"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins.
Rating: S de Sabroso.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Situado durante el episodio 1x20 "Under the Knife" (YESSSS, YA CASI TERMINÓ LA TEMPORADA 1).
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18.
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"Cara a cara, sin decir mentiras
Las máscaras que se retiran, sólo para revelar otro disfraz."
-Siouxsie and The Banshees ("Face to face.")
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A finales de cuentas, fijarse en chicos buenos, era su problema.
O, en este caso, chicas buenas.
Bárbara siempre tendría un hueso suelto en su esqueleto por ojos gentiles y amantes de la justicia. Culpar a sus padres, fue instintivo. Siempre se habían encargado de moldearle un prototipo de marido que llenara más sus estándares, que los de la misma Bárbara.
Ese tenía que ser el problema. Bárbara no se molestó en colocar culpa en su persona.
El tipo del Lamborghini la había citado a las 8:00 PM en el Red Flamingo. Eran las 8:07 PM, y nada de él. Bárbara aspiró impaciente. Se había vestido para impresionar, para evitar que el fulano estuviera más ocupado fisgoneando sus piernas, que en quejarse por el hurto de su estúpido automóvil.
A las 8:12 PM, el centro de su frustración se presentó frente a ella con un trago. Bárbara aceptó la disculpa por lo que era, siguiendo el protocolo de miradas seductoras.
El hombre, para su sorpresa, aparecía más atractivo a sus ojos que hacía dos noches. Debió de haber estado más ebria de lo pensado.
"Hola." Su voz era rasposa. Era una pistola humeante, de pies a cabeza. Cabello brilloso, traje Armani, feromonas mezcladas con Emporio. Su piel era pálida, dándole cierto aire vampírico con el contraste de su cabello oscuro. "Espero hayas aprovechado los 496 caballos de fuerza."
Bárbara deslizó las llaves a través de la mesa. "Tómalo por hecho."
Tal vez, la noche no se desperdiciaría, después de todo.
Bárbara terminó llevándose al prototipo de Anne Rice al penthouse, porque, ¿por qué demonios, no? No quería estar sola y patética, en un viernes por la noche.
Al llegar al departamento, Bárbara verificó que Selina estuviera fuera. "Una compañera de cuarto. Va y viene."
El tipo—ni siquiera sabía su nombre—resopló por su nariz en indulgencia. Bárbara procedió a servir un escocés. El Tipo-Armani husmeó por la mesa y le preguntó sobre su invitación al Baile de Caridad Wayne. Bárbara reprodujo el viejo discurso que decía todos los años.
"¿Que no estás enterado de que soy un miembro de la sociedad élite? Voy cada año." El año pasado había asistido con Jim a regañadientes. Este año, se preguntaba si el cabeza-hueca se vendería a su nuevo dueño de la forma que nunca había hecho con ella. ¿Aparecería del brazo de Bruce Wayne, radiante como un penny? "Me toman fotografías en un bonito vestido y sonrío." Caminó hasta el hombre con mesura practicada. Le encajó el vaso de vidrio entre las costillas. Cuando Armani aceptó el trago, Bárbara destapó su vestido, en todo su esplendor.
Armani no pudo manejarlo. "¿No temes de mi presencia aquí?"
"¿Debería? ¿Eres peligroso?"
"No sé. ¿Llegará tu novio a casa pronto?"
Ugh. Bárbara no parpadeó, pero por dentro, comenzó a aburrirse. "Nunca dije que tuviera un novio." Se dio la vuelta para servirse su propio trago.
"Asumí—Una mujer tan hermosa como tú—"
"Asumiste que tenía un novio, y asumiste que sería del tipo de chica que le sería infiel. Bueno, no lo soy." -Sí, sí, lo eres. Lo eres. Le cantó un ruiseñor en su mente. "Y no tengo un novio. Un autobús me podría matar mañana, y a nadie le importaría." Terminando de servir su trago, se giró hacia su invitado. "¿Cambia las cosas para ti?"
"Sí. De hecho, sí."
Típico. Ahora, Bárbara sólo estuvo interesada en dejarle claro de lo que estaba hecha, para que saliera corriendo despavorido por su propia cuenta. "¿Lo hace más ilícito? ¿O este hecho haría menos probable que pudiéramos pasar la noche sin encariñarse, y seguir mañana como si nada? Porque es lo que sucederá. Una vez que conocieras a mi verdadero yo, saldrías gritando, como todos los demás."
Como Jim y Renné.
Como Leslie.
Recibió una respuesta estúpida, por supuesto. "Tengo que decir, que no eres lo que esperaba."
"Sorpresa." De repente, no quería nada con el hombre. "Puedes encontrar la salida por tu cuenta." Lo dejó allí.
Minutos después, escuchó la puerta cerrarse.
Bárbara aventó el escocés a la chimenea.
Se colocó de vuelta su abrigo. Necesitaba culminar un pendiente que no la dejaba en paz. Antes de dar por terminado su fiasco con Leslie Thompkins, faltaba algo. Quería hacer una última cosita…
El precinto nunca dormía. Ni los ojos chismosos. Cuando Bárbara entró por el lugar, atrajo la atención de los sospechosos—puercos—de todo el tiempo. Cuando había estado saliendo con Jim, las miradas habían disminuido considerablemente, y Bárbara se había creído en los cielos, por el tipo de poder que el respeto a su Alfa, inspiraba.
Ahora… Ahora, Bárbara se alimentó del deseo ajeno.
El perfume de Leslie se metió a sus narices, apenas estuvo en el pasillo que conducía a su laboratorio. Bárbara se humedeció, nomás tuvo la certeza que la Doctora estaba cerca.
La puerta estaba semi-abierta. Le empujó con lenta apertura.
Leslie estaba colgando su bata. Todo apuntaba a que estaba por marcharse. Cuando se percató de Bárbara, se congeló en sorpresa.
Bárbara caminó directo hacia ella.
