Capítulo 3
"Los tontos tienen un punto de quiebre".
Aquél día había un clima en verdad agradable, un poco frío pero no lo suficiente para tener que abrigarse al salir de casa. A cualquiera le habría apetecido sentarse a comer algún alimento acuoso y caliente para entrar en calor. No fue la excepción con aquellos dos hermanos Matsuno quienes habían querido preparar un tazón de ramen instantáneo y habían terminado en desastrosas condiciones. El ramen no sólo se había enfriado si no que ambos habían terminado atados y sin poder soltarse durante varios minutos, todo debido a que estuvieron bufoneando con la comida.
Tanto Osomatsu como Jyushimatsu ya no se retorcían, pues habían llegado a la conclusión de que era imposible soltarse, ya se habían resignado a esperar que alguien llegara a auxiliarles y les ayudara a desatarse.
Por el contrario, ahora hablaban de cosas sin sentido para matar el tiempo.
- Y entonces. La pelota salió del campo e hice un homerun. –Decía Jyushimatsu muy animado.
- Oh, ya veo, ya veo. –Contestó Osomatsu en un tono un poco monótono, no porque no le interesara la historia si no porque no tenía nada para agregar. No le molestaba. Habían ocasiones en las que le gustaba sólo escuchar lo que sus hermanos tenían por decir. En especial con Jyushimatsu siempre se portaba como un buen hermano mayor.
- Y luego, lancé otra pelota y la batee con mucha fuerza pero terminó impactando en la ventana de un edificio, así que salí corriendo de ahí. -Terminó el relato con una cara compungida pues había recordado aquel momento de terror.
- Jaja. Ya veo. –Contestó Osomatsu y se quedó unos segundos observándole. Mordió su labio inferior mientras se decidía a hablar o no.
Al final decidió romper el silencio con una pregunta que quería hacerle desde hace bastante tiempo pero no hallaba el momento ni el valor para hacerla.
- Jyushimatsu, ¿Recuerdas a la chica de aquella vez? La que nos contaste que salvaste... Eh... –Hizo una pausa antes de continuar aún con la duda de si debía seguir la conversación o no- ¿Cómo has estado desde ese momento? Porque si estás triste, Niisan te llevará a las carreras de caballos... Claro que tú pagarías tu propio boleto...
Era una pregunta bastante curiosa de hacer en aquella situación. Estaban amarrados y se retorcían como lombrices debido a sus ataduras, por lo que Jyushimatsu lo encontró muy gracioso. Así era su hermano mayor, preocupándose por cosas serias en momentos inoportunos pues casi nunca leía el ambiente de las situaciones, y para colmo no dejaba de ser tacaño ni siquiera cuando estaba genuinamente preocupado.
- Estoy bien. –Dijo siendo muy directo y sincero.- Ya no estoy triste. Cuando la recuerdo a veces sí me pongo triste porque no sé si ahora es feliz o si aún siente ganas de suicidarse... pero luego ya no estoy triste porque estoy seguro de que ahora estará bien en donde quiera que esté. –Sonrió al decir esto último mostrándose muy orgulloso al hablar.
A Osomatsu le sorprendió aquella respuesta tan sincera y optimista, pues esperaba algo más romántico o que le confesara que estaba deprimido. No pudo evitar sonreír él también. Estaba feliz y pensó que el hecho de no decirle a su hermano menor el secreto que sabía de aquella chica había sido la mejor decisión que pudo haber tomado.
- Ya veo... eso es bueno. –Sonrío apretando los dientes y cerrando los ojos.
El mayor estaba aliviado. Pasaron unos minutos mientras continuaban con aquella plática sobre temas aleatorios, cuando la puerta corrediza de la habitación fue abierta. Choromatsu e Ichimatsu se asomaron por ésta poniendo una cara de asombro y de resignación al ver a sus hermanos tirados en el piso con sogas alrededor de sus cuerpos.
- ¿Qué demonios están haciendo? –Choromatsu fue el primero en hablar y al finalizar la pregunta soltó un enorme suspiro.
- Tontomatsu-niisan, no metas a Jyushimatsu en tus extraños juegos fetichistas de bondage. –El cuarto hermano agregó seguido de una risita maliciosa.
- ¿Ehhh? ¡Yo no tengo esas aficiones! ¡Ichimatchuuuuu! –Comenzó a gimotear el mayor.
- Jajajajaja... Osomatsu-niisan no me dijo que esto era bondage. ¿Qué es bongade? ¿Es como el secross? –Dijo Jyushimatsu mientras reía y le seguía el juego a Ichimatsu.
- ... Osomatsu-niisan... qué asco... –Dijo Choromatsu con una cara de haber pisado caca de perro en la calle, o como cuando alguien se tira un pedo en un cuarto cerrado y uno tuviera que olerlo.
- ¿Ehhhhhhhhh? ¿Choromatchuu, Jyushimatchuu, ustedes también? –Gimoteaba más mientras se retorcía y sollozaba por lo desgraciados que eran sus hermanos menores con él.
- Está claro que era broma, Osomatsu-niisan... –Dijo Choromatsu ahora con una expresión seria y se acercó a soltar las ataduras. Ichimatsu hizo lo mismo con Jyushimatsu.- Aún así me sigue asombrando el nivel de estupidez que alcanzan ustedes dos cuando están juntos.
- Ay, Choromatsu... No sigas o me voy a sonrojar... Qué vergüenza... –Agregó Osomatsu como si le hubiesen hecho un cumplido mientras ponía ambas manos en sus mejillas fingiendo estar avergonzado. Incluso un sonrojo natural apareció en sus mejillas mientras actuaba de forma modosa.
- Qué vergüenza, qué vergüenza... –Dijo Jyushimatsu e imitó el ademán y el falso sonrojo de su hermano mayor.
- No te estaba halagando... Creo que ahora de verdad siento asco... –Dijo Choromatsu mientras les miraba con expresión de irritación.
- Je. Choromatsu-niisan, nunca hay que subestimar la estupidez de nuestro hermano mayor. –Agregó Ichimatsu quien parecía ligeramente divertido por la situación.
- ¡Ichimatchuuuuuuuu! –Osomatsu le miró con una cara de tristeza fingida mientras se aferraba a él por uno de sus costados.- ¡No digas eso de tu hermano mayor, harás que llore!
- Tranquilo, Inútilmatsu-nissan. Es un cumplido de mi parte. –Dijo con una sonrisa malévola de oreja a oreja mientras mostraba sus afilados dientes, y luego se dedicó a jalarle las mejillas como si en realidad no se tratara de su hermano mayor, sino de su hermano menor... o de una mascota.
Choromatsu suspiró y movió la cabeza de un lado a otro en negación. En realidad, hasta él pensaba que aquella estupidez de amarrarse solos era de admirarse.
Por su parte, Jyushimatsu no podía dejar de mirar aquel contacto que sus hermanos mayores estaban teniendo. Era extraño para él. Se suponía que para Ichimatsu, el mayor de los sextillizos era uno de sus rivales amorosos (por no decir el único), pero aún así ahí estaban demostrándose un afecto de hermanos que no debería ser posible considerando las circunstancias de ambos. Porque, Jyushimatsu estaba seguro de que tanto Ichimatsu como Osomatsu sufrían en silencio por aquel amor que pretendían mantener en secreto... y aún así ambos disfrutaban siendo cercanos el uno con el otro. Y eso para Jyushimatsu, hacía que las cosas fueran más complicadas.
- Jyushimatsu, ahora hay que volver a calentar el ramen.
La voz de Osomatsu sacó de sus pensamientos a Jyushimatsu, quien aún pensaba en cómo era posible que Ichimatsu estuviese como si nada.
- Ah, sí, el ramen. –Alzó las manos animadamente cuando recordó que estaban a punto de merendar. Mientras se acercaba a la mesa donde su hermano mayor ya estaba sentado esperándole, Ichimatsu salió de la habitación.
Últimamente había sido difícil encontrar a Ichimatsu sólo o en casa, por lo que pensó que ya no tendría otra oportunidad así en mucho tiempo.
- Eh, Osomatsu-niisan, ya no tengo hambre. Cómelo tú. –Dijo en un tono que si su hermano mayor fuera más listo, habría notado que era una mentira.
- ¿Eh? ¿Estás seguro? –Preguntó el mayor con asombro pues había tomado las palabras de su hermano como una muestra de consideración.- Muchas gracias, Jyushimatchu, te amo~
- Osomatsu-niisan... ¿Qué tan interesado puedes ser? –Habló Choromatsu quien aún estaba en la habitación.
