aCapítulo 4
"Los tontos no saben cómo amar".
Karamatsu estaba de pie, con su sudadera azul tan característica, esperando afuera del cuarto de hotel mientras su garganta y corazón se iban cerrando poco a poco. Todo lo que podía sentir era una inmensa ira combinada con una apatía que sólo se iban incrementando segundo a segundo.
Sonidos obscenos comenzaron a escucharse a través de esas paredes delgadas de motel barato. Sonidos que entraban dentro de los sentidos de Karamatsu y le hacían sentir un vaivén de emociones. Emociones negativas. Emociones frías. Emociones violentas.
Mientras se cuestionaba sobre los planes que había hecho, un pensamiento llegó a su cabeza: '¿Qué más puedo hacer?'.
Osomatsu era un cabeza dura. Incluso si hablaban nada podía asegurarle que le haría caso y pararía toda esa estupidez. Y aunque todo fuera bien, qué había de él y sus emociones. ¿Qué ocurría con esos sentimientos que había guardado por tantos años?
Nunca había pensado siquiera que su hermano tendría ese tipo de deseos o inclinaciones. '¿Acaso Osomatsu es homosexual?'. Fue la pregunta que cruzó por su cabeza mientras pensaba en el por qué su hermano estaría dentro de aquella habitación. Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿eso quería decir que en un futuro encontraría un "novio" del que estuviera enamorado y se iría de casa?
Siempre pensó que tarde o temprano todos sus hermanos se irían eventualmente al ser forzados a conseguir empleos, o incluso podría resultar que conocieran a una chica y se casaran, provocando el mismo resultado. Se había mentalizado incluso para ver el posible día en que su querido hermano mayor llegaría a casa con una hermosa chica que lo amara tanto como él, y tendría que resignarse a que aquello es lo que haría más feliz a Osomatsu.
A pesar de todo, quería verle feliz.
Pero no así.
Su paciencia era muy grande con todas las personas que le rodeaban, incluso soportando las bromas y maltratos de sus hermanos. Podía tolerar muchísimas cosas. Pero había otras que no. Esta era una de ellas.
Se sintió como un masoquista pues podía escuchar los gemidos de su hermano y quienquiera que fuera el otro sujeto dentro de la habitación y no estaba haciendo nada por evitar aquél ruido. Aún se estaba mentalizando para asimilar todo.
Se deslizó por la pared hacia el suelo y terminó sentado mientras abrazaba sus rodillas y escondía su cara entre estas. Aún trataba de mantener un poco su sentido de la realidad, de recomponerse y simplemente entrar a aquella habitación a hablar con su hermano, a tratar de hacer que entre en razón, a pedirle que parara, a decirle sobre sus sentimientos. A decirle que le amaba... pero aquellos gemidos apagaron su razón dejando que únicamente los malos pensamientos llenaran su cabeza.
Se mordió la parte interna de su labio inferior con tanta fuerza que se hizo un corte y sintió como la sangre inundaba su boca. Se levantó del piso con calma. Incluso con todo lo que sentía tenía que actuar con tranquilidad o todo se volvería un caos.
Se acercó a la puerta, tomó aliento y como si se tratara de un repartidor o mensajero, tocó la puerta con un poco de fuerza. Notó como los jadeos eran interrumpidos dentro del cuarto y daban paso a unos murmullos. Volvió a tocar la puerta con la misma fuerza pero dejó que sonara el golpeteo unos segundos más. Así, pudo escuchar como alguien se levantaba y caminaba hacia la puerta. En serio eran delgadas aquellas paredes.
Tomó una bocanada de aire con la cual llenó su pecho y lentamente exhaló. Escuchó cómo le era retirado el seguro a la puerta. Y finalmente, esta fue abierta cuidadosamente dejando que Karamatsu observara al tipo que estaba dentro de aquella habitación. No era un anciano. No podía verle muy bien la cara debido a su estado mental pero quedaba claro que era un hombre joven de cabello castaño oscuro y aspecto bien parecido.
El tipo lucía muy sorprendido al ver a Karamatsu, pero a Karamatsu no le interesaba, pues ahora estaba pensando en qué carajos sentir sobre todo esto.
- ¿Eh? ¿O-Osomatsu-kun? P-pero… ¿Eh? –Dijo bastante sorprendido.
Y entonces, el sextillizo de cejas gruesas comprendió que aquél hombre estaba confundido ya que era idéntico al acompañante que tenía dentro de la habitación.
No dijo ni una palabra, sólo sonrió imitando un poco las expresiones de su hermano mayor para confundir aún más al hombre y aprovechando la confusión de éste, empujó la puerta y le obligó a abrirla por completo.
Sintió como si le hubiesen dado un golpe en el estómago, pues de reojo vio a Osomatsu sentado en la cama, sin pantalones y con su sudadera como única prenda. Tenía puesta aquella famosa venda y no podía ver nada por lo que parecía nervioso.
Una especie de traqueteo sonó en su mente. Y con ese estruendo, apretó su mano haciendo un puño e impactó éste contra la cara del confundido hombre que estaba frente a él. Fue como si todo lo que hubiese planeado se hubiera borrado de su mente y entonces sólo pudo sentir aquella ira que estaba tratando de reprimir.
Aquel ruido alertó a Osomatsu que rápidamente se quitó las vendas para apreciar aquel espectáculo. Sintió como su sangre se heló al ver a su hermano menor golpeando en el suelo de la entrada de la habitación al tipo que minutos antes tenía con él en la cama. Más que estar impactado, sintió un miedo terrible. ¿Qué hacía ahí Karamatsu? ¿Era un sueño? Se pellizcó un brazo sólo para notar que era la realidad.
A pesar de la turbulenta mezcla de emociones que sentía por aquella escena aún quedaba un poco de cordura en su interior. Se paró de la cama y corrió hacia donde su hermano peleaba con el tipo, quien le había devuelto algunos golpes pero aún estaba arrinconado en el suelo siendo molido por la fuerza del sextillizo. Ambos se estaban gritando cosas que Osomatsu no estaba escuchando debido a lo irreal de aquel momento.
- ¡Karamatsu! ¡Detente! –Gritó y trató de sujetarle para que parara de lanzar puñetazos.- ¡Para!
Karamatsu salió de aquel trance y volteó a ver a su hermano mayor quien le tenía sujetado del brazo izquierdo. Estaba temblando. Ambos estaban temblando.
El tipo aprovechó y sin decir nada se levantó y corrió hasta la salida.
- ¡Ah! ¡¿A dónde crees que vas?! –Se dio cuenta Karamatsu de aquél escape y trató de pararse para seguir al tipo.
- ¡Dije que pares! ¡Por favor! –El grito de Osomatsu le sorprendió.
Notó que el mayor seguía temblando mientras dirigía la mirada hacia el suelo. Pero en vez de tranquilizarse, nuevamente se percató de que estaba sin pantalones y recordó lo que estaba ocurriendo minutos antes sobre aquella cama que estaba a unos metros de ambos. Sintió como si se le fuera a reventar alguna vena de la cabeza.
- Osomatsu. –Dijo su nombre de forma seca.
El mayor levantó el rostro hacia él. Parecía como si fuera a llorar en cualquier momento.
- Yo... –No pudo contestar nada. Su voz estaba quebrada.
El puño que Karamatsu estaba formando con su mano se abrió. Y antes de que Osomatsu tratara de recomponerse se escuchó un sonoro golpe.
Osomatsu se llevó una mano a la cara. Había sido abofeteado por Karamatsu.
- ¿K-Karamatsu? –No es que jamás hubiese recibido un golpe de su hermano, pero aquel golpe era diferente a aquellos que solían darse cuando peleaban por estupideces. Aquella bofetada le había dejado la mejilla roja y caliente. Se la había dado con toda la fuerza de la que era capaz.
Osomatsu sabía que él mismo era un imbécil y que traería preocupación a sus hermanos si se enteraban de lo que estaba haciendo. Pero aquello había sobrepasado lo que se podría esperar. Karamatsu lucía más molesto que decepcionado.
- ¿Karamatsu? –Volvió a llamarle por su nombre.
- ¿Por qué? –Preguntó sorprendiendo a Osomatsu.
El mayor se quedó sin habla pues no supo el por qué de aquella pregunta.
- ¿Por qué estás haciendo esto? –Parecía más calmado al preguntar esto. Pero Osomatsu sentía un poco de miedo al ver el semblante sombrío de éste.
Osomatsu no respondió. No podía responder.
- Osomatsu... ¿Por qué no me dices nada? –La voz de Karamatsu sonó más grave de lo normal.
- Nnnn... Lo siento. –Dijo Osomatsu con un tono de voz casi imperceptible. No sabía el por qué pero sintió que era necesario pedir disculpas.- Karamatsu... lo siento.
- ¿Por qué... me pides disculpas? –En su voz se podía escuchar la irritación.
