"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
[+]+[+]
Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins.
Rating: ADULT. LEMON. SMUT.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Situado durante el episodio 1x21, "The Anvil or the Hammer."
Notas: Por cuestiones de tamaño y tiempo, tuve que partir este capítulo en dos partes.
[+]+[+]
19.
subparte a.
[+]+[+]
"No puedo ahogar a mis demonios.
Ellos saben nadar.
-Bring me the horizon ("Can you feel my heart?")
[+]+[+]
Jim no durmió.
Llegó a la mansión pasadas las dos de la madrugada. Fue la primera vez que usó su set de llaves para entrar y el código para desactivar la alarma.
Subió al segundo piso, sus pasos bailando en el desgane. Cuando llegó a la puerta de Bruce, no tocó. Había una lámpara aun encendida, con Bruce dormido en el extremo izquierdo de la cama.
Jim cerró la puerta con cuidado.
No se dirigió a la cama.
Jim jaló una de las sillas acojinadas, hasta plantarla frente al perfil visible del Beta, y se dejó caer en ella.
Por lo menos, Bruce estaba a salvo.
Jim mordió un nudillo. La culpa apretó su pecho.
Permaneció un rato en aquella posición, vigilante a lo que había puesto en peligro de manera consciente.
Culpa, por no sentir culpa. Ése era el dilema.
Había dejado de pensar en Bárbara como su responsabilidad hacía mucho tiempo. ¿Y quién podría culparlo, con un demonio? Jim sentía… alivio, por haber sido ella la capturada por el Ogro, y no Bruce.
Era aquella dura realidad, lo que lo estaba afectando.
Jim se levantó.
Se desvistió. Una vez en su ropa interior, postró sus rodillas en el pie de la cama. Se fue arrastrando por la longitud de la cama, procurando que su presencia fuera sentida. Sus manos apretaron la cobija con afán, jalándole para destapar al cuerpo yaciente por debajo. Bruce gruñó somnoliento, tratando de atraer la cobertura de regreso.
Jim hundió su rostro en el cuello del joven.
-Sí. El Alfa rumió.
Bruce reconoció su presencia, su olor, el tamaño de su cuerpo. Sus brazos se estiraron para atraparlo. Jim besó su frente. El puente de su nariz, una mejilla, un párpado—bañó el rostro del Beta en ternura inusual, puesto que ambos eran protectores de su propio espacio.
Presionó sus labios a los de Bruce con delicadeza, sin profundidad.
Desde la mesa de estar a su derecha, el retrato de Thomas y Martha parecía juzgarlo desde su pedestal.
Jim estiró una mano para tumbarlos boca abajo.
Más despierto ahora, el Beta dio bienvenida al asalto con energía. Las manos de Bruce tocaron su espalda desnuda. Jim jaló de sus pijamas, queriendo contacto más fino, más integral para lo que el Alfa pedía.
La presión de sus regazos no tuvo prisa. La necesidad latiendo en Jim no era sexual, sino de reafirmarse de lo que tenía en sus brazos. Se enfocó en el calor producido por sus cuerpos; en la mezcla de sus feromonas. No tenía planes de estirar el momento de intimidad en un acto estrictamente carnal.
Bruce, pronto le demostró, que no era de la misma opinión.
Había sido testigo del entrenamiento del muchacho, pero los beneficios de éste nunca se habían hecho presentes hasta ahora, cuando Bruce aprovechó su anarquía emocional para empujar su cuerpo hasta dejarlo sobre sus espaldas.
Jim aspiró. En un parpadeo, Bruce estaba postrado sobre él, dientes mostrándose en rezongo.
Estaba despeinado. Rojizo de su rostro.
"…Es mi turno."
Las manos de Jim se acomodaron en las caderas del Beta. Las esponjosas almohadas fueron buenas con sus músculos tensos. "¿Para qué?"
Bruce concluyó con la labor de quitarse el camisón de dormir. "Para disfrutar de la vista, por supuesto."
