3. Trabajo, por favor

– Rukia Kuchiki, 23 años, secundario completo, computación avanzado, inglés avanzado – comenzó a leer la secretaria.

– Es suficiente, puedes retirarte – dijo amablemente Ichigo, sin mirar a la secretaria, que hizo una mueca y salió de la oficina. El joven médico no dejaba de mirar a Rukia. – ¿Tu eres la recomendación de Byakuya? – preguntó con sorna Ichigo. No le gustaba para nada el aspecto de la chica. Traía unos jeans negros ajustados, una blusa blanca suelta y un bolso de mano. Tenía los anteojos de sol sobre la cabeza.

– Soy Rukia Kuchiki, ya lo escuchaste – dijo despectivamente, dudando que él fuera realmente médico. Miró alrededor, en las paredes, hasta que localizó el diploma. Sonrió levemente.

– Muy bien. ¿A qué has venido? – debía ignorar los comentarios ácidos de la joven y dedicarse a lo que su padre le había encomendado.

– Vine porque mi hermano me pidió que lo hiciera. No estoy interesada en trabajar, pero él me obligó – fue sincera, directa y no vaciló ni un sólo instante.

– ¿Quieres decir que vienes a pedir trabajo a mi clínica pero no quieres trabajar?

– ¿Tú clínica? ¿No será la clínica de tu padre? – había algo en él que la provocaba. Tal vez era su forma de hablar, o la forma en que la miraba, pero no podía dejar de contestar de aquella forma.

– Serás mi secretaria – dijo, sonriendo. – Hallibel es la secretaria de mi padre – se puso de pie. – Y es hora de que yo tenga mi propia secretaria. ¿Quién mejor que una Kuchiki? – fue lo más irónico que pudo.

– ¿Secretaria? Bueno, me gusta. ¿Cuándo empiezo?

– Ahora mismo. Hallibel preparará todo – la miró. – Pero debes vestirte apropiadamente – la puerta se abrió estrepitosamente y un hombre joven con guardapolvo entró hecho una furia. Lo primero que vio Rukia fueron sus zapatos, de un exquisito cuero negro y muy brillantes. Luego su jean azul marino, sin ni una arruga. Más arriba comenzaba el guardapolvo blanco que llevaba desabrochado y pudo leer "Dr. Ishida". Miró directamente a la cabeza de ese intruso y notó su cabello azulado y sus anteojos. Luego observó a Ichigo, que estaba atónito frente a la actitud del que entró.

– ¿Qué te sucede? – le preguntó, extrañadísimo por las formas de su compañero.

– Tu padre se ha vuelto loco – sentenció, como si se tratara de una revelación de la Providencia. La expresión de Ichigo delataba su incertidumbre. – Aceptó a un pendejo de diecisiete años, ¡diecisiete años! – gritó y se sentó en uno de los dos sillones a un lado del mini bar. Abrió este y sacó una gaseosa de lata. Cuando iba a abrirla, Ichigo carraspeó para atraer la atención de Uryu, que lo miró instantáneamente percatándose de la presencia de Rukia en ese preciso instante. Se puso de pie como un resorte y la reverenció exageradamente. – ¡Lo siento! – dijo. – Soy Uryu Ishida, pediatra de la clínica – se irguió y miró a la morena, levemente sonrojado. – Lamento el episodio de recién

– No hay cuidado – dijo ella, adivinando que la oficina del medicucho naranja no era muy concurrida. – Soy

– Rukia Kuchiki, mi secretaria – interrumpió Ichigo, con una sutil sonrisa socarrona en los labios. Rukia apretó los dientes. – Puedes dejarnos solos – ordenó a la morena en pose de jefe.

– Está bien, Kurosaki – dijo ella, con enfado. Se levantó de la silla y se fue, dando un pequeño portazo que Ichigo supo interpretar correctamente: estaba mosqueada. Sonrió.

– ¿Qué es lo gracioso? – soltó Uryu, ofuscado. Tomó un sorbo de su gaseosa. – ¿No te das cuenta que tu padre admitió a un adolescente? ¡Estamos en la ruina!

– No es tan grave. Un chico de diecisiete años... – reflexionó en voz alta. – ¿Y cuál es su patología? – preguntó, sin demasiado interés.

– No tengo idea – en ese instante, Uryu cayó en cuenta de que no sabía cuál era el diagnóstico con el que el "pendejo" había entrado. – Pero lo vi de lejos. Estaba en silla de ruedas y no habló ni una sola palabra

– Será mudo – bromeó Ichigo, recostándose en su sillón. – ¿Qué me dices de mi secretaria nueva? – sonrió triunfal.

– Me da igual


– Permiso – la dulce voz de la enfermera llamó la atención de los presentes en la habitación número cuatro. Los dos hombres la miraron, el joven continuó en con sus ojos en la ventana. Ella traía una chaqueta rosada con algunas puntillas y un pantalón de jean.

– ¡Pasa Orihime! – dijo animadamente el hombre más grande, que llevaba un guardapolvo. – Él es el señor Aizen – presentó al hombre más joven, que estaba muy elegantemente vestido.

– No debes ser tan formal, Isshin – lo regañó el castaño. – Soy Sosuke Aizen, un gusto – le extendió la mano a Orihime, que se sonrojó levemente ante la mirada del "señor Aizen".

– Ella es Orihime Inoue, la mejor enfermera que tenemos – guiñó un ojo a Sosuke. – Me encargaré de que ella sea la única que atienda a tu – dudó y Aizen sonrió.

– Ahijado – concluyó la frase.

– ¿Ahijado? ¿Cuántos ahijados tienes?

– Muchos, muchos – bromeó. – Entonces tengo que quedarme tranquilo, si esta linda señorita cuidará a Ulquiorra, doy por hecho que estará en buenas manos

– Ulquiorra – pronunció por lo bajo Orihime. Miró al joven. Estaba perdido en el parque que podía verse a través de los cristales de la ventana. Era pálido y tenía el cabello negro azabache que le caía levemente sobre los hombros. Sonrió. Él se veía como un niño pequeño, pero su cuerpo era de grande.

– Entonces te dejo a cargo, Hime – fue lo último que escuchó antes de que los hombres salieran del cuarto. Se acercó a la cama y tomó la planilla de la mesa de noche.

– Ulquiorra Cifer – comenzó a leer en voz alta, intentando llamar la atención del chico. – Diecisiete años, 1.69 metros, 55 kilos – no continuó leyendo debido a que se sorprendió por su diagnóstico. Al fin, él volteó a verla, pero no dijo nada. Notó que sus ojos eran enormes e inexpresivos, de un precioso color verde esmeralda. Sonrió involuntariamente. – Hola – le dijo, él no contestó.


¡Hola! Aquí fue mi modificación. Ulquiorra es un joven adolescente, un "pendejo" según Uryu, que entró en la clínica vaya a saber uno por qué (más tarde le preguntamos a Isshin). Orihime se encargará de él y veremos qué sucede. Por otro lado, Rukia e Ichigo se llevan como de costumbre, mal xD.

Nos vemos en el próximo! Gracias por leer!