Los personajes no me pertenecen, exclusivamente a sus creadores. Nagita e Igarashi. Aporte navideño. Historia alterna, época actual.

EPÍLOGO

Había pasado ya dos años desde que los rubios iniciaron una relación, se están preparando para celebrar los Santos Reyes magos, Jimmy al estudiar las culturas de varios países, le encantó la de México, partirán la rosca con atolito de vainilla y romperá su piñata, ya tenía su carta en su zapatito y la de su hermanita Andrea, Andy así le decían de cariño, si Candy y Albert se casaron a los siete meses de noviazgo y habían tenido a la pequeña Andy, la luz de la casa, apenas tenía un añito, era un clon de Candy, rubia, pecosita y ojitos verdes, Albert, su hermana y la tía Elroy, estaban vueltas locas con la pequeña, Jimmy se proclamó su protector.

Después de esa Navidad, todo fue felicidad para todos, Jimmy por fin disfrutaba de su familia, Albert y Candy vivieron un noviazgo aunque corto, estuvo lleno de amor, amor del mas limpio y puro.

Albert la adoraba, pero ese mismo hecho, hacía que se pusiera sumamente celoso, aunque no eran celos sicopatas, lo hacian sacar su lado primitivo y marcaba territorio, Candy al ser sumamente hermosa era punto de admiración, Candy no era consciente de su sensualidad nata, pero Albert, observaba como se la codiciaban. A mas de alguno le paró los tiros. Candy se sentía adorada por Albert, lo entendía puesto que también se ponía histérica cuando Albert era asediado por las damas. Pero su amor y confianza era más fuerte, que solo quedaba en eso, simples celos normales. Pero Albert, deseaba formar una familia con ellos y no esperaría mas, hoy sería el gran día, le pediría matrimonio.

La invitó a bailar, Jimmy se había quedado al cuidado de su hermana y tía, Albert le propondría matrimonio, así que preparó todo, llegaron a un exclusivo restaurante, Albert pidió la mejor mesa, el mejor vino y una suculenta cena, Candy estaba emocionada, jamás habían hecho eso por ella, aunque podría parecer un cliché, le gustaba demasiado el detalle de su amado rubio.

Albert y Candy disfrutaron del banquete un buen vino tinto, Candy veía nervioso a Albert.

- Cariño, ¿Qué sucede? Te veo nervioso. Preguntó Candy. Albert de la emoción y preocupación de que Candy lo aceptará, se sentía torpe y no le salían las palabras. Albert intentaba sacar la cajita donde estaba el hermoso anillo de compromiso, pero se había atorado en la bolsa de su pantalón, estaba forcejeando, por fin logró sacarlo pero empleó más fuerza de lo debido, lo cual sin querer golpeó las copas y botella de vino, se se encontraban en la mesa, pero por si no fuera todo, la cajita se abrió y salió disparado el anillo como proyectil cayendo justamente en el plato de sopa de otro comensal, logrando salpicar el ojo de este con la sopa hirviendo, la señora gritó con tal magnitud que se hizo un gran alboroto, Albert al levantarse para poder recuperar el anillo, chocó con un mesero que llevaba una gran charola con varios platillos, que fueron a parar en las espaldas y rostros que se encontraban cercanos, Albert por fin llegó a la mesa donde había caído el anillo. La señora gritaba histérica, con los ojos cerrados.

- ¡Mi ojo! ¡me queme mi ojo!. Albert metió la mano en el plato con sopa, sin importar quemarse, recuperó el anillo. En eso es consciente de lo que había provocado. Candy lo miraba con la boca abierta, pero no mostró signo de vergüenza, quería morir de risa.

La señora seguía a los gritos, Albert tomó una servilleta y le froto el rostro a la señora para calmarla. Era una señora ya mayor.

- Mil disculpas, no era mi intención ocasionar problemas. Se disculpó Albert avergonzado. La señora se tranquilizó, abrió sus ojos, al ver a tan bello joven, el malestar y enojo se disipó en el acto.

La señora quedó embobada, por tener en frente a tan guapísimo muchacho.

- No te preocupes corazón, no estaba tan caliente. Contestó la señora con una gran sonrisa. Albert se levantó y al ver que todos lo veían con cara de que pensaban que estaba loco, aprovechó el momento para hacer la petición a su amada Candy.

- Señores, me disculpo por todo esto que ocasione, obviamente pagaré los daños, pero deben disculpar a este hombre que está sumamente enamorado y nervioso, dado que de querer hacer una linda petición de matrimonio, pues acabó en esto. Decía Albert viendo fijamente a Candy, Candy lo veía con adoración y feliz.

- Así qué... ante ustedes como testigos, amor mío, te pregunto:

¿Quieres compartir conmigo el resto de nuestra vida? Te amo, como jamás he amado a nadie, me harías el honor de, ¿casarte conmigo?. Dijo Albert en medio de todos, la gente del lugar esperaban con ansias la respuesta de Candy. Candy con un nudo en la garganta, de felicidad pura.

