Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas lemon así que tengan discreción a la hora de leer. Por su atención, gracias.
Capítulo 9
"Los tontos pueden soñar".
Osomatsu sentía su cabeza girar mientras respiraba con pesadez y apretaba los ojos para evitar los mareos. Un paño húmedo enfrió su cabeza dándole una sensación placentera que le ayudaba con aquel malestar.
- ¿Te sientes mejor? –Preguntó una voz grave.
El de rojo abrió los ojos para encontrarse con la mirada penetrante de su hermano menor. Suspiró lentamente y asintió con la cabeza. Karamatsu igual suspiró, su cara demostraba un sinfín de emociones desconocidas. Se sentó en el borde de la cama donde Osomatsu estaba recostado.
- Osomatsu, ¿Puedo preguntarte algo? –Dijo el menor frunciendo el ceño. El mayor supuso que le preguntaría algo basado en sus tontas conclusiones sobre lo que había pasado unas horas antes.
- Adelante. Suéltalo... –Dijo el chico mareado y volvió a cerrar los ojos para evitar las nauseas.
- ¿Tú opinas que lo de hace rato fue...? Es decir, ¿Te molesta que...? Lo que nos contó Choromatsu te hizo sentir... –Cada oración era cortada a la mitad antes de terminar de salir de los labios del segundo hermano. Balbuceaba y carraspeaba su garganta siendo un manojo de nervios que comenzaban a irritar al mayor.
- No te estoy entendiendo una mierda, Karamatsu. ¿Podrías ser más directo? –Cortó su último intento de frase incoherente tratando de no sonar tan irritado como en realidad estaba. Más o menos se daba una idea de lo que el idiota de su hermano preguntaría.
- Yo... –Carraspeó con fuerza una última vez antes de hablar.- ¿Te afectó... en algo lo que dijo Choromatsu?
- En pocas palabras, ¿Me estás preguntando si me molesta el hecho de saber que mi hermano menor, que supuestamente tenía sentimientos hacia mí, tenga una novia? –Dijo cortantemente el mayor y le dedicó una mirada dura al menor.
- N-no quise decirlo así... Es que vomitaste al escuchar lo de su novia... M-más bien quería saber tu opinión. ¡S-sí, tu opinión sobre el asunto de que uno de nosotros tuviese una novia y nos traicionara al resto! –El nerviosismo de su voz y el sudor que se escurría por su frente hacia evidente la mentira pero Osomatsu lo dejó pasar emitiendo un suspiro.
- Siendo sincero... estoy triste. –Dijo y alzó la mirada para ver como la expresión de Karamatsu adquiría una expresión indescifrable acompañada de una mueca. Mientras el menor torcía la boca, Osomatsu continuó.- Estoy triste de que mi hermano menor tenga una novia, pero también estoy aliviado. –Miró una vez más a Karamatsu quien ahora tenía los ojos muy abiertos y un brillo extraño en estos.
- ¿A-A qué te refieres con eso? –Preguntó arqueando sus cejas gruesas y tratando de mantener una cara de seriedad sin mucho éxito pues su boca temblaba sin formar una sonrisa o un gesto de disgusto.
- Porque eso quiere decir que estabas equivocado sobre Choromatsu sintiendo algo por mí. O incluso si hubiese sido verdad... ya no lo es. –Hizo una pequeña pausa y frunció el ceño pensativo.
Ambos se quedaron completamente callados después de eso mientras se sumían en sus pensamientos. Osomatsu no pretendía lucir triste o decepcionado pero eso hizo que Karamatsu volviera a formar una mueca en los labios, la cual no pasó desapercibida por el mayor.
Un par de minutos después, Choromatsu entró a la habitación anunciándoles que habría un banquete en unas horas por su llegada, pero que antes deberían salir a mirar un poco el lugar y tal vez hablar con los habitantes de aquel mundo fantástico.
- Es increíble que podamos entender lo que dicen sí sólo repiten su nombre una y otra vez... –Habló Osomatsu mientras caminaban con dirección a ningún lugar.
- Ah, sí... Claro... – Contestó el menor siendo sacado de sus pensamientos.
Osomatsu hizo un puchero al ver que el menor seguía sumido en sus estúpidos y negativos pensamientos. Estaba a punto de descargar su rabia pateándolo cuando una idea cruzó por su cabeza.
- ¡Karamatsu! –Exclamó el nombre del menor haciendo que éste se erizara por el susto.- Creo... que esta es una buena oportunidad para, ya sabes... –Hablaba entrecortadamente con un tono pícaro, las mejillas teñidas de rojo y una sonrisa de oreja a oreja.- Sería bueno dar una vuelta y conseguir algunas cosas para usar después de la fiesta de bienvenida, ¿no crees?
- ¿Eh? –El menor tardó un poco en captar aquellas palabras, pero al minuto ya había quedado igual de colorado que Osomatsu y una sonrisa de estúpido adornaba su rostro.- Oh, my honey... Me parece una maravillosa idea~
- ¿Verdad? Onii-chan es un genio. –Dijo sonriendo, pero algo en aquella sonrisa perturbó a Karamatsu.
La falta de vergüenza de la que ambos padecían fue una bendición en aquellos momentos, pues pudieron preguntarles a los habitantes dayones sobre aquellos objetos que buscaban. Descubrieron que en verdad todo lo que tragaba el Dayon real llegaba hasta ahí en perfecto estado. Una parte de ambos estaba sorprendida por lo increíble del asunto. Al final, descubrieron sobre el depósito donde guardaban todos los objetos. Osomatsu fue el más complacido al saber que podía tomar lo que quisiera del depósito sin pagar un centavo. Era una increíble bodega donde había desde ropa, hasta objetos de uso doméstico. Lastimosamente, no parecían haber juegos de mesa o máquinas de pachinko. Choromatsu no mentía ya que incluso había una parte llena de lo que parecían ser revistas eróticas. Afortunadamente, desde que entraron al enorme cuarto del tamaño de una casa, el mayor había encontrado un paquete de cigarrillos sobre un estante.
- Yo buscaré por acá y tú por allá, ¿de acuerdo? –Dijo el mayor guardando la cajetilla en una bolsa negra.
- Okay, my dearest one. –Asintió Karamatsu y abrió otra bolsa donde guardaría todo lo que fuera de interés para "su propósito". Su pecho le cosquilleaba un poco aún con ciertas inseguridades, pero aprovecharía aquel tiempo con su querido Osomatsu.
Ambos hicieron una inspección detallada de la bodega y guardaron aquello que les había llamado la atención. Cada poco tiempo uno de los dos se reía haciendo que el otro preguntará por los motivos de las risas, pero ambos mantenían en secreto lo que estaban guardando. También aprovecharon para cambiarse las ropas por algo más cómodo. Había de todo tipo de vestimentas ahí dentro, por lo cual resultó gracioso para ambos, que comentaban que los dayones eran extraños por llevar aquellas ropas tan tribales.
Osomatsu habría elegido las ropas más simples, pero terminó siendo vestido por Karamatsu que al no encontrar prendas dolorosas al final no pudo completar su Perfect Fashion en ninguno de los dos, lo cual Osomatsu agradeció de todo corazón.
Osomatsu terminó con un pantalón rojizo, una camisa blanca con rayas azules y una chaqueta marrón, mientras Karamatsu terminó con un conjunto que no era para nada doloroso. Se veía muy bien y únicamente llevaba un pantalón gris, una camisa negra de lunares blancos y una chaqueta azul arremangada hasta los codos. Para el neet mayor era como mirarse a sí mismo con otro tonto conjunto, pero, al saber que aquella figura bien vestida era Karamatsu le hacía sentirse un poco consternado al sentir cómo su corazón latía con fuerza. Trató de centrar su atención en la horrible hebilla de calavera que portaba en el cinturón pero sin mucho éxito.
- Creo que ya terminé. –Dijo el de chaqueta azul mientras se miraba un poco inseguro en el espejo.
Osomatsu habría jurado que podía leer los pensamientos de Karamatsu en aquellos momentos, y seguramente pensaba que le faltaba brillo a aquel conjunto. Suspiró y habló con un poco de cansancio en la voz, pues hasta para tomar cosas gratis se había agotado fácilmente.
- Deberíamos partir o Choromatsu nos matará si llegamos tarde a su tonta fiesta. –Comentó el mayor desganado.
- Oh, llevaré este reloj también... Aunque acá no parece haber día ni noche por lo que a lo mejor no sirve de nada... –Añadió el de azul poniéndose un reloj dorado en la muñeca con lo cual parecía estar un poco más satisfecho de su aspecto.
- Sí, sí, lo que sea. ¿Podemos irnos? –Dijo Osomatsu mientras se hurgaba la nariz y lanzaba un enorme bostezo.
- Claro, my sunshine. Pongámonos crazy en la fiesta, je. –Dijo con una estúpida pose a la cual Osomatsu no reaccionó ni con dolor ni con risas.
