"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.

[+]+[+]


Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins.

Rating: PG-13/Teen.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Continuidad: Situado durante los episodios 1x21, "The Anvil or the Hammer" y 1x22 "All the families are alike."

Notas:

(1) He modificado los tiempos de los episodios, porque honestamente, obligar a que todas las tramas (Bárbara y Lee/Bruce y la Cueva/Jim y la Mafia) sucedan al mismo tiempo, ES DE LOCOS. A mi parecer, se tiene que dejar respirar tantos sucesos importantes, antes de meterse a más.

(2) Por cuestión de tiempo, y para no ser repetitiva, muchos de los hechos que suceden en la serie, no fueron reescritos en este capítulo. No le encuentro el caso, cuando el lector puede asumir que ciertas cosas ya sucedieron, sin problema alguno. (Ej. Jim y la Guerra de la Mafia). No toda la serie gira alrededor del Brim. :(


[+]+[+]

19b.

[+]+[+]

"Nunca conoces la cima

Hasta que te encuentras demasiado abajo."

-Imagine Dragons ("I'm so sorry.")

[+]+[+]


Los cuerpos se encontraban acurrucados sobre el sillón de la sala.

Jim miró a Anna y a Everett, cubiertos en sangre, terror todavía en sus expresiones post-mortem.

No mucho tiempo después que Jim durara contemplando la escena con corazón pesado, Bárbara apareció detrás de los cadáveres de sus padres, ojos bien abiertos en petrificada sorpresa. Su vestido estaba manchado de sangre. Le preguntó a Jim qué estaba haciendo en el lugar, como si lo que estaba saliendo de su boca no fuera lo más lejano de la realidad posible.

"No deberías estar aquí."

En una escala de 1 al 10 de lo tétrico, Barb se comportó definitivamente cerca del 15. "¿Dónde está, Bárbara?"

La pregunta funcionó como un encanto. En segundos, Van Groot estaba sobre Jim, atacándolo por las espaldas.

-Por fin.

Por fin, esto iba a acabar.

Por fin, Jim tuvo a Jason en sus manos. Por fin, tenía a aquel fantasma que lo había aludido durante semanas, en forma tangible y con potencial para destrozar con sus puños. Van Groot—que sorpresa—peleaba sucio. De seguro, acostumbrado a llegarle de sorpresa a cuerpos pequeños, e inexpertos, a la hora de defenderse. Tenía un cuchillo en sus manos, y claramente, el objetivo de encajárselo a Gordon donde le fuera posible. Ambos llevaron una transitoria batalla por el dominio de sobrevivir. La espalda de Jim no le agradeció el impacto con la mesa en la que Van Groot lo estrelló. En retaliación, Jim lo obligó a cortar su propia palma con el arma blanca durante la lucha. Nada fue más satisfactorio que escucharlo gritar del dolor.

Van Groot era un Omega.

Averiguarlo, fue un golpe de consciencia obligatoria. Su aroma, por menos apetecible que fuera, abrumó los sentidos de Gordon ante el deslizamiento inevitable de sus cuerpos. El Omega era agrio; tóxico. El Alfa dentro de Jim rehuyó de la cercanía, al unísono que las feromonas de Jason fueron reaccionaron a la virilidad del Alfa.

Fue obvio. Algo como esto, fue lo último que El Ogro había esperado de su fisiología. Maldiciones cayeron a las orejas de Jim, mientras forcejaban.

El descubrimiento, le provocó a Gordon, sonreír.

"Parece que… todo lo que necesitabas… era ser puesto en tu lugar." Jim le mostró los dientes, a pesar de estar sobre el suelo, enfocando absoluto ímpetu en sus brazos, para bloquear el filo de la navaja de su pecho. Sobre él, Jason jadeaba. Sus pupilas dilatadas fueron las ventanas de su alma. Todo lo que le restó a Jim hacer, fue entrar por ellas y ponerse cómodo en invasión.

