El Despertar
Capítulo III
Albufera de Valencia, 1927. Domicilio de la familia Amatriaín-Moltó.
-¡Auuug! ¡Cómo duele al sentarse! … Y qué mala está la poción…
El mago que se quejaba era un tipo alto y fornido, de hombros anchos, pelo castaño con reflejos cobrizos que lucía un poco demasiado largo para lo que se llevaba, y ojos a juego. Llevaba un brazo vendado bajo la camisa. Y tenía un buen número de moratones, unos visibles y otros no.
- Más te dolería sin ella. Y no tendrías estos problemas si volaras con un poco más de cuidado.- Le reprochó la bruja que le había preparado un rato antes la poción. Era morena y menuda, y estaba en esos momentos muy atareada preparando la comida.
Ambos estaban en la cocina de la casa, el lar del hogar para cualquier brujo hispanii, aunque fuera de Tradiciones tan distintas como las de aquellos dos. En una trona de madera, engullendo un currusco de pan y llenándose de babas, una niña los miraba con los ojos bastante abiertos. Tendría alrededor de nueve meses y era muy parecida a su padre, aunque el pelo era más tirando a rubio, los ojos tenían un tono ambarino y la mandíbula, un poco larga y tirando a cuadrada, era la de su madre.
- Si volara con un poco más de cuidado en los partidos, no sería yo. Sería otro cazador…- Objetó Martín.- Y hasta podría ser peor. Nuno sigue inconsciente en San Mateo…
- Nuno se estampó contra el poste de un aro. Por no mirar por dónde volaba.- Objetó la bruja.
- No se lo digas, pero entre sus fintas y las mías, no hay color…
Martín Amatriaín era, probablemente, el Cazador más famoso de la Magia Hispanii. Jugaba en el Herensuge, un equipo con sede en el Pirineo navarro, y era en muchas cosas completamente opuesto a su mujer. Amparo Moltó dejó escapar un suspiro, levantó la cabeza del lenguado que andaba enharinando y lo miró con una mezcla de ternura y preocupación.
- Ya lo se, Martín. Ya se que es tu forma de jugar y que tienes unos reflejos endiablados. Si no fuera por ellos ya estarías al otro lado de los velos. O postrado en una cama de por vida. Te conocí arriesgando la cabeza en los partidos. Pero eso no quita que me preocupe cada vez que te atiza una de esas bludgers…y te atizan casi constantemente. Además, te recuerdo, Martín Amatriaín, que tienes dos hijas muy pequeñas que criar.
El aludido sonrió de buena gana ante la mención de su prole, aunque recordó demasiado tarde la bludger que le había atizado en el pómulo un instante antes de marcar su enésimo tanto en el último partido y se llevó la mano a la mejilla conteniendo a duras penas un ¡ay!.
-… y aunque seas un tipo fuerte, de buena encarnadura, los huesos guardan memoria de las veces que se reparan con la Pegahuesos, y ni la mejor de mis pociones puede dejar tu esqueleto como si no hubiera pasado nada…- Amparo aprovechó la mueca de dolor de su marido para continuar con su perorata aleccionadora, aunque sabía que resultaría, como siempre, del todo inútil.
- Tus pociones son fantásticas. Y tus cuidados, la mejor sanación.- Martín dedicó a su mujer la mejor de sus sonrisas ladeadas.
- Eres un bruto. El mejor cazador, sin duda. Pero a costa de ser un bruto. Ya me lo dijo mi madre
- Tu bruto particular. Tu madre tenía toda la razón.
- Mi bruto. Y aunque te parezca mentira, quiero conservarlo. Oh, esta conversación ya la hemos tenido muchas veces. ¿Puedes limpiarle las babas a Sara, o te duele mucho el brazo?
- Pued… ¡Ay! Ya está… hmmmpp. Sarita, hija ¿Una sonrisita para papá?
La niña le dedicó un sonoro "ahhhh" acompañado de un chorro de saliva que pringó la mesa.
- Me lo temía. Gracias.- Amparo se apresuró a conjurar un trapo de cocina para limpiar la mesa justo en el momento en que otra cría hacía entrada en la cocina. Esta era más mayor, y salvo por el pelo, muy rubio, y los ojos, de un azul muy pálido, era clavadita a su padre.
- Amaya, chérie. Asseyez-toi a côté de ton père.- Dijo la madre con dulzura. La niña en cambio mudó de expresión de modo súbito y, enfurruñada, se sentó junto a Sara, con los brazos cruzados.
Amparo suspiró hondo y contó mentalmente hasta tres. La exasperaba muchísimo la cerrazón de su hija mayor.
- Asseyez-toi à côté de ton père...- Repitió lentamente, intentando contener el enfado.- Je sais que tu comprens bien…
-¡Aita!- La niña exclamó mirando fijamente a su padre.