- ¿Ahhh? ¿Tú también quieres ramen? Me lo hubieras dicho antes. –Dijo Osomatsu como si hubiese deducido los pensamientos de su hermano y, mientras le decía un 'Ah~ Abre grande la boca~' y trataba de alimentarle a la fuerza, Choromatsu se resistía y volvía a enfadarse y a gritarle.
Para Jyushimatsu era como si se divirtieran. Sería perfecto si Choromatsu fuera más sincero, así sus hermanos podrían terminar juntos e Ichimatsu podría enfocarse en tratar de confesarse a Karamatsu. Sintió como si hubiese comido algo en mal estado al pensar en "la confesión" pero no le dio mucha importancia.
Mientras se preguntaba si podría suceder aquello entre sus hermanos, salió de la habitación detrás de Ichimatsu. Corrió por toda la casa buscándole. Lo encontró saliendo del baño y como era su costumbre se lanzó contra él tecleándole y sacándole el aliento.
- Ichimatsu-niisan, quiero preguntarte algo... ¿Eh? –Se calmó un poco al notar que su hermano había entrado de prisa al baño y ahora vomitaba su almuerzo en el inodoro debido a que el impacto le había revuelto el estómago. Fue una especie de 'Ups...' para el quinto hermano.
Entró al baño mientras se disculpaba.
- Lo siento, Niisan. –Decía con verdadero arrepentimiento.
El siempre despeinado chico había vaciado su estomago y había dejado de toser.
- ... Trata de controlarte, Jyushimatsu. –Fue todo lo que dijo. No lucía molesto.
- Jajaja, sí. Ichimatsu-niisan, tengo una pregunta para ti. –Regresó la conversación al tema que le interesaba sin darle mucha importancia al pequeño accidente.
- ¿Una pregunta? –Ahora el mayor se mostraba curioso.
- Sí. ¿Puedo? –Preguntó nuevamente para saber si podía seguir con el interrogatorio.
- ... Adelante... –Ichimatsu dio su consentimiento pues en verdad le intrigaba lo que su hermano menor podría querer preguntarle.
- Ichimatsu-niisan, ¿Por qué no odias a Osomatsu-niisan? –Fue directo, como todo lo que salía de la boca de Jyushimatsu. Ichimatsu fue sacudido un momento pues la pregunta en sí era confusa.
- ¿Odiar a Osomatsu-niisan? ¿Por qué debería...? ... Ah... –Algunos engranes comenzaron a encajar en su mente. Había entendido a que se refería e instintivamente caminó a pasó veloz hacia la salida del baño sólo para cerrar la puerta y meter el pestillo.
- ¿Ichimatsu-niisan? –Le llamó en un tono confuso pues no sabía por qué había cerrado la puerta.
- Jyushimatsu... Ese tema no podemos hablarlo acá y menos cuando estén los demás. No quiero que alguien nos escuche. –Su cara lucía sombría.
- Ah, lo siento, Niisan. –Se disculpó pues en realidad en ocasiones olvidaba que debía guardar secretos.
- No te preocupes. El baño está insonorizado así que acá nadie nos puede escuchar. Pero no podemos venir acá cada vez que necesitemos hablar.
- Entendido... –Hizo el pulgar arriba para demostrar que había entendido.- Eh... ¿Entonces? ¿Niisan?
- Ah, sí. Sobre Osomatsu-niisan... –Ichimatsu no solía fruncir el ceño por lo que cuando estaba molesto o pensativo sólo emanaba un aura más sombría que de costumbre. Mientras meditaba su respuesta, Jyushimatsu se percato de este cambio en él.
- ¿Sobre Osomatsu-niisan...? –Volvió a preguntar repitiendo las palabras de su hermano.
- Bueno... No odio a Osomatsu-niisan... –La respuesta fue clara.
- ¿Por qué? –Volvió a preguntar Jyushimatsu haciendo que Ichimatsu soltara un gruñido.
- Porque no puedo... Mira, entiendo hacia dónde va tu punto. Entiendo que lo dices por todo el embrollo de Karamatsu, pero... –Se llevó una mano a la cabeza y se rascó por inercia.- Son cosas distintas...
- ¿Cosas distintas? –A Jyushimatsu comenzaba a costarle trabajo entender aquella respuesta.- ¿Quiénes son distintos? ¿Karamatsu-niisan y Osomatsu-niisan?
- ¿Eh? No... No me refiero a ellos... –Ichimatsu notó que tendría que ser más directo si quería que su hermano comprendiera.- Me refiero a que no importa cómo sean mis sentimientos hacia Mierdamatsu, es decir... hacia Karamatsu-niisan, porque para mí Osomatsu-niisan también es muy importante. Es decir, Osomatsu-niisan es mi hermano mayor... a veces siento que no estaríamos acá si no fuera por él... y yo... le admiro...
Jyushimatsu recordó después de escuchar a su hermano, el incidente del gatito psíquico. Específicamente, había recordado que uno de los pensamientos reales de su hermano era que no necesitaba amigos porque les tenía a todos junto a él. Para el quinto hermano, ahora todo encajaba. Sus hermanos eran más importantes y por eso no podía odiar a Osomatsu.
Jyushimatsu sonrió y lanzó una risa boba pues le pareció que su hermano era realmente tierno en ocasiones como estas.
- ¿Jyushimatsu? –Ichimatsu lucía confundido por aquella risita.
- Ah... Nada. Yo también amo mucho a Osomatsu-nissan. –Dijo en un tono alegre.
- No dije que le... no, tienes razón... supongo que de cierta manera sí amo a Osomatsu-nissan. –Sonrió con naturalidad pues no sentía la necesidad de hacerse el duro frente a Jyushimatsu. A final de cuentas ya sabía demasiados secretos suyos como para que le importara mantener las apariencias con él.
Aquella sonrisa sorprendió a Jyushimatsu. Había pensado que esta sólo podía hacerla cuando estaba feliz de estar con el Karamatsu que solía imitar, pero en realidad también podía sonreír así por el mayor de todos los sextillizos. Su pecho volvió a sentirse presionado y sus latidos se aceleraron. Apretó los labios por aquella sensación incómoda y luego volvió a abrir la boca en una sonrisa, aunque algo confundido.
- Jyushimatsu, deberíamos regresar... –Dijo su hermano sacándole de sus pensamientos y haciendo que se sobresaltara.
- Ah, sí. –Asintió y ambos salieron del baño después de asegurarse de que no había en el pasillo.
Regresaron a la habitación donde ahora ya estaban también Karamatsu y Todomatsu. Por su parte Osomatsu ahora estaba discutiendo con Choromatsu y Todomatsu le ayudaba a burlarse del tercer hermano.
Todo lucía normal, a excepción de un detalle que al parecer sólo Jyushimatsu había notado. Karamatsu, que estaba sentado en el suelo y recargado en la mesa que estaba en el centro de la habitación se miraba en el espejo con una expresión engreída. Hubiese sido lo normal de no ser porque en un pequeño instante había observado el reflejo de su espejo y había notado que lo estaba usando para observar a Osomatsu que estaba detrás de él. Su expresión también había cambiado por unos segundos para luego regresar a la normalidad y seguir observando su propio reflejo en su espejo.
Jyushimatsu sabía que poco a poco las cosas se complicarían aún más.
.-.
- Osomatsu, toma. –Habló Karamatsu mientras sonreía de lado y depositó un trozo de papel en la mano de su hermano mayor.
Osomatsu se quedó tieso. Volteó a ver aquél pedazo de papel rectangular y con letras que le había entregado y tardó en reaccionar. Cayó en cuenta de lo que era y volteó a ver a Karamatsu con una mirada de confusión. Volvió a mirar el trozo de papel y luego, nuevamente, a su hermano menor.
- Esto es... un boleto de cine... ¿Eh? –Inclinó la cabeza ligeramente hacia un lado denotando duda.
- Lo es. Tú querías ir al cine. –Bajó las cejas mientras le miraba con un gesto triste. Osomatsu creyó que posiblemente su hermano pensaba que había olvidado lo de pasar un tiempo de hermanos.
- Sí, yo quería... es decir... quiero, pero... Pensé que tú ya no querrías por lo que pasó la última vez... –Lanzó una risilla nerviosa. Aún estaba sorprendido por aquella invitación después de tantos días.- Es decir, seguro estabas ocupado con tus propios asuntos. Pensé que como hermano mayor lo mejor sería darte tu espacio para que pudieras... ya sabes... con aquella chica que dijiste que te gustaba... que por cierto, espero no sea Totoko-chan.
