"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.


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Fandom: Gotham (2014).

Pareja: Jim Gordon/Bruce Wayne platónico.

Rating: PG-13.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Continuidad: Este capítulo abarca eventos de 1x08 "The Mask."


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6.

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"Hay una energía

cuando me abrazas,

cuando me tocas,

es tan poderosa."

-Major Lazer con Ellie Goulding.

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"No le digas."

Alfred torció su boca infelizmente. "No será necesario, el detective Gordon descubrirá lo que pasó, con tan solo verte."

"No le permitiré verme así."

Un resoplido incrédulo le hizo a Bruce sentirse ridículo con tan sólo escucharse a sí mismo. Eran bastante especiales las oportunidades para pasar tiempo con James, que honestamente, rechazar por voluntad propia su compañía, resultaba impensable. Bruce abrazó con más fuerza su mochila contra su pecho. Intentó de nuevo.

"Está abrumado con casos en la estación, de cualquier manera. Para el tiempo que se encuentre desocupado, los moretones ya habrán sanado."

Esta vez, Alfred sí giró sus ojos. "Por favor. Entonces, posee una anormal capacidad de regeneración, Maestro Bruce, porque hasta yo dudo que para mañana su piel haya vuelto a la normalidad."

"Es extremadamente dudoso que para mañana su caso haya sido cerrado."

"Aun así, sabrá que algo malo sucedió. Está en su componente genético el poder detectarlo. Créame, soy un experto en el tema."

Bruce bajó la ventanilla del coche, en busca de aire fresco y un escape. "No veo porque sea necesario."

"Es algo que no puedes negarle a un Alfa, Bruce. Si su… Escogido… está bajo abuso emocional, físico, o ambos, debes dejarle que te provea de confort. Es conocimiento básico, ¿qué no te has puesto a leer al respecto?" Alfred se asomó por el lente retrovisor. "¿No te acuerdas ya de la primera vez que se conocieron?

El aire fresco no fue suficiente para calmar el tornado de calor que brotó de su pecho al comprender que desde entonces, James Gordon había sido atraído hacia él a un nivel tan intrínseco. Un niño desconocido para él, llorando por cosas rotas, y James se había apresurado a tratar de arreglarle todo. Bruce sintió su mirada humedecerse, pero culpó a las ráfagas frías de la ventana.

En aquel callejón, James había caminado hacia Bruce como un caballero de cuentos de hadas. Aun ensimismado con el dolor, los sentidos de Bruce habían sido cautivados a primera vista. La firmeza de su cuerpo había sido el asilo perfecto para su desmorono emocional. El tenor profundo de su voz había sido el ancla que había ayudado a Bruce a respirar de nuevo. De la voraz oscuridad, James Gordon lo había jalado hacia la luz, dándole esperanza para poder sobrevivir una día más. Justo en aquellos instantes, James se había convertido en todo lo que Bruce había podido necesitar. Y no había tenido idea, de si de tan siquiera lo volvería a ver…

Sin embargo, lo había vuelto a ver de nuevo. De día, con el filtro de la dura realidad haciendo todo más difícil. -¿Siempre había sido tan apuesto? Había sido la primera tontería cruzando la mente de Bruces al capturar la figura en gris y rubio de su caballero, durante el funeral de sus padres. -¿Sus ojos siempre habían sido tan azules?

Aunque habían creído que la justicia había sido servida con Pepper, tener a Gordon a su lado, probablemente había sido lo que había mantenido a Bruce de pie—junto con Alfred.

James tenía cierta presencia que le recordaba a su padre. O tal vez, James tenía ya esa naturaleza paternal desarrollada en sus abrazos. Tal vez, por ser Bruce tan joven, era inescapable que Gordon lo tratara con la posesividad de un Alfa progenitor. Cuando habían compartido donas y malas experiencias, el brazo siempre presente de James sobre sus hombros, le había recordado a Bruce de las raras veces que tenía a alguien tan cerca. Desde la muerte de sus padres, eran contadas las veces que dejaba que Alfred lo reconfortara.

Confort. Todo regresaba a esa palabra.

"No puedo verme tan débil frente a él, Alfred."