- No lo sé... –Sus ojos se llenaron de lágrimas que retenía para que no se deslizaran por sus mejillas. Quería morirse allí mismo. De todos sus hermanos, Karamatsu es el último que quería que se hubiese enterado de todo eso.
Siempre se había sabido basura, pero era feliz con ello tratando de pensar únicamente en que no importaba. Que por ello Karamatsu nunca le correspondería. Estaba acostumbrado a repetirse a sí mismo pensamientos como: "Karamatsu nunca sería feliz con alguien como yo", "Karamatsu algún día se marchará con alguien que le merezca", "No soy digno de tener estos sentimientos".
Pero los últimos días había sentido un cambio en su interior. Desde que había ocurrido aquella tonta confesión falsa, sus expectativas se habían hecho más grandes, queriendo pasar más tiempo con Karamatsu. Pensando que incluso si no podían estar juntos de una forma romántica, por lo menos podría estar a su lado y pasar momentos divertidos juntos.
Osomatsu podía apreciar aquella esfera que había puesto sobre la cómoda de la cama cuando entró a la habitación de aquel motel. Por un instante su ego había crecido y tenía una mejor opinión de sí mismo. Tenía "esperanzas".
En verdad lo odiaba. Era por ello que se había metido en todo ese asunto de las citas clandestinas. Era por ello que habían sido mucho más frecuentes que antes. Era por ello que quería sentirse como basura... para que su ego se ensuciara nuevamente. Eso había funcionado durante mucho tiempo.
Pero ahora ya no hacía falta.
Su ego había regresado a la normalidad. Una piedra roja y pequeña. Había perdido aquellas esperanzas que egoístamente guardaba en su interior. Había perdido la esperanza de incluso permanecer al lado de Karamatsu.
Ya nada sería igual jamás. Incluso estaba seguro de que ahora le parecería repugnante, que quizás le odiaría e incluso le molestaría el hecho de ser hermano de alguien como él. Pero al menos podría rendirse con todo ese asunto y con aquél amor enfermizo que sentía por su hermano.
Sólo le quedaba proteger el poco orgullo de hermano mayor que tenía.
- N-no le digas a los demás. –Salió de la boca de Osomatsu y al decir esto las lágrimas brotaron con mayor fuerza.
- Aún puedes pensar en los demás, ¿eh? –Karamatsu frunció el entrecejo.
No podía creer que aún pudiera tener el descaro de poner antes a sus demás hermanos. Por un segundo pensó que a lo mejor Osomatsu no quería que supieran por alguna razón más profunda. Quizá no quería que específicamente alguno de sus hermanos se enterara. Pero lo que más molestia le causó es que tuvo la sensación de que no le importaba que él supiera. Como si no tuviera lugar en su corazón para preocuparse de él y de lo que sintiera con todo esto.
En esos momentos quería que Osomatsu pensara sólo en él. No importaban las razones.
- No les diré nada, pero... –Dijo con un tono de voz grave.
No completó la frase. Se levantó del piso y tomó por la muñeca a Osomatsu obligándole a pararse junto con él. Notó que el mayor sintió aquel tirón violento pero no opuso resistencia, tal vez por la sorpresa o simplemente porque era lento.
- Osomatsu... –Dijo su nombre obligándole a mirarle a la cara.
Sus ojos se encontraron y ninguno dijo ni una palabra. Osomatsu veía a Karamatsu y comenzaba a agitarse mientras abría la boca sin poder decir una palabra. Karamatsu veía a Osomatsu y sentía como si le hubiera regalado su traición. En aquellos ojos y rasgos idénticos a los de él podía verse reflejado, como si estuviera mirándose en un espejo doble. Era una sensación extraña y relajante, pero en aquella situación le dominaba otro sentimiento de furia.
Osomatsu no pudo aguantar mucho tiempo aquella mirada profunda que Karamatsu le regalaba. Sentía como si estuviera juzgándole en un tribunal y dictando sentencia. No tardó en voltear el rostro rápidamente para evitar mirarle, pero una mano le sujetó con fuerza de su mentón y mejillas y le forzó a regresar su rostro en la posición inicial. Aquél agarre era agresivo y se sintió atemorizado.
En un último gesto de evitar aquella mirada, cerró los ojos haciendo que Karamatsu se irritara aún más.
El menor le soltó de aquél agarre, cerró la puerta del cuarto y puso el seguro, mientras le sujetaba un brazo. Rápidamente caminó hacia la cama jalándole con violencia y le aventó directo a esta. Fue tan instantáneo que no le dio oportunidad a su hermano de reaccionar o pensar en lo que estaba ocurriendo.
- ¿K-Karamatsu? –Dijo su nombre con duda.
El menor no contestó. Buscó la venda que estaba aún sobre la cama y la tomó. Cuando se acercó a su hermano con intención de ponérsela sintió un fuerte empujón.
- ¡No! –Gritó exaltado Osomatsu.
No recibió respuesta de Karamatsu quien se acercó nuevamente a éste con la intención de vendarle los ojos.
- ¿¡Q-qué estás haciendo!? –Volvió a preguntar.
- Osomatsu. Continuemos lo que estabas haciendo con aquél tipo. –Dijo secamente Karamatsu.
La incertidumbre invadió a Osomatsu quien no supo cómo reaccionar ante esa petición.
- ¿¡Ahhhhhhhhhhh!? –Exclamó con sorpresa el mayor.- ¿Q-qué carajos estás diciendo?
Ambos estaban forcejeando sobre la cama mientras Karamatsu empujaba su cuerpo contra la cama y trataba de vendarle los ojos nuevamente.
- No te preocupes. Si sólo quieres placer yo te puedo ayudar en vez de él. Así podrás parar de hacer estas estupideces con desconocidos. –Dijo Karamatsu con un tono serio.
- ¡Para! ¡No digas estupideces! –Exclamó Osomatsu que no tenía ni idea de lo que sea que estuviera pasando en la cabeza de su hermano menor. Una de sus muñecas fue sujetada con mucha fuerza.- ¡Karamatsu!
No recibió respuesta.
- ¡Detente! –Seguía gritando Osomatsu.
Karamatsu levantó la sudadera roja de su hermano y posó sus labios sobre su abdomen haciendo que Osomatsu se estremeciera y perdiera las fuerzas por un instante. Con la mano libre que tenía, el mayor trató de empujarle sin resultado, mientras este comenzaba a recorrer nuevamente se abdomen con la lengua subiendo lentamente hasta su pecho y encontrando uno de sus pezones. El menor succionó y mordisqueó aquella zona hasta que ambos pezones estuvieran duros. Unos gemidos se escaparon de la boca de Osomatsu mientras perdía las fuerzas, y Karamatsu seguía chupando aquella zona sensible de su cuerpo.
- ¡K-Karamatsu! No... ¡Basta! ¡En serio no quiero! –Seguía hablando aunque ya no hacía el intento por contenerle, o más bien, no podía.
El hermano de sudadera azul comenzó a aplastarle con el peso de su cuerpo mientras se concentraba en ponerle aquella venda que llevaba minutos antes. La vista de Osomatsu se oscureció y por primera vez sintió incomodidad al llevarla puesta. Ahora el Karamatsu real estaba junto a él, así que no había razón de tenerla.
- ¡No! ¿¡Qué estás haciendo, Karamatsu!? –Estaba más nervioso que antes pues no podía ver la expresión de su hermano.- K-karamatsu... al menos respóndeme...
- Sólo imagina que soy aquel tipo con el que follabas o quien sea que quieras. –Karamatsu estaba ebrio de ira al pronunciar estas palabras así que depositó sus labios sobre el cuello de Osomatsu y lo que comenzó con un chupetón terminó con los dientes del menor desgarrando y dejando una marca morada con sangre en la piel. Todo esto con los quejidos de dolor del mayor acompañando el momento.
- Ughhhh... ¡D-duele!–Tratando de ignorar el dolor y el miedo insistió en irse.- N-no seas estúpido... Por favor... Deja de bromear… Karamatsu... volvamos a casa... –Estaba temblando pues Karamatsu no estaba actuando como siempre.- Karamatsu... ¡Ah! –Un gritillo se le escapó al sentir que el menor comenzaba a restregar una de sus piernas en su pene.
- Si no quieres que continúe, ¿por qué esto está así?- Dijo Karamatsu en un tono ronco.
El mayor sintió una mano acariciando su vientre y deslizándose entre sus muslos. Acababa de darse cuenta de que tenía una erección en el momento en Karamatsu lo hizo presente.
La mano de Karamatsu se posó en aquella erección y la envolvió en un agarre haciendo que Osomatsu tuviese un espasmo. Podía sentir como el líquido seminal escurría en la mano de éste cuando comenzó a frotarle. El sonido de un cierre abriéndose dejó a Osomatsu aún más consciente de la situación en la que estaban.
