"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins.
Rating: Sólo diré... ¡SAQUEN LA CHAMPAÑA!
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Situado durante los episodios 1x19 "Beasts of Prey", y 1x20 "Under the Knife". (YESSSS, YA CASI TERMINÓ LA TEMPORADA 1).
Notas extras: Recomiendo volver a ver el episodio 1x19. Me ayudó bastante, en especial en la escena que Jim se le echa encima al Comisionado Loeb. ¡Todo un fucking Alfa! Además, les refrescaría detalles sobre la trama del Ogro que son clave para compenetrarse con esta parte del fic.
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17.
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"Venderé mi alma por algo puro y verdadero.
Alguien como tú."
-Garbage (#1 CRUSH).
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"Lista." Bárbara le sonrió desde sus espaldas. El zipper del vestido de Lee estaba, efectivamente, cerrado. Fue curioso entonces, sentirse desnuda frente al espejo. Cuando percibió a la rubia correr sus manos de más por los glúteos de la doctora, Leslie le dio un pellizco ligero.
"No empieces. Tengo que estar a tiempo."
"Llamaré al chofer—"
"Pediré un taxi. Gracias."
Bárbara estaba vistiendo solamente un camisón de franela. Sus largas piernas doradas se pasearon por la recámara en naturalidad absoluta. Leslie, no por primera ocasión, estuvo estupefacta ante la inherente sensualidad que se expedía de la Omega. Cuando Bárbara se estiró para abrir una ventana, los tirantes de su tanga alcanzaron a verse. La mujer se estaba preparando para su cigarrillo matutino.
Con una mueca, Leslie terminó de recoger su portafolio y su bolso de mano. Bárbara sabía de su odio por el olor.
La Srta. Kyle no estaba por ningún lado, para cuando Leslie pidió por el taxi. Robó una manzana de la cocina y se dispuso a colocarse su abrigo en el lobby.
"Yo te llevo."
Leslie volteó hacia la dirección de la voz. Bárbara la sorprendió con su apariencia. El camisón había sido reemplazado por unos jeans ajustados, botas de motociclista, y un suéter de lana. Sus mechones estaban sueltos, y su rostro relucía al natural.
"Debiste quedarte en cama." Leslie rio suavemente ante los impulsos nobles de la chica. "Apenas dormimos tres horas, en toda la noche."
"No sería justo. Yo fui la que te convenció de ir a bailar en pleno miércoles." Del armario, Bárbara sacó una chaqueta de cuero. Del bolsillo de éste, extrajo un manojo de llaves. Las hizo sonar con una sonrisilla que implicaba problemas. "¿Recuerdas al sujeto de anoche, el que no se callaba sobre su Lamborghini de colección?"
"¡Eres incorregible!"
La Omega le retiró el portafolio para cargarlo ella misma. Con tan sólo volver a tenerla cerca, Lee fue hipnotizada con su aroma. El olor a nicotina no le molestó tanto, como lo había pensado. "Antes que empieces con tus sermones, lo llamaré más tarde para regresárselo."
"¿Más tarde?"
Bárbara rodó sus ojos. "Después de acabarme el tanque de gasolina, por supuesto."
Leslie se sintió como una niña, una vez en el asiento del pasajero. Gracias a Cielo, no se trató de uno de los modelos futurísticos de puertas diagonales. "Por favor, respeta los señalamientos de aquí hasta la estación de policía."
"Aguafiestas." Con lentes de aviador colocados en su petite rostro, la rubia encendió el motor. "Oooh, escucha como ronronea, nena."
Leslie explotó en risitas. -Incorregible, volvió a pensar. "Nunca cambies, Barb."
La sonrisa que la Omega le envió estuvo envuelta en sentimiento más genuino. Con Lee, se estaba volviendo habitual. Bárbara estaba dejando de modelar todos y cada uno de sus movimientos, ante la presencia de su amiga. Caretas estaban desvaneciendo, poco a poco. Conmovía a Lee, percatarse de ello. Significaba que Barb confiaba en ella. "¿Te imaginas la cara de Jim, si nos viera llegar? Siempre tuvo un fetiche por los clásicos."
Leslie escogió ver la ventanilla. "Ah. La verdad sale, al fin."
"¡Oh, vamos, sólo bromeaba! No hago esto para seguir acosándolo. Puede irse al cuerno, por lo que a mí me concierna."
Lee no le creyó. Esperó a que estuvieran a dos cuadras de la estación, para abordar un asunto que había estado posponiendo. "Jim cree que estamos… teniendo una aventura, o algo así."
"Bueno, cada día a tu lado es una aventura, linda."
"No estoy bromeando."
Bárbara frenó en una luz roja. Fue un milagro. "¿A quién le importa lo que piense? Deja que su paranoia lo vuelva loco. Típico." La chica jugueteó con los controles del radio. Fue un acto, sin embargo. Música nunca fue reproducida. "¿Te molesta?"
"¿Mm?"
"¿Te molesta que piense eso?"
"No me dejó explicarle. No he hablado a solas con él últimamente, pero estoy dispuesta a dejar en claro las cosas, en cuanto tengamos oportunidad. Trabajo con él." Lee suspiró. "No quiero sentirme incómoda en mi propio trabajo. Además, Jim es mi amigo. No quiero malentendidos."
La luz cambió a verde. Bárbara se mantuvo en silencio el resto de la trayectoria. Los intentos de Lee por iniciar conversación fueron ignorados a partir de ese momento. Sólo le quedó a la Beta esperar que Bárbara superara su berrinche, para el final del día.
Salió del Lamborghini, apresurada. Se despidió de Kean con un meneo de su mano. De nuevo, fue ignorada. El arranque con el que Bárbara salió del estacionamiento, dejó en claro el disturbio de sentimientos que la impulsaban.
Esto, era a lo que Lee no podía acostumbrarse.
Bárbara Kean era mercurio líquido. Estaba de buen humor un minuto, rabiosa al siguiente. Persistía en convencerla a salidas de diversión, y daba patadas hasta que Lee cediera. Era comportamiento inmaduro. Frustrante.
Leslie suspiró, una vez en su oficina. Se sentó en la banca metálica, estómago en nudos.
"¿Qué estás haciendo?"
Silencio.
Bárbara era inestable. Un imán del desorden. Lee se regía del análisis y pensamiento, mientras que Kean era una mezcla de emoción y acción.
Bárbara coqueteaba. Leslie no podía tomar en serio sus líneas pícaras. Eran amigas. En contra de preconcepciones tradicionales de sus temperamentos, claro, pero lo eran.
El problema era…
"No." Lee se levantó. Fue a descolgar su bata blanca. "No abras la caja de Pandora."
Se puso a trabajar.
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"¡Jim, del otro lado!"
Gordon corrió por el lado sur del edificio a toda velocidad. El sospechoso trató de evitarlo tumbando bicicletas y un bote de basura por la acera. Gordon se salvó por un pelo de ser derrumbado por el bote de basura, y brincó sobre las bicicletas tiradas con buenos reflejos. Chao Ling se dirigió al callejón de la calle 10, ciego con la desesperación.
Jim sonrió victorioso. Ese movimiento, era lo que había estado esperando.
Cuando se puso a la par, Chao Ling estaba intentando escalar la barrera de malla metálica que lo llevaría a la parte trasera del restaurante de comida rápida de la otra calle.
