"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.


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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins. Y quizás más en el futuro.

Rating: Teen.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Continuidad: Situado antes y durante el episodio 1x17 "Red Hood."


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15.

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"Hay un ruido de tambores dentro de mi cabeza,

comienza cuando tú estás alrededor."

-Florence + The Machine ("Drumming Song").

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Lee presionó ON en la grabadora. Asignó en voz alta el número de sesión y el nombre completo de Bruce. Brincó directo al fuego con su primera pregunta.

"¿Por qué James Gordon, Bruce?"

Bruce lamió sus labios. "James Gordon… estuvo allí en el peor día de mi vida. Cuando lo conocí, fue como verme reflejado en un espejo. James ha sufrido la pérdida de un ser querido al igual que en mi caso. Me ayudó a no sentirte solo. Para ser claros, no puedo decir que en el momento haya contemplado más al respecto."

La Doctora Lee frunció el ceño. "¿No percibiste atracción ante sus feromonas?"

"No poseía, en aquel entonces, la experiencia para reconocer aquellas señales biológicas. Ahora sé que esa capacidad de sentirte… estable… es una cualidad de tener a un Alfa reconfortándote."

"¿Lo que dices es que no sentiste atracción por Jim Gordon, a primera vista?"

"No." Bruce curveó sus labios en una sonrisa breve. "Lo que estoy diciendo es que en primera etapa, lo que sentí por James fue basado en una idealización. Ningún tipo de feromonas causa ese efecto. Mi primera impresión del Alfa fue psicológica. Cubrió el rol de héroe cuando más lo necesitaba. Fue una mínima compensación por el padre que acababa de perder. Le permití acercarse a mí con ese papel, alguien paternal." Bruce nunca había compartido esta clase de introspección antes. Pero, había tenido tiempo para pensar detenidamente. Se había preparado para esta entrevista. "Lo primero que James hizo fue hacerme una arrebatada promesa. Creí en su palabra, incluso ante las bajas probabilidades de que se cumpliera justicia por el asesinato de mis padres."

Lee hizo anotaciones en su cuadernillo. Asintió, para señalarle por continuar.

"En el funeral, el idealismo todavía estaba allí, pero cuando me encontré con James por segunda ocasión, me sentí… atraído. Físicamente, atraído."

Leslie sonrió con tinte cómplice. "¿Que te gustó más de él?"

Bruce no titubeó. "Sus ojos."

Lentamente, el gesto de la doctora morfó a dirección solemne, de vuelta a un papel profesional. "¿Nunca te has sentido intimidado por su estatus?"

"No." Nunca. "Estoy consciente de que la personalidad de James se complementa con la violencia inherente de su profesión. En mi compañía, él prefiere un trato gentil, pero he tenido roces con sus caretas más duras. No tengo nada más que respeto por él. Por su… estatus."

"¿Estabas enterado de que Jim estaba involucrado con otra persona, cuando ustedes dos se conocieron?"

"Sí. Lo averigüé durante sus visitas. En ocasiones James no olía normal—lo que yo consideraba normal. Recuerdo que Alfred hizo comentarios sobre la Marca de Omega, y fue así que supe que James estaba comprometido. A su vez, aprendí que estaba percatándome de la funcionalidad de feromonas y la interacción de ellas entre James y mi persona."

"¿Te molestaba? ¿El aroma de Omega?"

"Sí." Bruce no parpadeó. Había aprendido a experimentar celos, gracias a Bárbara Kean.

"Lo pregunto de nuevo, entonces, Bruce. ¿Por qué James Gordon? ¿Meramente porque es alguien físicamente atractivo, y emocionalmente suplementario, a la ausencia de una figura paterna?"

Alfred había acertado en su visión preliminar de lo cortagarganta que sería la entrevista. Las defensas de Bruce se activaron. Rigidez llenó su porte. Respiró hondo en tres repeticiones, antes de responder.

"Nadie, nunca, podrá reemplazar la ausencia de mi padre." Al principio, había etiquetado varias características de James como paternales. Pero, muchos aspectos en la dinámica de los dos habían evolucionado a través de los últimos cuatro meses. "Cuando Escogí a James Gordon, lo hice porque es un hombre valiente. Es pasional en lo cree, en lo que siente. Es uno de los pocos hombres honestos en esta ciudad, pero día a día paga duro por ello." En su mente evocó la noche en la que James había acudido a la Mansión para darle un supuesto último adiós. "Escogí a James para salvarle la vida. La noche cuando lo Marqué con un beso en la mejilla quería que regresara a mí. Porque sabía…" Su garganta estaba seca. Ni tragar saliva dio alivio. "Sabía que yo era quien James realmente deseaba. Usé ese poder contra él. Acerté en mi hipótesis. James regresó con vida esa misma noche. Los instintos de Alfa no le dejaron otra alternativa."

