Capítulo 2
"Los tontos también tienen problemas".
Aunque ya habían pasado varios días desde aquella vez que Jyushimatsu había ido al karaoke con Ichimatsu, el quinto hermano no podía dejar de preocuparse por su hermano mayor. Le seguía con mayor constancia que antes y lo vigilaba aún más de lo que siempre había hecho.
En aquellos momentos estaba sentado en el borde de una cama, pensativo.
Cualquier persona, probablemente pensaría que era una exageración, pero para Jyushimatsu que sabía que su hermano era un poco diferente a él y al resto, era lo único que podía hacer para protegerle. Incluso aunque eso implicara protegerlo de sí mismo. Y no era para menos, pues Ichimatsu era bastante inestable y le costaba mantener sus emociones en calma. Tal vez por fuera se viera tranquilo pero con cualquier contacto social que hiciera con alguien desconocido ya se sentía a punto de estallar e incluso en ocasiones reaccionaba de formas estrafalarias, bajándose los pantalones, actuando de manera gatuna y violenta para espantar a la gente y de otras formas incluso más excéntricas.
En los últimos años, ya no se comportaba como un chico depresivo. Incluso, se había vuelto más apasionado con las cosas que de verdad amaba, aunque sólo fueran esos gatos que siempre alimentaba. Para Jyushimatsu esto era como si su hermano hubiese alcanzado la madurez y estabilidad pero aún así temía que tuviera una recaída. Y es que aunque él se enteró por Osomatsu, años atrás su hermano había sufrido en silencio.
Recordó que un día estaba regresando de la escuela y había un tremendo alboroto en casa. Su padre todavía no se había jubilado y no estaba en casa, su madre se encontraba llorando mientras Choromatsu y Todomatsu le abrazaban para calmarla y Karamatsu tenía sujetado en brazos a Ichimatsu.
Entró con dificultad a la casa pues sus piernas se habían entumido. El aire era muy pesado y sentía como si estuviera dentro de un sueño... o más bien de una pesadilla. No dijo ni una palabra, no podía. Simplemente no entendía nada y aunque lo entendiera un sentimiento de impotencia se apoderó de él.
Cuando la ambulancia había llegado notó que Osomatsu había estado parado junto a él con una cara de dolor. No le dijo ni una sola palabra, simplemente se limitó a abrazarle y a decirle que no se preocupara, que todo iba a estar bien. Y aunque hasta aquél momento, Jyushimatsu no había podido procesar lo que estaba viendo, al escuchar las palabras de su hermano mayor pudo comprender que era lo que estaba pasando y se abrazó a él llorando amargamente.
Los dos hermanos mayores se habían mantenido en calma, mientras que los menores lloraban amargamente, aunque Jyushimatsu sabía que querían llorar como el resto.
Ichimatsu terminó en el hospital por una semana, ya que había tomado una gran cantidad de antidepresivos y tuvieron que realizarle un lavado estomacal. Cuando todos se habían reunido para hablar sobre la situación en el hospital este no quiso decir ni una palabra.
Nadie entendía por qué Ichimatsu sentía depresión.
Días posteriores cuando Ichimatsu había salido del hospital, sus hermanos le habían hecho frente y le habían sacado la verdad a punta de insistencia y regaños.
El cuarto hermano había confesado que en realidad le acosaban en la escuela y que no quería quitarse la vida, sólo quería tomar los antidepresivos para dejar de sentir dolor, pero en su desesperación de que no funcionaron inmediatamente, había tomado más y más sobrepasando la dosis.
Y por lo visto, la mitad del salón de Ichimatsu había comenzado a abusar de él por entretenimiento, y es que ni Jyushimatsu ni sus otros hermanos estuvieron cerca de él como para notarlo. En la preparatoria habían comenzado todos en salones distintos, a excepción de Choromatsu y Todomatsu que tampoco se hablaban pues en realidad nunca tuvieron una relación muy estrecha. Pero ese no era el punto. El meollo del asunto era que desde ese momento toda la relación entre hermanos cambió.
Los dos mayores habían hecho algo que hizo que los agresores de Ichimatsu se detuvieran, aunque los menores nunca supieron qué fue ésto que hicieron. En ese incidente, el más sorprendido o afectado fue Jyushimatsu. Aunque ni siquiera él sabía por qué le había afectado más que al resto. Pero una cosa si era segura, y es que desde ese momento, el quinto hermano no le quitaba un ojo de encima a Ichimatsu y siempre estaba detrás de él, ya sea para animarle o simplemente para que nunca más se sintiera sólo al punto del colapso. Así había sido a partir de ese momento y hasta la actualidad.
Jyushimatsu no era tan tonto. Sabía que no era normal la nueva relación que tenía con su hermano mayor, fingiendo ser Karamatsu. Lo sabía, pero al parecer también se había dado cuenta de que era capaz de cualquier cosa si eso hacía feliz a su querido hermano con el que se había terminado encariñando aún más a través de todos esos años de estar a su lado.
Seguía analizando su propia vida y también su comportamiento actual con los brazos cruzados mientras ponía aquella cara suya tan particular de ojos afilados. A final de cuentas, ese amor sin límites por su hermano mayor era parte de lo que lo hacía ser Jyushimatsu. Él era Jyushimatsu Matsuno. Y aunque era Jyushimatsu no sabía cómo había terminado en aquella situación.
Tomó aquella bolsa de papel que estaba en la cama y la abrió para sacar una sudadera azul que había tomado prestada del cajón de su hermano mayor. Su gran sonrisa se hizo un poco más pequeña mientras la observaba. La estrujó con fuerza unos segundos y procedió a quitarse su propia sudadera amarilla y a meterla en la bolsa de papel. Finalmente, se puso aquella sudadera y se la arremango hasta los codos.
Pasara lo que pasara, él seguiría siendo Jyushimatsu. Pero unos nervios le atacaban. Temía porque sabía que en ese momento dejaría de ser Jyushimatsu. Para su hermano, Jyushimatsu no existiría en aquél momento. Cerró su boca y apretó sus labios con fuerza. No importaba, pensó. Lo que de verdad importaba era la felicidad de Ichimatsu.
Sin embargo, no pudo seguir con aquel análisis pues el sonido de una puerta abriéndose le interrumpió. Alzó la mirada para ver a Ichimatsu saliendo del baño de aquél hotel después de tomar una ducha. Y es que Jyushimatsu le había arrastrado nuevamente hasta allá para continuar lo que habían dejado sin concluir días anteriores.
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El mayor de los Matsuno había aprovechado que ya no había nadie en casa para acudir a su cita secreta sin que nadie le viera salir. Por lo general, siempre acudía a estas al atardecer pero en ocasiones también iba en las mañanas para que no resultara obvio que siempre desaparecía a la misma hora.
'Es muy tarde... espero que todavía estén ahí' pensaba mientras se encaminaba a paso veloz hacia la zona rosa de la ciudad. Se encaminó por otras calles diferentes a las que había recorrido días antes, pues siempre cambiaban el punto de encuentro por seguridad. Era lo mejor para que nadie conocido le viera en un lugar así.
Cuando llegó a un pequeño bar en una calle vacía, revisó el nombre del letrero para saber si era el lugar correcto y tras cerciorarse de que no estaba perdido, entró.
Un hombre alto con una permanente en el cabello alzó su mano saludándoles y luego haciendo una seña para que se acercara a la mesa donde estaba. Osomatsu entró al bar y se acercó a donde éste estaba con otro individuo, un hombre no muy mayor, bien arreglado y con una mirada cálida. Le calculó que estaba entrando a sus cuarentas,más o menos, aunque en realidad no es que le importara mucho.
- ¡Osomatsu-kun! ¡Qué bueno que llegaste! Comenzábamos a pensar que tal vez no vendrías. –Decía el hombre que tenía un pequeño intento de afro.
- Ah. Lo siento, Kanye. –Inclinó su cabeza en señal de disculpa hacia aquel hombre que en realidad no se llamaba Kanye. Era su sobrenombre. Todos tenían sobrenombres pero Osomatsu, que utilizaba su nombre real, se enteró demasiado tarde y luego sintió que era un fastidio cambiarlo.- Tenía que asegurarme de que mis hermanos no me veían salir. –Contestó como si no fuera la gran cosa y se dejó caer en una de las sillas que estaba libre.
