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Capítulo VI: Sólo por ti

"Todo lo que hice, y aún sigo haciendo, es por ti. Porque te amo como no tienes idea." Diana "LadyMoon6" L.

Yui's POV

Cuerda

Antifaz

Pinzas de madera

Cinturón de cuero

Palitas de madera

Fusta

Fusta de Doma

Flogger

Ella estaba en el suelo, arrodillada y con las manos en la espalda. Esposada. No decía nada, tampoco había que decir algo. Sonreí con perversión, y sentí en mi pecho mucho placer provocando que sonriera. Mi cabeza estaba desconectada totalmente del resto de mi cuerpo, y cualquier orden que le diera, no la acataría. Mi corazón estaba desesperado por sentir algo, porque para ese momento no sentía nada. Ni pena, ni compasión, ni nada. Absolutamente nada.

Estaba vacía por dentro.

Mire hacia mi derecha, encontrándome con el armario donde poseía objetos del BDSM. Caminé hasta él y escogí el antifaz, la cuerda y la fusta. Nada mal para una principiante como yo, pero tenía una idea. Lo había visto en alguna película porno, y también cuando empecé a introducirme en este mundo. Primero fui espectadora, y observaba cada detalle: el tipo de amarrado, la postura de ambos (sumiso y domina), la forma de azotar. Todo lo había visto y ahora me tocaba ponerlo en práctica.

Me acerque hasta donde estaba mi sumisa con los tres objetos en la mano derecha, me puse detrás de ella, y con la mano izquierda le acaricie el cabello para luego pasar al rostro. Me percate que tenía los ojos cerrados, y temblaba. "Tranquila, no pasará nada más de lo que tú me permitas hacer. Sólo recuerda seguir mis ordenes, y no te castigaré." Esas palabras fueron suficiente para que se calmara. Mi voz fue tranquila y dulce.

Como si aún habitaba en mí la vieja Yui Hirasawa. Pero no era así. Ella ya no estaba más en mí…

Abrí los ojos y los cerré de nuevo con brusquedad, en un acto de reflejo por la luz que me daba directamente. Volví a intentar abrirlos, pero esta vez de manera pausada, acoplándome a esa luz. Mi cabeza daba vueltas, y se debía al sueño que tuve. Últimamente estoy teniendo esa clase de sueños, en el cual representa mis primeros inicios en el mundo del BDSM. A veces me pregunto cuál fue el motivo que me llevó a entrar ahí.

Y no encuentro expilaciones. No todavía.

Azusa no sabe esa parte de mí; no tengo el valor de decírselo. Cada vez que podemos estar juntas, aprovecho el tiempo para compartirlo con ella. Y quiero, de verdad que quiero, no topar ese tema; por eso lucho incondicionalmente de que ese asunto no sea sacado a la luz en nuestros encuentros. No quiero ni estoy dispuesta a perderla. Pero recientemente, algo dentro de mí me dice que a pesar de todo el esfuerzo que haga, la voy a perder de igual manera. Y por dos cosas: por mentirle y por practicar ese tipo de sexo.

No sé en qué punto de mi vida me perdí. Y estoy más que segura que no fue a raíz de haber escuchado esa conversación de las chicas en el club. Fue atrás, mucho tiempo atrás. Y cuando me di cuenta, estaba entrando a una espiral de autodestrucción que, posiblemente, ni yo misma podría salvarme. Hay momentos que me acuerdo de mis padres y de mi hermana menor, pero hay otros, en que prefiero tenerlos lejos de mi mente y de mi corazón. Yo tomé esa decisión, yo asumiré las consecuencias de estas.

En la universidad me está yendo bien. Tengo las calificaciones más altas, y me gusta la carrera que escogí. Al principio no entendía el porqué, pero ahora lo hago. A veces, cuando tengo esas noches de insomnio, me pongo a escribir lo que tengo en mente y en el corazón. Y así nació el borrador de mi primer libro, en el cual narra la historia de una chica que se enamora de su mejor amiga, pero que sabe que es en amor imposible.

Y el final puede variar. Aunque deseo que sea trágico, porque eso es lo que tengo en mi mente. Sin embargo, cuando lo escribo no sale como yo quiero, y me frustro porque recuerdo tantas cosas, sobre todo, cuando uno vive una realidad dura, con todos los matices que puede darle el universo y lo que menos quisiera leer es algo triste. Sería como echar más leña al fuego, y yo lo que quiero es que mi lector disfrute de lo que está escrito en esas hojas.

Me levanté de la cama y caminé, prácticamente encuclillas, procurando no despertar a Ritsu. Cada vez que veo a mi mejor amiga en ese estado, me produce mucha tristeza. Quiero que ella sea feliz, pero sé a consciencia que esa felicidad tiene nombre y apellido: Mio Akiyama. Ella es una buena chica y había sido prácticamente la mejor amiga de la baterista desde que eran unos infantes; crecieron juntas y vivieron tantas cosas, que ahora verlas lejos una de la otra me produce impotencia de no poder hacer nada por ayudarlas.

Ritsu ya no volvió a ser la misma de antes desde aquella vez que se enfrentó a la bajista en el salón del consejo estudiantil en instituto Sakuragaoka. Pero sorprendió a todos cuando fue a la facultad de Medicina, y ahí esta ella, estudiando con ahínco para sacar su título; aunque se juega el todo por el todo, por el hecho de mantener la beca. No supe que pasó con sus padres, pero si con su hermano. Satoshi decidió definitivamente involucrarse con nosotros en la banda.

