Hola! ¿Cómo están? Espero que bien.
Me alegra poder subir este capítulo tan pronto, es que como los estoy haciendo tan cortitos, puedo subirlos antes. Quise caracterizar este fic justamente por eso: capítulos cortos, intensos, con una dinámica rápida, que no deje que se pierda el hilo de la historia.
Espero puedan dejarme sus comentarios y sugerencias, a las cuales estoy absolutamente abierta.
Nos leemos, Mary
6. Intento de libertad
– ¿Cuál es el problema? – preguntó por enésima vez Uryu mientras conducía, sin dejar de mirar al frente. Las luces de los autos lo encandilaban cada tanto. Ichigo, que viajaba sentado en el asiento del acompañante, lo miró.
– Nada
– Mientes – acotó su amigo. – ¿Es por el pendejo? – refiriéndose a Ulquiorra. Tenía entendido que ya había discutido varias veces con Orihime por la culpa del joven. Ichigo negó con la cabeza y chasqueó la lengua.
– No – dijo y apartó la vista hacia la ventanilla. – Hoy vi a uno de los matones del Gato Negro en la clínica
– ¿Qué? – muy extrañado.
– Era el de cabello celeste – aclaró.
– ¿Y qué hacía allí?
– Dijo que Nell es la hija de un amigo y fue a verla
– ¿Lo entrevistaste? – no cabía en su asombro.
– Lo cité para el lunes – estaba disconforme pero no le había quedado otra opción. – Tenía que ir a ver a mi padre
– Al fin fuiste a verlo… ¿Te dijo algo importante?
– No – se cruzó de brazos. – Sólo improperios sin sentido y ridiculeces sobre el matrimonio y los hijos – Uryu rió levemente.
– ¿Saldrás esta noche? – cambió de tema cuando estaba en la esquina de la casa de Ichigo.
– No cre, estoy cansado – era cierto, pero tenía muchas ganas de volver a ver a esa mujer. Desde que bailó con ella el fin de semana anterior, una parte de su mente se mantuvo ocupada intentando averiguar quién era el "Gato Negro". Esa noche iría solo y la buscaría. Estaba seguro que ella iría a por él.
– Está bien, yo estaré estudiando. Cualquier cosa nos hablamos – le informó Uryu, sin dudar de las palabras de Ichigo.
– Gracias por ir a buscarme
– ¡No fui a buscarte! Olvidé unos apuntes… – refutó el comentario de Ichigo con molestia. El pelinaranja sonrió.
Rukia estaba exhausta. Su primera semana de trabajo había sido agotadora. Miró el reloj, eran las 4 pm. Bufó y se levantó del escritorio comprobando que su computadora estuviera apagada. Tomó su cartera y su saco del perchero y se dispuso a encontrar rápidamente la salida, saludando a los que encontraba en el camino.
Antes de llegar, vio el auto negro de su hermano estacionado en la puerta y comenzó a sudar frío. ¿Qué había ido a hacer allí? Atravesó los cristales y miró hacia los lados, cuando notó que le hacían señales de luces desde el coche. Tragó saliva y se encaminó. Abrió la puerta del acompañante y sin mirar, se sentó. Cerró la puerta.
– Traes cara de enferma – la voz de Renji la sorprendió tanto que dio un salto en el asiento.
– ¡¿Qué haces tú en este auto? – gritó.
– El tuyo está en el lavadero – dijo. – Necesitaba limpieza – la miró. – Realmente te asustó la idea de que Byakuya te hubiese venido a buscar – se burló y rió.
– ¡Cállate! Vamos – Renji arrancó el moto.
– ¿Irás otra vez al Gato Negro? – preguntó con sorna. Rukia lo miró muy mal.
– Ni de broma – de pronto recordó la presencia del peliazul en la clínica. – ¿Qué sabes tu de un tal Grimmjow?
– ¿Y tú cómo lo conoces?
– Tiene un pariente internado en la clínica. ¿Sabes o no sabes?
– Estuvo preso – su rostro cambió. – Salió hace poco y el jefe lo tomó como guardia. Parece buena gente, pero estaba metido con los narcos – miró de reojo a Rukia. – Sé que estaba buscando trabajo para hacerse cargo de su sobrina o algo así
– Entonces es eso – se estiró ruidosamente. – Estoy cansada – Renji rió, provocándola.
– ¡Era hora de que trabajes!
Orihime miró el reloj de la habitación. Colgaba sobre la cabeza de Ulquiorra, que permanecía sentado en la cama, recostado sobre unas almohadas. Eran las 5 pm. El sol alumbraba el parque. Ichigo ya se había ido y sólo pensar en él le daba rabia. De pronto se levantó como un resorte de la silla. El ojiverde la miró.
– ¿Quieres ir al parque? – era una idea genial. Si no estaba Ichigo allí era lo mejor que podía hacer. Sacar a Ulquiorra afuera después de tanto tiempo encerrado le parecía excelente. Se sentía llena de energía. – ¿Qué sucede? – se acercó y se sentó en la cama junto a él. – No creo que te guste estar encerrado todo el día – le tomó la mano y él, como un acto reflejo, la quitó. Miró profundamente a su enfermera. Ella se perdió en sus ojos verdes. ¿Cómo un joven con unos ojos tan hermosos podía estar en ese estado? – Veo que no quieres ir – se levantó, con mal sabor de boca. – Quizá sea mejor que me vaya – dijo, alejándose hacia la puerta. Él volvió su vista a la ventana. Orihime salió.