Hubo un momento de silencio. La doctora lo miraba de manera distinta, como si estuviera posando sus ojos en el Beta por primera ocasión. "Eres frío en la forma de expresarte, Bruce. Describes tus sentimientos con casi nulo impacto emocional, a pesar del tópico de conversación. ¿Te das cuentas?"

"Soy pasional con la que gente que lo despierta en mí." Bruce gruñó. "No es fácil para mi bajar mis defensas. Soy una persona privada."

"Dime. ¿James te hace experimentar pasión?"

Esta vez, Bruce se tomó un momento para abrir la botella de agua que había estado esperándolo desde el inicio de la entrevista. Dio dos tragos y medio. Cerró sus ojos.

"Me hace… perder control."

"Perder control no es experimentar pasión."

Bruce no tenía buenas connotaciones de lo que la palabra pasión englobaba. Pasión venía del verbo en latín patior, que significaba sufrir. Bruce, a gran medida, era testigo del sufrimiento que James sentía cuando estaban juntos.

La doctora siguió observándolo con expectativa.

Bruce intentó de nuevo. Las palabras no salieron.

Thompkins escribió más notas. No ayudó a los nervios de Bruce. Después, le sonrió a Bruce en una manera que se suponía debía tranquilizar. No lo hizo.

"Creo que es suficiente por hoy, Bruce."


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En Halloween, los índices de locos de atar subían dramáticamente en Gotham.

Así como los niveles de estupidez.

El adolescente vestido de hombre lobo en sus manos fue arrojado a la celda con impaciencia. Gordon ignoró las quejas del apresado, negándole su derecho a una llamada por un rato más. Bien merecido lo tenía, por tirarle huevos a la casa de una anciana en silla de ruedas.

Bullock estaba alegando con Essen en su oficina. Jim masajeó sus sienes de tan sólo verlos.

"¿Otro arresto? ¡Te habías desocupado hace media hora!"

Inspirada por la festividad, Lee tenía un sombrero puntiagudo en su cabeza. Su bata blanca había sido reemplazada por una negra, y en su rostro estaba maquillado con una pequeña araña, atascada entre ir a su ojo o a su oreja. Sus labios eran exageradamente negros.

Jim emuló una sonrisa a lo mejor de sus ánimos. Hablar con Lee era un rito extraño desde aquella llamada. Hasta ahora, el plan de Jim consistía en pretender que no había sucedido, y Lee se había mostrado feliz con seguirle la corriente.

"No hay descanso para los impíos." Ambos se intercalaron con el mismo objetivo en sus caminatas, llegando al segundo piso, y directo al debate entre Essen y Bullock.

"—sus huellas digitales estaban por todo el lugar! ¿Cómo no pueden dar la orden de saqueo?"

"El Juez se ha negado a darnos la luz verde por lo que se sucedió en tu otro caso—"

"El Juez no quiere trabajar el día de hoy, querrás decir. Está muy ocupado preparándose para la pomposa gala de esta noche."

Essan se encogió de hombros. No se molestó en negarlo. "Jim. ¿Sigues aquí?"

Jim frunció su ceño. "¿Sí?"

"Luces peor que los adolescentes que detuviste. ¡Te dije que tenía la noche libre!"

"Capitán, me necesitan—"

"En tus cinco sentidos. Luces como si estuvieras a punto de desmayarte del cansancio, Gordon. Es la última vez que lo diré: sal de aquí, duerme una noche completa y regresa cuando tengas un pulso de nuevo."

Jim abrió su boca, pero no se molestó en gastar saliva. Essen ya había cerrado la puerta en su cara, sólo aceptando a Lee en la oficina, junto a Harvey.

Bueno.

Y a ésas iban.

Miró su reloj. Era temprano, considerando que era Halloween.

Cuando llegó a su apartamento, el complejo estaba invadido con niños disfrazados. Su nuevo vecino tenía una fiesta—lo cual, era toda una hazaña, porque hasta ahora Jim se enteraba de tener un nuevo vecino. Se dio una larga ducha. Cuando se quedó dormido fue con la televisión en la mitad de un partido de béisbol, a las 6 y cuarto.

Despertó con el sonido de su móvil. Eran cerca de las 9:00 PM.

"¿Mm?"

"¿James?"

Jim gruñó adormilado. Permaneció acostado. "¿Truco o trato, Bruce?"

Una risa fue su recompensa. "¿Está tomando mientras trabaja, Detective Gordon?"

"Puedo expresar buen humor sin estar bajo la influencia."

"En ese caso… Trato. Tengo muchos dulces para negociar."

"Oh, no, señor. He negociado demasiado con usted, últimamente."

"¿Ni siquiera por un paquete de chocolates Lake Champlain?"

Jim no pudo evitarlo. Gimió. "Cielos, Bruce."

Otra risa. "¿Cuál es su última palabra, detective?"

Jim se imaginaba qué era lo que Bruce quería. Pero, levantarse para conducir hasta la Mansión Wayne resultaba demasiado trabajo. Lo expresó, tal cual. "Pero estás tan lejos, y yo tan cómodo en mi cama."