Había querido besar a Thompkins desde que la mujer se había subido a su auto, en su primera salida juntas. Era sexy. Era agradable. Era exótica. Era tan gentil, y en muchas maneras, todavía asquerosamente inocente—Bárbara nunca había probado inocencia de la boca de nadie.
-Querido diario: Hoy besé un unicornio. La boca de Les respondió de inmediato, emitiendo un gemido de sorpresa que fue exquisito. Su cabello era suave entre sus dedos. Su piel era tersa. Su cuerpo era fuerte, firme. Soportó el asalto completo de la Omega, sin problemas. Bárbara lamió pintura violeta de los anchos labios de cupido, hasta que le dieron acceso. Fue su turno de gemir. -Y supo a gloria.
Se separó tan rápido, como había llegado. Observó la figura jadeante de la Beta.
Esperó.
Leslie se le abalanzó, atrapándola contra la mesa de examinación. Era dura. El impacto dolió. Bárbara sonrió entre besos enardecidos.
Sentir los brazos de Les rodeándola le dio aquella emoción que había estado buscando. Leslie olía apetecible. Era tan sólida. Inmovible. Como su trasero, pronto descubrió. Bárbara la apretó cada glúteo con una mano, ondulando su propio cuerpo contra el de Les.
La Doctora extendió su cuello, apenas sintió la boca de la Omega descender. Bárbara lamió un sendero hasta llegar a su clavícula. De ese punto, volvió a subir hasta tocar un lóbulo con su lengua. "Esto siempre será real entre nosotras. No podemos fingirlos."
Les la sorprendió. La Beta le jaló de los cabellos en signo de dominancia. "No hables."
Oooh. Bárbara asintió.
"Arrodíllate."
Las rodillas de Bárbara tocaron el piso frío, un segundo después. Sus manos se deslizaron por debajo del vestido de Leslie, levantando el material hasta que los ganchos de las medias negras fueran visibles. Manteniendo contacto ocular, la Omega desenganchó un ligero con sus dientes.
En respuesta, Leslie alzó una pierna, apoyándola en el cajón de uno de sus gabinetes metálicos. El mensaje fue claro.
Bárbara lamió la altura de un muslo; plantó una tenue mordida en el fémur a su disposición. En lugar de remover el calzón de encaje, escogió simplemente torcer el material frontal. Besó en adoración la vulva pulsante, agradecida por la ausencia de vello púbico.
Leslie resopló con aliento vidrioso. Sus manos se enterraron en los mechones sueltos de Bárbara, usando su cabeza cómo direccional para lo que deseaba. Los muslos de la Omega se apretaron, frotándose en reacción.
Introdujo dos dedos en la vagina—el cuerpo de Leslie tembló—los hizo danzar, mientras que succionó toda vitalidad de la rosada clítoris. Recordó a Jim de rodillas, haciendo lo mismo. Dios, al hombre le había encantado meter su cabeza entre las piernas de Bárbara—¿Qué diablos le había sucedido para cambiar de bando? Masajeó el cérvix con dígitos maliciosos, empeñándose en encontrar el punto G que sabía estaba por allí. Cuando lo halló, Leslie aplastó el rostro de la rubia con más ímpetu contra su regazo, al unísono que sus caderas ondularon en remate a la estimulación.
Cuando Bárbara pudo echar un vistazo a las alturas, gimió por sí sola con la imagen. Leslie, desolada en su placer, se quemaría en su memoria por siempre.
Extrajo un clímax, nada gentil. Fue dura con sus administraciones, y Leslie disfrutó de cada momento. De seguro, nunca lo había sentido antes—el ser usada, y no cuidada. Bárbara extrajo sus dedos. Los limpió con su propia lengua. Mientras Lee se perdía en sus espasmos, la Omega se levantó del suelo. No se molestó en arreglar de regreso las pantimedias, o el vestido.
Leslie se apoyó en la mesa, una vez que se percató que Bárbara había cambiado de posición.
"Huh." Bárbara abrió la puerta. "Tenías razón. Del odio al buen sexo, sólo hay un paso, al parecer."
Salió del laboratorio.
Estaba harta de ver espaldas alejándose de ella, por una vez tan siquiera, quería ser ella la que mostrara la propia, en despedida.
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El Detective frente a ellos no ocupó de mucha presión para alivianar su consciencia sobre los pecados del pasado. "Estaba investigando a Julie Kemble. Alguien me dijo que era una enfermera en una clínica privada del centro, entre la calle Grant y la 80va. Un lugar cosmético…"
Era todo lo que Jim necesitaba. Bullock le prometió al detective Willis que policías estarían a toda hora vigilando la seguridad de su hija.
Se dirigieron a la clínica en cuestión.
"Que tenebroso, ¿huh? Te hace preguntarte como se reconocían en el espejo, después." Harvey criticó, frente al panel de rostros de exhibición que decoraban el lobby de la clínica. Jim miró cada uno de los "Antes/Después", pero su cabeza no estaba siguiendo el intento de broma de su compañero.
"Relájate, Jim. Wayne estará bien. Tiene mejor seguridad que nosotros. Y Alfred no le quitará el ojo de encima."
"Si algo le llega a suceder, será mi culpa." Jim murmuró. No mencionó que Alfred seguía en recuperación y sería de poca ayuda en cualquier evento.
"No puedes hacerte responsable de las acciones de un psicópata."
"Claro que puedo." El Doctor en Jefe decidió ese momento para darles el recibimiento formal a la clínica.
En su opinión, no debió de haberse molestado, por lo poco útil que fue. El Doctor Cushman se rehusó a revelar el nombre del paciente que le había recomendado a Julie Kemble como enfermera, a menos que regresaran con una orden judicial. Jim ya estaba comunicándose a la oficina del Juez Harkness, desde antes de pisar la calle. No perdería tiempo en trivialidades.
"Me especializo en senos de plástico, pero tengo ética profesional. Necesito una orden. Por favor, que falsedad."