"¡Alto! ¡Policía de Gotham!"
Del otro lado, empujando la puerta trasera del restaurante, Bullock salió con su arma lista y apuntándole a Ling. "¡Abajo, Ling, antes de que te hagas un nuevo agujero con las púas!"
Jim rodó sus ojos. "Baja de la acera lentamente, Ling, o te dispararé."
Ling tuvo la cabeza fría de darse por vencido. Dejó que Jim lo esposará, y fue llevado al auto de Harvey con constantes demandas por un abogado.
"Ah." Bullock se le unió en el asiento del pasajero, trece minutos después, con placida apertura. "Nada como una buena persecución para abrir el apetito."
"Dímelo a mí." El estómago de Jim gruñó con la mera idea del almuerzo. "Los dejaré en la estación."
"¡Áh, áh!" Bullock levantó su dedo. "No tan rápido, vaquero. ¿Qué hay del resto? Yo también necesito ser alimentado."
"Cómprate una hamburguesa." Jim le dijo dulcemente. "Tengo una cita."
"Dudo que Wayne quiera dejar a solas a su mayordomo para salir contigo, por lo cual me atreveré a adivinar que están planeado una velada dentro de puertas. Lo que me lleva una espectacular idea—"
"Que nadie te pidió—"
"¿Qué tal si tú te encargas del Grinch junior, mientras yo me encargo del Grinch adulto? ¡Todos ganamos!"
"Uno de los dos tiene que quedarse en el precinto para registrar a Ling en las celdas."
Bullock se encogió de hombros. "Pff. Le diré a Gonzales que lo haga por nosotros. Me debe una."
Jim cambió tácticas. "Harvey, si no te conociera, pensaría que estás en el camino de sentar cabeza."
"Oh sí, mi difunta madre estaría orgullosa del caballero inglés que me llevará al altar. Deja de pensar en excusas y muévete. No estaba bromeando, me muero de hambre."
Jim suspiró. Mientras esperaba a que Bullock transportara a Ling al precinto, llamó a la Mansión para avisarle a Bruce que iban en camino. Con sólo escuchar la voz de Bruce diciéndole que estaba haciendo emparedados, la inclusión forzada de Bullock tuvo menos importancia.
Camino a los ejidos Wayne, comenzó a llover.
"No puedo esperar a que llegue el verano, hombre. Mi cadera duele con este frío."
A Jim le agradaba la lluvia. "Compórtate mientras estés allí, ¿quieres?"
"No sé a qué quieres aludir. Siempre me porto bien."
Bruce los estaba esperando en la puerta de la Mansión, viendo los chorros de agua que corrían por la arquitectura del edificio, creando cascadas por los tejados. Jim y Bullock tuvieron que correr al lobby, usando sus chaquetas para protegerse. Bruce salió corriendo cuando Jim sacudió su chaqueta mojada en su dirección, logrando la meta de escucharlo reír. No se molestó en despedirse de Bullock. Siguió el rastro de Bruce a la cocina, y dejó que Bullock fuera en busca de sus propios objetivos.
"Huele bien."
Bruce rodó sus ojos. "Son emparedados fríos."
El comedor estaba listo para que sólo tomaran asiento. Bruce tenía hasta el café cubano que había hecho de Jim un adicto, listo para servir.
"Leí el periódico esta mañana." Bruce escogió agua mineral, sentando frente a Jim. "Felicidades."
"Gracias." Jim sonrió, intoxicado. Su nueva posición, la actual compañía, la adrenalina de la previa persecución—todo contribuyó que Jim se sintiera más alto que un rascacielos. "Por la buena compañía y la comida, también."
Bruce se sonrojó. Justo como Jim lo había querido. Debajo de la mesa, sus botines rozaron con los zapatos del detective. "¿Qué hace exactamente un presidente del sindicato de policías?"
"Depende en el presidente. ¿Cómo está Alfred?"
Bruce tartamudeó. "Más—más quejumbroso de lo que esperaba."
Jim enredó un pie del Beta entre sus tobillos. "Hablé con Bullock. Prometió mantener el volumen abajo, de ahora en adelante."
Bruce sopló, caustico, por su nariz. Dio la primera mordida a su emparedado. Jim le siguió ejemplo. Después del periodo obligatorio de masticadas, el chico siguió con la conversación. "Corté el pan demasiado grueso."
Jim mintió como profesional. "Están bien tal cual, Bruce. No te preocupes." Esperó hasta que terminaran la mayoría de su almuerzo, antes de abordar su siguiente preocupación. "Respecto a lo sucedido con Alfred, ¿cómo te sientes tú?"
Bruce frunció su ceño. "Estoy en perfecta salud."
Jim limpió mostaza de sus labios con la servilleta. "¿Qué tal tu estado mental? ¿Alguna idea loca formándose por allí?"
"Muchas. Tendrás que ser más específico."
"Respetamos la decisión de Alfred de ir tras su atacante por su cuenta. Pero, eso no te incluye, Bruce. Lo que sea que Alfred tenga planeado, no puedes involucrarte. Es demasiado peligroso, y no es tú pelea."
Si Jim se había estado preparando para una contienda, no fue lo que obtuvo. Bruce contempló su plato, como si éste fuera lo más fascinante del universo y luego, simplemente, se encogió de hombros. "De acuerdo."
Jim esperó un momento más. Nop, ninguna bomba les cayó encima. Prosiguió con el postre, arroz con leche. Decidió ser optimista. "No fue tu culpa. Sólo quiero que lo sepas, Bruce." Bullock había compartido su hipótesis referente al atacante. El objetivo había sido robar documentos de la investigación de Bruce. Jim no se metería más de lo que lo llamaban, hasta que fuera obligado. Pero, eso no le restaba sentir preocupación.
"Lo sé." El Beta se levantó para llevar su plato al lavaplatos. Cuando regresó tenía su propia porción de arroz con leche. "Es comprado, por cierto. No quieras darme un cumplido caballeroso sobre el buen sabor." Bruce le sonrió en cambio de atmosfera. Jim le robó una cucharada de su plato en respuesta. "¡Oye!"
Con la cuchara metida en su boca, Jim hizo su escape de los manotazos del Beta para transportar su propio platillo al sink. Abrió la llave del agua—
—y escuchó estruendos viviendo por encima de su cabeza. Una serie de sonidos delatadores se unieron, minutos después.
Jim clavó sus ojos en el techo. Definitivamente, no se trataba de la lluvia de afuera. Cuando volteó a ver a Bruce, quien permanecía sentado en el comedor, el adolescente estaba haciendo muecas agrías.
Jim mordió su labio. Esperó a que los sonidos se atenuaran. No lo hicieron. Sólo empeoraron. Se sostuvo del azulejo que adornaba sink. Ante un escandaloso gruñido, sus cejas se alzaron, impresionadas con los pulmones de Pennyworth.
El primer brote de risas lo tomó desprevenido.
"¡No es gracioso!"
Las risas evolucionaron a carcajadas. Jim se desmoronó por completo. Era definitivamente, gracioso. Así como, completamente ridículo. Regresó a lado de Bruce con ligereza en su corazón.