- B-basta... -El de sudadera roja estiró su mano ciegamente tratando de apartar la de Karamatsu de su cuerpo.- Karamatsu... suéltalo, te lo suplico... ¿Por qué estás haciendo esto?... Somos hermanos...
Para Karamatsu esa frase fue como si nuevamente le hubiesen dado un golpe en la boca del estomago. Era algo que ya sabía.
- Somos hermanos, ambos hombres y tenemos la misma cara. No es diferente a masturbarnos mutuamente. –Dijo con un tono que le hacía parecer totalmente convencido de sus palabras. Osomatsu dudabade lo que estaba pasando.
La duda del mayor desapareció al sentir como era jalado de la sudadera. Karamatsu le había bajado de la cama con poca delicadeza dejando a Osomatsu de rodillas. Se había sentado en la cama de modo que el mayor había quedado frente a él. Su rostro fue tomado con ambas manos y entonces sintió algo duro y caliente posándose sobre su frente. Sintió una extraña mezcla de asco y excitación pues sabía qué era aquello que ahora le acariciaba la mejilla que tenía adolorida.
- No, antes que masturbarnos... Primero ayúdame con esto como lo haces con todos esos hombres. ¿O esto me costará más caro? –Dijo Karamatsu en un tono sarcástico.
El comentario fue incluso más doloroso que la bofetada que había recibido antes. Aunque su hermano no supiera qué es lo que hacía en ese cuarto de motel, no estaba lejos de la realidad. Era basura. Y probablemente Karamatsu le odiaba ahora, o por lo menos esa fue la sensación que tuvo al escuchar lo que su siempre amable y dulce hermano menor dijo.
- Ggghh... –Apretó los labios y giró su cabeza hacia un lado. Sintió como la venda se humedecía por las lágrimas.
Aquél gesto de Osomatsu fue interpretado como uno de rechazo para Karamatsu. Era como si con eso expresara que con él no podía hacer aquello. ¿Cualquiera era aceptable menos él?, ¿Tan grave es que fueran hermanos? No, Karamatsu ya sabía las respuestas correctas a aquellas preguntas pero no podía evitar sentirse irritado por aquello.
- Osomatsu... es aquí... –Forzó el rostro de Osomatsu para que nuevamente estuviera frente a su propio miembro. Trató de abrir sin resultado su boca pues sus dientes estaban cerrados por completo. Trató de abrirlos de diferentes formas sin resultado. Un dejo de irritación se comenzó a formar dentro de él.- ¿Por qué conmigo no?¿En serio es porque somos hermanos? ¡¿O es acaso porque te doy asco?!
Aquel autocontrol que Karamatsu trataba de conservar se había perdido. Osomatsu estuvo a punto de abrir la boca para negar aquella afirmación pero su lentitud y falta de visión no le alertó de aquello que estaba a punto de ocurrir.
Karamatsu rodeó con las manos el delgado cuello de Osomatsu y ejerció presión en éste. Fue sólo un instante pero le apretó con tanta fuerza que el mayor perdió la respiración unos segundos.
Osomatsu estiró ambas manos y enterró los dedos en las piernas de Karamatsu con fuerza para que le soltara. Prácticamente le estaba clavando las uñas por la desesperación. Quiso gritar pero la falta de aire no se lo permitió. Estaba asustado. Ahora en verdad estaba asustado. Finalmente, abrió la boca en busca de oxigeno para sus pulmones y Karamatsu le soltó. Había dejado una marca roja alrededor de su cuello, la cual parecía un collar.
El alivio no perduró pues antes de darse cuenta sintió como su hermano le introducía su miembro erecto en la boca. Fue una sensación invasiva que jamás había experimentado. Incluso aunque había tenido sexo en innumerables ocasiones, nunca había tratado de practicar el sexo oral y mucho menos ser él el que diera una felación, y por supuesto, jamás obligado a hacerlo.
Sintió una urgencia por vomitar cuando su hermano comenzó a mover sus caderas con necesidad. Podría haber mordido aquél pedazo de carne y correr, pero no tenía el valor ni las ganas de lastimar a Karamatsu. A pesar de la situación en la que estaba, tener aquella parte de su hermano en la boca le estaba excitando incluso aunque fuera desagradable. Sintió asco de sí mismo. Pero... estaba feliz...
- ¡Osomatsuuu! Nghhhhh... –Karamatsu gimió cuando sintió que su hermano comenzó a mover su lengua y a succionar para ayudarle con ese trabajito.
- Guhhhhh... –La boca de Osomatsu se llenó en cuestión de segundos de un líquido que ya conocía pero que nunca había probado antes. Era un sabor asqueroso, pero aún así lo tragó pensando en que era una parte de su hermano.
Se escuchaban las respiraciones entrecortadas de ambos en el cuarto. Osomatsu también se había corrido y su semilla permanecía esparcida en el piso. Estaba avergonzado de llegar al clímax sólo por tener el miembro de su hermano menor en la boca.
- Osomatsu... ¿... Así de bien se sintió tener un pene en tu boca? –Karamatsu le susurró al oído haciendo que se estremeciera nuevamente.
No contestó. Aún estaba muy avergonzado por aquello y por la imagen que Karamatsu estaba teniendo de él, pues prácticamente le estaba tratando como a una puta.
- Osomatsu, hagámoslo hasta el final. –Dijo con un tono aún más ronco, el cual sonaba erótico.
Aquella voz grave había excitado nuevamente a Osomatsu, pero aquella frase había turbado su interior.
- ¿A-a qué te refieres... c-con hacerlo... hasta el final...? –Preguntó en primera instancia.- Espera... ¡¿Q-q-qué haces?!
En lugar de contestar a su pregunta, Karamatsu le levantó del suelo jalándole del brazo y le aventó a la cama poniéndole boca abajo. Se puso encima de él y sujetando sus muñecas le inmovilizó. La respuesta de Osomatsu fue contestada con acciones. Karamatsu había acomodado su miembro que volvía a estar erecto en aquella abertura de Osomatsu.
- ¡No! ¡Todo menos eso! ¡Karamatsu, detente! –Su respiración se sentía pesada.
Una sensación angustiante comenzó a recorrer su cuerpo mientras jadeaba y sollozaba de terror. Aunque fuera Karamatsu, no quería aquello. No, aquello estaba ocurriendo y ni siquiera podía ver a Karamatsu por aquellas vendas. Sentía su respiración en su cuello.
- ¿Todo menos esto? –Karamatsu seguía malinterpretando las palabras del mayor.- ¿Por qué todo menos esto? Si ya lo has hecho con tantos... ¿En verdad me odias?
- ¡Te equivocas! ¡N-no es eso lo que quería decir! ¡Para! –Comenzó a forcejear al sentir como el menor comenzaba a empujar aquella parte tratando de introducirla en su interior.
Sin preparación alguna, Karamatsu comenzó a introducir la punta de su miembro en aquel apretado agujero.
- ¡No! ¡No! ¡No, no, no, no! –Osomatsu comenzó a sacudirse violentamente y con todas sus fuerzas le dio un cabezazo en la cara a Karamatsu.
- Ughhh... –Gimió de dolor pero sin soltar a Osomatsu quien dejó de forcejear al notar que le había lastimado con aquel acto. Un líquido rojizo se escurrió de entre sus fosas nasales y cayó sobre la sudadera roja de éste.- Osomatsu... tú...
La frustración terminó apoderándose de Karamatsu. 'De verdad no me quiere. No me desea. Le da asco estar conmigo de esta manera.' Fue el pensamiento que se apoderó de él y soltó las muñecas de Osomatsu, pero antes de que este pudiera reaccionar, le forzó a voltear su cuerpo para quedar boca arriba en la cama y volvía a acomodar aquella parte en la "entrada" de su culo.
- ¡N-No! –Dijo Osomatsu al notar que el menor no se había rendido.- ¡Karamatsu, para por favor! Te lo suplico... no lo hagas...
Nuevamente no hubo respuesta. En cambio, soltó un grito ahogado al sentir como algo duro había entrado a la fuerza en su interior. Sintió como si le hubiesen desgarrado por dentro. Fue doloroso. Un dolor nostálgico que hizo que su garganta se cerrara y sus sentidos comenzaran a desvanecerse.
- ¡Ngh! –Exclamó Karamatsu quien igual sintió como si su miembro fuera aplastado debido a la presión que el mayor estaba ejerciendo.- Osomatsu... no aprietes tanto...
Incluso con aquella sensación y dolor no se detuvo y comenzó a moverse con fuerza. La adrenalina que tenía acumulada le daba fuerzas para actuar así incluso con aquel daño que se provocaba a sí mismo en su parte baja. Aumentó la velocidad y se concentró en estocar con más y más rapidez mientras apretaba los ojos y fruncía las cejas. Estaba desahogándose de todo aquello que sentía en aquellos momentos.