Jim uso sus pulgares para enmarcar las curvas de las caderas del muchacho. Subieron y bajaron, subieron y bajaron, sin cansarse de la piel que apenas estaba conociendo. "No hay mucho que ver." Carne, huesos, cicatrices.
Una sonrisa a labio cerrado le mostró un lado de Bruce que no había presenciado. Bruce en asecho. "Me opongo vehemente a tu opinión." Los dedos de la mano izquierda, acariciaron un moretón gigante adornando el hombro del Alfa. "Esto es nuevo." Presionó gentilmente. "¿Duele?"
Jim negó con su cabeza. El tono púrpura era más escandaloso en color, que en sensación. Los dedos de Bruce persiguieron nuevos objetivos. Aruños en el antebrazo. Nudillos hinchados de un puño. Bruce hizo inventario cuidadoso por su pecho y abdomen, presionando sus yemas aquí y allá para causar una reacción.
Finalmente, Jim alzó el mentón del Beta con su dedo angular.
Bruce era, objetivamente hablando, apuesto. Andrógino en su galanura. Y aunque Jim sospechaba que el Beta no apreciaría ser denominado bonito, aquel era el adjetivo que se le venía a la mente del Alfa, la mayoría del tiempo.
No era de sorprenderse. Jim siempre había sido atraído… a cosas bellas.
El Beta acogió la mano del detective, antes de que Jim la retirara de su rostro. Cubrió la mitad de su rostro con los cinco dígitos ajenos, cerrando sus ojos.
-Si supieras lo que he hecho con éstas dos manos. El pulgar de Jim delineó el labio de Bruce, tratando de reconciliar la violencia que instrumentaba a diario, con su capacidad de ser meticuloso con lo que consideraba querido.
"Quiero verte." Bruce no fue específico con su referencia, hasta que Jim sintió la mano de Bruce jugar con el borde de su ropa interior. Un dedo, dos, tres, se introdujeron debajo. Jim le permitió seguir. No quería ceder, y al mismo tiempo, jugar con fuego era adictivo.
Nunca habían estado completamente desnudos.
No había igualdad en sus cuerpos.
Parte de la reserva de Jim para llegar a este punto, había estado involucrado en el impacto de sus edades. Bruce simbolizaba el inicio de una vida, cuando Jim era un perro viejo. La piel de Bruce no tenía marcas. Nadie, jamás, lo había conocido de esta forma, más que Jim—Nadie más lo haría.
Gordon, a comparación, estaba gastado con el tiempo.
La espina dorsal de Bruce se empinó, resultado de las yemas de Jim en descenso por su espalda, marcando un sendero desde sus omoplatos hasta la curva de un glúteo. Su pelvis se onduló, y fue inescapable el contacto con el abdomen del Alfa.
Los brazos de Jim eran gruesos, definidos con músculo desarrollado desde su entrenamiento en la marina. Los brazos de Bruce estaban beneficiándose del boxeo, pero su predisposición física, era esbelta. Las manos del Alfa, ahora sostenidas de ambos glúteos pálidos, se comían las curvas del Beta, con su tamaño.
"¿Este es… tu nudo?"
Al sentir los dedos explotadores en la base de su miembro, Jim tuvo que cerrar sus ojos. "Mm-hm." Se sintió ebrio.
La exploración continuó. Fría y científica. Bruce recorrió la longitud de su erección con dígitos curiosos. Jim jadeó, sus dedos apretándose, marcando el trasero de Bruce sin medida de su fuerza.
"Cuando esté dentro de mí… ¿Cómo se sentirá?"
"Dolerá un poco—siempre duele. Pero, cuidaré bien de ti." Y porque de momento, no había inhibiciones dividiendo entre su deseo y su moral, Jim se atrevió a agregar: "Terminarás disfrutándolo."
Bruce se inclinó sobre el torso de Jim, su cuerpo aplastando sus regazos con el descenso. "Prométeme que no me harás sufrir otra larga espera… Si queremos estar juntos, no es asunto de nadie más, James."
Jim gruñó, sabiendo que la puerta del abismo al Alfa estaba abierta. No se podría volver a cerrar.