- ¡Ahhh! Jajajaja, justo le estaba contando a Tomas que tienes cinco hermanos gemelos y no lo podía creer. –Dijo el hombre tratando de sonar simpático.
- Somos sextillizos... –Contestó afirmando y corrigiendo al hombre.
- ¿Era en serio? ¡Mentira! No puedo creer que hayan otros cinco iguales a este muchacho tan adorable. –Habló al fin el otro tipo tratando de sonar agradable con un cumplido aunque Osomatsu no pudo evitar hacer una mueca de asco. Al ver su expresión el tipo continuó.- Ah, perdón si te ofendí, pero es que en verdad no pensé que fueras tan bien parecido. Y tan joven. Por lo general, es difícil encontrar gente joven en este tipo de encuentros.
- No soy tan joven... ya estoy en mis veintes... y usted no parece tan viejo... –Quiso aclararlo pero entonces recordó que llevaba asistiendo a esos encuentros desde que había cumplido los 18.
- Gracias, aunque comparado contigo, sí que soy un viejo. Ah, no tienes que ser tan formal. Puedes llamarme Tomas. –Sonrió encantado por aquello que le pareció un cumplido.
- Errrr... de acuerdo, Tomas. –Comenzaba a impacientarse.
Algo que odiaba de esos encuentros era el hecho de tener que hablar primero con aquellos con los que sólo quería follar. Porque, en realidad, aquellos encuentros sólo eran eso para él. No estaba buscando pareja ni dinero, sólo un momento de placer gratuito y seguro.
Aquel sujeto de la permanente, Kanye, era el encargado de contactar con individuos que quisieran tener un encuentro clandestino de una sola vez. Estos tipos le pagaban una pequeña comisión a éste por presentarles a alguien por un día, y además pagaban por la comida y gastos de la cita y del hotel. Osomatsu era bastante popular con hombres mayores debido a su sonrisa fresca, rasgos aniñados y personalidad transparente, así que en realidad no tenía problemas para encontrar una pareja, e incluso en ocasiones podía darse el lujo de rechazar algunas propuestas. Al fin y al cabo, no había compromiso en estas. Algunos habían preguntado a Kanye por una segunda cita con Osomatsu y este fue el encargado de rechazarlas por él.
- Bueno, ¿Gustas beber algo? Te puedo invitar alguna bebida, un coctel o algún snack. –Habló el hombre con una voz dulce que trataba de sonar lo más complaciente posible, sacando de sus pensamientos al de sudadera roja.
- ¿Eh? No, no hace falta. Descuida, Tomas. De hecho me gustaría saltarme estas formalidades e ir directo al asunto que nos ha traído acá. –Dijo en un tono un poco meloso y esbozó una gran sonrisa. Ya estaba acostumbrado y sabía que ser atrevido con ese tipo de sujetos era el camino más corto.- Pero... no sé si Kanye ya le ha contado de aquella condición que le pongo a todos mis acompañantes. Espero no sea un problema~ -Lo último lo dijo mientras simulaba un poco de picardía e inocencia, pero a decir verdad, su voz sonaba bastante erótica.
- Ahhh... s-sí, claro, me contó de ello. N-no hay problema, lo haremos como a ti te guste... –Su voz sonaba quebrada y esa era la señal que le confirmaba a Osomatsu que le tenía en la palma de su mano. Kanye suspiró pues con los años sabía cómo era en realidad el muchacho y estaba acostumbrado a aquellas actuaciones.
- Yaaaay~ Muchas gracias, Tomas. ¡Eres muy amable! –Dijo en un tono dulce e infantil, mientras se paraba de su silla y se acercaba justo a su lado para tomarle por el brazo e invitarle a pararse como si fuera un niño queriendo arrastrar a un adulto a una tienda de dulces o una juguetería.- A mí... me gustas muuuuucho Tomas. Así que quiero ir al hotel lo más pronto posible.
Esta última línea había tenido bastante efecto porque el hombre bien arreglado no tardó ni medio segundo en pararse de su silla. Y Osomatsu aprovechó para aferrarse a uno de sus brazos y colgarse de él de manera muy atrevida.
El de la permanente le explicó con detalle al hombre el procedimiento para ese tipo de citas, y les indicó cuál era el cuarto de hotel que estaba listo y reservado para ellos.
Cuando salieron del bar sólo tuvieron que caminar una calle más, cosa que Osomatsu agradeció porque de verdad le enfermaba su propia actuación. Quería soltar el brazo de aquel hombre lo más rápido que se pudiera. Por más veces que ya hubiera hecho ese tipo de actos, seguía sin sentirse cómodo, mucho menos acostumbrarse. Aún así cualquiera que le viera pensaría que estaba disfrutando de aquello por la radiante sonrisa que tenía.
En el hotel fue más rápido pues ya tenían la llave de la habitación. Ese tipo de lugares tenían un buen nivel de privacidad, sin recepcionistas ni salas de espera. A partir de ese momento, sólo eran aquel sujeto y Osomatsu encaminándose hasta la habitación correcta a través de un pasillo estrecho. No era la primera vez que estaba en un lugar así, pero Osomatsu tenía la inútil habilidad de lucir y actuar como si fuera su primera vez, pues su rostro lucía entre asombrado y preocupado. Eso, sumado a que se aferraba más y más fuerte al brazo de su acompañante eran sus armas cuando se trataba de encantar a sus citas. Sabía que si lo hacía muy bien al final podría recibir algo a cambio, lo que fuera menos dinero porque no es como si estuviese prostituyéndose. O tal vez sí, por la forma en que Osomatsu actuaba para recibir favores a cambio, pero después de tanto tiempo ya no es que importara mucho.
Apoyó su cabeza en el hombro del sujeto, quien le sacaba una cabeza de altura, mientras este abría la puerta de la habitación y entraba con una enorme sonrisa tirando de Osomatsu.
- Bueno, acá estamos, Osomatsu-kun. –Dijo al mismo tiempo que cerraba la puerta y estiraba su brazo libre para tomar por el mentón a Osomatsu y acercar su rostro para depositar un beso en sus labios.
Instintivamente, Osomatsu metió su mano y su palma fue la que recibió aquel beso.
- Eso no entra en el acuerdo... Si incluimos besos entonces tendría que cobrarte como si fuera una novia de alquiler. –Dijo en un tono entre serio y juguetón. No le convenía hacer que se molestara con él, aunque tampoco pensaba dejar que hiciera lo que quisiera.
- Ah. Disculpa. Es que eres tan lindo, que me entraron ganas de besarte. –Dijo el hombre mientras se quitaba la chaqueta y la corbata y las ponía en un perchero que estaba junto a la puerta.
Para Osomatsu aquella frase no era ni un halago ni algo por lo que ponerse feliz. Estaba bastante asqueado en realidad, pero era algo que podía tolerar.
- Entonces también recuerdas la otra condición, ¿o no? –Continuó la conversación mientras se sentaba en el borde de la cama con una pierna cruzada y una mirada de duda.
- ... Claro. Es una condición muy extraña pero... supongo tendrás tus razones. –Le miró con extrañeza mientras se quitaba los pantalones y los colgaba para que tampoco se arrugaran.
- En ese caso... ven... –Osomatsu quien no sintió la necesidad de quitarse sus ropas pues no le interesaba si estas se arrugaban o manchaban, estiró ambos brazos invitando al tipo que había conocido una hora antes a que se acercara.
El hombre se acercó lentamente y Osomatsu tiró del cuello de su sudadera para invitar al hombre a besar su cuello. Como si se tratara de un pacto ya establecido, el hombre accedió y en menos de un segundo ya le había empujado para tumbarlo en la cama.
El mayor de los sextillizos comenzó a jadear mientras rebuscaba en la bolsa de su pantalón hasta encontrar un pedazo de tela que lentamente fue subiendo hacia su rostro para que fuera visto. Detuvo con la mano aquellos besos en el cuello y le entregó el trozo de tela al hombre murmurando con una voz ronca y erótica un 'Por favor...' que hizo que el hombre notara que ya tenía una enorme erección frotándose contra uno de los muslos del chico. 'Con todo gusto...' fue la respuesta que recibió y entonces el hombre le puso la venda en los ojos con bastante delicadeza.
En la total oscuridad, se comenzó a dejar llevar más y más por aquellas sensaciones. Antes de notarlo ya tenía a aquel adulto mayor con su miembro en la boca. No podía verlo, así que simplemente dejó que todo siguiera su curso.