Alfred tardó en darle una respuesta. Porque al hombre le gustaba pensar muy bien antes de abrir la boca. "Amo Bruce, todos somos débiles. Somos humanos. Por eso nos necesitamos unos de los otros." La luz del semáforo cambió a rojo, y Alfred esperó. "Él también te necesitó, ¿recuerdas? La noche que acudió a nosotros, lastimado y siendo cazado. Vino a buscarte a ti, después de haber mandado a la Srta. Kean lejos de Gotham."

Bruce… no lo había visto de esa forma.

Así de fácil, todas sus inseguridades respecto a la existencia a aquella mujer, se evaporaron. Alfred estaba sonriendo cuando Bruce levantó la mirada al espejo.

"Así está mejor. Mentón arriba, chico. Le ganaste. Desde el primer día, Gordon no tuvo escapatoria. Ahora dedícate a aprovecharlo, ¿quieres? Si el hombre quiere consentirte, sólo deja que el pobre bastardo lo haga."

Aun con las ganas de sonreír, el dolor de su quijada no dejaba que Bruce se olvidara de la cara del imbécil que había insultado a su madre. "Consentirme no arreglará mis problemas."

"Oh, no. Claro que no. Por eso, te enseñaré como arreglar esos problemas."


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Al final del día, Bruce nunca hubiera pensado que darle un puñetazo a alguien con el reloj de su padre en sus nudillos fuera una solución adecuada. Pero, de cierta manera, era justo lo que Bruce había querido hacer. Aquel breve, pero tan poderoso, momento de violencia fue darse un vistazo a sí mismo. A algo grotesco, pero latiente dentro de sí, que había ronroneando en deleite, al momento que había hecho contacto con el pómulo del mocoso.

"Nunca, nunca, vuelvas a hablar de mi madre." Y Bruce había querido agregar: O te haré añicos.


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James estaba esperándolos dentro de su auto, para cuando Alfred los condujo de vuelta a la Mansión. Por primera vez en sus interacciones, Bruce fue el primero en terminar con la distancia separándolos. James estaba por cerrar la puerta del conductor, todavía con el alcance de su trabajo pesando en su rostro, completamente desprevenido ante el recibiendo efusivo que el Beta le tenía preparado.

"¡Oh!" Una risa sorprendida sopló de la boca del detective, sus brazos acomodándose alrededor de Bruce, cuando éste brincó encima de su torso. "Hola, tú."

Sólo en puntillas, podía Bruce alcanzar el pecho de James. Era un poco humillante, pero Bruce tenía como consuelo que pronto crecería hasta alcanzar al hombre. "Me dijiste que podía hacer esto."

El pecho bajo su rostro, vibró con humor. "Sí, Bruce. Tiene mi permiso para taclearme cuando quieras."

Sonriendo, Bruce apretó sus brazos. No duraría mucho. James nunca duraba mucho tiempo en su presencia. Gotham siempre terminaba llevándoselo antes de que Bruce pudiera llenar su cuota.

Tan súbitamente como había corrido a sus brazos, Bruce se separó de Gordon, sólo sus manos conectadas a las franjas del saco formal. James miró los moretones de inmediato.

Con sus nudillos, el hombre levantó el mentón de Bruce, examinando. "¿Qué sucedió?"

La Navaja de Occam a veces, era la mejor táctica. "Tuve mi primera pelea."

"Uf." Jim optó por el lado cómico, haciendo una mueca de asombro. "Luces orgulloso, así que asumiré que ganaste la contienda." Bruce no había esperado el suave recorrido que el pulgar de James haría sobre el labio inferior. Así como no había esperado la intensa—desnuda—atención del detective sobre su persona.

Bruce, completamente embelesado por el grueso telón de feromonas que los aprisionó, apenas pudo asentir en respuesta.

James inclinó su rostro hacia el suyo. "Bruce."

"¿Sí?"

"¿Podría secuestrarte por un rato?"

Cielos. Bruce relamió sus labios. "¿Se trata de nuestro cita pendiente?"

Dientes blancos se mostraron en breve mohín. "Aún no. Me temo que es algo más común y corriente. Necesito tu ojos clínico para algo."

Ciertamente, Bruce podía sentir los ojos clínicos de Alfred vigilándolos. "Claro. Puedo acompañarte, si necesitas de mi asistencia."

