Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.
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Capítulo Extra #1
"Decir adiós es muy difícil, porque debes dejar ir aquello a la cual estás acostumbrado. Pero decirle adiós a la persona que ha estado toda tu vida a tú lado, no sólo parte tu corazón, te rompe el alma y salen muchas preguntas del porqué; al final, sólo el tiempo dirá si fue acertado o no. Y eso puede durar en corto plazo o a largo plazo, es cuestión del Universo y cómo influye en los seres." Diana "LadyMoon6" L.
Mio's POV
El poder de decir adiós[9]
Adiós es una palabra fuerte y determinante.
Decirla con convicción, le da aún más fuerza;
Y se convierte en Poder…
Un poder que no puede ser detenido.
Decir adiós a lo que te ataba,
Decir adiós a lo que te retenía en el pasado,
Es duro, es una cruda realidad, es temeroso;
Cuando te liberas de todo aquello, empiezas a descubrir.
De la luz a la oscuridad,
De la oscuridad a la luz,
Todos sufrimos cambios en la vida,
Es la esencia de la misma, es la enseñanza que recibimos.
Unos no la entienden, otros no le dan importancia,
Otros lo intentan, pero no pueden;
Decir adiós es tan difícil como aceptar que no eres el único,
El mundo es tan diverso, y los humanos son lo mismo.
No puedes ser libre sino dices adiós,
No puedes ansiar libertad, sino sabes decir no,
Y todo está en tu corazón,
Tú corazón aguarda todos los conjuros de la tierra.
Del corazón salen palabras poderosas,
A veces ocultas porque no le damos importancia;
Esperan paciente a la decisión final,
Esperan a que digas Adiós, y sigas con tu camino.
Estaba en una discoteca reconocida de la ciudad. Veía bailar a unos chicos con chicas y entre ese grupo estaban mis amigas. Ritsu no había venido y ya estaba preparada para ello. Jun y Yui estaban aquí, pero se encontraban en la barra pidiendo bebidas, y tenía conocimiento que eran alcohólicas. Aunque la verdad, un poco de alcohol en las venas no le hacen daño a nadie. Y yo quería olvidar todo, incluido el beso que me dio Ritsu aquella vez en la oficina del consejo.
Pero el sentimiento no se iba.
¿Será que ella está enamorada de mí? ¿Será que de verdad me está correspondiendo finalmente? Pero conozco a Ritsu muy bien, y para ella este tema es como una broma, ella jamás toma con seriedad algunas cosas, tampoco el tema del amor. Y ahora, no entiendo nada por completo desde aquel día que ella reaccionó de esa manera. Ver sus ojos dorados lleno de furia, y parecía lava derramándose después de una erupción de algún volcán, estaba diciéndome algo que sus labios no podían decirlo. Al presente, comprendo las palabras de mamá: El amor es complicado, y no siempre la lógica y la razón entenderán aquello. ¿Sabes por qué? Porque el amor es un sentimiento, y las emociones no manejan la estructura, porque así es la vida, Mio. Debe equilibrar el cerebro con el corazón; es difícil, pero no imposible.
Desperté de mis pensamientos cuando sentí la presencia de Azusa, quien se había sentado delante de mí, y que parecía también estar perdida en su mente, tal vez analizando la situación, o recordando algo. Debería decir que tengo algo de envidia, porque ella y Yui se han vuelto mucho más cercanas desde aquel día, aunque no sé muy bien si fue por lo que pasó o si ellas hablaron a solas después de la noticia que dio Jun. Y cabe decir, fue algo impactante enterarnos que ella dejaba el club de Jazz para irse a un club que recién se estaba abriendo. Pero, si a ella le hacía feliz, nadie podía impedírselo.
Podríamos no siempre estar de acuerdo con algunas decisiones de los otros, pero eso es lo bonito de la vida y de las relaciones humanas: descubrir al otro, comprenderlo —aunque no compartamos su punto de vista—y aceptarlo, así, tal cual es. Es parte de la esencia de cada ser humano que habita en la tierra, y que nos hace únicos en nuestra especie. Que nos diferencia del resto de animales, porque tenemos esa capacidad de razonar, aunque haya algunos que no sepan cómo utilizar el cerebro para hacerlo y se porten como si fuesen un animal sin raciocinio. En fin…
—Perdón por la tardanza—escuche la voz de Yui, que dejaba nuestras bebidas en la mesa y se sentaba al lado de Azusa—. El bar estaba lleno.
