"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.


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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; insinuaciones de Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Y quizás más en el futuro.

Rating: Teen.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Continuidad: Situado antes y durante el episodio 1x16 "The Blind Teller." Cabe recalcar que he hecho cambios en el ritmo de los acontecimientos, por ejemplo, Bárbara conoce a Selina y a Ivy desde antes del episodio 1x16, y como voy a hacer mi propia versión de los hechos de los últimos episodios de la 1ra. Temporada (sip, muuuuuucho trabajo me espera, porque transcribir es aburrido pero la trama del Ogro TIENE que ser modificada con más Bruce/Jim), también he tomado libertad con los destinos de algunos de los personajes.


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13.

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Te arrojé un hechizo,

porque eres mío.

-Nina Simone, "I put a spell on you."

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There's a lull in my life estaba tocando de fondo. Bruce estaba riendo con tanta fuerza que parte del espagueti salía por su nariz, gracias a la última anécdota que Alfred había compartido con ellos. El vino tenía a Jim relajado, y la buena compañía, en un estado de perpetuo contento.

Aun con chaperón, Jim no podía decir que la cita improvisada estuviera yendo mal.

"Oi. Por ahí me dijeron que tiene talentos secretos aparte de ser un gran detective—"

"Oh, no, no, no." Jim sacudió su cabeza enfáticamente. "Nunca tomes a Bullock en serio, Alfred."

"Ah, vamos, sólo un canción. Una serenata, si quieres interpretarla de manera más adecuada a la ocasión."

"Bruce ya está sufriendo de un tobillo, no necesita que sus tímpanos sean reventados también."

Bruce se mostró interesado por la noción. "Pero, tenías una banda y todo."

"¡No significa que haya sido buena!" Gordon iba a matar a Harvey. Estaba por recitar más razones para advertir porque era mala idea oír a Jim cantar, cuando I Put a Spell on You fue el siguiente track que recorrió la sala.

"Oooh." Alfred cerró sus ojos, como si hubiera sufrido de un golpe al pecho. "Esa sí trae buenos recuerdos."

Bruce alzó sus cejas. Sus mejillas estaban enrojecidas por el calor de la chimenea y de tanto reírse. Desde su asiento en la silla de cuero, Jim elevó una mano, alcanzando un hombro para acariciar. Bruce se onduló en automático en su dirección, capturando los dedos de Jim entre su cuello y oreja.

Alfred se perdió en sus propios recuerdos, dejando caer su cabeza en el respaldo del otro sofá. Su copa de vino giraba lentamente en su mano, casi vacía.

No había mucho que decir sobre el mensaje que conllevaba la voz de Nina Simone. Jim mordió su labio en picardía, disfrutando la ocurrencia que le llegó a la cabeza. "¿Cómo está tu tobillo?"

Bruce estiró su rostro sobre el respaldo para verlo mejor. "La hinchazón ha bajado considerablemente."

Mentiroso. Pero Gordon lo dejó pasar. Se deslizó de la silla con sigilo. Se arrodilló frente al muchacho. "Vamos."

El rostro se llenó de incógnita mientras Jim lo ayudó a ponerse de pie sobre sus pies con calcetines. Jim había pateado sus propios botines hacía un buen rato, así que la alfombra no emitió sonidos cuando ambos caminaron cerca de la chimenea. No fue hasta que Jim puso sus manos en la cintura del joven, que el Beta cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo.

Jim nunca había aclamado ser gran bailarín.

No tuvo mucha importancia. La intención era estar cerca, sentir la intimidad de dos cuerpos apoyándose uno al otro.

"Sujétate de mí, para no colocar todo el peso en tu tobillo." Comenzó a mecer su cuerpo, sin necesidad de mover sus pies. Bruce estuvo tieso en el inicio. Sus manos echas puños se sintieron como garras sobre los pectorales de Jim.

Jim tomó un puño con su propia mano. Esperó con paciencia hasta que los dedos de Bruce se relajaran, entrelazando sus manos sobre su pecho. Con su mano libre, Jim empujó la espalda del chico, llenando los centímetros vacíos entre los dos.

De manera paulatina, Bruce se adoptó al sencillo baile, sus ondulaciones llevando el mismo ritmo que Gordon.

Jim dejó caer su frente en el hombro del Beta.

Aspiró.

Sal. Mar. Ozono.

Jim cerró sus ojos.

Bruce acomodó su cabeza en posición paralela. Jim podía sentir sus latidos acelerados.

93.3% de compatibilidad desglosada a este momento.

