"Te Encontré."
B. B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Pareja: Jim Gordon/Bruce Wayne UST. Olviden lo platónico.
Rating: Ejem. Mature para estar en lo seguro.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Advertencias: ESTE CAPITULO ES INTENSO. No hay nada de naturaleza sexual. Pero aun así, es intenso. ¡No sabía que eso era posible!
Spoilers: Este capítulo está situado después de lo eventos de 1x07, Penguin's Umbrella.
Dedicatoria: a mi FB-Wife Rosa Luz, ¡que ama esta pareja tanto como yo! ;)
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4.
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"Estoy demasiado perdida en ti."
-Sugababes, "Too Lost in You."
[...Tema principal de este fic, definitivamente]
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Todo sucedió muy rápido. Para cuando Jim volvió a sentir la tierra bajo sus pies, Falcone había ganado, sin tan siquiera entrar en juego.
Tenía a Bárbara, y Jim no permitiría que saliera lastimada. Era impensable.
Bullock no dejó de hacer rabietas aun después de ser liberados. Jim lo dejó ser, concentrándose en el cuerpo temblante de Bárbara mientras la dirigía hacia un taxi. Jim estaba tan conmocionado como ella, tan confundido y perdido. No acababa de comprender todos los cambios que se habían desarrollado desde el ataque a la Estación de Policía, y mucho menos podía todavía percatarse de los efectos que se aproximaban.
Una vez de regreso al Penthouse, Bárbara lo abrazó con desesperación, disculpándose y disculpándose. Rogando por absolución, cuando irónicamente, el que debía de rogar por perdón era otro.
Bruce. Jim miró las lágrimas no parar de derramarse en el rostro hermoso de su omega, pero todo lo que su sangre reclamaba era Bruce-Bruce-Bruce.
Eso era lo peor de todo.
"Tengo que salir un rato." Jim murmuró horas después, casi de madrugada, una vez que Bárbara estuvo instalada en la recámara, cada luz del apartamento encendida. Había tomado una ducha, y cambiado su atuendo de detective por su vieja ropa deportiva de la Academia.
Breve pánico brilló en la mirada de Bárbara al escucharlo, pero Jim utilizó su autoridad Alfa para detener cualquier tipo de protesta. Besó la nuca de cabellos dorados de la Omega en despedida, y con ello vino el primer paso a la ruina de su relación: La dulzura se había ido. Todo lo que Jim aspiró de la mujer, fue la esencia a cenizas.
Jim pausó el elevador, en cuanto se introdujo a él.
Se posó contra una de las paredes. Aventó dos puñetazos, un gemido de protesta explotando de su pecho. ¿Cómo había terminado en esta horrible posición? ¿Cómo había cambiado su mundo de manera tan rotunda?
Ya había comenzado. Su fisiología estaba dejando de responder a Bárbara, por más que su corazón todavía la amara.
Respirando hondo, Jim dejó su frente golpear la dureza de su jaula de metal.
-Contrólate. Tomaste la decisión. Es tu propia culpa.
Podría ser que las agallas hubieran provenido de Bruce, pero Jim había sido el que había cerrado con broche de oro el asunto. Un beso en la mejilla había llevado a sus labios recorriendo la muñeca del Beta, y el proceso había sido hecho con ambos en sano juicio (sin tomar en cuenta las hormonas alborotadas, claro). Jim había sido débil ante lo que realmente deseaba, pero aun así, nadie más que él había aceptado la Marca. Nadie, más que él, había dicho "Al demonio el mundo, quiero esto" prosiguiendo a realizar una última locura.
Suponiendo que aquella sería su última noche con vida, Jim había querido ser egoísta.
Sin embargo, Bruce Wayne debía ser un profeta, puesto que el poder de su palabra lo había extraído de las quijadas de la Parca, sus deseos de traer a Gordon de vuelta a su puerta con vida, haciéndose una realidad.
No había llamado por adelantado, pero Alfred lo esperaba en la entrada de la mansión para cuando Jim se encontraba tambaleando en su dirección.
"Ah, tenga cuidado, Detective. Comenzaré a pensar que es una clase de superhéroe si sigue desafiando las probabilidades contra usted de forma tan increíble."