Con su cuerpo oscilante, con la respiración cálida de sus fosas nasales—Jim fue un arma que Jason nunca hubiera podido prever. "Tanto que te gusta poner collares en cuellos ajenos… cuando eres quien más los necesita." Un roce de su pierna en la ingle de Van Groot fue suficiente para tener prueba de la humillación que El Ogro estaba sufriendo.

El Omega estaba evacuando líquido, arruinando sus pantalones ante la potente compatibilidad que estaba experimentando. Su cuerpo hizo corto circuito, atrapando entre la atracción y el deseo de repelar a Jim de su persona.

"Típico Alfa, calentándose ante la mera noción de tener el control." Van Groot masculló. "Ah. Sí. Bárbara me contó todo sobre ti. Vives de tu encanto y de tu complejo heroico. Me contó de tu lado más oscuro, también. ¿Sabes? Tú y yo… no somos tan diferentes."

"¡No soy nada… como tú!"

"Sé quién eres en el fondo. Misma cosa con nuestro querido Everett. Todo un hombre impecable frente a la elite de la sociedad, pero cuidadoso de sus gustos más privados, ¿no es así? ¡Oh, espera! Ahora recuerdo. Nunca te molestaste en preguntarle a Bárbara al respecto. Nunca te importó." Débil en su deseo de contacto, embrujado en el encanto, del que tanto se burlaba, Jason se acercó para lamer el lóbulo de Jim. "Reconozco al monstruo dentro de ti, James Gordon. A los demonios que se guardaba Everett Kean. No eres ningún héroe—"

Jim le dio un cabezazo. El cuchillo se soltó de las manos de Van Groot. Sus cuerpos rotaron en posición inversa.

Fue fácil rodear el pescuezo de Van Groot con sus manos. Fue natural, el apretar sus dedos para cortar oxígeno, y lo que lo quedaba de vida de este bastardo.

Matar de esta forma, era personal. Justo como la vendetta que El Ogro había armado en su contra, desde el primer momento que había amenazado a sus seres queridos.

Ojo por ojo. Diente por diente.

Jim apretó. Miró directo a los ojos de Jason, midiendo el tiempo que llevaría hasta que el cuerpo dejara de temblar bajo el suyo. Van Groot intentaba alcanzar el cuchillo que había caído en el piso. Jim gruñó encima del rostro del Omega. Primal, fue la cacofonía que salió de su garganta, demandando la sumisión entera de su enemigo.

La victoria fue robaba de sus manos. El cuchillo apareció en súbito sobresalto, encajándose en el ojo derecho de Van Groot. En shock, Jim desenredó sus dedos del Omega.

Fue muerte inmediata, pero no a manos de Gordon.

Con ojos todavía sobrenaturalmente abiertos, Bárbara desenvainó el cuchillo del hueco ocular recién perforado. "¿Crees que esté muerto?"

Para evitar que la mujer quisiera encajar el arma en segunda ocasión, Jim inmovilizó la muñeca de Bárbara.

"¡Suelta el cuchillo!"

Harvey tenía su pistola dirigida en la mano de Bárbara. Jim curveó su cuerpo en dirección de su compañero.

"¿Dónde diablos estabas?" Retiró el cuchillo de la mano de la Omega, y sintió la tensión del puño de la mujer al no querer liberar el mango a la primera. "Bárbara." Jim le ladró. Acostumbrada a responder a su antiguo amante, la rubia salió de su estado nebuloso al reconocer al Alfa. Inmediatamente, Bárbara comenzó a sollozar, viendo el cuerpo de Van Groot y luego a Jim.

"¿Está realmente muerto?" Volvió a implorar.

Jim la rodeó con sus brazos, parte de su corazón rompiéndose con lo que restaba de coherencia en Bárbara.

"Ya pasó." Jim se sorprendió, al escucharse a sí mismo. ¿En verdad, aquella era su voz? "Ya todo terminó, lo prometo."

Debajo de sus cuerpos entrelazados, el cuerpo del Ogro comenzó a enfriarse.