Ahora que Bruce y su persona habían sucumbido al ámbito sexual de su relación, sería imposible volver a colocar frenos o restricciones.
"Ya no permitas que existan interferencias en medio… de lo que queremos."
Bruce restregó su cuerpo sobre el Alfa. Chilló, cuando Jim presionó sus pelvis juntas todavía sujetando los glúteos del Beta para su gusto. La boca del joven buscó por un beso, apoyándose en los anchos hombros del Alfa para mantener el equilibrio. "James."
Jim aspiró en necesidad de oxígeno, flexionando su cuello, perdido en la sensación de sus erecciones presionándose. Siguió dirigiendo la cadera del Beta, indicándole a Bruce cómo esta danza debía funcionar. Bruce pronto aprendería, Jim lo sabía. Aprendería todo. Pero por ahora, recaería en él, guiarlo. "Lo prometo, Bruce."
Fue el turno de Jim para derribarlo sobre la cama. No le dio oportunidad de quejarse, injertando su boca en el pecho a su disposición. Besó suavemente el esternón de Bruce con el comienzo de barba raspando. El corazón de Bruce palpitó bajo su lengua, apresurado como su dueño, al obtener lo que quería.
Bruce fue natural en la forma en la que enredó su cuerpo alrededor del de Jim. Tenía piernas verdaderamente largas que seguirían creciendo, y creciendo. Sus manos tenían fuerza física, que solía estar muy bien escondida.
Bruce batió su cabeza por las almohadas, parpados caídos, sumergido en la trampa que las feromonas que su Alfa, había tendido. Jadeó, conforme la boca de Jim descendió hasta el territorio de su ombligo. Cuando raspó la piel con su mentón, el beta lo manoteó con risillas automáticas.
Sonriendo, Jim regresó al rostro de Bruce. Ambos se miraron, casi contándose las pestañas.
"Justo así, sucederá. La primera vez." Jim susurró. "Estaremos cara a cara, porque no querré perderme de tu expresión cuando me sientas dentro de ti."
Bruce tragó saliva. Su rostro entero se coloreó de rubor, y en respuesta a la cruda descripción, su pelvis buscó presión contra su Alfa. Jim estuvo preparado, sin embargo. La mano que había estado deslizándose entre sus cuerpos, apretó la erección del adolescente junto con la propia, envolviendo ambas necesidades en un sólo mango. Sus movimientos fueron precisos, brindándole a su Beta justo de la dulce estimulación que necesitaba.
"Me gustaría decirte que seré gentil y cuidadoso contigo, pero honestamente, Bruce… Lo dudo."
"No oirás objeciones de mi parte."
Jim peló sus dientes. Ahí estaba, el porqué de su infinito deseo por este joven. Bruce tenía una bestia propia rezongando bajo su piel. Mordió el cartílago de una oreja, su puño apretándose, deslizándose de la raíz hasta la punta. Con su pulgar, sobó la hinchada cabeza de la erección del Beta, ganándose un gemido sorprendido.
Bruce embistió su regazo sin coordinación. Miraba a Alfa con ojos abiertos como platos. "Quiero…"
"¿Qué cosa?" Jim jadeó. "¿Qué quieres, cariño?"
"Estar contigo." Bruce susurró. "Todo el tiempo. Haciendo esto. Quiero estar cerca de ti… siempre."
Jim sonrió. "¿Desnudos?"
Bruce sonrió de regreso. "De preferencia."
Por supuesto. Besó a Bruce en la boca después de tanto hacerlo esperar. Sus labios tronaron al separarse. Bruce quiso seguir con un segundo beso, pero Jim tenía otros planes.
"Date la vuelta."
Frunciendo el ceño, Bruce le obedeció. Jim soltó sus erecciones, en favor de acomodarse detrás de las piernas que Jim obligó a doblar sobre sus rodillas. Sus manos se expandieron por la espalda desnuda frente a sus ojos. Era la primera ocasión que tenía la oportunidad.