Jim no escondió su mohín de dolencia cuando pisó con demasiada fuerza un escalón. "No me siento como superhéroe, Alfred."
"Ni hueles a uno." Fue como Alfred lo ayudó al recibidor. "Son casi las tres de la madrugada."
Jim no se disculpó. Estaba demasiado nervioso, demasiado consciente de la cueva del lobo al que se había metido. "¿Está despierto?"
Alfred tuvo el descaro de mirar a Jim con lástima. "Y esperando en su recámara."
Por supuesto. Jim asintió, lamentablemente sabiendo la localización del cuarto de Bruce. "Podrías decirle que estoy bien—"
"Oh, no. Ni siquiera lo pienses." La lengua de Alfred fue tan rápida y concisa como un látigo, llegando tan lejos como bloquearle la salida a Jim con un brazo. "ustedes dos tendieron su cama, ahora acuéstense en ella." Un parpadeo después, una mueca torció el rostro del hombre. "Um, lo siento, pobre elección de palabras—"
"Bastante pobre." Jim sacudió su cabeza, avergonzado por el bochorno calentando sus pómulos. ¡Santo Cielo! Con la palabra cama, todo en Jim se estremeció. "Pero, sé a qué te refieres." Comenzó su camino hacia las escaleras que lo llevarían al segundo piso, pero cuando se apoyó en el barandal, Jim pausó. "Deberías irte a dormir. Me encargaré de él."
"Sí. Me imagino que lo harás." Alfred alzó dos cejas junto con el nivel de sabiondez. Para su propia sorpresa, Jim terminó liberando una suave carcajada ante el indecoroso comentario. Alfred sonrió en reciproca picardía. "Es sólo un adolescente, James. Realmente, no hay nada que temer."
Jim volvió a asentir. Regresó a su tarea de subir las escaleras. Ambos mentían, ambos estaban bien enterados de que Bruce no era un adolescente ordinario, pero las intenciones de Alfred eran buenas, y Jim apreció sus intentos por tranquilizarlo. Ambos habían comenzado en tan malos términos, que resultaba impresionante ver que tan lejos habían llegado, hoy en día. Para ambos ser Alfas, se habían ajustado bastante bien. La curiosidad por saber si lo mismo hubiera sucedido con Thomas Wayne, despertó fugazmente por su mente. Ni siquiera sabía si el hombre había sido Alfa u otro Beta como Bruce, pues tan herméticos eran los archivos de la familia Wayne.
A Jim… le hubiera gustado conocer al hombre. Aunque, las circunstancias seguramente hubieran sido muy diferentes…
… o tal vez, no. ¿Hubiera sucedido lo mismo, en el momento que Jim y Bruce hubieran cruzado miradas? ¿Gordon hubiera sido llamado hacia él, imbécil y atolondrado por sus profundos ojos cafés? ¿Hubiera sido jalado hacia el chico con una intensidad similar?
Thomas Wayne seguramente lo hubiera castrado a primera vista, entonces. Gordon dudaba que hubiera llegado a acercarse a Bruce. Y con justa razón.
La puerta de la recamara estaba semi-abierta, probablemente para el beneficio de Alfred y sus preocupaciones paternales. Para cuando Jim asomó su cabeza, era claro que Bruce estaba dibujando maniacamente otra vez. Sólo que ahora en el piso cerca de su cama, audífonos puestos y derramando sonido con el alto volumen. Jim no se molestó con tocar. Entró a la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Era una… enorme recámara. Digno de un Hotel Cinco Estrellas, aunque con más desorden púbero y el toque tenebroso que sólo Bruce podría ser capaz de agregar.
El movimiento en su periferia debió haber traicionado su presencia. Bruce volteó su cabecita despeinada y sus ojos se engrandecieron en cuanto reconoció a Jim parado, no muy lejos de él. De un solo brinco el chico se levantó del piso alfombrado. Vestía pijamas de lana, probablemente más caras que la renta del Penthouse de Bárbara, junto con calcetas negras. Lucía su edad. Lucía inocente. Rompible.
Jim inhaló.