[+]+[+]


Tomó el resto de la noche procesar la escena del crimen. Jim permaneció hasta que los cuerpos de los padres de Bárbara fueran llevados a la morgue, junto con el de Van Groot. Luego, se dirigió a la estación de policía en compañía de Bullock.

Fue una grata sorpresa ser recibido con aplausos.

Y aún más ameno, fue divisar las siluetas de Bruce y Alfred cerca de sus estaciones.

"¿Qué hacen aquí?" Jim cojeaba ligeramente, en resultado del previo enfrentamiento. Subió las escaleras con una mueca de incomodidad. Todo lo que deseaba era dormir por una semana.

"Para ver al héroe en vivo." Bruce acogió la mano vendada de Gordon entre las suyas para analizarla. "Además, el detective Bullock fue el atento en avisarnos que estábamos fuera de peligro."

Por supuesto. Porque Jim había estado muy ocupado atendiendo a una histérica Bárbara, en su momento.

"¿Se ha acabado, entonces?" Alfred posó su mirada láser sobre Gordon, y no estuvo satisfecho hasta que Jim asintiera. "Por lo menos, hasta que otro psicópata llegué a la ciudad."

"Siempre el optimista." Bullock estiró sus piernas sobre el escritorio de su estación. "Es lo que me gusta de ti, Pennyworth. Bueno. Eso, y la forma en que cocinas."

El cuerpo de Jim osciló a la órbita de Bruce, sus párpados combatiendo por no caer. Bruce lo abrazó con sumo cuidado, actuando de soporte para su peso por unos momentos.

Cuando se separaron Jim sostuvo el mentón del Beta con sus dedos. "Sólo… vayámonos a casa."

Casa significó su apartamento, no la Mansión.

Su apartamento había sido abandonado desde que el caso del Ogro había sido abierto. Jim retiró su abrigo y sus zapatos en cuanto cruzó el umbral. Harvey y Alfred se asentaron en la sala, conversando en voz baja detalles de lo sucedido con Van Groot en la residencia Kean.

Jim se dirigió directo a la recámara. Bruce le siguió, cómodo en el espacio, seguro en su noción de que sería bienvenido.

"¿Cómo se encuentra la Srta. Kean?"

"No tengo idea. La dejé en el hospital para ser revisada, pero… creo que su mente es lo que necesitará ayuda." Bárbara difícilmente se había abierto respecto a lo que Jason le había hecho todo este tiempo. Jim no estaba seguro de querer saberlo. Sólo quería que Bárbara volviera a ser la misma de siempre, intacta al trauma. "Bruce… Sus padres. Jason Van Groot los asesinó, muy probablemente con Bárbara atestiguando el acto…" Frente al espejo del baño, Jim conectó su mirada a la de Bruce por el reflejo.

Bruce se mostró enormemente afectado por la noticia. "Eso no hubiera sucedido si El Ogro hubiera venido tras de mí."

"Oye." Jim rotó su cuerpo de vuelta a Bruce. "No digas eso."

"Es la verdad." El Beta encorvó su cuerpo sobre sí mismo. "La Srta. Kean no merecía presenciar algo tan aterrador. James… Nadie lo merece."

"Está hecho, de todas formas. Y no tienes permitido cargar con cualquier culpa al respecto."

"¿Porque tú te encargarás de martirizarte, a cuenta de ambos?" El chico dejó el umbral del baño para caminar de regreso a la recámara. Se sentó al pie de la cama en espera del Alfa. En el momento que el peso de Jim lo siguiera, el muchacho suspiró. "Sé que sería en vano pedirte que no te sintieras responsable por ella… Bárbara Kean siempre ha sido importante para ti."

Jim fue sereno en lo que salió de sus labios. "Bárbara es una mujer adulta que también tomó sus propias decisiones. Se fue con Van Groot por su propia cuenta. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en lo que sucedió. Tengo que tenerlo presente, y concentrarme en lo que se puede hacer ahora. La ayudaré en su recuperación, si puedo. Si ella lo desea. Pero, nuestra relación se ha acabado desde hace mucho tiempo, Bruce. Tú sabes que ya no siento algún tipo de amor por ella."

