*Esta historia se desarrolla en la época moderna.
Kikyo's POV:
"Una larga nota escrita a mano, en lo profundo de tu bolsillo"
No podía dejar de pensar en aquella nota que había dejado en su chaqueta, justo cuando se había distraído hablando con sus amigos.
Yacía tumbada en mi cama, con la mirada perdida en el techo, pensando en qué diría, qué pensaría cuando leyera aquella carta, mis más profundos sentimientos y todo lo que había reflexionado desde aquella pelea.
Pasé las horas imaginándome su reacción, su rostro, al leer mis palabras. Revisaba mi móvil una y otra vez esperando ver un mensaje suyo, diciéndome que todo volvería a ser igual, que me amaba como yo a él, que me extrañaba. Pero lo único que encontré fue siempre lo mismo, nada excepto el pasar del tiempo.
Mi mente comenzó a crear suposiciones, historias, escenas. Me torturaba.
―¿Por qué no dices nada?―Murmuré desanimada, mientras miraba una última vez la pantalla de mi celular en busca de su respuesta.
Con desgano, me levanté de mi cama y busqué algo de comer.
Ya era tarde, el sol se había puesto hace rato, mi madre aún no llegaba y mi hermana menor, Kaede, se hallaba en su habitación haciendo los deberes de la escuela.
Cuando llegué a la cocina tomé unas galletas y me dirigí de vuelta a mi jaula, aquel lecho donde sentía iba a morir.
Me eché de nuevo en mi cama y deje las galletas a un lado, como olvidando el hambre que supuestamente tenía. Me encerré nuevamente en mi mundo. Sin embargo, solo fue por unos minutos más, ya que un corto sonido proveniente de mi teléfono me sacaron de mi misma. Exaltada, me incorporé de golpe y tomé mi celular con la esperanza de que fuese él.
Me paralicé al descubrir que había una notificación suya, era un mensaje de texto que decía:
"Véme"
Sabía perfectamente lo que esto significaba y el lugar donde estaría esperándome.
Me levanté rápidamente y lancé el móvil en mi bolsa. Bajé las escaleras agilmente, y mientras me dirigía a la puerta, le avisé con un grito a mi hermana que saldría. Tomé la chaqueta que se encontraba en el perchero enseguida de la salida, y salí azotando la puerta.
" Palabras, qué poco significan cuando es demasiado tarde"
Mientras corría hacía la estación del tren, me puse la chaqueta como pude, no había tiempo que perder. No estaba muy lejos de esta así que en un parpadeo ya estaba allí, esperando aquel tren que me llevaría con él.
Como un relampago en el firmamento, llegué al parque donde siempre nos veíamos, donde comenzamos a creer , donde todo parecía ir bien...hasta que las hojas cayeron y el invierno congeló su mirada.
Me senté en una banca con la intención de esperarlo allí, pero era él quien ya me esperaba. Iluminado únicamente por los faroles del lugar y la tenue luz de la luna, vi su silueta colocarse en frente mio.
―Inuyasha―Murmuré mientras levantaba la mirada para poder ver su rostro. Sombrío, callado.
―Kikyo―Respondió él, falto de emoción, como si yo no fuese nadie. Mi corazón comenzó a latir fuertemente. De repente hacía más frío de lo habitual.
―¿Leíste la...?―Comencé a decir con voz temblorosa.
―Sí―Cortó.
―La leí―Murmuró desviando la mirada.
Callé y bajé la vista.
El peliplata suspiro, y yo cerré los ojos con fuerza esperando la estocada final.
―Esto se acabó, Kikyo―Sentenció.
Aquellas palabras me atravesaron como una puñalada, todo mi mundo se derrumbó en cuestión de segundos. Silenciosas lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.
Un silencio incómodo se posó entre ambos.
―¿Se acabó?―Murmuré incrédula, permaneciendo cabizbaja ante el pesar.
―Kikyo, yo...―Comenzó a excusarse, y mi sangre hirvió.
―¡¿Se acabó?!¡¿Eso es todo?!―Mascullé mientras la tristeza se transformaba en cólera. Levanté lentamente la vista, nublada por el llanto, para enfrentarme a él.
―Lo siento―Murmuró.
Mentira.
―¡¿Lo sientes?!―Le reclamé iracunda.
―¡No Inuyasha, tú NO lo sientes!―Exclamé levantándome de salto con la intención de deshacer mis pasos e irme por donde había llegado. Había estado perdiendo mi tiempo, mi maldito tiempo.
―Créeme, lo hago. Es más difícil de lo que crees―Declaró tomándome de la muñeca, tratando de detenerme y hacerme escuchar mil engaños más.
―¡No, nunca lo hiciste!―Le grité safándome de su agarre, y luego me eché a correr como nunca antes en mi vida, dejando una estela de lágrimas por todo el camino.
"Me paré junto a las vías, tu rostro en un medallón"
Mientras esperaba el tren, sentía como si él estuviese en todas partes. Creía verlo pasar en frente mio, o a mi lado, pero solo eran simples personas esperando lo mismo que yo, un vagón devuelta a casa.
Elevé la mirada al escuchar el tren aproximarse, entonces, mientras este se detenía, ví su rostro tras de mí, reflejado en las ventanas. Mi mente jugaba conmigo de nuevo.
"Chicas buenas, esperanzadas serán y mucho esperarán"
Cuando arribé a la estación indicada corrí al lago a unos cuantos minutos de allí.
Miles de pensamientos se avalanchaban sobre mí. Arrepentimiento, dudas, reclamos. Todo para culparme por esto.
"Esto es lo que sucede cuando eres una tonta ingenua." Me reproché a mi misma al tiempo que me recostaba en un árbol, justo enfrente del agua.
"Tuvimos un hermoso, mágico amor allí"
Miré al cielo e, hipnotizada por la luna, comencé a recordar todos aquellos momentos que me habían hecho creer que esto duraría por siempre.
Nuestro primer beso, como él me miraba cuando me veía llegar, como me llegaba a sonrojar los primeros días, aquella conocida sensación en mi estómago, los paseos que dábamos sin importar la hora, todo lo que juntos hicimos y a todos los lugares que fuimos. Lo que eramos.
"Que triste, hermosa y trágica aventura amorosa"
Pero luego, recordé que todo ello se había terminado, y la agridulce memoria de sus palabras impactaron en mi mente, trayéndome de vuelta a la gélida realidad.
Y me dí cuenta que solo era una más en su colección, y que esto, solo había sido una bella y trágica historia de amor.