Una constelación de lunares marcaba el centro de la espina dorsal de Bruce. Sus músculos aún en proceso de madurez, se movieron en fluidez acuática frente al Alfa. Ante el contacto de sus dedos, Bruce se onduló hacia él, suspirando en revelación cuando la boca de Jim persiguió el rastro de sus dígitos. Jim empujó los hombros del joven contra la cama, dejando la mitad restante del cuerpo en una posición bastante vulnerable—por no decir, pornográfica.
Jim colocó su erección entre los dos muslos de Bruce, gimiendo con el desliz delicado. "Aprieta, cariño." Embistió entre el frote que Bruce le otorgó, al obedecerle. Se encargó de regresar a su tarea anterior, rodeando el miembro del Beta con su puño. La danza fue una parodia del acto verdadero, un simulacro que era acostumbrado entre muchas parejas Alfa-Omega cuando recién comenzaban su faceta de exploración sexual. Aun sin penetración, la intimidad de la posición de sus cuerpos desataba feracidad.
Con el impacto de sus glúteos contra la pelvis de su Alfa, el chico emitió una serenata de gruñidos que sólo fue elevándose en volumen, conforme el ritmo de Jim fue acelerándose. La cama no fue un testigo mudo tampoco. El sonido propio de sus cuerpos en impacto no dejaba nada a la imaginación, y Jim temió por un minuto que Alfred tumbaría las puertas de la habitación.
Luego, el nudo de Jim empezó a hincharse, y toda coherencia se esfumó de su mente.
Bruce enroscó su cuerpo sobre la cama, cuando el puño del Alfa lo llevó al punto sin retorno, muslos apretándose aún más. "Uum." El pobre pareció tragarse su clímax hasta las entrañas para no causar más escándalo.
Refunfuñó, cuando sin aviso, Jim le cayó encima. Ambos colapsaron en la cama, todavía retorciendo sus cuerpos en busca de alivio, de constante placer entre la fricción. Jim embistió con poca coordinación, disfrutando de la libertad del momento.
Su nudo no se hinchó al tamaño real, por no estar en su ciclo, pero Jim lo imaginó—imaginó cómo sería la experiencia, un ciclo ahora con Bruce acompañándolo. Con eso fue suficiente para culminar—el potencial de lo que podría ocurrir en el futuro—manchando los muslos del Beta, así como las sábanas.
Posteriormente, los jadeos fue el sonido reinando en la recámara.
Jim comenzó a levantarse. Los muslos de Bruce tuvieron otras ideas, sujetándose con renovada terquedad alrededor de su órgano sensible, todavía inflado con demasiada corriente sanguínea. Jim gruñó, pero captó el mensaje. Lamió la nuca del joven.
"Deberíamos tomar una ducha."
"Mn."
Jim sonrió. En su segundo intento de escape, obtuvo victoria. Se dirigió al baño adjunto para humedecer una toalla. Cuando regresó, Bruce se había movido del punto manchado de las sábanas, ojos entrecerrados. Dejó que Jim limpiara sus muslos y su regazo, chillando cuando Jim le dio una nalgada por su poca ayuda en el asunto.
"Flojo."
Bruce dejó salir una risilla bastante anti-Bruce, volando alto con la mezcla de feromonas y endorfinas corriendo por su sistema. Jim le besó las risillas de la boca, para averiguar a qué sabían.
Fue todo un descubrimiento el encontrar algo de qué reír con el día que había tenido. Bruce lo miró como si Jim fuera un astronauta que le había traído la luna a su recámara, y Gordon se nutrió de su idolatría. Fue suave con sus caricias, al intentar arrullar al chico de vuelta al sueño. Su abrazo fue sobreprotector, y Bruce se lo permitió. Le dejó apretarle con recelo debajo de las sábanas.
Culpa por no sentir culpa.
Jim respiró hondo. Su predicamento volvía con venganza a acosarlo.
"El Ogro tiene a Bárbara."
Susurrarlo en la intimidad de sus cuerpos enredados, no sirvió de mucho para liberarlo de su culpabilidad, pero Jim no pudo evitar buscar por un oído ajeno.