Hubo una pausa. Gordon escuchó música de fondo. Algo de viejo pop. ¿Estaba Bruce en una fiesta? "Por suerte, he encontrado una solución para ese problema."

Jim reconoció la canción. La tenía reproduciéndose ligeramente desde la fiesta de su nuevo vecino. Frunció el ceño.

Tocaron a su puerta.

Jim se sentó. No despegó el móvil de su oreja mientras se puso de pie. Sólo estaba vestido en un pantalón deportivo, y cuando abrió la puerta, los ojos de Bruce se fueron directo a su pecho desnudo. "¿Cómo supiste que estaba aquí?"

"Extrañamente, de parte de Alfred." Cerrando su móvil, Bruce se acercó. Ya no ocupaba ponerse de puntillas para besar la mejilla del Alfa. Jim aventó la puerta, apenas dándole importancia. Su cuerpo se electrocutó con tener a Bruce cerca. Fue anormal. Sus feromonas se volvieron locas, en instantes.

El paquete de chocolates fue arrojado al sofá. Bruce apenas tuvo tiempo de retirar su abrigo, antes de que su cuerpo entero fuera aplastado contra la pared.

"¿Qué…?" Su nariz fue directo al cuello del muchacho. Jim inhaló exquisitez. La sangre de su cuerpo comenzó a redirigirse a la parte de su anatomía más impertinente. Las manos de Bruce no ayudaron, acariciando los pectorales de Jim con interés científico. "¿Qué hiciste?"

"Sólo…" Jadeando, Bruce arrastró su boca para hablarle a su oído. "…un experimento."

Con un gruñido, la mano de Jim encerró al Beta del cuello. Aplicando fuerza mesurada, alejó el rostro de Bruce hasta tenerlo clavado en la pared. "¿Tomaste algo? Esto no es normal… ¿Qué hiciste?"

Bruce enredó sus dedos junto con los suyos sobre su cuello. Los liberó con el mero contacto, llevándose la mano de Jim a su rostro. "Descúbrelo."

Jim lo besó. Lo besó sin una onza de autocontrol. Tuvo a Bruce en sus brazos, levantándolo, cargando su peso por entero. Lo escuchó emitir sonidos de sorpresa ante el asalto, ante las múltiples sensaciones que sus cuerpos estaban creando. Una mano de Jim se metió por debajo del suéter del muchacho.

Los rastros de la evidencia estaban en la piel de Bruce. En el olor a sudor—en el olor a algo más. Algo amargo y oscuro. Jim gimoteó, cuando lo descifró. "¿Por qué, Bruce? ¿Por qué… me haces… esto?"

"Quería… Quería entender… ciertas maquinaciones… que conllevan a la pasión."

"Tu cuerpo indica entenderlo." Con las piernas de Bruce alrededor de la cintura del Alfa, había poco que ocultar. Jim encontró refugio en la clavícula ajena, mordiendo el hueso en castigo. Bruce saltó ante el estímulo. El choque inicial de feromonas estaba perdiendo efecto. Jim se aferró a la cuerda mental que lo llevaría de regreso a la cordura. "Escúchame. Vas a tomar una ducha, ¿entiendes?"

"¿Si no quiero?"

"Entonces yo mismo te arrojaré en la tina con agua fría. ¿Qué te apetece más?"

Con un suspiro, las piernas de Bruce se aflojaron. Jim le ayudó a aterrizar de regreso al piso. No había ni una parte del chico que no estuviera ruborizada. Estaba desfajado de su camiseta y suéter. Tenía saliva en toda su cara. Su cabello era un desastre. Jim resopló por su nariz.

Bruce arrugó su ceño. "¿Te estás burlando de mí?"

"Ducha." Jim ladró. Cuando miró a Bruce ajustado sus pantalones, no se frenó. "Puedes ocuparte de ese problemilla en el baño. Ya has dejado claro lo bien que puedes hacerlo, ¿no?"

Fue el turno de Bruce para resoplar por sus narices en acto satírico. "Seré increíblemente vocal al respecto."

"Perfecto. Pondré los Rolling Stones a todo volumen."

Bruce abortó su caminata hacia el baño. "¿Alguna probabilidad de que me acompañes?"

Por todos los cielos. El chico era un Doberman aferrado a su hueso "No, gracias. Tengo una cita con una caja de chocolates finos."

Cuando por fin escuchó la ducha correr, Jim se desmoronó en el piso, su espalda en contra la pared. Su mano atravesó el elástico de su pantaloncillo. Cerró sus ojos, imaginando a Bruce haciendo lo mismo—tocándose—pensando en Jim mientras se estimulaba.

Porque eso, era lo que el Beta había hecho.

Se había masturbado con propósito, con la meta de dejar secar los rastros de la experiencia en su piel. Había querido que Jim se enterara de lo que había hecho.

Faltaba poco. Muy poco, para que Jim se diera por vencido.

Bruce estaba acorralándolo.