Esto último lo dijo con un tono más confiado y le sacó la lengua al menor. Era fácil cambiar la marea que eran sus sentimientos pues era un experto ocultándolos con la actuación del hermano mayor despreocupado e imbécil integral.
- Je. No es Totoko-chan... aunque Totoko-chan siempre tendrá una de las llaves de la cerradura de mi frío y desgastado corazón.
- Pffff... cough… cough... –El mayor trató de aguantarse la risa y terminó atragantándose. Desde hacía un tiempo había llegado a un punto donde en lugar de sentir dolor con las frases de su hermano, terminaba riendo por estas. En ocasiones realmente sentía vergüenza ajena, pero cuando soltaba frases ridículas de la nada sentía un cosquilleo en las mejillas y trataba de concentrarse en que no se formara una sonrisa estúpida en su rostro.
- ¿O-Osomatsu, estás bien? ¿Te he lastimado de nuevo siendo doloroso? –Preguntó Karamatsu con genuina preocupación.
- Estoy bien... No es eso. –Dijo Osomatsu que ya había recuperado el aliento. Se aclaró la garganta antes de seguir hablando.- Y también estoy bien con la invitación. Tu hermano mayor está muy feliz ya que has recordado mi petición sobre tener un tiempo de calidad entre hermanos.
Esto último lo dijo con una enorme sonrisa y Karamatsu sonrió de manera natural devolviendo el gesto.
Una vez aclarada la invitación, decidieron cambiarse de ropa y salieron de casa hacia el cine. Karamatsu llevaba su estilo casual con chaqueta de cuero y por lo menos en aquella ocasión no se puso sus pantalones brillantes y la musculosa con su cara. Osomatsu optó por salir con su overol amarrado en la cintura y su camisa blanca de manga larga. De cualquier manera, el mayor no tenía muchas prendas de ropa y se ponía lo primero que encontraba en su cajón.
Ninguno de los dos habló en el trayecto, y para Osomatsu esto resultó bastante incómodo, aunque Karamatsu no mostraba signos de incomodidad. Caminaba a paso veloz delante del mayor con su típica sonrisa que pretendía ser de un chico cool. Por ello mismo, aunque sentía un extraño sentimiento de vacío en la boca del estómago, caminaba detrás de él con cara de indiferencia mientras simulaba que se hurgaba la nariz y por momentos se estirara con flojera.
- Brother, ya llegamos...
Una voz profunda sacó a Osomatsu de su ensimismamiento, y al reaccionar se dio cuenta de que Karamatsu le estaba pasando una mano frente a su rostro, moviéndola de arriba hacia abajo para ver si reaccionaba.
- Agh... Sí, lo siento.
- Osomatsu, si no te sientes con ánimo podemos venir otro día... –Karamatsu le miraba un poco confundido por el estado en que el mayor estaba.
- ¡Ah, no! Hoy está bien. Perdón, estoy bien, sólo estaba distraído pensando tonterías. –Dijo mientras se estiraba y simulaba que se estaba desperezando.- Bueno, Karamatsu, tu querido hermano espera que hayas elegido una buena película.
Nuevamente había regresado a su comportamiento habitual y, mientras ambos hermanos hablaban sobre que el nombre de la película parecía indicar que era una comedia romántica palomera, entraron al cine. Compraron palomitas y bebidas, los cuales Osomatsu había pagado con el dinero que estaba en un encantador monedero color rosa. Karamatsu se imaginaba la procedencia de aquel dinero pero prefirió no decir nada y sonreír mientras arqueaba una ceja.
Al entrar en la sala de cine notaron que la sala estaba casi vacía. De no ser por dos parejas de jóvenes y unas chicas de preparatoria en la parte de atrás, habrían estado solos en aquella sala. Sin darle mucha importancia buscaron sus lugares y se sentaron a esperar que la función comenzara. Disfrutaban sus palomitas como si fuera la primera vez que las comían mientras comenzaban los cortos. Incluso comenzaron a pelear por ellas saltando en sus asientos y pellizcándose las manos el uno al otro. Y como si hubiesen acertado en una apuesta, la película, efectivamente era una comedia romántica bastante simplona y sin gracia. A mitad de la película, y gracias al proceso de digestión y el aburrimiento de aquella trama sosa, Osomatsu terminó por quedarse dormido sobre el hombro de Karamatsu.
Al sentir cómo la cabeza de su hermano mayor era depositada sobre su hombro de improvisto, Karamatsu se sobresaltó. Giró lentamente su cabeza con un poco de confusión para luego ver su rostro durmiente. Al notar que estaba completamente privado, suspiró y aunque trató de despertarle moviendo su hombro y llamándole por su nombre, no tuvo ningún resultado. Después de 10 minutos tratando de despertarle decidió darse por vencido.
- Qué tonto... –Dijo en voz baja para no molestar a los demás que estaban viendo la película absortos. Sabía que su hermano era un caso en situaciones así. Insistía en salir de paseo a compartir unos momentos juntos, pero era capaz de dormirse en ese "preciado" tiempo de calidad entre hermanos.
Mientras Karamatsu pensaba que ya que se había dormido no tendrían nada de que platicar al salir del cine.
La película llegó a su recta final, y al observar aquella escena de un beso entre los protagonistas, se sobresaltó aún más que antes.
Su respiración estaba más agitada.
Podría voltear su rostro unos centímetros más y con el menor esfuerzo posible podría robarle un beso a su hermano mayor, y ya que estaba tan profundamente dormido, no se daría cuenta.
Pero, sabía que eso no era lo correcto así que sacudió su cabeza con fuerza ahuyentando aquellos deseos impuros. Aunque más que si era correcto o no, lo que de verdad le hizo tranquilizar aquellos impulsos fueron los otros espectadores que estaban en aquella sala del cine. Al escuchar unas risillas en la parte de atrás de la sala, recordó que no se encontraban solos.
En la pantalla se mostró una nueva escena. Una parte cúspide en la que los protagonistas iban a un hotel. Era una escena cómica, pero los recuerdos que evocaron en Karamatsu no eran para nada graciosos.
Un repentino sentimiento de impotencia se apoderó de su cuerpo. Una arruga se formó entre sus dos cejas. Se había llenado de furia al recordar todo lo que le había dicho aquél "chulo" de Osomatsu, y surgió en él un creciente deseo de darle un puñetazo a su hermano, de golpearle hasta que no tuviera ganas de seguir con aquél estúpido juego que estaba jugando sin pensar que podría ser descubierto fácilmente. Y si eso no funcionaba, aún podía encerrarlo en casa... o tal vez... romperle las piernas para que nunca escapase de su lado y así nadie más le tocara de nuevo.
Los oscuros pensamientos se disiparon en el instante que fue cegado por la luz del cine. La película había terminado de manera bastante tonta, pero Karamatsu se había perdido el final mientras pensaba en aquellas cosas horribles. Se mordió la uña del pulgar con arrepentimiento y sintió ganas de golpearse a sí mismo por ser tan retorcido en momentos así, pero era imposible controlar su imaginación cuando su querido hermano mayor estaba involucrado. No podía evitarlo, pues literalmente, le amaba al borde de la locura.
Este amor había comenzado muchos años atrás, desde que eran niños. Aunque en aquella época pensaba que ese cariño excesivo y la búsqueda de ser reconocido por Osomatsu era debido a que éste era el mayor y el líder de todos. Había confundido el amor que sentía con admiración, pero no era del todo mentira, pues siempre había admirado la tenacidad de su hermano cuando se proponía algo, y que a pesar de que siempre buscaba motivos para burlarse de todos también les protegía del peligro y de otras personas que trataran de lastimarlos.
Esa parte de la personalidad de su hermano mayor, le dio la motivación para volverse un hombre capaz de proteger a sus hermanos. Había entrenado para ello, siempre cuidando su figura y condición física, y lo había hecho no sólo por ser un narcisista como decían sus hermanos. Aunque tampoco podía negar que una parte de aquello si era verdad.