Osomatsu se limitó a dar la media vuelta y Karamatsu hizo nuevamente una mueca al verlo salir. Aquella mueca que no era de molestia ni de tristeza consternó nuevamente al mayor quien miró a su pareja de reojo.
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Después de dejar las bolsas llenas de "tesoros" en su habitación, Choromatsu quien ya estaba vestido muy elegantemente con un kimono formal de color verde los escoltó hacía el lugar donde sería la fiesta de bienvenida. Una enorme construcción en el centro del pueblo que parecía ser donde todos se reunían. Al entrar les pareció increíble aquel salón con mesas bajas similares a las de los banquetes de las posadas japonesas de lujo.
Osomatsu y Karamatsu tomaron asiento juntos enfrente de Choromatsu quien se había sentado al lado de su novia. El jefe de la aldea se sentó igual junto a Choromatsu, mientras los mayores aún se preguntaban cómo demonios podían entender aquel idioma. En pocas palabras, el jefe les comentaba cómo funcionaba aquella ciudad y cómo hacían para vivir en armonía.
- Choromatsu, ¿puedes acompañarme al baño un momento? Igual tú, Karamatsu. –Interrumpió Osomatsu la plática y sonrió con cortesía mientras se paraba de su lugar y arrastraba a ambos fuera de la sala de banquetes aún con sus bebidas en las manos.
Una vez afuera suspiró y jaló las mejillas de Choromatsu con fuerza.
- ¿Puedes explicarme algo que no entendí muy bien? ¿Cómo está eso de que nos volveremos dayones con el paso del tiempo? –Preguntó Osomatsu algo escandalizado por lo que había captado su cerebro.
Choromatsu respondió con calma pues al parecer esa información no era nueva para él.
- Eventualmente, todos toman el aspecto de Dayon aquí. La mayoría nace en este mundo, pero no somos ni los primeros ni los últimos en ser succionados por Dayon. –Dijo con una voz tranquila y bebió un sorbo de su copa de sake.
- Eso... es bastante surrealista... –Comentó Karamatsu y lanzó una risa llena de nerviosismo, para luego darle un sorbo al vaso con té oolong que tenía en la mano.
- Es más bien una oportunidad divina, ¿no lo creen? –Volvió a comentar Choromatsu.
- ¿¡Ahhhh!? –Osomatsu comenzó a irritarse de no poder seguir la conversación. De por sí no estaba contento con la información recibida.- ¿De qué mierda estás hablando?
- Digo que deberíamos acoplarnos a los dayones. Unirnos a esta sociedad y comenzar una nueva vida. Acá no tenemos que trabajar ni debemos preocuparnos por la comida o sobre ser parásitos de la sociedad. Prácticamente es una utopía para los neets como nosotros. Y lo único que daremos a cambio es que igual seremos dayones. –Dijo con una sonrisa en el rostro.
Osomatsu no pudo evitar sonreír ante aquellas palabras. La impresión que estas le dieron fue tan fuerte que incluso su mal gesto fue borrado e intercambiado por uno de desconcierto.
- Nunca espere escuchar ese tipo de palabras saliendo de tu boca... Hace rato también me lo pregunté pero... –Dijo arqueando una ceja.- ¿Quién eres y qué hiciste con el santurrón de mi hermano menor?
- Estoy hablando en serio. –Dijo frunciendo las cejas y labios. Osomatsu aún tenía el don de irritarlo fácilmente a pesar de que últimamente se llevaban mejor.- Incluso había pensado que podríamos tratar de salir e ir a buscar al resto... luego regresar... y quedarnos acá por siempre.
Karamatsu siguió bebiendo de su té mientras trataba de lucir serio aunque la verdad estaba tan perdido que no podía seguir aquella conversación. ¿De verdad Choromatsu había propuesto que se quedarán ahí a vivir por siempre? Estaba el triple de perdido que minutos antes y su cerebro aún no procesaba la información.
Osomatsu rompió rápidamente el silencio que se había formado por los titubeos del tercero.
- No. Eso es una molestia. –Puntualizó mientras se estiraba.- Ellos están bien ahí afuera... además ya te había dicho que si vienen, papá y mamá estarán solos.
Ni Choromatsu ni Karamatsu daban crédito a las palabras del mayor. Ahora eran ellos quienes miraban a Osomatsu como si estuviera diciendo palabras ininteligibles.
- ¿Qué diablos? Tú eres quien propuso la idea... ¿Por qué me miran como si fuera un bicho raro? -Reclamó cruzándose de brazos mientras los miraba con un gesto de indignación.
- No pensé que fueras a estar de acuerdo... –Confesó Choromatsu quien aún trataba de asimilar la aprobación del mayor.
- ¿Y por qué no? Después de todo soy el neet supremo. La mayor basura de todos nosotros. ¡El que más desea vivir una vida sin preocupaciones y sin tener que trabajar! Tienes razón, ¡Esta es una jodida utopía para mí! ¿Así que por qué tendría problemas con tu propuesta? –Dijo el mayor aún indignado.
- Pero... Hone-... Es decir, Osomatsu, ¿estás seguro de esto? –Preguntó igual de sorprendido el segundo hermano.
- ¡Ya les dije que sí! ¡Da igual si nos volvemos unos dayones! De todas formas ya teníamos la misma cara desde antes... Pero si quieren, me puedo retractar y regresamos todos a casa a vivir nuestras inútiles vidas siendo unas sanguijuelas de nuestros padres. –Dijo un poco agobiado por las reacciones de los menores.
- Bueno... es que de verdad no pensé que fueras a decir que sí... –Volvió a decir Choromatsu.
- Choromatsu... –Lo llamó Osomatsu atrayendo su atención.- ¿Por qué quieres quedarte acá? ¿Es por tu novia?
El don de Osomatsu era no tener ningún tacto y ser directo en situaciones así. Choromatsu tosió un poco por la sorpresa y por sorber mal el trago que le había dado a su copa de sake. Cuando se recompuso continuó.
- Yo... Le voy a pedir matrimonio.
Al escuchar las palabras decididas de Choromatsu, los mayores abrieron los ojos por la sorpresa. Se miraron mutuamente tratando de descifrarse los pensamientos y luego voltearon a ver a Choromatsu con desconcierto.
- ¿En serio? ¿Cuándo? –Preguntó Osomatsu con el ceño fruncido.
- Hoy... ahora-
- ¡Espera, espera, espera... Choromatsu...! ¿Qué carajo? –Interrumpió Osomatsu.- Hace unas horas también pensaba en esto pero... Apenas la conociste ayer y ya es tu novia. Y sólo un día después ya le quieres proponer matrimonio. ¿No estás yendo muy rápido?
- No es que no entienda lo que estás diciendo. Pero estoy seguro de lo que estoy haciendo. –Bajó la cabeza con un poco de vergüenza.
- Bueno... Brother. –Ahora Karamatsu era quien hablaba ya que Osomatsu no encontraba que agregar y se limitaba a mal mirar al tercero.- No es que no entienda lo que quieres decir, es decir, igual estuve a punto de casarme el mismo día que conocí a una chica. Aunque lo mío fue más por obligación que otra cosa pero... Igual creo que te estás apresurando. ¿Qué pasa si asustas a tu Choromatsu Girl?
- Yo... no había pensado en ello. –Dijo Choromatsu ahora conmocionado.
Osomatsu suspiró nuevamente. Todo aquello le estresaba y comenzaba a molestarse pues no era lo suyo preocuparse por cosas que ni habían ocurrido.
- Choromatsu, ignora todo lo que te estamos diciendo. –Puntualizó el mayor.
- ¿Eh? Pero... tal vez sí es demasiado pronto... –Dijo el de verde mientras sufría un pequeño ataque de pánico.
- No, en realidad tal vez no lo es. –Dijo suspirando de nuevo.- Aquella chica parecía quererte mucho a pesar de que igual te acaba de conocer. Tal vez ella piense como tú, así que sólo ve ahí adentro y pregúntale sin miedo.
- Pero, yo... –Choromatsu comenzó a balbucear.
- Sí no le dices, iré a decirle yo que te masturbas conrevistas de idols y revistas gravure a plena luz del día. –Le amenazó Osomatsu.
- ¡Osomatsu-niisan! –Gritó el menor con pánico.
- O-Osomatsu... –Incluso Karamatsu ahora estaba conmocionado con las palabras del mayor.- B-bueno... Creo que tampoco pierdes nada con intentarlo, Choromatsu.
- ¿Karamatsu-niisan? ¿¡Tú también!?
- Bueno, te doy tres minutos para hacerlo. Si no, entraré y le diré... –Dicho esto, el mayor comenzó su cuenta con una cara muy decidida.
Aquello fue como presionar un botón en Choromatsu quien al escuchar que llegaba al diez entró nuevamente dentro de la sala de banquetes y se apresuró a llegar a donde su novia aún permanecía sentada.