Jim cortó la llamada, satisfecho. "El Juez Harkness nos espera en diez minutos. Podemos alcanzarlo, antes de que se meta a sesión en la corte."
"Wow. Te mueves rápido cuando quieres."
Desde que había comenzado como detective, ciertos sentidos adicionales se habían desarrollado en Jim. Con el tiempo, había aprendido a agudizarlos, y a confiar en su instinto. Fue por eso, que cuando sintió los cabellos de su nuca erizarse, se detuvo en seco frente al callejón que estaban pasando. Harvey lo imitó, y ambos miraron en la profundidad.
Un carro negro estaba estacionado. Jim lo reconoció.
"Estaba frente al precinto." Era un modelo de colección. Identificable para alguien como él, quien compartía afición por los antiguos modelos.
"Jim, espera."
Jim lo ignoró. Camino hacia el callejón. Caminó, hasta que fue posible divisar un rostro detrás del volante. Lentes oscuros cubrían la mitad del rostro del misterioso conductor.
El motor se encendió, a la par de los focos frontales, y Jim estuvo seguro.
Este extraño, era el monstruo que buscaban.
La cizaña con la que quisieron arrollarlo—sin éxito—no dejó dudas al respecto.
El Ogro estaba vigilándolo. Justo como había vigilado las investigaciones previas.
Regresaron al precinto, al no haber alcanzado al Juez Harkness, después de todo. Jim, impaciente y frustrante, le relató lo sucedido a Essen. Su Capitana estaba impresionada, aunque algo temerosa—Jim lo olfateó. Todos estaban temerosos.
"Gordon, tienes una llamada. Dicen que es urgente." Bills, un oficial obeso y que servía como secretaria para cubrir sus turnos, le avisó en plena conversación. Jim, pensando de inmediato en Alfred, se apresuró a coger el teléfono. Lo consideró raro.
"Gordon." ¿Por qué no me llamas al móvil? estuvo en la punta de su lengua, pero entonces, escuchó una voz desconocida del otro lado de la bocina.
"Detective. No tuve oportunidad de saludarlo apropiadamente en el callejón."
El Alfa lo poseyó. "Escucha—"
"No tardaré. No se moleste en rastrear la llamada."
"Te daré la oportunidad de rendirte por tu cuenta." Jim gruñó. "Si me obligas a perseguirte, terminaré contigo."
"Algo me dice que ha comenzado a creerse su propia propaganda de prensa. 'El policía heroico que limpiará a Gotham.' 'La Estrella Naciente de GCPD.'"
"Te detendré a ti, eso sí te lo aseguro."
"No, Detective, no lo hará. Pero continúe por este camino, y asesinaré a una persona que usted ame. Esta es su única advertencia." La línea murió.
Jim, lentamente, regreso el teléfono a su lugar de origen.
"Oh, no." Harvey y Essen lo observaban a pocos centímetros de distancia, ambos vistiendo expresiones consternadas. "Dime que no era él."
"Está acostumbrado a intimidar a policías." No servía de nada entrar en más pánico. Jim estaba esperando el contacto. Se había preparado para ser el ojo del huracán. "Tenemos que demostrarle que no le tememos."
"¿Cómo lo logramos?" Essen demandó, más alterada de lo normal. "¿Cómo, Jim?"
Una hora después, Jim Gordon estaba frente al edificio del precinto en compañía de una docena de reporteros, encabezando los periódicos más importantes de la ciudad.
"Los he llamado hoy porque la gente de Gotham merecen saber que hay un asesino serial entre nosotros. Por años, mató con impunidad, ayudado por la cultura del silencio y el miedo inyectado en la policía. Eso termina hoy. Estaremos dando los nombres y fotografías de todas las víctimas de este asesino. Por favor, llamen por cualquier tipo de información que tengan." Flashes de cámaras bañaron su visión, los reporteros comiendo la historia con avidez. "Y para el hombre que cometió estos horribles crímenes, tus días de escondite han terminado. Te encontraré. Y no me detendré."
Después de terminar la transmisión con el noticiero, Gordon regresó a los escalones de piedra, necesitando un respiro. Lo que acababa de hacer, merecería un precio. Sólo esperaba que no involucrara—No. Jim no se permitió terminar el pensamiento.
Había hecho lo correcto.
Su móvil lo sacó de su incertidumbre. Con una mueca, contestó. "Gordon."
"Aquí estaba yo, apunto de llamarte para que evitaras al Amo Bruce de cometer una locura, cuando te veo en televisión, cometiendo una locura propia. Ustedes dos están hechos, el uno para el otro."
Bruce se escuchó de fondo. "¡Es para la caridad, Alfred!"
Jim rodó sus ojos. "¿Ahora qué?"
"Amo Bruce quiere asistir al Baile de Caridad de esta noche—"
"Absolutamente, no." Jim gruñó. "Pásamelo."
"No soy un prisionero." Fue el Hola que Bruce que manejó. "Todavía tengo responsabilidades con la sociedad, James. Falté el año pasado, pero no puedo este año. Mi mamá se encargaba de organizar esta clase de eventos todo el tiempo. Sería una alta falta de respeto—"
"¿Me dejarás hablar?"
"—Y no estaré solo. He invitado a Selina para acompañarme."
"Bruce, Selina no podría protegerte de un asesino serial—"
"Tendré a mis guardaespaldas. A los cuales odio, pero que he aceptado sólo porque tú me lo pediste."
"Invita a Blake."
Hubo un momento de bendito silencio. Jim sonrió con la victoria.
"¿Perdón?"
"Invitas a Johnny Blake al baile con ustedes, o no vas a ninguna parte, y además, agrego patrullas policíacas a vigilar la mansión."
"Pero—"
"Lo prometiste. ¿Recuerdas? Este baile se trata de socializar, y tú me prometiste, si mal no recuerdo, que intentarías socializar con el chico. Esta es tu oportunidad de matar dos—o hasta tres—pájaros de un tiro. Ése es el trato. Tómalo o déjalo."
Un suspiro totalmente indignado, acarició su oreja.