"Siempre tan formal." Con un apretón sobre su cuello, Gordon lo comenzó a guiar hasta la puerta del co-piloto, en el transcurso, aventándole a Alfred un apresurado "No tardaremos, lo prometo" al tutor.

"Sólo diversión con pantalones puestos, chicos."

Bruce cubrió su rostro con un mano en absoluta vergüenza. Cuando Jim se introdujo al auto, le jaló del brazo para destapar sus mejillas acaloradas, dándole un guiño como consuelo. "Alfred, probablemente, está divirtiéndose demasiado con esta situación."

Bruce se apresuró con el cinturón de seguridad.

James encendió el auto, y poco después, el radio. Bruce se tragó las ganas por pedir el noticiero local. Música jazz filtró la cabina, cuando el detective optó por utilizar el cd-player.

Hubo un silencio en la conversación hasta que el terreno de la mansión fue dejado atrás. Luego, Jim le echó un vistazo mientras conducía.

Lucía diferente y Bruce estaba intrigado por este cambio tan radical. James lucía más… libertino. Sus hombros eran un paquete relajado que estaban dando a entender, que Bruce podía disponer de sus contenidos en cuanto se le antojara. "Esta pelea tuya… ¿significa que esta será la última vez que te veré en uniforme?"

Definitivamente, libertino.

Primeramente, las palabras huyeron de la boca de Bruce.

Gordon estiró una mano especialmente para picotear la corbata que aun colgaba del pescuezo del chico. "Tienes sangre allí. Dudo que escuelas prepotentes como la que Alfred haya escogido, vayan a dejar pasar pleitos mezquinos como estos."

Si Bruce infló su pecho para alargar el contacto, nadie lo mencionó. "No hay nada en el reglamento que indique que el uniforme tenga que ser retornado." Bruce había planeado quemarlo al llegar a casa. –Supongo, que un cambio de planes tendrá que ser considerado.

"Oh." Fue todo lo que Gordon agregó. Cuando fue el turo de Bruce por contemplarlo directamente, el Alfa se concentró hacia donde iba con más ímpetu. "Eso es… bueno."

Bruce sonrió en complicidad. "¿Lo es?"

Llegaron al semáforo. Jim se tomó un momento, antes de torcer su cabeza hacia el Beta. Fue resoluto en su dictamen. "Lo es."


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El retrete estaba tapado.

Bruce tapó su nariz al salir del sanitario. El cual era tan pequeño como la cocina integrada que el vendedor de bienes raíces intentaba meterle a Gordon.

"La renta es una ganga, si considera que está cerca del centro, detective."

Bruce se escurrió entre un indeciso James y el vendedor. "¿De qué servirá que esté cerca del centro, cuando no podrá dormir en ningún momento del día o de la noche?"

El vendedor le dedicó una expresión de descarte total. Sin embargo, el respalde que Gordon le dio al interrogatorio de Bruce, lo obligó a ponerle atención. "¿A qué—ejem, a qué te refieres? Tu padre—"

Fue entonces, que el apartamento fue arremetido con el ensordado ruido del metro, haciendo temblar la caja de zapatos. Lo que el hombre hubiera estado por inventar, murió en su boca junto con su venta.

Suspirando, Jim simplemente se dirigió a la salida, una vez que el metro terminó su recorrido de las seis de la tarde. Bruce ignoró la mirada asesina del vendedor, mientras siguió la figura decepcionada de su Alfa. Pausó en la puerta por un momento.

"Debería pensar seriamente en fumigar antes de intentar vender este lugar. Una cucaracha más en la alacena, y puede que se enfrente a una colonización si no actúa rápido."

"Es la última recomendación de Harvey que tomo en serio." James se quejó, esperando que Bruce se emparejara a su lado en las escaleras. "Creo que vi una rata pasar justo detrás mío. Aunque, sinceramente, estaba demasiado grande."

"Era una rata." Bruce asintió. "Una con excelente dieta."

La expresión de repugnancia total en James, lo hizo reír carcajadas. Se ganó un manotazo en su estómago por la broma.

"Bueno, graciosito. Esta fue la tercera. Será mejor que te lleve de regreso, si es que quieres alcanzar cena."

Bruce frunció ceño. "Todavía faltan dos locaciones más en tu lista." Y lo sabía, porque James le había cedido la lista de los potenciales apartamentos desde el inicio del tour. "Quiero ir contigo."