- Sí, aceptó... te amo mi amor, no sabes como te amo. Contestó Candy caminando hacia él. Se abrazaron y se fundieron en un maravilloso beso, sellando así su compromiso. La gente del lugar aplaudieron y vitorearon a este par de rubios. Se acercó la señora de alrededor de 60 años, que fue salpicada, por la sopa.

- Qué hermosa petición, hacen una linda pareja, Dios los bendiga. Los felicito. Les dijo felicitando a la pareja.

Después del safarancho, salieron del lugar, ambos rubios salieron del lugar, felices por iniciar un futuro juntos.

Candy lo invitó a su departamento, deseaba estar con él, íntimamente, sería su primera vez, sus relaciones pasadas jamás le nació la idea de entregarse, no sentía amor profundo con ellos, por eso no se entregó a nadie, pero con Albert quería todo y moría por ser su mujer.

Llegaron al departamento, Candy fue por una botella de vino, con todo lo sucedido no pudieron brindar por su compromiso. Candy nerviosa llegó con dos copas, una se la entregó a él, bebieron se miraban fijamente, Candy se acercó y lo besó, dejaron las copas en la mesita, el besó se hizo más demandante, las caricias no se hicieron esperar, Albert la acariciaba con devoción, estaba implícito que sería el día.

- Candy, ¿estás segura? Preguntó Albert galante.

- Sí, amor... estoy segura, quiero ser tuya. Contestó Candy extasiada de felicidad.

- Eres, el único hombre para mi, eres el indicado. Siempre esperé por alguien como tú. Contestó Candy, en ese momento Albert se percató, que su amada, jamás había sido de nadie.

- Candy, ¿es tu primera vez?. Preguntó Albert.

- Sí, jamás he estado con nadie. Confirmó. Albert se llenó de emoción y felicidad, la adoro todavía mas.

- Entonces amor mio, esperaré hasta que seas mi esposa, te amo y te deseo más que nada, pero mereces ser amada como dios manda. Le dijo Albert cargandola en brazos girando con ella, feliz.

Candy se sintió dichosa, sabía que su amor sería para toda la vida.

Los preparativos se hicieron rápido, con la ayuda de su hermana y tía, que se pusieron felices al saber que se casarian. Jimmy estaba doblemente contento, y agradecía al cielo, por cumplir su deseo navideño, ya no estarían sólos, tendría a un papá, tendría una hermosa familia.

Así que el 21 de agosto, unían sus vidas, se prometieron amor ante Dios y ante los hombres, como testigos, su familia y amigos. La misa y la recepción fue de un gusto exquisito, celebraron hasta el alba. Partieron a su Luna de miel, viajaron a las hermosas y paradisíacas playas de Cancún en México. Se amaron con locura y pasión, disfrutaron de todo lo que ofrecía el paisaje, pasaron excelentes días. Todo fue miel sobrehojuelas.

Al regresar de su Luna de miel, organizaron todo para que Candy y Jimmy se mudaran a la mansión, vivirían todos como lo que son, una familia.

De eso ya habían pasado dos años, donde todo era paz y armonía, su dicha se vio completa con la llegada de Sandy, pronto llegarían los invitados, partirán la rosca de Reyes, tendran una agradable convivencia.

Comenzaron a llegar los invitados, Archie con Karen, Paty y Stear e hijos, Annie y su esposo. Limaron asperezas, Annie se caso y tiene un pequeño hermoso de la edad de Sandy, después de todo lo pasado Candy y Annie se dieron la oportunidad de formar una linda amistad. Todo estaba listo, Albert, Stear y Archie, se disfrazarian de los Reyes magos, harían su entrada triunfal y repartirán los juguetes a los pequeños, todos los niños emocionados, felices por la llegada de los Reyes magos, Jimmy dio una pequeña explicación de esta tradición, todos quedaron encantados y les gustó demasiado esa tradición. Rompieron la piñata, degustaron la rosca.

Fue un dia lleno de alegría, sus pequeños se divirtieron como nunca. Se despidieron todos, después de pasar una velada estupenda. Jimmy y Sandy ya descansando después de un día lleno de sorpresas.

- Por fin solos. Comentó Albert acercándose a Candy.

- Albert, te amo... gracias por llegar a mi vida, soy inmensamente feliz.

Albert la tomo en brazos se perdieron en un beso de amor puro. Su felicidad era completa, su felicidad se debió al deseo de un hermoso ser, que pidió con todo su corazón tener una familia. Jimmy despertó llevaría sus juguetes a su habitación. Vio a sus padres bailar en en centro de su sala de estar. Adoraba ver sus padres felices.

- Gracias Dios, gracias por permitirme tener a mi familia. Pensó Jimmy Feliz.

Chicas les dejo EPÍLOGO de este proyecto navideño, espero de corazón que estén pasando un lindo día con sus seres queridos y las que tienen la dicha de ser madres y festejan este día, estarán de acuerdo que la ilusión de los niños al recibir la llegada de los Reyes magos y ver su rostro de felicidad a ver que les dejaron sus juguetes, no tiene precio. Feliz día. Besos a todas.