Karamatsu y Osomatsu entraron después de él al salón, para presenciar como Choromatsu se arrodillaba, sacaba una cajita de su bolsillo y lo abría, mostrando unos preciosos anillos de compromiso, todo acompañado de una propuesta de matrimonio un poco apresurada por la desesperación del tercer sextillizo.
Para sorpresa de los mayores, la chica sonrió aún más y abrazó al chico. Al parecer no había sido un error el pensar que ella quería a Choromatsu. Ambos se miraron con una enorme sonrisa en el rostro y se acercaron a felicitar a los futuros novios.
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Terminado el banquete, la primera acción de Osomatsu al llegar al cuarto fue sacar los cigarros que había conseguido del depósito. Invitando a Karamatsu, ambos salieron al balcón para compartir la cajetilla. Sentados en el suelo y recargados en el barandal, comenzaron a fumar mientras miraban hacia arriba donde debería estar el cielo. Curiosamente estaba más oscuro y no se explicaban cómo ya que no había un sol ni una luna.
- Ahhh... esto es vida. –Comentó el mayor después de exhalar el humo de su cigarrillo.- Y lo mejor es que es gratis.
- Je, vivir en este enorme mundo es caro pero incluye el viaje gratis hacia la búsqueda de un tesoro. –Añadió el de azul mientras se quitaba la chaqueta para no llenarla con el olor del humo de cigarro, ganándose una mirada de disgusto por parte del mayor.
- No entiendo qué carajos dices... –Dijo y volvió a inhalar el cigarrillo que tenía en mano. Después de eso sonrió y cambió el tono de su voz a uno más lindo.- Pero hablando de tesoros encontrados, creo que te interesará saber que encontré una botella de cierto líquido que nos facilitará hacer ciertas cosas más al rato.
- Ah, sí. Que bueno... –Intentó mantener una expresión neutra pero una pequeña mueca se escapó en sus labios y entrecejo.
Osomatsu le miró con curiosidad. El segundo hermano siempre estaba ansioso cuando hablaban sobre temas sexuales. Aunque tampoco es que Osomatsu no estuviera interesado.
- ¿Qué pasa, Karachuun? –Dijo el mayor y envolvió a Karamatsu por el cuello con ambos brazos de una manera dulce y seductora.- ¿Es que acaso Chibi Karamatsu no está de buen humor para unas frotaditas?
- ¿Eh? N-no es eso... My son está bien pero... –Un ligero sonrojo se presenció en sus mejillas, pero desapareció tan rápido como apareció. Suspiró pesadamente y volvió a introducirse en sus pensamientos.
Osomatsu sintió como si algo le hubiera prendido fuego por dentro debido a que el menor había comenzado a ignorarle nuevamente, y eso era algo que el mayor no podía permitir. Es decir, si él ignoraba a Karamatsu o a sus hermanos estaba bien, pero si ellos lo ignoraban a él entonces eso era un problema serio.
- Ka-ra-mat-suuuu... –Susurró su nombre directo a su oído con el tono más provocativo posible.- Quiero tocarte y que me toques...
Ninguna reacción por parte del menor. La irritación comenzaba a invadirle de nuevo.
- Oye, Karamatsu... ¿Estás vivo? ¿Tu cerebro está bien? ¿Quieres que te viole?
Nuevamente sin respuesta. Vio el ceño fruncido de Karamatsu y notó que estaba más ocupado en sus propios pensamientos. Una horda de celos le invadieron. Estaba celoso de la mente de Karamatsu, era el colmo. Más por el enojo surgido de sus celos estúpidos que por un enojo real hacia el de azul, Osomatsu estalló.
- ¡Escúchame, pedazo de mierda! –Exclamó y le acertó un fuerte golpe en la cabeza.
Aquella sacudida de neuronas dejó a Karamatsu inconsciente. Y a Osomatsu con un sentimiento de culpa. Un pequeño sentimiento de culpa que desaparecía lentamente con el pensamiento de "Él se lo buscó".
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Desde el punto de vista de Ichimatsu, el quinto hermano había estado más irritado desde su encuentro con aquella chica. Incluso podía decir que había estado más violento que de costumbre y aquello iba acompañado de cierta frialdad en sus acciones. Aquel punto de vista no es que se debiera al hecho de que en aquellos momentos el cuarto hermano estuviese siendo estrangulado por el quinto. Había otros indicadores que no tenían nada que ver con el malhumor de este debido al frío. O al menos eso quería creer el asfixiado neet de sudadera morada.
- ¡Ya no aguanto más! –Gritó un harto y espantado Todomatsu, al no aguantar el frío y aquella escena violenta entre sus hermanos.
Con aquel grito fue como si la maldición de la locura se fuera del cuerpo del sextillizo de sudadera amarilla, soltando a su hermano y asustándose de sus propias acciones.
- Ichimatsu-niisan, lo siento... –Se disculpó mientras salía del capullo que había formado con decenas de colchas.
- N-no te preocupes. No es nada... –Contestó jadeando con cierto sentimiento de culpa pues aquel maltrato no le molestaba. Además, las recompensas por soportar aquellos arranques de ira que sufría el menor eran valiosas.
El de amarillo llevó las manos de Ichimatsu hacia sus propios labios y comenzó a soplarlas para mantenerlas calientes en un gesto de redención. Ichimatsu no movió ni un músculo mientras veía a Todomatsu haciendo una rabieta. Aquello podía mantener su mente despejada, pues sentir el vaho caliente del menor comenzaba a excitarle. El sentimiento de culpa se hacía mayor.
- ¡Vayamos a buscar a esos hermanos mayores buenos para nada! ¡Nunca debimos confiarles el ir a buscar el queroseno a ellos! –Exclamó el de sudadera rosada.
A Ichimatsu en verdad le alegraba que el menor de todos estuviese ahí para distraerle. Tanto Jyushimatsu como él asintieron a las palabras de Todomatsu, por lo que salieron de casa para ir a buscarlos donde quiera que estuvieran. Aunque, lo obvio sería pensar que fueron a gastarse el dinero para la compra del queroseno en algún bar. En cierta parte podía comprender el enojo de su hermano menor, pues mientras que los mayores seguramente estaban gozando, ahí estaban los tres menores siendo destrozados, arrasados y aniquilados por el terrible frío.
Mientras caminaban con dificultad entre la nieve, Ichimatsu veía la espalda de Todomatsu, quien echaba humo y daba pasos agigantados dejándoles atrás por momentos. Una voz grave le arrancó de sus pensamientos.
- Ichimatsu-niisan, de verdad lamento lo de hace rato... –Se lamentaba el de amarillo con la cabeza baja.
- Jyushimatsu, no te preocupes. No es para tanto... Además, en cierta forma creo que me gusta ser maltratado por ti. –Dijo a modo de broma y sonrió maliciosamente.
- Oh, ya veo... –Respondió Jyushimatsu con una sonrisa chueca.
La vergüenza se podía reflejar en aquella cara entre triste y risueña. Como si el menor tratase de controlar algo que no podía y se forzara a sí mismo a permanecer calmado. Ichimatsu aún no entendía la posición de Jyushimatsu en aquella situación.
- Oye... Jyushimatsu. ¿Te sientes mejor? –Preguntó el de morado como no queriendo la cosa.
- ¿Eh? Me siento bien. No estoy enfermo. –Fue la respuesta del menor.
- No, no me refiero a eso. –Corrigió el mayor un poco exasperado.- Me refería si ya te sentías... más calmado.
- ¿Eh? –Aquello sólo confundió más a Jyushimatsu.
- Quiero decir, después de que te encontraras con ella y las cosas no salieran bien, pensé que te sentirías triste. –Añadió el mayor tratando de ser directo pero no insensible.
- ¿Eh?
Los nervios de Ichimatsu comenzaban a crisparse. Un aura oscura comenzó a envolverlo sintiéndose como un idiota que ni siquiera podía transmitir lo que pensaba de forma correcta. Comenzó a murmurar cosas sin sentido que asustaron al menor.
- ¿N-nissan? –Le llamó Jyushimatsu con preocupación.- P-pero las cosas no salieron mal con ella.
- ¿Eh? –El aura negativa desapareció. Pero ahora era el hermano de mirada cansada el que lucía confundido.
- Todo salió bien. –Confirmaba Jyushimatsu con una sonrisa. Una sonrisa que estrujó el corazón de Ichimatsu.
- ¿A-a qué te refieres? –Preguntó con miedo.
- Bueno, hablamos de muchas cosas... –Dijo, y como si hubiese recordado algo su rostro adoptó una expresión de vergüenza y cierta tristeza.
- Jyushimatsu... Entonces tú y ella... –La voz de Ichimatsu comenzaba a quebrarse.
- ¡Aghhhh! ¡Ya no puedo más!
Tanto Jyushimatsu como Ichimatsu dieron un pequeño saltito al escuchar aquel grito grave. Miraron juntos hacia el causante, Todomatsu, quien había llegado el nivel máximo de irritación que podía alcanzar.