En la mesa, había vasos de Whisky —supuse que esos eran de Yui y Jun—, una copa de margarita, una copa de vino tinto, un vaso de tequila. Además, estaban tres botellas: Jack Daniels, Casillero del Diablo, un Smirnoff (Red Label). Sería una noche interesante, y aunque éramos todas menores de edad, debía agradecer a Yui por tener a ese amigo suyo dueño del lugar que nos permitía estar ahí, en zona VIP, y apartadas del resto. Aunque teníamos vista hacia la pista de baile y al bar. No cabía ninguna duda, que el lugar estaba bien construido, y pensado para todos sus clientes.
De nuevo mi mente se perdió en los pensamientos. No podía creer que todas fuéramos a la misma universidad, aunque estaríamos en facultades distintas, porque, obviamente, habíamos elegido carreras diferentes para convertirnos en profesionales. Lo que más me sorprendía era Ritsu y Yui. Nunca me hubiese imaginado que ellas querían estudiar ese tipo de profesión, de hecho, pensé que querían especializarse en la música, ya que, aunque no nos han desmentido, ellas estaban en otra banda. Y esa idea no se me iba de la cabeza, por más que quisiera apartarla.
Quedamos de la siguiente manera, y orden. Y por primera vez, estaba sorprendida de que Ritsu haya obtenido un puntaje alto que la hubiese llevado a la facultad de Medicina. ¿Por qué eligió esa carrera? ¿Qué la habrá motivado a estudiar ahí? Nunca supe que pasó hace dos años cuando ella viajo a Alemania en el periodo de vacaciones con su familia. Cuando regreso, noté cierto cambio, pero seguía siendo la misma a mis ojos. Y ahora, ya no era mi mejor amiga. No era la más la baterista hiperactiva y bromista.
Ella se fue…
Ritsu Tainaka
Carrera: Medicina
Universidad: Kyoto University
Mio Akiyama
Carrera: Filosofía y Literatura especialidad Oeste
Universidad: Kyoto University
Nodoka Manabe
Carrera: Leyes
Universidad: Kyoto University
Yui Hirasawa
Carrera: Licenciatura en Artes Liberales
Universidad: Kyoto University
Tsumugi Kotobuki
Carrera: Arquitectura
Universidad: Kyoto University
—¿Pensando en el pasado, Mio-chan? —la voz de Mugi me despertó de mis pensamientos.
—No. Pensando el porqué las cosas suceden de manera misteriosa.
—No todo lo que tú planeas, se da. Muchas veces planeamos una vida "sencilla", sin embargo, el destino y la vida misma, nos enseña que aquello, a nuestros ojos que es algo sencillo, en realidad no lo es. Por eso tenemos obstáculos, Mio. Tenemos que saber sobrellevarlos de alguna manera, guste o no.
—Lo sé. Lo entiendo, Mugi. Pero míranos —señalé a nuestro alrededor, como provocando que ella se diera cuenta del lugar en que estábamos, y con el tipo de bebidas —. Siento que ya no somos las mismas de antes. Que sí, que es normal que estemos creciendo, pero ¿por qué hacerlo de una manera dolorosa?
Mugi suspiro mirando a su alrededor, el lugar como lo hice yo, y sus ojos se volvieron nostálgicos. Se encogió de hombros moviendo negativamente la cabeza. Fijé la mirada donde la tenía ella, y vi como Yui y Jun fumaban un cigarrillo, con su respectivo vaso de Whisky mientras hablaban de algo. Ellas también habían cambiado notoriamente, aunque la guitarrista se la notaba un poco cercana a Azusa. Aunque no era como antes. Tampoco le abrazaba con melosería, y sólo se dedicaba a hablar lo estrictamente necesario acerca de la banda o de las canciones que tocaríamos, o simplemente para evaluar cómo nos fue en los ensayos y que deberíamos mejorar.
—¡Exacto, Mio! No era así, pero a veces escuchar cosas que hablan de ti a tus espaldas, no sólo producen dolor, sino que te llevan a pensar, a recapacitar para cambiar.