"¿Qué? ¿Por qué me miras así?" Bruce lo miró como si estuviera loco. Probablemente porque Jim no dejaba de reírse por entero, mientras acababa con la distancia entre los dos.
"Es como una maldita señal." Jim levantó el cuerpo del Beta de la silla. Desprendió una cortina gruesa de feromonas por toda la cocina, sintiendo completa paz con su actual decisión. La boca de Bruce se abrió instantáneamente, pupilas dilatadas. Jim lo besó, tomando la curva superior de los labios del Beta con su propia boca. "¿Bruce?"
El Beta rodeó el cuello de Jim con sus brazos. "¿Sí?"
"Vamos a dar un paseo."
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Gordon estaba trotando. No había otra manera de describirlo. Caminó por la estación envigorizado. Sus músculos estaban relajados, su mente completamente limpia y afilada. El Alfa estaba jadeando por más en su interior, impaciente por terminar el día para regresar con Bruce. Jim lo aplacó con la promesa Pronto. Tenía que ser suficiente, por ahora.
Estaba por subir a su escritorio cuando un oficial lo interceptó. "Detective Gordon, Len Moore."
"Oficial, ¿qué puedo hacer por usted?" A través del barandal, le apretó la mano a Moore. Era un Beta regular.
"Es un hombre con una peculiar reputación."
"¿Ah sí?"
"Claro. Un detective de Gotham que, de hecho, cierra sus casos."
Alguien estaba intentando coquetear. "Bueno… Lo intento."
"Uh, es por eso que estoy aquí, a decir verdad."
Mala señal. "¿Oh?"
"Mire, hace unas semanas, asistí a una escena de homicidio. El nombre de la víctima era Grace Fairchild. Encontraron su cuerpo por el río, apuñalada, y los detectives que tomaron el caso no pudieron resolverlo y lo dejaron inconcluso." Le pasó el folder con la descripción de la víctima, pero Jim titubeó en aceptarlo.
"Siento escucharlo. Sucede."
"Me preguntaba… si usted podría encargarse del caso, ahora."
Jim suspiró. "Mira, Len. Tengo mis manos llenas."
"La familia de la víctima merece justicia."
"Sí, claro, pero—"
"Su asesino merece pagar por lo que hizo. Este caso… fue horrendo."
Jim endureció su postura. "Todos los casos son horrendos. Dime. ¿Cuál es tu verdadero ángulo?"
Len se mostró ofendido. "No tengo ángulos. Mis motivaciones son sinceras. Detective Gordon, escuche… Nosotros, los oficiales más jóvenes, hemos estado al tanto de lo que usted ha logrado. Ha podido limpiar Gotham y el departamento de policía de la ciudad. Quiero ser parte de estos cambios, y traerle este caso es mi manera de contribuir."
Jim analizó al oficial de pies a cabeza, pero no encontró algo fuera de orden. "Le daré un vistazo." Estaba de excelente humor, después de todo. Aceptó el folder. Len le sonrió en despedida.
"¿Cómo encontraste tu camino de regreso?" Jim le picó la cresta a Harvey, en cuanto estuvieron compartiendo espacio de trabajo.
"Oh, ha, ha. Miren quién se cree todo un comediante. Ciertamente, no lo encontré gracias a ti."
"¿Qué? ¿Esperabas que me quedara a escuchar tu sinfonía? No gracias."
Bullock destapó su rostro del periódico. Jim se sentó en su cubículo, ojos en las fotos de la víctima. Podía sentir a Harvey haciendo inventario de su persona.
Esperó.
"Pues que me parta un rayo." Bullock exclamó finalmente, completa revelación iluminando su rostro. "Saquen la champaña, que el día por fin ha llegado: Wayne ha sido desvirginado."
"No seas vulgar." Jim advirtió en voz baja. "Pero… si quieres verlo en el contexto del viejo testamento, sí."
La boca de Bullock colgó. "Tú, pequeño diablo… ¿Cuándo? ¿Dónde?"
"No te incumbe."
"¡Oh, vamos! ¡Esto un acontecimiento importante! Tanto esperar, y soportar a Wayne y a ti haciéndose ojitos—"
"De acuerdo. ¿Cuándo? Después de almorzar. ¿Dónde? En tu carro. Así que, no te convendría usarlo hasta que lo mande lavar." Si lo mandaba lavar. Jim no quería deshacerse del olor todavía. "¿Contento?"
"Te odio tanto. ¿En mi auto, Jim? ¿En serio?"
Jim se levantó de su asiento. "Nah. Me amas." Le mandó un guiño a su compañero. "Busca a Ed, ¿quieres? Lo necesito."
Hacía mucho tiempo que no visitaba a Lee. La echaba de menos. Posiblemente le debía una botella de vino, por demasiadas razones que Jim no quería listar, por miedo a que le faltaran dedos. "¿Ocupada?"
Lee dejó de escribir en su clipboard, al escucharlo. "¡Jim!" Como la mayoría de sus sonrisas, esta fue honesta. Luego, en tres exactos segundos, las mejillas de la mujer resaltaron en una sonrisa más predominante. "¡Oooh, Jim!"
Calor invadió su rostro. Lee sonó orgullosa. Jim aclaró su garganta. "¿Tan obvio es?"
"Claro que sí." La mujer se carcajeó. "¡Estás brillando!"
"Son las endorfinas, nada más." Jim le estiró el folder. "Me preguntaba si estabas libre, necesito tu ayuda."
"¿Caso nuevo?"
"La víctima, Grace Fairchild, fue encontrada hace dos semanas. Fue reportada como desaparecida hace cuatro meses. La última persona en escuchar de ella, fue su madre. Le dijo que estaba tomando un trago en un bar de South Village."
"¿South Village? Es mi vecindario."
"Exacto. Esperaba que supieras detalles del área que los otros policías no pudieron encontrar. No hay pistas, ni testigos." Jim estaba comenzando a ver por qué el caso había sido abandonado.
Lee revisó los documentos con detenimiento. Al ver las fotos de cuerpo, la mujer se mostró inquietada. "Este tipo es un monstruo."
Jim asintió.
"Ahora que lo dices. Están de moda estos establecimientos que funcionan con doble cara. Por ejemplo, entrar a una tienda de lavandería pero al atravesarlo encuentras que es un bar en realidad. Sería fácil de pasar de vista, si no eres del vecindario. ¿Te ayuda? La víctima pudo haber ido a uno de estos lugares."
"Lo checaré." Al tener el folder de regreso, Jim se tragó su orgullo. "Gracias, Lee."
La tregua flotó entre los dos. La Doctora asintió. Jim dudaba que la mujer supiera que olía a Omega.
Dejó el laboratorio. No era de su incumbencia.
Tenía a un compañero que convencer para tomar el caso.
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Alfred entró a la sala con suspicacia. Se dirigió directo a la caja de metal descansando en el escritorio. Escuchó pasos y giró precipitadamente, escondiendo la pistola a sus espaldas.
Amo Bruce lució sorprendido de verlo de pie. "Alfred."
"Me estaba preguntando donde se había metido." El chico estaba tieso en el umbral, ojos hinchados como un venado frente a una camioneta. "¿Se encuentra bien, Amo Bruce?"
"¡Por—Por supuesto!"