- ¡Estúpidos hermanos mayores sin consideración! ¡Ojalá se les caigan los pitos, malditos desgraciados! –Gritó a todo pulmón. Para luego inhalar y exhalar aire.
- ¿T-Totty? –Llamaron ambos hermanos al menor.
- Uff, ya me desahogué. –Comentó el menor con una sonrisa fresca.
Ambos hermanos le miraron con sorpresa, pero al ver que ya estaba como si nada continuaron aquella búsqueda.
Ichimatsu no retomó aquella plática con el menor. Aquella negatividad que poseía le decía que lo mejor era dejar por la paz aquel asunto. Como decía el dicho, la curiosidad mató al gato, y él no quería escuchar nada sobre aquella chica en aquellos momentos. Su estrujó el pecho que le latía a cien y mejor comenzó a concentrarse en buscar junto a los menores a sus estúpidos hermanos mayores.
Se detuvo en seco al ver que Todomatsu y Jyushimatsu igual detenían la marcha. Volteó la mirada y vio a Dayon tirado junto al resto. Los tres se acercaron a él para preguntarle si habían visto a sus hermanos mayores de mierda. O al menos eso fue lo último que hicieron antes de verse succionados a quién sabe qué extraño lugar.
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Karamatsu abrió los ojos de golpe y miró al techo blanco. Sintió un nuevo deja vú.
- ¿Osomatsu? –Le llamó buscándole con la mirada.
- ¿Sí? –Karamatsu lo enfocó, sentado junto a la cama y apoyando sus brazos en las colchas con una mirada sin ánimos.
- ¿Por qué me golpeaste, pequeño y caprichoso honey? –Dijo mientras estiraba las mejillas de Osomatsu con toda la intención de lastimarle. Aún le dolía el golpe en la cabeza.
- Ughhhhhh... –Osomatsu le dio un manotazo para que le soltara, y se levantó colérico agarrándole por el cuello de la camisa.- ¿Quieres pelear, Mierdamatsu?
- Sí tú quieres, yo también... –Contestó igual de molesto por la agresión inicial de su hermano. Aunque cierta emoción diferente se formó en su entrepierna.
- Eres un... –Osomatsu no pudo continuar de hablar pues el menor le había sellado los labios con un beso.
El mayor se subió a la cama y rodeo lentamente el cuello del menor en un abrazo, correspondiendo aquel beso.
- No es justo, Karamatsu... –Dijo una vez se despegaron sus labios de los del menor.
- ¿Eh? ¿Qué no es justo? –Dijo mientras frotaba la entrepierna del mayor quien también parecía excitado.
- No estás siendo honesto. Te estás guardando las cosas para ti mismo, y no tengo idea de qué clase de estupideces estás pensando en estos momentos. –Se sinceró mientras con una mano frotaba por encima de la ropa aquel bulto en el pantalón de Karamatsu.
- ¿Qué? –Dejó de frotar la entrepierna del mayor y lo miró a los ojos. Pudo notar cierto nivel de preocupación en aquel rostro encendido por la pasión del momento.
- ¿Cuál es tu maldito problema? Es la primera vez que me miras a los ojos en todo este rato. –Dijo con un tono de hartazgo y la voz aguda mientras se recomponía.- ¿Por qué todos los momentos de seriedad tienen que terminar con ambos revolcándonos en vez de solucionar nuestros problemas? ¿Y por qué no has parado de hacer esa cara de fastidio o lo que sea desde que llegamos acá? ¿Acaso ya te hartaste de mí?
- ¿C-cómo? ¡No, claro que no! –El de azul apretó entre sus brazos al mayor.- No es eso...
- Ugh... ¿Entonces qué es? –Preguntó el mayor tratando de librarse inútilmente del agarre de Karamatsu, y siendo llenado de besos por todo el rostro. Aquello sólo lo irritaba más porque esa era la forma en la que Karamatsu trataba de contentarlo cuando no quería seguir hablando.
- Yo jamás me cansaré de ti. Quiero que estemos juntos por siempre. –Evadió las otras preguntas contestando la última mientras aún forcejeaba con Osomatsu entre sus brazos.
- Contéstame lo otro... –Evitando el último beso de Karamatsu con una mano, con el ceño fruncido y apretando los dientes, se apartó del agarre del menor.
- O-Osomatsu... –Trató de tomar su mano pero el mayor le dio un manotazo y se alejó en un gesto de rechazo.
- No quiero tus excusas, sólo quiero que me digas lo que piensas. ¿Aún crees que tengo algo con Choromatsu? –Preguntó con un gesto indignado.
- N-no... No es eso. –Se mordió el pulgar como si estuviera repensando su respuesta.- Bueno, en realidad ese asunto aún me da vueltas en la cabeza, pero...
Unas manos envolvieron su rostro y sintió unos labios posándose sobre los suyos, envolviéndolo en una cálida e indescriptible sensación. Osomatsu acarició sus cabellos y se aferró a él abrazándole por el cuello.
- No tienes que darle vueltas a nada. –Susurró en su oído.- Estoy feliz por Choromatsu, pero también estoy triste...
Osomatsu soltó aquél abrazo para mirar a Karamatsu. El menor ahora lucía con una mirada llena de confusión y dolor. El mayor sonrió y nuevamente unió los labios de ambos en un beso, aún más tierno que el anterior haciendo que Karamatsu temblara ligeramente.
- Karamatsu, tú sabes que Choromatsu era mi mejor amigo cuando éramos pequeños. –Dijo al terminar aquel beso.- ... Y sé que esto debe dolerte, pero también fue mi primer amor...
- Eso era obvio... –Dijo Karamatsu tratando de mantener una expresión calmada.
- No quiero que lo malinterpretes. No estoy triste por las tonterías que seguramente estás pensando. –Se mordió el labio.- Simplemente siento que con esto estoy dejando ir esa parte de mi niñez... Como si algo se desprendiera de mí y culminara una etapa de mi vida.
- ¿Osomatsu? –Karamatsu le miraba un poco confundido.- ¿De qué estás hablando? ¿Desde cuando el hermano mayor Tontomatsu es así de filosófico?
- ¡Estoy siendo serio! –Exclamó para después incrustar un golpe en la cabeza de Karamatsu.- Hace un minuto tenías ganas de querer llorar, así que no jodas conmigo... ¡Ouch!
Osomatsu estaba a punto de ponerse a chillar por el golpe recibido segundos antes por Karamatsu, pero ahora era él quien había sido envuelto en los brazos del menor, recargando la barbilla en su hombro.
- ¿Karamatsu? –Le llamó el mayor con un tono entre irritado y preocupado.
- Lo siento. Es verdad que estaba preocupado porque aún tuvieses sentimientos por Choromatsu pero... –Su respiración se hizo entrecortada.
Osomatsu pudo sentir que algunas gotas de agua se deslizaban por parte de su hombro y cuello. Llevó su mano a la cabeza de Karamatsu y volvió a acariciar su cabeza como antes. Aquel acto tenía mucho significado para él, pues era algo que había aprendido de su madre, quien hacía aquel gesto cuando quería calmar sus tristezas de pequeños.
Karamatsu continuó mientras trataba de contener sus lágrimas en vano.
- Esh shólo que... –Sorbió por su nariz para poder hablar con claridad.- Yo... quiero estar contigo por s-siempre... Pero... ahora que podemos estar juntos en este mundo, todo se siente tan... tan surreal.
- ¿Surreal?
- Es... como si estuviéramos escapando de la realidad. –Dijo para continuar inundando la manga del mayor con sus lágrimas.
La habitación se quedó en silencio un minuto, con los sollozos de Karamatsu como un fondo apenas imperceptible. Osomatsu tomó aire en sus pulmones.
- ¡Idiota! –Gritó con todas sus fuerzas haciendo que Karamatsu diera un brinco debido a la sorpresa, cuasi susto.- Nunca me voy a cansar de decirlo pero eres un estúpido... ¿¡Quién necesita la jodida realidad!? Nosotros podemos construir nuestra propia realidad en este mundo, a mí no me interesa si estamos huyendo o no mientras estemos juntos.
Osomatsu se sonrojó y frunció las cejas apenas terminó de hablar, era como si hubiese hecho una confesión de amor; una muy varonil y directa. Karamatsu mientras tanto estaba sin habla, analizando las palabras de Osomatsu una y otra vez en su cabeza, con una expresión tonta y la boca abierta.
- D-di algo, Mierdamatsu... –Decía Osomatsu aún apenado y asustado por el rostro sin expresión de Karamatsu.
- Osomatsu... –Habló en un tono roncó que hizo que el mayor se erizara.
- ¿S-sí? –Dijo con un poco de nerviosismo.
- Quiero hacerlo...
- ¿Eh?
- Quiero hacerlo. Quiero que tú y yo lo hagamos en estos momentos… Honey! –Gritó aquel sobrenombre con aquel tono grave que poseía.
- Yo creo que te estás precipitan- Ahh... –Osomatsu dejó escapar un gemido al sentir la rodilla de Karamatsu frotando su entrepierna.- N-no... Espera... Darling mierdoso, c-creo que aún es muy pron-
- Ahhhhhh... Choromatsu... Ahí no...