Cuando Alfred volvió a la línea, interpretó la decisión de Bruce a su favor. "Esto sigue siendo una locura."
"Entre más te opongas, más se entercará. Sólo tienen que ser cuidadosos. Mantengamos la calma. Mi relación con Bruce no es pública, así que no hay material de la prensa que lo pueda unir a mí de manera obvia." O eso, esperaba. "Llámame en caso de cualquier cosa."
"Como si fuera a servir de algo. Mejor concéntrate en atrapar al bastardo."
Esperaron dos horas más, para que el Juez Harkness aprobara la orden de liberación de información confidencial. Harvey anotó los datos que el Doctor Cushman le otorgó por teléfono. "La chica muerta llegó a la clínica por la recomendación de la Dama Constance Van Groot.
"Van Groot." Jim saboreó el apellido. Era de dinero. "Esa familia es una de las más antiguas de la ciudad. Se concentraban en negocios de exportación, ¿no?"
"Bingo. Pensábamos que el Ogro podría ser rico. Puede ser que esta tal Constance haya tenido un hijo."
Tenían la dirección de Van Groot. No perdieron tiempo.
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Bárbara dejó a Selina para que terminara de abrocharse los tacones, en cuanto escuchó que tocaban a la puerta del penthouse.
Cada paso que tomó sobre el piso encerado, pareció que partiría el edificio en dos. Cuando tuvo la manija de la puerta en su mano, Bárbara respiró hondo en preparación.
Abrió la puerta.
"Tengo que decirlo. Se siente bastante predestinado verlo por aquí, Sr. Wayne."
Del otro lado, Bruce Wayne había estado en pleno acto de estirar su brazo para saludarla formalmente. Al verla—al reconocerla—sin embargo, el brazo cayó.
"Selina no mencionó que vivía con usted."
"Bueno, sabemos que Selina puede ser algo… privada." Para tener catorce años, el joven relucía el esmoquin. Aun así, Bárbara no pudo verlo. Ese algo especial que debió de haber seducido a alguien como Jim. "Así que, dígame, ¿cómo quiere hacerlo? ¿Duelo de pistola al atardecer? ¿O lucha libre sobre lodo?"
Wayne metió sus manos a sus bolsillos con gracia. "Prefiero el ring."
"¡Uf!" Ahora, lo podía ver. Un poco. La chispa. "Debemos anotar día y hora para una cita, entonces." Estiró su mano, para dejar que sus uñas con manicure rozaran la solapa derecha del esmoquin. "No querríamos manchar de sangre su tuxedo recién comprado. Después de todo, tengo en evidencia, lo sucio que usted suele pelear. Necesitaremos un gran ring para cubrir en entero sus artimañas."
Wayne estaba Marcado, en más de una sola manera. La esencia de Jim era su colonia; su piel estaba tatuada—hematoma saliendo del collarín, torpemente disfrazado con maquillaje—al igual que su lenguaje corporal estaba contaminado. Los hombros endurecidos, el pecho erguido. El encuadre defensivo era similar al de Jim. Bárbara se preguntó que podía haber adoptado Jim del chico, a cambio.
"Señorita Kean." Wayne soportó la invasión de espacio personal con expresión facial impávida. "Desearía poder disculparme con usted de manera sincera—pero encuentro qué no soy capaz de lograrlo."
Bárbara alzó una ceja. "Por lo menos, usted es un joven honesto." -Ya había comprado mi vestido, ¿sabes? Está colgado a lado del disfraz de colegiala que Jim me compró en nuestra primera noche de bruja. Me folló toda la noche, con sólo la falda cuadricular, puesta. "No obstante, si fuera usted, me cuidaba del karma, Señor Wayne. He escuchado que es súbita y mortal con sus mordidas de trasero."
"Erróneamente se cree que el efecto del karma sería observable durante la trayectoria de vida actual. Incluso si tuviera una deuda de energía cósmica con el universo, que tuviera que pagar en mi siguiente reencarnación, honestamente dudo que mi relación con James contaría como tal." El Beta se encogió de hombros. "Aprecio la preocupación por mí 'trasero', de todas formas, Señorita Kean."
"Ah. Intelectualización de un conflicto. Freud estaría orgulloso." Bárbara sonrió. "También se trata de mi motto de vida preferido. Lo que sea que nos ayude a dormir por las noches, ¿cierto?"
"Créame." Fue el turno de Wayne de estirar sus labios en una sonrisa con filo de navaja. "Duermo perfectamente bien."
-Oh, apuesto a qué sí. Bárbara recorrió su dentadura con su lengua en gesto juvenil.
-De rodillas, y no exactamente, para rezarle al Ángel de la Guardia.
"Mis pies duelen."
Bárbara rodó sus ojos. Se giró a sus espaldas. Selina lucía como una princesa, y Bárbara se tomó el crédito por la nueva criatura ahora caminando hacia ellos.
"Selina." El cambio fue drástico. Suavidad rebozó de Wayne cuando se dirigió a la chica, su frente estoico derritiéndose para dejar ver a un chiquillo ligeramente amigable. "Luces muy bien."
"Cállate." Selina balbució, en típico estilo. Sin embargo, Barbara notó el rubor intensificado en sus mejillas. El cumplido tuvo efectos.
"Bueno, pajaritos del amor, diviértanse." Bárbara ajustó la tiara por última ocasión antes de permitirle a Cat escabullirse de sus tendencias de mamá gallina. "Búscame en el baile, ¿de acuerdo?"
"¡No vayas a tirar mi ropa a la basura!" Fue la despedida que recibió.
Bárbara aguardó hasta que la pareja estuviera en el pasillo, para replicar en falsa dulzura. "Sólo después de haberla calcinado."
Cerró la puerta en sus narices.
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"¿Y este, quién es?"
"Selina Kyle, te presento a Jonh Blake. John Blake, te presento a Selina Kyle."