Osomatsu forcejeaba al principio moviendo las piernas y arañando los brazos de Karamatsu, pero en algún punto dejó de poner resistencia y sólo se quedó inmóvil y cubriéndose el rostro mientras respiraba con dificultad.
Algo pegajoso le permitió a Karamatsu moverse con mayor facilidad en el interior de su hermano. Era extraño. Aún no se corría y no había usado lubricante, e incluso con su nula experiencia con hombres, no era tan estúpido como para no saber que a diferencia de las mujeres éstos no se mojaban solos. Abrió los ojos dispuesto a observar con rareza aquello que le había lubricado. Su cuerpo y mente se helaron. Aquel líquido viscoso que empapaba la cama y manchaba las sábanas, era sangre.
Se llevó una mano a la boca como si con eso retuviera la sensación de náusea que se había agolpado en su garganta. Empero eso no era lo peor o lo más desagradable. Desvió la mirada de aquella sangre proveniente del lastimado ano de su hermano y su magullado pene, buscando encontrarse con la mirada de su hermano. Aquella ira desapareció de su interior y las lágrimas comenzaron a caer al ver a su Osomatsu cubriéndose el rostro con ambos brazos mientras lloraba como un niño pequeño suplicando perdón. Incluso aunque la venda se había resbalado de su rostro, se cubría los ojos llenos de lágrimas con sus antebrazos.
- Lo siento mucho, lo siento mucho, lo siento mucho. Duele mucho. No lo volveré a hacer. Me portaré bien... Lo siento mucho, Tougou-san... Perdóneme, por favor... Perdóneme por favor... –Repetía en un tono bajo casi inaudible debido al agotamiento de su cuerpo y mente.
Karamatsu sacó su miembro del interior de su hermano. Había perdido aquella erección y calor que sentía, siendo remplazado por una sensación fría que le recorría desde la punta de los pies hasta la tratando de procesar toda la información recibida. Cada vez era menos sonora la voz de su hermano.
- Osomatsu... Oye... –Le sacudió un poco y pudo notar que en algún momento se había desfallecido y que el sangrado estaba continuando levemente.- ¿Osomatsu?... ¡Osomatsu! ¡Mierda!... –Exclamó con una cólera que estaba más dedicada a sí mismo.
No lo pensó más de dos segundos y cubrió a Osomatsu con una de las sábanas de la cama, tomó las pertenencias del mayor que estaban en la cómoda, entre ellas sus llaves y aquella piedra roja, metiéndoselas en los bolsillos del pantalón. Corrió hacia la puerta de la habitación para abrirla y regresó a donde su hermano estaba recostado para levantarle con ambos brazos.
Apuraba el paso con su hermano en brazos tratando de mantener la calma aunque el miedo de que aquel sangrado fuera una señal de que su hermano corría un riesgo hospital más cercano estaba a una hora en tren bala. Rápidamente pensó que lo mejor sería llevarle con Dekapan pues estaba mucho más cerca. Sólo esperaba que estuviera en su consultorio y pudiera ayudarle.
Mientras corría no podía dejar de maldecir por lo bajo. Se sentía como el ser más estúpido de la tierra. Y además... aquel nombre que su hermano había pronunciado no salía de su cabeza. ¿Por qué demonios había salido el nombre de Tougou de sus labios? Fue como si hubiera conectado un cable dentro de su mente o como si una pieza de rompecabezas faltante hubiese aparecido. Pero lo más importante en ese momento era asegurarse de que Osomatsu no corría peligro.
En un par de minutos llegaría a casa de Dekapan.
- ... ¿...Karamatsu? –Una voz casi imperceptible pronunció su voz. Era Osomatsu, que había recobrado el conocimiento.- ... No llores...
Osomatsu estiró una mano y acarició la cara de Karamatsu que estaba cubierta de lágrimas. Su respiración se escuchaba débil y lenta.
- Lo siento tanto... Osomatsu... –Su voz se escuchaba incluso más ronca que antes. No podía dejar de llorar.
- Yo... No te preocupes, Karamatsu. Me duele... pero estaré bien. –El mayor se aferró al cuerpo del menor.
Mientras Karamatsu suplicaba en su interior que aquello fuera un sueño o más bien una horrible pesadilla, llegó a casa de Dekapan. Golpeó la puerta a base de patadas debido a la falta de extremidades libres y tiempo.
- ¡Si, ya voy! –Dijo la voz de un hombre mayor.
Cuando Dekapan abrió la puerta, Karamatsu entró al hogar de éste a la fuerza casi empujándole.
- ¡Por favor, ayude a mi hermano! –Suplicó mientras bajaba la cabeza suplicante.
- Oh dios... ¿Qué pasó? –El hombre mayor lucía afligido.- Ven por acá...
Dekapan pidió que le siguiera al consultorio y que pusiera a Osomatsu en una camilla. Luego le pidió que esperara afuera para que le revisara e hiciera las curaciones pertinentes.
Mientras Karamatsu esperaba fuera de la habitación sentado en el suelo las palabras que su hermano había dicho antes aún daban vueltas y vueltas en su cabeza.
'Tougou'.
Ese nombre lo conocía muy bien. No podría olvidar a aquel individuo que había sembrado el caos y el terror en todos los miembros de su familia; el daño que había provocado en el núcleo familiar. Y mucho menos podía olvidar que casi estuvo a punto de arrebatarle a su hermano mayor de su vida.
Incluso aunque al final todo había salido bien y aquel bandido había sido encarcelado, lo cierto era que había dejado un gran trauma en el mayor de los sextillizos y es por ello que no solían mencionarlo en casa. Pero incluso así, nunca habían entendido el por qué al mayor le daba tanto miedo la simple mención de aquél nombre, y mucho menos podían explicar a qué se debía aquella incomodidad que mostraba con aquel tema.
Mientras continuaba odiándose a si mismo más y más, una voz le sacó de su enfrascamiento.
- Hey, chico. ¿Choromatsu-kun? –Dekapan le habló mientras agitaba una mano para que se acercara a él.
- Eh, no, soy Karamatsu... –Decía mientras se levantaba del suelo.
- Oh sí, lo siento. Bueno, puedes pasar. Osomatsu-kun está descansando. –Dijo mientras ambos entraban al cuarto donde reposaba Osomatsu con una bata blanca.
- Yo... quiero saber si Osomatsu estará bien... –Preguntó con temor.
- Ah, claro que estará bien. Sólo fue una fisura rectal. Estará bien después de un poco de reposo y quizás un tratamiento. –Al decir esto, Karamatsu suspiró con un poco de alivio.- Eh, Karamatsu-kun... quería hablar contigo de esto.
Karamatsu sintió un poco de miedo por aquellas palabras. Como si Dekapan supiera qué es lo que había pasado y estuviera a punto de llamar a la policía o algo así. Pero en el fondo es lo que quería. Que alguien le responsabilizara por sus actos. Que alguien le diera el castigo que se merecía.
- Sí, claro. –Dijo cortantemente el sextillizo.
- Bueno. Las heridas fueron provocadas por alguna clase de abuso sexual... pero... es que el problema es que es la segunda vez que Osomatsu-kun viene a mi consultorio por una cuestión así.
Al decir esto, Karamatsu tragó saliva.
- La cosa es que aquella vez Osomatsu-kun insistió en que no le había pasado nada. Seguía gritando una y otra vez que eran sus hemorroides y que si le decía a alguien se moriría. Pero hay cosas que son difíciles que un doctor no note. –Continuó hablando el hombre.- Al final después de que le dije que le diría sus padres que lo llevaran a un hospital general, confesó que alguien le había... lastimado... pero creí que el responsable había sido encerrado tras las rejas. Por ello se me hace muy raro y doloroso encontrarlo en la misma situación que cuando era pequeño. Nunca pensé que de verdad estaría tratándole este tipo de heridas otra vez.
Karamatsu no contestó. No quería mentirle a Dekapan pero tampoco podía decirle la verdad. Sólo agitó la cabeza de lado a lado y el hombre mayor lo tomó como que no sabía nada del asunto.
Dekapan le indicó que iría a revisar si encontraba un poco de medicina para ayudar al mayor de los sextillizos a calmar el dolor. Karamatsu asintió. Cuando el doctor salió el cuarto, se acercó a la camilla y miró con detenimiento a Osomatsu que dormía con tranquilidad. Podía ver que sus parpados y ojeras estaban oscurecidos e incluso tenía saliva y lágrimas secas cubriéndole el rostro. La marca de mordida que le había hecho se notaba en la piel de su cuello. Lucía doloroso.
Su cabeza le dolía, pero Karamatsu había llegado a la respuesta gracias a la historia de Dekapan. El mismo había repetido aquello que Tougou seguramente había hecho a Osomatsu cuando era un niño. Lo había violado. No había otra forma de expresarlo. Su vida era insignificante en esos momentos. Pensaba que no merecía siquiera existir. ¿Cómo había sido capaz de lastimar de aquella manera a la persona que más quería en todo el mundo?
