Inuyasha's POV:
"Cazandote, puedo olerte vivo"
―Sé que estás ahí, puedo sentirte―Mascullé.
Sabía con precisión que no podía ser nadie más que ella, pues de alguna manera había vuelto, y con ella su olor y su esencia.
―Kikyo―Suspiré agobiado. Era un puñado de almas en un frágil y bello recipiente de barro.
La noche me invitaba a perderme en lo profundo del bosque, salir a buscarla, renunciando a todo sólo por ella. Pero no podía, no debía, si me entregaba a ella ahora no habría retorno; me hechizaría con sus hipnotizantes palabras y me condenaría junto a ella.
Debía resistir aquella macabra tentación.
"Tu corazón latiendo en mi cabeza"
―¡Déjame!―Gruñí, No quería despertar a nadie y que me viesen en esta absurda situación. Llevaba un largo tiempo sobrellevando su desesperado llamado.
"Inuyasha, ven" Murmuraba aquellas palabras en mi cabeza, y por más que tratase, no podía ignorarlas.
Me aferré a la poca cordura que me quedaba.
"No es real, Kikyo murió. No vayas, es una trampa" Me repetía intentando de calmar aquel torbellino de sentimientos que pedían a gritos por ella.
"Observándome, deseándome
Puedo sentirte derribándome"
"Sabes que no podrás resistir por mucho más" Su sinuosa voz me incitaba a seguirla y perderme eternamente en su interior.
―¡Basta ya, no caeré en tu juego!―Sentencié entre dientes; pero, las voces solo se incrementaron, como una ola sobre mí. Sentía que me rompería en cualquier momento. Perdería la cabeza.
Me levanté con un tosco salto y, exasperado e impotente, pretendí alejarme del lugar donde emanaba su esencia, caminar hacía el lado opuesto, escapar. Sin embargo, me percaté de que lo único que hice fue seguir su rastro, justo en su dirección.
―¡Sé que estás ahí!―Exclamé frenando en seco, justo en el umbral de aquel bosque espeso y encantado por su perfume.
"¿Qué estás esperando entonces, amor?"
"Temiéndote, amándote"
Caí de rodillas, no podía soportarlo.
―¿Por qué haces esto?―Cuestioné en un susurro, estaba exhausto.
"Aún me amas, no puedes negarlo. Ven" Se jactó de ello con tanta convicción que cualquiera lo hubiese creído sin siquiera pensarlo.
―¿Te...amo?―Murmuré.
―Sí―Fruncí el ceño.
―Y es por eso que debo dejarte ir.―Sentencié incorporándome sobre mi rodilla, deshaciéndome de todo el peso que yacía sobre mí.
"No dejaré que me derribes"
Logré levantarme y con renovado valor me volví hacía el lugar donde me encontraba antes de esta pelea entre corazón y razón, el lugar donde yacían mis verdaderas intenciones.
Y entonces, al verse vencida, calló.