Ambos hermanos mayores se paralizaron. Una voz dulce y familiar había gemido de placer.
- Prometo que seré gentil... –Aquella voz era claramente la del hermano menor de ambos.
Por alguna razón tanto el rostro de Osomatsu como el de Karamatsu lucían un tono rojizo. La vergüenza tal vez era ajena, tal vez eran aquellos gemidos femeninos, o el hecho de que aquellas paredes eran tan delgadas que podían escuchar todo en la habitación de al lado.
¿En caso de continuar e ir más lejos, Choromatsu también los habría escuchado haciéndolo?
De alguna manera se sentían aliviados de no ser descubiertos, pero aun así la incomodidad de escuchar a su hermano teniendo sexo aún permanecía. Ambos se miraron a la cara, se observaron fijamente y como si fueran cómplices de un horrendo crimen, se rieron mientras se tomaban de las manos y se acurrucaban juntos en la cama.
Como si fuera un mutuo acuerdo y debido a la liberación de todo el estrés que retenían, ambos terminaron rendidos, entregándose a la suavidad de aquellas sábanas y sin notar en qué momento cayeron profundamente dormidos.
-.-
-.-
-.-
El tercer hermano estaba caminando por los pasillos de las habitaciones con una bolsa de papel en las manos.
Andando a la caza.
– ¡Ah, Osomatsu-niisan! -Llamó al mayor pues era a quien buscaba.
El mayor de los sextillizos se encontraba a escasos pasos de la entrada de aquella nueva casa en la que vivían, y a pesar de ver que el tercero le llamaba, dio la media vuelta y echó a correr.
– ¿O-Osomatsu-niisan?
Aquello dejó estático al de verde quien se preguntaba el porqué de aquél extraño comportamiento del mayor.
– ¿Qué ocurre, brother? -Preguntó Karamatsu quien miró desde dentro de la casa a Choromatsu que seguía mirando cabizbajo hacia afuera, justo el camino por el que había huido el de rojo.
– Ah, Karamatsu-niisan... Es que... Llamé a Osomatsu-niisan y se echó a correr apenas me vio... -Dijo con gesto lastimero.
A Karamatsu jamás le agradaron aquellas expresiones que el tercero ponía, pues sabía que eran causadas por el mayor. Aquella espina de envidia, clavada en su pecho, le había molestado durante toda su vida. Choromatsu era uno de sus preciados hermanos menores y uno que al menos fingía preocupación por él… y, aun así, no podía evitar sentir aquel sentimiento negativo surgiendo desde su pecho. Aquel rostro lleno de preocupación le causaba una sensación llena de ansias y celos. No le tomó importancia a aquel sentimiento infundado pues podía imaginar el por qué la acción del mayor.
– Ohh, brother... Creo que sé el por qué Osomatsu te está evadiendo.
– ¿M-me está evadiendo? -Preguntó sorprendido el menor.
– Pues... ¿Puedo confesarte algo sin que te enojes?
Aquella pregunta hizo suspirar a Choromatsu, quien al final asintió, esperando por la respuesta que le daría el doloroso.
Karamatsu le contó que la noche anterior -o al menos pensaba que era la noche anterior debido a la falta de día y noche-, tanto Osomatsu como él habían escuchado como el menor había tenido una acalorada y apasionante noche con su futura esposa.
– ¿Q-qué? ¿A-así que es por eso? -Choromatsu estaba rojo de vergüenza. Trataba de hablar con normalidad, sin alterarse y fingiendo que aquello no le afectaba.– Y-ya veo... T-tendré cuidado de ahora en adelante...
– No te preocupes... Es natural ya que es la flower que decidiste que cuidarás y regarás con todo tu love. Aunque tenga la cara de Dayon... -Dijo con su típica y asquerosa vocecilla que trataba de sonar cool y que tanto desagradaba al resto, tratando de aligerar la tensión del ambiente, aunque también se dio el permiso de soltar al final una broma cruel.
– Ugh... -Choromatsu hizo una mueca de repulsión, pero al mismo tiempo pareció tranquilizarse. Estiró sus brazos y finalizó la conversación.– Debo irme, la boda será simple pero tenemos que preparar todo. Toma, dale esto a Osomatsu-niisan.
Choromatsu le entregó aquella bolsa de papel, que tenía en sus manos, a Karamatsu. Después de aquello, Karamatsu vio como daba la media vuelta y se iba, completamente avergonzado, pues seguro recordó que había sido pillado in fraganti. Revisó dentro de la bolsa de papel, encontrando un juego de Mahjong. No pudo evitar hacer una mueca debido a todo.
-.-
Después de aquella aventura, los Matsuno que estaban atrapados dentro de Dayon, sentían como si hubiesen pasado muchos días en aquel lugar. O al menos eso pensaban ya que no podían llevar un conteo normal. Sólo sabían que los días pasaban porque podían intuirlo, intuirlo porque cada cierto tiempo les daba hambre y calculaban que cada tres comidas -o más bien cinco comidas y muchas ganas de beber alcohol en la cena- era un día.
Aún así, cada día intuido era como estar de vacaciones, es decir, no muy diferente a sus días normales en el mundo normal pero, con la diferencia de que era como si tuviesen dinero para satisfacer sus vicios.
Karamatsu y Osomatsu se la pasaban riendo y bromeando, inspeccionando el almacén lleno de reliquias invaluables, es decir, revistas porno y juegos de mesa. A pesar de encontrar una televisión y películas de todo tipo, ahí no contaban con electricidad así que eran objetos inútiles. De vez en cuando mientras hablaban, se reían de que lo más ridículo, fantasioso y surrealista no era el estar atrapados dentro de Dayon, ni que la salida estuviera conectada con el recto de éste, sino que lo más increíble es que Choromatsu, aquel Pajamatsu del que tanto se burlaban, ya no era virgen. Era gracioso igual porque su novia era Dayon, o al menos tenía el aspecto de éste. Aunque lo más gracioso era que, en realidad, eso les daba igual pues entre risa y risa ambos afirmaban que tampoco les molestaría salir con una chica Dayon. Todo se quedaba entre bromas, pues sabían que lo único que querían era estar juntos.
Osomatsu separó sus labios del cuello de Karamatsu, pues también solían besarse en aquel almacén sin miedo a ser descubiertos. Se quedó contemplando aquella marca que había hecho y en vez de lanzar un comentario picante, suspiró y su rostro se llenó con una mirada melancólica. Karamatsu sabía cuál podía ser la causa de la tristeza del mayor.
– Osomatsu, aún podemos salir de acá en busca de nuestros padres y hermanos. –Susurró en su oído en un tono meloso.
El de rojo le miró fijamente un poco sorprendido. Karamatsu le miró con decisión, pues estaba seguro de que Osomatsu sufría la ausencia de su familia y amigos. Osomatsu apretó los labios antes de hablar.
Un puño impactó en la cara de Karamatsu.
– ¿¡Estás loco!? -Le interrogó en voz alta dejando a un atónito Karamatsu con la boca abierta, mientras sobaba su mejilla enrojecida.– ¿¡Qué tal si salimos y no podemos regresar!?
Aquella última pregunta le cayó de sorpresa al de azul. Jamás habría pensado en que eso pudiera molestarle a su hermano.
– Además... -Prosiguió el mayor.– Acá podremos estar juntos. Ya escuchaste a los dayones, tarde o temprano tendremos la apariencia de un Dayon, así que... ya que todos seremos iguales... da igual si somos hermanos o no. Dará igual si somos sextillizos o no...
Dichas aquellas palabras, Osomatsu le dio la espalda a su hermano menor y salió corriendo de aquel almacén. Karamatsu por su parte quedó completamente rojo y fascinado por las palabras del mayor. Era verdad, ahí daba igual si eran hermanos o si tenían el mismo rostro, no es que cambiara en algo la situación, pues en realidad no sabían si los habitantes de ese pequeño mundo eran abiertos con la... homosexualidad -aquella parte era desconocida para ellos-. El incesto era tema aparte, pero era una especie de soplo de aire fresco saber que al menos nadie los vería raro por tener la misma cara ni los juzgaría por su relación sanguínea.
Su pecho se infló mientras permanecía embelesado con aquella idea. Amaba a Osomatsu. Y aquella arriesgada idea cruzó por la cabeza de su amado. Tragó en seco.
-.-
El mayor regresó a casa varias horas después. Estaba irritado y molesto consigo mismo por aquellas palabras que le había soltado al menor. Tuvo dar varias vueltas alrededor de la pequeña ciudad para tranquilizarse.
– Regreseeeeé... -Dijo, aunque no recibió una contestación.
Caminó dentro de la casa hasta llegar al cuarto que compartía con Karamatsu. Al parecer no había nadie, lo cual era bueno ya que la vergüenza aún no se había esfumado del todo. Sólo quería tirarse en la cama y dormir.