Sin querer, la frase que me dijo Ritsu aquella vez volvió a mi mente. Era como si me autocastigara por no entender los signos que se me presentaban ante mí. O como si no supiera leer a las personas o descubrir los misterios que aguarda la vida o el Universo. Todo es tan confuso, y mi corazón late cada vez con dolor. El saber que estoy perdiendo a mi mejor amiga, produce muchos sentimientos en mí, que no soy capaz de entender del todo lo que está pasando realmente.
—Muchas veces asumimos cosas, Mio. Y la mayor parte del tiempo, lo mal interpretamos llevando un caos dentro de nosotros mismos. Dentro de nuestros corazones.
Asentí. Ella prosiguió:
—Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo revelas todo. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea[10] —de fondo sonaba una canción: Something Kinda Ooooh de Girls Aloud. Y pude observar como algunos jóvenes bailaban esa canción con bastante gracia. No soy muy amante de la nueva música, pero debo reconocer que hay artistas nuevos con mucho talento, aunque hayan durado un periodo corto de tiempo en el mundo de la fama y fortuna.
—Tal vez tengas razón, Mugi. Pero…
—Estuve pensando en la frase que dijo Ricchan aquella vez. Y me puse analizar con un poco de profundidad. ¿No será que…?
—Lamento interrumpir, pero ¿no quieren venir a bailar un rato? —Yui nos había interrumpido. La miré a los ojos achocolatado, y no tenían mucho brillo como en el pasado, aunque su sonrisa fue sincera.
—Creo que deberíamos mover un poco el cuerpo, ¿no crees Mio-chan? —Tsumugi es una especie de adivina, por lo que estoy pensando. Siempre salvándome como si estuviese leyendo mi mente. Simplemente asentí.
Estuvimos en la pista de baile, sin exagerar, alrededor de unos cuarenta minutos. Jamás en mi vida había bailado tanto. Y eso que sólo éramos Yui, Jun, Azusa, Mugi y yo. No me quiero imaginar si hubiesen venido alguien más. Cuando regresábamos a nuestro lugar, nos topamos con nada más y nada menos que Himeko Tachibana, y no estaba sola. A su lado, estaba un chico alto, alrededor de 1,83 cm de altura y con mucho musculo. De seguro practicará algún deporte.
—¿Mio? Que sorpresa encontrarte aquí. No sabía que te gustara este tipo de lugares.
—En realidad, estoy aquí para distraerme y olvidarme un poco de la tensión que se ha presentado en estos días. ¿Y tú?
—Disfrutando un poco. Perdón mi descortesía —miró al chico, y me señaló diciendo —. Makoto, ella es Mio Akiyama, bajista del grupo por rock del instituto —luego me miró a mí, y lo señaló a él—. Mio, él es Makoto Tachibana, mi hermano menor. Él es nadador en el instituto Iwatobi.
—Un gusto en conocerte, Mio-chan.
Nos dimos las manos en forma de saludo. Sabía que Himeko tenía un hermano, pero no semejante espécimen de hombre. Alto, musculoso, ojos verdes caídos y cabello castaño. Y se notaba que era nadador, por el tipo de cuerpo que tenía. Bueno, la familia Tachibana es reconocida por estar involucrada en el mundo deportivo. No me sorprendería que tanto Himeko como Makoto fuesen profesionales en sus respectivas ramas una vez que salgan del instituto.
Sonó el teléfono y vi que Makoto contestaba sonriente. Debe ser alguien especial quien le llama, eso es seguro. Me entró un poco de envidia, porque mi persona especial decidió abandonarme porque es una cobarde de primera. No tengo otra explicación para lo que sucedió con Ritsu. Me gustaría, pero no. Sería poner excusas en su comportamiento infantil, y eso es inaceptable.
—Es Haruka Nanase, ya vengo hermana.
—Haruka es el mejor amigo de infancia de mi hermano, Mio. Él también es nadador y son compañeros de clases del instituto.
—Oh…
—No estás bien. Ven, vamos a sentarnos a hablar.