Pero ni eso le hacía la feliz a mi mejor amiga.

Saqué mi libreta de anotaciones, y arranqué con furia la hoja donde había escrito las ideas que tenía para mi historia nueva. E inmediatamente empecé a escribir lo que tenía en mente:

No debí fijarme en ella, pero este corazón terco lo hizo. Y ahora pago las consecuencias sufriendo en el silencio más profundo. Ese mismo que lo cree yo con mi alejamiento, y la indiferencia. A veces la veo a lo lejos, sólo para asegurarme que está bien, pero siempre supe que ella era un imposible para mí. ¿Cómo alguien como ella se iba a enamorar de alguien como yo? Un ángel tiene prohibido sentir amor por un demonio. Y yo era el demonio sin salvación.

Cuando me encontraba apartada del resto de los mortales, me refugiaba en mis pensamientos — procuraba, con esfuerzo enorme, no tener pensamientos autodestructivos, pero me era imposible. Tenía que fingir, y hacerlo lo más creíble que pueda. Y no era fácil —. Suspiré de manera pesada y quedamente. No quería que nadie me escuchase, tampoco que me miraran con total pena. Porque la pena y la compasión no iban conmigo por ningún lado.

No tenía, tampoco, con quien desahogarme. Así que todo lo que hacía, sabiendo que me estaba lastimando profundamente, era quedarme callada y observar. De vez en cuando miraba el reloj y como el tiempo pasaba, convirtiéndose en una tortura para mí. Lentamente, y dolorosamente. De vez en cuando, escribía en lo primero que encontraba a la mano: una libreta, un cuaderno, un papel destrozado, una servilleta, etc. Sólo me importaba plasmar lo que estaba sintiendo, de expresar lo que con palabras no puedo hacerlo.

Suspiré de nuevo, y me perdí en los recuerdos. De la primera vez que nos hablamos, y que no sólo fue un saludo. De aquella vez, por ejemplo, que compartimos un poco más de conocernos mientras comíamos en un restaurante. O de aquel día en que ella estaba llorando porque no obtuvo la nota que quería, y que sintió que le habían robado milésimas de puntos. O de ese momento en que ella estaba enojada porque él no le respondía el teléfono, y que no era la primera vez.

No debí fijarme en ella, pero este corazón terco lo hizo. Y ahora pago las consecuencias sufriendo en el silencio más profundo. Autocastigándome por sentir algo de amor; uno verdadero y sincero. No supe en que momento me enamoré, pero sé que lo hago de una manera que jamás lo hice; es más fuerte que mi voluntad de olvidarla. Y porque la amo, la debo dejar ir. Ella eligió su destino al lado de una persona que tiene mala reputación; pero es feliz. Y si ella es feliz, yo seré feliz, aunque el precio sea alto.

Y ese precio es fingir amistad, cuando hay un amor honesto y abierto.

Ese precio de mentir que todo está bien, pero la realidad es que me cuesta olvidarla. Me cuesta dejarla ir. Y por eso, a la distancia, esa que es bien lejana, y que ella no lo note, la cuido mucho. Y procuro estar atenta a sus necesidades, aguardando la fe y la esperanza que ella algún día se dé cuenta que siempre estuve para ella de manera desinteresada; de manera perseverante y paciente esperándola a que me eligiera a mí. Que sabrá que yo siempre la protegeré, incluso de mí misma, y que la amaré como ella se lo merece.

Pero no estoy segura de que ese día llegue…

Observe lo que había escrito y me gustó mucho. Se asemeja un poco a mi realidad, aunque la diferencia es que hasta este momento yo me encontraba aún con Azusa, pero no dejaba de tener cierta intranquilidad de pensar que en cualquier momento ella me diga adiós. Aquello me atormentaba cada vez que veo el tiempo pasar, y me doy cuenta de que las cosas no se están calmando como yo esperaba. Me dolía demasiado, porque de verdad amo Azusa; con todo lo que soy, con todo lo que tengo.

Suspire, posando mis ojos en la nota que acaba de escribir. Por un momento recordé cuando entré al club cuando estudiaba en el instituto. Fui una ingenua en ese entonces, creyendo que nada podría pasar; pensando que siempre estaríamos juntas superando cualquier inconveniente, hasta que llegó ella… La misma que me cambió por completo. La misma que provoco que abriera los ojos de una manera abrupta y dolorosa.

Luego vino la conversación que escuchamos Ritsu, Jun y yo.

Ella tenía la razón absoluta. Y yo quería seguir creyendo que estaba equivocada.

Luego me refugie en el sexo BDSM de una manera irreconocible. Era en esos momentos que dejaba que salieran todos mis demonios y les permitía jugar como ellos quisieran. A veces podría ser sádica y me asustaba porque llegaría el momento en que estaría en esa situación con Azusa y si los dejaba salir, ella se asustaría y lo que me preocupaba no era en sí en que terminara la relación, sino que definitivamente ni siquiera me mirase o conservara nuestra amistad.

La amo demasiado para permitirle que se vaya así nomás de mi vida.