Alarmas se prendieron en la mente del mayordomo. Tomó un paso hacia el Beta, y sus presentimientos fueron justificados al ver al chico retroceder, en igual medida. "Cambiaste tu ropa. ¿Qué sucedió? ¿Se mojó con la lluvia?"
"No—¡Sí! Sí, eso fue lo que sucedió. ¿A dónde te diriges?
"A la ciudad." Alfred suspiró. "Si conozco a Reggie, probablemente se encuentra borracho y en camino a un estado peor. Probablemente, lo encontraré en una galería disparándose el brazo a lo loco."
"Alfred, no puedes ir."
"No hay otra opción." Alfred rumió. El estudio giró fuera de su eje por un momento, pero el Alfa sacudió su cabeza para reafirmarse. "Reggie sólo se quedará en la ciudad por unos días. Si no lo busco ahora, lo perderé."
El Beta se insertó al estudio con más seguridad. Sus hombros en alto, al igual que su mentón, encajaron con la espantosa peste a feromonas que lo marcaban. No era la usual mezcla. Esta marca era profunda, hacia arder su nariz—Oh.
Oh, Dios mío.
"Supongo que la venganza es dulce." Alfred gruñó entre dientes. ¡Ese mal nacido de Gordon! ¿Cuándo demonios había tenido la oportunidad de hacer de las suyas con el Amo Bruce? "Por lo menos dígame que lo trato bien—"
"No estamos hablando de mí, Alfred. Si piensas salir a buscar a Payne, iré contigo."
Dolor estaba emanando de su esternón. Diablos. Culpaba a Bullock por esto. "Si usted cree por un minuto que estaré dispuesto..." Cuando su mano se introdujo a su chaleco, se sintió húmeda. Estaba completamente roja, cuando Alfred la examinó. "Oh, cielos." Las puntadas. Se habían desprendido.
Aunque asustado por la sangre, el joven Beta lo ayudó a sentarse en el sofá. "Llamaré al Doctor Donald. Espera aquí."
Alfred aprovechó la cercanía para tomar un brazo del joven. "Dígamelo, amo Bruce. Dígame que Gordon fue… bueno con usted. Que fue una buena experiencia." Las primeras veces siempre solían ser funestas. Más valía que Jim Gordon hubiera tratado a este joven con respeto y gentileza. "Asegúreme que no tengo que ir por la escopeta."
Cuando su protegido sonrió, Alfred tuvo su respuesta. "James fue… más que bueno, Alfred. Ahora déjame ir al teléfono, ¿de acuerdo? No te muevas."
Alfred se recostó. Se sintió mareado por la pérdida de sangre y el cansancio. Para su suerte, no tenía a nadie más que culpar que a su propio cerebro-de-abajo, por las consecuencias.
Maldito Bullock.
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Después de visitar el bar en el que Grace había sido vista por última ocasión, Jim se sintió más seguro que nunca de que tenía que resolver el caso. El reporte de Lee sólo sirvió para asegurárselo. El cuerpo de la víctima había sido preservado por meses, cierto, pero Jim no creía que la chica hubiera huido por su cuenta. Así, se lo dijo a Bullock y a Lee.
"Fairchild tenía un trabajo, una hipoteca. Hasta llamó a su madre el día de su desaparición. No. Alguien la secuestró. Y ese alguien la mantuvo cautivo por meses hasta que se sintió listo para matarla. Lo sé." Ver el cadáver de la víctima le recordó a Bruce. Grace había sido tan joven al morir. Incuso ahora, lucía tenebrosamente bonita en su estado post-mortem.
Esta era la clase de actos grotescos, de los que Jim deseaba protegerlo.
"No me gusta este caso." Bullock se quejó, no por primera vez. "Algo huele mal."
"Siempre lo dices."
"Y siempre tengo la razón."
"Concéntrate, ¿quieres?" Jim masajeó su frente. ¿A dónde se habían ido las endorfinas? No había duda que cualquier clase de bendición en esta vida, siempre era breve. "Te necesito conmigo, Harvey. Algo falta."
"Esperemos que Ed encuentre algo útil." Su compañero se aplastó en su escritorio con lentes ya puestos, y manos dándole vueltas a las mismas fotografías de la escena del crimen.
Jim lo observó con agradecimiento.
Al final, Harvey estuvo en lo correcto. La pieza de evidencia faltante del caso fue lo que necesitaron para tener el panorama completo: una fotocopia de un corazón roto.
"¡Te lo advertí! ¡Pero no, tenías que seguir presionando y quemarnos a los dos!"
"¿De qué diablos hablas?" Desde que Bullock puso los ojos en la fotocopia, había palidecido considerablemente.
"Este sujeto." Harvey hizo énfasis con la hoja de evidencia, sacudiéndola con coraje. "No es su primer rodeo, Jim. Este tipo… es un asesino serial."
Mierda.
"¡Sí, exacto! ¡Luce asustado! Esto es serio." Bullock prosiguió a jalarlo del brazo, dejando a Nygma detrás de ellos. "Aquí no." Jim fue casi arrastrado hasta el primer piso, directo al basurero que tenían de bodega de evidencias.
"De acuerdo, ya suéltame." Jim gruñó en cuanto estuvieron en lo profundo de la bodega. "¿Qué estás diciendo? ¿Cómo sabes que se trata de un asesino serial?"
"El asesino…" Bullock rascó su nuca un momento. "Secuestra a muchachas jóvenes y atractivas y suele mantenerlas en cautiverio por un largo tiempo, a veces por meses. Luego, riega los cuerpos alrededor de la ciudad."
Jim sintió su corazón acelerarse. "¿Cuantas mujeres ha matado?"
"Una docena." Harvey suspiró. "O más. Cada vez que asesina, deja una de estas ridículas cartas en la escena del crimen. Es como su tarjeta de presentación."
"¿Quién demonios es?"
"Nadie lo sabe. Lo que tenemos de perfil criminal habla de que es alguien apuesto, rico, bien educado. Algunos oficiales lo llaman el asesino Don Juan. La mayoría lo llamamos El Ogro."
"Entonces, ¿por qué no había escuchado de este tipo hasta ahorita? ¿Por qué no es de conocimiento público?"
Harvey le dio la espalda, agarrándose de la malla de acero, como si el pasado lo estuviera hundiendo al piso. "Es el…" Un oficial se atravesó entre los dos. Harvey esperó que se largara, para continuar. "Es el pequeño sucio secreto de GCPD. Sólo un manojo de nosotros estamos enterados de este tipo, y puedes apostar que nadie de nosotros abriría la boca a la prensa."
"¿Por qué no?"
"Porque… El Ogro se venga de cualquier detective o policía que se atreva a investigarlo. Asesina a sus seres queridos. Por ello, este lunático nunca ha sido atrapado, Jim, porque nadie es lo suficiente estúpido como para querer llevarlo preso."
"Hasta que yo llegué."
"Bingo. Y bastante estúpido, diría yo." Jim rodó sus ojos. "Hablo en serio. ¿Cómo demonios llegaste a este caso?"
"Ya te dije. Un oficial me pidió que lo revisará."
"¿Quién? ¿Cuál de todos?"
Jim no respondió con palabras. Salió de la bodega como bala. Bullock se le pegó. Revisó el precinto de pies a cabeza, y no descansó hasta encontrar a Len Moore en los casilleros.