Yo sólo la seguí, y nos sentamos en la mesa que estaba hace unos minutos con el resto de las chicas. Pude ver que Sawako-sensei había llegado y estaba en la pista con Mugi, mientras que Yui estaba con Azusa y Jun con una chica, supongo que se habrán conocido en ese momento para bailar. Suspire, y mire a Himeko. Aunque tiene cierta diferencia de Makoto, también son iguales. Y el tema de la amistad de infancia me estaba afectando de sobremanera. Y no tuve vergüenza alguna en contarle todo, excepto que Ritsu me beso, tomándome desprevenida.
Himeko estaba en silencio, mientras saboreaba su copa de vino. Estoy pensando que todas nosotras tenemos un lado oscuro, y que de alguna manera lo demostramos en algún vicio. Pero tomar alcohol de vez en cuando no es tan malo como uno cree; si se tiene moderación. Y yo tengo demasiada moderación, para ser sinceros. ¿Y si es eso lo que provocó la furia de Ritsu? ¿Y si realmente se cansó de estar al lado de una tímida como yo? Eso me devastaría enormemente, porque sería como si hubiésemos vivido en una burbuja ajena a la realidad, y con falta de confianza de parte y parte.
—No creo que sea eso, Mio —esa respuesta me dejó desarmada. Me esperaba cualquier cosa, pero no eso —. Ritsu llevaba tiempo cambiada, pero tú no te dabas cuenta. Tal vez porque estaban mucho tiempo juntas, pero yo que estaba ajena a ustedes, lo notaba con el pasar de los días.
—¿Tú crees eso, Himeko? ¿En serio? —estaba incrédula.
—Sí. No me mires así, Mio —suspiró. Y fijo sus ojos achocolatados de menor grado que los de Yui, en mí—. Ritsu iba muy seguido a la biblioteca y siempre pasaba leyendo, mientras tú estabas en el club. Un día ella se despidió de mí, como de costumbre, diciéndome que iba al club. Pero al salir, me la tope e iba con la mirada perdida. Le pregunté si pasaba algo y sólo me dijo: "es duro que hablen de ti a tus espaldas. Más duro y devastador, es que lo hagan las que dicen ser tus amigas" …
El silencio reinó. Entonces me di cuenta, que mi suposición no estaba del todo errada. Ritsu y Yui debieron haber escuchado, pero no tengo la idea de cuánto. Sin embargo, eso no es excusa para aquella reacción tan violenta de ella. ¿De seguro no habrá algo más? La conozco muy bien, y sé cuándo me miente. Aquel día, sus ojos dorados parecían dos lavas arrasando con todo lo que encontrara en el camino. Y daba miedo. Mucho.
—Debo irme, Himeko. Haru quiere que le ayude con algo de la clase. Supongo que ha de querer algún consejo, lo escuche un poco decaído.
—Anda, Makoto. Yo iré después. Te aviso si pasa algo, o cuando este saliendo para casa.
—Gusto en conocerte, Mio-chan.
—El placer es el mío, Makoto-kun.
Él se encogió de hombros como restando importancia, y se fue. Mis ojos lo seguían, y no podía creer que fuera el hermano menor de Himeko. Bueno, si es deportista y entrena como lo hace su hermana, de seguro que se gana la mirada de muchas personas, y estoy casi segura de que no sólo de mujeres. Bueno, no soy nadie para juzgar, si inclusive yo estoy enamorada de la idiota de mi mejor amiga. Y aunque duela, había tomado una decisión.
—No te atormentes. Deja que las cosas fluyan, Mio.
—No es eso…
—Puedo leer tu cuerpo. Me está hablando, y tu mirada, ni se diga. Déjame decirte que me aceptaron en la Universidad de Kyoto…
—¿Tú también vas para allá? —estaba sorprendida. Ya seríamos seis chicas del instituto Sakuragaoka que va a estudiar en la Universidad de Kyoto. Y no es fácil entrar ahí.
—Sí. Me aceptaron. Voy a estudiar psicología. Así que veré a Megumi Sokabe, en algún momento.
Vaya. Todo es tan… abrumador. Y desconcertante. Jamás me imagine que la vida pudiese ser tan caprichosa en ponernos varias señales, y al mismo tiempo, varios obstáculos de pasar. En el pasado, pensaba que no sabría que hacer si Ritsu me faltase, pero ahora, sinceramente, me estoy planteando aquello. Porque, a pesar de todo, la extraño, y añoro estar a su lado. Suspiro de nuevo. Supongo que nada le puedo ocultar a ese par de ojos achocolatados y a ese otro par de ojos azules. Ambos pares, muy observadores.