Ante la potencia esencia de Mío, Jim momentáneamente, cerró sus ojos. –No lo es. Bruce es todo menos rompible. Y no puedo decidir si eso es mejor.
Bruce estaba retirando sus audífonos para cuando Jim se reincorporó. El chico todavía no se había abalanchado contra él—Porque, por supuesto, Bruce no era normal. No era un niño normal, interesado en los hobbies de niños normales. Bruce estaba terroríficamente consciente de las reacciones de los que lo rodeaban. Observaba y analizaba primero, sus impulsos raramente ganándole a su razón.
Jim sonrió. Extendió sus brazos en muestra. "Estoy vivo."
Bruce lo miró de pies a cabeza, comprobando por su propia cuenta. Siguió sin moverse.
Estaba esperando por indicaciones, Jim se dio cuenta. Estaba esperando por lo que su Alfa pediría de él.
Sin aliento, Jim torció sus pies entre sí, torpemente tratando de quitarse un Nike con el otro. "Es tarde, Bruce. No deberías estar levantando."
"¿Podrías dormir, si estuvieras en mi lugar?"
¡Aja! Ahí iba uno. Sólo faltaba otro. "Sin llevar la contraria esta noche, Bruce. Normalmente… me gusta. Pero, no esta noche."
Fue el turno de Bruce para sonreír. "¿En serio?"
"¿Mmm?"
"¿Te gusta que te lleve la contraria?"
Jim se encogió de hombros. "Demándame. A diferencia de cualquier otro Alfa en la ciudad, yo si prefiero que mis parejas tengan voluntad propia."
Bruce bajó su atención a los pies de Jim. "Vas a caerte."
"Nah. Tengo bastante práctica." Dicho y hecho, a pesar del estado aletargado que lo comenzaba a invadir, Jim logró librarse del tenni restante. Estiró los dedos de sus pies. Sus calcetas eran de algodón económico, grises y gruesos. Y seguramente el triple de cálidos que los de Bruce. "¿Ves?"
Bruce no era tan fácilmente distraído. La afable curva permanecía en sus labios, pero la confusión dio lugar a un tema más oscuro. "¿Qué sucedió?"
Jim colocó un dedo en su boca, en una moción de silencio. "No. No esta noche, Bruce." Si dependiera de él, Bruce nunca lo sabría. Si estuviera a su alcance, lo continuaría protegiendo. "Métete a la cama, por favor." Si su tono bajó de tenor ante el comando, era demasiado tarde para retroceder. Tenía sus sentidos flechados en el Beta. No había marcha atrás.
Desde el primer encuentro en aquel callejón oscuro, Jim había estado luchando contra su naturaleza ferozmente. Estaba harto. Jim no era un santo, y había llegado a su límite.
Su sudadera hoodie fue descartada con movimientos poco coordinados, aventada hacia la silla del escritorio, tumbando dibujos en el proceso. Su pantalón suelto permaneció en su lugar. Bruce había abierto el gran montón de sabanas lujosas para cuando Jim había pateado los Nikes fuera del camino de la puerta. Cuando marchó hacia el lado opuesto de cama, ambos se miraron.
Inseguros.
Emocionados.
Jim apuntó hacia el lecho con su mentón. Bruce tragó saliva, antes de obedecer, sus rodillas escalando la cama. "… ¿Tienes miedo, Bruce?"
"¡No!" Bruce se giró hacia él, una mano clavada en el colchón por soporte. "Sé que no me lastimarás."
Jim resoplo incrédulo, sus dientes mordiendo su labio inferior hasta sentir dolor. "No quiero hacerlo, ¿sabes? Nunca trataré de lastimarte intencionalmente, Bruce. Tienes que saberlo." Era su turno. El cuerpo esbelto del Beta estaba por completo en la cama, reclinada hacia él en perpetua espera. "Pero, muy probablemente, lo haré de una manera u otra." Una rodilla, luego otra. Si su pierna ardió en protesta por su herida, Jim lo soportó. Si había podido aguantar el enfrentamiento con Falcone, podía aguantar esto. "Soy un policía y el riego de que muera en cualquier momento será algo con lo que tendrás que lidiar todos los días. ¿Estás consciente de eso? Lo que sentiste hoy—tu primera noche en vela a causa mía—es tan sólo una prueba de lo que te espera a mi lado."