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El vapor que emanaba del baño hacía que para Jyushimatsu, su hermano luciera como una aparición de otro mundo. Era raro verle así con aquella bata de baño del hotel y con la cara sonrojada. Abría la boca como queriendo decir algo y la cerraba enseguida. Jyushimatsu había tomado un baño en casa. Ya tenía puesta la sudadera de Karamatsu y aunque aún no había comenzado con aquella imitación, movió su mano para indicarle que se acercara y se sentara en la cama a su lado.
Por más raro que pareciera, Ichimatsu obedeció a aquella indicación y se sentó junto a él. Volteó a verle con aquellos ojos perezosos que por lo general siempre permanecían entrecerrados y frunció el ceño.
- Creo que deberíamos regresar a casa... –Dijo con una voz monótona, sorprendiendo a Jyushimatsu quien había comenzado a sudar preguntándose del por qué de la sugerencia de su hermano mayor.
- ¿Eh? ¿Por qué, Niisan? Te dije que continuaríamos con lo que no terminamos el otro día. –De manera espontánea, tomó una de las manos de Ichimatsu entre las suyas. El efecto causado en su hermano fue que bajara su cabeza un poco cohibido.
- Sigo pensando... que esta no es una buena idea. –Dijo nervioso mientras sus rodillas temblaban por aquella extraña presión que sentía de estar en aquel lugar.
- No… ¡No pienses, Niisan! ¡Sólo déjate llevar, como en el béisbol! –Respondió muy animado pero dejando a Ichimatsu con una cara de incredulidad.
Ichimatsu sonrió después de unos segundos, y por inercia, Jyushimatsu también.
- Esto no es béisbol, Jyushimatsu. –Dijo Ichimatsu más calmado.- Esto es... –No pudo terminar su frase pues Jyushimatsu ya había cambiado su expresión facial. El cuarto hermano temblaba y se preguntaba cómo carajos hacía para poder imitar al segundo tan perfectamente. Era confuso y en parte doloroso.
El dolor se mezcló con otras sensaciones y la confusión se hizo mayor al sentir cómo Jyushimatsu posaba sus labios sobre los suyos. Llevó una mano a su propia boca cubriéndola con el rostro aún más colorado que antes. Su corazón latía tan rápido que pensó que se moriría ahí mismo. Y maldijo con todas sus fuerzas a los malditos bastardos que construyeron aquel hotel sin ventanas por las cuales saltar para escapar.
Mientras sentía enojo también comenzó a sentir algo cálida su parte baja. Su hermano le abrazaba y deslizó ambas manos debajo de aquella bata, acariciándole, para después llevarlas a sus caderas y espalda, hasta llegar a su pecho y detenerse donde sus pezones se encontraban. Quiso apartarse en el momento en que sintió un pellizco en estos pero no pudo pues todo su cuerpo se había paralizado. Aquella maldita sensación le había dejado débil al punto de no tener fuerzas ni siquiera para apartar aquellas manos de su cuerpo.
- Ichimatsu... –Susurró Jyushimatsu en la oreja de su hermano, con una perfecta voz ronca, idéntica a la de Karamatsu.
Las caricias, los susurros en su oreja y aquel sentimiento cálido de sentirse amado, había hecho que la parte baja de Ichimatsu despertara. Estaba molesto. ¿Cómo era posible que reaccionara a eso? ¿Qué tan fácil podía ser? No quería perderse a sí mismo como en la vez anterior, pero aquella fantasía que podría ser cumplida, al parecer, era demasiado tentadora como para no dejarse llevar. Era débil... lo sabía... lo odiaba... pero aún así no podía evitarlo.
- ¡Ah! ¡Karamatsu! Nghhhhh... –Había soltado un enorme gemido al sentir una mano deslizándose por su entrepierna. Apenas notaba que en algún momento había sido empujado hacia la cama y sus piernas habían sido separadas dejando al descubierto su erección.
- Ichimatsu... –Llevó una mano hacia aquella parte del otro mientras susurraba su nombre. Comenzó a acariciar aquél miembro desnudo y después a sacudirlo entre su mano como de vez en cuando solía hacer con el suyo.
Al contacto con aquella mano, Ichimatsu se volvió más manso que de costumbre y no podía evitar soltar varios gemidos mientras apretaba sus ojos con fuerza. Pero, una extraña sensación le sacó de aquél trance. Sintió algo frío y húmedo escurriéndose entre sus piernas y sus partes bajas. Por inercia abrió los ojos buscando la causa. Un líquido rosa estaba siendo vertido sobre él por Jyushimatsu. Era obvio que era loción. Al ver aquello sabía qué era lo que estaba por hacer su hermano.
Aquel pensamiento fue confirmado cuando sintió como dentro de su recto era introducido un dedo a la fuerza. Un ligero dolor le recorrió todo su cuerpo. Un dolor que no le molestaba del todo, pero que le hizo sonrojarse por ser tan estúpido. No podía evitar ver a Jyushimatsu ahí, intentando prepararle torpemente. Era confuso, pues a pesar de que en apariencia era Karamatsu no podía evitar la verdad.
Mientras la culpa lo invadía y trataba de sentirse mejor consigo mismo pensando una y otra vez que el que estaba ahí con él era Karamatsu, el menor ya había terminado su preparación, y había puesto su propio miembro en la entrada del mayor. Empujó con toda la fuerza y rapidez que pudo, y aunque su miembro entró, ambos sintieron dolor. Ichimatsu fue el primero en sentir aquél dolor agudo y debido a la reacción natural de su cuerpo, Jyushimatsu también sintió como si su miembro le hubiese sido aplastado. Era la primera vez de ambos así que en realidad no sabían cómo hacerlo de verdad. Mucho menos sabían que entre dos hombres era más difícil y ahora estaban ahí inmóviles sintiendo las consecuencias de aquél acto precipitado con sus mejores caras de sufrimiento.
- Niisan... no... Es decir, Ichimatsu... –Jyushimatsu trataba por todos los medios de mantener la imitación de Karamatsu pero la realidad es que tenía la boca muy abierta y lo ojos desorbitados debido al dolor que sentía en su miembro el cuál no podía sacar de la entrada de su hermano.- Trata de... relajarte...
Ichimatsu tenía la cara roja y deformada en una mueca que su hermano no sabía si clasificar como de dolor o... placer. Era similar a las caras que hacía cuando se ponía nervioso y quería solucionar todo defecando en alguna mesa, pero por alguna razón no parecía molestarle. Al escuchar a Jyushimatsu, relajó su expresión y el color de su rostro regresó a la normalidad. Al ver al menor, se dio cuenta de que en realidad el que más estaba sufriendo era él, por lo que respiró y trató de relajar su cuerpo.
- Ah... lo siento Jyu-... –No pudo terminar la frase.- Lo siento... Karamatsu-nissan... –Ichimatsu pensó que lo correcto para ambos en aquél momento sería continuar con la farsa. Una vez finalizada, podrían regresar a lo de antes y esperaba que sus sentimientos no correspondidos desaparecieran algún día.
Ambos respiraron aliviados cuando el cuerpo de Ichimatsu se hubo relajado.
- Ichimatsu... ¿Quieres que continúe? –Dijo con los ojos llorosos.
Ichimatsu pensó que su hermano se estaba esforzando mucho, pues incluso con aquella cara llorosa seguía siendo una imitación perfecta de Karamatsu.
- ... La tienes flácida... –Dijo Ichimatsu haciéndole notar que en realidad no la había sacado de ahí. Y Jyushimatsu al darse cuenta corrigió aquel error saliendo del interior de su hermano con el rostro rojo.- … Creo que por hoy deberíamos parar.
- Ichimatsu-niisaaaaan... Perdón... –Dijo Jyushimatsu regresando a su estado normal con los ojos llorosos y un gesto de culpa. Y se le aferró en un abrazo como era su costumbre.- Perdón, Niisan, es mi culpa... Lo siento...
- Jyushimatsu... no es tu culpa... Sigo pensando que esta no es una buena idea. Es decir, no es como si haciendo esto mi situación fuera a cambiar. –Ichimatsu, quien no solía hablar mucho, pensaba que lo mejor sería aclarar todo con su hermano.