– ¿¡Pero qué...!? –No terminó aquel reclamo pues una mano sujetó su boca y otra le abrazó desde atrás.
Osomatsu estaba a punto de lanzar una patada hacia aquel que osaba agarrarle de esa manera. Pero sus labios fueron lentamente liberados y su cuerpo fue empujado dentro de la habitación con rapidez. Antes de poder defenderse fue lanzado por su captor y terminó boca abajo en la cama. Se dio la vuelta rápidamente mientras veía al responsable poniendo el pestillo en la puerta.
– ¿Qué diablos estás haciendo, Karamatsu? -Preguntó con un tono de enojo mientras veía a su hermano vestido con un overol azul similar al que solía usar en casa.
Karamatsu no respondió, se aproximó a paso apresurado hacia la cama y se lanzó hacia Osomatsu dándole un beso que sólo reflejaba impaciencia. Poco a poco fue despojándolo de sus ropas hasta que quedó en calzoncillos. Osomatsu no se resistió del todo, pero estaba confundido por la actitud del menor, más aún cuando Karamatsu comenzó a vestirle con unos calcetines en vez de terminar de desnudarlo.
– Quiero que lo hagamos... Murmuró Karamatsu en un tono ronco lleno de excitación.
El menor se acercó al borde de la cama y tomó una bolsa del suelo depositando su contenido sobre la cama. Aquella bolsa era una de las que llenaron con los objetos interesantes que encontraron en el almacén. Osomatsu casi se atraganta con su propia saliva y sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas debido a la sensación de presión en su garganta.
– ¿Qué mierda...? -Tosió el de rojo para calmar el picor de su garganta.– ¿Eso es un uniforme de marinera?
– Sólo necesito verte con él un momento... -Su voz grave temblaba mientras apoyaba el peso de su cuerpo para que Osomatsu no se moviera.
Ambos forcejearon mientras el de azul trataba de pasar el cuello de la prenda por la cabeza de Osomatsu.
– Espera... -Osomatsu trató de apartarse con angustia. Su cuerpo comenzó a temblar.– Te dije que aún era demasiado pronto para eso. A-aún no estoy listo ni física ni mentalmente para...
– No me refiero a eso. -Interrumpió el menor.– En estos momentos me da igual quien sea el de arriba.
– ¿Eh? –Osomatsu dejó de temblar y miró confundido a su hermano.
– Sólo quiero estar contigo... -Dijo aferrándose a Osomatsu quien tenía aquella camisa estudiantil a medio poner.– Te amo. No me importa nada... quiero estar unido a ti de la forma que sea.
Un sonrojo tiñó el rostro del menor. Sus cejas dibujaron unos arcos hacia adentro de su rostro mientras su boca entreabierta temblaba. Osomatsu también adquirió un sonrojo tenue.
– Pero... la ropa... -Su mente era un caos debido a la contradicción entre las palabras de su hermano y las acciones que estaba realizando.
– Quería verte con esa ropa... -Dijo con una sonrisa.– Desde el inicio tenía la intención de que la usaras y de verdad quería hacértelo con ella... Quiero besarte, morderte, hacer que te sometas a mí y tiembles de placer en mis brazos. Pensaba que si no era de esa forma entonces no estaría satisfecho.
Osomatsu tragó en seco.
– Pero después de escuchar que querías que estuviésemos juntos por siempre... Esas cuestiones dejaron de importar para mí. -Karamatsu se mordió los labios.– Osomatsu, quiero que me abraces...
El de overol azul comenzaba a sentirse inquiero, pues el mayor no había pronunciado ninguna palabra después de su atrevida confesión. A pesar de que Osomatsu ya le había confesado que tenía el mismo deseo de tomarle, lo cierto es que ni él entendía por qué. Para él, Osomatsu era lindo, mientras que él mismo no cabía dentro de esa clasificación. Es decir, siempre le decían que no era lindo y que por el contrario, era fastidioso, demasiado doloroso para el mundo y una mierda egocéntrica. Karamatsu estaba a punto de ponerse a llorar, como si aquel silencio fuese un rechazo hacia su persona.
– ¡Ahhhhh! –Gritó el de rojo sorprendiendo a un Karamatsu con los ojos vidriosos.
Osomatsu se paró de la cama con rapidez y se puso correctamente aquella prenda superior. Tomó la falda que estaba sobre la cama y se la colocó con prisas. Finalmente se puso la pañoleta roja que iba alrededor del cuello, y se sacudió para acomodarse correctamente aquel uniforme escolar.
– No lo entiendo... –Dijo, haciendo que Karamatsu quedara aún más sorprendido.– Si sólo poniéndome esta estúpida ropa es suficiente para hacerte feliz entonces es algo demasiado fácil para mí... He estado esperando casi 10 años por hacer esto y no me importa si tienes alguna especie de fetiche con ser follado por un hombre con ropa de mujer o no, pero no me pidas que pare a mitad del camino.
Karamatsu sintió como si algo atorado quisiera salir de su garganta y comenzó a toser con fuerza, las palabras del mayor le habían generado vergüenza ajena. Osomatsu siempre era honesto y directo, a un nivel que podía caer dentro de la estupidez y vulgaridad, por tanto, era peligroso para su salud mental. En especial cuando se dignaba a expresar sus deseos sexuales, los cuales no eran muy diferentes a los del joven de azul.
– No es eso, estúpido Osomatsu... -Negó mientras exhalaba un poco de aire para recomponerse pero no pudo evitar ponerse sentimental.– Sólo quiero que al fin estemos unidos tanto en cuerpo y mente...
El menor había comenzado a sollozar.
– ¿K-Karamatsu? -Osomatsu sintió una pequeña sensación de culpa por provocar las lágrimas de su querido hermano menor.– No llores, discúlpame...
– Es que... aquí estoy yo... tirando toda mi dignidad y orgullo como hombre, y lo único que haces es insinuar que soy alguna clase de pervertido... –Su ceño fruncido indicaba un ligero enojo.
Aquella escena, además de provocarle cierta culpa al mayor, también le parecía enternecedora. El menor siempre había mostrado esa parte de debilidad frente a él. Con los menores, fuese fingido o no, casi siempre demostraba una faceta amable y dócil, pero no tenía miedo a encarar a Osomatsu, su único hermano mayor. Eso lo hacía sentir aún más especial por lo que su corazón no dejaba de latir. Eran los momentos así, cuando podía creer que para aquél tonto hermano menor que tanto amaba, él también era la persona más importante en la tierra.
– Lo siento. -Dijo Osomatsu sin poder resistirse a que una sonrisa se fijase en su rostro.– Yo también he estado pensando en tirar mi estúpida dignidad... pero, aún tengo miedo.
El mayor abrazó a su querido amante con fuerza y besó sus mejillas con dulzura. Se rió un poco pues, pensó que no quedaba tan romántico debido al trajecillo ridículo que llevaba en esos momentos.
– Osomatsu... -Karamatsu detuvo sus sollozos.– Eso ya lo sé... Y después de lo que te hice tampoco es que tenga muchas ganas de volver a verte sufriendo.
– ¿Sigues pensando en eso? -Preguntó sorprendido el mayor.– No es tu culpa... Bueno, sí lo es pero, me refiero a que no eres el responsable de mis traumas. Son míos y debo superarlos tarde o temprano.
– Pero... -Karamatsu quería decirle que deseaba que lo superaran juntos, que sus problemas también eran los de él. No dijo nada más. Sabía lo terco que podía ser su hermano mayor.
– Pero nada. -Dijo de forma cortante, como Karamatsu esperaba.– Si quieres que me sienta mejor, deja de culparte. Además, quiero preguntar si aún está en pie la oferta que me hiciste sobre hacerlo.
– Yo... Supongo... -Contestó dubitativo.
– ¡Qué bueno! ¡Es que justo ahora tengo unas enormes ganas de follarte hasta el cansancio! –Exclamó Osomatsu con una sonrisa radiante.
– ¡Osomatsu! ¡Idiota! -Su puño se estampó en la cabeza del otro con fuerza sacándole un grito de dolor.
– Perdón... pero no puedo evitarlo... -Dijo sobándose la cabeza.
Una vez sintió que el dolor desapareció, se arrimó hacia el menor y recorrió su pecho con una caricia haciendo que se estremezca.
– Haz lo que quieras... de todas formas, si siento dolor... ¿Te detendrás? -Preguntó con voz suave.
Una pausa inundó la habitación por un minuto antes de que Osomatsu hablara.
– Por supuesto que sí... -Dijo desviando la mirada.
– No suenas muy sincero... -Arqueó una ceja y le miró con severidad.
– Son pequeños detalles. Te haré ver el paraíso~ -Un lascivo gesto del mayor dejó al menor aturdido, pues simulaba tener algo en la mano y lamerlo.
– P-pues... estoy a tu cuidado... -Dijo con desconfianza.– De cualquier forma, si me duele, te reventaré a golpes...