Bruce estaba recargado sobre su codo derecho. Cuando Jim se posicionó sobre su cuerpo de un repentino salto, su respiración se entrecortó con sorpresa, pero no retrocedió. Echó su cabeza hacia atrás paulatinamente, descendiendo al compás en el que Jim dejó caer su cuerpo. "Comprendo." Lo desafió con acero.
Sus brazos lucían monstruosos cuando éstos rodearon el cuerpo del Beta. Sus rodillas se engancharon alrededor las delgadas caderas a su disposición, y Bruce se mantuvo quieto. Increíblemente, sus cuerpos todavía no hacían contacto total. Faltaba un paso más.
"Necesito imprimir mi esencia en ti." Susurró, nariz a nariz. "Puede que sea incómodo, pero tengo que hacerlo. Te calmará… Nos calmará a ambos."
"Dime qué tengo que hacer."
Jim cerró sus ojos. Tragó saliva. "Estira tu cuello. Relájate."
Bruce cayó con la libertad de un muñeco, exponiéndose. Su cuello tenía lunares casi imperceptibles. Estaba tenso, al contrario de la anterior sugerencia. Jim no lo podía culpar.
Su rostro entero se aplastó contra el rincón de hueso y deliciosas palpitaciones. El cuello de Bruce era tan pequeño, que tan sólo la mitad de su cara podía encontrar asilo. James entremetió sus labios hacia dentro de su boca, no queriendo correr riesgos con la intensidad del momento. Por las mismas razones, mantuvo sus caderas lejos y separadas del ritual. Su nariz debía hacer todo el trabajo y nada más.
Ante la sensación de su mentón sin rasurar, Bruce generó un diminuto sonido. Casi un gemido vulnerable.
Jim recorrió su piel. Aspiró la fragancia de chabacanos y frotó su mejilla contra lo que Bruce ofrecía abiertamente. Estaba tan sometido en la acción, que cuando Bruce le hizo una temblorosa pregunta, le costó comprenderla.
"Ah… Puedo… ¿puedo tocarte?"
Jim talló una camino de su cuello hasta el ángulo suave de una mejilla de Bruce. "Cintura para arriba solamente."
Al instante, las manos del muchacho se anclaron a los bíceps de Gordon, enterrándose como si su vida dependiera de eso. "Hueles… tan bien—¿Es eso… normal?"
"Sí." El Alfa en el gruñó, sus fosas nasales jugueteando con un tierno lóbulo. "Feromonas." Sus hermosas pestañas habían caído también, su propia nariz curveándose hacia Jim. Las dos se encontraron, compartiendo un beso esquimal. Jim sonrió, no esperando que alguna manifestación de ternura se pudiera mezclar a estas alturas.
Ambos estaban jadeando indiscriminadamente.
"Quiero—Quiero marcarte también."
Demonios. Los brazos de Jim se doblaron. Su accidental caída fue recibida por los propios brazos espaguetis del Beta. "No será—Igual. No eres un Omega—"
"No importa."
"No dura—No durará. Tus feromonas no son muy fuertes. Eres muy joven todavía."
Bruce tuvo la fortaleza de separar su rostro lo suficiente para retarlo, cara a cara. "No importa."
Jim no estaba en posición para oponerse. Este era una estado completamente mortal para cualquier Alfa. Bruce todavía no lo sabía, pero en momentos tan íntimos como estos, podría pedirle a Jim el mundo, y el detective moriría tratando de hacerlo. "Sólo... haz lo que yo hago, entonces."
Fue algo rápido, un movimiento que apenas duró dos segundos, pero que hicieron que Jim se congelara con pánico: los ojos dilatados de Bruce bajaron hacia los labios de James, contemplándolos.