Resumida en el equilibrio de sus caderas, en sus respiraciones hondas… En la densa composición invisible de sus feromonas; en el aroma de salsa de tomate viniendo de Bruce; en la risilla no-muy-sobria de Jim cuando su pie se enredó con el de Bruce; en la testarudez de Bruce cuando el chico quiso seguir bailando hasta la siguiente canción, a pesar del dolor que estaba enmascarando.

Su química se dividió en múltiples pequeños detalles y gestos, y Jim se preguntó si su sangre terminaría tintándose dorada en totalidad… si Bruce se esparciría por su sistema con la fuerza de una infección, reclamando a Jim a nivel absoluto.


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Jim llegó al precinto con la sensación de estar desnudo.

Las miradas de los agentes se clavaron en su cuerpo como dagas. James alzó sus hombros. Caminó con propósito hasta su escritorio.

"Si no te gusta la atención, ¿para qué te esfuerzas tanto por resaltar, Jimbo?"

Jim lo tomó a broma. Sonrió a labio abierto.

Fue cuando tomó asiento, que prestó mayor atención a la cara de su compañero.

"Quieres la atención. Morirías si fueras ordinario." Harvey no tenía su sombrero puesto. Se miraba extrañamente vulnerable. En su brazo derecho tenia colgada la funda de su pistola. "Admítelo."

Jim tragó saliva, no gustándole el tono oscuro de su compañero. No había camaradería en la mirada de Bullock.

Música de cantina se mezcló fácilmente con la banda sonora de teléfonos y estática de los radios. La silla de Gordon fue volteada y Cobblepot tenía su aliento acariciando su rostro en segundos.

"A nuestro Jim le gusta vivir al filo." Oswald agregó su propia opinión a la conversación, siempre metiéndose donde no le llamaban. Jim giró su rostro en dirección opuesta a la expresión demente del hombre. El Pingüino lo siguió, susurrando en su oído con intimidad que se sentía incorrecta. "Canario dorado, te gusta volar, ¿no es así? ¿Crees volar, cuando yo no? Muy mal, si vuelas demasiado alto, te pondrían disparar."

Gordon lo empujó con todas su fuerzas. Aborrecía la atracción que Cobblepot obviamente sentía por él, y aborrecía aún más, tener que necesitar de aquella atracción para manipular a Cobblepot por el bien común. Al levantarse de la silla, Jim se enfrentó a la cantina de Fish Mooney. Estaba repleto de gente. Sintiéndose asfixiado, Jim comenzó a abrirse camino a jalones. Divisó el escenario. Una mujer cantaba tonos melosos.

Bárbara.

Cuando jaló al siguiente hombro, el rostro de Leslie se reveló. La mujer sonrió con belleza. "Querías que te trepara en la camilla de la enfermería. Admítelo."

James se atragantó con su propia saliva. No podía negarlo. En este distorsionado estado de consciencia, Jim admitió fácilmente su anterior deseo de subir el vestido de Leslie, cuando se habían conocido. La hubiera tenido en todas las superficies. "Eres un hermoso trofeo, Lee." Fue lo que susurró, pensando en cómo hubiera su perfecta esposa. La perfecta madre de sus hijos. "Pero la verdadera razón que te deseo es porque me recuerdas a alguien más, sólo que en paquete más convencional."

Lee le arrojó una cachetada, cruel en su decepción. Tal y como Jim sabía que se comportaría en la vida real, si alguna vez escuchara su dura confesión.

Jim siguió acercándose al escenario.

Bárbara vestía de rojo, como una actriz de cine.

Jim tapó sus orejas. "No quiero oírte."

Bárbara siguió cantando sin sonido. Sus labios rojos se movían en capela muda.

Jim se dio la media vuelta. Hasta en sus sueños, no soportaba ver a Bárbara a la cara. Quería ahorcarla con sus propias manos.

Bruce Wayne le sonrió con tristeza, solo ahora, cuando antes había existido una multitud en la pista de baile. "Nunca me permitirás acercarme a ti, ¿verdad?"

Gordon caminó a él. Lo acogió en sus brazos, desafiando tal acusación con el lenguaje de su cuerpo.

"Te equivocas. Todo lo que quiero… todo el maldito tiempo… es estar contigo, Bruce."

Bruce estaba sonriendo cuando fue besado. Gordon lo levantó sobre una de la mesas, tirando el florero barato y el vidrio de las copas. Jim tomó una de las manos de Bruce para colocarla en el lado de su corazón. Luego, Jim la bajó a su regazo, a la evidencia cruda de lo que su corazón causaba, con el curso de su sangre caliente.

"Pero temo… temo que seas tú el que no soportará estar tan cerca de otra persona."