Prefiero que se vaya con otra persona, y sea feliz, pero conservando su amistad, a que se vaya para siempre de mi vida. Eso no lo soportaría, y tal vez caiga en un abismo sin retorno, recibiendo más heridas de lo que uno pueda imaginar.

—Madrugaste, Yui.

Pegue un brinco al escuchar a Ritsu. Me giré y la vi ahí parada con dos jarras de bebida. Supuse que era chocolate caliente; ella sonrío con cierta nostalgia e imagine de que trataba. La baterista aún tenía sentimientos hacía Mio, y así como yo, no queríamos las cosas nos salieran como nos están saliendo. A pesar de estar estudiando carreras diferentes, siempre teníamos tiempo para ensayar y conversar. Yo procuraba no hablarle de mi relación con Azusa, tampoco le comentaba lo que sentía o pensaba al respecto. No quería lastimarla.

—Sí. Madrugué y como estaba inspiraba, decidí escribir un poco —sonreí amigablemente aceptando el jarro con la bebida.

—Es chocolate caliente.

Mire a Ritsu y ambas nos estábamos hablando en silencio. Sabíamos, sin necesidad de decir una palabra, que nuestra situación no era nada sencilla. Observe que ella se sentaba en el sofá que teníamos en la sala, dejando el jarro sobre la mesa de centro, y hundía la cabeza en sus manos. Suspiró fuertemente, y se sentía que estaba frustrada por todo. Mio, sus padres, su hermano, la banda.

—No sé qué nos pasó, Yui —empezó diciendo aún con la cabeza hundida en sus manos —. No sé en qué momento todo se descontroló. Papá no me habla desde que se enteró que Satoshi sabe cantar y está con nosotros en la banda. Tampoco me dirige la palabra cuando le dijeron del pequeño problema que tuve con Mio en la sala del consejo estudiantil —alzó la cabeza y enfocó su mirada en mi —. Papá ama demasiado a Mio, y cuando se enteró, fue el infierno en casa. Así que, aquí estoy: sin familia. Sólo me queda mi hermano y él me apoya, pero no dejo de sentirme culpable de que no se hable con papá y mamá.

—La vida es dura, Ritsu. Y no siempre tenemos el control de las situaciones en nuestras manos. Lo que pasó ahí fue simplemente la explosión de lo que llevabas guardando por tanto tiempo. No es culpa tuya, tampoco de ellos, ni de Mio. Nadie aquí tiene culpa de nada, porque el resultado que hemos dado es porque así lo decidimos. Y nadie nos obligó a tomar aquellas decisiones.

—Lo sé…

—No has dormido mucho, ¿verdad?

—Sí. Estuve estudiando hasta bien entrada de madruga. Que esas fórmulas químicas no son tan fáciles, déjame decirte.

—Pero es lo que quisiste estudiar, Ritsu. Y si eres feliz preparándote para ser una doctora que ayuda a los demás de manera desinteresada, pues hazlo. No caigas nunca, por más difícil que sea.

—Lo entiendo. Tú, ¿cómo vas?

—Bien —me encogí de hombros restando importancia. Tenía otras cosas en la cabeza. Y deje que el silencio cayera sobre nosotras.

Normal's POV

Azusa no daba crédito a lo que estaba escuchando. Su Yui practicaba sexo BDSM de una manera fuerte y sin compasión. No. Ella no podría hacer eso. Es decir, lo puede hacer, ¿pero que no tenga compasión de la persona con quien tiene relaciones? Ella dudaba mucho. Se quedó en silencio, simplemente escuchando lo que le decían y mirando las fotos que tenía delante de ella. Imágenes fuertes sin duda alguna, sin embargo, estaba preparada. Nakano intuía que algo así hacía Yui. Y lo hacía por su comportamiento y su rechazo a ser tocada, además de otras muestras que daba. Podría llamarse "señales."

—¿Esto es todo?

—Sí…

—Gracias por la información.

—Deberías reconsiderar en seguir con Yui…

—No hay nada que reconsiderar, Samantha —dijo su nombre entre dientes, conteniéndose la ira que lo tenía atorado en la garganta.

Azusa se levantó con la carpeta y salió de la cafetería con dirección a la casa de Nodoka. Se fue sin despedirse dejando a una Samantha muy sonriente. Evans tomó un sorbo de su café, y cantó victoria internamente. La pequeña neko necesitaba hablar con alguien, y esa persona era Nodoka Manabe. La ex presidenta del consejo estudiantil conocía muy bien a Yui desde que eran unas tiernas infantes. Lo primero que pasó por su mente fue terminar la relación, pero no le daría el gusto a esa mujer, que de un momento a otro apareció en sus vidas, en especial en la de Yui buscando algo.

Y no descansaría hasta encontrar el motivo.

Con esa información, su decisión estaba tomada. Ya estaba a punto de entrar a la Universidad, y si antes tenía alguna duda, ahora no. Quería ayudar a su novia. Quería apoyarla en todo, que sintiera que tenía alguien que no la iba a juzgar por sus decisiones, erróneas o acertadas; que no le reclamaría nada, y que, por el contrario, le demostraría que cualquier persona puede equivocarse porque es parte del proceso de vida.

Es parte del crecimiento del ser humano.

Samantha Evans. ¿Por qué apareciste en nuestras vidas justo ahora? ¿Qué tramas? ¿Qué quieres?

Kotobuki's house

—¿Estas segura Mio? ¿Eso es lo que quieres?

