"Te Encontré."

B. B. Asmodeus.


[+]+[+]


Fandom: Gotham (2014).

Pareja: Jim Gordon/Bruce Wayne UST.

Rating: Dejémoslo en Teen.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Spoilers: Este capítulo está situado después de lo eventos de 1x07, y al inicio de 1x08.


[+]+[+]

5.

[+]+[+]

"No puedo comprender

Porque mi corazón está tan roto,

rechazando tu amor."

-Trading Yesterday.

[+]+[+]


Las maldiciones de Alfred fue lo que lo despertó.

"¿Qué demonios?" El hombre renegaba, pateando los tennis de Jim. Ups. Tal vez no los había acomodado tan bien, como lo creído.

"Buenos días." Bostezó en saludo, tapando su rostro con su antebrazo cuando Alfred abrió las cortinas de la habitación. "¿Qué hora es?"

"Oh, wow. En serio lo hiciste, ¿huh? Ugh." El mayordomo tapó su boca en desagrado, actuando exageradamente su mal fortunio de inhalar la condensación de feromonas. "Por todos los demonios, Gordon."

"No es para tanto." Jim tuvo cuidado de no moverse demasiado, mientras abandonaba la cama. Durante la noche, el chico se había adherido a sus espaldas, acurrucado en su calor y esencia. Precavido a más no poder, Jim no se había atrevido a rodearlo en sus brazos, pero le había permitido la cercanía.

Echo un último vistazo a la figura reposando, una vez de pie. Una de sus manos se estiró cerca del hombro de Bruce. Lo acarició suavemente en despedida.

"¿Pesadillas?"

Jim frunció su ceño, volteando hacia la compañía. "No. Ninguna."

Después de abrir las ventanas de la recamara, Alfred se tomó un momento para suspirar en alivio. "No son frecuentes ya, pero de todas maneras, me preocupo… En ocasiones, regresan con venganza."

"Déjalo dormir un poco más." Recogiendo sus Nikes para colocárselos, Jim recordó a Bárbara y mucho más problemas, esperándolo en este día. "Está desvelado por mi culpa."

"No lo mimes." Alfred roló sus ojos, para luego aventarle su hoodie. "No te lo agradecerá, ¿sabes?"

James se encogió de hombros con neutralidad. Una parte de él siempre estaría predispuesto a consentir al Beta, y sinceramente no le importaba lo que los demás pensaran. Bruce tendría que acostumbrarse. Revisó su reloj, que había estado guardado en el bolsillo de su sudadera todo este tiempo. Era tarde. "Tengo que irme."

Alfred lo jaló de una manga camino a la puerta. "Ah, ¿qué debería decirle—?"

"Vendré en cuanto tenga una oportunidad, pero sinceramente, no tengo una hora segura para regresar. Bruce lo sabe—Lo siento, pero en verdad me tengo que ir." Su rodilla estaba quejándose por su mal cuidado en cada uno de sus pasos, pero Jim no tenía más remedio que correr. Todavía tenía que regresar al Penthouse a cambiarse, antes de dirigirse a la Estación.

Bruce sabía en lo que se había metido. El trabajo de Jim lo mantendría lejos por mucho tiempo.

El día terminó siendo tan estresante como lo había predicho. Jim estaba siendo rechazado por todos en la Estación, a excepción de Bullock y Essen, y su rodilla fue un dolor constante que sólo volvió a Gordon más irritable. Para cuando arribó al Penthouse, una Bárbara inconsciente y oliendo a whisky en el sofá, fue su grandioso recibimiento.

Después de acomodarla en la cama, lo único que quería era dormir, pero aun así, Jim se tomó un minuto para sentarse en la sala y tragarse dos tabletas de diclofenaco junto con un antiácido… y sólo respirar hondo. En silencio.

Abrió su celular, llamando a la Mansión.

"Alfred quiere mandarme a un Colegio." Fue como Bruce lo recibió, cuando Alfred los conectó. "Estoy en contra de la idea."

Jim alzó sus cejas. "Hola, Bruce."

"Lo siento. Pensé que apreciarías que me fuera directo al grano. Sé que éstas ocupado."