- Pero... ¡Incluso si la situación de Niisan no cambia, es lo que quieres hacer! –Dijo en un tono que mostraba preocupación.
Al escuchar eso, Ichimatsu se preguntó si de verdad era lo que quería. No podía negar que incluso de vez en cuando recurría a su querida amiga "la derecha" para satisfacer sus bajas necesidades y solía usar a su hermano mayor como principal motivador. Incluso si luego se asqueaba de sí mismo y se odiaba, esa era la verdad.
- Tal vez sí es lo que quiero... pero, también quisiera olvidar que es lo que quiero. –A pesar de que no era su estilo, no podía ser sarcástico ni cínico con Jyushimatsu.- Jyushimatsu... ¿Podemos hablar un rato?
La pregunta sorprendió a Jyushimatsu porque jamás habían tenido una conversación que Ichimatsu hubiese comenzado.
- ¡Claro que sí! –Contestó en un tono animado y con una radiante sonrisa en el rostro.
- Gracias... –Dijo y luego se quedó unos segundos en silencio pensando cómo elaborar su pregunta. Sabía que con Jyushimatsu había que ser directo, y no es que él no lo fuera, pero exclusivamente con esa cuestión le costaba hallar las palabras.- Jyushimatsu, ¿Tú crees que a Osomatsu-niisan le gusta Karamatsu?
Aquello fue bastante directo... e incómodo, incluso para Jyushimatsu que se sorprendió por la pregunta y se quedó pasmado. Repitió aquella pregunta en su cabeza y tomó aire.
- Sí... A Osomatsu-niisan le gusta Karamatsu-niisan... Cuando le pregunté a Todomatsu me dijo que era muy obvio. –Dijo pensativo mientras sujetaba su barbilla con una mano.
- ¿A qué te refieres con obvio? –Ichimatsu puso una cara de asombro pues no pensó que alguien más aparte de él se habría dado cuenta de aquello.
- Bueno, es que Todomatsu me contó que en una ocasión en la que fueron a perder el tiempo en el río, escuchó una conversación muy profunda entre ellos. Se supone le debían hacer una broma a Karamatsu-niisan, pero al parecer Osomatsu-niisan no pudo seguir porque se sentía culpable de aquella vez que dejamos que Chibita le secuestrara. Y Todomatsu me dijo que Osomatsu-niisan le dijo a Karamatsu-niisan que no tenía que cambiar... o algo así. –Dijo mientras apretaba los ojos tratando de recordar con aquella memoria tan dispersa que tenía.
Ichimatsu le miraba incrédulo.
- Ya veo... Eso explica lo que pasó el otro día. –Dijo mientras recordaba aquél incidente donde había tomado prestadas las ropas de Karamatsu.
- Ah... y también me dijo que... –Continuó Jyushimatsu mientras Ichimatsu pensaba un '¿Qué? ¡¿Hay más?!'- Me dijo que... cuando Karamatsu-niisan estaba saliendo con aquella mujer extraña, Osomatsu-niisan estaba muy enojado y no trataba de ocultarlo. Pero que estaba fingiendo estar celoso de ella, pero que en realidad estaba celoso de Karamatsu-niisan, pero que Karamatsu-niisan se iba a casar con ella y entonces Osomatsu-niisan obligó a Todomatsu a ir a detener la boda... y... –Al parecer había alcanzado su límite de memoria.
Ichimatsu llevó su mano hacia la cabeza de Jyushimatsu y la acarició como solía hacer con sus gatos.
- De acuerdo, ya entendí. Entonces sí es verdad lo que pensaba puesto que tanto tú como Todomatsu piensan igual.
-Sí, aunque creo que Karamatsu-niisan no lo sabe. Porque Osomatsu-niisan siempre se porta frío cuando está con él. –Dijo entre afirmación y duda.
- Bueno... Entonces ya somos dos enfermos en la familia.
- En realidad hasta hace poco eran tres... –Dijo Jyushimatsu quien al parecer había recordado algo más.
- ¿Ah? –Ichimatsu quedó impactado por aquellas palabras y frunció el ceño.- ¿Cómo que tres?
- Bueno, es que Todomatsu me dijo que hubo un tiempo en el que a él le gustaba Karamatsu-nissan. Y también me dijo que Choromatsu-nissan ama a Osomatsu-nissan pero que en su caso ni siquiera lo aceptaría.
- ... Sí que hablan de muchas cosas... –No sabía cómo reaccionar al hecho de que todos estuvieran tan podridos en su familia y tampoco al hecho de que sus hermanos menores fuera como aquellas amas de casa que vivían del chisme.
- ¡Ah! Pero me dijo que el que es un misterio es Karamatsu-nissan. Que probablemente él es normal y podría conseguir una novia en cualquier momento... sin contar la de la vez pasada. –Dijo y agregó aquello al recordar otra vez ese incidente de la horrenda novia de su hermano.
- ... Probablemente tenga razón y Mierdamatsu sea el más normal de todos nosotros... –Suspiró después de decir aquello.
- Pero Niisan, si a Karamatsu-niisan no le gusta nadie entonces eso quiere decir que tal vez tengas alguna posibilidad. –Dijo con un cierto brillo en los ojos, esperanzado de que su hermano no se rindiera y buscara su propia felicidad.
Ichimatsu sonrió de lado. Volvió a suspirar y nuevamente acarició la cabeza de su hermano menor.
- Jyushimatsu, eso es imposible. No puedes forzar sentimientos donde no existen. No es correcto... Pero... Gracias... –Le dijo a modo de regaño, pero con una mirada suave y agregó un agradecimiento.
- Ichimatsu-niisan... –Dijo Jyushimatsu bastante conflictuado pues no entendía muy bien qué es lo que de verdad detenía a su hermano.
De verdad no quería dejar las cosas así, quería de todo corazón que su hermano fuera feliz. Él sabía que era tener un amor no correspondido y aunque las huellas de dolor se borraban poco a poco de su corazón, no quería que su hermano sintiera lo mismo que él. Era gracioso, pues incluso sabiendo que también el mayor de sus hermanos tenía ese tipo de sentimientos hacia Karamatsu y que probablemente saldría lastimado si las cosas resultaban bien entre Ichimatsu y él, no le causaba el mismo dolor que ver al cuarto en la misma situación. No entendía por qué aquella diferencia tan grande, ya que también amaba al hermano mayor y le tenía mucho aprecio y respeto.
- Ichimatsu-niisan... –Le llamó e Ichimatsu le miró fijamente.
- ¿Qué ocurre, Jyushimatsu? –Al terminar su pregunta sus ojos fueron cubiertos por una mano y sintió un ligero rose en sus labios. Probablemente unos labios que se posaron fugazmente sobre los suyos- … ¿Jyushimatsu, qué haces?
- Non, non, Ichimats~ Soy tu brother, Karamatsu~ -Dijo Jyushimatsu con la voz de su hermano y sintió como el cuerpo de Ichimatsu se erizó como el de un gato.
- Jyushimatsu, ¡Basta! –Dijo y apartó su mano. Al voltear, se sorprendió porque fue como si el verdadero Karamatsu hubiese cambiado de lugar con su hermano.
- Non, Ichimatsu, soy yo, tu hermano mayor... y no permitiré que te rindas conmigo... –Dijo con una de esas clásicas miradas idiotas que solía usar el segundo hermano.
Ichimatsu le vio con una mezcla de asco al sentir por un momento que de verdad era el Karamatsu real, siendo repulsivo como siempre. Pero, recordó que en realidad era Jyushimatsu y no pudo evitar soltar una leve risita.
- Es mi decisión si quiero rendirme o no... Volvamos a casa, Niisan... –Dejó en claro, y le dedicó una sonrisa a su hermano.
Aquella sonrisa, perforó un poco el pecho de Jyushimatsu. Era extraño. Él más que nadie era el que quería ver aquella sonrisa, pero... el sentimiento de que su pecho era aplastado no se detenía. Es decir, él sabía que aquella sonrisa no era para él, sino para Karamatsu. Pero eso no importaba para él mientras su hermano fuera feliz...
Aún así, no entendía por qué él no era feliz también.
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Osomatsu estaba tumbado boca arriba en la cama, movía sus caderas de arriba hacia abajo con mucha fuerza. Con aquella venda podía imaginarse que aquél que estaba encima suyo, moviéndose con éxtasis, era Karamatsu.
