"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Pareja: Jim Gordon/Bruce Wayne.
Rating: Adult, para estar en lo seguro.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Sin spoilers. Sigue inmediatamente donde se quedó el capítulo anterior.
Nota Especial: Recién me entero que Bruce tiene catorce, no trece. Así que… Sorry, Not Sorry. xD Usagi ya era una Sailor Scout a esa edad, queriendo acción con un Mamo-Bruto de 100 años. Sí, esa es mi excusa.
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11.
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Creo que te he inhalado
Puedo sentirte detrás de mis ojos
Te has metido en mi sangre
Puedo sentirte fluyendo dentro de mí.
-Stateless, "Bloodstream."
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En el pasado, Jim había sobrevivido ciclos anteriores siendo soltero perfectamente bien, y esta ocasión, no tenía que ser diferente.
"Sólo serán un par de días, lo prometo."
Essan fue comprensión total del otro lado del teléfono. "Tómate el tiempo que necesites, Jim. No te preocupes. Para eso son las incapacidades especiales. Tienes derecho a diez días—"
"No tardaré tanto." Jim conocía su cuerpo. Sabía que con tan poco tiempo faltante para llegar a la cumbre de su fiebre, no necesitaría alargar su tortura a otros ocho días. Jim no era ningún jovenzuelo, después de todo. A su edad, su cuerpo no tendría la misma estamina de sus días universitarios.
Bullock escogió ese momento para llegar a la habitación del Motel. Presumió su bolsa de la farmacia con una sonrisa picarona.
"No olvides mandar a Bullock de regreso, Gordon."
"Claro que no lo olvidaré, Cap." James enfatizó con dientes apretados. Cortó la llamaba. No se movió de la cama. No lo consideró seguro. "Por favor no me digas que compraste ese dildo en forma de—"
"Oh, por favor. No lo desperdiciaría en tus gustos tan vainilla, hombre. Nah, en lugar de eso, te traje… Mmm, veamos… ¡Oh, sí! No hay diversión sin lubricante—"
"¿Sabor cereza?" Jim atrapó la botella con una mueca.
"Baby wipes con aloe vera, claro, hay que cuidar tu dulce piel—"
"Ya puedes marcharte, ¿sabes? Yo puedo desempacar el resto—"
"¡De cuerdo, de acuerdo, dejaré de bromear! Dios. Para ser unas vacaciones de puro placer, vaya que luces como si estuviera en la perrera."
"¿Compraste agua, por el amor de Dios? ¿Comida? Ya sabes, ¿lo básico para la supervivencia?"
Harvey roló sus ojos. Arrojó la bolsa de papel a la cama, dejando que Jim descubriera el resto de los contenidos. "Tu refrigerador está lleno, hombre. Beneficios del paquete especial que tu Seguro Social cubre en tu situación." En efecto, al abrir el mini-refrigerador, Harvey chifló. "Okay, me asiento algo envidioso en este momento. Lo admito."
James no tenía apetito para nada más que pan tostado y agua. El refrigerador podría tener caviar, y aun así, Gordon no estaría interesado. Su estómago no lo soportaría.
"¿Llamaste a Lee?"
"Sip. Dijo que pasaría a checarte más tarde."
Gordon refunfuñó. "Entonces, llámala de nuevo para decirle que no es necesario. Sólo quiero más pastillas."
Bullock suspiró. Se auto invitó una cerveza. "Jimmy, vamos. Aquí está la vida, aventándote un hueso."
Jim no quería discutir sobre el asunto. Tapó su rostro con su antebrazo. Escuchó a Harvey emitir sonidos de frustración.
"Bien, bien. Sólo decía. Hablaré con ella. Pero no prometo nada, la chica es muy persistente."
Jim le enseñó un pulgar-arriba como signo de gracias y adiós. Momentos después, se escuchó la puerta de la habitación, cerrarse. Jim se levantó de la cama para colocar el seguro y la cadena. Checó su celular. Tenía cinco llamadas perdidas. James reconoció el número de la Mansión Wayne.
James apagó el teléfono.
Comenzó a desnudarse, paulatinamente.
Bárbara había ayudado durante un par de sus ciclos. James cerró sus ojos. Buscó los recuerdos.
