Disclaimer: Naruto © Masashi Kishimoto.


—Sasuke —llamó Sakura con un tono sereno, captando la atención de éste. Él levantó la mirada, esperando a que siguiera hablando. Sakura se aclaró la garganta y volvió hablar, ahora con un tono curioso—. ¿Era verdad aquel rumor de que te gustaban las chicas con el cabello largo?

Sasuke enarcó una ceja algo desconcertado, sin realmente haberse esperado eso. Cuando iba a pregunta el porqué de esa pregunta tan peculiar, Sakura, anticipando eso, volvió hablar:

—Me reuní con Ino hoy, hablamos del pasado y de alguna manera, terminamos hablando de eso. Ciertamente me pregunto lo mismo —explicó—. Y antes de lo pienses, sí, después de tantos años, y casada contigo, me lo pregunto. Así que dime, ¿Era verdad?

Sasuke se encorvó, haciendo un mmhh —haciendo que Sakura soltara una risita que él pasó de largo— y pensó en su pregunta. Después de unos segundos de silencio, él volvió a hablar:

—Mi madre —comenzó, de una manera soporífera— solía tener el cabello largo. Ella nos dejaba a mi hermano y a mí peinarla; disfrutaba hacerlo, porque podía enrollar mis dedos en su pelo. Diría que sí, porque mi madre lo tenía largo.

Sakura se quedó callada, mirándolo con una sonrisa un poco penosa, como disculpándose. Sintiendo su culpa, Sasuke negó la cabeza de manera amable, como diciéndole «No es tu culpa, tranquila».

Eso pareció ayudar, porque Sakura volvió a sonreír con carisma. De forma dulce, entrelazó un dedo con el mechón de su cabello corto.

—Ummm —tarareó—. ¿Debería volver a dejarme crecer el pelo? ¡Así podrías Sarada y tú peinármelo! O mejor, así te gustaría un poco más, ¿No lo crees? —bromeó, con la intención de dejar atrás aquel momento tan pesado de hace unos momentos.

Sasuke sólo se encogió de hombros, indiferente.

—Haz lo que quieras. Corto o largo, da igual. A mí me gustas tú —murmuró, más para él mismo que para ella. Sakura parpadeó, sonrojándose un poco y sorprendiéndose con su respuesta tan… tan él.

Sasuke y sus formas raras de decirle que la quería… Sakura sabía que jamás se cansaría de ello.

—¿Incluso si me quedo calva? —bromeó, empezando a acurrarse a él de manera gentil, no queriéndole aturdir. Pero a Sasuke no le pareció importar, porque empezó a moverse para que ella estuviera cómoda.

Él solamente suspiró, con una pequeña sonrisa visible en su rostro: —Incluso si te quedas calva.

La risa de Sakura le dio paz.


Cuando Sarada llegó a casa después de una exhausta misión con su equipo, se extrañó con el ambiente silencioso que abrazaba su hogar. Confundida, vagó por la casa, llamando a su madre o si había alguien en casa. Por casualidad, fijó su mirada en la sala de estar de su casa, y, ni bien llegado al umbral de la habitación, se encontró con una escena que le hizo parpadear y sonreír al a vez:

En el sillón de la sala estaban sus padres dormidos. Estaban dormidos de una manera tan pacifica y serena que daba envidia. Sakura tenía la cabeza apoyada en el hombro de su esposo de manera suave y feliz. Su sonrisa ensoñadora lo decía todo. Sasuke se encontraba a su lado, un poco recto y atraía a Sakura hacia su lado porque cada vez que hacía el más mínimo movimiento, inmediatamente la jalaba hacía a él, buscando su calor.

Sarada sonrió, y negó la cabeza, intentando ahogar su risa. Solo Dios sabía cuánta era sus ganas de encontrar la cámara para tomar foto de aquella escena tan extrañamente bonita.