Bullock lo estampó contra la cabina de metal, desde que entraron. No requirió de mucho para hacerlo hablar.
Había sido Loeb. Le había tendido una trampa a Jim. Había obligado a Moore a actuar como fanático de Gordon, para así seducirlo para que tomara el caso. Jim, efectivamente, se había quemado, queriendo volar demasiado cerca del sol.
Sin rumbo fijo, Gordon salió de los casilleros. El mundo le dio vueltas. "Jim, escucha. Todavía estás a salvo."
"¿A salvo?" Incrédulo, Jim se congeló enfrente del área de las secretarias. "No estoy a salvo, Harvey. Podría tomar represalias contra mí—"
"Sólo si se entera de que estás investigándolo. Piénsalo. Haz revisado este caso de manera no-oficial. No hay prensa que te conecte a la investigación. Sólo haz hecho unas cuantas preguntas, ¡así que tienes que dejar este caso por la paz! No es hora de querer ser un héroe."
Jim sacudió su cabeza. Liberó el brazo que Bullock había tomado para arrinconarlo. "Si lo dejo ir, estaría dejando en libertad a un asesino serial. ¡La sangre de su próxima víctima estaría en mis manos!"
"Si no lo dejas ir, esa sangre podría pertenecerle a Bruce Wayne."
Fue un balde de agua fría.
"Y como son paquete completo, hasta Alfred estaría en la línea de fuego. Deja tu mugrosa ambición de lado, Jim. ¿No crees que tu noviecito ya ha tenido suficiente?"
"Déjame solo." Gordon siseó. Le dio la espalda a Bullock. Lo sintió retirarse.
Bruce.
Bruce, quien había gemido tan dulcemente en su oído, horas atrás. En sus brazos, Bruce se había sentido inmortal. En su abrazo, Jim había tenido la certeza de que nada lastimaría lo que era suyo.
La batería de su móvil se había descargado. Tomó el teléfono de la estación para intentar comunicarse a la Mansión. Nadie atendió. Jim llamó al móvil del Beta. Lo mandó a correo de voz. "Bruce. Llámame en cuanto puedas. No bromeo. Es urgente."
Distinguió el aroma a rata de alcantarilla, desde lo lejos. Jim colgó el teléfono y al mirar a Loeb descaradamente entrar a la estación, permitió que el Alfa entrara en estado Berserk.
"Tú, maldito hijo de puta." No tuvo consciencia de límites, al echársele encima al hombre. "¡Me tendiste una trampa!"
"Detective, no tengo idea a qué se—"
"No hables. Sólo escucha." Tomó a Loeb del abrigo. Cuando uno de los Capitanes quiso intervenir, Gordon lo empujó fácilmente de su camino. Con un sólo dedo amenazante y un oleaje de feromonas como advertencia, el Capitán comprendió que era mejor conservar su cabeza unida a su cuerpo. "Intenté trabajar contigo. Pero, haz cruzado la línea. ¿Quieres lastimar a la persona que amo? Perfecto. Ahora jugaremos de acuerdo a mis reglas. No más tratos. No más diplomacia. Encontraré al Ogro y lo pondré detrás de una maldita celda. Cuando haya terminado con él, será tu turno." Loeb estaba temblando. Siendo un Beta, la sabandija muy posiblemente nunca había enfrentado a un Alfa enfurecido y al punto de la locura. Que esa fuera otra valiosa lección. "Vendré tras de ti, Comisionado. Y te acabaré."
Lo dejó ir. Jim ignoró el público que había atraído.
Necesitaba encontrar a Bruce.
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Reginald Payne era la tercera persona que Bruce había visto morir.
El camino de regreso a la mansión tomaría tiempo. Era tarde, y ya había anochecido. Había escuchado el mensaje de James, pero todavía no podía decidir si llamarlo sería lo acertado. James querría respuestas.
Un vándalo quiso atacarlo, mientras Bruce estaba distraído, seguramente interesado en el celular de Bruce.
"Aléjate de él." Selina apareció de la nada. Cuando la Alfa sacó una navaja, el muchacho no dio pelea y los dejó en paz. Selina lo tomó del brazo para guiarlo en dirección contraria a la que Bruce se había estado dirigiendo. "Vamos."
"¿Volviste?"
"Sí. Los policías ya están ahí."
"¿Y?"
"¿Y qué? ¿Qué crees? El tipo se cayó de una ventana del quinto piso. Está muerto."
Bruce gruñó. "¿Por qué lo hiciste? ¡Nos dijo lo que queríamos!" ¿Cómo le explicaría a Alfred que su amigo estaba muerto? ¿Cómo se lo explicaría a James? "Nos dijo sobre Bunderslaw. ¡No tenías que matarlo!"
"¡Sí, tenía que hacerlo! ¡Porque en el momento que nos fuéramos, el viejo le hubiera avisado a su jefe sobre nosotros! Quien trabaja para ti, por cierto. Su jefe es el que intentó matarme, quien intentó matar a tu mayordomo, y quien probablemente mandó matar a tus padres. Te salvé el pellejo."
El móvil estaba vibrando en la mano de Bruce. Era James, de nuevo. Tenía que contestar, o hasta Alfred entraría en pánico.
Selina se le acercó hasta estar nariz a nariz. "Además, tú también querías hacerlo. Pero, como todo el tiempo, te faltan las agallas." Sus ojos verdes bajaron hacia el móvil. "Contéstale a tu novio. Necesitarás un aventón de vuelta a tu castillo."
"¡Espera! Aún tenemos que averiguar quién es Bunderslaw y lo que quiere."
"Querrás decir, tú tienes que averiguarlo."
"¿En verdad crees que esto se ha acabado? Bunderslaw vendrá tras de ti también."
Lo peor de todo, era que Bruce no mentía. Al involucrar a Selina, la había puesto en peligro.
"¿Qué sigue, entonces? ¿Mm?"
"Su caja fuerte."
"¿Qué?"
"Cada ejecutivo en las Industrias Wayne tiene una caja fuerte en su oficina. Cualquier secreto que tenga, allí estará guardado."
"¿De llave, o de combinación?"
"Llave. Mi padre tenía una."
"Lo más seguro es que la tenga consigo todo el tiempo. Encuentra una forma de acercarme a él, y se la robaré."
"¿Puedes hacerlo? ¿En verdad?"
"Como si tuviera otra opción. ¡Quiero vivir! Pero, escúchame bien. Lo que sucedió esta noche, no se lo dices a nadie, ¿queda claro? Ni a tu novio el Detective, ni a tu mayordomo. A nadie."
Bruce asintió. -Por ahora. Por ahora, lo mantendría en secreto. Para proteger a su amiga. "Encontraré una forma de acercarte a él." El móvil vibró, otra vez. Selina le levantó la mano ella misma.
"¡Contesta! ¡Comenzarán a tener sospechas!"
Bruce abrió el móvil. Estaba helado contra su oreja. "James."
"¿Bruce, dónde estás?"
El Beta no podía decir que tuviera una idea clara de su ubicación. Comenzó a ver sus alrededor. "Estoy en la ciudad."
"¿Por qué? ¿Con Alfred?"
"No, él se encuentra en la mansión. Rompió sus puntadas. Vine a la farmacia a buscarles más vendas y otras provisiones que nos faltan. Acabo de escuchar tu mensaje, lo siento por no responder antes—Me encontré con Selina y fuimos a comprar algo de comer."