El chico estiró su mano en su dirección, casi noqueando la nariz de Bruce en el proceso. Sus dedos capturaron las puntas de la mano de Selina a través del guante. Mostró una de las sonrisas más payasas que había visto en mucho tiempo.
"Hola. Johnny."
Corrección. Sonrisa payasa, y además, orejas de Dumbo. "Cat."
"Johnny es un amigo."
"Pensé que no sabías cómo conseguirte uno de esos."
"Oye. Vimos un cadáver, juntos. Eso te acerca a alguien." Johnny se encogió de hombros, juguetón, y totalmente ignorante del doble significado de lo que estaba diciendo.
Selina sonrió a fuerzas, escéptica. "No me digas." Le dio un codazo a Bruce, quien carraspeó su garganta.
"Johnny es vecino de James. Así nos conocimos."
"Le he estado enseñando a jugar Super Nintendo."
"Dudo que a Selina le interese—"
"¿Con qué lo has empezado? ¿Mortal Kombat o Super Mario Kart?" Selina descubrió un mini refrigerador dentro de la limosina. Sacó una botella en forma redonda que aparentaba ser jugo de mandarina. "No me digas que lo haz traumado con esos ñoños juegos de rol de magos y dragones."
La cara de ofensa de Wayne no dejó en duda lo acertado de sus miedos.
Dumbo en Tuxedo—O Johnny—escupió una risilla culpable.
"La Leyenda de Zelda tiene una trama respetable."
"Ñoño." Selina estornudó. Claro que Bruce tendría de conseguirse a alguien igual de nerd que él. "¿También eres billonario o qué?"
Johnny miró a Bruce. "¿Eres un billonario?"
Selina levantó una ceja. "Supongo que no."
"Soy Bruce Wayne, Johnny. Claro que soy acreedor de… una cantidad de dinero de valor sumamente mayor."
"…Pero, ¿un billonario?" Fue el débil chillido que Blake manifestó.
"Vive en una mansión, ¿qué esperabas?"
La incredulidad de Blake se morfó en indignación. "No sé. Tampoco me sabía esa parte."
"Que gracioso." Selina aventó un cacahuate chino de la bolsa de botanas disponible, directo a su boca y lo hizo tronar. "No me creo muy experta en el asunto, pero pensé que los amigos se enteraban de detalles importantes como esos."
"Haz conocido a Alfred." Bruce se defendió.
"¿Segundo nombre? ¿Color favorito? ¿Comida que detestas?"
Las cejas de Blake montaron más y más. Bruce volteó hacia Selina con una expresión que explícitamente se podía traducir a un "No estás ayudando."
La limosina se detuvo. Alfred Pennyworth en toda su gloria, se asomó para avisar que habían arribado al pomposo lugar donde se llevaría a cabo el dichoso baile de gala. Selina se apresuró a abrir la puerta de la limosina, ignorando las protestas de Bruce sobre esperar por su caballerosa ayuda.
Johnny se bajó detrás de ella. Cuando Selina resbaló con el estúpido tacón en su primeros pasos, sintió su mano sostenerle la espalda, hasta que Selina recuperó el balance.
"Así que, si no eres perteneciente al club de niños ricos, ¿qué haces aquí cuando podrías estar haciendo algo más divertido?"
Johnny era más alto que Bruce, casi de la misma altura que Selina. Cuando le susurró al oído, apenas se movió. "Mi mamá me obligó. Dijo que sería grosero decir que no."
Huh. Blake… tenía una mamá.
El salón del evento era un mausoleo—"Sí, Bruce, sé lo que un mausoleo es, quita esa cara." Estaba repleto de gente elegante y música clásica. Apenas entraron, Selina sintió todos los ojos voltear a ellos.
O bueno, al chico que estaba detrás de ellos.
"Bailemos." Bruce no le dejó alternativa de negarse, con lo rápido que la tomó de la mano para arrastrarla a la pista de baile. Blake les despidió con un meneo inseguro de su mano.
"Todos nos están mirando." Selina se quejó, cinco minutos después.
"Soy Bruce Wayne."
Ugh. Selina rodó sus ojos.
"Bueno, lo soy." Por lo menos, el Beta no lo dijo en arrogancia. Estaba muy ocupado volteando su cuello, de aquí para allá. "No miro a Bunderslaw."
"Pues tal vez no venga."
"Está en la lista de invitados." Siempre tan terco. "En fin, sólo sigamos bailando. Y podrías sonreír, ¿no crees?"
"Tú no sonreirías si trajeras puestos estos zapatos." Selina divisó a Bárbara a la distancia, toda de negro, con un peinado que asimilaba una colmena de abejas. "Dejaste a tu amigo."
Fue el turno de Wayne de rodar sus ojos. "Entre menos lo involucre en lo que queremos hacer, mejor para él."
"Aw. Lo quieres proteger. Quizás sí le tienes cariño, después de todo." Antes de que Bruce no pudiera con la vergüenza de admitir que tenía sentimientos, Selina le ganó la palabra. "El chico es agradable." Todo lo contrario a cómo Bruce la había descrito. "Por lo menos, no está interesado en ser famoso con tu amistad, o algo así."
"Supongo." Fue la grandiosa respuesta. "No me dijiste que vivías con Bárbara Kean."
Oh. "No te sientas mal, ella tampoco sabía que conocía a Bruce Wayne."
"Pudiste darme una advertencia."
Selina se soltó de los brazos del Beta. No quería dar tantas vueltas en los malditos zapatos altos. "¿Advertencia? ¿Cómo 'No duermas con su novio'? ¿Ese tipo de advertencia?" Se marchó con dirección a la mesa de los aperitivos. Blake estaba estacionado frente a la fuente de chocolate líquido con un plato lleno de bombones. "Pareces ninja."
La boca de Blake estaba a reventar de bombones. Se tocó la punta de su colilla relamida, que Selina había jalado para molestarlo. "¡Hmm! ¿Glacias?"
Por supuesto, Bruce apareció al lado de los patés de camarón con su cara Quiero Seguir Hablando #4. Selina le pasó una galleta de paté para frenar sus ansías.