El clímax no fue dulce. Fue intenso, al filo de lo doloroso. Una liberación que lo hizo flotar, despegarlo de la tierra firme, más que no lo dejó con ninguna sensación de plenitud.

Para cuando Bruce salió del baño, Jim había cambiado de ropa, y había tendido un cambio para el joven en el cesto del baño. Las pijamas le quedarían holgadas. No era problema de Jim. Bruce se lo había buscado.

En el televisor, Jim se había decidido por una transmisión de la vieja película Psicosis. Esperó a que Bruce se le uniera en la cama. Le ofreció un chocolate, oliendo sólo la esencia de jabón neutro viniendo del Beta.

"¿Lo comprendiste?"

Bruce mordió el postre en forma de esfera. Sólo Bruce podía lucir tan serio comiendo una golosina. "Sí. Ahora sí, me siento preparado."

Jim frunció su ceño, al no recibir más información. Sacudió su cabeza. "Eres tan raro."

No esperó a que Bruce tomara tanta ofensa, como para recibir un almohadazo. "¡Oye!"

"¡Y tú no tienes modales!"

Gordon sólo podía cubrir su rostro contra el ataque fulminante. "¡No dije que no me gustara!"

Bruce gruñó. "Eres totalmente frustrante, ¿lo sabes?" Cuando las almohadas fueron abandonadas como armas mortales, Jim rodó en la cama para acomodarse en la parte opuesta a la cabecera. "No es justo que uses tus flirteos para escapar de los conflictos." Bruce estaba bromeando, pero aun así, Jim tocó su pecho.

"Auch."

Bruce substrajo otro chocolate.

"Oye. ¡Esos son míos!"

"Regresa a reclamarlos, entonces."

Eventualmente, Jim lo hizo. Ambos miraron veinte minutos de la película en silencio, arrasando con las veinticuatro piezas de repostería gourmet. Con el transcurso de la película, la cabeza de Bruce fue encontrando su lugar en el pectoral de Gordon. El brazo del Alfa terminó estirando su brazo detrás de su nuca para darle espacio.

Cuando la escena de la tina del baño llegó a la pantalla, Bruce brincó al ver el ataque a Marion Crane. No escondió su rostro, sin embargo. Miró la secuencia de principio a fin.

"Nunca me contaste cómo terminaste aquí. ¿Algo sobre Alfred?"

Bruce movió su cabeza, mudando al pecho del Alfa para verlo mejor. "Él fue quien me trajo aquí. Me dijo que te habían ahuyentado de la estación. Que apreciarías la compañía."

"¿Cómo lo supo?" -Oh, pero ya sabes cómo, ¿recuerdas? Jim rodó sus ojos para sí. Era peor de lo pensado, si Bullock no podía mantener su bocota cerrada. ¿Intercambiando chismes con Pennyworth? Eso era bajo.

"Estás sonriendo." Bruce frunció su entrecejo. "Y tú me llamas a mí, el raro."

"¿Te gustaría pasar la noche?"

El rostro de Bruce se iluminó por entero. Jim tuvo que besarlo.

Bruce se mostró sorprendido por el gesto. "Pensé…"

"¿Qué te castigaría con la ley del hielo? Debería de hacerlo." Jim pasó sus dedos por los cabellos mojados del chico. "Pero tengo que respetar tu forma de jugar. Ganaste esta partida limpiamente, Bruce." Porque, a final de cuentas, no era culpa de Bruce que Jim estuviera perdiendo inmunidad a la conexión biológica entre los dos. Lo que Bruce había llamado experimento, Jim lo llamaba resignación. El camino al infierno, creado por las mejores intenciones. "Tengo esta teoría."

"¿Sí?" Una pierna de Bruce se enredó con la suya.

"Creo que mantener mi distancia sólo empeora las cosas." Acarició la nuca del Beta suavemente. "No es tan diferente a lo que se llama síndrome de abstinencia, ¿sabes? Cada vez que te veo, el efecto… es peor que antes. Entre más lucho, más fuerte es el jalón a tu órbita cuando te vuelvo a ver. Lo que creía una estrategia infalible… no está funcionando."

Bruce tragó saliva. "Así es como me siento." Y Jim le creyó. La desesperación colándose por los ojos del Beta no podía ser un acto.

"Bruce." Jim lamió su boca. Bruce le hizo eco, inconsciente en la acción de sus propios labios. "No podemos perder la cabeza, de todas maneras."

"Sólo quiero estar cerca de ti." El Beta estuvo encima de Jim en un veloz movimiento de su esbelto cuerpo. "¿Por qué es tan incorrecto?"

Porque, eventualmente, llegarían a un punto donde sólo estar cerca no sería suficiente.

Jim jaló a Bruce en un abrazo. Besó su sien.

Tic-Toc, fue el mortal susurro del Alfa bajo sus costillas.