- Obedece a mamá.- Replicó Martín con calma.
A regañadientes, la niña se levantó y cambió de silla. Pero no apeó la expresión disgustada.
- Esos no son modales.- Empezó a amonestarla su madre.- Y cuando estés en Beauxbatons no creas que te van a consentir la mala educación…
- No quiero ir a ese colegio…- Murmuró la cría entre dientes. Amparo, que había vuelto a sus quehaceres culinarios, dejó el lenguado que iba a freír sobre el plato y se giró para encarar a su hija mayor.
- Pues irás, y no hay más discusión.
Las lágrimas afloraron a los ojos azules de la primogénita Amatriaín, que las contuvo a duras penas.
- Queréis libraros de mí…- Siseó con rabia mal contenida. – Así os quedáis solo con Sara…
- Eso es una tontería.- Replicó Amparo, un poco más alto de lo que hubiera querido.- Sabías que irías, mucho tiempo antes no ya de que naciera Sara. Incluso antes de que supiéramos que venía.
- Calma, por favor.- Intervino Martín. Su hija estaba a punto de gritar. Y su mujer, casi también.- Tu hermana también irá, llegado el momento. Y hasta puede que cuando cumplas los once años lo estés deseando. Un castillo encantado en el que dedicarse solamente a aprender magia, y sin tus padres cerca…
- ¡No voy a desearlo nunca!- La niña estaba de pie y los miraba con furia.-¡Nunca!
Dicho aquello, salió corriendo fuera de la cocina. Amparo dejó escapar un suspiro exasperado, se limpió a toda prisa las manos en un trapo y se lanzó en pos de la criatura.
- Cuida de Sara.- Se despidió con un siseo. Martín se giró para observar a la menor. Sara había dejado de mordisquear el pan y contemplaba la escena, como preguntándose qué diablos había acontecido entre sus padres y su hermana. Martín le dedicó una sonrisa, agradeciendo que la niña no se hubiera puesto a llorar con el alboroto que habían causado.
En el piso de arriba, Amparo debía estar echando una buena regañina a la mayor. La niña pasaría muy enfadada una buena parte de la tarde, pensó al ver bajar a Amparo al poco tiempo, con una cara muy disgustada.
- Está castigada. No podrá salir de su cuarto hasta que no haya terminado correctamente los ejercicios de francés. Y no subas a ayudarla cuando yo no esté en casa, que te conozco. Lo que ahora nos faltaba, que encima tenga celos de su hermana…
- No la ayudaré con el francés, descuida. El castigo se lo merece por desobediente y contestataria. Pero no creo que sean celos… Parece más bien la última excusa. No nos engañemos, nunca ha querido ir a Beauxbatons.
Amparo abrió la boca para protestar, pero Martín alzó una mano, rogando silencio para poder continuar exponiendo su punto de vista.
- Ya se que tu fuiste a ese colegio. Pero la mayoría de los Magie Hispanii se educan en scholas de magia, a la vez que van a escuelas normales. Puede que no seamos tan sofisticados y refinados con las varitas, pero creo que nuestra magia no tiene nada que envidiar a la de los gabachos.
- Te recuerdo que yo nací en Marsella. Como mi padre. Desde un punto de vista mágico, soy tan gabacha como española. Y fui a Beauxbatons.
- Tu no eres gabacha. Como mucho, se puede decir que los Moltó, como familia, sois brujos del Mediterráneo occidental. Marsella, Roma, Sicilia, Orán, Mallorca, Melilla, Valencia.- Martín enumeró los puertos mágicos en los que residían parientes de Amparo, dedicados desde hacía generaciones al tráfico marítimo mágico, aunque todos tuvieran origen en las costas valencianas. Pero se cuidó muy mucho en añadir que a veces le parecía que era un poco fenicia.- Conocéis cómo se educa a los magos en distintos lugares. Pero la sede central sigue estando aquí… Y yo no debo parecerte tan mal…
- Martín.- Amparo estaba un poco exasperada.- No me vengas con si me pareces bien o mal. Mis hijas recibirán una buena formación mágica, pero parece mentira que tu precisamente, que viajas por todo el país, no te hayas dado cuenta de la situación actual.
- ¿De qué exactamente tenía que haberme dado cuenta?
- La España non magique.- Amparo hizo una pausa, como si le pareciera sumamente evidente lo que quería decir.- es pobre y está atrasada. Y sus dirigentes no hacen nada por remediarlo.