En realidad, eso es lo que buscaba. Tener sexo con hombres que quisieran ser dominados. Imaginar que cada uno de esos hombres era Karamatsu y sentir que era él quien le tomaba entre sus brazos y llenaba su cuerpo de caricias y placer.
Era una situación extraña que tuviera que usar aquella venda, pero es que jamás había podido tener una erección sin esta. Incluso en casa, el secreto de que a él jamás le hubiesen visto masturbándose era tan simple como que no podía. Durante mucho tiempo pensó en que a lo mejor era impotente, pero cuando estaba en la escuela y salía con aquella chica hermosa que se le había confesado había descubierto cosas de sí mismo.
Pasó un año desde lo de Ichimatsu, y aunque estaban más pendientes de él seguían estando separados en distintos salones. Por obra del destino o quién sabe qué, había terminado en el mismo salón que Karamatsu en su segundo año de la preparatoria.
Karamatsu en aquellos tiempos no era ni lo más remotamente parecido a como era ahora. En ese tiempo era serio, estudioso y extremadamente responsable. Incluso terminó convirtiéndose en el presidente de la clase. Los amigos de Osomatsu incluso le burlaban porque al ser un idiota integral le comparaban con su hermano para hacerlo molestar. Incluso le decían que era gracioso pensar en que él fuera el mayor y que lo mejor era cederle el puesto.
A pesar de todo, ambos eran agradables y populares a su manera. Osomatsu era el payaso, pero tenía más carisma del que aparentaba. Era despreocupado y aunque sus hermanos vestían el uniforme correctamente, él solía usar una sudadera roja, lisa, debajo de la chaqueta negra del uniforme. Era muy popular tanto con los chicos como con las chicas, y fue por ello que recibió aquella confesión de una chica que le había visto un año atrás en el festival de la escuela. Esta chica era de otra escuela, pero se enamoró de Osomatsu al verle vestido con un kimono, pues en su primer año su salón hizo una cafetería tradicional japonesa y todos habían usado ropa tradicional. La respuesta que recibió fue afirmativa, pues Osomatsu pensó que sería lindo tener una novia. No es que los sentimientos extraños que había tenido hacia Choromatsu o Ichimatsu le volvieran gay... igual estaba Totoko, pero ella era más como una idol a la cuál admirar que una novia.
Comenzó a salir con aquella linda estudiante de otra escuela. Tuvieron un par de citas que nunca descubrieron sus hermanos. Pero su primera vez no fue con ella. Aún no sabía el por qué de aquella impotencia pero pensó que a lo mejor lo que tenía que hacer era tener sexo. Tal vez, el sólo mirar videos para adultos no era suficiente. Después de un mes con aquella chica, fueron a un hotel, y lo que ocurrió fue que tampoco resultó. Aunque lo importante de esa ocasión fue que por primera vez que trató de cerrar los ojos y la imagen de Karamatsu llegó a su mente en aquella situación. Fue extraño pues ahí notó que algo no estaba bien, había sentido cómo un enorme bulto quedaba apretado entre sus pantalones. Ni siquiera a Choromatsu o Ichimatsu se los había imaginado de aquella manera cuando tenía aquél enamoramiento con ellos y probablemente no habría reaccionado de aquella manera. No sabía qué era diferente, pero notó que Karamatsu era la respuesta. Todavía no se había percatado de qué era lo que sentía, pero su cuerpo le había dado la respuesta mucho antes que su cerebro.
Igual y de cualquier manera las cosas no salieron bien en aquella ocasión pues todo se tornó bastante incómodo. Y es que a ninguna chica le gustaría que el chico con el que saliera le dijera un 'Vaya, si cierro los ojos entonces puedo hacerlo'. La respuesta fue una enorme cachetada que se quedó marcada en su rostro un día entero. Cuando llegó a casa tampoco pudo dormir porque sentía una mezcla de asco, miedo y culpa. Se suponía que Karamatsu no le caía bien, es decir, lo amaba como al resto de sus hermanos, pero de igual manera le irritaba verle... ¿Entonces por qué?
Después de aquello, pasaron más cosas en la escuela que le hicieron comprender el por qué de todo esto.
La más importante y que le ayudó a saber que no era simple lujuria el que se excitara pensando en Karamatsu, fue el incidente de aquella chica.
Una insignificante chica que se sentaba hasta el fondo del salón y trataba de no llamar la atención de nadie. Se notaba que era otaku pues en alguna ocasión uno de los chicos de la clase estaba hablando de que la temporada de anime actual no tenía nada bueno, y ella saltó para comentar que si habían varios y hasta le dio los horarios y canales. Fue la única vez que destacó y por ello había llamado la atención de Osomatsu que siempre estaba al pendiente de ella, pues por alguna razón le preocupaba el hecho de que le recordara a Ichimatsu. Sus sospechas se cumplieron, porque a pesar de que no se metía con nadie rápidamente fue blanco del acoso de sus compañeras.
Para Osomatsu fue una tontería el cómo se desencadenó ese problema. La principal agresora, era la chica más popular del salón. ¡No tenía nada que envidiarle! Y todo ocurrió porque la pobre desgraciada había tenido una conversación de dos minutos con Karamatsu. 'Las mujeres dan miedo...' pensó Osomatsu, pues había notado que la chica popular, cuyo nombre no recordaba, estaba claramente enamorada de Karamatsu, pero por alguna razón Karamatsu la ignoraba. Era alta, bonita, siempre iba bien maquillada, con el cabello arreglado en una cola de caballo y con muchos accesorios.
Al principio, era algo leve, pero fue escalando demasiado rápido y la chica comenzó a desquitar más y más su frustración con la aquella niña otaku. Llegó al punto de que ya no trataba de ocultarlo y entonces todos en el salón podían ver que el acoso era real. Algunas de sus amigas incluso le ayudaban. Ya no eran simples bromitas, sino que se había convertido en bullying. Pero, lo que más molestaba a Osomatsu es que siempre lo hacían de manera que tal vez el único que no se había dado cuenta era Karamatsu. '¿Qué tan cínica puede ser esta imbécil?' se preguntaba Osomatsu.
Las cosas no se quedaron ahí y es que luego llegaron las agresiones. Eso ya no lo pudo tolerar, y aunque tenía la política de no meterse en asuntos ajenos no pudo seguir tolerando aquello.
Un día cayó la gota que rebosó el vaso. La acosada había llevado dos trenzas ese día. La agresora había sacado unas tijeras y en broma había dicho alguna estupidez de que la ayudaría a verse más linda. En ese momento, trató de levantarse y correr pero fue sujetada de los hombros por otras dos tipas. Todos los que estaban en el salón en ese momento podían verlo, pero nadie hacia nada, fingían que nada estaba ocurriendo aunque se sentía un ambiente de culpa. Una de sus trenzas había sido tomada y la tijera estaba a punto de cortarla. Se escuchó un sonido de corte y de cabello cayendo al piso, pero la trenza seguía ahí. Las chicas que sujetaban a la acosada tenían una cara de espanto. Y aquella niña con trenzas sintió que sus ojos se llenaban con lágrimas, no de tristeza, sino de agradecimiento.
Aquella chica alta volteó la cabeza con una expresión de terror, pues había sentido un tirón en la nuca. Ahí de pie, detrás de ella, estaba Osomatsu sujetando unas tijeras y en el suelo estaba su cola de caballo. Se llevó la mano a la cabeza y notó que ya no había cabello. Soltó un grito que debió de escucharse por toda la escuela. Llegaron estudiantes, entre ellos Karamatsu y sus otros hermanos, y también el profesor.
Para Osomatsu no era importante el castigo de un mes de suspensión que le había puesto la escuela. Sus hermanos le estuvieron fastidiando mucho pero en realidad sentían admiración porque ese tipo de cosas tontas sólo las podía hacer el hermano mayor, sin sentir temor de las represalias.
Pero lo que pasó cuando el castigo terminó es lo que le confirmó que estaba enfermo, y no de gripe.
Fue el primer día que regreso a la escuela. Todos en el salón se acercaron a felicitarlo, a disculparse con él por no ayudar (aunque Osomatsu les dijo que no era él con quien tenían que disculparse). Lo que más hizo feliz al chico fue el hecho de que la chica a la que había ayudado se acercó, acompañada de Karamatsu, a darle las gracias. Fue tan emotivo porque se le salieron las lágrimas a aquella jovencita, Osomatsu que no podía lidiar con ese tipo de situaciones buscó la mirada de Karamatsu, y este le dedicó una enorme sonrisa que el mayor no supo cómo había hecho para no sonrojarse en aquél momento.