"No te despegues de ella." Bruce frunció su ceño. "Dime exactamente dónde estás, e iré por ti."
"Estamos cerca del área de tu apartamento. Podemos encontrarnos allí—Pero, ¿qué sucede?"
"Por teléfono, no. Tomaré rumbo al apartamento, entonces. Apresúrate a llegar, ¿de acuerdo? Ten cuidado y no te despegues de Selina." La llamada se terminó.
"Eso fue extraño." Bruce murmuró. "Necesitamos un atajo. De vuelta a la calle 12." De la calle 12, el complejo de apartamentos quedaba a dos cuadras. Selina lo llevó a paso veloz por un atajo que involucró cruzar el puente sobre el río Lewis y el parque de Saint John. Les tomó treinta minutos llegar a la calle 12, y otros quince, para encontrar una farmacia, porque Bruce tenía que lucir convincente. A una cuadra de distancia, Bruce ya podía reconocer la silueta de Gordon esperando en el cofre de su automóvil. Apresuró el paso.
"Te veo luego." Selina se escabulló al siguiente callejón que tuvieron cerca.
"Gracias a Dios." Fue de lo primero que constó su recibimiento. Le siguió un abrazo lleno de calor corporal que Bruce tanto necesitaba. "Estás congelado."
El Beta restregó su rostro en el pecho de Gordon. "Estoy bien." Payne no lo estaba. Bruce hundió su rostro con más fuerza.
"Entremos." La orden no dejó espacio para debatir al respecto. Ambos se metieron al complejo, ansiosos de salir del frío. Gordon estuvo callado, para la sorpresa de Bruce. Ni una sola cuestión salió de su boca de camino al apartamento. Una vez dentro, Bruce se quitó su gorro, porque sabía que James encendería el termostato.
"¿Se encuentra bien Alfred?"
"Mandé a Harvey. Te llevaré a la mansión yo mismo, sólo… Sólo dame un momento, ¿sí?"
Bruce lo siguió a la recámara. Cuando el detective se dejó caer en la cama con sus brazos sobre sus piernas, Bruce se sintió intranquilo. "James. ¿Qué pasa?" Se sentó a su lado. Tocó su hombro.
El detective le relató los detalles del más reciente caso, que lo tenía perturbado. Contó sobre el asesino serial que procuraba a jovencitas hermosas. Bruce se olvidó de sus propios problemas, al ver—al comprender—la magnitud del trabajo del Alfa, y cómo éste debería desgastar a James.
"Dices que el Comisionado Loeb te dio el caso a propósito. ¿Por qué querría hacerlo con mala intención?"
"Loeb es un viejo corrupto que está metido con la Mafia, Bruce. Es responsable de muchas injusticias dentro del precinto. He estado encima de él, desde que me di cuenta de su trabajo sucio. Hace poco tiempo descubrí un secreto muy importante para él y utilicé esa información para presionarlo. Quise evitar que un ex-traficante de drogas se convirtiera en Presidente del Sindicato y ahora…"
Cuerdas invisibles aparentaron cortarse. James escondió su cabeza con sus palmas, cabizbajo. Bruce no supo cómo desenroscarlo de su estado.
"Ahora, quiere lastimarme."
"¿De qué manera?"
"El asesino del que hablo se encarga de asesinar a los seres queridos de cualquier policía que intente investigarlo. Ha sido así, como se ha librado de ser capturado en el pasado. Tengo dos opciones, o me doy por vencido como el resto y sigo con vida, consciente de haber dejado en libertad un asesino, o continuó con la investigación, y arriesgo a que alguien a quien amo, sea asesinado."
"Entonces, tú piensas…" Bruce tragó saliva. "¿Estás preocupado de que tu familia esté en peligro?"
Un bufido se manifestó del detective. La luz cálida de la recámara iluminó su perfil, cuando el hombre finalmente se tornó a Bruce. "Bruce, mi familia vive en Chicago. Creo que están más a salvo que yo."
Bruce parpadeó. Pensó en la persona más allegada a James, que viviera en la ciudad. "Estoy seguro que el Detective Bullock es más que capaz de cuidarse las espaldas."
"…He estado haciendo un peor trabajo de lo pensado, si no puedes ver por quién realmente estoy preocupado." El Alfa estiró su mano izquierda para tomar una de las manos enguantadas de Bruce.
"No debes preocuparte por mí." Al mismo tiempo que las palabras se expulsaban de sus labios, el cuerpo entero de Bruce se encendió con el mensaje, con la energía que corrió de los dedos de James, hasta el cuerpo entero de Bruce.
"Por supuesto que me preocuparé por ti." James refunfuñó.
"No puedes abandonar la investigación. Debes continuar."
"Tienes razón." James no dejaba de mirarlo con ojos tumultosos. "Por eso he pensado en qué sería bueno que Alfred y tú salieran de la ciudad, mientras yo me encargo de terminar el caso."
"No." Fue el turno de Bruce de rezongar. Se puso de pie, plantando su cuerpo frente a James, aprovechando la ventaja que tenía sobre sus alturas. James tuvo que estirar su cuello para conectar sus miradas. "No. Atraparás al asesino. Así es, cómo me mantendrás a salvo." Luego, frunció su ceño. "No que esté admitiendo que necesite salvación de algún tipo."
"Claro que no lo estás." James murmuró, una pizca de humor añadiéndose a su tono de voz. Ambos se contemplaron. Bruce sentía que había una barrera aun dividiéndolos. Quería tumbarla, iniciar cercanía entre sus cuerpos porque en verdad quería experimentar de nuevo aquella explosión de sensaciones—Bruce relamió sus labios, indeciso.
Solemne seriedad, regresó al porte de su Alfa. "Lo hago, ¿sabes? Amarte."
…Amor.
Nunca habían hablado de amor. Habían aludido con anterioridad a lo que sentían el uno por el otro, pero aquella palabras, nunca había sido declaradas en explícito detalle.
Bruce no podía hablar. Y fue algo bueno, porque Gordon tenía más por decir.
"Tienes que estar enterado, que a estas alturas, hay poco en este mundo que no haría por ti. La mayoría del tiempo, me quita el sueño, el pensarlo."
"No te pediría que hicieras cosas nefastas en mi causa." Bruce masculló. "Te convertiría en alguien ajeno a la persona que yo realmente…" No podía decirlo. Todavía podía recordar la laguna de sangre saliendo de la cabeza de Payne. Se sentía sucio, tratar de hablar de amor.
James arrugó su ceño. "…Estás temblando."
"...No era mi intención lastimarlo." No. Oh, no. ¿Qué estaba haciendo? ¡Selina lo mataría! "Todo sucedió rápido, y no pude detenerlo." Justo, como este preciso momento, en pleno desenvolvimiento.
El Alfa sostuvo su mentón. "¿Qué sucedió?"
Bruce cerró sus ojos. "Está muerto. Reginald Payne." No sollozó en explosiva manifestación, como lo había temido. No esperó sentir los brazos de James rodearlo, pero de todas formas, estuvo aliviado por ya no tener barreras. "No puedo decirte más."