Bruce no se inmutó. Su cabeza no se movió del pecho de Gordon.
"Ni siquiera pensé en ella. Nunca la consideré importante para que el Ogro intentara ir tras ella… ¿Eso, en que me convierte?"
Pensó que Bruce probablemente se había dormido ya, pero el siguiente murmullo le dejó claro que su confesión había sido escuchada.
"La otra noche atestigüé como el mejor amigo de Alfred cayó a su muerte desde un quinto piso y no hice nada para detener lo que sucedió. Sentí mucho miedo… Pero mayormente, un sentido de justicia… Después de todo, ese hombre casi asesina a Alfred. Quería lastimarlo yo mismo cuando lo vi drogándose en un colchón apestoso a orina, mientras que Alfred seguía considerándolo alguien querido… Lo consideré nauseabundo. Y no pude evitarlo… verlo morir me dio una fracción de dicha."
Bruce separó su torso del abrazo del Alfa, dejando caer su cabeza al paralelo de la cabeza de Jim sobre las almohadas. Sus miradas fueron un conducto de emoción, macizo en su vínculo. Impenetrable.
"Dime, James. ¿Eso, en qué me convierte?"
El pulgar de Jim acarició un pómulo del Beta con inmensurable delicadeza.
"Supongo que tendremos que averiguarlo."
[+]+[+]
A la mañana siguiente, al llegar a la estación, Lee lo estaba esperando en el segundo piso. "Jim."
Algo en el tono de voz de la mujer puso a Jim en la defensiva. "Lee. ¿Has visto a Harvey?"
La mujer negó con su cabeza. Jim se dejó caer pesadamente en la silla de su escritorio, nunca quitando su mirada de la doctora. Algo andaba mal—Bueno, todo andaba mal. "Escucha, Leslie…"
"¿Alguna pista sobre el paradero de Bárbara?"
"No han encontrado su cuerpo aún, así que todavía hay posibilidades de que siga con vida." La mueca de Lee ante la cruel descripción le causó culpa a Jim. Su malhumor disminuyó. "Estoy haciendo todo lo que está a mi alcance." Murmuró al final.
La mirada cristalina de la mujer lo perturbó un poco. No se acostumbraba a la idea de que Lee estuviera verdaderamente involucrada en el bienestar de Bárbara. La doctora comenzó a alejarse de su escritorio. Jim le miró de reojo darse la media de vuelta de regreso, sin embargo, en el último momento.
"Tienes que encontrarla."
Jim alzó su ceja con la orden. "Créeme, Lee, no necesitas reiterármelo—"
"Tienes que encontrarla lo más pronto posible, Jim, porque Bárbara sabe todo sobre Bruce."
El mundo no tuvo sentido por el trascurso de veinte solidos segundos. Las palabras no tuvieron significado a la primera. Jim no había comido o dormido adecuadamente en las ultimas 24 hrs. Se había escapado de la recamara de Bruce antes del amanecer para dar vueltas por la ciudad como gallina sin cabeza, antes de resignarse y llegar al precinto.
No se percató de cuando se había puesto de pie, sólo de su mano derecha. La mano que ahora, estaba alrededor del cuello de Lee, sosteniendo con ímpetu.
"¿Qué?" El gruñido resopló el fleco negro de Lee, con su potencia. "¿Qué… acabas de decir?"
Terror sobresalió del petróleo de la pareja de irises de Leslie. Jim quiso apretar sus dedos, pero la oportuna ayuda de Sánchez interrumpió, antes de que Jim cumpliera con su fulminante deseo. Le jalaron de los brazos para quitarlo de encima de la forense.
"¡Jim!" Bullock apareció en el segundo piso, observando el espectáculo en completo shock. En cuanto estuvo libre, Lee comenzó a toser, sobando su diafragma. "Por el amor de Dios, ¿ahora qué?"
"¡Te lo dije!" Jim gruñó al piso. "Te dije que no confiaras en ella, Lee."