El resto del día transcurrió con normalidad. Cuando finalizaron las clases, Osomatsu simplemente tomó su mochila y decidió ir a su club de regreso a clases. No era algo normal en él, pero incluso se despidió de Karamatsu, quien iba a ir a su club de teatro. Fue agradable saludarle. Y mientras regresaba a casa, pensaba que tal vez nunca odió a Karamatsu. En realidad, eran sentimientos complejos de admiración, envidia... y amor.
Pensaba que era un imbécil por seguir aquél patrón de enamorarse de sus hermanos, aunque notó que en esta ocasión era algo diferente. Es decir, aún recordaba cómo había reaccionado su cuerpo al pensar en Karamatsu en aquella ocasión. Mientras caminaba debajo de la luz naranja del atardecer, mentalmente, se insultaba por ser tan raro. Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no notó algo obvio.
Había llegado a una zona apartada de los edificios de la ciudad, donde había mucho material de construcción. Levantó la vista y ahí de pie encontró la silueta de dos personas, una de ellas conocida. Era aquella chica a la que le había cortado el cabello y junto a ella estaba un tipo alto con aspecto peligroso. 'Un pandillero, lo que me faltaba' pensaba, y comenzaba a imaginarse qué es lo que la tipa estaba planeando.
- Disculpen, ¿podrían moverse? Necesito pasar por donde están parados para llegar a casa. –Dijo en un tono bufonesco como restándole importancia al asunto.
- Este es el infeliz que me cortó el cabello, darling... –Ignoró a Osomatsu y comenzó a hablar en un tono que el Matsuno habría clasificado como de una puta y de las baratas.
- Disculpen, ¿no me escucharon? ¡Dije que quiero pasar, me estorban! –Alzó la voz y puso ambas manos cerca de su boca simulando un megáfono.
- Me parece que no... –Dijo el chico, y luego chasqueó los dedos.
- Pero qué... –No terminó de decir aquella frase pues una mano le cubrió la boca y otras varias le sujetaron los brazos. No había notado cuando dos tipos, con el mismo uniforme que el pendejo que estaba enfrente de él, se le acercaron por detrás.
Trató de forcejear en vano pero incluso él que era bueno en las peleas no pudo contra la fuerza de los tres tipos que le sujetaban.
- Bueno, linda, aquí está tal y como pediste... ¿Seguimos adelante o tienes otra sugerencia? –Seguía hablándole a la tipa y Osomatsu no entendía si era su novia o qué diablos.
- Ya te dije, haz lo que quieras con él. Y hazle respetarme, este pendejo no para de decirme guarradas y obscenidades a todas horas en la escuela. –Dijo la chica con un gesto de incomodidad como si de verdad fuese cierto.
Osomatsu fruncía el ceño y de no haber tenido la boca tapada con una mano de algún de aquel tipejo que lo sujetaba, habría soltado varios insultos para la chica. En especial un 'Mentirosa' y también tenía varios adjetivos que le habría encantado usar como 'Maldita falsa' o tal vez un 'Zorra hipócrita'. Tenía muchos insultos en la cabeza que habría amado usar en ese momento.
- Déjamelo a mí, linda, tú regresa a casa y ponte cómoda. –Dijo el tipo y Osomatsu pensó que era un imbécil por dejarse usar así.
- Gracias, cuento contigo~ -Dijo y le dio un beso en la mejilla antes de irse corriendo.
El tipo hizo un gesto con la mano y Osomatsu fue arrastrado a un terreno pequeño y oculto de la calle principal. Cuando su boca fue liberada soltó un grito.
- ¡YO JAMÁS HE ACOSADO A ESA ZORRA MENTIROSA! –Y entonces recibió un puñetazo en la cara del líder.
- Más cuidado de cómo hablas de mi mujer, imbécil. –Decía mientras se tronaba los puños.
- Dije... que jamás... he acosado... a esa... zorra... –Dijo y aprovechó que ahora sólo un tipo le sujetaba para darle un cabezazo y soltarse.
- Y yo dije que tengas cuidado de cómo hablas de mi mujer, hijo de puta temerario... –Dijo con una cara llena de ira y silbó. De quien sabe donde salieron más de 10 tipos al escuchar el silbido.
No había tiempo para discutir, eso lo sabia Osomatsu.
Uno, dos, tres, cuatro... Osomatsu contó cuántos tipos eran. La respuesta fue catorce. Incluso para él era demasiado. Pero no sabía cómo haría para escapar pues le tenían rodeado. Inhaló y exhaló con calma.
- Lo siento... pero no soy de resolver las cosas hablando... –Dijo y corriendo hacia uno de los tipos que bloqueaban la salida le lanzó una patada.
Otro de los pandilleros se acercó corriendo hacia él y le dio un puñetazo, el cual Osomatsu devolvió. Pudo tumbar a cinco a base de golpes y patadas pero recibió varios golpes por todo el cuerpo y su energía se agotó mientras corría y lanzaba puñetazos.
Cuando tumbó al sexto tipo supo que no resistiría más, y así fue pues un golpe en la boca del estómago lo dejó tirado en el piso sintiendo ligeras convulsiones.
- Ugh... déjenme en paz... dije que no he acosado jamás a esa chica... –Aún tenía la mirada llena de ira, no era alguien dócil que se dejara aplastar con facilidad.
- Sabes... tienes una carita de que no rompes un plato. ¿Pero qué tal si te enseño lo que mi pobre chica ha de haber sentido con todo tu acoso? Digo, parece que tienes cara de que te gusta la verga, pero igual y te mereces algún castigo.
- ¿Ahhh? ¿Estás enfermo o qué coño? –Dijo Osomatsu con una cara de incredulidad pues no entendía qué diablos estaba diciendo aquél tipo.
Recibió un puñetazo en la cara.
- No estoy enfermo, simplemente te voy a demostrar en carne propia lo que le hiciste sentir a mi pobre novia.
Sin decir nada más, le hizo la seña a uno de los otros chicos de que sujetara a Osomatsu por las muñecas y comenzó a subir su sudadera dejando descubierto su pecho. El mayor de los sextillizos aún no se creía lo que estaba haciendo y mucho menos lo que pretendía hacer. Mientras este desabrochaba su pantalón y se lo quitaba de un tirón, se dio cuenta de que aquél sujeto no estaba bromeando y comenzó a llenarse de un sentimiento de impotencia y nauseas que ya había conocido anteriormente. Poco a poco su cuerpo comenzó a forcejear y se comenzó a llenar de miedo. Sus ojos se llenaron de lágrimas de terror, y aunque quiso gritar ni un solo ruido salió de su garganta. Apretó los ojos, se mordió el labio con tanta fuerza que comenzó a sangrar y comenzó a patalear con fuerza cuando sintió cómo su ropa interior era tomada y a punto de ser retirada. No podía enfocar la mirada, y en ese momento sólo quería morir. Un nombre le llegó a la cabeza... 'Karamatsu'. Repitió aquél nombre en su cabeza decenas de veces mientras comenzaba a llorar como si fuera un niño pequeño.
- Oye, jefe... creo que no debería... es decir, no es normal cómo se está resistiendo... –Dijo uno de los miembros de aquella pandilla. Todos asintieron, incluso aquél que tenía sujetado a Osomatsu. No se sentían cómodos con aquella reacción del chico... y no es que fueran ese tipo de pandillas. Aquella lección o broma, ya no parecía tal.
- ¿De qué estás hablando?... S-seguro este infeliz sólo está fingiendo… Sólo necesita una buena le-... ¡OWWWWWWW! –Gritó el sujeto cayendo al piso, y soltó aquella ropa interior, mientras comenzaba a quejarse por el dolor.
Debido al alboroto que hicieron todos, Osomatsu se calmó al ya no sentirse amenazado y abrió los ojos aún con miedo para encontrarse ahí de pie a Karamatsu quien sujetaba un tubo de metal con el que al parecer había golpeado en la cabeza al pandillero.
- Suéltalo... –Le dijo al que aún sujetaba por las muñecas a Osomatsu con una mirada que le heló la sangre y este obedeció cuando Karamatsu hizo el gesto de que iba a golpearlo con aquél tubo.