—Himeko/Himeko-chan —gritaron todas, llenas de felicidad.
—Hola chicas. Disfrutando de la noche, supongo.
—Sí — contesto Yui, no muy segura.
—Conocí al hermano menor de Himeko, Makoto —dije tratando de sonar casual.
—Wow. ¿En serio? Nos hubiera gustado verlo…
—Lo verán. El lunes tiene competencia a las cuatro de la tarde. Aunque es entrenamiento contra el instituto Samezuka, para ellos es una competencia. Son institutos rivales, y siempre buscan la manera de entrenar en conjunto para mejorar los récords. Además, el instituto de mi hermano está buscando llegar a las nacionales, y para ello, debe competir contra los mejores.
Algo lógico. Vi que Himeko se levantaba, y se despedía de cada una de nosotras, para luego desaparecer por la puerta. Suspire. Nada estaba bien. Yo no estaba bien, y por un momento, quise llorar. Dejar salir todo lo que tengo dentro de mí, de mi corazón, y buscar respuestas a lo que estaba sucediendo. ¿Y que pasaría con HTT? ¿Sería nuestro fin, de verdad? No entiendo que pasó con Ritsu Tainaka. De ser mi mejor amiga, pasó a ser una completa extraña para mí. Para nosotras.
A veces me pongo a pensar que El Universo es un poco especial, y que cuando manda sus señales, no lo hace con tal claridad, que provoca que algunos desistamos, otros, simplemente nos perdamos en el camino. Y otros… No me quiero imaginar que camino deciden tomar. Quiero entender todo lo que está sucediendo a mi alrededor, pero no puedo. Y por más que busco respuestas, obtengo el mismo resultado: ten paciencia, todo llega cuando tiene que llegar.
Me levanté y me despedí de las chicas. Por un momento me sentí asfixiada de tantas cosas, y quería salir del lugar, caminar y sentir la brisa golpear mi cara, y buscar la manera de sentirme viva. De sentirme que no todo está mal, y que no tengo tanta culpa en el comportamiento de Ritsu. Cerré los ojos, y al abrirlos, estaba en el mismo lugar, con la bulla que sonaba desde adentro, pero con una diferencia, Yui estaba a mi lado. Me susurro un: te acompaño a casa.
El camino fue en total silencio, ninguna quiso hablar. ¿Miedos? Tal vez. ¿Nostalgia? Seguro que sí. Sin embargo, ninguna quiso topar algún tema que nos pudiera poner peor de lo que estábamos. Después de todo, Yui es la mejor amiga de Ritsu, y yo no era nadie para decirle que no lo siga siendo. Ellas tendrán sus cosas, y las compartirán como lo hacen cualquier clase de amistad. Una amistad sana sin mentiras de por medio.
—¿Todo bien, Yui? Digo, te hice desviar de tu camino y… —empecé diciendo no muy segura de que eso fuera lo que realmente quisiera decir.
—Voy a la casa de Azusa, y el camino para llegar es cerca de tu casa, Mio-chan.
Estaba sorprendida. Mucho.
—Supongo que arreglaste tus diferencias con Azusa.
—No. Estamos en ese proceso, y digamos que tenemos mucho que hablar. Así que aprovechamos que como es fin de semana, y sus padres están de gira, podremos tener algo de tranquilidad y así poder hacerlo.
No supe nada más que decir. Quise, en serio que lo intenté, pero me contuve de preguntarle por Ritsu. Estoy empezando a pensar que entre ella y yo no tendremos ninguna solución y por primera vez, desee desde lo más profundo de mi corazón que tanto Yui como Azusa solucionen sus diferencias. Ellas se lo merecen. Y por primera vez en mi vida, me daba cuenta de que estaba en el punto donde tenía que ser adiós, así se en contra de mi voluntad.