—Sí, Mugi. Nunca me había sentido tan segura en mi vida. Ya no soy esa adolescente tímida y retraída, ahora soy una mujer y debo asumir mis responsabilidades. Debo enfrentarme a la vida y a mis propios miedos, porque si no lo hago yo misma, nadie lo va a hacer por mí.

—De eso no tengo duda. Nunca las tuve, pero me ha tomado por sorpresa el hecho de haberte cambiado de carrera. No me mal intérpretes, Mio. Pero me choca que dejes de estudiar Filosofía y Literatura…

—No es tan chocante cuando el motivo de mi cambio de carrera es bien fuerte, Mugi. De verdad quiero ayudarla, pero para hacerlo, debo entender muchas cosas…

—Y tú amabas la literatura y son dos veces que renuncias aquello por ella

—Porque finalmente acepte mis sentimientos. Será un camino largo de recorrer, pero para ayudarla, debo ayudarme a mí misma, primero. Y bueno, renuncie a la carrera, pero no a la pasión que tengo por escribir. Seguiré haciéndolo, pero no de manera tan profesional.

Mugi suspiró. Estaba hablando por teléfono con Mio, y quería entender por qué dejó aquella carrera para cambiarse a otra. Comprendía los motivos, de verdad que sí, pero llegar al punto de dejar uno de sus sueños para ayudar a otros desde el campo de la ciencia; de la medicina mental, había mucha diferencia. Pero no era imposible. De hecho, Mio podría escribir excelentes artículos para revistas de medicina, sabría cómo poner las palabras exactas y sencillas para una mejor comprensión.

Miró a su acompañante que dormía plácidamente a su lado. Se levantó procurando no despertarla; habían tenido un día largo y cansado y a pesar de que eran recién las siete de la noche, ambas habían decidido irse a dormir para descansar bien. Hasta que el móvil de la tecladista sonó. Y no podía negarle una mano a su amiga, que hasta ese momento se encontraba con todo el dolor de haber perdido a su mejor amiga de la infancia. Y la perdió por cobardía y falta de comunicación de ambas.

Aunque Ritsu mostró cambios antes de tiempo, nadie se fijó en ello. Y ahí venía la pregunta: ¿O fingió muy bien que seguía siendo la misma, o todos fueron ciegos y no aceptaban aquellos cambios? Y ese día llegó, cuando exploto en la sala del consejo estudiantil dejando a todos con la boca abierta. Mugi recuerda con tristeza como estuvo Sawako después de aquello. Ella se culpaba por lo sucedido y pensó que no merecía el puesto que tenía. Pero la realidad era otra y había que entender que las personas toman decisiones por su propia voluntad. Y Ritsu la había tomado hace mucho tiempo, y fue ella quien decidió irse para otro lado junto con Yui y Jun.

Mugi había tomado la decisión de no quedarse en los dormitorios de la Universidad ese primer año, quería pasar un tiempo más en casa con sus padres y Sumire, sobre todo porque ella aún cursaba el último periodo del instituto Sakuragaoka y aún le quedaba ver a qué Universidad deseaba ingresar. Y ese era el otro punto por el cual ella se quedó; quería acercarse a su hermana y no sabía como hacerlo.

Tsumugi recordó, por un momento, como había iniciado todo con Sawako. Creyó que había sido simplemente una admiración de adolescente hacia su maestra, porque ella era "perfecta" y muy cordial con las estudiantes. Sin embargo, a partir de aquel día en que había decidido ser la tutora del club de música ligera, algunos sentimientos ocultos que tuvo la rubia, salieron y fue el inicio de algo nuevo. Ya para el final de su etapa en el instituto, fue que tomó la decisión más importante de su vida.

—¿Mugi? ¿Estás ahí?

—Sí, Mio. Aquí estoy… —Mugi sintió unos brazos fuertes rodearle la cintura, y por el olor, sabía que era ella. Su novia.

—¿Estás enojada por la decisión que tomé?

—No puedo estar enojada, Mio. Es tu vida, y tú sabrás que decisiones, convenientes para ti y tu felicidad, tomarás. Yo sólo soy tu amiga, y te apoyo hasta donde puedo. Sin embargo, ¿estás segura de querer hacer eso?

—Sí. La semana pasada ya ingresé los papeles de cambio de carrera. Fui aceptada, y no tuve problemas. Ya sabes, mis buenas notas y eso… —Mio se quedó en silencio, procurando no revelar más. De hecho, cuando ella propuso las carreras, lleno dos formularios. El primero fue a donde Sawako, donde decía lo siguiente:

Nombres: Mio Akiyama

Curso: 3-2

Carreras que seguir: Filosofía y Literatura especialidad Oeste, Medicina

Universidades donde aplica: Kyoto University, Osaka University

El segundo, lo ingreso a la misma universidad de Kyoto, pero agregado otra carrea:

Nombres: Mio Akiyama

Curso que está siguiendo: 3-2

Carreras que seguir: Filosofía y Literatura especialidad Oeste, Psicología, Medicina

Mugi sutilmente se despidió de su amiga, y se giró para abrazarse a su novia. Toda la situación se había transformado en algo complicado, cuando apenas eran unas adolescentes. Pero tenían la confianza entera de que saldrían de ese bache. De que nada era imposible y que el tiempo dirá lo que tenga que decir. Le dolía, porque, al fin y al cabo, ellas se volvieron muy unidas y habían vivido lo mejor de esa etapa de su vida. Sobre todo, cuando reabrieron el club de música de ligera. Después llegaría Sawako.