- Mmm... –Osomatsu emitió un murmullo que casi le para el corazón a Karamatsu. Abrió los ojos lentamente.- ¿Karamatsu?
- ¡Ah! S-sí... –Dijo y su voz desentonó casi agudizándose.
- ¿Ya estás... más calmado? –Le preguntó en un tono muy bajo y cansado.
- Ah... ¡Sí! ¡E-estoy calmado! –Contestó un poco agitado y tartamudeo un poco.
- Sí... ya veo que estás calmado...–Una risilla salió de la boca de Osomatsu. Reía mostrando los dientes y apretando los ojos, como era su costumbre, y Karamatsu sintió que quería volver a llorar.- Ehhh... ¿Podemos hablar de todo esto del hotel?
- ¿H-hablar? –Estaba tan conmocionado y confundido que no podía articular oraciones. Sólo pensaba en cómo pedir perdón y luego,tal vez, ir a algún callejón oscuro y morirse.
- Mmm... sí... ¡Ugh! –Dijo el mayor mientras trataba de sentarse pero el dolor le sacó un grito de queja.
- ¡¿Estás bien, Osomatsu?! –Karamatsu se acercó más y le sujetó por los brazos con preocupación.
Sus ojos se encontraron y Osomatsu sonrió aliviado, y luego su sonrisa se deformó en una mueca. Trataba de aguantarse las ganas de llorar pero no lo consiguió y las lágrimas brotaron de sus ojos.
- E-estoy aliviado de que ya no estés enojado... Yo... quiero hablar... de lo que hacía ahí… Ughhh... N-no quiero ni que tú ni los otros me odien... Por favor, no les digas a los demás...
- Osomatsu...
Karamatsu estaba sorprendido de que después de todo lo ocurrido, Osomatsu aún pensara en guardar en secreto aquellas citas clandestinas del resto.
- ¡Lo siento! –Gritó descolocando un poco a Osomatsu.- No le diré nada a los demás pero... ¡Yo soy el que debería estar rogando que me perdones! ¡Yo soy el que hizo algo malo!
Un deseo egoísta impulsó a Karamatsu a hablar. Quería que por lo menos su hermano le dedicara un pensamiento. Que se concentrara sólo en él aunque fuera un minuto y que se olvidara del resto.
'Soy una mierda egoísta...' fue lo que pensó.
Osomatsu acarició la cabeza de Karamatsu y este volvió su mirada hacia su hermano mayor.
- ¿Qué pasa? –Dijo confundido.
El mayor le miró directo a los ojos por unos instantes. Parecía como si aún pudiera seguir llorando.
- ¿M-me odias? –Dijo con un gesto de temor.
- ¡Claro que no! –Gritó exaltado para sorpresa del mayor.
- Entonces... ¿Estás seguro de que ya estás mejor? –Preguntó pues aún no estaba convencido de que Karamatsu estuviera calmado.
- Osomatsu... En realidad no estoy bien... pero... ¿Por qué estás tan tranquilo? ¿Por qué te preocupas por mí después de lo que te hice? ¡Tú eres el que debería odiarme! –Las lágrimas se escurrían de sus ojos mientras hablaba.
- Jamás podría odiarte de verdad... Porque... porque... ¿Porque eres mi hermano doloroso?... –Dijo sin responder y mirando a Karamatsu como si él tuviese la respuesta. No podía simplemente soltarle sus sentimientos de golpe.
- ¿Eresh- eshtupidoh…? –Decía mientras hablaba a moco tendido.
- No... Es decir, sí lo soy, pero no me refiero a eso... –Se rascó la cabeza pensando en cómo aclarar todo eso, y finalmente sujetó una de las manos de Karamatsu entre las suyas.- Sabes, no puedo contestar tus preguntas, y seguramente tienes más preguntas que hacerme. Además de que yo tengo preguntas qué hacerte también. Pero... en estos momentos estoy muy cansado... ¿Podrías dejar descansar a tu hermano mayor?...
- Shí, claro... –Dijo mientras sorbía por la nariz.
- Gracias. Prometo que mañana te responderé de la manera más seria posible... –Dijo mientras se frotaba la nariz con un dedo.
- N-no creo que eshoshea muy poshible... –Dijo Karamatsu mientras una sonrisa se formaba en su llorosa cara.
- Trataré... –Dijo con voz baja, soltó su mano y se recostó nuevamente en la camilla. En verdad estaba muy cansado.- Karamatsu...
- ¿S-Shí? –Preguntó dudoso.
- Hasta mañana... –Dijo y cerró los ojos dejándose caer en aquella sensación placentera de sueño.
Karamatsu sintió como si aquella despedida tuviera un significado más profundo. Podía entender cómo pensaba su querido hermano mayor. Fue una advertencia. Quería verlo el día de mañana y con eso le indicaba que no fuera a cometer alguna locura.
Se llevó ambas manos al pecho. Era una extraña sensación de dolor que se combinaba con el arrepentimiento, y con esto último, se sentía conmovido de que incluso aunque se portó cruelmente con Osomatsu, éste aún estaba preocupado de su bienestar. ¿Qué tan tonto podía ser su hermano?
O más bien... ¿Qué tan tonto podía ser él mismo? ¿Qué tan pendejo y egoísta podía ser él? Incluso si amaba a su hermano, eso no le daba el derecho a hacer lo que sea con esa excusa. Merecía morirse en serio, pero...
Sabía de antemano que no podía desobedecer aquella petición de su hermano de verse al día siguiente. Y también sabía que esa noche no podría dormir.
.-.
El quinto hijo de la familia Matsuno siempre permanecía ajeno a todo lo que estaba a su alrededor, siempre perdido en su propia mente o mundo, pero este no era el caso en esta ocasión.
Había seguido a su hermano mayor cuando había salido de casa preguntándose si con eso podía aclarar algo de la confusión que había estado sintiendo desde que se le ocurrió seguirle al baño en aquella ocasión.
Ichimatsu había sacado una pala del almacén y Jyushimatsu estaba intrigado. ¿Acaso su hermano había matado a alguien y estaba por enterrar un cadáver? ¿O acaso descubrió un tesoro oculto y estaba por desenterrarlo? Cualquiera que fuera la respuesta, la descubriría tarde o temprano mientras lo seguía y eso le traía una gran expectación.
Cautelosamente como si fuera un animal salvaje, le siguió mientras se camuflajeaba entre postes y edificios, hasta llegar a un parque cercano a casa.
Se escondió detrás de unos árboles y contempló lo que sea que estuviera haciendo ahí. Para su sorpresa comenzó a cavar con la pala. ¿Cadáver o tesoro? No había forma de saberlo aún. Siguió observando con la boca abierta y con un poco de temor mientras una gota de sudor se escurría por su frente.
Ichimatsu terminó de excavar y se inclinó hacia el agujero para sacar algo. ¿Tesoro? ¿Cadáver? Aún no podía saber qué era.
Cuando finalmente sacó aquello del agujero y lo sostuvo en manos, Jyushimatsu lucía muy confundido. Era una extraña bola de color oscuro. Parecía un gato, pero era redondo y no tenía extremidades ni cabeza. Jamás había visto algo así en su vida.
Fue incluso más extraño ver que Ichimatsu abrazó fuertemente aquella pelota de pelo por varios minutos con una expresión que Jyushimatsu no entendía si era de felicidad, de tristeza o de ganas de cagar. Y después el cuarto hermano se dispuso a enterrarla nuevamente. Sin hacer otra acción, salió de aquél parque arrastrando la pala.
Jyushimatsu salió de su escondite y se acercó a aquél montículo de arena que había quedado al rellenar el agujero. Miraba confuso al suelo. Se llevó las dos manos a la cabeza y trató de pensar, pero pensar no era lo suyo, así que simplemente se dejó guiar por sus impulsos. Comenzó a excavar con las manos a una velocidad increíble debido a toda la estamina que tenía en su cuerpo, y cuando llegó a donde estaba aquél objeto lo miró fijamente.
Lo tomó en entre sus brazos y al mirarlo más de cerca notó que en verdad parecía un gato. Era suave, peludo y muy cálido, pero estaba descuidado y lleno de tierra. Como si nunca lo hubieran lavado y tuviera aquel color por el paso del tiempo. Por alguna razón, aquél objeto redondo le recordaba a Ichimatsu pero no entendía muy bien porqué.
Aún con aquella confusión, salió de aquél parque y se dirigió a toda prisa hacia su hogar, por una ruta diferente a la que había tomado su hermano. Se sentía como un niño pequeño que hubiera hurtado un dulce de una tienda. Pero no quería dejar aquello ahí enterrado.
Cuando estaba cerca de casa disminuyó la velocidad. Pudo apreciar que Todomatsu también estaba regresando y ambos llegaron a la entrada casi al mismo tiempo. En un impulso, se metió aquél objeto debajo de la sudadera.