"Bruce—"

"No tengo escuela para la cual levantarme temprano mañana. Así que, ni lo pienses."

Jim roló sus ojos. "¿Y qué hay de la cena?"

Bruce se apresuró a la salida del edificio, en cuanto logró quitarle las llaves del auto al incauto alfa. "No sé tú, pero en verdad quisiera comer una enorme y grasienta hamburguesa." Una hamburguesa normal. No como los platillos gourmet que Alfred cocinaba. Quería comer lo que James comía de manera regular. Ser parte de su mundo un rato.

James intentó recuperar las llaves a la hora de abrir su puerta. Bruce se encargó de su propia puerta primero, para luego deslizarse por los asientos hasta el lado del conductor. Cuando Jim escuchó el candado ser liberado, no le quedó otra opción más que seguirle la corriente al Beta. "Lo bueno que todavía no sabes manejar."

Bruce insertó la llave correcta a la ignición. "Podrías enseñarme."

"Lo cual significa, que ni Alfred tiene prisa en hacerse cargo de la tarea."

Bruce intentó verse de lo más inocente. "No entiendo por qué no puede confiar en mí. Mi padre había pensado ideal comenzar las lecciones en mi siguiente cumpleaños."

Una interesante pauta se formó entonces. Era la primera ocasión que Bruce mencionaba a su padre de manera tan casual. James lució inseguro de cómo tomarlo. Encendió el motor. Luego, lo apagó de nuevo. Permaneció inmóvil por un momento.

"¿Deberíamos hablar de… ello?"

Bruce se deslizó hasta poder colocar su mentón sobre el hombro del detective. Lo meditó. "No."

"Sabes que… puedes hablar de ellos cuando quieras, ¿verdad?"

"Lo sé."

Parte del rostro de Gordon se tornó hacia su rostro. Bruce conoció nuevas líneas arrugando la frente del hombre desde este ángulo. Líneas, que simplemente agregaban más galanura, a un Alfa ya lleno de atributos magnéticos. Aquellos ojos. Bruce comenzaba a creer que aquellos ojos azules no eran normales.

"Es una buena señal, Bruce. Que puedas hablar de ellos."

Bruce observó los labios de James, moverse. Olió el viejo aliento a cafeína suspirarse contra su nariz. "¿Cuándo será el momento apropiado para que me beses?"

"Te he besado."

"No en la manera que importa."

En vez de huir, de acudir a la vieja táctica de retirada, Jim lo sorprendió al juntar sus frentes, inmerso en su intimidad, alimentándose de ella, contiguo a Bruce. "Cada forma en la que te beso importa, Bruce."

Segundos posteriores, sus narices cumplieron la profecía implícita de las palabras del detective. Los tabiques se frotaron con afecto gatuno, presionando en un platónico acercamiento que secaron la boca de Bruce. Fue tortura, estar tan cerca de los labios de James… y no poder sentirlos sobre los propios, cumpliendo aquel genérico gesto que sus mismos padres, habían compartido frente a sus ojos. Con un gemido ahogado, Bruce se acogió en el cuello de hombre, abrazándolo con todas sus fuerzas.

Su regazo pulsaba, despierto, expectante. Bruce se sintió abochornado. Ansioso. Emocionado.

Vulnerable.

James cubrió su nuca con sus dedos. Lo estrechó con la misma desesperación.

Entonces, las costillas de Bruce, gruñeron.

Y James Gordon explotó en risas.

"¿Tienes un tigre encerrado allí dentro?"


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Comieron hamburguesas, papas fritas y malteadas de chocolate. Jim pidió un trozo de pie de manzana para llevar, y ambos lo compartieron mientras se aventuraron a los siguientes apartamentos en renta.

"Tienen alberca." Gordon apuntó hacia la planta baja desde el cuarto piso del complejo. "Y se ve limpia."

"Tenemos una más grande en la mansión."

"Por supuesto que la tienes." Jim murmuró. "No veo ninguna rata hasta ahora. Punto a su favor."

El complejo tenía bastantes puntos a su favor. El edificio era uno de los más viejos en la parte norte de Gótica, pero eso no significaba que estuviera deshaciéndose. La señora Blake tenía el edificio en buenas condiciones—contaba con elevadores que en verdad sí funcionaban, agua caliente, lavandería, cable, y cuando por fin entraron al número 1515, Jim se encontró con una alfombra pulcra.