Yui me abrazó fuertemente, y me susurraba palabras en el oído. Eran palabras de aliento y de confort. Ninguna fue de esperanza acerca de mi situación. Ella debía saber la decisión que tomó esa idiota. Ella debía saber que la baterista se apartó de mi lado para perseguir su sueño o lo que tenga en mente cumplir. Y no le culpaba de ello, porque en parte, yo también fui culpable. Yo nunca le di señales claras de querer ese algo más con ella. Y, por el contrario, seguía comportándome como lo venía haciendo desde nuestra tierna infancia.
No voy a mentir que no tengo dolor; una herida muy fuerte dentro de mí. El amor es así: complejo y al mismo tiempo, simple. Y yo no supe verlo hasta que fue demasiado tarde, hasta que la puse a Ritsu en una situación comprometedora. Y con ello, arrastre al resto a una espiral autodestructiva. Me deshice del abrazo, y le indiqué a la guitarrista que vaya nomás, yo estaría bien. Aunque mi corazón y yo, sabíamos a ciencia cierta que aquello no era cierto y que yo, Mio Akiyama, por primera vez estaba mintiendo.
La casa estaba sola, agradecía aquello. No quería que papá o mamá me vieran derrumbarme. Yo, la hija ejemplar que jamás daba problemas, que era obediente, pulcra, disciplinada, de excelentes notas, estaba en el punto donde cruzaría para destruirme emocionalmente, y todo porque me fui a enamorar de mi mejor amiga. Y aunque la sociedad lo viera como algo anormal, no lo era. Porque en cuestiones del amor, no se veía ni el género ni la edad. Pero así es el humano, difícil y complicado, creando problemas dónde no los hay sólo por el simple hecho de sentir placer de ver a otro sufrir y llorar.
Me llegó un mensaje, y no negaré que por un segundo me ilusioné pensando que era ella. Pero no. Era Azusa, diciéndome que Yui llegó bien, pero que se le descargo el móvil. Me alegraba por la pequeña neko. Merecía ser feliz, y rezaría porque así fuese. Al menos, una de las dos, merece ese pequeño espacio de alegría dentro de su corazón. Dejé el móvil en la mesa de noche, y me fui al baño a ducharme. Quería que el agua cayera sobre mí, y así despejar los pensamientos que tenía en mi mente.
Por una vez no quería pensar en nada… ni en nadie.
Palabras al viento[11]
¿Cuántas veces nos hemos mentido a nosotros mismos con tal de negar la verdad que estaba delante de nuestros ojos? ¿Cuántas veces hemos llorado por causa de sentimientos que nunca fueron claros en su momento y cuando lo descubrimos, fue tarde? Y eso le pasó aquella chica de cabellos castaños y ojos verdes. Ella se dio cuenta tarde que el amor de su vida podría decirle adiós. Se quedó pensando en cuantas veces quiso decirle que ella era importante en su vida, pero que no tuvo el valor de hacerlo.
El dolor en su corazón era muy fuerte como para negarlo abiertamente. No podía mentir, no a la persona que su corazón escogió como su alma gemela. Su compañera de vivencias y de risas; su otra parte que le daba la estabilidad que había estado buscando durante mucho tiempo. Pero entendía también que El Universo es muy caprichoso, y cuando dice que todavía no era el tiempo, simplemente no lo era. Y debía de continuar, hasta tener el valor de hacerlo en algún momento.
Todas sus palabras quedaron en el espacio, llevadas por el viento que pasaba por ahí, recogiendo lo que se le cruzara por el camino. Sus ojos verdes miraban al cielo, y le preguntaba a la Luna el porqué siempre, cuando dos almas estaban cerca de unirse, tenían que ser separadas. Le preguntaba porqué no todos los seres podían ser felices, al menos si no han hecho nada malo o al menos, no han lastimado a otro ser y por el contrario, lo han dado todo, incluso cuando no tenían que ofrecer.
Sin embargo, aquellas incógnitas quedaban en el aire. Las palabras estaban en el viento, siendo llevadas lejos de ahí, porque así lo habían decidido los Dioses. Y ellos no aceptan replicas ni contradicciones. Es una orden, y debe ser acata, porque ellos lo saben. Ellos tienen el poder de ver más allá que un simple mortal. Ellos gobiernan la tierra y al Universo como mejor les plazca, por el bien común de todos los seres. Pero los mortales juegan a ser como ellos, y buscan ese afán para llegar a ese nivel.