Para su sorpresa, Bruce se la metió a la boca. Hizo una mueca, cuando le llegó el golpe del sabor. "Demasiado salado."
Selina giró sus ojos. "Nena."
"Nena, tú."
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Sonrió. Rió. Saludó a docenas de manos ajenas. Posó para las fotografías. Hizo referencias sobre la Galería y su necesidad por apoyo mediante donaciones, y adquirió la aprobación de una cantidad considerable.
Hasta ahora, una noche predecible. Buena para los negocios, por lo menos.
"¿Quieres bailar?"
Barbará ladeó su rostro en la dirección de la invitación. Reconoció la voz, antes de posar ojos en él. "Tú."
"Yo."
Por un momento, había fantaseado en encontrar a Les—No. Que estupidez.
Bárbara aceptó la invitación.
En primera, hablaron con superficialidad. Cuando el hombre admitió haber donado una pequeña fortuna a la gala sólo para verla de nuevo, Bárbara no supo cómo sentirse al respecto.
"La forma en que terminaron las cosas anoche, fue mi culpa. Pero sentí algo especial. No podía dejarte ir, así nada más."
Demasiado intenso. Bárbara intentó desviarse de ser el foco de atención del sujeto misterioso, pero el tipo fue incesante…
"Dijiste que cuando la gente mira a tu verdadero yo, huyen corriendo." …y persuasivo. "Alguien me dijo lo mismo una vez, que nadie, nunca, lograría amarme."
En contra de las alarmas prendiéndose en su cabeza, Bárbara le siguió la corriente. "¿Quién?
"La mujer que creía que era mi madre." Ah. Problemas con Mami. Siempre un clásico. Bárbara encaró a los demás invitados, bailando sobre el hueco de un hombro en tuxedo. Comenzó a retirarse mentalmente del lugar, y de la situación perturbadora. Sin embargo, 'Armani' la amarró con un ancla que la hundió de regreso al presente. "Bárbara, sé lo que es ser una persona por dentro, y que el mundo vea a otra desde el exterior… Viví de esa manera por mucho tiempo. Y casi me destruyó—Puedo ver que te está destruyendo a ti." Al tener la mirada de la Omega, de nuevo clavada con la suya, el hombre acercó su perfil al suyo, casi en preludio a un beso.
"Ya no quiero bailar." Se separó en alerta, en miedo neto, al haber divisado en la profundidad de aquellos ojos negros.
No le permitieron escapar, sin embargo. Fue jalada de regreso a los brazos del hombre, que de repente, se sintió como un verdugo. El cuerpo entero de la Omega se endureció, rehusándose a seguir cooperando. Sus feromonas expidieron su pánico, pero nadie prestó atención. Como siempre. Nadie, nunca, podía notar la existencia de Bárbara—
"La persona que soy ahora, fue mi creación. Yo le otorgué vida. Puedo hacer lo mismo contigo." Estaban incrustados en cuerpo, más ya no se encontraban bailando. "¿No estás cansada de envolverte en juegos de falsedad?"
Dios.
¿Quién era este hombre?
"¿No estás harta de esconderte?"
Leslie Thompkins apelaba a la cordura de Bárbara—por más insignificante que ésta fuera. Era lo que Bárbara amaba de la mujer. Su temple, su sinceridad—Pero era cansado, exhaustivo, tener que frenarse con Les la mayoría del tiempo, para no asustarla. Estar con Jim, había sido un proceso igual.
Bárbara… sí estaba harta.
Fue la primera vez, que lo admitió en voz alta.
Recibió un beso en su pómulo por la admisión. Un gesto de ternura; un primer paso.
Se sintió a absolución.
"¿Quién eres?"
El susurro quebradizo provocó una sonrisa. El nombre, cuando se le fue revelado, vino en forma de un murmullo íntimo, sobre la oreja de Bárbara.
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"Jim Gordon, te presento a Constance Van Groot."
Un hombre con deseo suicida, y una mujer momificada, no habían sido lo que Jim había esperado al llegar a la residencia Van Groot. Llamaron a la unidad forense de inmediato. Bullock se encargó de llamar a Essen para informarle de la hipótesis que entre los dos, habían armado con las pistas presentes.
El nombre del mayordomo era Jacob Skolimski. Basados en las fotografías mutiladas, Jim estaba casi seguro que el Ogro se podía tratar del hijo de Skolimski. Tenía sentido que mantuvieran a la difunda Constance en estado momificado sin avisarle a nadie, para que el Ogro pudiera seguir manteniéndose de su fortuna.
Y si Skolimski había intentado suicidarse, había sido por miedo. El hombre tenía que estar en contacto con su hijo.
Después de llamar con el oficial Álvarez, Jim tuvo la confirmación que la existencia de un hijo no estaba en el sistema. Jim tendría que obligarlo a su testigo, a hablar.
"No nos complique las cosas. Denos el nombre y la dirección de su hijo."
"¿O qué? No te tengo miedo."
Jim plantó sus manos en la mesa, y no le costó nada, ser completamente sincero con lo lejos que estaba dispuesto a llegar. "Sólo porque no me conoces."
"Mi hijo sólo ha cometido un error. Uno." Explotó el hombre, momentos posteriores, ante la presión combinada de Bullock con Gordon. Fue el quiebre que Jim necesitó.
"Entonces… cuéntenos la verdad." Jim tendió la invitación con voz suave. Skolimski cayó en la trampa.
"No era un lugar para que un niño creciera. La Señora Van Groot se mantenía apartada del mundo exterior, pero tenía un cariño especial por mi hijo. Lo trataba como si fuera suyo. Aun así, nunca me imaginé que tan profunda era la fijación. Como su propia madre había desaparecido desde su nacimiento, él… parece que comenzó a pensar que era el hijo secreto de Van Groot. Intenté decirle que no era verdad, pero mi hijo… se había creado esta fantasía, y la Señora Van Groot se la alimentaba. Estaba demente. Y era cruel, además. Hace una década, mi hijo la confrontó, demandando que mi Jefa lo reconociera como su hijo legítimo, que lo agregar a su testamento. Van Groot se rio de él, le dejó claro que todo había sido una broma para ella."