Bruce acarició su mejilla suavemente con su mano libre, beso terminado. "Déjala cantar. "

La voz de Bárbara se encendió enseguida.

"¿Me levantarás el vestido, James?" Bruce preguntó con intensidad, casi ordenándole, y haciendo eco a la confesión primitiva dirigida a Lee con anterioridad. Porque así era de perverso su subconsciente.

James sonrió, feral.

BANG BANG.

Jim no sintió los disparos. Miró la sangre correr por su camiseta de botones, pero no sintió dolor. Cuando levantó la cabeza del pecho de Bruce, se encontró con la pistola de Cobblepot.

"Favor por favor, Jim."

BANG.


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Jim despertó con un grito ahogado atorado en su garganta.

"¿Pesadilla?"

Bruce—el verdadero Bruce—estaba sentado en el otro extremo de la cama, su lámpara encendida y un libro en su regazo. Lucía consternado.

Jim sacudió su cabeza. "Sueño raro, más bien." Rayos, al recordar ciertas partes, se sintió avergonzado. Carraspeó su garganta. El sueño debía ser un rezago psicológico de su último celo, mezclado con el estrés de su trabajo, y aquel buen vino que Jim había disfrutado durante la cena. "Dime que no hablo dormido."

Bruce lo dejó sufrir en suspendo por un momento, diversión sutil en sus facciones. "No. No hablas dormido." El muchacho dejó su libro en la almohada. Se comenzó a acercar a Jim con cautela. "Pero, luces alterado. ¿De qué trató tu 'sueño raro'?"

Jim no consideró justo que Bruce inquiriera sobre algo tan personal, cuando el muchacho raramente devolvía el favor. Bruce era una caja fuerte cuando se trataba de sus propias pesadillas. Antes de que hicieran contacto, Jim se retiró de la cama. Sus músculos no se lo agradecieron. Recordó las últimas horas de la noche que lo habían traído a la habitación de Bruce.

Ah.

"Debería regresar a la sala."

Bruce difícilmente podía protestar o detenerlo, con su tobillo torcido. Cuando Jim lo había auxiliado a subir a su recámara, ambos habían pasado un rato conversando de los resultados de laboratorio, y en algún punto, Jim asumió que debió haberse quedado dormido todavía con su traje en la cama de Bruce.

"No tienes que regresar."

Jim acomodó sus pantalones para disimular las consecuencias del bizarro sueño. "Sí… tengo que."

Bruce suspiró. "De acuerdo. Tendré a Sun Tzu para hacerme compañía." El tomo de El Arte de la Guerra fue recuperado por las manos del joven. "Alfred me hará un examen mañana temprano."

Jim ya no se sentía sorprendido por las preferencias de lectura del Beta, ni de lo que Alfred consideraba apropiado en el procedimiento de criar a un adolescente iracundo. "Necesitas más historietas cómicas en tu vida." Después de tomar su saco de una de las sillas de la habitación, se sintió lo suficiente controlado para acercársele a Bruce. Levantó el rostro del menor para besar su frente en despedida. "¿Quieres que te traiga algo antes de bajar?"

Bruce negó con su cabeza, ya de vuelta inmerso en los contenidos del libro. "Lleva más almohadas contigo. El sofá no es gentil con los cuellos."

Jim resopló por su nariz. "Te veo en la mañana."

No soñó por el resto de la noche.

Bruce no había mentido. El sofá no era gentil en los cuellos, para nada.

"Buenos días, Jim." Alfred le sonrió desde la estufa, a la mañana siguiente. "Te ves algo chueco desde aquí."

Jim leyó el vil "Te lo dije" que brillaba de la mirada satisfecha de Wayne. Lo ignoró en favor de servirse algo de café. La escena doméstica en la cocina se sintió algo irreal, aunque a la vez, algo a lo que Jim se estaba habituando. "Buenos días." No le dio voz a sus quejas de dolor articular, con tal de no cederle la victoria a Bruce. "Huele bien."

Bruce le pasó el contenedor de leche, para servirla en su taza. "¿Ya no tuviste pesadillas?"

Gordon esperó a dar su primer trago y disfrutarlo. Luego, miró a Bruce por primera vez para guiñarle un ojo. "Te dije que no eran pesadillas."

"¿Qué es lo que lo diferencia a un sueño raro de una pesadilla?"

"Para empezar, que tú hayas aparecido en él."

"Por todo lo que es sagrado, ustedes dos, no empiecen. Es demasiado temprano." Alfred colocó dos platos de huevos fritos y salchicha asada frente a ambos, prosiguiendo con la amenaza mortal de la pala de cocina. "Coman. Y tome algo de jugo, amo Bruce. Le bajará la temperatura de su cara de bobo."