"¡Perdón por la tardanza, Detective Gordon! No podía encontrar las llaves." La señora Blake le sonrió con dientes aperlados y un encanto que le venía natural. Aunque mostraba ser mayor que Bárbara, la mujer todavía era una mata-corazones con su cabello negro y silueta delgada. Tenía enormes ojos azules, delineados como aquellas actrices de antaño. "Por suerte mi hijo parece tener mejor memoria que la mía. Um. Está la sala, la cocina integral a su derecha, en el pasillo está el baño… Y al fondo está la recámara." La mujer atravesó el área de la sala para irse directo al pasillo y abrir la puerta de la única recamara. Jim dejó que Bruce explorara la cocina y el baño, para entonces obedecerle a la dueña de la propiedad. El cuarto tenía un closet integrado y un pequeño balcón. "Tienes vista al parque Adams. Es un área saludable se lo aseguro, muy tranquila. Estoy segura que a su hijo le encantará pasar las tardes allí."

Jim respiró aire fresco del anochecer. "No es mi hijo."

Blake parpadeó. Muy probablemente, porque también era una Alfa, cierta ligera comprensión quiso colarse en sus facciones.

"Estamos en proceso de ser registrados…" Por Ley, tenía que ser aclarado el estatus de Bruce frente a otras figuras autoritarias. No podía dejar el engaño de que era su hijo permanecer, cuando las feromonas de ambos daban un mensaje más provocativo. "No sé si sería un problema para usted."

"Oh, para nada." Blake le dio otra sonrisa resplandeciente. "Entiendo que a veces, ¿cómo decirlo?… Bueno, el destino se nos adelanta, ¿huh? Es bastante común, detective, no luzca tan petrificado. Sólo le encargaría copias de sus documentos de Estatus, claro, y le aseguraré que tendría toda la discreción que merecen—Johnny, ¿qué haces aquí?"

Un niño de la edad de Bruce se asomó por la puerta de la recámara. "¡Olvidaste tu móvil y no deja de sonar!"

Dicho artefacto vibraba y cantaba una pegajosa canción pop. La señora Blake se apresuró a aceptar la llamada, saliendo de la recámara en el proceso.

"Hola. Jim Gordon." Jim le sonrió cuando notó a Johnny queriendo robar un vistazo de su pistola. Bruce escogió ese momento para unírseles. "Él es Bruce."

"John." Lado a lado, Johnny le llevaba a Bruce unos buenos cinco centímetros de estatura. Tenía cabello más oscuro que Bruce, y bastante largo, rozando sus hombros en lacias cortinas hippies. Le ofreció una mano a Bruce como saludo. "Eres un Beta."

Bruce levantó su mentón. "Así es."

"Pero tú eres un Alfa." El chico apuntó hacia Gordon. "¿Cómo funciona eso? Sólo Omegas se emparejan con Alfas, ¿no?"

Jim mordió su labio.

"Incorrecto. Está estadísticamente comprobado que un 60% de los Betas de la población mundial puede ser compatible con un Alfa. Es cuestión de las sustancias químicas dentro de nuestros cuerpos lo que hacen que te sientas atractivo a otra persona, no las perspectivas generales de la sociedad y sus consecuentes etiquetas."

Y luego, Jim tuvo que morder su labio más fuerte, para esconder su sonrisa. Cuando Bruce se movió a su lado, Jim colocó una mano en su espalda.

Johnny se encogió de hombros. "Huh. Interesante."

"Ningún animal rastrero a la vista." Bruce le informó seriamente. "Excepto por el gato de la vecina. Me dejó rascarle el lomo. Se llama Murray."

Jim sobó su nuca. Le dio una larga mirada a la recámara. Tendría que comprar muebles, comenzando con una cama. Bárbara se había quedado con todo. "No está tan lejos del precinto." Aunque sí de la Mansión Wayne. Jim miró a Johnny y luego a Bruce, quien ahora se asomaba al balcón. Entonces, la madre de John volvió, sonriendo en disculpa. "¿Tienen calefacción? El invierno ya viene, no quiero que él pase frío." Apuntó hacia Bruce discretamente con su mentón.