Lo que en realidad pasó no fue que Karamatsu le pagara con el tubo, sino que simplemente lo aventó al piso, y con rapidez tomó a Osomatsu entre sus brazos junto con aquél pantalón que estaba en el piso y se fue corriendo a toda velocidad.
Nadie se atrevió a seguirles. Aún estaban un poco sorprendidos por aquella escena que habían presenciado.
A partir de ahí, las memorias de Osomatsu eran difusas ya que al parecer la impresión de aquella experiencia le hizo quedarse dormido en brazos de Karamatsu. En ese momento, fue extraño para él, pues simplemente el sentir que Karamatsu le sujetaba fue suficiente para calmarse.
Cuando despertó estaba en casa, ya tenía puestos sus pantalones y ahí junto a él estaba su hermano curando sus heridas.
Fue extraño. Ninguno de los dos dijo una sola palabra pero su corazón latía como loco, quería abrazarse a su hermano y no soltarlo. Le había llamado en su cabeza y había aparecido ante él. Quería llorar. Fue la primera vez que se dio cuenta de que sentía algo más que un cariño de hermanos por éste.
Aquel recuerdo y aquellos sentimientos fueron guardados celosamente en su pecho durante muchos años.
Mientras que en el presente, aún estaba en modo automático mientras seguía follándose a aquel tipo mucho mayor que él. Lo cierto era que en ese último año habían aumentado el número de citas, cuando en años anteriores sólo lo hací veces por año y sólo cuando ya no podía contenerse más.
No sabía muy bien si era porque sus sentimientos se intensificaban o si era por todo aquello que habían vivido en tan poco tiempo. Era un año bastante loco. Pero con ello la frustración disminuía. No era la mejor manera, pero así lidiaba con sus sentimientos y sus deseos reprimidos. Lo había hecho por años y le había funcionado. Usando aquella venda no tenía que ver a la persona que estaba con él y podía imaginar que el que estaba ahí era Karamatsu.
En algún momento todo había terminado, se quitó la venda y rebuscó en su bolsillo hasta encontrar aquella piedra roja sucia y diminuta, era su autoconsciencia o ego. Cuando esta aumentaba de tamaño, significaba que era el momento de regresar a un hotel a liberar su frustración.
Ahora que aquella piedra volvía a ser pequeña todo podía regresar a la normalidad. Y lo cierto es que cuando llegara a casa, podría continuar la actuación del hermano mayor bravucón y frío con Karamatsu.
.-.
Karamatsu rondaba nuevamente aquella zona rosa preguntándose nuevamente sobre lo que había visto días atrás. Quería saber si estaba equivocado o no, pues muchas ideas rondaban su cabeza, aunque obviamente la más clara y obvia era pensar que su único hermano mayor estaba practicando la prostitución. Podía sonar gracioso en una forma muy retorcida, pensando en lo mucho que el hermano mayor amaba el dinero,pero no lo era para él.
Caminaba con el pecho agitado de local en local sin tener un plan, sin saber cómo reaccionaría si de verdad se encontraba con Osomatsu en aquel lugar. Se odiaba a sí mismo en esos momentos, mucho más de lo que ya lo hacía en otras ocasiones. Tanto era así que un sentimiento de culpa le comenzó a invadir por meterse en asuntos que no le incumbían y por ello estaba a punto de marcharse y regresar a casa. Pero, escuchó una voz desconocida gritando "su" nombre.
- ¡Osomatsu-kun! –Era un tipo con permanente y llevaba unos lentes oscuros redondos.- Osomatsu-kun, ¿qué haces acá? Se supone que estabas con el viejo en el hotel... Ah... –No terminó su frase y soltó un gritito de sorpresa mientras le observaba con detenimiento.
Era como si no pudiera creer que Karamatsu de verdad estuviera ahí parado, aunque a este no le importaba mucho. Estaba más sorprendido por aquellas palabras que había soltado, en especial por aquél 'Estabas con el viejo en el hotel'.
Sintió unas enormes ganas de moler a golpes a aquel individuo desconocido hasta sacarle toda la información que tuviera, pero respiró con calma y apretó ambos puños para contenerse. Estaba acostumbrado a reprimir aquello que sentía o que realmente quería hacer, todo el tiempo.
- Disculpa, creo que me confundes con alguien más. –Dijo el segundo hermano mientras sonreía y arqueaba las cejas como si no pasara nada malo.
- Ah... sí... yo... es que eres idéntico a... Oh dios, era verdad eso de que tenía gemelos... –Aquel sujeto no podía articular muy bien sus palabras y lucía en verdad sorprendido.
- Mencionó a Osomatsu... -niisan, ¿le conoce de algo? –Dijo y sonrió con naturalidad. Aunque le costó agregar aquél honorifico al nombre de su hermano ya que no estaba acostumbrado a llamarle así.
- Ah, sí. Conozco a Osomatsu-kun... pero... es que... –Lucía contrariado, pues al parecer había notado que había cometido un gran error y había soltado algo que no debería frente a alguien que no debía.
- Oh, tranquilo. Osomatsu-niisan... eh... quiero decir, no le diré nada a mi hermano mayor. –Era obvio que no le diría nada. Era un tema bastante delicado, y Karamatsu no entendía cómo es que no estaba golpeando a aquel sujeto y buscando a Osomatsu en aquel momento.- ¿Le parece si entramos a aquél local a hablar tranquilamente? –Señaló un pequeño bar a unos pocos metros de donde estaban parados ellos dos.
- ... S-sí, de acuerdo. –Comenzaba a limpiarse el sudor de la frente con una manga.
Karamatsu no dijo una palabra más. Se encaminó dando unos cuantos pasos y se puso a un lado del establecimiento dándole paso al extraño para que entrara de primero. Tal vez por la presión, el hombre hizo exactamente lo que Kara quería y entró. Ambos caminaron hacia la barra y se sentaron. Aquel tipo aún lucía preocupado y un poco asustado.
- Ehh... creo que ya se lo debe imaginar pero soy hermano de Osomatsu. Me llamo Karamatsu... un gusto. –Estiró la mano para saludarle mientras esbozaba una sonrisa aunque por dentro sólo quería golpearlo hasta hartarse. No porque lo mereciera, sino porque estaba muy enojado y sólo quería desquitarse con cualquiera. Pero a pesar de todo, tenía prioridades, era más importante sacarle toda la información posible.
El hombre de la permanente estiró su mano y le dio un apretón de manos. Aún lucía un poco aturdido. Sería difícil que él hablara primero así que Karamatsu sabía que tenía que insistir y sacarle la verdad como fuera.
- Ah. En realidad, el otro día vi a mi hermano entrando a un hotel con otro hombre. –Comenzó con honestidad y trato de sonar natural.- Ya me imaginaba que Osomatsu-niisan era gay, pero sigo sin entender muy bien. ¿Acaso mi hermano se está prostituyendo? –Dijo esto último como restándole importancia pero con un excelente gesto de preocupación. Tal vez Osomatsu era bastante bueno actuando, pero el verdadero premio le pertenecía a Karamatsu. Y es que no por nada había estado en el club de teatro en la igual forma, estaba evitando el soltar frases en inglés o hacer poses. Seriedad era lo que requería el momento.
- ¡No, no es eso, Karamatsu-kun! –Negó aquel tipo con una expresión de preocupación.- Osomatsu-kun no está haciendo lo que tú piensas... bueno, sí... pero no de la forma que estás diciendo. –Se revolvió la cabeza con brusquedad tratando de pensar cómo aclarar el malentendido- Bueno, primero déjame presentarme. –Dijo y rebuscando en el bolsillo de su camisa terminó por sacar una tarjeta para luego depositarla en las manos de Karamatsu quien la tomó y comenzó a inspeccionarla.- Verás, yo soy un... por así decirlo,un "manager" o encargado de presentar personas que están en busca de una relación o de una cita a ciegas. Podrías llamarlas citas clandestinas, aunque prefiero pensar que soy una especie de Cupido que une corazones.
Esto último no le hizo gracia a Karamatsu quien ahora sí quería pegarle en serio y no sólo para desquitar su enojo.
- Entonces... ¿Mi hermano está buscando... una pareja? –Levantó una ceja y se rascó el cuello tratando de digerir lo que estaba escuchando.