"Lo leí." Bruce susurró, cuando el momento de quietud se estiró en una laguna de camaradería en las que ambos se podían permitir bajar la guardia. "No soy un Omega, así que mi Marca no es fuerte, lo sé. Pero, encontré este tomo sobre hábitos pretéritos de las tribus Lenni-lenape que describían la funcionabilidad de una marca de fluidos, en vez de feromonas. Es bastante interesante. Así como, increíble en su efectividad, si tienes en cuenta que los datos pertenecen a investigaciones realizadas en el siglo XVII."

"Bruce, si haces esto de nuevo, convenceré a Alfred de mandarte a estudiar a uno de esos colegios que tanto aborreces."

"…Sólo quieres una excusa para verme en uniforme."


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En la segunda entrevista, Bruce tomó el mando. No dejó siquiera que Thompkins abriera su boca, antes de que Bruce respondiera a la incógnita que había concluido la sesión anterior.

"Siento pasión."

Esta vez, el fuego fue inherente a su timbre, humeando fuera de su garganta. Bruce no tuvo que forzar ni una sola palabra.

"Cuando estoy con James, me siento vivo. Me sentiría completamente entumecido, si no lo tuviera." Si no tuviera sus labios, sus manos, su voz, su olor—Bruce estaría vacío, frío. "James me hace experimentar pasión."

La doctora Lee se tomó un momento para procesarlo. Todavía no abría su portafolio. Bruce no le había dado oportunidad. "Parece que hice una fuerte impresión." La mujer sonrió. "No fue mi intención insultarte—"

"No. Querías ponerme a prueba."

Thompkin asintió. "El nivel de compatibilidad entre los dos tiene que tener sentido con sus estados mentales y emocionales. ¿Honestamente? Estoy de tu lado, Bruce. Pero tiene que quedar en record oficial la concordancia entre lo que piensas y lo que sientes. Por eso era importante presionarte hasta que manifestaras una respuesta de emoción autentica."

"Comprendo." Bruce sonrió. "Por favor dime que torturarás a James de esta misma forma."

La carcajada fue lo que ambos necesitaban para crear rapport. Fue lo que marcó una distinción entre la entrevista anterior, y la actual. "Oh, Bruce. Tómalo por hecho."


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Nada como un asalto a un banco para mantener a Jim distraído y de vuelta a terreno familiar.


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"¿Por qué no confías en Bruce?"

Era la preguntaba equivocada. Jim estaba estresado. Lee no tenía derecho a cuestionar sus cimientos emocionales, sin siquiera darle una maldita advertencia. "¿A qué quieres llegar?"

La mujer frente a él no fue su amiga, ni su colega. Fue una mente fría. "Quiero llegar a respuestas honestas, para empezar—"

"Confío en Bruce. No estaría involucrado con alguien de quien desconfiara."

"Lo has hecho antes."

Jim colocó el peso de su cuerpo sobre sus muslos, sabiendo que estaba recurriendo a un lenguaje corporal ejecutado en interrogatorios. "Haz conocido a todos mis amantes del pasado, ¿o qué?"

"Durante tu ultimo celo, no confiaste en Bruce lo suficiente para compartir el fenómeno a su lado. Ni siquiera fuiste honesto con Bruce en lo que necesitabas emocionalmente de él. Alguien ajeno tuvo que intervenir para que ustedes dos confrontaran la situación."

"No confiaba en mi—"

"No confiaste en Bruce para ponerte en sus manos."

"No." Jim respiró hondo. "No confié en mi capacidad para detenerme."

"¿Acaso Bruce te ha pedido detenerte… alguna ocasión?"

Jim miró a Lee con incredulidad. "No necesita hacerlo. Es mi responsabilidad."

Lee frunció su ceño. "No, Jim. No lo es. Bruce tiene su propio juicio, y su propia capacidad de decir No, cuando él lo sienta requerido. Lo conoces mejor que yo, ¿es Bruce el tipo de persona que se deja manipular fácilmente?"

"No."

"¿Alguna vez ha expresado sentirse desvalorado con la manera en la que lo tratas?"

Jim tragó saliva. "No."

"¿Crees que de ser así, se quedaría con la boca cerrada?"

"Hay un desbalance de poder entre Bruce y yo, Lee. No puedes decir que Bruce no me seguiría la corriente cuando la influencia de un Alfa está de por medio. Bruce no tiene el mismo compromiso con el cumplimiento de las leyes al igual que yo. No está consciente de las consecuencias—"

"Mientes, Jim." El furor en la voz de Lee estuvo a la par con el Alfa. "Bruce es extremadamente inteligente, así como maduro, como para comprender las consecuencias legales de sus acciones. Tiene un compás moral. Sus facultades están intactas, y puede distinguir entre lo correcto y lo incorrecto." Entonces la mujer sacó un manojo de hojas unidas a un clip. Lo tiró a la mesa que los separaba. "Y no lo digo yo, lo dicen pruebas psicólogas estandarizadas. ¿Quieres datos duros para tu perspectiva policiaca? ¿Pruebas tangibles? Lee los resultados. Ve por ti mismo de lo que Bruce es capaz."