Había notado que aquello que sentía era amor cuando se dio cuenta de que la molestia y los enojos que le invadían en ocasiones eran celos. Siempre pensó que al ser el segundo hermano le correspondía ser la mano derecha del mayor, pero por extraño que pareciera, esto nunca sucedió ya que el que siempre estaba con Osomatsu era Choromatsu. Aún así siempre albergó las esperanzas de ser tomado en cuenta por éste, ya que era lo máximo a lo que podía aspirar ya que aquél amor era incorrecto por ser ambos hermanos. Además, no estaba ciego. Había otras razones por las que jamás podría funcionar aquello además de que fueran hermanos.
Su momento de ser tomado en cuenta sólo llegó hasta la preparatoria pues para su desgracia, en sus años de secundaria, Osomatsu se la pasaba con Ichimatsu.
En aquél entonces estaba muy confundido. No entendía por qué estaba tan enfadado todo el tiempo. Es decir, Ichimatsu era aquel con el que solía pasar más tiempo y al que pensaba que en realidad quería más, y de repente años después era la mugre de la uña de Osomatsu. Fue difícil entender de quién estaba celoso. Probablemente de ambos, pero más eran los celos de no ser tomado en cuenta por el mayor. Trató de pensar que en realidad era cuestión de suerte, pues si Osomatsu e Ichimatsu se la pasaban juntos esto sólo era debido a que ambos terminaron por azares del destino en el mismo salón.
En la preparatoria estaba muy feliz de saber que había quedado en la misma clase que Osomatsu, pero quedó devastado cuando notó que éste hizo amigos y no le prestaba atención a él. En casa era lo mismo. La adolescencia fue bastante complicada para todos los sextillizos Matsuno, tratando de encontrarse a sí mismos, por lo que cada quien estaba en sus asuntos.
De no haber sido por aquella ocasión en la que le salvó de aquél grupo de delincuentes, no habrían roto el hielo y tampoco se habrían vuelto cercanos. No era algo de lo cual debiera sentirse feliz, pero no podía evitar agradecer que las cosas se hubieran vuelto de aquella manera.
Pasó unos minutos con su mente divagando entre recuerdos felices cuando las chicas que estaban detrás de ellos pasaran a un lado al bajar las escaleras y soltaran unas risillas indiscretas, teniendo que tragarse la vergüenza mientras les miraban. Ahora trataba de despertar a Osomatsu con más empeño que antes, quien seguía reposando sobre su hombro. Comenzaba a preocuparse pues los de la limpieza podían entrar en cualquier momento, por lo que comenzó a sacudir con mayor fuerza al mayor.
- Mmmm... ¿Qué... diablos? –Mientras abría los ojos sobresaltado, el mayor parecía confundido.- ¿Dónde… estoy? Nnnn... –Giró la cabeza de un lado a otro para saber dónde estaba y por qué. Su cabeza aún estaba apoyada sobre el hombro de su hermano pero no se había dado cuenta aún.- ¿Karamatsu?
Tal vez fue porque estaba medio dormido, o eso pensó Karamatsu, pues la reacción de su hermano no fue la que se esperaría. Lo normal habría sido que le gritara sorprendido, o hubiera actuado como si tuviera asco. En cambio, Osomatsu sólo levantó su cabeza, pestañeó un par de veces mientras le veía directo a los ojos y recargó su cabeza sobre su hombro una vez más.
Karamatsu pensó que su pecho le estallaría en cualquier momento. Se llenó de un sentimiento de euforia al notar que su hermano mayor estaba siendo meloso con él. Esto provocó que él también actuara más atrevido de lo normal. Deslizó su brazo por detrás de la espalda del otro para abrazarle y apoyó su cabeza encima de la suya.
Al parecer, con aquella acción, logró que Osomatsu despertara por completo y el ligero rubor que teñía sus mejillas se había vuelto de un rojo intenso, el cual Karamatsu notó desde la posición en la que se encontraba al ver las orejas coloradas de éste. Aún así, no le soltó. Por el contrario, apretó más aquel abrazo.
- Karamatsu... ¿Q-qué estás haciendo? –El mayor preguntó y apretó los ojos con fuerza. No era como si no estuviese acostumbrado al contacto físico con su hermano, pero aquel abrazo se sentía diferente. Se sentía íntimo. Tal vez por el lugar donde se encontraban, o por la delicadeza del tacto del menor.
- Es un abrazo... –Contestó mientras sonreía y le apretó con mayor fuerza.
- Sé lo que es un maldito abrazo... –Osomatsu comenzó a temblar mientras trataba con desesperación de seguir la conversación y actuar como si no pasara nada.- Déjame ponerlo más claro para que tu cerebro de mierda pueda comprenderlo mejor. ¿Por qué diablos me estás abrazando?
- Bueno, tú te pegaste a mi primero. –Contestó un poco desafiante. Tenía su típica sonrisa torcida en el rostro pues le parecía gracioso que a pesar de las palabras hirientes que estaba soltándole, no hubiese hecho por apartarlo o golpearlo. Aún seguían ahí, en aquel abrazo tan impropio para dos hombres adultos en un lugar público.
Osomatsu pareció sorprendido al escuchar a Karamatsu e hizo una mueca. De verdad no recordaba nada y de pronto lucía aterrado. Aún así, continuó la conversación poniéndose a la defensiva.
- Incluso si yo empecé no tenías que continuarlo, Mierdamatsu. Esto es tan... raro. –Bajó la cabeza un poco para que no viera su rostro. Había llegado a un punto en el que sólo estaba hablando por hablar.
- Pensé que a lo mejor estabas necesitado de cariño y querrías un par de mimos. –Aún seguía extrañamente confiado.
- ¿Necesitado de cariño? –Su voz se quebró un poco.- Si quisiera una muestra de cariño se la pediría a Totoko-chan y no a ti. Deberías dejar de burlarte de mí y soltarme, imbécil.
Esa era la señal. Quitó su brazo de sus hombros. Karamatsu sabía hasta dónde era capaz de aguantar su hermano mayor sin comenzar a irritarse y decir cosas hirientes. Probablemente, ahora su hermano estaba sufriendo al decir cosas que no pensaba en realidad. Tal vez Karamatsu de verdad era un tonto de niveles increíbles, pero eso no evitaba que se diera cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Ambos se quedaron en silencio.
Karamatsu observó a su hermano mientras este se recomponía. Era tan delgado a comparación suya. A pesar de que cuando eran pequeños, todos eran idénticos, al crecer cada uno fue tomando pequeños rasgos que si bien eran imperceptibles para las personas de su alrededor, por lo menos entre los sextillizos, les ayudaba a reconocerse entre sí. Tenían la misma complexión física, la misma altura, la misma talla de ropa y zapatos, y el mismo corte de cabello... pero los gestos, el tono muscular, la voz y personalidad diferían mucho. Cada uno era único y especial a su forma.
A comparación de Karamatsu que solía ejercitarse, Osomatsu no tenía tono muscular. Karamatsu le había visto por años por lo que sabía que su cuerpo era delgado a pesar de no mover ni un dedo, comer en buenas cantidades y llevar un estilo de vida sedentaria y viciosa. Igual era flexible ya que se la pasaba haciendo estiramientos en casa, y es que no por nada hacía ballet de pequeño. A pesar de eso, era fuerte en las peleas, y él lo sabía de primera mano pues le había visto en varias ocasiones peleando en la escuela. Incluso cuando ocurrió el incidente de Ichimatsu, años atrás, Osomatsu les había dado la paliza de sus vidas a los responsables y él había sido testigo de aquello.
A pesar de todo eso, para Karamatsu, su hermano mayor lucía extremadamente frágil. No podía explicar las razones exactas, pero suponía que no era por el físico, sino por algo de su personalidad.
En algún momento del camino, los deseos de Karamatsu cambiaron radicalmente. Al principio deseaba ser abrazado por su hermano mayor; que le acariciara la cabeza, que lo reconociera, e incluso, sexualmente hablando, que le tomara. Pero, cuanto más le observaba y notaba su fragilidad, un deseo de querer tomarle surgió. Quería que aquel menudo cuerpo temblara de placer por él, y esa era la imagen que le había acompañado durante los últimos años.
Además de aquella fragilidad que percibía en su hermano mayor, recordó que sólo en contadas ocasiones había visto llorar a su hermano, pues la mayoría del tiempo se guardaba sus emociones y prefería cerrarse a los demás. Incluso a él. Esto era algún tipo de sentimiento de orgullo para el mayor pues nunca mostraba su debilidad a los otros hermanos menores. Pero incluso aunque con Karamatsu no ocultara sus lágrimas, cuando su hermano cerraba su corazón, no se lo abría a nadie. Ni siquiera a él. Por ello, siempre cuidaba no rebasar aquella línea que podía perturbarle.