Chico listo. Jim sonrió, sintiendo los efectos del antiácido. "Estoy de acuerdo con Alfred. Necesitas estar alrededor de más personas de tu edad, Bruce."

Hasta acá, el giro de ojo fue palpable. "Es lo que Alfred dijo." Hubo una pausa donde ambos guardaron silencio, contentos con solo estar acompañándose. Jim dejó colgar su cabeza en el respaldo del sofá elegante de Bárbara. "¿Cómo estuvo tu día?"

"Honestamente, no tan bien." Jim titubeó por un instante, para luego decidir ser honesto. ¿Qué más daba? "…Aunque, ¿ahora mismo? Está mejorando."

Bruce no lo había esperado, se notó por su tosido impresionado. "Oh. Me—Me alegro."

"Es tarde. Deberías irte a descansar. No estabas esperándome, ¿cierto?"

"¿Y si lo estaba?"

Jim apretó sus dedos alrededor del móvil. "No podré llamar siempre, Bruce. No es justo que estés esperando en vela. Tuvimos esa plática, ¿recuerdas? Tendrás que confiar en mí; en que regresaré."

Bruce se tomó un par de prolongados minutos, antes de responder con un suspiro vencido. "Lo sé."

"Haré todo lo posible por ir a almorzar con ustedes mañana, ¿está bien? Antes de que tengas que entrar a ese tal colegio… ¿Suena bien?"

"Sería agradable verte de nuevo." Fue la cortés respuesta, un intento obvio de parte del joven para calibrar sus emociones. Jim sabía que debía ser extrañado, necesitado, para cementar el nuevo lazo fisiológico entre los dos. Pero, ahora mismo, Jim tenía las manos atadas. "¿Estás durmiéndote?"

"Tal vez." Y un bostezo fue evidencia suficiente. "A la cama, Bruce. Prométeme."

"Sólo si tú me prometes que siempre serás cuidadoso, allá fuera."

Era un acuerdo justo, y sólo por eso, James repitió el compromiso. "Lo prometo."

Lamentablemente, almorzar con Bruce y Alfred se convirtió en un sueño, una fantasía. Entre las nuevas locuras que Gotham les aventaba en el rostro, y el desmorono emocional de Bárbara, James Gordon tuvo las manos llenas por el resto de la semana. Todo lo que Jim pudo ofrecer con el transcurso de los días, fueron llamadas esporádicas, y casi hechas a escondidas dentro del Penthouse, por miedo a que Bárbara lo detectara susurrando con culpa.

Bruce nunca se quejó por su ausencia en la Mansión. Pero, conforme los días se acercaron para su ingreso a aquel Colegio de Niños Ricos escogido por Alfred, el chico se mostró más cerrado emocionalmente. A Jim no le gustó, pero fue incapaz de evitarlo.

Incapaz y abrumado por el cuerpo encontrado en el muelle, y su necesidad por demostrarles a sus compañeros que Jim no necesitaba a nadie para hacer su trabajo.

No fue hasta que Bárbara le apuntó con un arma en el medio de la noche, que puso las cosas en perspectiva para Jim.

No estaba funcionando.

Lo que fuera que ella y Jim tuvieran ahora, era lo más incorrecto que podría existir entre los dos. Jim no la abrazaba como antes, no la consolaba con la misma ternura, y Bárbara lo notaba. Si la besaba, era en su frente y si las manos de la Omega intentaban escurrirse por su cuerpo, Jim las frenaba con excusas. Verla sosteniendo su arma, ebria, y rota, fue el balde de agua fría que el detective necesitó para admitir la dura derrota.

La mañana siguiente, Jim tomó el arma de emergencias para sí, y el periódico nuevo.

Tendría que buscar por un nuevo lugar para vivir.


[+]+[+]


Alfred se mostró genuinamente sorprendido por la visita de medio día del detective. "Miren lo que el gato trajo arrastrando."

"Supuse que llamar con anticipación solamente traería mala suerte." Jim retiró sus lentes de sol, haciendo danzar la caja de postres colgando de su dedo. "Traje donas."

Alfred no apreció la mala broma. "Es muy temprano para clichés." Cuando entraron al recibidor, Jim sintió el efecto al instante. Con tan sólo inhalar los adentros de la mansión, sus pupilas se dilataron. "Se lo advierto, detective. Está de mal humor hoy."