– ¡Sólo déjamelo a mí! -Respondió con una sonrisa mientras llevaba su dedo índice hacia su nariz y la frotaba.
Karamatsu se recostó en la cama y comenzó a bajar el cierre de su overol mientras Osomatsu buscaba algo que había guardado en el armario. Cuando el mayor regresó hacia la cama, el menor sólo conservaba su ropa interior, la cual para su suerte era blanca y no alguna ropa interior vergonzosa, brillante o con estampados de su rostro.
Osomatsu depositó la bolsa en la cama y sacó algo que para Karamatsu era desconocido.
Cuando el mayor bajó aquellos calzoncillos de Karamatsu que le estorbaban y se disponía a introducir algo por su ano, se resistió.
– ¿Q-qué es eso? -Preguntó nervioso y arrastrándose sobre la cama, trató de alejarse.
– Sólo es una lavativa. ¿No me digas que tengo que explicarte con lujo de detalles para qué sirve? -Respondió aquella pregunta con una risa burlona.
– ¡N-no es necesario! -Exclamó Karamatsu y su rostro quedó rojo por la vergüenza.
– Creo que entiendes que si no la usamos tendremos un problema mierdoso de manera liter-
– ¡Ahhhhh, ya, ya, ya entendí! ¡No digas más! -Lo interrumpió pues de verdad no quería escuchar aquellas palabras tan vergonzosas.– No sigas hablando... Sólo haz lo que tengas que hacer.
Aquél objeto que fue entrando poco a poco le daba una sensación realmente desagradable. Ya había experimentado algo similar cuando Osomatsu había introducido sus dedos en aquella ocasión en el consultorio del Doctor Dekapan, aunque en aquel momento fue más placentero pues también su parte delantera estaba siendo estimulada. Pero, ahora que la sensación se concentraba solamente en aquel punto de su cuerpo, era incluso más asqueroso, por lo que cerró los ojos tratando de ignorar todo y dejó al mayor a cargo.
– Karamatsu, estás haciendo una cara que no es nada linda en estos momentos... -Le recriminó el mayor con un mohín.
– N-no puedo evitarlo. Se siente asqueroso. -Replicó mientras apretaba las sábanas con fuerza y se mordía los labios.
– Si dices eso cuando tu querido hermanito mayor la meta, romperás su corazón. -Bromeó haciendo una expresión de tristeza y luego prosiguió con aquellos preparativos.
Karamatsu no pudo evitar soltar unos gimoteos de desagrado cuando sintió que Osomatsu había comenzado a introducir sus dedos para prepararle. Algo viscoso hacía que estos resbalaran con facilidad, pero se sentía como si un insecto tratase de arrastrarse dentro de su cuerpo. Unas lágrimas se agolparon en su cuerpo, no dolía, pero era realmente extraño. Como si estuviese indefenso y a merced de lo que quisiese hacerle.
– Karamatsu, abre tus ojos. -Pidió Osomatsu con amabilidad.
El menor parpadeó y se encontró con la mirada de Osomatsu.
– No tengas miedo... -Dijo besando su frente.– Estoy aquí.
Dicho esto, siguió trabajando la parte trasera de Karamatsu y uniendo sus bocas, le brindó un beso húmedo e invasivo. Karamatsu sintió aquel beso como algo realmente delicioso, abrumador y… lleno de deseo. Poco a poco comenzó a ignorar aquellos dedos que habían deslizado algún líquido lubricante dentro y continuaban entrando y saliendo de su culo. El bulto entre sus piernas comenzaba a endurecerse y reaccionar ante aquellas caricias en el interior de su boca.
Separaron sus labios cuando sintieron que necesitaban recuperar el aliento. Osomatsu continuaba brindando caricias con la lengua alrededor de cuello de Karamatsu provocando que temblara al tacto con esta.
Karamatsu jadeó con fuerza al recibir algo parecido a una descarga eléctrica, que recorría todo su cuerpo. Una extraña sensación que no podía explicar, pero que ya había experimentado antes, invadió sus sentidos.
– ¿Es aquí? -Preguntó Osomatsu con una voz melosa mientras presionaba el punto débil de Karamatsu.– Te gusta que masajee acá, ¿verdad?
Karamatsu suspiró. Dicho aquello, Osomatsu continuó jugando con la cavidad carnosa de Karamatsu. Frotando sus dedos en un cierto punto hacía que el de cejas gruesas lanzará suaves quejidos y se retorciera debajo de él. Era una vista esplendida, un regalo visual ver como se contraía sobre la cama, jadeando, con el miembro y los pezones erectos. E incluso, sus oídos sentían como si estuvieran escuchando una hermosa melodía sólo que, en lugar de una canción de Mozart o Bach, aquella sinfonía la conformaban los suaves gemidos de Karamatsu.
– ¡No aguanto más! -Karamatsu comenzó a tocar su miembro mientras Osomatsu preparaba su cuerpo.
– ¡Qué impaciente eres, Karamatsu!
Osomatsu rodeó su cuerpo en un abrazo y le besó, nuevamente, pero de manera gentil. Karamatsu correspondió aferrándose al cuerpo del mayor, abrió los ojos con sorpresa al sentir algo que empujaba contra su culo. Comenzó a temblar suavemente, la sensación era diferente a tener un par de dedos dentro, pero no era desagradable. Era bastante obvio lo que estaba a punto de ocurrir y él lo estaba permitiendo.
Soltó un gemido alto, que le hizo separar sus labios del mayor, al sentir cómo comenzaba a deslizarse dentro de su interior. No dolía, pero una sensación caliente le llenaba poco a poco.
Ambos se quedaron estáticos cuando Osomatsu había insertado su miembro hasta la base. Su respiración era pesada, en especial la de Karamatsu quién no podía parar de contraerse mientras Osomatsu gruñía al sentir presión en su pene.
– Karamatsu, ¿puedo moverme? Creo que me voy a morir si no lo hago, duele demasiado... -Dijo el mayor en un tono suplicante y el rostro completamente rojo.
A los ojos de Karamatsu, Osomatsu lucía incluso más lindo que antes. Poder ver aquella expresión de desesperación y que esta fuera causada por él, era gratificante. Le hubiese gustado ver un poco más de aquella expresión pero su vista fue interrumpida al sentir una fuerte embestida que rozaba su interior.
- ¡T-tontomatsu, al menos hazlo suavemente! -Exclamó Karamatsu quien había comenzado a gemir fuerte de manera involuntaria.
Osomatsu no le contestó, comenzó a arremeter aún más rápido y fuerte contra Karamatsu. Toda su experiencia había sido olvidada en alguna parte de su cerebro y se dedicaba a hacerlo de manera instintiva. Cada embate era un nuevo gemido de Karamatsu y un gruñido de Osomatsu. Ambos lo estaban sintiendo y estaban inmersos en la lujuria del momento.
Karamatsu se abrazó con fuerza al cuerpo de Osomatsu y rodeó su cadera con sus piernas, unió sus labios con los del otro suplicando porque lo besara. El mayor correspondió y envolvió sus labios y lengua en un beso profundo. Sus cuerpos estaban completamente enredados encima de aquella cama, y sus respiraciones estaban sincronizadas. El sudor escurría de la frente de Osomatsu y del cuerpo desnudo de Karamatsu. Por momentos separaban sus labios para tomar aire y regresaban a los besos profundos y apasionados.
- M-me voy a venir... -Dijo Osomatsu mordiendo sus labios después de parar aquel beso con el menor quien tenía los ojos llorosos.
Para Karamatsu aquella expresión llena de lujuria era como estar en el cielo, así como su rostro repleto de lágrimas era un sueño hecho realidad para Osomatsu.
- Hazlo afuera... -Suplicó, aunque en ese momento sintió un poco de arrepentimiento de no pedirle lo contrario.
Un par de estocadas más por parte de Osomatsu hicieron que ambos alcanzaran el clímax, primero Karamatsu se corrió sobre su vientre y luego, como pidió, el mayor sacó su miembro y se vino también sobre su vientre, llenándolo con una sensación cálida.
- No... no es cálido... se siente asqueroso... -Murmuró Karamatsu al replantearse la sensación que le producía aquel líquido viscoso escurriendo por su cuerpo.
- Qué grosero. Yo... sólo hice lo que me pediste... -Contestó entre suspiros de cansancio, ya que su aguante era escaso.
- Lo sé... -Inhaló para detener las lágrimas que estaban por escurrir de sus ojos.- Estoy muy feliz.
- Yo también lo estoy... -Correspondió mientras rodaba cansado en la cama y le veía con ternura.
Ese mágico momento podría haber durado más, y podrían haber terminado acurrucados en la cama el resto del día, pero los sonidos de golpeteos en la puerta de la habitación casi les provocan un infarto a ambos.
- ¿Osomatsu-niisan? ¿Karamatsu-niisan? ¿Están ahí? -Preguntó Choromatsu del otro lado de la puerta.
- ¡Sí, yo estoy, espera un momento! -Gritó Karamatsu mientras se vestía a toda prisa.