Bárbara siempre había estado lista para él. Siempre había estado empapada para sus dedos. Siempre había sido bastante aventurera. James la había admirado por ello, hasta que había sucedido lo de Falcone. Dios, cuanto había Jim extrañado el fuego de Bárbara…
Bárbara era, y siempre sería, una criatura intrínsecamente sensual. Felina en algunos aspectos. Inolvidablemente, flexible. Imaginativa.
Postrado sobre la cama en rodillas, James jadeó al ritmo de sus caderas, masajeando su miembro erecto. Sus dedos no necesitaron del lubricante para facilitar la sensibilidad, puesto que la pre-eyaculación superaba los niveles normales. Todo su ser era un alambre de violín en busca de partirse en dos, harto de la maldita y endemoniada espera—
—Jim evocó el sabor de Bárbara, el jugo que su núcleo había escurrido en su lengua en sinnúmero de ocasiones. Recordó el último celo que habían compartido juntos, la cabeza de Jim entre las piernas de Bárbara en pleno comedor, la mesa rechinando con los fuertes espasmos corporales de la Omega. Jim le había hecho el amor con su boca toda la primera noche del Celo. Había venerado el sabor, había amado los aruños de Bárbara sobre sus hombros. Había adorado hacerla gemir…
Dada la oportunidad, Jim amaría hacer gemir a Bruce. Lo castigaría por toda esta frustración y sensación de desamparo que tenía que vivir por su maldita culpa. Lo tumbaría en la próxima superficie plana, abriría sus mejillas, y lo comería por completo hasta que Bruce estuviera pidiendo por expiación.
"Sí." Jim sollozó, mitad en la realidad, y mitad en la tierra de las fantasías. "…Sí." Débil en su deseo verdadero. Fuerte, en el poder que lo invadió durante ese último punto de quiebre. "Bruce."
Bruce.
Su nudo se inflamó. Semilla expulsó fuera de su miembro.
Bruce amaba estar en control, pero amaría más perderlo, a manos de Jim Gordon.
James se tiró boca abajo en el colchón. Masticó las sabanas, ante la oleada orgásmica que incendió sus nervios. Gimoteó. Golpeó el colchón con un puño.
Bruce era fuerte de la manera que Bárbara nunca había sido. Aunque a Jim le gustara proteger, siempre encontraría más atractivo la autosuficiencia de una persona. Por si fuera poco, Bruce era valiente y tan sólo se trataba de un adolescente; Bárbara era una cobarde. Una cobarde que había huido ante el primer problema. Lo había traicionado con Ramírez, sin pensarlo dos veces…
Bruce iba tras lo que él quería, honesto. Había sido claro en sus intenciones.
Había ido tras Jim, y no había descansado hasta tenerlo.
-¿Y para qué? El Alfa reprochó repentinamente, atacando donde más dolía. -¿De qué servició corretearte tanto, si ahora no está aquí? Nos traicionó también.
Mierda.
Todo con Bruce estaba probando ser difícil, duro, conflictivo, y hasta doloroso.
Jim gimió. Golpeó de nuevo el colchón.
Su nudo permaneció inflamado. La fiebre no se debilitó, aun después de su orgasmo.
En ese momento, en ese preludio donde Jim yació solo en la cama de motel, la mitad de su ser incoherente en los gruñidos de Alfa retumbando por dentro, se sintió completamente solo.
Y aunque Bruce y Bárbara fueran dos personas totalmente diferentes, simbolizando dos esquemas de sentimientos notablemente distintos, Gordon los aborreció a ambos.
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"Algo tarde para visitas, detective Bullock, ¿no cree?"
"Abre cancha, Señor Mayordomo Ninja." Harvey aprovechó la somnolencia del Alfa para forzar su entrada por el umbral. Desde el vestíbulo, reconoció restos de la esencia de Jim en la mansión. Harvey siguió la peste similar a Hansel y Gretel, recogiendo migajas hasta el precio mayor. "¿Está despierto el Príncipe del castillo?"
"Estás loco que te permitiré molestar al amo Bruce a estas horas de la noche."