Y Bruce lo estaba.

Alfred llamó por él desde las escaleras, pero Bruce no los iluminó con su presencia hasta veinte minutos después. Para ese entonces, Alfred y Jim habían aniquilado las donas y sus respectivas tazas con café colombiano.

En cuanto Bruce entró a la sala, Alfred asimiló a un torbellino, apresurándose fuera de lugar para dejarlos solos, mientras sacudía migajas de su pantalones. "Sin negocios graciosos, doncellas. No me obliguen a ser chaperón. Se los ruego."

Bruce no estaba vistiendo su uniforme—Jim se sintió algo desilusionado. Había buscado el nombre del Colegio Preparatoriano por la red, y siempre había tenido una debilidad por ver a los chicos bien uniformados—Jim culpaba su herencia militar.

Gordon consideró buena señal que el muchacho escogiera sentarse en el mismo sillón que él estaba ocupando. Pero, no pasó mucho tiempo para que reconsiderara. Bruce estaba tenso, mirando hacia el frente con cierta aura fría y resentida.

Años de etiqueta bien-instruida en el muchacho también parecían ser parte de la razón tras la rectitud de su espalda. Jim estudió su perfil de reojo, sintiendo la incomodidad entre los espesándose. Sentados sobre el sofá, ambos separados por cinco centímetros que parecieron cinco metros, debían formar un cuadro de lo más extraño.

Esta era la primera ocasión que Bruce mostraba enojo directamente en su dirección. Inclusive cuando habían sido sólo aliados en el caso de los Wayne, Bruce siempre había lucido con ganas de verlo.

"¿Cómo estuvo tu primer día de escuela?"

"No quiero hablar a respecto."

Así de mal. "Lamento que no haya podido visitar antes—"

"¿Cuándo hablarás con ella?"

-Ah. Aquí vamos. "¿A qué te refieres?"

"Sigues viviendo con la Srta. Kean, así que es seguro asumir que todavía no le has contado sobre mí. Así que mi pregunta es, ¿cuándo hablarás con ella?"

Jim frotó sus rodillas. No tenía planeado incluir a Bruce cuando el momento de hablar seriamente con Bárbara llegara. Sería cruel e innecesario. "Cuando el tiempo sea el correcto."

"¿Cuándo sabrás que es el momento correcto?"

"No me pidas especificaciones, Bruce. Bárbara está pasando por un momento difícil. Todavía está sufriendo estragos emocionales por el secuestro a manos de Falcone."

Bruce volteó hacia él, y directo en su cara, giró sus ojos. "Son excusas."

Lo eran, pero Jim haría esto a su manera. "Bárbara no es tu problema, Bruce. Yo lo manejaré. Lo que realmente importa es esto: confiarás en mí, ¿o no?"

"No es la falta de confianza el problema. Es tu sentimiento de fidelidad lo que me preocupa."

Jim frunció su ceño. "No soy esa clase de hombre—"

"—estás tratando de serle a fiel a ambos. eres esa clase de hombre."

Dios. Gordon talló su rostro. No era justo que Bruce fuera tan maduro. "Era mi prometida, Bruce. Dame un respiro, ¿quieres? Sólo porque… porque ahora, esté contigo, no significa que me ha dejado de importar el bienestar de Bárbara. Acéptalo. Supéralo." Para ablandar su reprimenda, Jim se atrevió a romper con los límites carnales que hasta ahora habían controlado sus interacciones. Con la mano que había tallado su rostro, Jim se acercó hacia la mano de Bruce, pálida por la falta de sol. Sus dedos eran demasiado largos y flacuchos. Jim los cubrió por completo.

Bruce fue un girasol, girando hacia Gordon en cuanto sintió el contacto. Cualquiera cosa que había estado a punto de reclamar, fue borrado de su pequeño cerebrito. Era la oportunidad que James había estado esperando.

"Porque, estoy contigo, Bruce. Créeme."

El mentón del joven tembló ligeramente. Sus rizados parpados bailaron con profunda impresión. Bajo las yemas de Jim, sus dedos espasmaron. Jim los presionó.