Bruce jugó con las yemas de sus propios dedos, regresando a su postura de evitar la mirada de Jim. No fue el mismo joven que Jim había tenido en sus brazos la noche anterior. Turbio en sus pensamientos, el Beta fue una pared dura con la cual topar. Jim intentó tocarlo, frenarlo, cuando Bruce se levantó de la cama—sus manos fueron evadidas.

"Te dejaré descansar."

Jim lo dejó ir. Decidió darle su espacio a alguien tan mercurial como Bruce. Además, en realidad, estaba totalmente exhausto.

"Pasaré por la Mansión… Después."

Bruce pausó en la puerta. Inclinó su cabeza en aceptación. Luego, se fue.

Jim se acostó sobre la cama. Con su antebrazo cubrió sus ojos cansados.

En la oscuridad de sus parpados cerrados, siguió reproduciéndose la imagen de los cuerpos inertes de la familia Kean.


[+]+[+]


Posterior al ataque en la residencia de los Kean, el funeral realizado dos semanas después. Bárbara no atendió, por lo cual Jim hizo un esfuerzo por acudir en su representación. Los Kean eran sangre antigua en la ciudad, así que la lista de asistencia fue larga, toda una pasarela de la crema y nata.

Cuando Jim reconoció la silueta de Thompkins en la tercera fila de la iglesia, Jim se escabulló para sentarse a su lado. Lee le echó un vistazo de reojo, más no mostró impedimento a su compañía.

"¿La haz visto?" Jim le susurró, en cuanto hubo una pausa en las palabras del obispo.

"No puedo tratarla. Su cuidado está en las manos de otros expertos."

"No es lo que pregunté." Ante en el silencio culposo, Jim suspiró. "Sólo digo que no le vendría mal otras visitas aparte de su ex. Estoy preocupado, Lee. Quizás tú… puedas ver algo que los demás doctores no pueden."

Cuando Lee cubrió sutilmente su boca con su mano enguantada, Jim no supo cómo leer el gesto. Los hombros de la mujer temblaron, pero no había lágrimas de por medio. Al destapar su rostro, una sonrisa poco cálida curveaba la boca roja de Lee. ¿Se había estado riendo?

"¿O harás qué? ¿Ahorcarme de nuevo?"

Jim no tuvo palabras para detenerla, cuando la Beta se levantó de su asiento.

Posterior al funeral, Jim tomó la decisión—errónea—de buscar asilo en la Mansión Wayne para despabilarse, puesto que el lugar tuvo de su propio repertorio de experiencias estresantes, para ofrecerle.

"¿Podría verla?"

El almuerzo compartido por Alfred, Bruce y Jim llegó a una parada incómoda, cuando de la nada, la pregunta interrumpió el silencio del comedor.

"¿A quién? ¿A Bárbara?"

Bruce tomó un trago de agua mineral. "Sí."

"¿Para qué?"

"No actúes de manera paranoica. Sólo quiero hablar con ella."

"Nopuedes."

Otro silencio. Tarde, se percató Jim de lo que realmente acababa de emitir en respuesta. La máscara fría en el rostro de Bruce le advirtió que había cometido un Gran Error, en la agenda del joven. Jim carraspeó su garganta.

"No por ahora. Espera un poco, Bárbara todavía no sale del shock." El apetito se esfumó con el tema de conversación. Jim dejó caer su tenedor en el plato semi-lleno. "Aunque lo advertiré, no creo que sea buena idea."

Un resople susceptible vino del Beta. "¿Por qué?"

"¿Qué acaso usted mismo no me contó que su último encuentro fue lejos de placentero, Amo Bruce?"

"Alfred." Bruce masculló.

Demasiado tarde. Jim ya había escuchado.

"¿Último encuentro?"

Más tragos de agua mineral fueron utilizados de distracción. Bruce terminó encogiéndose de hombros. "Cuando fui por Selina para asistir a la Gala, la Srta. Kean se encontraba allí. Específicamente hablando, ella fue la persona que me recibió."