"¡Por todos los cielos, apenas son las diez de la noche! Pensé que ustedes los ricos y privilegiados tenían un estilo de vida más sazonado."
Alfred lo persiguió hasta las escaleras que llevaban al segundo piso, jalándolo de un hombro en cuanto tuvo oportunidad. "Baja la voz, ¿quieres? Este no uno de tus cabarets a los que estás acostumbrado—"
Harvey no pudo más. Se giró hacia Alfred con voz dura, y un lenguaje corporal usado normalmente para sospechosos difíciles de romper. "Tú sabes perfectamente por qué estoy aquí, Pennyworth."
Alfred se calló por un momento de gloria, afectado. Harvey lo observó retorcerse con bien olida culpa por unos momentos. Luego, el otro Alfa intentó reincorporarse, defensas levantándose con la longitud de la muralla china. "He intentado comunicarme con el detective Gordon en múltiples ocasiones para saber cómo se encuentra. No he tenido mucho éxito."
Harvey rio sarcástico. "Oh, sí. Jim está genial."
Alfred lo sorprendió con más culpa en su expresión facial. El hombre parecía tener corazón, después de todo. "He… intentado de hablar con él. Lo juro. Pero, el amo Bruce—"
"Necesita sacar su cabeza de su trasero." Harvey dijo, solemne. "Ahora mismo."
El mayordomo suspiró. "No entiendes—"
"Tienes razón. No entiendo. No entiendo cómo el chiquillo de Wayne logró tener a Jim comiendo de su mano, considerando la falta de beneficios. ¿Qué sé yo? A lo mejor lo tiene embrujado. Pero hay reglas. Hay responsabilidades. Y desde mi punto de vista, Wayne no está cumpliendo con su parte."
Alfred sacudió su cabeza. "¿Qué esperas que haga el muchacho bajo estas circunstancias? ¡Es una locura! ¡Gordon tiene que hacerse cargo de su condición por su cuenta!"
"Oye. Tampoco soy un pervertido, Pennyworth. Pero, eso no exonera al chico de no estar allí. Ya sabes, ¡con maldito apoyo moral!"
"Apoyo moral es lo último en la cabeza de Gordon ahora mismo. Si Amo Bruce toma una paso en el departamento del hombre, será devorado vivo—"
"Jim no es un animal. Y ha aguantado todo este patético tiempo sin acción, eso demuestra que Jim es alguien verdaderamente decente. Además, está bajo medicamento. El hombre sólo necesita—"
"¡Bruce no puede darle lo que necesita!"
La explosión de la frase hizo eco en el oscuro pasillo. Alfred estaba resoplando posteriormente a su descarga de emociones, dándole la espalda a las escaleras. Harvey simpatizó con las canas verdes que el tutor debería de estar cosechando, justo en estos minutos, gracias a la sabiduría de Thomas y Martha Wayne de heredarle a su pequeño demonio, sin embargo…
Sin embargo.
Harvey levantó su vista. Se había percatado de la nueva adición al alegato desde que había avanzado a la parte baja de las escaleras. Había sido cómplice a la secreta presencia, con tal de que el mocoso escuchara lo que Harvey tuviera que decir.
"Mira." Alfred parpadeó cuando Harvey se dirigió a las alturas. "Me enteré sobre ese desastre con Selina Kyle. Estás haciendo rabieta porque la vida no es justa, y muy posiblemente Gotham nunca te vaya a dar justicia. Eso es bueno, vete acostumbrando. Pero, ¿adivina qué? El caso de tus padres es una cosa. ¿Jim? Tu rela—Bueno, lo que tengas con Jim, es otra. No puedes mezclarlas. No puedes."
Alfred pareció resignado al divisar la figura descendiente de Wayne. Toda la batalla se escurrió de su persona. Le cedió las riendas a Harvey con una encogida de hombros.
Bruce Wayne no vestía pijamas caras. No lucía impecable con sus baños de burbujas y ropa elegante de niño presumido. Con toda la gloria de un adolescente empedernido en su propio sufrimiento y pasión por llevar la contraria, Wayne se presentó en el primer piso con ojeras profundas, cabello desalineado, y una nube de feromonas de Alfa marcándolo de pies a cabeza.