Osomatsu aún tenía puesto aquel uniforme escolar de chica así que habría sido un suicidio tratar de cambiarse en tan poco tiempo, así que hizo lo más sabio que podía hacer en ese momento: esconderse en el armario.
Karamatsu se apresuró a abrir la puerta una vez el mayor estuviese bien escondido y sus ropas estuvieran en su lugar.
- ¿Sólo estás tú, Karamatsu? -Preguntó Choromatsu extrañado.- ¿Y Osomatsu-niisan?
- Quién sabe~ Tal vez está por ahí vagando y tratando de conseguirse su propia chica Dayon. -Contestó el de overol azul con un aire de tranquilidad -intento de genialidad-.
- ¿Eh? -Choromatsu puso una expresión de fastidio.- Podría ser... es Imbecilmatsu-niisan después de todo.
Osomatsu, oculto en el armario, habría querido salir y contestarle algo verdaderamente insultador pero jocoso al de verde, sino fuera por sus encantadoras ropas de colegiala.
- Espera, ¿qué es ese olor? -Retomó Choromatsu.- Apesta a...
- ¡Ahhhhh! ¡Choromatsu, mi querido hermano! -Interrumpió el de azul.- Tú, deberías saber que hay que aprovechar esos momentos de soledad para recargar energías...
- ¿¡Queeeeé!? ¿¡Y luego yo soy Pajamatsu!? -Gritó el menor con total cara de asco.- ¡Además, sé un poco más considerado! ¡Compartes la habitación con Osomatsu!
- N-no te preocupes, my brother~ Dejaré todo limpio antes de que Osomatsu regrese~ -Sentía que un sudor frío brotaba de sus poros.
- Bueno... De todas formas, sólo venía a decirte que los trajes para la boda ya están listos... Así que pueden ir a probárselos cuando tengan tiempo... que eso sería en cualquier momento ya que no tienen nada mejor qué hacer.
- Claro, le diré a Osomatsu cuando regrese. -Sonrió al decir aquello tratando de no lucir nervioso.
Choromatsu refunfuñó antes de darse la vuelta y marcharse.
Karamatsu cerró la puerta y suspiró con alivio mientras Osomatsu se asomaba por la puerta del armario.
- ¿Se fue? -Preguntó el mayor.
- Sí, estuvo cerca... -Dijo el de azul, dejándose caer sobre la cama agotado.
El mayor salió del armario dirigiéndose a la cama y se recostó a un lado de su hermano menor. Estuvieron un par de minutos en silencio, Karamatsu con los ojos cerrados recomponiendo su aliento y Osomatsu mirándolo acurrucado junto a él.
- ¿Deberíamos confesarle a Choromatsu lo nuestro? -Dijo el mayor.
Karamatsu abrió los ojos y se volteó a ver a Osomatsu quien lucía sorprendido por sus propias palabras.
- ¿Qué... dijiste? -Karamatsu preguntó más por el hecho de que no podía creer lo que había escuchado que por no haberlo escuchado en sí.
- No... -Dijo Osomatsu temblando y se cubrió el rostro con vergüenza.- Olvida... que dije eso...
El menor le miró con una mezcla de extrañeza pero ternura. Acercó sus cuerpos y le envolvió entre sus brazos para depositar un beso en su frente.
- Osomatsu... Yo sé que lo que menos quieres es que nuestra familia se entere de nuestra relación... Así que, ¿por qué?
Osomatsu descubrió su rostro pero Karamatsu no recibió respuesta.
- No le diremos, pero quiero saber... ¿por qué siquiera sugerirías decirle a Choromatsu? -Preguntó susurrándole en el oído.
El mayor frunció el ceño y sus labios temblaron. Los apretó antes de finalmente soltarse a hablar.
- Quisiera el apoyo de nuestra familia... -Confesó y Karamatsu le miró boquiabierto.- Por alguna razón, estar en este lugar, poder vivir contigo como pareja y ver algo tan sorprendente como la boda de Pajamatsu me hace pensar que todo puede ser posible.
Karamatsu le miró aún boquiabierto y tragó antes de hablar.
- ¿Estás poniendo en el mismo nivel de imposible nuestra relación que la boda de Choromatsu? -Fue lo único que pudo pensar en preguntar.
Osomatsu asintió como si no fuera la gran cosa.
- No sé si decirte que eres cruel con Choromatsu... o darte la razón. -Dijo y Osomatsu le sonrió pícaramente.- Bueno, entiendo que estando acá se siente como si lo imposible pudiera cumplirse.
- ¿Verdad? Este lugar es realmente increíble. Tanto que me hace tener las ideas más ridículas... -Dijo y la vergüenza le volvió a invadir.
Karamatsu sonrió y se abalanzó sobre Osomatsu para llenarlo de besos.
- ¿Q-qué haces, Karamatsu? Me estás llenando la cara de saliva.
- Lo siento, pero tengo que aprovechar que aún tienes esa ropa de ensueños... -Dijo mientras llevaba la pañoleta roja del uniforme del mayor a su boca y besaba la tela.
- Idiotamatsu... -Dijo Osomatsu, pero sonrió al notar que cuando Karamatsu hacía esas pequeñas acciones, su vergüenza se esfumaba. Siempre había sido así, su hermano y su "dolorosidad" le hacían reír y olvidar cualquier sentimiento que lo aquejase.
- Pero soy tu idiota... -Dijo y se acurrucó en el pecho de Osomatsu, quien, correspondiendo el gesto, lo abrazó como si fuese un niño pequeño.
- Y yo soy el tuyo... -Respondió en un murmullo y devolvió uno de los besos de Karamatsu, rozando la frente de este venciendo cualquier sentimiento de pena.
-.-
- ¡No me quiero ir! ¡Nooooooooooooo! -Gritaba Osomatsu, quien lucía una curiosa figura dayonesca y hacía un berrinche en el suelo.
A su lado, Karamatsu también se quejaba. Ajenos a ellos, Todomatsu montaba en cólera y hacía un escandalo en lo que era la boda de su hermano mayor.
Aquel griterío terminó en un Choromatsu pateado, y al final, todos fueran echados de ese mundo de ensueño para regresar a la realidad de la cual provenían. Los habitantes de ese mundo lloraban porque les habían tomado afecto, y a pesar de los lloriqueos de los tres mayores, terminaron saliendo por el recto del Dayon real. Fue tan rápido que no hubo un momento para discutir lo maravilloso que sería quedarse.
Como si fuera magia, el aspecto de los mayores que ya se habían transformado en el de Dayon, regresó a la normalidad apenas regresaron al mundo "real".
Todomatsu encabezaba la fila de camino a casa, dando pisotones y echando humo como si siguiera enfadado con todos. Los llamaba traidores por estar en ese lugar disfrutando como unos holgazanes con todas las comodidades, pero Osomatsu le miraba fijamente como si pudiera ver a través de él, haciendo que apresurara el paso mientras carraspeaba.
Mientras tanto, Choromatsu lucía devastado... como si pensara a profundidad en sus sentimientos y en la boda que no se realizó.
Jyushimatsu e Ichimatsu se encontraban hasta atrás y miraban la escena sin decir nada. Intercambiaban miradas tratando de animarse mutuamente y no morir por la presión del silencio.
Karamatsu suspiraba junto a Osomatsu, mirando hacia el suelo, pensando en lo vivido y en su regreso a las antiguas preocupaciones.
- Fue un sueño muy agradable mientras duró... -Murmuró Osomatsu para que sólo Karamatsu pudiese oírle.
Karamatsu se mordió un labio. Lo que hubiese dado por continuar soñando.
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Mil años han pasado, y siento que fue difícil terminar este capítulo. Es el capítulo que más me ha costado escribir... y no porque me sea difícil el lemon, o porque no esté acostumbrada al OsoKara. Me encanta como no tienen idea ver a estos dos juntos sin importar la forma así que no va por ahí la cosa.
La nopor la tenía escrita desde hace ya meses, pero me dio un bajón emocional muy grande en el que perdí la confianza en mi escritura, en si mi fic era bueno o sólo una porquería (sí, mis chavos, nuestros cerebros disfrutan de sabotearnos en ocasiones).
Llegué recargada pues en dos días terminé el resto del capítulo y ya no quise darle una revisadita por miedo a decepcionarme una vez más de lo que he escrito. Así que sí, seguramente encontrarán errores, pero espero que nada que pudiese ser un error de continuidad o se contradiga. Si es así, por favor, díganme para arreglarlo.
Bueno, espero poder comenzar a escribir lo que sigue, que en realidad a partir de aquí entra un capítulo extra. De qué es el extra es un secreto pero supongo varios ya lo vienen venir, pues se supone el coso este tiene el tag de tres parejas y hay una de la que casi no he escrito… Ups.
Espero que aún haya gente a la que le importe esta historia. De cualquier forma, incluso sin gente siguiéndola, mi intención es terminarla prontito. Besitos a los choukeimatsu lovers~