Sawako le acariciaba sutilmente la espalda a su novia. Desde aquel día en que ambas se confesaron sus sentimientos, las dos estuvieron más tranquilas. Aunque sabían que sería muy difícil de comunicarles aquella noticia a los señores Kotobuki. Hasta que un día fueron descubiertas sin querer por la madre de Tsumugi. Y lejos de estar molesta, se encontraba preocupaba. Y aquello le hacía sentir a la Reina del Teclado con el corazón partido; aceptaba cualquier cosa, menos ver a su madre con el rostro de angustia de que algo les pase. Al fin y al cabo, Sumire también era su hermana, y tenía que aceptarlo.

Dejó que el silencio las abrazara por un momento.

Dejó que su novia la tranquilizara cómo sólo ella sabe hacerlo.

Dejó todo en manos de Kami-sama.

Akiyama's House

Mio's POV

Mire por un momento la foto que Ritsu y yo nos habíamos tomado hace tiempo, y me entró una nostalgia profunda. No recuerdo que, durante todo este tiempo, ella y yo hubiésemos discutidos como lo hicimos aquel día en el salón del consejo estudiantil. Deje el portarretrato encima del escritorio y estaba dispuesta a empezar desde cero si era necesario. Mamá solía decirme: "los grandes cambios no vienen del cielo, sino del infierno." Ahora entendía lo que significaba.

Estar lejos de casa me hacía sentir mal, porque dejaba a mamá sola completamente. Sin embargo, ella suele estar en casa de las Nakano dos o tres veces por semana. Yo suelo ir desde el viernes en la tarde, que salgo de la Universidad, y paso el fin de semana con ella. Papá está de viaje de negocios, y por ende nosotras nos quedamos solas. Esta vez, el viaje va a durar seis meses. Suspire. Al menos yo tenía a papá y a mamá, Azusa sólo tenía a su madre. Pienso que por eso mamá decidió acompañarlas por ese tiempo, para darse compañía mutuamente.

Prendí mi laptop, y esperé pacientemente a que cargara el sistema. Tardaba un poco, pero no me importaba. En ese lapso de minutos, volví a rearmar la idea que tenía en mente. Cuando hablé con mamá de cambiarme de carrera, ella se sorprendió, sin embargo, decidió apoyarme. Aunque me dijo lo mismo que Mugi: yo renunciaba por segunda vez a lo que tanto amaba, por ella. Pero así es el amor, ¿no? El amor te hace cometer locuras, y la primera vez no cuenta mucho, ya que fui yo, internamente que esperaba que alguien me dijera algo como lo hizo ella.

Vi la pantalla, y el fondo de esta tenía una foto de las cinco juntas, y Ritsu me tenía abrazada por la cintura sonriendo. No voy a negar que cuando lo hizo, trate, vale la pena decir, sin éxito alguno, ocultar mi rubor. Ritsu siempre buscaba la manera de hacerme sonrojar o enojar; yo sabía que ella lo hacía por verme bien, se esforzaba mucho. Y yo no me di cuenta, hasta ese día que fue inevitable decirnos adiós, sin tener la necesidad de abrir nuestros labios.

E inevitablemente, perdí a mi mejor amiga.

Tal vez el que estemos separadas nos haga reencontrarnos a nosotras mismas, y descubrir que es lo que en verdad sentimos la una hacía la otra. Pero yo la sigo amando, y no sé cuando se desarrollo ese sentimiento. Todo fue inesperado para mí, algo nuevo que llegó de una manera desprevenida, y no supe reaccionar en ese momento. Pero ahora, sé lo que siento y hacía donde voy. Estoy segura de que todo este proceso por el cual aún sigo transitando, me está haciendo crecer como persona. Y puedo ver con más claridad, lo que en su momento no lo hice.

La vida es de muchos sacrificios, y estoy segura de que este que estoy haciendo valdrá la pena. Tomará mucho tiempo, pero no importa. Algo dentro de mi me dice que es lo necesario para todos y así poder crecer. Desperté de mis pensamientos cuando sonó el timbre de llamada de mi móvil. Era Yui, y no me sorprendió mucho que digamos, ya que ella al estar en relación con Azusa, se acercó un poco más a nosotras, pero no era como antes. Supongo que todo tiene su proceso.

En realidad, Yui se vuelve "dócil" cuando esta con Azusa, y hace las cosas sin poner "peros" de por medio. Y la entiendo. La guitarrista la ama demasiado a la pequeña que incluso daría la vida de ella misma con tal verla feliz. Azusa, por su parte se la veía mucho más madura, y estaba más abierta a escuchar a cada una de nosotras, para luego darnos un consejo. Ella es la única que no sabe de mi decisión y estaba debatiéndome si comentarle o no. Después de todo, Azusa y Ritsu tomaron sus caminos, y se distanciaron, a causa de todos estos problemas que empezaron en algún momento en que ninguna se dio cuenta. Y yo no quería más problemas entre nosotras.

—Así que te cambiaste de carrera, Mio.

—Hola, Yui. Estoy bien, gracias. ¿Cómo sigues tú?