"No existe el respeto en este hogar." Bruce tuvo la audacia de murmurar. Jim mordió parte de su lengua en el intento de tragarse su risa.

Jim apenas estaba a la mitad de su platillo, cuando sintió su móvil comenzar a sonar. Suspiró. No tenía que revisar la pantalla para saber que era Bullock. "El deber llama."

Alfred asintió en empatía. Bruce tomó brevemente la mano de Jim, mientras el detective estaba en plena acción de abandonar el tenedor sobre la mesa. El gesto fue veloz, aunque pesado en significado. Jim no se despidió verbalmente, sólo con el roce de su pulgar sobre los nudillos del muchacho.

Después, salió de la Mansión para enfrentar un nuevo día.


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Lee era de las primeras en llegar en el turno de la mañana en el precinto. Por ser nueva en el puesto no quería otra cosa, más que dar una excelente impresión. Al ver que Essen todavía no arribaba a la estación, Lee decidió esperar por Jim para darle su café de gracias-por-conseguirme-trabajo.

Fue por ello, que fue la primera en notar a la visitante en el escritorio del detective.

Era una mujer de cabello rubio. Se encontraba sentada en el escritorio, y esparcía total impaciencia por el lugar. En cuanto más se acercó Lee, más se percató de la belleza de la visitante. Lucia como modelo profesional, y su vestimenta era para envidiar.

"¿Puedo… ayudarte?"

La mujer rodó sus ojos en su dirección. Fue entonces que Leslie notó las ojeras, el maquillaje desalineado y el ligero olor a perfume. La mujer lucia como si hubiera salido de fiesta toda la noche.

"Estoy esperando por Jim Gordon. Este sigue siendo su escritorio, ¿no?"

Leslie procedió con cautela. "No debe tardar. ¿Puedo hacer algo por ti mientras esperas? Aunque técnicamente, la sala de espera se encuentra—"

"Sé dónde está la maldita sala de espera." Otro entre-giro de ojos. "Pero yo no soy cualquier persona. Soy la prometida de Jim, puedo esperar por él, donde me dé la gana."

Leslie casi dejó caer el portavasos al piso. ¿Prometida? Leslie conocía los hechos suficiente como para estar segura de que aquello era una mentira. Abrió su boca, indecisa en cómo proceder, pero la mujer se movió rápido, plantándose en la cara de Lee en tres pasos de tacones de aguja.

"¿Qué? ¿Por qué me ves así? ¿No me crees? Mi nombre es Bárbara Kean, la mitad del precinto sabe quién soy, batita blanca."

Omega.

Omega-omega-omega.

Leslie aspiró y se ahogó en feromonas descontroladas.

Omega en celo.

"Oye. Oye, lo siento. No fue mi intención marearte con mi peste." Algo de la dureza en la voz de la Srta. Kean se suavizó. "Pero, ahora ves por qué estoy aquí, ¿cierto? Necesito ver a Jim."

"El Detective Gordon no puede ayudarte." Lee se arrepintió en el instante que las palabras salieron de su boca. Entre el ataque nebuloso de feromonas, sin embargo, Lee no pudo actuar al cien por ciento. A pesar de ser una Beta, sintió la necesidad neta proviniendo de este roto ser, y de alguna manera quiso darle algo real, algo que la ayudaría a esclarecer su cabeza. "Que yo sepa, James Gordon recientemente se ha comprometido con otra persona."

Hielo endureció las exquisitas facciones de Kean. Sus feromonas perdieron su dulzura, amargándose en el súbito cambio de ánimo. "Así que, es verdad. Selina no mintió."

Lee no tenía idea de quien fuera Selina, pero asintió de todas formas. No se atrevió a agregar más detalles de la vida privada de Gordon. Ya había dicho más de la cuenta.

"¿Quién es?" Las manos de la Omega estaban temblando. Lee lo notó cuando Kean comenzó a jugar con sus mechones de cabello. "No, no importa. No importa quien sea, yo me ganaré a Jim de vuelta. Nunca me resistiría, nunca lo ha hecho cuando estoy así. Lo ama."

Leslie no dudaba del poder de seducción de la Omega, no cuando ella misma estaba siendo tan fuertemente afectada. La posibilidad de que Jim entrara a la estación y se encontrara con la Srta. Kean, tenía potencial de ser desastroso. ¿Qué tal si la mujer tenía la completa razón y lograba descarrilar a Gordon?