Jim no tomó la ofrenda. Bruce lo odiaría si Jim escogiera husmear los rayos-x de su psique, en lugar de averiguar lo que hacía a Bruce hacer tic por sí mismo. "¿Cuál es tú punto?"

"¿No has estado escuchando? No confías en Bruce lo suficiente para permitir intimidad entre los dos."

"Intimidad implica un amplio rango de situaciones—"

"En este caso, me refiero a relaciones sexuales."

Jim ni siquiera se sintió sorprendido por el núcleo del asunto. Una parte de él, lo había visto venir. Le echó un vistazo a los documentos que Lee había tirado en la mesa. "Así que, está allí, ¿cierto? ¿Una clase de arma con la que Bruce ahora me podrá disparar y disparar hasta que acabe con mi cordura? No cambia nada, Lee, todavía estaría rompiendo la ley."

"No es ilegal darle a la persona que amas lo que necesita."

"Perfecto. Será mi defensa ante el tribunal."

"Puedes usarla, de hecho."

Jim gruñó. Apretó el puente de su nariz. "Sé que Bruce es un adolescente con hormonas. Sé que yo no ayudo para que las mantenga en calma. Pero esta situación no da para más."

"Jim. No es tan sencillo. No puedes encerrar esta situación en un plano de blanco y negro. La ley es flexible en casos similares al tuyo. La interacción hormonal de parejas compatibles, raramente se apega a las arcaicas regulaciones sobre el consentimiento sexual. Existen amparos, si puedes demostrar que la falta de consumación entre Bruce y tú persona está afectando la funcionalidad de ambos—"

"No lo está."

Lee no apreció ser interrumpida de nuevo. Hizo un puchero inconsciente que resaltó en sus labios rojos. Le levantó sus cejas a Jim como preguntándole ¿Ya terminaste de actuar inmaduro? "Hablo en serio."

"Al igual que yo."

"Tu último celo no fue un acontecimiento regular. ¿Vas a negar que no fue causado por el desbalance hormonal entre Bruce y tú?"

El móvil vibró dentro de los pantalones de Gordon. Existía un Dios, después de todo. Alfa y Beta sostuvieron miradas por un momento.

Luego, Jim sacó el teléfono. Miró el nombre de Bullock en la pantalla. "Tengo que responder."

Lee sabía que era una excusa para oír. Aun así, asintió.

Cinco minutos después, Jim estaba saliendo del edificio.


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Encontraron al sospechoso dentro de un refrigerador, una vez que exploraron el taller Kleg's Moto. Esa misma tarde, hubo otro asalto.

"Y luego eran cuatro." Jim paró la grabación de seguridad del banco, tres horas después de dejar la escena del crimen.

"Gente va a andar rondando los bancos esperando por unos cuantos dólares de estos idiotas. Nunca vamos a atraparlos si nadie quiere que los atrapemos. Llámame chapado a la antigua, pero cuando los delincuentes son más populares que los policías—¡Eso es anarquía!" El periódico que Bullock sacudió en la cara de Jim durante su discurso agitado, fue arrojado al escritorio.

Tenía razón. Jim suspiró. "Piénsalo. Mientras exista alguien dispuesto a ponerse la capucha roja, esta pandilla durará para siempre."

"¡No tengo tiempo para su para siempre!"

Jim sonrió. "No que no aprecie la pasión, pero debo recalcar la anormalidad de tu indignación. ¿Qué te picó?"

Por la mueca sombría de Bullock, el pan danés que estaba devorando como cena, parecía ser el peor pan del mundo. "Nada. Sólo las consecuencias de mis propias estupideces. Debería tomar mi propio consejo de vez en cuando…" Bullock levantó sus lentes de su cara para usarlos sobre su cabeza. Ahora sentado, Harvey estaba gruñéndole a su desorden de informes.

Gordon cerró delicadamente el folder que tenía sobre su regazo. Esta era la hora en donde, como buen compañero, preguntaba qué demonios estaba sucediendo. Sin embargo, el mismo Gordon aún se sentía dañado por su cita psiquiátrica con el mismo Satanás. Empezó lentamente. "Mmm."

"¡Quiso decir!" De acuerdo. Bullock no quería lento. "¡Sé perfectamente que el Kool-Aid que tú te tomas es el más demente—"

"¡Pero tenías que tener una probada!" Jim interceptó, en equitativa impaciencia. "¿Tenemos que hablar al respecto justo ahora?"

Para extraños, la conversación no parecería tener coherencia alguna. Tanto Jim como Harvey, así lo preferían.

"¿Sabes qué? Es tú culpa, nadie más que tú me ha arrastrado a convivir con tanto tipo de la alta sociedad—"

"Oh, dame un maldito respiro. No pediste mi consejo ni antes, durante o después. No me metas en el explosivo desenlace de tus malas ideas."

El pecho de Bullock se infló como paloma ofendida. Lo que dijo Gordon, caló hondo. Hubo una pausa de incómodo silencio entre medio de su escritorio.