- Ah, Jyushimatsu-niisan. –Todomatsu fue el primero en establecer contacto visual con él. Puso una cara de fastidio al notar aquél bulto que sobresalía entre su ropa.- ¿Qué diablos es eso?
- ... Embarazo... –Dijo porque fue lo primero que se le ocurrió y notó que Todomatsu ya no tenía ganas de soltar un remate para aquél chiste.
- Está bien, está bien... ¿Apenas acabas de regresar? Pasé por donde estaba Chibita y como no vi a ninguno, pensé que ya todos estarían en casa a estas horas de la noche. –Dijo como si no esperara encontrar allí a alguien.
- Ah, Ichimatsu-niisan tampoco ha regresado... –Contestó Jyushimatsu quien estaba seguro que al paso lento de su hermano todavía estaría a mitad del camino para llegar a casa.- Ah, Totty, también llegas tarde.
- ¡Ah! B-bueno, yo... pensaba regresar más temprano, pero un amigo tuvo un problema y me llamó para que le ayudara. –Dijo un poco nervioso.- Deberíamos entrar. Comienza a hacer frío.
Ambos hermanos menores entraron a la casa. Se veían ausentes mientras cada uno estaba sumergido en sus pensamientos. Pero fueron forzados a regresar a la realidad al ver lo que estaba pasando adentro.
- ¿¡Ahhhh!? ¿Que no sabes dónde está Osomatsu-niisan pero que te dijo que no regresará esta noche? –Choromatsu miraba con cara de sentencia de muerte a Karamatsu quien lucía una expresión triste.
- S-sí... eso fue lo que me dijo. –Trataba de ocultar sus expresiones faciales para que no pareciera que mentía.
- Karamatsu-niisan, eso es muy sospechoso... Ese tonto... seguramente anda metido en problemas... –El de sudadera verde lucía entre desconfiado y preocupado.
Todomatsu y Jyushimatsu entraron en la habitación pero no se metieron en la conversación. No entendían muy bien qué es lo que pasaba. Ambos estaban a punto de acercarse a Karamatsu para interrogarle también y saber qué estaba pasando, cuando el teléfono sonó.
- Ah, yo contesto. –Dijo el más pequeño de los sextillizos y salió de la habitación. Tomó el teléfono y tomó la llamada.- Sí, residencia de la familia Matsuno... ¿Con quién quiere hablar? –Continuó con aquella llamada y la mayor parte del tiempo escuchando.- Ah... Sí... claro...
Los otros tres hermanos estaban acechando desde la habitación, curiosos de quién podría ser a esas horas de la noche. Mientras espiaban y Todomatsu hablaba, se abrió la puerta de la casa. Ichimatsu al fin había llegado y al verlo, Jyushimatsu apretó entre sus brazos aquella pelota que todavía tenía debajo de la sudadera.
Todomatsu colgó el teléfono y suspiró.
- ¿Qué pasa? –Le preguntó Ichimatsu que estaba quitándose las sandalias en el recibidor a menos de un metro del menor.
- Bueno, pues... ¡Choromatsu-niisan!, ¡Karamatsu-niisan!, ¡Jyushimatsu-niisan!, habló Dekapan y dijo que Osomatsu-niisan pasará ahí la noche porque se le reventaron unas hemorroides. ¡Pfff!... –Les gritó a los espías que estaban escuchando a la distancia y luego trato de contener la risa.- Y eso es lo que pasa, Ichimatsu-niisan.
- ¿Osomatsu-niisan tiene hemorroides? –El sextillizo siempre despeinado sonrió divertido con un aspecto felino.
- Así parece... pffff... –Contestó el hermano afeminado.
Ambos trataban de contener sus risas, pero se la estaban pasando en grande con aquella información. Cruzaron una mirada sin palabras, ya sabían que al día siguiente el mayor sería el objeto de burla de ambos.
Cuando ambos regresaron a la habitación, notaron algo extraño. Tanto Karamatsu como Jyushimatsu lucían algo decaídos y el único que se encontraba como de costumbre era Choromatsu, pero ninguno de los dos dijo nada.
Jyushimatsu se levantó rápidamente y se fue al baño corriendo aún ocultando aquello que tenía en la sudadera. Ichimatsu le miró de reojo mientras salía de la habitación.
El quinto sextillizo llegó al baño rápidamente y comenzó a llenar la bañera. En cuestión de minutos ya estaba hasta la mitad, así que la llenó de champú y rápidamente se sacó aquella bola de pelos y la remojó en el agua. Fue extraño porque el agua rápidamente comenzó a quedar oscura en un tono morado. Y como si se tratara de un animal viviente, Jyushimatsu comenzó a frotarla y lavarla.
- ¿Qué estás haciendo?
Se escuchó una voz tranquila detrás de él y brincó del susto. Al voltear la cabeza pudo ver a Ichimatsu parado en la entrada del baño. Había olvidado cerrar la puerta y ahora su hermano mayor le miraba con mala cara. Se veía entre confundido, molesto y agobiado.
- ¿Jyushimatsu... qué estás haciendo? –Dio unos pasos y cerró aquella puerta detrás de él.- ¿Por qué estás lavando mi...? No, más bien, ¿Por qué tienes mi ego?
- ¿Eco? –Contestó con otra pregunta un poco confundido.
- ... Olvida el nombre... –Hizo una pausa para pensar en cómo plantear mejor aquella pregunta.- Jyushimatsu, yo... enterré eso en un parque... ¿Por qué lo tienes tú?
El menor no contestó de inmediato pues aunque quisiera contestar, no tenía la menor idea de por qué había hecho aquello. No entendía el por qué de sus acciones.
- Porque me recordó a Ichimatsu-nissan. –Dijo aunque no contestaba a la pregunta que le habían hecho.
- No te estoy entendiendo... –Su aura se ensombreció. No sabía si Jyushimatsu estaba hablando en serio o estaba jugando con él para evadir la respuesta.
- Yo... –Jyushimatsu se quedó pensativo unos segundos y tomó aire para hablar.- Ichimatsu-niisan salió y yo me preocupé, así que lo seguí. Entonces vi que enterrabas algo, y esta pelota me recordó a ti, pero estaba sucia así que la traje a casa para lavarla.
La incertidumbre invadió a Ichimatsu quien no podía comprender muy bien aquella explicación a pesar de ser clara y precisa. Aquella explicación, en realidad le irritó más de lo que debería.
- No juegues conmigo... ¡Nadie te pidió que hicieras esto! –Soltó de golpe sorprendiendo a Jyushimatsu quien dio un respingo.
El sonido del agua de la bañera contrarrestó aquél grito.
- ¿Niisan? –Dijo el menor en un tono temeroso mientras su sonrisa tambaleaba un poco y su frente se llenaba de gotas de sudor.
- En serio... yo no te pedí que hicieras esto. –Dijo bajándole un poco al tono de su voz pero aún se mostraba claramente enfadado.
- Ichimatsu-niisan, lo siento... –Dijo muy apenado.- Pero... no podía dejar esto ahí en ese estado.
Acto seguido, Jyushimatsu sacó del agua aquella bolita que ahora lucía más suave y limpia, y se la enseñó a su hermano quien pareció asombrado de verla en esas condiciones.
- ¿Ves? Ahora luce mejor... y es una parte de Niisan... No quiero que una parte de Niisan esté sucia. Yo quiero que Ichimatsu-niisan esté bien. –Dijo mientras tomaba una toalla y secaba aquella pelota para luego depositarla en brazos de su hermano.
Ichimatsu tragó en seco y su expresión se suavizó. Era difícil para él permanecer molesto con Jyushimatsu. Menos se podía molestar después de que este dijera aquello.
- ... Jyushimatsu... –Le miró y suspiró mientras apretaba su ego contra su pecho.- No merezco tu preocupación o compasión. Estoy bien así como estoy.
Era obvio para Jyushimatsu que no "estaba bien" por lo que sujetó una de las manos de Ichimatsu y la apretó.
- Ichimatsu-niisan... ¡Vamos a hacerlo! –Dijo y antes de que pudiera reaccionar a sus palabras jaló a su hermano de manera que ambos cayeron dentro de la bañera. El ego de Ichimatsu cayó rodando hacia un lado del escusado.
- ¡Ouch! ¿Jyushimatsu, qué estás haciendo? –Preguntó mientras se sobaba la cabeza pues se había dado un golpe al caer, en mala posición, al agua.
No hubo contestación a su pregunta, pero si sintió una sensación de suavidad posándose en sus labios. Jyushimatsu había depositado sus labios sobre los suyos.
Una sensación eléctrica recorrió el cuerpo de Ichimatsu. Y apartó a su enérgico hermano de encima suyo.
- ¿Qué diablos haces? –Dijo una vez que sus labios se habían separado.