"Por supuesto." La mujer asintió. "Tenemos seguridad en la planta baja y medidas de Emergencia instaladas en cada uno de los apartamentos en caso de… bueno, usted sabe." Una mirada hacia su hijo, la frenó de continuar sobre crisis de Celos inesperados. "Ustedes dos no serían las únicas parejas viviendo en este edificio."

"Bruce sólo estaría visitando." Jim jaló al Beta con la sola mención de su nombre. "Pero frecuentemente estoy siendo llamado a la estación. En algún caso donde Bruce tendría que quedarse solo, me gustaría dejarlo en un lugar seguro. Con gente… de confianza."

"Comprendo perfectamente."

"Puedo venir a jugar con él."

Ambos adultos voltearon hacia John.

"Puedo traer mi X-Box." El chico continuó frescamente. "Bruce y yo podemos jugar hasta que usted regrese. Sabes jugar, ¿no?"

Toda la confianza con la que Bruce había expuesto sobre químicos internos se desvaneció ante una simple pregunta de Grand Theft Auto. "Um." Con ojos engrandecidos, Bruce negó con su cabeza. John volvió a encogerse de hombros.

"Podemos andar en patineta también."

Bruce no se mostró muy consolado con la segunda propuesta.

"John, deja de asustar a mis clientes, amor." Suavemente, la Sra. Blake empujó a su hijo fuera de la recámara. "Ve a empezar la cena, ¿quieres? Saca el pollo del congelador."

Sin embargo, Jim había escuchado suficiente. Les sonrió a madre e hijo. "Está bien. Lo tomo."


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"¿Qué es un X-Box?"

Jim rio ante el volante, estacionándose enfrente de la mansión. "Es una consola de videojuegos." Una pausa. "Por favor dime que has jugado videojuegos antes."

"…¿Si no lo he hecho?"

"Bueno, supongo que tendré que enseñarte." Jim apagó el motor. En la oscuridad, se tornó hacia el copiloto. Bruce soltó el cinturón de seguridad y no dudó en deslizarse hacia él. Ambos se miraron fijamente, la cabeza del chico acomodada en el brazo estirado del detective. De repente, los X-Boxs fueron irrelevantes. "Gracias por acompañarme hoy."

Bruce pareció armarse de valor para decir lo siguiente. "¿Sabes? Podrías… hospedarte en la mansión."

Jim hizo una mueca. "Mala idea. Sin olvidar, un golpe tremendo a mi ego."

"¿Por qué? Viviste en el departamento de la Srta. Kean."

"Bruce…" Gordon apretó su mano libre sobre el volante. "Exactamente por eso, no quiero caer en viejos hábitos. Siempre hubo un anti-balance entre Bárbara y yo respecto a nuestros ingresos. Quedarme con ella había sido considerado algo temporal, pero luego nuestra relación se volvió complicada… Cuando dejé su penthouse, prácticamente me fui con nada. No puedo… ser así de dependiente de nuevo. Mucho menos contigo. No sería correcto."

Bruce frunció su ceño por unos momentos, procesando sus palabras cuidadosamente. "Comprendo. Quieres que seamos iguales."

Jim sonrió. "Exacto."

Una ligera sonrisa se plasmó en respuesta al gesto del detective. Alfa y Beta prolongaron la despedida lo más que pudieron, sonriendo tontamente en la oscuridad del automóvil.

Alfred abrió la puerta principal, vistiendo su bata de dormir, y un par de cejas expectativas.

Bruce comenzó a retroceder en el asiento, pero en el último momento, Jim coló una mano a su nuca, inmovilizándolo con el intimo contacto. Bruce se pasmó, su ritmo de latidos acelerándose bajo las yemas de Gordon. Jim aplicó la presión perfecta para atraer el rostro del muchacho al suyo. Cuando sus labios se imprimieron en el pómulo derecho de Bruce, las feromonas se identificaron por la cabina.

Química en movimiento.

"Buenas noches, Bruce."


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Fin de Parte 06.

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NdA: ESTOY DE VUELTA, NO DESESPEREN. AMO ESTA PAREJA DEMASIADO COMO PARA ABANDONARLA. (Además, John Blake de The Dark Knight Rises se coló por aquí porque en sí, el personaje me agradó. Fue la idea de hacerlo Robin lo que se me hizo una verdadera mierda de parte de Nolan).