Y la mató. Jim ya lo podía ver en su cabeza. Había matado a Van Groot, y su padre lo había ayudado a guardar el secreto de lo sucedido. Entonces, un asesino serial con complejo de "Mamá no me quiso" había nacido.
"No sé dónde se encuentra mi hijo." Al escucharlo, Jim echó maldiciones en su mente. "Me llamó hoy temprano, me advirtió que la policía vendría. Pero no lo he visto desde el día que asesinó a la Señora Van Groot… Mi hijo no es un hombre malo."
Oh, por el amor de Dios. Jim no tenía tiempo para las típicas negaciones paternales. "Tu hijo ha estado seduciendo y asesinando mujeres por la ultima década."
Las carcajadas—esa parte fue nueva. Bullock y Gordon intercambiaron una mirada al ver a Skolimski descocerse en risas.
"¿De qué se ríe, viejo?"
"¿Mi hijo, seduciendo mujeres? ¡Oh, déjenme mostrarles a mi hijo! Dos fotografías, fue lo único que pude salvar. ¿Han escuchado 'una cara que una madre podría amar'? Pues ese no fue el caso con su propia madre. Nos dejó al dar a luz." Aventó las dos fotos justo frente a Jim y a Harvey, todavía malicia en su voz y demencia en su mirada. "Oh, sí, mi hijo el seductor. Ahora miren por qué se encargó de rayar su rostro de todo retrato."
Lo que estaba en las fotografías, era un rostro deforme. Increíblemente, el sobrenombre de "El Ogro", había caído como anillo al dedo.
Jim, primero, sintió pánico—no quería estar equivocado, llegar tan lejos para nada, pero luego recordó la clínica de cirugía plástica. Hizo una conexión importante. Después de todo, la bartender que había sido testigo del encuentro del Ogro con la última víctima, había descrito a alguien sumamente atractivo. "A menos que hayan operado en él."
Bullock asintió. "Cushman."
"Yo iré." Jim ya estaba poniéndose de pie de nuevo, dispuesto a visitar la clínica por segunda ocasión. "Llévatelo al precinto, te veo allí."
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Selina aceptó bailar con Blake por falta de otro tipo de entretenimiento. Se arrepintió, al poco tiempo. El chico tenía dos pies izquierdos. A la cuarta pisada, la Alfa le dio un pellizco en el antebrazo.
"¡Auch!"
"Ahora sabes lo que siento."
"¡Dije que lo sentía!"
"¡Eres más torpe que Bruce! Y bailar con él, es como bailar con un escoba."
"De acuerdo, tu guía, yo te sigo." Selina alzó sus cejas. No era lo convencional. Ciertamente, adquirieron miradas raras de los ricachones.
"Para ser un Omega, sabes cómo pasar desapercibido."
Otro tropiezo. Sin embargo, los pies de Selina estuvieron a salvo. "Uuuuh… ¿Porque no lo soy?"
Selina frunció el ceño. "Como quieras. Sólo intentaba hacer conversación."
"¿Les molesto si interrumpo?"
"Si querías bailar conmigo, Bruce. Sólo tenías que preguntar." Blake se rió de su propia broma, y hasta Selina no pudo evitar resoplar por su nariz al ver la expresión resultante de Wayne. Blake, al ver que la broma había sido en vano, sonrió incómodo. "Oki doki, estaré por las estatuas de hielo."
A solas, Bruce no mostró inclinación por seguir bailando, pero sí por seguir hostigando. "Selina. Lo que pasó anoche no tenía que suceder."
"Disculpa." Un tipo alto y galante se atravesó entre medio de los dos, sonriendo para convencer de su error en las reglas del espacio personal. Selina lo reconoció como el tipo raro que había estado husmeando alrededor de Bárbara, entre la multitud de la gala. Selina lo olfateó. Vagamente reconoció rastros de feromonas de Omega. EL tipo estaba retacado de perfume, pero los indicios aun eran reconocibles, si uno se empeñaba. El muchacho navegó de regreso a la multitud, todavía con ojos sobre Bruce.
"Te dije que no tenía opción."
"No lo acepto."
Selina sabía que Bruce no podría con su consciencia. "Sabía no que serías capaz de lidiar con esto."
"Tenías razón. Sí quería matarlo—"
"¡Baja la voz!"
"Pero hay una línea, Selina, y puedes decir que no tengo las agallas, pero el hecho es que yo nunca la cruzaré."
Sonaba exactamente a algo que el Detective Blondie diría. Ew. Esos dos estaban tan casados. "Supongo que ese aspecto, es lo que nos hace diferentes. Porque si tuviera que hacerlo de nuevo, lo haría. Y no me molestaría ni un poco."
La cara estupefacta de Bruce era algo para recordarse. ¿Cómo podía ser tan ingenuo? ¿Por qué tenía que estar tan protegido de la vida real? Una parte de Selina lo detestaba por ello. Por ser Bruce Wayne. El chico lamió su boca, su mirada desenfocándose. Un momento después, Selina averiguó la razón.
"Ahí está Bunderslaw."
Selina tornó su atención de regreso hacia el frente. Encontró el objetivo, un hombre afroamericano en sus tardíos cuarentas, rodeado de mujerzuelas de la alta sociedad. Pan comido.
"De acuerdo, hagámoslo."
Ni siquiera tomó quince minutos. Fue quitarle un dulce a un niño. En cuanto Selina cumplió con su parte, y tuvo el replicado de la llave en su monedero, un peso se le quitó de encima. ¡Por fin, podría quitarse los malditos tacones!
"¿Ves? Fue fácil."
Bruce estaba, obviamente, impresionado. Miró a Selina como si la Alfa hubiera sacado un conejo de un sombrero. Orgullosa, la chica comenzó a buscar a Bárbara para saber si la mujer tardaría más en la fiesta, o si podrían irse juntas. La encontró.