"Detective Bullock." El Beta saludó en fría cordialidad. Su ropa deportiva apestaba a sudor. Y a enojo. "Le aseguro, no estaba enterado del estado en el que el Detective Gordon se encontraba."
Harvey esperó. Alfred indicó hacer lo mismo. Wayne miró a ambos con ceño fruncido. Prosiguió.
"Concuerdo con Alfred. No estoy seguro de qué uso pueda ser."
Harvey bufó por su boca, rodando sus ojos. Antes de que el pecho de Alfred se inflara como paloma al tener su opinión reforzada, Bullock se abalanzó a Wayne. Lo tomó de los hombros. "Jesús, María y José, ¿hablas en serio?" No lo sacudió, pero fue un impulso difícil de resistir. "Wayne. Decide ahora lo qué quieres, porque si en verdad te estás arrepintiendo… Dilo ya, para acabar con la miseria del hombre. Dios sabe que hay otros peces en el mar que Jim puede pescar ahora mismo, en lugar de estar esperándote."
Para su sorpresa, Bruce empujó a Bullock con fuerza. ¡Tan flaquillo que aparentaba ser! "No estoy… Es sólo que…" El chico talló su rostro. Tomó un respiro para centrarse. Harvey levantó sus manos para indicar paz entre los dos. Alfred murmuró algo sobre hacer café, y los dejó solos.
Wayne se perdió en su cabecita por un momento. Bullock aprovechó para echarle un verdadero crítico al muchacho. Objetivamente, el chico no era feo. En unos cuantos años, se parecería a su padre. Era todo lo contrario a Bárbara. Ni un centímetro de piel bronceada, ni escote de supermodelo, ni mucho menos un par de largas piernas. En su opinión, Wayne en realdad necesitaba algo de Vitamina D.
El teléfono de Bullock vibró. Lo sacó de su bolsillo.
Lee Thompkins.
Perfecto. La mujer debería estar en camino en ver a Jim. A como iban las cosas aquí, Harvey había hecho correcto al poner en marcha el Plan B. James se lo agradecería a la larga. Dejó que la llamaba se fuera a buzón.
Regresó a su atención al Beta, su boca abierta para darle conclusión a esta triste novela de Jane Austen—
"¿Podría darme un aventón?"
Harvey contestó en automático. "Ah. Claro." Luego, la información se filtró correctamente a su cerebro. "Espera. ¿Qué?"
Wayne ya estaba regresando al vestíbulo, tomando su abrigo del colgador. "No obligaré a Alfred a revestirse, necesita descansar. Así como no me obligaré a un viaje de auto con sus miradas desaprobadoras. Así que… ¿podría llevarme al departamento de James, detective Bullock?"
Bullock miró la dirección en la que se había ido Pennyworth. Hizo toda la trayectoria de regreso hacia donde Wayne aguardaba.
Bueno, esto, Bullock no lo había visto venir.
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Jim estaba saliendo de una ducha cuando escuchó un toquido en la puerta.
Lee.
Jim gruñó. Ese mentiroso de Bullock. Honestamente, no quería abrir la puerta, pero necesitaba de más pastillas.
"¿Jim?"
Demonios.
Se enrolló en una toalla del motel de la cintura para abajo. Descalzo, se acercó a la puerta con cautela. "Estoy bien, Lee. No tenías que venir hasta acá."
"Estaba preocupada, cabeza dura. ¿Podrías abrir? Tengo las manos llenas."
Jim titubeó. Presionó su frente en la puerta, respirando hondo. Leslie estaba ansiosa. "No es buena idea."
"Mira, no sé qué estás pensando, pero te recomiendo sacar tu mente de las alcantarillas. Traigo conmigo algo que te puede ayudar, Jim. ¡Abre la maldita puerta, porque está bastante pesado!"
-Sí, ma'am. Ante mujeres mandonas, James tenía cierta predisposición a obedecerlas. Su madre lo había entrenado bien. Retiró la cadena y el seguro de la puerta. Abrió con pesadez.
En sus brazos, una impaciente Lee cargaba un tanque de oxígeno y un bolso de papel de supermercado. Jim ofreció su ayuda, pero Leslie se introdujo a la habitación por impulso propio. En la mesa del mini-comedor, la mujer descargó sus artefactos milagrosos.