"Oh, eso debió haber sido genial."

Ante el tono sarcástico de Gordon, Wayne hizo una mueca. "Fuimos corteses, uno con el otro. Nada de connotaciones catastróficas estuvieron involucradas."

Fue el turno de Jim de encontrar refugio en su copa de vino blanco. Imaginar a Bruce y a Bárbara en un mismo espacio, era algo para sacar pesadillas de su subconsciente. Decidió entonces, explicar el porqué de su verdadera preocupación.

"Sólo porque te sientes culpable, no deberías picotear al peligro en la nariz, Bruce. Bárbara no es agradable cuando alguien le quita sus juguetes. Verte, puede removerle emociones fuertes sobre su secuestro."

Hubo una pausa, donde Alfred y Bruce intercambiaron una mirada. El Mayordomo se excusó a rezongos poco agradecidos, por ser corrido de su propia cena.

A solas, parte del hielo en la postura de Wayne se cuarteó. Cuando abrió su boca de nuevo, no habló con el tenor neutro de antes.

"Sólo quiero… decirle que lo siento mucho."

Jim cerró sus ojos. "Bruce." Intercambió lugares para sentarse a lado del muchacho, en vez de seguir viéndolo a la cara del otro lado de la mesa. "De acuerdo. Imaginemos que el Ogro vino por ti. Que te torturó por horas, mientras yo ponía la ciudad de cabeza para encontrarte. ¿Te sientes mejor, prefiriendo esa alternativa? Porque yo no."

"¡Yo no tenía nada que perder! Mis padres ya no están. Van Groot no hubiera tenido a nadie que cazar más que a mí—"

"¿Qué hay de lo que yo hubiera perdido?"

Jim tuvo suficiente. Si el volumen de su voz fue eminente, de manera que estremeció por las paredes, a Jim le importó un comino. Habían sido un par de semanas muy, pero muy largas. No necesitaba esta actitud de parte de alguien que se suponía, tenía que ayudarle a sentirse mejor.

"¿Quieres sabe por qué Bárbara sigue viva, Bruce? Jason estaba obsesionado con ella. En su versión torcida, la amaba. ¡Por esa razón no la mató de inmediato! ¿Tú crees que hubieras corrido con la misma suerte? No. El Ogro te hubiera matado sin titubear, en cuanto se hubiera aburrido. Muy posiblemente, mucho antes de que yo hubiera podido encontrar tu cuerpo."

Gordon caminó a la ventana más cercana para abrirla. El aroma a yerbas del invernadero le trajo algo de tranquilidad. Se tragó un bocado de aire frío.

"¿Por qué no podemos dar por terminado esta pesadilla, y no volver a hablar al respecto?"

"No funciona así." Bruce se levantó. Jim lo percibió caminar hacia él. "Siento que he estado huyéndole a la Srta. Kean desde el principio."

"Bruce, no le debes nada." –Ni yo. Al haber dormido con Montoya, Jim consideraba toda deuda saldada con la Omega. "De acuerdo. Pudo llevarte a verla."

Hubo una pausa, antes de que la mano del Beta se posara en la espalda de Gordon. "Gracias."

"No me agradezcas nada todavía. Sólo hago este favor para que dejes de hacer berrinches."

El momento de quietud que siguió fue más ligero. Con manos en la cintura, Jim respiró aire fresco a sus pulmones. Bruce se acomodó a su lado, su brazo rozando con el codo del detective.

"Creo que tu teoría es equivocada, por cierto." Bruce le jaló del brazo hasta obligarlo a flaquear, a girar hacia él. "Hubieras llegado a tiempo para salvarme. Lo sé con certeza."

Así de fácil, Bruce le cortó los hilos invisibles que lo habían estado sosteniendo. Jim agachó su cabeza. Las manos del Beta fueron cuidadosas al posarse en su cuello, frescas como el viento de afuera.

"No me hubieras fallado."