"No, Bruce." Todavía no. "Mi cuello. Ve a mi cuello." Y lo ofreció con urgencia, insistiendo con una mano sujetando la nuca del chico, dirigiéndolo a territorio seguro. Para su alivio, Bruce se acurrucó sin más pausas, su diminuto rostro siendo acogido con recelo. "Sí, justo así. Frota contra mi…"
Bruce lo hizo. Imitó los restriegues gatunos a la perfección, sus mechones haciendo cosquillas. Jim hizo puños de sus nudillos, la almohada sufriendo por ello. Mierda, mierda, mierda, mierda.
Con Bárbara, el intercambio de feromonas nunca se había sentido de esta manera. Era demasiado agudo, penetrante. El alma de Jim amenazaba por separarse de su cuerpo, y sus más básicos deseos rugían por exteriorizarse. Bruce podría no ser un Omega, pero eso conllevaba muchas ventajas. Barbará ya hubiera estado rebajada a un costal de maullidos, su cuerpo derretido y pasivo ante las administraciones de su Alfa. Un Omega no peleaba, no tomaba iniciativa. El control siempre le había pertenecido a Jim, y a nadie más.
Con Bruce, un equilibrio se estaba haciendo presente.
Y Jim… estaba aprendiendo a apreciar el cambio de papeles.
Gimió con aprobación cuando sintió las manos de Bruce sujetarse de sus hombros vestidos, y ronroneó con permiso al aceptar los dedos exploradores de Bruce tocar su cabeza, analizando la contextura de su cabello. –Puedes hacer lo que te dé la gana conmigo, Bruce. Y ni siquiera lo sabes.
James Gordon estaba arruinado. Lo supo en esa noche, postrado de rodillas sobre una cama desconocida, sumergido en el embrujo de un chiquillo inexperto, rodeado de un mundo que no era el suyo. Estaba arruinado, porque después de Bruce Wayne, no habría nadie más. Bárbara era superable, y para mañana sería un olvido.
-¿Cómo llegamos aquí? Jim susurró sin palabras, jalando de regreso el rostro enrojecido de Bruce. Había deseo marcado en el Beta, un deseo tan prematuro que ni el mismo Bruce comprendía su significado todavía. –Vine a Gotham, y pareciera que estabas esperándome.
"Con esto será suficiente."
Bruce no lució convencido, pero asintió entre los desastrosos jadeos de su pecho. Jim tomó sus muñecas para quitarlas de su cuerpo, sus pulgares consolándolas con suaves caricias. Con sumo cuidado, Jim rotó al otro costado de la cama, dándole las espaldas al chico.
"¿Vas a irte?" Vino la asustada pregunta, Bruce levantándose de su lugar.
Jim miró su propio regazo, disimuladamente, escondiéndolo de la vista del muchacho. "Acuéstate, Bruce. Sólo iré al baño un momento."
"Oh." Y fue algo cómico como el chico se dejó caer de nuevo, tremendo alivio plasmando su ser. "Segunda puerta a la derecha. Tiene picaporte en forma de león."
Una sonrisa sencilla y cansada levantó las comisuras de Jim. Hasta las puertas tenían ego en esta mansión. "Trata de dormir. Regresaré pronto, ¿está bien?"
Y tomando un cojín para esconder su incómoda consecuencia personal, James hizo su cobarde huida.
-Completamente arruinado. James se repitió diez minutos después, frente al espejo del baño, su puño extrayendo el suspiro del nombre de Bruce. El sabor del Beta estaba guardado en sus sentidos, y con tan sólo recordar aquellos ojos oscuros persiguiendo la boca de Jim con anhelo… el éxtasis pulsó fuera de su ser.
Cuando regresó, Bruce estaba enroscado y muerto al mundo, por fin cediendo a las demandas de su biología. Jim se encargó de arroparlo por completo y de apagar las luces. Se acomodó en su lado de la cama, pero el sueño no llegó tan fácilmente.
Bárbara debía estar esperando por él, el Estrés Post-Traumático impidiéndole descansar.
Jim cerró sus ojos en la oscuridad, esperando por que el oprobio lo abatiera.
Nunca llegó.
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Fin de Parte 04.
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NdA: NO SÉ QUÉ DECIR. *se sumerge en agua fría junto con Jim*
¡Gracias por sus reviews, mgames, Lau Asakura, HoNk y Aroa Nehring! ¡Espero hayan disfrutado este capitulo!