Lee tuvo la decencia—o la inteligencia—de guardar silencio. Lo conocía. En lo profundo de su ser, Jim le rogó, No me provoques, no me hagas lastimarte más.
Bullock se posó en medio de los dos. "Ok. Tiempo fuera. ¿Quieres maltratar a alguien que sí lo merece? Te tengo a un testigo estrella en la sala, presume saber quién es el Ogro."
El detective Sánchez lo soltó. Cuando Jim bajó de su nube de furia ardiente, Leslie se había marchado a órdenes de Harvey.
Vergüenza por su reacción tan… visceral… bañó sobre Gordon, entonces.
Maldición.
Jim se dirigió a la sala de interrogaciones.
Una hora después, habían averiguado que Jake había trabajado de bartender en el burdel Foxglove. Según él, el Ogro había sido un cliente recurrente del lugar, y allí se habían conocido. El siguiente paso era infiltrarse en el maldito lugar. Desafortunadamente, el acceso no era tan fácil.
"El Foxglove está reservado para las clases altas de la ciudad, así como para los gustos más extremos y perversos, Jim. Tienes que tener a alguien conocido metido ahí para que te den chance de entrar—"
"Puede que ya tenga a alguien." Después del interrogatorio, Jim tenía energía de sobra. Las cuatro paredes del pasillo lo enloquecían. Tenía que salir del precinto.
"Oh." Harvey no lució nada impresionado con la insinuación de su compañero. "¿Te refieres al Pingüino? Jim, si te embarras más con ese payaso, terminarás siendo su maldita propiedad—"
"No tengo opción, Harvey; el Ogro tiene a Bárbara." Y en consecuencia también a…
"Déjame hacer una revisión con mis contactos primero, sacudir algunos árboles, por así decirlo—Jim, necesitas alejarte de este caso, estás perdiendo la objetividad del asunto." Cuando Jim había estado por volar, Harvey logró frenarlo, sosteniéndolo de su hombro. "¿Qué demonios sucedió allá afuera con la Doc? Podrías ser suspendido si decide reportarte por asalto."
"Tengo el presentimiento de que no se atreverá." Jim haló de su hombro hasta ser liberado. Respiró hondo antes de proseguir, bajando su tono a un susurro. "Yo soy el que debería estar reportándola, Harvey. Desconozco los detalles de lo que pasó, pero en resumen, Bárbara se las arregló para averiguar de mi relación con Bruce, vía Lee. ¿Lo comprendes ahora? ¿Por qué no tenemos tiempo que perder?"
Bullock lo sorprendió con su reacción. "¿Y? ¿En verdad crees que tu ex sería tan cruel como para divulgarle al Ogro lo que sabe? ¿En serio?"
Jim intentó tragar saliva. Miró a Harvey directo en los ojos. "Ambos sabemos que El Ogro no a va preguntar de la manera más amable, Harvey." ¿Quién era Jim para juzgar a Bárbara si la mujer intentaba salvar su propia vida, a cambio de la de Bruce Wayne? Al punto de la tortura de la que Van Groot era capaz… El único culpable aquí, sería él mismo Jim.
Bullock suspiró. "Estás quemado de adentro hacia afuera, Jim. Estás actuando de forma paranoica—¡Necesitas dormir!" Lo último fue un grito de su parte, puesto que Jim ya había despegado fuera del pasillo. No era que Bullock no tuviera la razón, simplemente que Jim no podía detenerse. Ni el prospecto de entrar en más deuda con Cobblepot lo frenó.
Le sacó un pase VIP al Pingüino en menos de quince minutos. Esperaron hasta el atardecer para mandar a Bullock al desquiciado club, y finalmente pudieron obtener información clave para localizar el lugar donde el Ogro vivía.
La cicatriz en el rostro de Sally le hizo nudos en el estómago. Jim reemplazó a Bárbara en su cabeza. Luego, a Bruce.
"Su nombre era Jason." La prostituta comenzó con su historia de horror. "Era dulce al inicio. Tan pronto como me subí a su automóvil, me tapó el rostro con una bolsa de tela, y ató mis muñecas. Me llevó a su departamento. Allí fue donde me hizo… esto." Sally era valiente, así como bastante suertuda de seguir con vida. Ella misma lo admitió.