Expiación. Jim desprendió un suspiro, al recibirla. Sus brazos encerraron el cuerpo más pequeño contra su torso, necesitando evidencia física de lo que Bruce aseguraba.

Entonces, las palabras volvieron a escupirse de su boca traicionera, aun cuando Jim percibía sólo debilidad, de la emoción que lo estaba tragando desde sus entrañas.

"Te amo."

Bruce exhaló, su aliento evaporándose contra la mejilla del Alfa. "Y no te das por vencido con las personas que amas."

El abrazo de Jim se apretó aún más.


[+]+[+]


La siguiente mañana, James lo acompañó a la habitación de hospital, fiel a su promesa. Al arribar, Bárbara Kean fue distinguible por la pared de vidrio. La mujer estaba vestida con ropa civil, de pie frente a la cama, para la sorpresa de ambos.

"¿Te dieron de alta?" James ni siquiera tocó la puerta abierta. Entró directo al cuarto.

Kean brincó a la inesperada visita. Su expresión manifestó breve alegría al reconocer al detective, hasta que sus ojos se posaron en Bruce. "Jim. Hola. No sabía que vendrías."

"No me notificaron que estabas lista para dejar el hospital." Había una maleta sobre la cama, y Jim se apresuró a tomarla del mango. "Debiste llamarme. Te llevaré a casa, si quieres."

"¡Deja ahí! No es necesario, supermacho." Rolando sus ojos, Kean le quitó el mango para regresar la maleta a su lugar previo. "No quería molestarte. Además, alguien más se ha ofrecido para darme un aventón. Por cierto, Sr. Wayne, puede pasar. No se quede parado allí."

Bruce, todavía esperando en el marco de la puerta, enderezó su postura al ser tomado en cuenta. "Quería darle mis condolencias en persona, Srta. Kean."

Bárbara le sonrió con labios libres de color. Su semblante entero estaba desnudo, sin maquillaje para usar de armadura. Se vio más vulnerable de lo que Bruce había estado esperando. Definitivamente, no se trataba de la misma mujer con la que se había topado la última vez. "Gracias, a ambos, por venir a verme."

"Luces bien." Jim ofreció, cuando el silencio entre los tres se alargó.

"Estoy bien. Mucho mejor. Acabo de tener mi último chequeo. El Doctor Rogers me dio luz verde para regresar a casa desde anoche. Así que, aquí estamos…" Aparentemente, inafectada, Kean continuó sonriendo con dulzura. "Puedes preguntarle tú mismo para corroborar lo que digo, Jim."

"Te creo." La expresión escéptica del Alfa, comunicaba algo distinto. Con un meneo de su mentón, Jim señaló en dirección de Bruce. "Escucha Bárbara, hay algo que necesitamos decirte. Sobre… las razones del porqué Jason Lennon hizo lo que hizo."

"Bueno. Era un asesino, Jim, ¿cierto? Va con la descripción del oficio."

"Sí. Digo, no. Pero, no fue sólo eso—"

"No creo que importe."

"¡Por supuesto que importa!"

"¿Jim?" Lee Thompkins, apareció justo antes de que se escalara a un peor alegato. Al verla, la Srta. Kean tomó su maleta, todavía de pie entre Alfa y Beta. Bruce la notó visiblemente agitada, a pesar del aire despreocupado que quería proyectarles.

"Doctora Thompkins, buenos días."

Extrañamente titubeante, la Doctora sólo le mandó a Bruce una menguada sonrisa de saludo.

James, por su parte, continuó con su comportamiento errático. "¿Hablaste con el Doctor Rogers?"

La Doctora Thompkins se mostró fría al dirigirse a ellos. "Así es. Aparte de recomendar orientación psicológica, asegura que Bárbara está libre de marcharse."

"Jim, gracias por estar al pendiente de mí." La Omega se detuvo justo frente a James, antes de emprender su salida. Bruce los observó con detenimiento. Tragó saliva con la imagen de perfección que la pareja armaba. "No te lo he podido decir antes, pero… Gracias por salvarme la vida."