- Disculpen, debo pedirles que se retiren de la sala para poder comenzar la limpieza.
Ambos hermanos inclinaron la cabeza para ver a la chica del cine que había entrado con un carrito lleno de instrumentos de limpieza y un bote de basura.
- ¡Ah, disculpe! ¡Estábamos viendo si había escenas post-créditos después de la película! Ya puede comenzar con su trabajo, my sweet lady. No dejaremos que pierdas más de tu preciado tiempo que se agota poco a poco, pues este nunca más regresará. –Karamatsu fue quien contestó mientras se paraba y le dedicaba una pose ridícula a la chica para que todo luciera natural. La de la limpieza sonrió por cortesía aunque lucía un poco disgustada por la última frase y la pose.
Karamatsu no perdió el tiempo. Tomó del brazo a Osomatsu y le jaló para que se parara. No hubo reacción, Osomatsu estaba de pie sin decir nada, por lo que simplemente le arrastró, bajaron escaleras y caminaron hacia la salida del cine.
Una vez afuera, Karamatsu observó a su hermano quien aún lucía confundido, como si estuviera peleando consigo mismo. Sabía lo que tenía que hacer.
- Brother... Yo, lo siento. –Se postró en el piso y le pidió disculpas de rodillas.
Esto regresó a Osomatsu a la realidad.
- ¿Qué demonios estás haciendo, Karamatsu? ¡Levántate del piso! –Fue como si un clic sonara en el cuerpo del mayor, haciendo que regresara a ser el de siempre.
- Lo siento. –Volvió a repetir.- Sólo bromeaba cuando dije que me habías abrazado primero porque estabas necesitado de cariño.
Osomatsu le miró con extrañeza. Era verdad que estaba irritado, pero sabía que no era culpa de Karamatsu. Al contrario, si alguien tuviera que pedir disculpas era él, por toda la mierda que le había dicho y la manera en la que le había tratado después de tomarse la molestia de invitarle al cine. Sintió un nudo en la garganta. En momentos así, cuando veía lo dulce que era Karamatsu con él aunque no lo merecía, se daba cuenta de lo increíble que era. Era tan doloroso. Un idiota que hacía que él no pareciera tan idiota cuando estaban juntos. Pero agradecía que fuera así, porque Karamatsu podía hacerle sonreír incluso cuando estaba muy molesto.
- Eres un tonto. –Sonrió mostrando toda su dentadura y le estiró la mano para ayudarle a levantarse del suelo.- De acuerdo, te perdono. Ahora, deja de ser un imbécil y levántate de ahí. De seguro ahí se ha orinado algún perro, qué asco.
Karamatsu sonrió y tomó su mano para que le ayudara a incorporarse. Una extraña calidez les invadió y era como si no hubiese pasado nada. Ese era el tipo de relación que tenían. Un día peleaban, al día siguiente eran los mejores amigos y hermanos. Se gritaban y golpeaban, y después de unos minutos tonteaban y eran los tarados más felices y sonrientes del mundo.
- Osomatsu... ¿Podemos ir a una cafetería antes de volver a casa? Ah, no tiene que ser una cafetería si no quieres. Sólo un lugar donde podamos sentarnos y charlar un raro. –Preguntó con un poco de pena.
- Mmmh... Está bien. –Contestó el mayor.- Preferiría ir a tomar unas cervezas a un bar, pero supongo sería mucho pedir. Las cervezas pueden ser para la próxima.
- ¡Claro! ¡Para la próxima! –Una enorme sonrisa idiota se formó en su rostro. El pensar que habría una próxima vez le llenó de felicidad. Aunque la sonrisa no duró mucho en su rostro pues recordó que tal vez no habría algo como eso en el futuro.
Ambos decidieron que lo mejor sería ir a un restaurante familiar para ahorrarse un par de billetes y de paso llenar sus tripas vacías con buena comida.
- ¿Y bien? ¿Cómo te ha ido con ella? –Habló Osomatsu quien había terminado de pedirle su comida al mesero.
- ¿Eh? –Esa pregunta dejó perplejo a Karamatsu por unos segundos, pues no entendió de qué hablaba su hermano.
- La chica que dijiste que te gustaba. Pregunté que cómo te ha ido con ella... –Le miró con un gesto irritado.
- ¡AH! ¡La chica! –Al fin había entendido a que se refería con aquella pregunta. Había olvidado la tremenda mentira que había soltado a todos sus hermanos. Era un poco tarde para decir que fue una mentira que había dicho en un momento de enojo, por lo que decidió seguir con la farsa.- Ah, pues, supongo que sigo igual con ella. Es decir, en ocasiones salimos, pero al parecer no le interesa tener algo serio conmigo. Además de que ha estado viendo a otros hombres a mis espaldas... –Frunció el ceño al decir lo último. Sabía que la situación con su hermano no era tan simple como eso pero necesitaba desahogarse un poco y Osomatsu no era tan listo como para notar que en realidad hablaba de él.
- ¡¿Se ve con otros hombres?! Karamatsu... ¿Con qué clase de zorra desalmada estás saliendo? –Alzó un poco el tono de voz y le veía con un notable disgusto.
El mayor hablaba con seriedad pero Karamatsu no pudo evitar pensar en lo irónico de la situación.
- Karamatsu... no sabes elegir mujeres decentes... –Dijo con expresión de enfado.
- Bueno, no es que tú seas un experto en el tema, Osomatsu. Hablando de ello, ¿qué pasó con la novia que tenías en la preparatoria? –Replicó igualmente con un tono de molestia.
Karamatsu se dio cuenta de que había metido la pata al ver la expresión de sorpresa del mayor.
- ¿De qué novia estás hablando? –El mayor no entendía cómo es que le preguntaba aquello pues nunca le había contado a ninguno de sus hermanos sobre la novia que había tenido, mucho menos a Karamatsu. Después de todo, su relación con ella no duró tanto después del embarazoso suceso de la primera vez y la cachetada, y es que a pesar de haberle pedido disculpas, al final, ambos cortaron por decisión mutua. Aunque en realidad, fue Osomatsu el que insistió en dejarlo alegando que la chica merecía algo mejor.
- Ah. Bueno. Supongo que es porque estábamos en el mismo salón, pero varias chicas solían comentarlo mucho. Y también lo que pasó en aquella ocasión con lo de aquella chica. Tú sabes, a la que acosaban. –Con aquella explicación, Osomatsu se había relajado un poco.
- Pues... aquella chica era bastante decente comparándola con tus elecciones. Era linda, amable, buena cocinera, y sobretodo tenía unas tetas enormes... –Puso ambas manos frente a su pecho simulando que tocaba un par de tetas imaginarias e hizo una pantomima de viejo verde como si estuviera manoseando a una colegiala.
- ¿Ah, sí? –Karamatsu trataba de disimular una mueca ya que estaba ligeramente enfadado. Una mezcla de celos y orgullo herido.- Si era tan perfecta... ¿Por qué terminaste con ella?
Osomatsu dejó de hacer aquella pantomima vulgar al escuchar la pregunta. Tragó en seco... no era como si pudiera decirle a su hermano 'Ah, la dejé porque como en realidad descubrí que te amaba a ti y comencé a tener sueños húmedos contigo, y entonces me sentí tan culpable que ya no podía verla a la cara.
- Bueno, supongo que era demasiado buena para mí. –Dijo a la vez que esbozaba una sonrisa incómoda.- Digo, en primer lugar no entiendo por qué le gustaba yo. Podría haber escogido a alguien mejor desde el principio.
- ¿Eres tonto? –Arqueó las cejas.
- ¡¿Ahhhh?! ¿Por qué el insulto de repente? –Dijo con sorpresa un ligero toque de molestia. No era un insulto tan vulgar como los que él solía soltar, pero viniendo de Karamatsu se sentía ofensivo, ya que no solía insultar a los demás.
- Porque en ese entonces eras bastante popular. Incluso casi tanto como yo, el cool guy de la clase. –Decía mientras adoptaba una pose de revista con un codo sobre la mesa sujetando su frente y el otro brazo recargado en la mesa.
- Pfff... ¿Yo, popular? Se escucha tan ridículo como que tú eras popular, jajajajajajaja... –Soltó una carcajada mientras sujetaba su estómago.
- Je. Aunque te rías yo era bastante popular. –Volvía a fruncir sus gruesas cejas.