"Necesitas tranquilizarte. ¿Por qué no pasas a mi oficina para esperar por él? Tu celo apenas comienza, puedo recetarte represores para evitar incidentes peligrosos—ya sea aquí en la estación, tanto como allá afuera." Dejó su portavasos en el escritorio de Bullock, el más cercano, para atreverse a estirar una mano en la dirección de Bárbara. Sintió alivio al no ser rechazada. Kean permitió que Leslie la comenzara a guiar de regreso al primer piso. "Mi nombre es Leslie Thompkins. Puedes confiar en mí, soy doctora."

"Debes pensar que estoy loca." Bárbara dijo, veinte minutos después, recostada en la camilla del laboratorio forense, disfrutando del sedante que Lee había incluido imperceptiblemente en el coctel de supresores dado a la Omega por intravenosa. "Tal vez lo esté. Un poquito." Una risita salió de los labios todavía pintados de rosa. "Pero… es mi culpa. Lo lastimé. Yo fui quien lo alejé, y sé que debo ser yo la que le pida perdón. Sé que cree amar a otra mujer, pero no es verdad. Me extraña, es todo. Me necesita. Nos necesitamos. Somos perfectos cuando estamos juntos…" Eventualmente, entre sus murmullos guiados por su fiebre hormonal, Kean cayó dormida, dándole el merecido descanso que su fisiología pedía.

Lee la arropó con su abrigo, puesto que el laboratorio era frío por estar conectado a la morgue. Contempló a la Omega por un momento, para luego suspirar.

¿Qué demonios le había hecho Gordon a esta mujer?

Lee sacudió su cabeza. No. No podía tomar partidos en asuntos que no le incumbían. Era el celo lo que la trataba de seducir con el estado vulnerable de Kean. La Omega quería protección, que alguien tomara su palabra por sobre la de otros, por más ilógica que ésta fuera…

Jim Gordon las encontró así, con Lee acariciando una mano de Kean en gentil simpatía.

"¿Qué está haciendo aquí?"

Lee, hasta ahora, no había escuchado a Jim hablar con tanta frialdad. Cuando la doctora se tornó en su dirección, frunció su ceño en desaprobación. "Vino por ti."

"Y me imagino para qué." El cuerpo entero de Jim estaba endurecido. El detective no se atrevía a pasar más allá del umbral. "Necesita salir de aquí. Essen no estará contenta con la revolución de hormonas que Bárbara ha desatado en el precinto."

Lee caminó hacia Gordon, determinante. "Vino por ti." Repitió.

Jim intercaló sus miradas, e hizo el mismo énfasis con su respuesta. "No me importa."

"Llegó al precinto declarando que era tu prometida—"

Se ganó un bufido incrédulo. "¿Y le creíste?"

-No te involucres, chica, no te involucres. Lee suspiró, y mejor cambió de carril en la conversación. "Necesita ayuda, Jim. No puedo tenerla aquí, aparte de estar en principios de celo, no aparentaba estar en un adecuado estado emocional."

"Entonces, dásela." Fue entonces, que Jim se ablandó un poco. Sacó su móvil de su bolsillo para prestárselo a Lee. "Tengo el número de sus padres. Puedes llamarlos para que vengan por ella—O Montoya, cielos, no sé, si es que contesta."

"Mencionó a una tal Selina." Lee no esperó la sorpresa en la cara de Gordon. "¿Qué?"

"Dios las hace, y ellas se juntan. Increíble." Jim se talló su rostro en vez de responder con más claridad. Pareció meditar detenidamente las consecuencias de su siguiente decisión. Con una exhalación, Jim dirigió su mirada al cuerpo dormido. "¿Está sedada?"

"Sí, pero no durará más de 30 minutos. O quizás menos, por el acelerado metabolismo en el que se encuentra."

"La llevaré al penthouse."

Lee alzó su ceja al cambió de parecer. "¿Crees que es buena idea?"

"Pensé que querías que me encargara con ella."

"Sí, sí, pero… su estado…"

Jim entendió al instante. "Dame algo de crédito, Lee. No voy a aprovecharme de ella."

"Me preocupa que más bien, la Srta. Kean se aproveche de ti. No la viste, Jim. Está… bastante desesperada."

Harvey Bullock escogió ese momento para unírseles. Sin embargo, el hombre sólo bastó con echar un vistazo al laboratorio para regresarse por donde había venido.

Con manos en la cintura, James le apuntó con el mentón hacia el cuerpo de Kean. "Escucha… Aprecio que te preocupes por mi virtud, pero he sido inmune a Bárbara por un largo tiempo. ¿Me ayudas a llevarla a mi auto?"