—Mio, deja el sarcasmo a un lado que no te queda. No debiste hacerlo.

—Es mi decisión…

—Sé que es tu decisión. La respeto, pero no deberías haberlo hecho, es mi opinión.

—Lo sé, pero siento que tenía que hacerlo, por mí, por ella. Es un todo, ¿sabes? Siempre quise estudiar esa carrera, por encima de Literatura. Salvo que nunca lo dije a nadie, y lo llevaba dentro de mí, y vivía con esa angustia. Lo hago, Yui, porque quiero ayudar a más personas.

—Azusa me dijo lo mismo cuando me dijo que estudiaría esa carrera…

—Porque te ama, Yui. Ella decidió quedarse a tu lado, conociendo tu lado oscuro. La vida no te da siempre respuestas…

—Lo sé. Veámonos uno de estos días, Mio. Así hablamos mejor.

—Esta semana se me complica, por el papeleo del cambio, y ponerme al día. Sería para la próxima semana, ¿te parece?

—Claro. Hasta entonces, Mio.

Me despedí de Yui con mucha nostalgia. Saber que ella no es la misma me producía muchos sentimientos encontrados. Hasta el día de hoy nunca supimos que fue lo que escucharon ellas para que cambiaran tanto. Y yo me he estado echando la culpa, porque fui una de las principales que le exigió a Ritsu cambios por su personalidad y ahora todas pagamos las consecuencias de aquello. Sin embargo, entendí que cada ser humano es libre de tomar las decisiones que mejor les plazca.

Miré la pantalla, y ahí estaba. El logo, el lema y posiblemente las letras de las nuevas canciones. Si Ritsu tenía una nueva banda, yo también tendría una. Y las chicas estuvieron de acuerdo conmigo. Ahora sólo quedaba una reunión para determinar pequeños detalles, y así empezar con esta nueva era. Y no sería precisamente algo pop como han estado acostumbrados. Sería algo mucho más sombrío, sacando todo lo que el ser humano puede tener en esos momentos de extrema oscuridad.

Chouko's POV

Hirasawa's House

"Carta #...

Por hoy no pondré el número a esta carta. No tengo ganas de hacerlo, tampoco me nace llevar un orden a esta altura del momento. Cuando empecé a escribir las cartas, lo hice como medio de desahogo, de expresar lo que llevaba dentro de mi ser. En estas cartas he escrito algunas cosas sobre de como me he estado sintiendo con respecto a mis amigas, mi familia, y sobre todo de mí misma. De aquellas emociones que en ocasiones me torturaban e iban acompañados de pensamientos autodestructivos.

No recuerdo exactamente cuando empecé a experimentar el cigarrillo y el alcohol, que luego no me satisficiera y que buscaba desesperadamente otro nivel de experiencia; y encontré uno, por casualidades de la vida y que me dejaba esa sensación de placer absoluto, el que provocaba el poder liberar a mis demonios. Ese sería el sexo BDSM. A veces me pregunto que pasaría si mi familia se entera de la vida nueva que estoy llevando, pero luego lo olvido porque sé que ellos ya tienen su vida realizada viajando por trabajo y por placer. Y no les culpo de ello. De hecho, ellos nos tuvieron a mi hermana y a mi muy jóvenes y prácticamente no tuvieron un disfrute de su juventud.

Recriminarles el porqué nos abandonan a estas alturas del partido sería absurdo. Yo me acostumbré a la soledad desde que era una cría, hasta parte de mi adolescencia. La vecina, a la cual le apodaba cariñosamente "abuelita", fue un pilar fundamental en nuestra crianza. Pero yo me seguía sintiendo vacía. Ui, que era la más madura de las dos, asumió su rol desde temprana edad; ella se percató que tenía que hacerlo para sobrevivir, en cambio yo, aún aguardaba la esperanza de que papá y mamá estuvieran aquí, junto a nosotras. No fue así, y todo lo que vino después, fue por mi culpa: mi inmadurez e infantilismo.

No negaré que no me preocupe por mi futuro; estaba en ese punto en donde todo me daba igual. Luego, cuando escuché aquella conversación, me di cuenta de que, si quería conquistar a una mujer, yo debía empezar por madurar, y asumir responsabilidades. Y fue, cuando por casualidad de la vida, conocí a Evans, una amiga de mamá del trabajo. Evans me llevó al mundo más oscuro, y yo me dejé ir…"

No quise seguir leyendo. Para esas alturas, yo estaba llorando, y en mis manos aún tenía el papel de la carta de Yui que la encontré por cosas de la vida. Ahora pienso que fue Kamisama que me la puso para que yo la leyera y me diera cuenta de algunas cosas. Pero seguía sin darme respuestas al porqué mi hija cambió tan drásticamente. Una parte era los viajes que yo realizaba junto a mi esposo por cuestiones laborables; porque ambos pensábamos que así, creceríamos a nivel de negocio y podríamos haber dado una mejor educación nuestras hijas.

Me equivoque.

Yui, de un momento a otro se convirtió en una niña introvertida, encerrada en su mundo. Luego estaba esa Evans, la cual mi hija mayor la nombra en su carta. Evans y yo éramos cercanas, amigas prácticamente de toda la vida, y no pude imaginarme que ella practicaba aquel tipo de sexo, y que posteriormente involucraría a Yui. Sin embargo, tengo mis dudas del porqué Evans haría algo así. Es decir, ella no podría haberse arriesgado con una adolescente sabiendo que la ley le caería encima, ¿o sí?