"Lo haces ver tan fácil, ¿sabes? Día y noche atrapas a los malos, te manchas las manos, y ves lo peor de la sociedad. Pero a pesar de estar mugroso por el trabajo, ese chiquillo te abre las puertas de su castillo como si llegaras en corcel blanco como la nieve. Así no funciona… Por lo menos, así no es como se supone que debería funcionar."

Jim suspiró. Bullock estaba acudiendo a metáforas. En verdad debió arder, lo que fuera que Alfred le había hecho. "Tu primer error fue asumir que Bruce y Alfred viven a nuestro nivel. No lo hacen."

Los ojos de Harvey se intercalaron con los suyos, cautelosos. Era la primera vez que lo ponían en voz alta y clara. Bullock no preguntó desde cuando lo había averiguado, ni cómo.

"Pensé…" Jim carraspeó su garganta. Hablar de las conquistas de su compañero, no era de sus pasatiempos favoritos. No obstante, Bullock era su hermano. "Pensé que todo iba bien con ustedes dos. ¿Qué pasó?"

Harvey tardó tanto en responder, que Jim pensó que ya cambiarían el tema. "El Factor Ex, mi amigo. Teníamos planes. Luego, me habla diez minutos antes para cancelar, pero se oye raro. Decidí tomar una hoja de tu libro y visitar el lado más verde de las Mansiones. ¿Y adivina qué? Tenía compañía."

"¿Qué clase… de compañía?"

"¡La clase que involucra limpiar profundamente las muelas de otro fulano con tu lengua! Dios, ¿tú qué crees?"

Jim frunció el ceño. Eso no sonaba digno de Alfred. El hombre era de todo, menos descuidado. O cruel. "¿Pero cómo te diste cuenta?"

Bullock se encogió de hombros. "Puede, o no, que haya visto la ilícita escena por la ventana mientras me estacionaba."

"¿Estabas espiándolo?"

"¡Nadie contestaba la puerta! Soy un detective, hombre. ¡Tenía que investigar!"

Gordon necesitaba café. Pronto. "¿Así que no hablaste con él directamente? Sólo huiste con tu ego herido, en vez de comportarte como un adulto."

"¿Qué hay que hablar?" Las defensas se levantaron. Bullock ya estaba colocándose la chaqueta de cuero y el sombrero. "Seamos honestos. Me hizo un favor. No es como si fuera algo serio. No estábamos tomándonos de la mano en Gotham Park y comiendo helado. Y hablando de cosas que no son azucaradas y cursis como esta conversación, vayamos por un maldito café—"

Gordon le bloqueó la huida con su cuerpo. No articuló palabra en primera estancia, pensando en lo que debería agregar, antes de dejarle a Bullock desechar todo el asunto. No se sintió correcto. "Habla con él."

Harvey alzó sus cejas. "No pregunté antes. ¿Cómo te fue con la Doctora Thompkins?"

Jim gruñó. "Vamos por ese café."

"Así de bien, ¿huh?"

Una hora después, estaban de regreso en el precinto atendiendo al Señor Chaing. Su mutua miseria personal pareció resaltar el pensamiento rápido de ambos detectives, encontrando el mejor antídoto al trabajar juntos con ingenio agudo y buena intuición. Desde el momento que tuvieron identificado a Clyde Destro, las piezas de dominó fueron cayendo.

Fue después de dejar libre a Clyde para que sirviera de anzuelo, que Jim decidió agarrar camino al laboratorio forense.

Lee estaba de espaldas, acomodando tubos diminutos en el congelador. Jim hizo ruido con sus pasos, para avisar su presencia. La mujer rotó hacia él, atareada.

"¿Jim? ¿Qué pasa?"

"Estás durmiendo con mi ex."

La boca de Lee se abrió en total shock.

"Me molesta. Me molesta… mucho." El Factor Ex, Harvey lo había llamado. Que acertado. "En primera, porque es así como Bárbara me lastimó la última vez. En segunda, no puedo evitarlo, pero una parte de mi siente celos al respecto."

"No es cómo lo imaginas."

Jim levantó la mano para frenarla. No quería detalles. "Hasta ahora, puedo decir que sólo me he enamorado de tres personas en mi vida. Me iba a casar con ella, Lee. No es cualquier persona—Nunca lo será. Bárbara es un maldito fantasma que siempre estará allí. Si tengo reservas sobre confiar en Bruce, tengo buena razón para ello."

El foco encima de la cabeza de Lee fue casi visible cuando se encendió con Eureka. Leslie era extremadamente lista. En un parpadeo fue como si estuvieran de regreso en el departamento de la doctora, sesión todavía en proceso. "¿Cuál es tu miedo? ¿Qué crees que sería lo peor que Bruce te podría hacer?"

-Preferir sus secretos, que a todo lo demás. "Supongo que no importa, ¿cierto? Tengo que superarlo, de una forma u otra. Lo haré, Lee. Pero tienes que dejarme asimilarlo. Bruce tiene que dejarme asimilarlo. No intenten acorralarme. No les gustará el resultado."

