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La ausencia de Midoriya te preocupa, no es que seas un novio controlador, pero te preguntas qué sucede.
Te das un poco por vencido después de intentar llamarle y vas a la cama por fin, donde percibes su silueta imaginaria por encima, antes de tirar de las cobijas, es más grande sin la presencia de Izuku y se hunde ligeramente cuando la tocas. Al entrar por completo en ella clavas tu vista en un póster viejo de All Might que se encuentra en el techo de la habitación, sonríes por un instante pero realmente no recuerdas haberlo puesto ahí.
Te sientes un poco incómodo. De repente el edredón te parece demasiado corto y comienzas a tener frío, de ese que te hiela los dedos de los pies y te hace encogerte entre las sábanas, más ásperas de lo que las recuerdas. Te abrazas a ti mismo y piensas en los brazos de Izuku mientras cierras los ojos con fuerza y las mejillas se te humedecen misteriosamente.
No luchas por no quedarte dormido, realmente no tienes nada de sueño, sigues pensando en que esta no es la primera vez que ocurre, pero que Izuku llega a la cama cuando tus párpados caen y te arrulla sobre su pecho de forma asquerosamente gentil. Ese pensamiento te reconforta, sin embargo comienza a reproducirse multiples veces en tu cabeza y en estos últimos meses también; Es entonces cuando ese recuerdo pierde su encanto, y miras la parte izquierda de las sábanas arder en llamas. Tal vez lo has hecho a propósito, para echarle toda la culpa a Izuku más tarde.
Cuando puedes volver a la tranquilidad de tu habitación grotescamente silenciosa y llena de quietud, con las mantas chamuscadas y el olor a soledad mezclado con bicarbonato de sodio que usaste para apgar el fuego, te invade el dolor; Intentas ignorar las ideas terribles y alocadas a toda costa, pero aún así la voz en tu cabeza lo sabe y lo dice de modo que hace ecos en la habitación. Pero lo ignoras, los huesos de tu pecho queman con fuerza y vuelves a mirar a All Might en el techo. Es lo último que logras ver esta vez, porque esta vez te quedas dormido.
Te despiertas poco después. Él se encuentra frente a ti y la luz de la luna pega directo en su pecosa nariz, y en sus pómulos salpicados. Por su cara se ha dado cuenta que has estado esperándole y tratarlo de contactarlo toda la noche. Se ve adorable así, pero no se lo dices.
Se disculpa como el caballero que es, te besa suplicante y te acaricia por sobre la mandíbula. Incluso promete comprarte nuevas sábanas, la cama completa. Y que sabe lo preocupado que estabas; No fue más que un contratiempo, repite. Entonces te lo tragas todo, porque los ojos de Izuku están clamando por perdón, y al parecer los tuyos no lo dudan demasiado.
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Ambos se levantan cerca del mediodía siguiente. Izuku no te mira de frente durante el desayuno, pero te gusta creer que tú eres el que no lo mira porque estás enfadado y te llevas la cuchara a la boca, pero sabe amargo.
Dejas escapar un suspiro y esperas de todo corazón que esta noche no te deje esperando tan tarde.