Fue interesante observar a Jim tomar el cuerpo de la Omega. La nariz del Alfa no respiró en instinto, sino que se retorció en manifestación de rechazo. No hubo pupilas dilatadas, o vasos sanguíneos anchándose para colorar las mejillas del hombre. Justo como lo declarado, Gordon no mostró síntomas físicos obvios de atracción y/o compatibilidad entre sus feromonas durante el proceso de cargar a la vulnerable Omega hasta su automóvil.

Kean no despertó. Cuando fue acomodada en el asiento trasero, se acurrucó en la esencia latente del Alfa. Sólo entonces, Jim se permitió un momento para ser dulce con ella, encargándose de cubrirla con el abrigo de Lee como si fuera una niña pequeña. Al abrir la puerta del piloto, Lee lo detuvo para entregarle una suscripción de supresores. Leslie supo distinguir la emoción en la cara fruncida del detective, pero no hizo comentario.

No esperó a ver el auto salir del estacionamiento para regresar al precinto. Lee se sintió renuente a ver la figura de Kean desaparecer a la distancia.


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Selina estaba desayunando un corndog recién calentado en el microondas, cuando escuchó la puerta de la entrada crujir con inminente entrada. La chica aspiró para evaluar el estado en el que Babs llegaría esta vez, pero al distinguir algo inesperado en la mezcla de feromonas, se apresuró a esconderse.

"—si soy tan asquerosa para tus sensibles sentidos, lárgate de aquí! ¡Por dios, Jim puedo abrir la maldita puerta yo misma!"

"Tranquilízate."

Gordon. Hasta que Babs se había salido con la suya. Aunque por el tono de voz del grandote, el romance no estaba en el aire. Selina se asomó justo para mirar a Bárbara echársele encima a Gordon en el vestíbulo, más furiosa que una hiena. Gordon la inmovilizó de las muñecas sin dificultad.

Ambos permanecieron en aquella posición de enfrentamiento por unos segundos, hasta que Bárbara rompió el silencio mórbido.

"¿Quién es? Por lo menos, eso me debes."

"¡No te debo nada!" Hasta Selina saltó del susto con el siguiente alarido del Alfa. "No recuerdo que tú hayas tenido la cortesía de avisarme de tu aventura con Montoya, tuvo que venir ella a decirme del desastre en el que te habías convertido para saber dónde demonios estabas, Bárbara. No seas hipócrita."

Claro. A Bárbara le importó poco el gran discurso. "Dime… Por favor, Jim. Te prometo que te dejaré en paz de ahora en adelante—Sólo necesito saber…"

Gordon la soltó lentamente para adentrarse más al penthouse. Fue seguido fielmente por Babs, tal perrito faldero. "Lo que necesitas es descansar. Podemos hablar cuando estés sobria y cuerda de nuevo."

"Es la doctora, ¿verdad? Olía a ti—"

"¡Porque trabajamos juntos, Bárbara! No metas a Thompkins en esto, no tiene nada que ver."

La respuesta pareció tranquilizar a la Omega. Selina distinguió el sonido de los resortes del sofá, indicando que ella, o ambos, se habían sentado.

"Aquí está la receta que Lee te hizo. Cúmplela. Y no vuelvas a salir al mundo exterior en este estado, es peligroso… No puedo seguir viniendo a tu auxilio, Bárbara. Ya no."

"¿Me odias?"

Un suspiro. "Siempre me importarás."

"Lo siento. Lo siento mucho, Jim—"

Una pausa, luego Gordon pareció haber encontrado un corazón debajo de tanto traje y machismo Alfa. "No seas tan dura contigo misma. Ambos metimos la pata, Bar. No es todo culpa tuya. Simplemente… ya no íbamos a funcionar. "

Selina comenzó a escurrirse por la pared que separaba la sala del vestíbulo. Con el plan de regresar a la recamara de huéspedes para detener a Ivy de salir a interrumpir y arruinar su secreta estancia, Selina no prestó la gran atención a la discusión de los adultos. Que Bárbara entrara en celo complicaba las cosas. Selina no estaba hecha de piedra, y sus propias feromonas podrían ser afectadas.

Ivy todavía dormía. No estaría feliz cuando Selina le dijera del cabio de planes. Esperó un rato, queriendo que no anduvieran moros en la costa, antes de volver a aventurarse al vestíbulo. Esta ocasión, ya no se escuchaban voces. Selina caminó con cuidado, inhalando el ambiente. Sólo pudo detectar la abrumadora fragancia de feromonas de Omega.

Selina se asomó a la sala. Bárbara estaba dormida en el sofá. La chica aspiró en alivio. La costa estaba libre. Se dirigió a la cocina.

Y chocó directamente con el pecho de Jim Gordon.

"Mira a quien me encuentro."