Se dio media vuelta sin darle oportunidad a Lee de armar un nuevo argumento. Sólo quería dejar claro lo que sabía. Estaba hastiado de caminar por campos minados. No jugaría al gato y al rato con Bárbara, si ésas eran sus intenciones. Ya tenía bastante en su propio plato.


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Le hicieron plantón a Destro casi la noche completa. Entre las 3:15 AM y 4:49 AM Jim había sido débil y había contando su traumática experiencia con su sesión con Lee, y el efecto de las malévolas trampas de Bruce Wayne sobre su libido. Sirvió bastante para mantener a Bullock despierto.

"Dios mío, Jim, eres patético."

Jim rodó sus ojos.

"Si quieres mi consejo—"

"De hecho—"

"¡Sólo dale al mocoso lo que quiere!"

"Excelente consejo. Gracias."

"Hablo en serio. No te entiendo. ¿Con quién quieres quedar bien? Tengo de buena fuente que a estas alturas, a Pennyworth le vale un rabo de conejo la castidad del niñito. Su peste hormonal lo está volviendo loco. ¿Sus padres? Seis metros bajo tierra. ¿La ley? Por favor. Se trata de Bruce Wayne, se podría casar con un chimpancé, y los tabloides le aplaudirían. Nah… Algo pasa aquí. Se trata de ti. Y no me des esa cortina de psico-habladurías."

Jim quería sacar su cabeza, y aplastarla en la nieve helada de afuera. "Cielo santo, Harvey. ¿Tienes que ser tan vulgar al respecto?"

"Quieres ceder."

Jim tragó saliva.

"Cada maldito día."

Harvey produjo un sonido de victoria. "Si tú no le das lo que quiere, lo va a buscar en alguien más. Quizás alguien con rizos rubios y fetiche por el cuero. ¿Qué acaso Wayne no se hizo muy amigo de Selina?"

"Ahora, sólo intentas agraviarme."

"Fuiste un adolescente, Jim. Sabes que tengo razón."

Si Selina fuera a… Jim la destruiría. No podía siquiera pensar en la noción. "Ahí viene nuestro hombre."

Ebrio, pero seguía con vida. El robusto hombre venía bamboleándose por la calle de enfrente. Por si fuera poco, Clyde tenía una lata de cerveza cubierta en bolsa de papel en su mano. Como si necesitara más alcohol en su sistema. Lo observaron subir al tercer piso del complejo de apartamentos. Quinces minutos después, se escucharon disparos. Bullock y Gordon entraron en acción.

Destro estaba en el piso con una herida de bala en el costado. Estaba consciente y quejándose por una ambulancia. La rutina de policía malo no le sirvió a Harvey para sacarle los nombres que integraban la pandilla de asaltantes, pero la curiosidad de Jim sí. Con las cartas de rechazo de múltiples préstamos, Jim unió los cabos sobre el móvil de los asaltos: venganza.

"Banco de Préstamos Internacionales de Ciudad Gotham. ¿Este es su próximo objetivo?"

"¿Dónde está mi ambulancia?" Gruñó Destro, malhumorado. Fue la respuesta que necesitaron.

A las 8:00 AM en punto, GCPD tenía rodeado el lugar, así como a los tres integrantes restantes de la pandilla Red Hood. Se abrió fuego inevitablemente. Arrogante en su creencia de que sería inmortal con la capucha puesta, el nuevo líder los enfrentó con una escopeta. Cuando se le acabó la munición, el tonto quiso usar una pistola que había tenido escondida en sus pantalones.

Era sólo un chico. Un chico tonto y desesperado. Un chico que no le dejó opción a Jim más que dispararle a muerte.

Al despojarlo de la afamada capucha roja, Jim sintió sólo frustración. Intercambió una mirada con Harvey.

"Necesito un pan danés." Bullock masculló.

El celular de Jim lo distrajo de la anticlimática conclusión. Lo sacó sin checar el ID. "¿Sí?"

Era Bruce.

"¿Cual hospital?"

Bruce citó el nombre del hospital con voz temblorosa.

"Está bien. Voy en camino. ¿Te encuentras bien?"

"Estoy ileso." La llamada fue desconectaba segundos después. Jim cazó el rastro de Bullock de regreso al auto. Se metió al asiento del pasajero.

"Olvida el pan danés. Alfred está en el hospital."

Obtuvo más de lo esperado. Bullock se llenó de tensión. "¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando?"

"Lo apuñalaron. Alguien intentó robar la Mansión. No estoy seguro. Presiona el acelerador con todo lo que tienes."

El pavimento quedó marcado con las huellas de las llantas en su salida precipitada.


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Fin de Parte 15.

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(¡) NdA (¡):

Por si no quedo claro, el Ex que Bullock menciona se trata de Reginald Payne. ¡Alfred tiene muchas explicaciones que dar al respecto!