Incómodo al instante, Jim se abrazó a sí mismo. Permaneció cerca de la puerta. "Puedo respirar todavía, Lee."
La doctora rodó sus ojos. "¿Puedes respirar feromonas sintéticas que calmarán tus síntomas a un 30%?" Al ver la seguramente estupefacta cara de James, la mujer sonrió. "Eso pensé. " De la bolsa, Thompkins extrajo los conductos transparentes para conectarlos al tanque, y la posterior máscara que fue descubierta. "Vamos, entre más rápido empecemos, más rápido te sentirás mejor."
James endureció su lenguaje corporal. "Enséñame a utilizarlo. Después te puedes ir."
Lee suspiró. "Jim—"
"Hablo en serio." El Alfa escupió con la boca de Gordon. "Agradezco tu ayuda. Pero, tienes que irte."
Leslie conectó el tanque. Lo pareció calibrar por unos momentos. Luego le dio instrucciones a Jim en acento monótono. James se acercó en beneficio del aprendizaje, asintiendo cuando fue conveniente, aunque su atención no estaba al cien. Hubo un momento (inevitable) donde Leslie estuvo cerca de Jim, donde centímetros condensaron la distancia que los separaba. James la olfateó, y el Alfa ronroneó la esencia de Beta con nostalgia.
No fue inesperado cuando Jim sintió la mano de Lee sobre la suya, ciñendo sus dedos con los suyos.
"No puedo darte más pastillas, Jim. Es peligroso después de la gran cantidad que ya has ingerido en las últimas 24hrs. El tanque ayudará, sin embargo. Te traje sueros. Vitaminas." La mano lo soltó. Jim la sintió alejarse. "Buena suerte."
Aquel suave susurro logró expresar más de lo que Jim quiso detectar.
Después de escuchar la puerta cerrarse, Jim ignoró el tanque. Se dirigió directo a la cama, aventándose boca abajo. Cerró sus ojos, sintiéndose tan cansando, que cuando su cuerpo se lo pidió, se dejó caer en el abismo oscuro detrás de sus párpados. La fiebre lo despertaría, cuando su cuerpo lo demandara.
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La fiebre, efectivamente, fue lo que lo despertó tiempo después.
La fiebre y dedos tangibles, acariciando los pocos cabellos largos de Jim. El Alfa volvió dormir un rato más.
Cuando James abrió sus ojos, primero creyó estar alucinando. Luego, inhaló.
No era una alucinación. Su nariz nunca podría ser engañada.
Bruce se encontraba dormido en posición paralela a la suya. Estaba cubierto con su abrigo de cashmire, uno de sus brazos todavía extendido para seguir el contacto con el antebrazo de Jim. Al auto examinarse, James se dio cuenta de que había sido cubierto en igual manera con las sabanas del motel.
Atolondrado, Jim se semi-levantó para explorar sus alrededores.
En el comedor, Bullock roncaba, rostro tapado con su sombrero. Sus piernas se encontraban extendidas en otra de las sillas. Jim no localizó la presencia de nadie más.
Cuando regresó mirada a la cama, Bruce lo esperaba, ojos azabaches entre-abiertos.
"Oye." Gordon susurró. "Vuelve a dormir. Es tarde." No preguntó los por qués, ni los cómos.
Bruce jaló del abrigo para intentar cubrirse mejor. "Hace frío."
Era verdad. El termostato del motel no parecía funcionar tan bien como lo cobrado. "Ven aquí." Jim no se preocupó por las reacciones de su cuerpo en ese momento. Quiso abrazar a Bruce y lo hizo. Lo acomodó de forma que el chico se pudiera acurrucar en su pecho, interponiendo una almohada entre sus regazos como protección.
Donde las palmas de Bruce acariciaron lánguidamente, Jim sintió frescura en su piel desnuda. Escalofríos. Aun acostado, sus rodillas temblaron junto con su respiración.
Jim cerró sus puños. -No toques.
Sobrepasando las almohadas entre sus cuerpos, la pierna de Bruce se atrevió a cruzar fronteras, enganchándose con las de Jim. Las sabanas que cubrían a Gordon fueron una pequeña merced.