"¿A qué te refieres conque está muerto? ¿Cómo?" Ante recibir el prometido voto de silencio, el hombre suspiró. "Maldición, Bruce. Sólo dime… Sólo dime que no fue por tu propia mano."
"¡No!" Gordon guardó silencio posteriormente, escogiendo no manifestar más preguntas. Dejó que Bruce se tranquilizara, murmurando cosas sin sentido para otorgarle confort. Fue una repetición de su encuentro en el hospital.
Bruce separó su cabeza del pecho del Alfa. Lástima de cualquier tipo, no quería. Su rostro rozó el de James, buscando por algo más. Percibió una inhalación súbita del hombre con el contacto. James ladeó su rostro—y de repente, estaban besándose. Bruce presionó contra James con todas sus fuerzas.
Gordon gimió. Se adueñó de la nuca del Beta, jalándolo para separar sus bocas. Ambos jadearon, conectaron miradas, compartieron feromonas. "Preguntaré después. Ahora, no. Pero preguntaré después, Bruce, y cuando lo haga, serás honesto conmigo."
"Sí." Bruce jadeó.
El aliento de Bruce no tuvo chance de recuperarse.
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(…)
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Las cuatro ventanas del Diplomat de Harvey estaban empañadas. El ritmo de la lluvia golpeaba el automóvil de todos los ángulos, creando más sonido que la misma música del radio sintonizado.
Escalofríos continuos recorrían el cuerpo de Bruce. La piel de su espalda se erizaba bajo las yemas de Gordon. Ambos permanecían húmedos por el contacto de la lluvia. Jim lamió una gota en plena trayectoria, atrapándola en la clavícula frágil del Beta. No se conformó. Sus labios fueron deslizándose por el pecho, desabotonando unos cuantos botones de la camisa cerúlea.
Bruce rodeó su cuello sus palmas. Estaban heladas. Le causó chillar, al repentino contacto.
"Per-Perdón." Los nervios de Bruce eran evidentes, desde su voz hasta su postura tiesa. Jim sonrió para enmascarar los propios. Elevó su rostro hasta tenerlo al mismo nivel.
Redirigió las manos de Bruce a su cuello, tallándolas hasta que se sintieran cálidas, y más bienvenidas. "Descuida." Prosiguió al siguiente paso. Enredó una mano en los cabellos mojados y trajo la boca del chico directo a la suya.
Este beso fue diferente. En muchas formas, fue el primero.
Reglas se rompieron con el desliz de boca a boca, derribando todo aspecto platónico de sus interacciones. Jim lamió los labios a su merced, incesante, obligando al Beta a abrir su boca hasta que doliera, aunque Bruce no estuviera adiestrado a seguir esta clase de ritmo.
La camisa de vestir de Jim estaba empapada por la suma de distintos elementos—el calor producido por la pareja, la presión atmosférica, el material de los asientos, su propia transpiración. Jim sólo podía estar agradecido de haber removido su saco en el instante que se había metido al asiento trasero. Su corbata había sido aflojada por sus propias manos, junto a la mitad de sus botones, y había mandado sus zapatos y los de Bruce al piso, para mejor movilidad.
Si Bruce estaba acomodado sobre su regazo, justo ahora, era por su propia instrucción y consentimiento. No había vuelta atrás.
Paulatinamente, el chico fue transformándose en un cohete del Cuatro de Julio en sus brazos, hormonas pronto ganando la partida sobre neuronas. Entre menos esperado, Jim no podía mantenerlo quieto. Sus caderas cubiertas de caquis pistolearon en la dureza del estómago del detective, dando rienda suelta a lo que antes se había considerado prohibido.
Jim lo sintió cerca del abismo.
Cambió de planes. Jim rompió la serie de besos con un objetivo. Bruce no lo vio venir cuando su pequeño cuerpo fue girado para acostarlo en el asiento de cuero.
"James." Salió en quebradizo murmullo, confundido.
El Alfa fue engreído. -¿Querías esto?, gruñó la bestia. -Bueno. Ahora, lo tendrás.
Un segundo después, Jim estaba abriendo los pantalones caquis de un chiquillo billonario, en la parte trasera de un viejo Dodge del '87.
Jim vio la erección del Beta por primera vez en su vida. Entre la corona de vello púbico, el miembro resaltaba con urgente necesidad de atención. El puño de Jim lo acarició con gentileza.
Bruce gimoteó. Su cabeza golpeó el asiento en éxtasis. Su cuerpo entero se pandeó en la dirección del Alfa, actuando en danzas similares a las de un Omega en terrible necesidad. Dio patadas impaciente para ayudar a Gordon en deshacerse de los pantalones.
Jim inhaló sus esencias fusionadas, drogado. No hubo más barreras. Apretó el miembro de Bruce de la manera que a él mismo le gustaba. La textura, la forma, el olor, el sonido—El Alfa lo grabó todo para su recuerdo.
Luego, abrió sus propios pantalones, hasta desnudar su propia erección y sus glúteos. Los ojos de Bruce siguieron todo movimiento.
El par de pantalones volaron por alguna parte del asiento del chofer.
Entonces, justo en el empalme de su regazo con el de Bruce, Jim dejó de ser un hombre compasivo.
Encima del Beta, peló sus dientes con la exquisita fricción. Reacomodó las piernas del Beta para que éstas rodearan su cintura, y después, aquella energía oscura y primitiva, que se había hospedado en su alma desde el día en que se habían conocido, explotó de su jaula.
El Dodge quejumbró con la intensidad de sus embestidas.
A nadie le importó un carajo, porque entre el medio de los terrenos silvestres de los jardines de los Wayne, sólo los fantasmas podrían delatarlos.
Las piernas de Bruce fueron dos extremidades convulsivas. Jim recogió sus manos con las suyas para paralizarlas. Clavó sus muñecas por encima de la cabeza del joven sin modo de escape, para garantizar que el contacto ocular nunca fuera perdido. Apoyando en sus codos, Jim cesó los besos, para dedicarse sólo a observar.
Los ojos de Bruce estuvieron fijos en él, boca colgando en O, cuando el orgasmo se culminó por todo su ser. Su rendición no fue sutil. Su cuerpecito giró con el suyo, adhiriéndose a la solidez física de Jim, durante un proceso totalmente emocional. El maullido que siguió, fue lo más roto que Jim había escuchado provenir del muchacho.
Líquido caliente, corrió por sus abdómenes.
"Bruce." Jim embistió con energía ilimitada, reforzado con la semilla ahora cubriendo su piel. Esta marca, sería definitiva. Aun con mil duchas, Jim llevaría este tatuaje de tinta dorada por la eternidad. La eyaculación del Alfa se expulsó desde su interior a la cruda materia de piel—sudor, poros, vellos, gemidos, dolor, placer, feromonas, gruñidos, sangre, saliva—BruceBruceBruceBruce.
"Déjame ir." Apenas escuchó la demanda, entre medio de la intensidad. "Quiero tocarte."
Increíblemente, las manos de Bruce siguieron sintiéndose frías.
Esta vez, a Jim no le molestaron.
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Actualidad.
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Lee tenía llaves para el penthouse. Se permitió el paso. Lee no planeaba pasar la noche en el lugar, así que con su abrigo todavía puesto, la doctora se dirigió a la sala.
La chimenea estaba encendida.