- ... Lo sé. Sólo bromeaba... También sé que has tenido varias novias y la mayoría fueron durante la preparatoria.
- ¿Haaaa? ¿Y cómo sabes eso? –Karamatsu se sintió expuesto pues no pensó que su hermano supiera alguno de sus tan guardados secretos.
- Oniisan lo sabe todo. –Sonrió de manera diabólica y juguetona.
Karamatsu tragó en seco por aquella afirmación. Sabía que era imposible aquella afirmación, pero de todas formas no podía evitar sentirse nervioso. Y al mismo tiempo se sentía ligeramente emocionado por aquella sonrisa pícara de su hermano mayor. Era hasta cierto punto excitante para él.
- ¿A-ah, sí? ¿Q-qué más sabes? –Trataba ahora de mantener su típica sonrisa pero sentía como una gota de sudor se deslizaba por un lado de su frente.
El mayor cambió su expresión antes de hablar. Cerró los ojos mientras rememoraba algunos recuerdos.
- Sé que te tengo que dar las gracias por salvarme en aquella ocasión. Supongo que lo recuerdas, pero nunca hablamos del tema y nunca te di las gracias de manera apropiada. –Dijo mientras mantenía los ojos cerrados y luego los abrió para agregar algo más.- ... Karamatsu... Gracias.
Fue un agradecimiento desde el fondo de su corazón por lo que a Osomatsu le tomó mucho esfuerzo el contener la vergüenza que estaba sintiendo. No solía ser sincero jamás y siempre desvirtuaba las cosas con comentarios maliciosos. Era un bufón hecho y derecho, pero en ese momento sentía que tenía que ser serio aunque le doliera.
Por supuesto, Karamatsu notó un ligero sonrojo en su hermano y al ver su gesto de incomodidad se sintió extrañamente extasiado y conmovido.
- Para eso están los hermanos, brother. Por ti, recolectaría todo el rocío de las hojas del jardín al amanecer. Gota por gota. –Dijo con ambos ojos brillantes y sujetó ambas manos de Osomatsu entre las suyas.
Osomatsu se mostraba aún más incómodo pero no apartó sus manos. El sonrojo desapareció de sus mejillas a pesar de que sujetaba sus manos. Una risilla incómoda se escucho de entre sus labios. Incluso aunque le gustara tanto su hermano menor habían momentos en los que de verdad le avergonzaban sus comentarios y se preguntaba si de verdad los decía en serio o sólo en broma. Estaba tan contrariado de que por una parte no quería que Karamatsu soltara sus manos y por el otro lado también se preguntaba la razón de que semejante tonto le gustara tanto. Lo peor era que aunque se sintiera así, sí que sabía por qué le amaba tanto. Ni siquiera fue capaz de seguirle a la broma y fingir que le dolían las costillas por semejante frase de su doloroso hermano.
Ambos permanecieron en silencio unos segundos hasta que Karamatsu le soltó y se decidió a continuar la conversación.
- Osomatsu... –Se aclaró la garganta.- ¿Puedo preguntar a qué se debió aquella pelea?
¿Y también... si pasó algo que no me hayas dicho?
- ¿Algo que no te haya dicho?
- Es que... en aquella ocasión estabas llorando... y... tenías los pantalones abajo.
Osomatsu abrió los ojos y se quedó pensativo un momento.
- Oh... –Comprendió lo que su hermano quería decir. Se quedó pensativo unos segundos mientras el menor le miraba con algo de impaciencia.- Karamatsu, ya sé qué es lo que estás pensando. Y quiero dejarte en claro que no pasó nada de eso.
- Osomatsu, ¿estás seguro? ... Porque yo... –No pudo continuar, pues su garganta se cerró por los nervios.
- Lo digo en serio. Probablemente si habría ocurrido lo que estás pensando. No, definitivamente eso es lo que iba a pasar. –Tomó aire y continuó.- Pero, quiero que entiendas que no pasó porque tú llegaste en el momento preciso, es por eso que te agradecí hace un momento por salvarme. De no haber sido por ti, entonces yo habría vuelto a... –Hizo una pausa envuelto en una sensación de pánico y luego corrigió su frase.- Ah, es decir, de no ser por ti yo habría pasado por una situación muy terrible.
- Osomatsu, si eso es verdad no quiero ni pensar en lo que habría ocurrido de no... Salvarte.
- Tranquilo, habría terminado conmigo cagándoles encima de sus pitos y si eso no hubiese funcionado, tu hermano mayor tiene una poderosa dentadura. –Dijo sonriendo y mostrando todos los dientes y haciendo el ademán de morder con fuerza algo que tuviera en la boca.
Karamatsu puso cara de asco y de dolor por aquél comentario. No sabía si sentirse asqueado o irritado o incluso asustado de que no le diera seriedad al asunto.
- No es gracioso, Osomatsu. –Lucía preocupado.
- Lo sé, pero es agua pasada. Y no pasó nada así que no tiene sentido hacer un circo y maromas de ello.
En ese momento el mesero llegó con los alimentos y bebidas de ambos. Osomatsu había pedido un omelette de arroz y Karamatsu pidió un bistec de carne. El mayor comenzó a devorar su platillo a cucharadas mientras que el menor bebió un poco de té pues su garganta estaba seca.
- Gracias por la comida. –Dijo Karamatsu antes de comenzar a comer ya que aún conservaba modales. Por lo menos, en lugares públicos, ya que según él tenía una reputación que cuidar.
Ambos siguieron la conversación y hablaron de temas más triviales. Recordaron a algunos compañeros de la escuela, las tonterías que hicieron para los festivales escolares, y sobretodo, algunas de las travesuras que hicieron juntos en ese corto tiempo cuando eran inseparables.
Al termina, regresaron a casa y el camino Karamatsu pensó que se sentiría más calmado, pero aún sentía como si tuviera unos pesados zapatos de piedra. Salir así con Osomatsu y poder verle tan alegre le hacía feliz a él y casi le hacía olvidar todo el asunto de su promiscuidad con hombres mayores. Casi. Era imposible olvidarlo aunque lo sintiera tan irreal.
Era como nadar en el fango, aunque quisiera tranquilizarse sólo podía sentir que su tolerancia se agotaba. Tenía claro lo que debía hacer pero una parte de sí mismo quería pensar que no habría necesidad, que tal vez su hermano pararía sin tener que hacer nada.
Era gracioso. Lo que su hermano mayor hiciera no le incumbía para nada, pero aún así era tan doloroso para él que no podía quedarse de brazos cruzados. No quería pensar en la posibilidad de que otro hombre que no fuera él, abrazara a su hermano. Estaba siendo egoísta. Pero tenía claro que si su hermano mayor no podía ser suyo, no sería de nadie.
Al llegar a casa ambos entraron hasta el recibidor, y cuando Osomatsu se giró hacia él con una sonrisa y le susurró un 'Gracias', Karamatsu apenas y pudo esbozar una sonrisa. Se quedó de pie en la entrada mientras el mayor entraba corriendo de una manera muy linda y entraba a la habitación. Pudo escuchar que mencionaba el nombre del tercer hermano y se irritó aún más.
Sacó de su bolsillo una esfera de cristal de color azul. La observó fijamente y notó que estaba oscura, como si tuviera humo dentro haciendo que se viera turbia. Sabía que estaba perdiendo la cordura cada vez más y más.
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El sol se estaba poniendo y en casa sólo estaba el mayor con sus dos hermanos más pequeños. El más joven de todos, acostado en el sillón, estaba en su celular editando sus fotos y agregándoles filtros. Los otros dos estaban jugando Jenga, pero como la estupidez y el absurdo se hacían presentes cada vez que estaban juntos, acomodaron las piezas chuecas e incluso verticales de forma que cuando Osomatsu trataba de sacar una pieza de abajo, toda la construcción temblaba y ambos gritaban como histéricos, haciendo que el menor frunciera el ceño y poco a poco perdiera los estribos.
- Osomatsu-niisan, Jyushimatsu-niisan, dejen de gritar por favor. –Comentó Todomatsu quien en ese momento se tomaba unas selfies con el Snapchat.
- Ah... –Ambos hicieron una cara de sorpresa como si fuera la primera vez que notaran que el menor estaba ahí, obvio, a propósito para seguir colmándole la paciencia.