Mi cabeza estaba con un mar de dudas. Pensamientos que van y vienen, y yo sigo con la carta en mis manos, queriendo entender que es lo que realmente pasaba con mis hijas. Sobre todo, Yui. Siento que la ausencia de ambos le afectó de alguna manera, y ella lo ocultaba siendo así: despreocupada e infantil. Pero ahora, es diferente. Y en estos momentos le agradezco a Azusa el que haya aparecido en la vida de mi hija y que desee apoyarla en todo.

No voy a negar que me duele ver a mis dos únicas hijas sufrir. Ui, por una parte, estaba sintiendo la ausencia de su hermana mayor, y también la indiferencia. Yui, por la otra, estaba sumida en una oscuridad que temo no podrá salir, al menos que Azusa tenga la valentía de quedarse a su lado, sabiendo que ella tiene sus demonios que la controlan y pueden provocar muchas cosas. Algunas hirientes.

Me levante de la cama de mi hija, porque había entrado a su cuarto para recordarla un poco. Para analizar en que punto Shinobu y yo no nos percatamos de que nuestra hija se estaba hundiendo. Una hoja encima del escritorio me llamó la atención y me acerque a ver de que se trataba; a estas alturas del partido, ya estaba "preparada" para leer de todo. Y era un poema, escrito por la misma Yui.

A ti[16]

Si pudiera decirte que lo siento,

Estaría mintiendo.

Si pudiera decirte que no me importa,

Estaría mintiendo, de nuevo.

Sólo puedo decirte lo que tengo,

Aquellas emociones dentro de mi ser;

Aquellos pensamientos que recorren cada parte de mi mente,

Sólo puedo decirte lo que tengo dentro de mí.

Si pudiera contar las estrellas,

Lo haría sin dudarlo.

Por ti haría lo que fuera,

Por ti, te daría el universo.

A ti te debo disculpas,

Y te debo mi salvación.

Si pudiera bajarte las estrellas,

No lo dudaría ni un segundo; lo haría.

Beautiful Death[17]

Close your eyes,

Let the body flow,

Everything is one thing,

One minimum thing is everything.

You only want is meet the death,

You wish talk to him

Everything is one thing,

One minimum thing is the universe.

"Beautiful death,

My heart is yours,

My soul is no more here,

Please, beautiful death, stay here with me."

You write your name in the space,

You want people know about you,

You wish would meet the death,

You want to have a little conversation with him.

"Beautiful death,

You aren't anything without the life;

You soul is so empty like me,

We both are walking to nowhere."

You are writing a letter,

You close your eyes,

You let the body flow,

May be this time you will meet the death.

Decir que no estaba asombrada, era mentir. Yui había escrito dos poemas, y el segundo estaba totalmente en inglés, y era más profundo. Pude sentir el dolor de mi pequeña hija; profundo calado en todo su ser. ¿Y si ella se estaba sintiendo vacía y perdida? ¿Cómo no nos percatamos antes? ¿En qué punto todo esto se descontroló? Y ahí estaba yo, parada en la mitad de la habitación de mi hija mayor, con un mar de preguntas sin encontrar las respuestas que necesitaba.

Que una madre necesitaba.

Normal's POV

Cafetería "Sweety"

Un suspiro sale de sus labios. Miró alrededor de la cafetería, y estaba un poco llena; parejas en un lado conversando, amistades riéndose de alguna broma por otro, solteros mirando el móvil, y ella. Ella estaba sentada esperando que llegara su café expresso que había solicitado. Otro suspiro salió de sus labios y miro el móvil para asegurarse de la hora: 16:00. Sabía que su mejor amiga estaba a punto de llegar, ella jamás llegaba impuntual. Se conocían de años.

Vamos Atsuko, no seas floja —le dijo su amiga que veía con ojos divertidos como le costaba seguir el ritmo del juego —. Y pensar que yo soy la lenta, ¿eso no es lo que dices siempre?

Cállate —le contesto entre dientes —. El hecho que tú seas una buena estratega de juego, y hábil para eludir, al contrario, no implica que todos seamos iguales. Además, tú sabes que los deportes no se me dan bien. Yo prefiero tocar un instrumento.

Eso es verdad —bajo la mirada sintiéndose un poco culpable —. No quise ofenderte Atsuko…

Déjalo ya…

—Déjalo ya. Ya no sigas torturándote…

Masomi levantó la mirada para encontrarse con una Atsuko que le sonreía amablemente. Tomó asiento, y una camarera se acerco a pedir la orden. El silencio volvió a reinar alrededor de las dos, sumidas en sus pensamientos. Sus hijas estaban cruzando una línea imaginaria entre lo correcto y lo rebelde, sobre todo Ritsu. Y era algo que ninguna de las dos se lo hubiese imaginado. ¿Qué derivo a que la castaña tomara esa actitud? ¿Y Satoshi? ¿A qué venia todo esto?

Todo era tan confuso, que ninguna de las dos se atrevía a decir una palabra de la situación. Ninguna quería entrar en ese espacio en donde la realidad es superior a la ficción; donde la realidad se basa en algo mucho más complejo de lo que una persona normal pudiese entender. Atsuko sabía que la relación de su esposo con sus dos hijos no iba bien, porque Ryu estaba dolido. No estaba defraudado por que Satoshi cantara, o que Ritsu tocara la batería; estaba herido por la falta de confianza de sus dos retoños.