- No, exactamente. Dije que presento gente que busca una relación pero no es ese siempre el caso. –Suspiró y entonces giró su cabeza de derecha a izquierda haciendo una seña de negación.- Hay algunos como Osomatsu-kun que no buscan una relación, sino una cosa de una sola noche.
'Una cosa de una sola noche'. Escuchar aquello fue como si a Karamatsu le hubiesen dado un puñetazo en la boca del estómago. Incluso podía sentir cómo su cuerpo temblaba desde las plantas de sus pies hasta sus hombros y no estaba seguro del por qué. Era difícil saber si lo que sentía era ira, sorpresa o decepción.
- Oh... Ahora entiendo. Pobre Osomatsu-niisan, debe ser difícil para él ser como es, con la sociedad rechazándole. Es normal entonces que quiera desahogar sus frustraciones sexuales. –Las palabras simplemente salían de su boca aunque habría amado poder apagar su cerebro en ese mismo momento.
- Ah. Bueno, no creo que sólo esté frustrado. –Al escuchar esto, Karamatsu había levantado la cabeza y ahora le miraba con incredulidad.- No sé si debería contarte esto pero... mmmmmm... –Al parecer el tipo era de aquellos que no pueden cerrar la boca al hablar, pues claramente parecía querer decirle todo a Karamatsu, quien pensó que la suerte le sonreía.
- ¿Eh? ¿Qué quiere decir? –Dijo Karamatsu con un gesto de sorpresa como aquellos que ponen las mujeres chismosas que van a comprar a la verdulería esperando escuchar los últimos chismes de la localidad.
- Parece ser que Osomatsu-kun tiene serios problemas. Espero lo puedas apoyar, Karamatsu-kun. –Seguía sin decir nada aunque se notaba que claramente quería soltar la sopa, pero antes, aderezándola un poco.- Es que no creo que sea normal hacerlo con una venda puesta. Digo, si tuviera esa clase de fetiches creo que sería más fácil buscar personas que practiquen el BDSM, pero no parece ser el caso de Osomatsu-kun. Es algo raro, pero esa es la condición que les pone a cada uno de los que se interesan en él.
Esta parte de la historia dejó a Karamatsu estupefacto.
- ¿Una venda? ¿Por qué una venda? –Extrañas ideas se le cruzaban por la mente pero ninguna tenía sentido.
- Eso ni yo lo sé. Es la condición que me dijo que le diera a los que quisieran algo con él, pero no tiene nada que ver con un fetiche porque varios clientes me han dicho que es bastante normal en la cama... Sí, algo apasionado pero bien normal. ¡Ah, perdón! ¡Debe ser incómodo que hable así de tu hermano! ¡Una disculpa! –El tipo era bastante suelto de lengua pero notó que la expresión de Karamatsu había cambiado a una más amenazante al decir lo último.
- No te preocupes. Comprendo y gracias por aclararme las cosas. De cualquier manera, no le cuentes a Osomatsu-niisan que hablaste conmigo, por favor. –Dijo Karamatsu que seguía pensando en lo último que le mencionó el hombre del afro.
- Oh, claro que no. Me mataría si le dijera que hablé con uno de sus hermanos menores. Aunque en realidad no le creía cuando me decía que tenía cinco hermanos menores idénticos a él. –Hablaba despreocupadamente y entonces agregó algo más que hizo que los nervios de Karamatsu se crisparan.- ¡Ah! Por cierto, seguro tú también serías muy popular como Osomatsu ya que eres idéntico a él. Claro, si quieres en tu caso podría presentarte muy hermosas mujeres. Ya tienes mi tarjeta así que sólo tienes que llamarme.
- Claro. –Dijo con una última sonrisa y se paró de la silla. De pie, hizo un gesto con la cabeza de que ya se tenía que ir.- Lo pensaré. Debo irme… Se me ha hecho tarde para un compromiso que tengo.
No esperó la respuesta del otro. Ya había comenzado a caminar en dirección a la salida mientras seguía pensando en qué demonios creía que hacía Osomatsu, en el porqué de lo que le habían contado. Una vez fuera del bar, se alejó lo más rápido posible de ahí y caminó hacia la salida de aquel distrito.
Un nuevo hecho lo dejó nuevamente sorprendido, e instintivamente movió su cuerpo sin pensarlo, escondiéndose detrás de uno de los letreros de algún extraño bar de travestis.
Y es que mientras caminaba azotando los pies por la calle como si su vida dependiera de ello, había visto a Jyushimatsu e Ichimatsu saliendo de un local a varios metros de donde estaba.
'¿Qué carajos está ocurriendo el día de hoy?' fue el primer pensamiento que tuvo. Su cabeza comenzaba a llenarse de pensamientos que le irritaban.
Era momento de regresar a casa. Y de pensar en qué haría ahora.
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Cuando todos los hermanos estuvieron en casa, no se notaba ninguna diferencia. Cada quien estaba en lo suyo. Todomatsu con el teléfono enviando stickers en LINE, Osomatsu con una revista de ofertas de viajes haciéndose el inocente, Choromatsu leyendo sus ofertas de trabajo y pateando a Osomatsu quien en realidad le estaba picando los dedos del pie, Karamatsu observándose en su espejo con una sonrisa engreída, Ichimatsu jugando con su gatito psíquico y Jyushimatsu montado encima de su enorme pelota de ejercicio.
- Saben... –Dijo Osomatsu haciendo que todos dejaran de hacer lo que hacían para prestarle atención.- Estaba pensando... Sé que nunca soy buen hermano mayor con ustedes pero... recordé la plática del otro día y sólo quería decir que en el caso de que alguno consiguiese novia, como vuestro hermano mayor, les apoyaría de todo corazón.
Fue tan espontáneo y fuera de contexto que al inicio nadie sabía cómo reaccionar ni qué decir ante aquellas palabras que había lanzado el mayor.
- Osomatsu-niisan debería conseguirse una novia... –Dijo Jyushimatsu rompiendo el silencio.
- Es verdad, antes de preocuparte por nosotros, mejor preocúpate por ti, Osomatsu-niisan. –El siguiente en hablar fue Todomatsu quien tenía una expresión de 'Tenía que ser este tonto'.
- Consíguete una novia, Tontomatsu-niisan... –Agregó Ichimatsu mientras lanzaba una risilla cínica.
El mayor frunció el ceño e hizo un puchero. Tal vez era una indirecta para Karamatsu, pero igual pensaba lo mismo de todos. 'Estos desgraciados' pensaba y entonces agregó con una sonrisilla diabólica.
- Tontos, yo ya tengo una novia, se llama Totoko-chan- ¡AY! –Terminó la frase sólo para recibir un revistazo en la cabeza por parte de Choromatsu.
- Tontomatsu-niisan, deja de decir tonterías o me enojaré. –Dijo Choromatsu con una expresión de enojo bastante graciosa.
- Tch... –Osomatsu chasqueó la lengua.- Amargado...
Con eso último comenzó una pelea entre estos dos y Todomatsu e Ichimatsu se metieron porque siempre era divertido para ellos un poco de discordia.
Jyushimatsu pensaba en aquel momento, después de escuchar lo que el mayor de los Matsuno había dicho, que este igual tenía sus propios problemas y sus propias formas de lidiar con ellos.
Instintivamente, volteó a ver al segundo hermano quien era el único que no estaba participando en aquella pelea infantil. Lucía inmerso en sus pensamientos y Jyushimatsu habría querido saber en qué estaba pensando.
Un libro salió volando e impactó en la cabeza de Karamatsu y éste, enojado y con los ojos llorosos, se unió a aquella batalla de niños de primaria. Esa fue la señal para que Jyushimatsu se uniera también. Ese era otro día típico en la familia Matsuno.
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Segundo capítulo de esta historia. Este capítulo salió más rápido que el anterior pero en realidad me costó más trabajo porque no lograba hacer cuajar las ideas que tenía dentro de mi cabeza.
Disculpen si hay algo muy mal redactado, mi beta quedó de corregirme someday así que a lo mejor luego edito el capítulo ya corregido y mejorado.
Así que este vendría siendo el borrador pero al mismo tiempo no(?)
Btw, no sé si quedó claro pero Oso es el top/activo/seme en aquellas citas clandestinas. Sólo lo recalco por si quedaron dudas... eso es todo.
El próximo capítulo si se va a demorar un poco más así que me disculpo de antemano.