- Ughhh... Ustedes dos son unos patanes. Osomatsu-niisan, por tu culpa Jyushimatsu-niisan se está yendo por un mal camino. Deberías de…–Aunque fuera el menor en ocasiones tenía que meterle una reprimenda a su hermano mayor. Paró al inicio de su oración al notar algo que llamó su atención.- ¿Mmmm? ¿Qué es eso que está en el suelo junto a ti, niisan?
El suelo había una esfera del tamaño de un durazno, de color rojo y bastante brillante. Era como una esfera de navidad, bastante bonita y llamativa. Tanto Jyushimatsu como Todomatsu voltearon a ver la esfera sin saber qué era. Osomatsu fue el último en observarla. Cuando sus ojos encontraron la pequeña esfera, su pulso se aceleró, rápidamente la agarró con una mano y la aplastó con toda su fuerza, para la sorpresa de sus hermanos. Un sonido de algo crujiendo se escuchó por toda la habitación y ambos hermanos menores dieron un respingo al escuchar aquel sonido desagradable.
- ¿O-Osomatsu-niisan? –Todomatsu fue el valiente en hablar mientras Jyushimatsu sólo observaba con una sonrisa nerviosa.- ¿E-estás bien? ¿Qué… qué era esa cosa?
- Oh, ¿Esto? –Abrió la mano para mostrar lo que ahora sujetaba.
- ¿Ah? Pero si eso es... el ego de Osomatsu-niisan... –El menor fue capaz ahora de reconocer aquella pues se había convertido en una diminuta piedra roja y opaca, la cual ya había visto ante cuando ocurrió el incidente del ego de Choromatsu.
- ¿El qué? –Preguntó Jyushimatsu.
- Ah, es... lo que representa la personalidad y la autoconciencia... –Había comenzado a explicar el menor pero al ver la cara de confusión de Jyushimatsu se dio cuenta de su error.- No, quise decir que es algo que todos tenemos y llevamos con nosotros, Jyushimatsu-niisan.
- ¿Eh? Yo no tengo nada como eso.
Todomatsu no supo que contestar pero notó de reojo que Osomatsu depositaba su ego dentro de su bolsillo nuevamente.
- Jyushimatsu-niisan, olvídalo. Luego te lo explicaré con más calma. –Suspiró y volteó a ver al mayor de ellos con una expresión juzgadora.- Osomatsu-niisan, ¿Qué fue eso?
- No tengo la menor idea de qué estás hablando. –Contestó mientras se hurgaba el oído con su dedo meñique y sonreía con un aire inescrutable de verdad y mentira.
- Osomatsu-niisan, tanto Jyushimatsu-niisan como yo hemos visto como estaba tu ego antes de que lo aplastaras... Era más grande y brillante. ¿Qué estás tratando de ocultar? –Lucía en verdad enfadado mientras hablaba.
- Dije que no tengo la menor idea de qué estás hablando...
- ¡¿Acaso crees que somos estúpidos?!
Jyushimatsu se limitó a verlos a ambos mientras un aire de tensión se sentía en el cuarto y ambos hermanos se lanzaban filosas miradas.
- Osomatsu-niisan, Totty... no peleen...
Ambos hermanos voltearon a ver a Jyushimatsu y al ver su expresión de preocupación se recompusieron un poco.
- Aghhh... Osomatsu-niisan. Tú eres el que dijo que debería contarles todo porque somos hermanos, así que por qué ahora tratas de ocultar las cosas. –Hizo un nuevo gesto de enfado pero un poco más suave. Se sentía ofendido con la actitud de su hermano mayor.
- ¡¿Qué?! Ugh, sé que yo dije eso... pero también te dije que hay cosas que no eran necesarias que nos dijeras. Es sentido común. –Le tomó un poco desprevenido que usara sus propias palabras en su contra.
- ¡Yo no entiendo en dónde está esa línea de sentido común, Tontomatsu-niisan! ¡Eres el peor! ¡Basura! ¡Traidor! ¡Cabeza de caca! ¡Y yo que confiaba en ti y te conté todos mis secretos! –Para él, que había compartido incluso su fetiche por las arrugas de los ombligos, se le hacía muy injusto que su hermano guardara secretos.
- ¿T-totty? –Incluso Jyushimatsu, quien seguía limitándose a sólo observar la situación, se sorprendió al escuchar la retahíla de insultos del hermano menor.
Osomatsu tardó en reaccionar ante ese comentario. Nuevamente sentía la frustración de hablar con Todomatsu y que no comprendiera cosas tan simples que hasta un idiota como él entendía. Suspiró y continuó.
- Todomatsu-kun... cálmate. En serio es una cosa sin importancia. –Trató de sonar como si dijera la verdad.
- Osomatsu-niisan, si de verdad es algo sin importancia por qué no puedes decírnoslo. ¿En serio no confías en tus hermanos? –Ahora, el menor tenía una cara de decepción.
Era increíble para el mayor que había olvidado lo persuasivo que podía ser el menor en ciertas ocasiones. Le había pegado justo en donde más le dolía. Decidió darles una explicación a ambos.
- Todomatsu, no es tan sorprendente como te estás imaginando. A veces pasa que nuestras autoconciencias cambian, como le pasó a Choromatsu. Últimamente creo que se me ha inflado un poco el ego. –Dijo mientras sacaba aquel ego de su bolsillo para enseñárselos a ambos. Para sorpresa de Todomatsu, este estaba retomando su forma redonda y brillante.
- ¿Otra vez está brillante? –Preguntó Jyushimatsu que aunque no entendía muy bien todo ese asunto de los egos que decían sus hermanos, igual estaba sorprendido de ver el cambio. Sólo sabía que ese algo era por así decirlo, su hermano mayor o algo así.- Está lindo otra vez.
Osomatsu se sintió un poco incómodo ante ese comentario halagador. Pero como era Jyushimatsu, por lo que no le prestó demasiada importancia.
Todomatsu volvió a retomar la palabra.
- Pero... si sólo es eso por qué tratabas de ocultarlo... ¿Qué tiene de malo que tu ego esté grande y lindo? Eso sólo significa que últimamente tienes una mejor opinión de ti mismo y de tu vida... –Dudó un poco antes de continuar.- Eso... es bueno, Osomatsu-niisan.
- Tal vez tú lo veas bien, pero prefiero cuando mi ego es pequeño. Te dije que es más fácil de controlar así.
- ¿Y entonces qué-...? –Todomatsu no terminó la pregunta pues Osomatsu le interrumpió.
- ¡Tranquilo! Tengo un método para sentirme como basura nuevamente, para cuando estas cosas ocurren. Mi ego estará como siempre muy pronto. –Dijo y sonrió muy confiado mientras se frotaba la nariz con un dedo.
- ¿Pero qué te ocurrió que ahora está así tu ego? ¿Te pasó algo bueno y por eso tienes exceso de confianza o algo así? –Aún quería seguir hondando en el tema.
- Ah, eso es algo sin importancia. –Respondió de manera cortante.
Todomatsu le miró unos segundos en silencio tratando de adivinar sus expresiones, pero nuevamente había puesto un gesto inescrutable. Era imposible saber qué era lo que estaba escondiendo.
- Si tú lo dices, Niisan. Suerte con eso. –Todomatsu ya no siguió insistiendo. Aún le quedaban dudas pero sabía que ya no sacaría nada de su hermano mayor.
Los tres hermanos siguieron hablando entre otras cosas de estupideces y temas al azar. En algún punto, Todomatsu comenzó a twittear fotos con ambos mientras hacían caras horrendas y el mantenía un gesto lindo. Sólo estaban haciendo el tonto para pasar el rato, pues cuando se era un nini como ellos, lo que más sobraba era el tiempo para perderlo en cualquier estupidez. Aunque para los tres era claro que era algo de tiempo de hermanos.
Aprovecharon para hacer cosas que sólo podían realizar cuando no estaban los otros. Como comerse los bocadillos para los gatos de Ichimatsu. Jugar con los artículos de edición limitada de idols de Choromatsu. Y jugar a imitar a Karamatsu diciendo cosas dolorosas. Osomatsu aún sentía el pulso acelerado al escuchar el nombre de Karamatsu.
Para sorpresa de Todomatsu y Osomatsu, Jyushimatsu imitó a la perfección a Karamatsu, y ambos sintieron un cosquilleo en la boca del estómago. Era como si el verdadero estuviese ahí. Era doloroso por lo que rápidamente cambiaron de juego y ahora los tres estaban armando aquel peligroso Jenga que parecía que se caería al más mínimo contacto. La tarde continuó así de calmada.
.-.