Finalmente, Bruce suspiró. "No me gusta que huelas a ella."

"Oh." Jim parpadeó. "No estoy acostándome con ella." Luego, quiso darse un manotazo él mismo. Bruce no necesitaba saber tanto detalle. Sin embargo, fue sólo así, con tan sólo escuchar esa indiscreción, que el peso invisible sobre el joven se relajó.

Oh.

Así que de eso, Bruce, había estado tan preocupado.

Los dedos de Bruce se incrustaron con los suyos. Sus miradas intercaladas al mismo son. Jim admiró los pómulos del chico, recordando la textura bajo su nariz, marcando los poros con sus feromonas…

No. Jim no tenía ningún plan de acostarse con Bárbara. Estaba cuidando de ella, porque el Alfa en él cargaba con la responsabilidad, y sus genes Gordon, lo demandaban. Había comenzado a buscar por un apartamento nuevo esta mañana, pero Bruce no tenía la necesidad de saberlo. Tenía que aprender a verdaderamente confiar en Jim más allá del rol de amigo.

Porque, Jim sabía dónde estaba su lugar.

Sin embargo, cualquier intento de ser duro con el Beta, se fue por el caño cuando escuchó lo que restaba por ser confesado.

"Tengo que compartirte con Gotham, y con ella. Tengo miedo que no quede nada para mí." El chico se encogió de hombros. "Sé que estás ocupado. Pero, sólo vienes a verme cuando hay problemas o tiene alguna pista sobre mis padres…"

Era un miedo razonable. Bruce ya había perdido bastante, y resultaba ridículo que a pesar de estar en una relación, ambos apenas se conocieran. Jim relamió sus labios mientras pensaba en una solución. Cielos, ambos estaban resultando bastante torpes en esto. "¿Alguna vez has tenido un picnic?"

Otro giro de ojos. "Claro que sí. Soy rico, no un ignorante." Pausó un momento "Mis padres y yo tuvimos unos cuantos picnics en pasados 4 de Julios. En los jardines. Alfred se encargaba de los fuegos artificiales."

Jim podía imaginarlo fácilmente en su mente. Picnics salidos de cuentos de hadas, donde todo había sido perfecto, límpido y encerrado dentro de una burbuja. "Nah. Estoy hablando de un verdadero picnic. En el mundo exterior, donde te ensucias y le declaras guerra a las hormigas que tratan de robar tu emparedado. Picnics donde quedas quemado por el sol y con tierra bajo tus uñas."

"Alfred tendría un ataque si llegara a verme así."

Jim guiñó un ojo. "Es una cita, entonces."

La radiante sonrisa que recibió le dio fin a la atmósfera negativa que los había acompañado. Los dientes blancos de Bruce se mostraron en rara exposición. En cuanto menos se lo esperó, James estaba delineando una mejilla de Bruce con su mano libre. La piel era tan tersa como la recordaba.

Bruce se onduló hacia su caricia, recibiéndola con color en sus pómulos. Su propia mano se apresuró a tomar la de Gordon entre la suya, atrapándolo de la manera que le fuera posible.

Te extrañaba, fue lo que se dijeron con el meloso contacto, Alfa y Beta en perfecta sincronía. Te extrañaba demasiado.

"Te guardé una dona." Jim apuntó con cabeza hacia la mesa de en medio, donde efectivamente, una dona de chocolate descansaba. "…Te gustan las donas, ¿cierto?"

"Me gustaría decir que no, para sólo ver tu cara." Bruce dejó ir sus manos para ir en busca de su regalo, pero cuando regresó a su lado, el chico reacomodó su cabeza en el hombro del detective. "¿Quieres saber en verdad como estuvo mi primer día?" La mitad de la dona fue ofrecida con solidaridad, y Jim la aceptó. "Lo odié."

Jim asintió. "Lo sospechaba." Estiró su brazo sobre el respaldo para brindarles a ambos más espacio.

Una sonrisa a labio cerrado y envuelta con dulce chocolatado, se le fue dirigida. "Aunque… ¿ahora mismo? Está mejorando."


[+]+[+]

Fin de Parte 05.

[+]+[+]