"Suéltame." Selina jaló del brazo que Gordon tomó para frenar su escape de la cocina. El bruto la dejó ir tras un momento, y hasta lució divertido por haberla tomado desprevenida.

"¿Desde cuándo haz estado aquí?"

"No estoy allanando, si es lo que quieres saber. Bárbara me deja quedarme con ella."

"Así que ahora ustedes dos son mejores amigas, ¿huh? No sé si asustarme con la idea."

"¿Por qué? ¿Te han estado zumbando las orejas?"

El Alfa roló sus ojos. "¿Es lo que han estado haciendo juntas? ¿Compartiendo chismes?" El hombre se acercó al rostro de Selina para bajar de volumen de voz. "¿Qué le has dicho de Bruce?"

Oooh. Selina sonrió malévolamente. "Nada aún. Pero sí pregunta, soy un libro abierto."

"Claro. Tan abierto que le mentiste a la primera persona que te consideraba una amiga sobre algo tan crucial, como la identidad del asesino de sus padres."

"¡Oye!" Selina no pensó, reaccionó. Empujó a Gordon con todas sus fuerzas, sacada de sus casillas. "¡Por lo menos le dije la verdad! Hubiera sido peor que siguiera con el circo de ser testigo de algo que no vi frente a un juez y a miles de idiotas uniformados como tú. Le hice a un favor a Bruce, necesita aprender a no ser crédulo. ¡La vida en Gotham no es de color de rosa, como la vida en su estúpida mansión!"

"Cielos… de acuerdo, de acuerdo." Jim levantó sus manos para aplacarla. "No despiertes a Bárbara. Supongo que fue mejor que fueras sincera ahora, antes de ser acusada de perjurio." El detective checó su muñeca. Hizo una mueca al ver la hora. "Tengo que irme. Regresaré después para ver cómo sigue Bárbara." Le apuntó con un dedo en el pecho para verse más bravucón. "No dejes a tu nueva amiga hacer más estupideces."

Selina lo siguió hasta las puertas de entrada. "¡No soy su niñera!"

"Eres una Alfa." Fue el ronco consejo que Gordon gruñó en su dirección. "Haz algo útil con ello."

A Selina sólo le quedó gruñirle a las puertas en frustración.


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"¿Qué está él haciendo aquí?"

"Ya te lo dije, Bruce. La madre de Johnny no pudo traerlo, así que para que no se desperdiciaría su boleto, le dije que Johnny podía acompañarnos."

"Mm."

"¿Vas a querer palomitas? Para hacer fila—"

"No. Las puedo comprar por mí mismo, gracias."

Jim miró al chico unírsele a John Blake en la fila por las palomitas, sin más. Escondió su sonrisa con su palma. Pobre Bruce. Sus citas seguían siendo invadidas. Sinceramente no había sido intención de Jim en un inicio invitar a Johnny al circo, pero cuando la Sra. Blake le había pedido de favor llevarlo en su lugar, Gordon difícilmente había podido negarse. Le debía mucho a la mujer.

Cuando los dos chicos volvieron, Johnny estaba riéndose de algo, mientras que Bruce caminaba en perpetua confusión.

"¿Listos?"

Bruce le cedió el paquete de papel relleno de palomitas calientes, el doble del tamaño del de Johnny. "Compartiremos."

Jim robó un par de palomitas, mientras comenzaron el camino al centro del asentamiento. Se colocó en medio de los dos jóvenes para tenerlos bien vigilados. "Es la primera vez que vengo a una función de circo."

"¿En serio?" Johnny le siguió la corriente. "Mi papá siempre me traía. Siempre quise dejar la escuela y unirme al circo. ¿No sería genial, Bruce? Ser entrenador de leones seguro suena más emocionante que estar en la clase de la Maestra Jones."

"No conozco a ninguna Maestra Jones. Alfred es mi tutor."

"¿Quién es Alfred?"

"Lo acabo de decir: mi tutor."

Alguien había pasado de demasiado tempo con Selina-bocona. "Alfred es el padre adoptivo de Bruce. Él se encarga de su educación."

"¿Así que no asistes a la escuela?"

"No."

En lugar de encontrar tal prospecto emocionante, Johnny se mostró escéptico. "Pero entonces, ¿cómo ves a tus amigos?"

Jim robó otro puño de palomitas. Esperó por la respuesta de Bruce, con el mismo interés que Johnny.

"Bueno." El Beta carraspeó su garganta. Cuando estiró su brazo para tomar palomitas, le sonrió a Jim con cierto aire cómplice. "Usualmente se escabullen por la ventana de mi estudio por las noches."