Por encima del hombro de Kean, Bruce miró al Alfa relamerse sus labios. El gesto habló de su nerviosismo. Bruce tuvo evidencia de que tanto la Omega aun podía afectarlo.

"Era lo correcto. No tienes que agradecérmelo."

Fue inevitable que se abrazaran. Bruce desvió su atención, físicamente huyendo de la escena. Le sorprendió averiguar, que la Doctora Thompkins tampoco estaba interesada en el íntimo momento, optando por mirar su reloj de muñeca con ademán impaciente.

Fue una extraña coincidencia, entonces, cuando los teléfonos móviles de James y Thompkins sonaron simultáneamente, conllevando el mismo tipo de urgencia. Ambos, fiel a su deber, respondieron en sincronía. Con el transcurso de los minutos, la cara resignada de James lo dijo todo: era hora de regresar a trabajar.


[+]+[+]


Cuatro horas después, Bruce miraba el noticiero desde el estudio. El reportero compartía detalles de los ataques a los diferentes negocios que pertenecían al Don de la Mafia, Carmine Falcone. El principal sospechoso se creía ser el mismísimo Salvatore Maroni. Si era cierto, tales actos habían sido una declaración de guerra.

Era la misma información que James le había compartido en el camino a la Mansión. La Capitana Essen había llamado a todas las unidades y las había puesto en alerta roja. Todo el cuerpo policiaco de la ciudad debía pertenecer en espera por el siguiente golpe de daño colateral que fuera a resultar de la guerra.

Bruce apagó el televisor. De reojo miró el retrato roto de su padre, que descansaba en el escritorio. Pedazos de vidrio todavía yacían en el piso.

No había sido suficiente.

No era suficiente.

Un retrato, no había aliviado ni una pizca del turbio remolino de sentimientos que traían a Bruce aturdido, desde su conversación con Bunderslaw.

Su humor vacilaba entre apatía, o exceso de empatía. Ansiedad, o fría desconexión.

El asesinato de los padres de Bárbara Kean le había despertado remordimiento. Bruce había creído, que al ofrecer sus condolencias cara a cara a la mujer, los síntomas desconcertantes—nauseas, dolor de cabeza, irritabilidad—desaparecerían.

No lo habían hecho. Habían empeorado.

¿Algún día, desaparecería? ¿Llegaría el día, en el que Bruce no sintiera autoduda, en la presencia de la Srta. Kean y James? ¿O permanecería como algo indisoluble? ¿Qué era, exactamente, lo que lo sacaba de quicio, al verlos juntos? Bruce sabía, intelectualmente, que James no la amaba. Creía en Jim, cuando éste se lo aseguraba…

Horas transcurrieron, y fue más fácil sumergirse en el hambre de su intuición, que en algo tan patético como alimentar sus celos. Bruce se empeñó en buscar respuestas sobre lo que su padre pudo haber escondido, en la privacidad del estudio. Alfred le siguió la corriente muy a su pesar, siempre recalcando la futilidad de la hazaña.

Libros, retratos, cajones, cojines—Nada estuvo a salvo de no ser revisado.

Lenta, pero efectivamente, Bruce hizo trizas la oficina de Thomas Wayne, buscando secretos.

De un día, la búsqueda se alargó a dos, y luego a tres. Comieron emparedados de crema de maní entre hileras de libros descartados. Bruce permaneció distanciado del mundo exterior, aunque más que por decisión propia, por descuido. Lo que Bruce destrozaba, Alfred intentaba arreglar, y dentro de aquel ciclo, los dos no midieron el tiempo, o salieron de su burbuja. El teléfono de la Mansión se mantuvo desconectado. Las cortinas de la sala, cerradas.

Para la noche del tercer día, Bruce estaba por darse por vencido. Alfred no escondió su alegría al verlo decaído sobre el sofá, por fin quieto y con las baterías aparentemente descargadas. No tardó en unírsele, sentando en el sofá frente a él.

"Suficiente búsqueda, amo B. No hay nada aquí."

