Kagome's PoV:

"Más allá de los ecos
Escondido en las sombras"

El destino me llevó quinientos años atrás en el tiempo para cumplir una misión, terminar el trabajo, y encontrarlo de nuevo bajo aquel árbol.

Algo como esto, salido de un cuento de hadas, jamás se me hubiera cruzado por la mente me fuese a suceder. Sin embargo hoy estoy aquí, bajo el sol del Japón feudal. A su lado.

"Ahí estás tú,
Ahogado en tu misterio"

Inuyasha.

Un atormentado y temeroso corazón, en el cuerpo de un chico mitad demonio. Quien, en su camino por encontrar su lugar, creyó un día en las personas equivocadas, arrebataron su único amor y lo colocaron en su contra. Por ello, él se ha vuelto frío, o eso pretende ser, pues sé bien que dentro suyo todavía existen los sentimientos que han de salvarlo de la oscuridad.

"Yo solo comenzaba
a ver tu fantasma"

Entonces, me ví envuelta por su aroma, movida por su espíritu. Estaba encantada. E inocentemente creí que que algún día me correspondería.

Pero ni siquiera estaba en mi época.
¿Qué podría esperar de un mundo al que apenas llegaba?

Y fué allí cuando sentí una puñalada en el corazón. Ella besaba sus labios, y él no lo pensó dos veces para entregarse a su abrazo.

"Pero debes saber
Que estaré aquí esperando"

Aún así, al cabo de un tiempo mi mente se aclaró y supe que mi lugar era a su lado, sin importar lo que este me diese a cambio. Porque lo amaba, y era eso lo único que importaba.

"—Déjame permanecer a tu lado, Inuyasha."

—Inuyasha—Suspiré levantando la vista al cielo nocturno. La leve brisa agitaba el pasto y las ramas, las hojas caían y se mecían en la melódica canción del viento.

El hanyō había salido hace dos días, y aún no había rastro de él, ni una sola señal. Temía por su vida.

"Esperando, rezando para que
esta luz pueda guiarte a casa"

Y aún así, no podía hacer nada al respecto, pues Sango había sido herida de gravedad en la última pelea y no la dejaría sola. Debía aguardar pacientemente.

Me sentía impotente, inútil, la ansiedad me carcomía. Se había marchado sin dar razón alguna. Tal vez iría a enfrentarse con su hermano, o quizás estaría con Kikyo, entregándose a ella para siempre. No, no, no, o peor aún, podría estar buscando a Naraku solo; con lo terco que puede llegar a ser, creyendo que puede hacerlo todo a su manera.

Más yo confiaba en que regresaría, en mi corazón podía sentir su presencia, y mientras esta no desapareciese todo estaría bien.

"Cuando te sientas perdido,
dejaré mi amor…"

El amanecer se abrió paso y el sol se asomó en el horizonte. Las aves cantaban, los animales comenzaban a despertar. Y yo, bueno, estaba sentada en la pendiente frente a la casa donde nos refugiamos, aferrada a mí misma, con la ferviente esperanza de verlo de nuevo, sano y salvo.

Una lágrima cayó, una tras otra por mis pálidas mejillas. Allí estaba su silueta en medio del paisaje. Se dirigía a paso lento hacía el lugar donde nos encontrábamos sufriendo por la incertidumbre del no saber. Imaginando terribles cosas, suponiendo lamentables situaciones, negando un posible adiós.

—¡Inuyasha!— Chillé sonriente, mientras me levanté de un salto para correr a su encuentro. Mi corazón estaba por salirse de mi pecho, me jugaba una carrera y los brazos del chico eran la meta.

En aquel momento este se detuvo, como si mis palabras lo hubiesen conjurado al suelo, y levantó la mirada hacia mi.

Estaba luchando contra sí mismo, me dí cuenta entonces de lo mal que se encontraba. Sentí una punzada en mi interior.

No pude evitar perder el aliento al notar sus heridas y su rostro, marcado por la sangre demoníaca; sin embargo, sus ojos dorados conservaban su cordura en un fino hilo.

—Kagome, no te acerques— Murmuró entrecortado, casi como un gruñido. Advertía perfectamente lo que sucedería si este perdía el juicio. Podría lastimarme, podría ser mi fin.

"Escondido en el sol"

La creciente luz de la mañana no bastaron para cegarme, y me abalancé sobre él en un abrazo. Sentí en aquel instante como los latidos de su corazón se tranquilizaron, la calma después de la tormenta.

—Kagome, te dije que…—Se escuchaba melancólico, casi adormecido.

—¿¡Inuyasha, estás bien!?—Lo interrumpí, presa de mi agobio.

—Sí.

—¡Estaba tan preocupada!¡Creí que te había perdido!—Me aferré a él, sin importar nada más, como si en cuanto lo soltase este fuese a esfumarse. Mis lágrimas empaparon sus telas.

—Estoy bien, Kagome—Reiteró rodeandome con uno de sus brazos, acercándome a su cuerpo, a su alma.

"Para cuando venga la oscuridad"

—¿Por qué te marchaste sin más?

—Yo...—Murmuró el peli plata, más este desvió la mirada como si evitara que viese a través de él.

—Está bien, no importa. Has regresado—Sonreí, y lo tomé con cuidado de la mano para dirigirnos a la choza.

Pero en cuanto me dispuse a caminar, Inuyasha me atrapó nuevamente en sus brazos.

—Espera—Sentenció, y la sorpresa creció en mí.

—Lo haré—Sonreí devolviéndole el abrazo.

Quedé irremediablemente embriagada por su olor, y en el sonido de su voz todo retomó su curso.