acompañó porque él también se iba hacer uno. Obviamente, sus padres no lo sabían, pero tampoco tenían pensado en decirles. Además, Ritsu ya estaba en su último año escolar y Satoshi estaba en el penúltimo, y pensaron que aquello no sería tan problemático.
Mio cruzó rápidamente una mirada con Mugi, y ambas entendieron que algo pasaba con las castañas. Y ese algo, podría decirse, no era algo típico o propio de ellas. No estaban tramando nada, y, al contrario, parecieran que estuviesen planificando algo. Akiyama se levantó de su asiento dispuesta a ir hasta el fondo de la situación, pero Kotobuki la detuvo al cogerle el brazo. Le movió la cabeza negativamente, diciéndole que mejor esperara a la hora de la reunión de todas en el club de música ligera.
Por otro lado, en el curso de Azusa, Jun miraba absorta a través de la ventana. Sus pensamientos variaban entre diversos eventos que ha vivido de muchas maneras. En unos, de manera intensa, y en otros, no tanto. La bajista se preguntaba el verdadero motivo del porqué se fijó en Ui Hirasawa, si sabía que ella era una persona inalcanzable. Recordó cuando se hizo el tatuaje en el brazo izquierdo. El primero de muchos que tendría…
—Porque me iré a vivir con Nodoka, para cuidar a los niños…
Sonrió con mucha tristeza. Aunque es verdad, y eso nadie se lo podía negar, la menor de las hermanas Hirasawa siempre tuvo ese don de ser señora de la casa. Atenta, servicial, cariñosa, amorosa, y muchas palabras más describían perfectamente quien era ella. Sin embargo, Jun estaba consciente que Ui sólo tenía ojos para la mejor amiga de la infancia de su hermana mayor. Claro, Suzuki no era alguien tan responsable como para estar al lado de una persona que ha estado acostumbrada a llevar las riendas del hogar. Incluso, cuidaba de su hermana mayor.
Pero ¿sabrá Ui qué Yui ya no es más la niña infantil, despreocupada e irresponsable? ¿Sabrá ella que su hermana mayor tomó la decisión más dura de su vida? Jun sonrío con mucha melancolía y suspiro. Giró la cabeza para ver al resto de sus compañeras, y noto que Azusa e Hirasawa estaban hablando. Por la expresión de sus ojos, el tema era delicado, y algo preocupante. Ellas no sabían nada, y tampoco sentía que era el lugar de ella de comunicarles las decisiones que se han tomado. Dejaría que la vida fluya, que sea la misma existencia se encargue de dar las noticias. Giró la cabeza de nuevo, para perderse en sus memorias.
Club de Música Ligera
Todas estaban reunidas y faltaba sólo Sawako de llegar. Mientras tanto, ellas estaban tomando su hora del Té, que acostumbraban a realizar después de clases y antes de ponerse a ensayar. Nadie decía nada y el ambiente se estaba poniendo un poco tenso. Las castañas estaban conscientes que no podían decir del nuevo proyecto, o si no, todo se complicaría aún más de lo que ya está. Cruzaron miradas y decidieron dejar pasar ciertas cosas. El festival estaba a la vuelta de la esquina, y el ensayo tanto con HTT como con la nueva banda las estaban agotando.
Y ese agotamiento era más psicológico y emocional que físico.
—Ritsu… —la voz de Mio la despertó de los pensamientos a la baterista —Puedo saber por qué tú y Yui no están viniendo los martes y jueves a ensayar después de clases.
—Yui y yo estamos dedicándonos a una actividad personal esos días, Mio —la castaña rogaba porque Mio no ahondara más.
—Y, ¿no podemos sabes cuál es esa actividad?
—Es para mejorar nuestro rendimiento, Mio-chan. Ricchan y yo queremos ir a la misma Universidad que tú y Mugi. Y así seguir tocando juntas —respondió la guitarrista principal con su voz infantil y con su típica despreocupación.
Mio se giró para ver a su mejor amiga de la infancia, de manera incrédula —¿En serio están estudiando para ir a la misma universidad que nosotras? ¿Por qué no me lo dijiste, Ritsu?
Yui había dado el primer paso, ahora le tocaba a ella seguir con esa mentira. Pero si eso mantenía a Mio distraída en su afán de estar en rol de detective, lo haría.
—Se hubiera perdido la sorpresa, Mio. Además, hay que mantener vivo el legado de HTT, ¿verdad?
Las demás asintieron mirándose entre sí. Estaban desconcertadas por aquella "confesión", sin embargo, intuían que había algo más, no era solamente para "ir a la misma Universidad". Mugi con la mirada le dio a entender a Mio y a Azusa que no siguieran. La rubia conocía muy bien cómo funcionaban las castañas, y si trataban de ahondar, ellas se bloquearían y no dirían nada. Al final, puede haber un resultado doloroso. Ambas pelinegras estaban muy conscientes de ellos y por eso sólo atinaron a susurrar: "vamos a ensayar para el festival", y cada uno tomó el puesto que le correspondía.
Había pasado dos meses desde que ellas habían escuchado aquella conversación de manera inconsciente. Y en todo ese tiempo se habían dedicado a estructurar a la nueva banda. Incluso, tenían un nuevo nombre, estilo musical, y dos integrantes nuevos. Y para cosas de la vida, la chica era hermana menor de la rubia tecladista de HTT. Pero ella quería descubrirse a sí misma, no usar la influencia de los Kotobuki y sobre todo y, ante todo, saber la verdad de sus verdaderos padres; porque aquello la estaba matando muy lentamente.
Cada una estaba viviendo su propio infierno.
Notas de Autor:
Estas son las canciones que he utilizado en el primer capitulo, y a lo largo de la historia habra otras mas, y tendra una que otra sorpresa.
[1] Anime: K-On! Canción: Samidare 20 Love/ Early-Summer Rain 20 Love, Album: HO-KAGO TEA TIME Second
[2] Grupo: Nazareth, Canción: Love Hurts, Album: Hair of the Dog
Me alegraria mucho que me dejaran Review. Sin mas que adicionar.
Hasta el siguiente capitulo.
PD: La historia se actualizara cada quince dias.