Además, a final de cuentas, Sally fue la que le dio a Jim una soga a la cual todavía sostenerse.
Gotham Royal Hotel.
Tenía una localización. Jim le agradeció con sinceridad, ansioso por salir del burdel. Sally lo detuvo con una mano sobre su hombro. Cuando se encararon, Jim miró directamente la cicatriz.
"Cuando lo encuentres, no lo arrestes." Su voz fue fría, así como el resto de su petición. "Mátalo."
Jim no titubeó ni un milisegundo en su réplica.
"Entendido."
Leal a la descripción de Sally, el elevador los llevó directo al penthouse de Van Groot. El lugar estaba oscurecido. Bullock y Gordon se separaron para cubrir más terreno.
"El lugar está vacío."
"Rayos." Jim gruñó.
Bullock le llamó con insistencia desde el vestíbulo, linterna en lo alto al igual que Gordon. "Hay algo que debes ver."
Un calabozo.
Jason Van Groot tenía un calabozo, en su sala de estar.
-Chicas inocentes murieron aquí. Jim miró todo tipo de arma de tortura adornando las paredes. Era un museo, de cierta forma. Un templo del que el Ogro sentía monstruoso orgullo. Bullock pausó en lo profundo del cuarto, después de un largo momento de solemne quietud. Le dio frente a un gabinete abierto. Dentro yacía una colección de hachas y navajas. Resplandecían de pulcras.
Por sobre sus cabezas, una X los espiaba, las diferentes formas de atar a una víctima indicándoles el nivel de perversión de su dueño.
"¿Miras algo que nos conecte con Bárbara? Puede que nunca haya estado aquí."
"No. Estuvo aquí. Todavía puedo oler su perfume."
"Oye. Vamos a encontrar a este sujeto, Jim. Pero tú necesitas… prepararte."
Gordon le dio las espaldas. Quiso iniciar una súbita salida del endemoniado calabozo, pero Harvey siempre sabía cómo obligarlo a escucharlo…
Yendo al grano.
"Necesitas estar listo, en caso de que no podamos llegar a tiempo para salvarla."
"¡Esa no es una opción!"
Harvey mostró en sus facciones la lastima y la culpa de la que Jim había estado huyendo las ultimas 24 hrs. "A estas alturas, es la opción más probable."
"Si Bárbara le ha dicho de la existencia de Bruce, puede que el Ogro la haya dejado ir." Jim sabía que era absurdo considerarlo—
—un teléfono sonó.
Por supuesto que se trató de otro juego mental de parte de Van Groot.
"Detective Gordon. Asumo que fue usted quien encendió la alarma."
"Maldito. ¿Dónde está Bárbara?"
"Conmigo, claro." Jim lo colocó en altavoz rápidamente. Como era clásico con egos maníacos como éstos, Jason tenía todo un discurso preparado para Gordon.
"Si la haz lastimado—"
"Está tan segura como la leche. Está a salvo conmigo como nunca lo estuvo a tu lado…"
"¿Qué demonios quieres decir?"
"Bárbara no necesita que la protejas, Jim… De hecho, nunca lo ha necesitado. Te veo después."
"¡Espera!" La línea se cortó. Jim y Harvey conectaron miradas. "¿A dónde conduce?"
"Hacia Haití, si es listo."
"No, no… Escuché unos sonidos… como si estuviera manejando por un puente."
"Y una alerta parecida a la de un tren." Bullock masculló.
White Cross era el único puente que tenía una ruta de tren en su proximidad. Y White Cross estaba ubicada en el área rica de la ciudad. Jim tuvo la certeza del destino del Ogro en pocos minutos.
"Los padres de Bárbara viven allí."
Nada podría haber preparado a Jim, para lo que encontraría en la residencia Kean, cincuenta minutos después.
[+]+[+]
Fin de Subparte 19.a.
[+]+[+]