El dolor de saber que sus palabras jamás llegarán hasta donde ella está. Las lágrimas que son derramabas por no haber dicho a tiempo que la amaba fluían en su rostro. Miraba de nuevo a la Luna, majestuosa como siempre, como cada noche que sale a iluminar el camino de aquellas almas perdidas para que encuentren algún refugio, o al menos, sientan algo de confort y alivio. Pero ella sabía que eso no sucedía, porque su alma no estaba en tranquilidad. Porque supo, siempre, que ella fue una cobarde y no dio el paso que tenía que haber dado.
Aquellas palabras se fueron con el viento y posiblemente no vuelvan. En la oscuridad de la noche, todo es quietud. Un silencio profundo que ha cortado toda clase de intentos de decir algo. Un silencio que mata, y destroza esa alma confundida por su propia cobardía. Y que ahora, que ambas están lejos una de la otra, ya no hay regreso. Y por más que se quiera disfrutar de aquel sonido del silencio, no se puede, porque son dagas que atraviesan aquella alma desgarrada en el dolor.
Suponía que ese era el adiós. Amargo, doloroso y frustrante. Un adiós que marcaría a dos almas que estaban perdidas y que por más que se esforzaron en encontrarse, no pudieron. Un adiós que jamás fue dicho por los labios de alguna de las dos, pero que estaba intrínsecamente implicado en la despedida silenciosa que se hicieron. Jamás volverían a encontrarse, ni se verían como lo hacían tiempo atrás. Extrañaría aquellos ojos achocolatados que tanto amaba, y la sonrisa que salían de sus labios de manera fluida cuando hacía alguna broma, asía sea agría.
Extrañaría aquellas conversaciones que tenían hasta las tantas horas de la madrugada, y extrañaría la compañía que se hacían mutuamente cuando estaban juntas, a pesar de estar rodeadas del silencio. Extrañaría aquellos momentos felices que compartieron en su tiempo, extrañaría el perfume que su cuerpo emanaba en algunos momentos de las horas que transcurrían. Dulce. Su perfume era dulce, y lo iba a extrañar.
Ese era el adiós. Un adiós que no había sido planeado pero que la vida se encargó de ponerlo enfrente de ellas. Un adiós que tiene mucho poder, y que sólo quedaría esperar si algún día, esa lejanía hubiese valido la pena y por fin estarían juntas; o, por el contrario, simplemente sería la lección más grande de su vida para darse cuenta de que ella no era la indicada. Y las palabras quedaron en el aire, siendo llevadas por el viento. Eran sólo dos: te amo.
Miré mi escrito, y para ser el inicio de mi nueva historia, no estaba mal. He leído los inicios de algunos libros y siempre son lo mismo. Así que yo decidí hacer algo diferente: iniciar la historia con el distanciamiento de las protagonistas. ¿Como sería el final? Ni yo tengo la idea la clara, supongo que a medida que avance con la historia, iré modificando, y aunque en mi vida real no sea un "final feliz", al menos procuraría darlo uno a las protagonistas.
Miré de nuevo la hoja, y estaba bien. Había puesto lo que sentía. Estaba pensando que eso era exactamente lo que me pasaba con Ritsu. Nos habíamos dicho adiós, sin necesidad de palabras. Nos habíamos distanciado de tal manera, que tal vez, nosotras necesitemos tiempo para pensar y recapacitar sobre nuestra relación, y si en algún momento valdrá la pena. Ahora sólo quedaba seguir, y al menos de mi parte, no dejar morir HTT, pero sería bueno que yo también me abriera y empezara mi camino en solitario, o tal vez armando una nueva banda.
No lo sé.
Sólo el tiempo lo dirá.
Y yo dejé que El Universo guíe nuestro destino a como le parezca lo mejor.
Y para ello, yo debía decir adiós, aunque me doliera el alma.
Notas de Autor:
Dato referencial:
[9] Poema escrito por mí. Prohibida su reproducción o copia.
[10] Tomado del libro: Los cuatro Acuerdos, página 48 del autor Dr. Miguel Ruiz.
[11] Extracto de un original escrito por mí. Prohibida su reproducción o copia.
Me alegraria mucho que me dejaran Review. Sin mas que adicionar.
Hasta el siguiente capitulo.
Saludos.