- Haciéndolo. –Fue todo lo que el menor dijo.- No tengo la sudadera de Karamatsu-niisan pero aún puedo imitar sus gestos.
- Ya te había dicho que esto no es necesario... De hecho, detenlo, me incomoda mucho... –Dijo a modo de orden y con una mirada que se imponía.
- Pero Ichimatsu... pensé que me deseabas... –Habló Jyushimatsu quien ya estaba en su modo Karamatsu y posó una mano en su mejilla para acariciarla.- Pensé que estar conmigo te hacía feliz. No me puedes engañar... Tu cuerpo es honesto, kitty~ Yo se que lo quieres...
-Tch... No lo estoy disfrutando, Jyushimatsu... Esto me hace sentir peor que antes. –Dijo mientras tenía una expresión lastimera.
- Pero... tú me amas... –Dijo a punto de posar sus labios sobre los del mayor.
- ¡Eso no importa! –Aquel grito resonó en aquél espacio cerrado que era el baño.- ¿Es que acaso no lo entiendes? ¡Yo sólo quiero ser feliz! Eso que inconscientemente desenterraste es lo que quiero cambiar de mí. Quiero evitar pensar en todo esto, quiero dejar de hacerme pajas mentales y que la realidad me golpee al punto de rendirme por completo... Quiero olvidar y seguir…
Jyushimatsu detuvo la imitación al ver que el mayor se había levantado y salido de la bañera para después recostarse en el piso del baño abrazando sus rodillas y ocultando su cara entre estas. Lucía cansado y deprimido. No era común ver a Ichimatsu en aquél estado por lo que el hiperactivo hermano comenzó a preocuparse a pesar de no entender lo que su hermano estaba diciendo.
- Ichimatsu-niisan... –Dijo mientras se acercaba a él y posaba una mano sobre su cabeza. Comenzó a acariciarle como si se tratara de un gato a modo de consuelo.
Ichimatsu levantó su cabeza y mostró su rostro que tenía escondido. Miró a Jyushimatsu con algo de reproche pero no dijo ni una sola palabra. Meditó unos instantes y estiró uno de sus brazos para tomar la mano del menor y apartarla de su cabeza. Lo hizo de forma calmada y se tomó unos segundos más para hablar mientras Jyushimatsu le miraba confundido.
- Jyushimatsu... no quiero que te sigas preocupando por mí. Es aún más doloroso que tú estés involucrado. –Se rascó la cabeza y miró el suelo con detenimiento.- Cuando tú vienes, hablas y me alientas a esforzarme me recuerdas éste asunto con... Mierdamatsu... y yo sólo quiero olvidarlo...
- Pero... Ichimatsu-niisan... no tienes que rendirte. Aún puedes tener oportunidades y Karamatsu-niisan entenderá, y-
No pudo terminar su frase pues Ichimatsu había golpeado el suelo con su puño haciendo un sonoro estruendo llenara con eco las paredes del baño. Jyushimatsu le miró con mayor preocupación pues con la intensidad del golpe estaba seguro de que su hermano se había quebrado algún hueso de la mano, aunque al mayor parecía no importarle.
- Jyushimatsu, basta. En verdad, sólo... detente... –El mayor había apretado los labios y tenía una mueca en el rostro.- No sé de qué manera puedo hacer que entiendas que tus palabras, en lugar de darme esperanzas, se me clavan en el pecho y me hacen sentir aún más miserable... porque... porque de verdad... Karamatsu jamás podría corresponderme y nada de lo que digas o pienses va a cambiar este hecho...
La voz de Ichimatsu sonaba un poco quebrada y el eco del baño hacía que Jyushimatsu la escuchara y le pareciera lejana. Había olvidado que su hermano era bastante frágil con ese tipo de temas.
- No es porque yo lo diga o piense. Sólo quiero que Ichimatsu-niisan sea feliz. –Dijo y le abrazó con un deje de arrepentimiento por forzar a Ichimatsu a alcanzar su límite.
Ichimatsu se estaba conteniendo, pues al sentir aquél abrazo comenzó a llorar. Y Jyushimatsu pensó que no debió olvidar que su hermano era un llorón de primera.
- Yo... no me interesa ser feliz... de esa manera... –Decía mientras sorbía su nariz.- Yo sólo quiero ser capaz de olvidarme de éstos sentimientos... Quiero ser capaz de avanzar... Y poder reírme de esto el día de mañana.
- Yup... tú podrás, Ichimatsu-niisan. –Decía Jyushimatsu.
- ¿Podré dejar de amar a Karamatsu? ¿Crees que eso será posible? –Decía mientras lloraba desahogándose de todo aquello que sentía.
- Sip... tú podrás, Ichimatsu-niisan. –Contestó nuevamente el de sudadera amarilla.
Ichimatsu permaneció llorando un par de minutos más hasta que su llanto se fue calmando sólo.
Jyushimatsu comenzaba a sentir un extraño tipo de dolor en su pecho aunque no entendía por qué. Se suponía que la felicidad de su hermano era lo que debía hacerlo feliz a él... pero en aquél momento, mientras su hermano sollozaba y murmuraba que lograría que su amor por Karamatsu desapareciera, se sentía feliz.
Y al mismo tiempo un extraño sentimiento de culpa le envolvía. Como si algo indebido le trajera una enorme satisfacción. Y entonces por primera vez sintió que no le gustaba su forma de pensar... como si odiara lo que estaba pensando y como si se odiara a sí mismo.
.-.
Karamatsu y Choromatsu habían tendido el futon en la habitación de manera que cuando Ichimatsu y Jyushimatsu habían regresado a la habitación los otros ya se habían puesto sus pijamas y se preparaban para dormir.
Para sorpresa de Choromatsu, Ichimatsu le pidió dormir entre él y Jyushimatsu en ausencia del mayor de todos. El tercer hermano accedió sólo porque vio la oportunidad de dormir tranquilo sin que nadie le pateara, lo aplastara y lo despertara en mitad de la noche.
Jyushimatsu se sorprendió cuando al apagar la luz, la mano de Ichimatsu envolvió la suya y la apretó en la oscuridad. Ichimatsu en verdad estaba sufriendo y Jyushimatsu no sabía por qué estaba disfrutando aquel gesto de su hermano sabiendo que no era feliz. Pensó que a lo mejor estaba enfermo o algo y por eso estaba sintiendo lo contrario a lo que debería de sentir. Sólo pudo estrujar con fuerza la mano de su hermano para darle la confianza de que ahí estaba apoyándole.
En algún momento de la noche, cayó dormido y sólo despegó los ojos cuando ya era de mañana.
Se había levantado antes que Ichimatsu y sus hermanos... o eso había pensado pues notó que Karamatsu no estaba acostado en el futon con el resto. Se levantó para buscarle por toda la casa, y mientras caminaba por el pasillo principal escuchó sonidos en el baño. Fue algo extraño pues le pareció que aquellos sonidos parecían de alguien vomitando. Supuso que aquél era Karamatsu. Aquello le perturbó y espantó un poco por lo que prefirió regresar a la habitación y cambiarse el pijama.
Mientras sacaba de uno de los cajones su overol amarillo, Choromatsu despertó y salió de la habitación directo hacia el baño. Minutos después Karamatsu había regresado a la habitación vistiendo aquella chaqueta de cuero y la camisa con su rostro impreso. Se dispuso a peinarse mientras se miraba en su espejo de mano como si nada le preocupara. El quinto hermano le observó confundido y pensó que a lo mejor aquellos sonidos que escucho no eran de Karamatsu o tal vez eran parte de su imaginación.
Todomatsu e Ichimatsu despertaron al cabo de unos minutos más, y el más joven se apresuró a cambiarse de ropa y arreglarse pues comentó que tenía planes y se le había hecho tarde al no poner alarma. Se vistió con rapidez mientras decía '¡Ya es tarde! ¡Se me hizo muy tarde!', y cuando terminó les deseó un buen día a todos como si les estuviera ignorando al principio. Finalmente salió de casa bien arreglado despidiéndose de todos.
El teléfono sonó unos minutos después y Choromatsu corrió a contestarlo. Estuvo menos de un minuto en línea y cuando regresó a la habitación se dirigió directo a Karamatsu.
- Dekapan llamó y dijo que fueras a buscar a Osomatsu-niisan. –Le miro algo confundido e interrogativo.- Le pregunté por qué debías ir tú y me dijo que es porque te tiene que hacer algunos exámenes médicos o algo así.
- Oh, ya veo. –Contestó tratando de sonar natural y que no se notara su nerviosismo.- Entonces supongo que debería ir a buscar a Osomatsu-niisan... y hacerme mis exámenes médicos.
Se levantó y obtuvo la mirada de los tres hermanos que estaban en la habitación, quienes le veían con desconfianza.
- No sabía que estabas enfermo, Karamatsu... –Dijo Choromatsu.