- Precisamente. Mi madre y Graciana tienen fama de curanderas en Vera. La gente no mágica les pide consejo para sus dolencias y las de sus animales. Siempre les hemos ayudado… Se supone que si tienes un don, es para usarlo en beneficio de los demás. De manera discreta, porque no están muy preparados para asumir la magia, pero…
- Una cosa es un pueblo perdido en las montañas, otra la nación en su conjunto.- Amparo le interrumpió.- Nuestra prosperidad ha costado muchos esfuerzos y se sustenta en la unidad de la comunidad mágica y su separación tajante del devenir de la historia no mágica. 1212 ¿Te acuerdas? Si insisten en no prestar atención a las desigualdades, la situación puede desembocar en una revolución. Y en tal caso, lo mejor es no tener nada que ver con ellos.
- Pero Amparo… no te entiendo. ¿Qué tiene que ver no inmiscuirse en la historia no mágica con ir a un internado de magia en Francia?
- Mi primo Jean Michel…- Empezó a recordar Amparo.-… iba a la tarika de Orán, con magie bereberes, franceses, italianos… cuando estalló la guerra de los non magiques se alistaron todos. Murió en los Dardanelos. Tampoco te acuedas…
- Conozco la historia de Jean Michel. Pero él era un Pied Noir. Seguramente sentía un compromiso con Francia. De no haber marchado con las tropas Ingenuas lo habría hecho con magos. Los hubo entre los aliados.
Amparo echó un vistazo a Sara. La niña parecía percibir que algo estaba pasando entre sus padres, porque no osaba hacer ni un ruido. Hasta había dejado de mordisquear el pan. Compartía rasgos con la familia de su padre y con ella misma pero había algo que trataba que no la perturbara: sus ojos. Los Amatriaín decían que eran de ellos, pero no conocía a ni uno solo que los tuviera de aquel tono ambarino. Y sin embargo, muy de tarde en tarde, aparecían entre los Moltó.
Martín estaba a punto de levantarse de la silla. Sabía que tenía que hacerlo con cuidado para no resentirse de sus traumatismos, pero por otro lado sabía que Amparo necesitaba su presencia. Había empezado a erguirse cuando se escucharon unos golpes en la puerta de la calle. Amparo, apretando los dientes, hizo un esfuerzo mental para situar a un lado la cuestión familiar. Esperaba que quienquiera que fuera quién venía a importunar, tuviera una buena razón para ello. No estaba el horno para tonterías.
Abrió la puerta con más energía de la que hubiera querido, para toparse de frente con otro de sus primos; Jean Paul Paulet, hijo de una hermana de su padre. Era un mago moreno, no muy alto y de ojos grises y risueños, que hizo entrada con un sonoro Bonjour.
- Ah, Jean Paul.- Le saludó Martin con cordilidad.
- Estoy en Valencia por unas horas y he pensado en haceros una visita.
- Si vienes a insistir en la propaganda sobre el internado francés, no es el momento más adecuado. Mi hija está ahora mismo muy enfadada por ese tema.
El aludido negó con la cabeza con energía.
- Ah, muy amable. ¿Quieres tomar algo? ¿Un vino, una cerveza? .- Martín se levantó con cierto trabajo y sacó su varita.
- O quizás quieras quedarte a comer... estaba preparando la comida.
- Tengo una reunión dentro de media hora en el puerto.- Dijo Jean Paul sentándose a la mesa y haciendo una cucamona a Sara.- Solo quería comentaros las noticias. Se dice por todos lados que van a extraditar a Grindelwald.
- ¿Traerlo a Europa?- Amparo se sentó también.- Supongo que el Ministerio de Magia de Suíza debe tener una lista larga de cargos.
- Y el MACUSA estará encantado de librarse de tan ilustre residente...- Añadió Martín.- No creo que lamenten quitárselo de encima.
- Yo personalmente, prefiero que se lo queden.- Dijo Jean Paul.- Es un mal bicho. Cuanto más lejos de nosotros, mejor.
- Ya veremos qué pasa.- Concluyó Martín.- Y hablando de otra cosa... ¿sabes algo de mi primo y su familia?
- Oh, los ví hará un par de semanas. La niña ya camina, debe ser mucho mayor que Sara...
- Jean Paul, qué poco sabes de niños.- Objetó Amparo.- Catalina tiene solo seis meses más que Sara. Pero a estas edades, es casi un cincuenta por ciento de la vida de una persona.
- Ya... El caso es que la cría parece el doble que la tuya, no te ofendas... y en cuanto a su integración... los magie de la Tarika los han aceptado bien, a pesar de ser gente tan diferente...
- Ya estamos. Cierto que los de mi Tradición no somos lo más refinado, pero eso no quiere decir que no seamos capaces de convivir con otras Tradiciones... miramea mí.
- Eso es más bien mérito de mi prima, no te ofendas.
Los dos soltaron una carcajada al alimón y continuaron hablando de otras cosas intrascendentes.
Continuará.