Atsuko y Masomi se conocían desde la tierna adolescencia. Esa etapa en que todo joven quiere hacer lo que le dicta el corazón, lo que cree que esta bien, lo que les dará la libertad que tanto buscan. Sin saber que afuera hay un mundo mucho más cruel, más salvaje, más hiriente. Tanto Tainaka como Akiyama habían compartido vivencias, y ambas se apoyaban en todo, incluso cuando estuvieron enamoradas y posteriormente cuando se casaron y cada una formó su familia.

Cuando Ritsu y Mio se conocieron, todo había sido por casualidad de la vida. Ninguna de las dos había intervenido. Era algo creado por el Destino, ese mismo que obra de una manera un tanto extraña y compleja. Después había llegado la noticia de que Ritsu y Mio formarían una banda en el instituto, ambas madres estaban orgullosas de sus hijas. Y finalmente, Ritsu y Mio se volvieron mejores amigas, tal como pasó entre Masomi y Atsuko, con la ligera diferencia que Ritsu se terminó enamorando de Mio.

—Definitivamente, hay cosas que no cambian, ¿verdad Atsuko? — Masomi rompió el silencio, para sentirse algo más cómoda.

—Verdad es, Masomi. ¿Qué está pasando? Créeme que quiero entender, pero no puedo. Y en estos momentos, mi profesión se ha ido de vacaciones.

—¿Has tratado de hablar con algún colega para que te ayude con Ritsu?

—No. No quiero echar más leña al fuego del que hay…

Masomi entendió el significado de esas palabras. Sonrió tristemente de sólo pensar que nada es igual ya. Ni tampoco hay un retorno a los viejos tiempo. Se acordó de su esposo, Rei, que solía decir que los momentos de tormenta son los que realmente forjan el carácter del ser humano; te enseña que debes tomar decisiones, por más dolorosas que sean. De seguro, en esos momentos su esposo ha de estar conversando con Ryu, porque lo entendía desde la adolescencia. Y era el más centrado de los dos.

¡Qué recuerdos aquellos!

Los Tainaka y los Akiyama han llevado una hermosa amistad por muchos años. Incluso cuando se reencontraron tiempo después cuando sus hijas iban a la misma escuela y al mismo grado, ambas tenían sus tiernos cuatro años. Ritsu siempre destacaba por su hiperactividad, mientras que Mio era más reservada. Si algo llamó la atención de la mayor de los Tainaka siendo una cría, era que la pelinegra era zurda. Ya en el instituto, cuando decidió crear una banda, y la ingreso a su mejor amiga al mundo musical, pensó que eso seria un problema, ya que pocos son los instrumentos fabricados para zurdos.

Pero Kami-sama siempre estaba de su lado.

Siempre, ¿no es verdad?

Era en esos momentos donde Masomi se cuestionaba si de verdad había un ser supremo, si en verdad el Destino es caprichoso como muchas veces sus padres le solían contar cuando era una adolescente y no sabía que decisión tomar. Tiempo después descubrió que las palabras de su padre tendrían cierto peso y valor sobre ella y sus vidas. ¿Quién se imaginaria que tendría una mejor amiga para toda la vida? ¿Quién se imaginaria que tendría una hija la cual terminaría siendo la mejor amiga de la hija de su mejor amiga? Nadie. Entonces se respondía que sí, sí había un ser supremo sobre sus vidas.

Y que el Destino es muy caprichoso cuando quiere serlo.

Atsuko observaba con detenimiento a su mejor amiga. Ahí, en la cafetería de los Kotobuki, recordaba ciertos pasajes de su vida adolescente: la rebeldía, la procrastinación, las escapadas, el primer amor, el primero corazón roto, la amistad, y un largo etcétera. Sonrió con melancolía al saberse que no tenía opciones con su hija mayor. ¿O tal vez sí? Pero es que Ritsu se volvió tan cerrada en su mundo que se convirtió en algo sumamente difícil de entenderla. Quería hacerlo, pero no sabía cómo.

Su esposo estaba dolido por esa actitud de sus dos hijos. Pero más le hirió fue la de Ritsu, ya que siempre había sido la niña de sus ojos. Aquella princesa rockera rebelde que en realidad no era más que un alma libre, heredado por su abuela paterna. Esa alma que va sin dirección alguna, y que está en búsqueda de algo, pero que no sabe que es. Y Ritsu se fue alejando de ambos, sin que ellos se dieran cuenta.

—En que momento todo se salió de control? —Masomi la miro con ternura a su mejor amiga. Ella también quería entender en que punto todo se salió de las manos. Se armó de valor para darle la noticia, aquella que los cogió de sorpresa a ella y a su esposo. Aquella que cambiaria la vida a todos.

—Hay algo que tengo que decirte, Atsuko. Y no sé cómo lo vayas a tomar…


Notas de Autor:

Dato referencial:

[16] Poema escrito por mí. Prohibida su reproducción o copia.

[17] Poema escrito por mí. Prohibida su reproducción o copia.

Me alegraria mucho que me dejaran Review. Sin mas que adicionar.

Hasta el siguiente capitulo.

Saludos.