"¿Qué haces?" Jim murmuró. Endureció sus brazos, creando una jaula para el Beta.
Bruce levantó su rostro. Sus pupilas estaban dilatadas. Sus feromonas, despiertas. Respondiendo. "¿Te está ayudando a sentirte mejor?"
Oh, vaya que sí. Jim asintió.
Una esquina de los delgados labios de Bruce se elevaron en una sonrisa sutil. El Beta volvió a agachar su cabeza, continuando con su reposo. "Entonces, deja de quejarte."
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Todavía no amanecía cuando Bruce despertó.
Por los sonidos de la regadera, James se encontraba en la ducha.
Solo en la cama, Bruce rodó para mudarse al hueco dejado por el Alfa. Aspiró la ubicación. Restregó su rostro en la almohada desertada.
Del baño salió vapor, al momento de partirse la puerta. De reojo, Bruce observó el vapor llegar al techo de la habitación.
"Mandé a Bullock por café y donas."
"Un desayuno legítimamente balanceado." Bruce giró su rostro al lado opuesto. James caminaba hacia la cocina, envuelto en otra toalla esponjosa, muy similar a la que había estado vistiendo en la llegada de Bruce y Bullock. Estaba húmedo. Rojizo de su piel.
"Bueno, fue más una excusa para darle un descanso."
Bruce no podía apartar su vista de James. Lo siguió. Lo rastró con aguda dedicación. Y cuando el hombre se perdió momentáneamente, Bruce se levantó con agilidad de resorte metálico. "¿Qué haces hasta allá?"
Gordon tardó en responder. Se escucharon sonidos de gabinetes abriéndose y cerrándose. "Estoy deshaciéndome de algunas cosas que ya no necesitaré."
"¿Cómo las revistas pornográficas que Bullock compró para ti?"
"Santo cielo."
Riendo, Bruce se reacomodó en la cama. "Dijo que había sido una broma."
James reapareció. El tono rojizo predominaba en su rostro. "No viste nada, ¿entendido?"
Cuando el hombre no indicó intenciones de regresar a su lado, Bruce frunció su ceño. "¿Estarás lejos de mi hasta que el detective regrese?"
Una pausa. Una larga pausa.
Bruce suspiró. Se sentó. James se apoyaba con el respalda de una de las sillas del comedor, sólo observándolo. "Cuando Bullock regrese, te conducirá de regreso al Mansión."
"Que lastima. Apenas llegué—"
"Y te lo agradezco. Estaré bien—"
"¿Me lo agradeces?" Bruce parodió, siendo sarcástico y cruel a propósito. "Lo dices como si te hubiera hecho un favor."
"¿No lo fue? Corrígeme si me equivoco. Hace tres días no querías saber nada de mí."
Incendiado, Bruce se alzó de la cama. "Te pedí tiempo para pensar. Nada más."
"Dudo que tres días hayan sido suficientes. Si Bullock no hubiera ido a arrastrarte fuera de la Mansión—"
"¿Arrastrarme?" Bruce cerró sus puños. "Vine por mi propia voluntad. Vine, porque el detective Bullock fue honesto conmigo de la manera que tú eres incapaz."
"¿Disculpa?" El rostro de James se oscureció. El azul de sus ojos se volvió negro. "¿Es mi culpa?"
"En gran parte." Bruce empujó. Empujó y presionó, de repente harto de estar caminando en un campo minado con Jim Gordon. "Si me hubieras dicho desde el inicio lo que estaba sucediendo, nos hubiéramos ahorrado bastante sufrimiento. Pero, no, tenías que ser testarudo—"
"—¿tú me estás regañando a mí por ser testarudo?"
"…porque en esa cabeza tuya tienes esta ridícula idea de que tienes que protegerme de todo lo que realmente importa!"
En un parpadeo, el Alfa estaba justo frente a Bruce, haciéndolo tragar saliva. "¡Tengo que protegerte, Bruce!"