Era de noche cuando ya todos estaban en casa. Cada quien perdido en sus propias actividades cotidianas.
Karamatsu que había salido toda la tarde a dar un paseo y enfriar su cabeza, se observaba en su espejo de mano. Y como siempre, cuidando que nadie le viera, observaba a través de éste lo que su hermano mayor estaba haciendo detrás de él. Se sentía estresado por tantas cosas que sentía que había perdido muchos años de vida. Un poco de tranquilidad llegó a él, al ver que Osomatsu sólo hojeaba una revista tranquilamente. Estaba en el piso, con una expresión de fastidio que Karamatsu sólo podía clasificar como "linda".
Ya el día estaba acabando y sólo quería echarse en el futón a dormir y ya pensaría que hacer el día de mañana. Empero, su deseo se vio destrozado por varias razones.
- Eh, tengo que salir, hay un concierto nocturno de Nyaa-chan y ya compré mi boleto. –Dijo Choromatsu dejando en claro que tal vez regresaría a altas horas de la noche. Se despidió y salió.
- Yo... tengo unos asuntos que atender. –Dijo Ichimatsu y de igual forma salió de la habitación.
- Ah, acompañaré a Ichimatsu-niisan. –Dijo Jyushimatsu y se fue detrás de él.
Los tres que se quedaron en la habitación estaban un poco sorprendidos de que los otros tuvieran planes o ganas de salir.
- Bueno, supongo que igual saldré a pasear un rato. –Dijo Todomatsu, levantándose del sillón en el que estaba sentado y se acercó a la puerta corrediza de la habitación.
- Mmm, de acuerdo. Creo que también aprovecharé para salir a dar una vuelta. –Le contestó Osomatsu.
Al escuchar esto, el pecho de Karamatsu comenzó a tamborilear como loco. Es decir, era imposible que su hermano saliera para eso. Menos aquel día, pues lo habían pasado juntos. 'Debe ser una equivocación. Sólo me estoy imaginado cosas.' pensó tratando de tranquilizarse a su mismo.
- ¿Vas a salir también a pesar de no tener dinero para el pachinko, Osomatsu-niisan? Eso es bastante raro. –Todomatsu le miró con sospecha.- O seguro le hurtaste dinero a alguno de nosotros.
- ¿Ah? No voy a ir al pachi. No tengo dinero. –Hizo una expresión de derrota pues si que había revisado cajones y escondites secretos en busca de dinero y sin ningún resultado.
- Ahhhhh, ya. ¿Entonces irás a hacer lo que dijiste que haces para sentirte como basura? –Dijo Todomatsu como si hubiera descifrado el misterio.
Ante estas palabras, Karamatsu sintió como si su corazón se hubiera parado por un segundo. ¿De qué diablos hablaba Todomatsu? ¿Qué tanto podía saber? Su querido hermano era muy descarado, pero... ¿Lo era tanto como para haberle contado al menor aquella estupidez que estaba haciendo? ¿Y si era así porque hablaban de ello como si nada? Debía ser un error.
- Yep, eso mismo. –Contestó el mayor.
- Así que es algo que no requiere dinero. Eso me da incluso más curiosidad. –Dijo mirándole con sospecha nuevamente.- Bueno, sea lo que sea diviértete.
- No te preocupes, lo intentaré. –Dijo Osomatsu y parándose del suelo se acercó a Todomatsu y ambos salieron dejando a Karamatsu sólo, quien aún fingía que se estaba observando en el espejo muy concentrado.
Al menos, al segundo hermano le dio la impresión de que Todomatsu no parecía saber a dónde iba Osomatsu. Pero, analizando todo lo dicho por ambos quedaba bastante claro. Tardó unos minutos pensando y no importaba cómo tratara de justificar la situación, siempre llegaba a la conclusión de que Osomatsu acababa de salir por esa puerta a encontrarse y tener sexo con algún asqueroso anciano.
Se puso de pie en un acto reflejo. Apretó los dientes debido al enojo que estaba sintiendo en esos momentos, pero no pudo aguantar, y aventó su espejo de mano contra la pared con tanta fuerza que este se hizo pedazos. Estaba como loco. Pateó la mesa con todas sus fuerzas mandándola a volar y con este movimiento algo se cayó del único bolsillo de su sudadera y rodó por el suelo.
- ¿K-Karamatsu-niisan? ¿Q-qué estás haciendo?
Aquella voz aguda lo regresó a sus estribos. Volteó todo su cuerpo hacia la dirección de donde provenía esa voz. En la puerta, encontró a Todomatsu. No contestó la pregunta ni dijo ni una palabra.
- Karamatsu-niisan... ¿Qué pasa? Regresé porque olvidé el cargador de mi Smartphone y cuando entré a la casa escuché que algo se rompía. –En verdad estaba asustado. Por ello trató de explicar por qué había regresado.
- No pasa nada. Yo también voy a salir. –Dijo de manera fría y cortante.
- Niisan, creo que se te cayó algo... –Dijo Todomatsu señalando una esfera azul que estaba completamente turbia por dentro. El menor no era tonto, así que dedujo que se trataba del ego de Karamatsu.
El segundo hermano recogió aquella esfera y la metió de nuevo en el bolsillo de su sudadera sin decir una palabra. Caminó hacia la puerta de la habitación donde Todomatsu estaba parado, y este se hizo a un lado sin necesidad de que se lo pidiera. El menor estaba aterrado y sorprendido pero aún así no podía quedarse callado.
- Karamatsu-niisan... Ten cuidado. En el estado en el que estás, podrías hacer algo de lo que puedas arrepentirte. –Le dio una simple advertencia. Tenía sus propias sospechas de que lo que estuviera pasando no acabaría bien.
- Creo que me arrepiento de no haber hecho esto antes... –Dijo Karamatsu y caminó hacia la puerta de salida.
Bajo la oscura noche, escuchó los sonidos que hacían las cigarras, afuera de la casa. Incluso ese sonido tan común le irritaba en esos momentos.
Karamatsu comenzó a caminar dando fuertes pisotones contra el suelo y con ambas manos metidas en el bolsillo de la sudadera, apretando su ego con fuerza pero sin ejercer algún cambio en este. No había nada qué hacer. Ya sabía a dónde ir y qué es lo que estaba dispuesto a hacer.
Antes de darse cuenta ya estaba en aquella zona rosa de la ciudad, con un orgullo herido y con la seguridad de que si tenía que encerrar a Osomatsu en una jaula por el resto de sus días, lo haría. No había marcha atrás.
Entró en el motel al que sabía que su hermano acudía siempre. Gracias a aquél proxeneta hijo de perra, sabía que Osomatsu siempre usaba la misma habitación. Subió por el elevador y llegó al número 666, curioso número de habitación para un motel que a lo mucho tendría como 30 habitaciones. Se recargó sobre la pared cruzando los brazos y pensando en que debió haber actuado antes. Pero ya no importaba, porque ahora estaba ahí, para ponerle un fin a aquel asunto. Ya sólo era cuestión de esperar.
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Y entonces, han pasado 84 años desde el capítulo anterior. Tuve un apagón cerebral y aunque ya tenía escrito en una libreta lo que debía ocurrir en este capítulo se me hizo complicado escribirlo. Igual no ayudó el hecho de que me he metido en clases de japonés y me han mandado a cursos por el trabajo. Igual se me viene una evaluación de desempeño y otros pendientes de este mes que me consumen poco a poco ;-; Oh, y para colmo tengo que administrar mi página de face de "Osomatsu Nii-san Fans" –propaganda gratuita(?)-.
Aún así no teman que no planeo dejar botado el fanfic. Sé cuánto duele que abandonen un fic y aunque el mío es súper simplón, a las pocas o pocos lectores no les quiero hacer algo así de cruel. Además, aún después de que el anime finalizara sigo sintiendo esa llama ardiente en mi pecho que dice que siga shippeando matsus, en especial a Kara y a Oso.
El próximo capítulo tal vez tarde menos en salir porque de ese ya tengo la idea general y será más fácil de escribir. Igual será bastante... ehhhh... no sé cómo explicarlo, pero supongo tendré que poner una advertencia de R-18 y todo eso. Y editar un poco los tags. Ughhh. El punto es que no será un cap dulce como este si no todo lo contrario.
Si sienten muy OOCs a los personajes pido una disculpa. Escribo desde mi concepción y para mí actúan de ésta forma porque así les veo. Medio locos y enfermos(?).
Nos leemos en el siguiente capítulo.