Bárbara estaba acostada en el piso, sobre la alfombra. Había una botella de vino a su lado. Apestaba a cigarrillos.
"¿Dónde están?"
La Omega tenía un brazo tapando la mitad de su rostro. "¿Qué harías si te dijera que los quemé?"
En pánico, Lee se abalanzó a la chimenea. Bárbara se levantó de inmediato, antes de que llegara a su cometido.
"Relájate. Están ilesos."
"¡No me relajaré!" Eran raras las veces, que Lee perdía el temple. Pero, esta ocasión lo ameritaba. "¿Se sientes mejor, ahora? ¿Satisfecha?"
Bárbara, de hecho, no lucía mejor, ni extasiada con el producto de sus artimañas. "No lo hice por las razones que crees—"
"¡No me importa!" Lee divisó el folder grueso con los documentos en la mesa de estar, cínicamente abiertos, con todos sus contenidos desparramados. Lee gimió en humillación, ante su propia estupidez. ¿Cómo se había dejado ser tan ciega a las intenciones de Kean? Recogió los registros, las notas, observaciones, citas textuales de las entrevistas—"James me hace sentir pasión"—y los resultados de compatibilidad de sus dos pacientes más recientes. "Púdrete, Bárbara. Lo que hiciste es un delito."
Bárbara plantó sus manos sobre las de Leslie en la mesa. "Escúchame, lo siento. Bueno, no. ¡No, no lo siento, a decir verdad!" La mujer resopló con tono burlón. "¿De esto trataba todo el misterio? ¿Saber que Jim ahora prefiere niños colegiales? ¡No me causa ni una onza de sorpresa! Sí supieras de lo que Jim pedía disfrazarme—"
"¡Lo que hiciste estuvo mal, Bárbara! ¿No lo puedes ver?" Lee se libró de todo contacto con la rubia. "Es tu maldito problema, Bárbara. Eres egoísta, sólo te preocupan tus propias necesidades."
"No es cierto—"
"¿Oh, sí? Dime. Antes de decidir hurtar los expedientes de mis pacientes, ¿te pusiste a pensar en las consecuencias de tus acciones? ¿Pensaste en el tipo de problema que me meterías, al hacer esto? Haz roto la confiabilidad de mis pacientes con mis huellas dactilares. ¡Podría perder mi licencia!"
"¡Nadie tiene que saberlo!" Era raro. Bárbara no sonaba, ni olía, a un estado de ebriedad. Sonaba firme. Resoluta. "No diré nada en lo absoluto, lo juro, Lee. Jim nunca se enterará."
"Pues, quizás debería." Leslie resopló por su nariz. "Me lo advirtió. Ahora entiendo su comportamiento, Dios. Acciones como éstas, es por qué te evita como si fueras veneno."
Los ojos claros de Bárbara se engrandecieron en shock. La bofetada que siguió retumbó por el pent-house. La mejilla de Lee ardió con el arremate.
"Lo hice porque necesitaba tener la certeza de que lo sentía por James, ya no significaba nada para mí."
Lee la miró directamente a la cara. Los ojos de la Omega se habían humedecido.
"Porque, verás, Lee… Tú eres, posiblemente, lo más real que he tenido a mi lado en casi toda mi vida. Creo que… eres mi primera amiga."
Leslie tragó saliva. –No, no caigas.
Bárbara hizo puños con sus manos. Lee lo notó, al dejar caer su mirada. "Las amigas no se lastiman de esta forma."
"¡No lo sabía! ¿Cómo, cuando he aprendido todo lo contrario, durante los años? Créeme. ¿De lastimarte? De eso sí me arrepiento. Te pido que me perdones, estoy diciendo la verdad."
"Me usaste." La traición se redujo a ese hecho. Mientras que Lee había creído que tenían una relación honesta, aquí estaba la cruel verdad: Bárbara la había usado, hasta esperar el momento adecuado para robar los expedientes de Jim Gordon y su Elegido de su portafolio. Nada había sido real. "Y sería una tonta si me atreviera a confiar en ti, de nuevo." Con el folder ya en orden, Leslie se enderezó para largarse.
No contó con Bárbara Kean atravesándose en su camino. "¿Estás celosa?"
Lee se congeló. "¿Qué—?"
"¿Estás celosa de Jim? Yo creo que lo estás."
"No tengo idea de que—"
"Puedes mentirte a ti misma todo lo que quieras, pero hemos bailando cuerpo a cuerpo toda la noche, Les. Tus feromonas no pueden ser enmascaradas. Me deseas… en una manera más 'amigable'" Barb hasta hizo señales de comillas con sus dedos, "que la tú estás pretendiendo."
Evocar la sensación de sus cuerpos presionándose al ritmo de la música, brotó en su mente. Era verdad. La atracción física había sido lo único transparente entre las dos, sólo porque era a base de instinto humano y fuera de control psicológico. Lee respiró hondo. Dio un paso adelante, retando a la Omega fuera de su camino.
"No importa. Puedes sentir atracción por alguien, y aun así, odiarla al mismo tiempo." Era ridículo que a pesar de las circunstancias, Bárbara siguiera siendo la persona más bella en la que había posado sus sentidos. Leslie había fantaseado por semanas. Había disfrutado del juego entre las dos. Había cuidado a la mujer en su peor momento, levantándola de la demencia del celo, hasta un estado de óptima salud. Lee no podía creer, que así, se le estuvieran pagando sus buenas intenciones. "Gracias por la lección."
"Me dijiste esta mañana, Nunca cambies." Kean la miraba en añoranza. Ahora que todo estaba al descubierto, Lee podía nombrar la emoción en los ojos de la Omega. Deseo. "¡Pues, bueno, esta soy yo! Nunca te he mentido al respecto."
Leslie no sabía que responder. Se abrió camino al lobby conmocionada. Esta ocasión, Bárbara no le impidió la retirada, pero de todas formas, su voz la cazaría hasta la salida.
"O me quieres loca, o me quieres cuerda. No puedes tener las dos cosas, Doc."
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Fin de Parte 17.
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NdA:
No tienen idea de cuantas veces tuve que escribir, borrar, volver a escribir, editar, borrar, empezar de cero, volver a escribir, tomar café, no dormir—para sentirte satisfecha con el producto final. Por ello tardé en actualizar. ADEMÁS, ESTE CAPITULO ES EL DOBLE DE LARGO DEL TAMAÑO ESTÁNDAR. SÍ, DE NADA.
Aquí la tienen. La Desvirginación de Bruce Wayne. ¡Aleluya, cantaron las pelotas azules de Jim Gordon!
Otra cosa. Al principio odiaba a Bárbara. Pero en el momento que se volvió loca—o más honesta, como quieras verlo—me enamoré de ella. Así que, NO HATE ACCEPTED. Ella es quien es, y Lee es la que necesita dejar de ser tan crédula y manejable por todos. Es lo que me gusta de esta pareja, hay tanto potencial para balancearse juntas, y obligarse a madurar tanto una como la otra. ¿Qué hará Lee cuando sepa que Bárbara fue secuestrada por El Ogro? ¿Qué tan furioso estará Gordon, cuando sepa de su metida de pata?
Oh, el drama.
Dejen reviews, queridas y queridos, y los recompensaré con hermoso porno. Todavía falta tanto por enseñarle amo Bruce…