"¡No cuando nos hace daño!" Bruce levantó su mentón, desafiante en igual medida. Nunca le había temido a James Gordon. No iba a empezar ahora. "Tengo responsabilidades, pero no me dejas tomarlas. Prefieres esconderte. Huir, para bloquearme de tu vida. Luego, tengo que enterarme por extraños de lo que estás necesitando de mí. ¡Lo odio! ¡Odio que eso haya sucedido! Odio que no me dejes…" Bruce se percató de estar jadeando. A estas alturas de su discurso, James lo miraba con mudo asombro, ojos agrandados. "…odio que no me dejes amarte."
Silencio. Bruce resopló. Bajó su mirada a la alfombra. Cuando se sintió recuperado por la revelación accidental, enfrentó a James de nuevo.
Con gran parte del enojo evaporizado, el Alfa aparentaba torpeza para lidiar con los recién dicho. Sus ojos habían vuelto a ser azules.
"Bruce…"
"Especialmente." Bruce relamió sus labios. "Especialmente, cuando…"
"Bruce."
"Sé que tú… Estoy seguro que sientes lo mismo. Y no es fácil para mi acoplarme a lo que sientes, lo sabes—¡Pero, demonios, he hecho un gran esfuerzo! Es difícil dejar que se acerquen a mí, pero por ti, me he esforzado en abrirme."
"Lo sé." Bruce estaba temblando. Lo notó cuando fue atraído al pecho de James.
"No soy un niño."
"Respira, vamos. Entiendo lo que estás diciendo."
Ahora que lo tenía tan cerca, Bruce se ancló al Alfa con decisión. Se colgó del cuello ajeno, quedando peligrosamente de puntas. Se concentró en respirar. "…Me disculpo si te he lastimado."
"Dios, Bruce. Yo también."
"Yo… también te deseo, James."
Bruce percibió la enorme bocanada de aire que el Alfa tomó.
"Tengo sueños. Yo también te necesito en formas similares a las que tú sientes. No estoy hecho de piedra."
"Demonios." James gruñó. "Hay leyes por una razón, Bruce. No puedo romperlas solo porque tú eres más maduro que la mayoría de los demás chicos."
"Sé que hay leyes, las he estado estudiando. Son tan antiguas que desde hace cuarenta años han necesitado de una urgente actualización. Tienen enormes agujeros porque sus cláusulas no son específicas, especialmente cuando se trata de parejas Alfa/Beta. Somos prácticamente invisibles."
"Eso no significa que podemos hacer lo que nos dé la gana."
Bruce enalteció su cabeza del hombro que lo alojaba. Buscó por la boca de James. "Podemos hacer nuestras propias reglas." Sus narices se encontraron. James intentó evitarlo. Bruce no le dejó escapatoria. Sus bocas se presionaron, porque era ineludible. Sin escapatoria entre sus cuerpos, Bruce sintió el miembro sensible del Alfa presionar contra su estómago. A partir de esa realización, parte de la cabeza de Bruce se entumeció. No supo qué hacer más que besar a James, hasta que sus pulmones se cansaran.
Todo su cuerpo se estremeció al ser levantado por James en extraordinaria muestra de posesión. Bruce no tuvo alternativa más que rodear la cintura del Alfa con sus piernas. Quedó expuesto a su propia respuesta fisiológica, a su propio miembro en busca de contacto.
James lo postró en la cama. Apartó sus bocas. Ambos se contemplaron.
"Hay tantas cosas que deseo hacerte."
"¿Cuándo empezarás a hacerlas?"
Jim bufó por su nariz. "Eres incorregible." Lo besó en la frente. "Escucha, cariño. Cuando Bullock regrese, te irás con él. Sin discutir. Sin alegar. Porque es lo correcto."
Bruce suspiró.
"Después, me encargaré del resto de mi ciclo solo."
"Tengo que visitarte. Me preocuparé, de lo contrario."
"De acuerdo, una vez al día, hasta que me alivie. Luego…"
"¿Luego?"
Se besaron un poco más. Si un pie de Bruce logró ayudar en el desliz de la toalla que los separaba, Jim no tomó represalias.
Al desgajar el beso, Jim sostuvo su mentón. Su pulgar delineó el labio inferior de Bruce. "Luego…"
Luego…
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Fin de Parte 11.
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NdA: Why yes. I'm evil.