La encontró, en los brazos del tipo de momentos atrás. El apuesto Omega.
Y todo indicaba, que estaban por irse juntos.
"¿Qué pasa?"
"Nada." De todas las personas, claro que Babs tenía que irse con el fulano de vibras menos de fiar. Selina metió sus manos en los bolsillos del vestido. "Ya vámonos. Quiero comida de verdad."
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"¿Jason Van Groot?"
Jim le pasó a su Capitana el retrato hablado que había conseguido del Doctor Cushman. "Su verdadero nombre es Jason Skolimski. Usó el apellido de la anciana cuando asistió a la clínica. Pero no hay registros en Gotham de la existencia de un Jason Van Groot o Jason Skolimski.
Essen suspiró. "El hombre es un fantasma. Entonces, veamos… la anciana lo rechaza, Van Groot va a la clínica, se consigue un nuevo rostro. Y es ahí donde conoce a la primera víctima, la enfermera."
"Y en sus 'marcas, listos, fuera.'" Harvey masculló.
Essen examinó el retrato hablado. "Tenemos su verdadero nombre, pero ninguno de sus actuales alias que esté utilizando. O tampoco sabemos cómo luciría hoy en día aparte de este dibujo de una década de antigüedad. ¿No mencionó algo más, durante la llamada, Jim? ¿Cualquier detalle que hayamos perdido de vista?"
"Nah, sólo me advirtió que cerrara la investigación. Me dijo que no me creyera mi propia fama de la prensa de Estrella Naciente del GCPD…"
Ante su abrupta pausa, Essen se le acercó, no cesando en su presión. "¿Qué pasa? ¿Gordon?"
"El periódico que usó esa cita. Publicaron una foto vieja de mí junto con el artículo, era de una gala de caridad." El día de la gala flasheó por su mente. Bárbara lo había obligado a acompañarla. La foto había sido del año pasado. "No estaba solo."
La mano de Essen no fue barrera alguna para frenarlo, una vez que los pies de Gordon se movieron en una carrera contra el tiempo mismo. Escuchó a su Capitana y a Harvey llamar por él.
Los ignoró.
Todo este tiempo, había sido tan tonto.
No tenía el móvil nuevo de Bárbara, y las llamadas al penthouse nunca fueron correspondidas, mientras Jim conducía hacia la localización. Atendió una llamada de Bullock sólo lo suficiente larga para compartirle su miedo. Al llegar al edificio de Bárbara, el viaje en el elevador se sintió como una eternidad prolongada.
Selina le abrió la puerta.
Gordon la empujó para entrar a la fuerza. Gritó por Bárbara.
"No está aquí."
"¿Dónde está? ¿Cuándo fue la última vez que la viste?"
"En el baile de caridad Wayne. Se fue con un tipo."
Mierda. Jim desdobló el papel del retrato hablado para enseñárselo a la chica. "Fíjate bien, Selina. ¿Era este el tipo que dices?"
"Ese dibujo apesta."
"¿Era él? ¡No estoy jugando!"
La fijación de la mirada de la Alfa fue breve, pero intensa. Cuando Jim la miró asentir ligeramente, el estómago del detective tocó el piso.
"Creo que sí."
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El móvil de Barb la mandó al buzón de voz. Leslie escuchó la voz de la Omega decir 'Soy Bárbara Kean, ya sabes que hacer' seguida del beep.
Leslie aspiró, para agarrar valor. "No te odio." Treinta segundos no era mucho tiempo para todo lo que quería decir. "Quisiera perdonarte para facilitar todo—Pero todavía no puedo. Demonios… Bárbara, eres una buena persona. Lo sé. Llámame cuando escuches este mensaje, ¿sí? Podemos hablar y quizás—"
Beep.
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"¿Qué tienes en ese cuarto?"
"Descúbrelo por ti misma."
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A los cinco minutos de haber dejado su teléfono en la mesa de la sala, el objeto comenzó a vibrar con una llamada entrante. Leslie apagó el comal de la estufa apresuradamente, y regresó a recoger el móvil con ansías y un poco de esperanza…
"¿Hola?…No pensé que fueras a responderme."
"Lee." No era Bárbara.
"Oh. Perdón, pensé—"
"Lee. Necesito… Necesito saber si Bárbara está contigo."
La espina dorsal de Leslie se endureció. El tono de voz de Gordon la alteró, más que el significado de su pregunta. "No, Jim. No está conmigo."
El silencio que prosiguió, fue petrificante.
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Fin de Parte 18.
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(¡) nota 1 (¡): Sobre el comentario de Bárbara de la Racionalización…
Dentro de la Psicología, es un mecanismo de defensa que consiste en justificar las acciones (generalmente las del propio sujeto) de tal manera que eviten la censura. Se tiende a dar con ello una "explicación lógica" a los sentimientos, pensamientos o conductas que de otro modo provocarían ansiedad o sentimientos de inferioridad o de culpa.
(¡) nota 2 (¡): Mi versión de John Blake está basada en la apariencia de Joseph Gordon-Levitt como Tommy Solomon, personaje del tv show "3rd Rock From The Sun." Si desconoces la serie, es probablemente porque todavía ni nacías. xD Google it.
(¡) nota 3 (¡): Nunca tuve la intención de que el anticipado enfrentamiento deBarb y Bruce fuera una riña de telenovela. Me disculpo si esperaban una alegata súper dramática con Bárbara gritando "ME LO ROBASTE", jajaja. Sin embargo, recuerden que Bárbara todavía no pierde la chaveta, y todavía nos queda "Villanos" para explorar a una Bárbara demente en verdad, queriendo venganza contra Bruce.
(¡) nota 4 (¡): Dato curioso, durante todo el episodio, ni una sola vez, El Ogro le dice su nombre a Bárbara. ¡Eso dice bastante de la falta de cautela de esta mujer!