- Jum... Estoy enfermo de amor, brother~ Y desgraciadamente no hay cura para esta enfermedad. Pero supongo tendré que vivir cargando la culpa por este pecado que llamamos vivir~ Y cuando muera, recuerden la grandeza de mi vida, haciendo memoria de todo aquello que gozamos juntos... porque por eso soy un sinful man de-...
- Vete a la mierda y púdrete, Mierdamatsu... –Dijo Ichimatsu con un tono de enfado y mostrando sus afilados dientes.
Choromatsu suspiró y mejor se guardó su opinión con respecto a las tonterías que decía Karamatsu. Jyushimatsu, por su parte sólo miraba con confusión a su hermano y se preguntaba qué es lo que estaba tratando de decir. Pensó que a lo mejor él también estaba enfermo de lo mismo que Karamatsu.
- En fin, debo marcharme, brothers~ -Dijo en un tono armonioso y salió de la habitación con dirección hacia la puerta principal.
Jyushimatsu seguía pensando en que probablemente sí estaba enfermo y se le ocurrió que, a lo mejor, era una excelente idea seguir a Karamatsu hasta el consultorio de Dekapan y preguntarle si podía hacerle exámenes médicos a él también. Así podría recetarle algo y su problema se habría arreglado.
Salió corriendo con dirección hacia la puerta de entrada y al salir de casa miró apresurado hacia todas direcciones para buscar a Karamatsu.
Habría llamado a su hermano e ido con él después de comentarle su idea, pero sintió que no era una buena idea por alguna razón. Era notorio que Karamatsu había acelerado el paso y se veía presuroso por llegar con Dekapan. Jyushimatsu no sabía el qué exactamente pero sabía que algo no estaba bien, por lo que simplemente se limitó a avivar su propio paso y continuar siguiendo a Karamatsu sin que le viera.
Un sentimiento de ansiedad comenzó a llenar al menor que notaba a pesar de la distancia que Karamatsu no actuaba como siempre. Se veía desesperado.
Siguiéndole por el camino, notó algo que Karamatsu también había notado y ambos detuvieron el paso viendo una escena bastante peculiar mientras mantenían una distancia considerable.
Y es que el más pequeño de la familia estaba hablando y teniendo una discusión a todo pulmón, en medio de la calle, con un sujeto desconocido para ambos. Jyushimatsu pensó que Karamatsu correría a ver qué era lo que estaba pasando y ayudaría a Todomatsu a arreglar el problema que tenía, pero se sorprendió de que en vez de eso, el mayor continuara caminando y luego comenzara a correr ignorando lo que acababa de ver.
Jyushimatsu estaba impresionado pero eso no le impidió correr hacia donde estaba Todomatsu y hacer lo que pensó que Karamatsu haría.
- ¡Wooooooooooooooooooooooo! –Gritó vigorosamente mientras corría hacia donde su hermano estaba.
Todomatsu quien aún estaba molesto y gritando maldiciones escuchó aquél grito a lo lejos y miró a ver de dónde venía aquella voz.
- ¡¿Jyushimatsu-niisan?! –Estaba sorprendido y exaltado.
- ¡Tooooooootty! ¡Oryaaaaaaaaaaaa! –Gritó mientras sostenía un bate de béisbol y lo agitaba amenazante. Tenía una mirada de locura y exaltación.
En un instante ya estaba donde Todomatsu y aquél tipo extraño de traje. En un movimiento sujetó el bate y estuvo a punto de darle un golpe con éste a aquel sujeto desconocido de cabello castaño y rostro perezoso.
- ¡Ahhhh! –Todomatsu le jaló para evitar que el bate impactara en el hombre.- ¡Jyushimatsu-niisan, para!
Como si hubiese sido una orden, el de overol amarillo se detuvo en seco. Rápidamente se calmó y miró a ver a su único hermano menor con confusión.
- ¿No estás en problemas? –Preguntó directamente al menor con una cara que demostraba que no entendía un carajo lo que estaba pasando.
- No es que no esté en problemas, pero... –Se llevó una mano al rostro con hartazgo pensando en cómo podía explicar todo. Suspiró y finalmente hizo lo que consideró más adecuado para que aquella situación no se volviera un baño de sangre.- Jyushimatsu-niisan, te presentó a un amigo, Atsushi-kun... Atsushi-kun, te presento a uno de mis hermanos mayores, Jyushimatsu-niisan.
- Ah, encantado. –Dijo Jyushimatsu mientras estiraba su mano para saludar al tipo desconocido. Se había calmado inconscientemente al ver que su hermano les había presentado tranquilamente.
- ... De verdad tienes muchos hermanos gemelos... –Fue todo lo que dijo el tal Atsushi mientras estiraba su mano y estrechaba la de Jyushimatsu para devolver el saludo.
- ¿Acaso me estás diciendo que pensaste que mentía? –Dijo Todomatsu con una voz que sonaba nuevamente irritada.
- ¿Eh? Todomatsu-kun, no me refería a eso... Es sólo que al principio pensé que era una broma. Y luego... vi que no lo era, pero estaba tan ebrio que no pude evitarlo.
- ¿¡Eres idiota!? –Dijo Todomatsu mientras se llevaba una mano a la cara como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
Jyushimatsu escuchaba la conversación sin entender muy bien de qué estaban hablando. Aunque al parecer era falsa alarma que su hermano estuviera en peligro o metido en algún problema gordo, pues aquél tipo era amigo de Todomatsu. Para rematar la situación, el tipo estaba lleno de heridas cubiertas por curitas y apósitos, por lo que no se veía muy peligroso. Aún así no entendía muy bien por qué tanto griterío en plena calle.
- ¿Totty? –Mencionó su nombre con duda pues estaba desorientado de todo lo que escuchaba.
- Ah, Jyushimatsu-niisan. No te preocupes. –Dijo más calmado y su rostro volvió a lucir adorable y su voz, tierna.- No hay ningún problema.
- Pero... no entiendo. ¿Qué pasa? ¿Por qué peleas y gritas en medio de la calle? –No podía evitar sentir que algo se estaba perdiendo de todo eso.
- Eso, estimado hermano mayor, Jyushimatsu, es difícil de explicar. –Dijo Atsushi mientras miraba ofendido a Todomatsu por la diferencia de trato que le daba a él con la que le daba a su hermano.- Es tan fácil como que acabo de confesarle a Todomatsu-kun un error que cometí.
- Agh, cállate. No empeores las cosas. –Le dijo al castaño y se dirigió nuevamente a su hermano.- No le hagas caso. Este tipo estaba a punto de marcharse muy lejos e ir a tirarse de un puente y morirse. –Dijo con una sonrisa y el tipo soltó un 'Qué cruel eres, Todomatsu-kun'.
El de overol amarillo no estaba convencido con aquella explicación.
- Totty... No entiendo nada. –Dijo mientras se rascó la cabeza.- ¿Por qué estás molesto con tu amigo por un error?
- Ah... bueno... eso es porque... –El menor parecía desconcertado con aquella pregunta y estaba pensando en qué podría contestar.
Sus pensamientos fueron detenidos al sentir una mano que le sujetaba por el hombro y de un momento a otro fue sujetado en un abrazo por aquel hombre trajeado. Estuvo a punto de golpearle por aquello cuando al escuchar lo que éste dijo, se congeló.
- Eso es porque en realidad, hermano mayor, soy el novio de Todomatsu-kun. –Dijo mientras esbozaba una gran sonrisa.
Aquella declaración entró a Jyushimatsu como una bomba hacia sus sentidos, pero permaneció estático sin asimilarlo del todo. Ambos hermanos estaban enormemente sorprendidos.
- Y bueno, estamos teniendo una pelea porque le acabo de confesar que ayer estaba muy ebrio y casi me acuesto con uno de sus hermanos mayores. Jajaja, pero entonces otro de sus hermanos mayores me molió a golpes. No es algo gracioso, ¿verdad?
Oficialmente, el cerebro de Jyushimatsu Matsuno había dejado de funcionar.
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Bienvenido el cuñado a la historia :D
Ok no... Pero con esto ya hice mi porquería que había advertido en las etiquetas de AO3 de meter a Atsushi en la historia.
Ya pude escribir lo más horrendo que tenía para el fic. Disculpen si no les gusta leer sobre temas de violación, a final de cuentas, me gusta recordarle a todos que éste fic lo estoy escribiendo para una amiga y ambas teníamos el headcanon de que Karamatsu explotando resultaría en algo así. Si sienten que estuvo muy fuerte, quiero que tomen en cuenta de que pudo ser peor porque según mi amiga cuando lo leyó, me dijo que me contuve bastante(?)
En fin, disfruten o lloren, lo que quieran. Todavía hay muchas cosas que agregar a todo esto y todavía falta que aparezcan algunos personajes...
El siguiente cap tal vez llegue rápido, tal vez no. Todo depende de cómo me trate la vida en la parte laboral y social.