Gordon entendió la implicación, y no le sentó bien. "Selina no es amiga de nadie, Bruce." Pensar en Cat lo obligaba a recordar su reciente encuentro con Bárbara, y eso era lo último que Jim quería. "Los amigos no se dicen mentiras, ¿recuerdas?"

"Pff." Johnny resopló, escupiendo una palomita de maíz en el proceso. "Por favor, Detective Gordon. Todos los adultos mienten. Y siempre dicen que es para proteger los sentimientos de alguien más."

Y aquí venía la culpa, junto con el insistente recuerdo de Bárbara.

Gordon no había hablado de lo sucedido con Bruce, a pesar de que ya había transcurrido una semana desde que había visto a Bárbara. Ni siquiera había regresado al penthouse, prefiriendo mandar a Lee a checar la salud de la Omega. Había sido cobarde de su parte, lo admitía, pero Jim estaba cansado de lidiar con Bárbara y sus histerias. Eran malos, el uno para el otro. Tóxicos…

Sintiendo la mirada de Bruce en su persona, Jim tragó saliva. "Que algunas personas mientan no significa que esté correcto. Nadie aprecia que le mientan. Y cuando averiguamos la verdad, nos duele, ¿cierto? Las mentiras no pueden ser tan inofensivas si nos hieren."

Si tan sólo Gordon, pudiera seguir sus propios consejos, su vida sería más sencilla.

"Sí, sí, como sea." Johnny se adelantó entre la multitud para hacer fila en la entrada de la enorme carpa colorida.

"¿Estás intentando ayudarme a tener más amigos? ¿Por eso lo invitaste?"

Jim suspiró. Se tornó hacia Bruce algo fastidiado. "Johnny es un buen chico, Bruce. Por eso lo traje con nosotros. Es tu asunto si quieres tener amigos de verdad, o no."

Bruce lució culpable en pocos minutos. "No es que no me agrade John. Es sólo… no entiendo ni la mitad de la referencias culturales que salen de su boca."

Gordon se ablandó con la confesión tan inocente. Ofreció su brazo para escoltar a Wayne a la función. "Entonces, pídele que te las explique. No sé burlará de ti." O eso esperaba Jim. Johnny no parecía ser de ese tipo de chico.

Una vez bien entrados en el segundo acto, los Grayson Voladores le hacían buen honor a su nombre.

Con cada acrobacia en los cielos, más colgaban las bocas de Bruce y Johnny. Fue hilarante observarlos. James les aventaba palomitas a la boca, para obligarlos a cerrar sus mandíbulas. El público estaba vuelto loco con el espectáculo, emitiendo los clásicos Ooooohs, y Aaaaaahs, así como tormentas de aplausos, cada vez que uno de los Grayson se salvaba de un cuello roto.

En un punto, Bruce estaba brincando de su asiento junto con Johnny para obtener una mejor vista, y Jim los dejó que se divirtieran. Ver a Bruce comportándose como un joven de su edad, disfrutando cosas normales, le dejó sin aliento. Definitivamente tendría que llevarlo a la feria en su próxima salida. Jim lo obligaría a subirse a todos los juegos mecánicos. Y esta vez serían sólo los dos. Comerían algodones de azúcar, churros, y muy probablemente terminarían vomitando llegando a la mansión…

Jim estaba tan metido en su fantasía que requirió que Bruce jalara de su brazo para regresarlo a la realidad. Parpadeando, la mirada de Jim regresó a la arena. Miró un tumulto entre los Grayson y los payasos.

Jim suspiró. Volteó a ver a Bruce con resignación.

Bruce le sonrió, comprendiendo lo que tenía que hacer.

Jim descendió por las bancas, empujando a gente fuera de su camino.

"¡Policía de Gotham!" Gordon gritó una vez en la arena, levantando su placa. "¡Nadie se mueva!"


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Fin de Parte 13.

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NdA: Así como acabo de terminar este capítulo, ya estoy escribiendo el siguiente porque ya estoy desesperada por llegar a los acontecimientos del Ogro. ¡Por favor, les pido paciencia! ¡Este fic no está, bajo ninguna circunstancia, abandonado!

¿Qué les pareció el giro que hice con la historia de Bárbara? En lo personal, no me agradó el personaje hasta que se volvió loca. Fue mucho más interesante. Pero me moría por escribir un enfrentamiento entre Jim y ella, bajo la trama de este fic. El detalle que Bárbara no sepa quién es la nueva pareja de Jim es importante, créanme. Hay una razón para tanto misterio. Bruce y Bárbara tendrán su culminante encuentro, no desesperen. A su debido tiempo.

Ah, y las vibras Bárbara/Lee fueron totalmente accidentales. Lo juro, jiji.