Bruce seguía viendo las pilas de libros sobre el escritorio. Demandaba en silencio para que se abrieran solos, y les dieran respuestas.

"Su padre era imperfecto, sí, pero eso no significa que haya tenido una vida secreta."

Bruce jaló de su pantalón con petulancia que sintió hasta los huesos. "Mis intuiciones son casi siempre correctas."

"Sí. Bueno… Hallo que son un engaño común. Arkham está lleno de personas que creen que tienen las intuiciones correctas… No hay nadie así de ciego."

Paradójicamente, la cita que Alfred utilizó para brindar desasosiego, funcionó como un bombillo encendiéndose en el cerebro de Bruce. Justo la pista que Bruce creía necesitar. "No hay nadie así de ciego… Marco Aurelio… ¡Marco Aurelio!" El Beta brincó del sillón de nueva cuenta, atacando las hileras de libros hasta que encontró la obra literaria de la que había nacido la cita.

"¿Qué pasa con él?"

"Era un Emperador Romano."

"Sí, eso ya lo sabía, amo Bruce—"

"¡Y era un Estoico! Sí… Creo recordar que era un Estoico, como mi padre. Lucius Fox llamó a mi padre un Estoico, cuando hablé con él en Wayne Enterprises." Encontró el libro—pequeño en tamaño, pero enorme en significado—debajo de un plato con migajas de pan. Lo sacudió en la cara de Alfred antes de abrirlo, sus yemas resbalándose por las páginas.

"Muchas personas son llamadas estoicas. Básicamente significa que son gente dura. ¡No quiere decir que sea una condenada pista!"

"Es una filosofía, Alfred. Una forma de vivir."

"Mmm. Quizás, supongo que algunos pueden…"

En el último cuarto del libro, se reveló una angostura recóndita. Bruce jaló de la tapadera de piel y su boca cayó, al encontrar un hueco. Un secreto.

Bruce lo tuvo en sus manos. Lo que fuera este rectángulo negro en sus manos, era suyo. Así como la victoria infinita que lo arrebató. "¿Qué crees que sea?"

"No sé, no me importa, y no se vaya a atrever a presionar el maldito botón—"

"¿Por qué no?"

"¿Qué tal si es una bomba?"

¿Por qué tendría su padre una bomba en la Mansión? "Alfred." Bruce bufó. "Eso sería altamente improbable."

Y no esperó un segundo más. Presionó el maldito botón.

Música clásica se activó, justo como todas aquellas tardes donde su padre había permanecido encerrado en este mismo lugar.

"Es un estéreo."

-Obviamente. Bruce estuvo a punto de responder, pero algo más especial sucedió entonces.

La chimenea se movió.

Al moverse, reveló un pasillo de piedra. Una cueva.

Bruce no supo cuánto tiempo permanecieron de pie, sólo observando los escalones que se perdían en la oscuridad, mentones colgando.

"Bueno… necesitaremos unas malditas linternas."


[+]+[+]


Jim Gordon y Harvey Bullock fueron suspendidos de sus puestos por tiempo indefinido, en castigo por haber ayudado a Carmine Falcone a escapar. El sermón de Essen cuando los recibió de regreso en la Estación, fue largo, aunque piadoso. La Capitana no pudo esconder su orgullo palpitante por sus detectives, al haberse involucrado en hacer lo correcto para la Ciudad. Tristemente, al no contar con la cabeza de Falcone para negociar, Loeb no fue laxo en sus patéticos castigos. Essen no pudo meter las manos por ellos.

Así que, en el momento que ambos dieron sus insignias, los compañeros tomaron la sabia decisión de emborracharse. Mandar al mundo al carajo.

En retrospectiva, Jim no tenía arrepentimientos. Lo que había hecho, lo había hecho por el bien de la ciudad. No le había pedido a Harvey unírsele en la locura, pero había apreciado la compañía. En realidad, no había temido a las consecuencias, por más que su pellejo había estado en juego, las últimas 48 hrs. Si hubiera muerto, lo hubiera hecho haciendo algo en lo que creía…

Cuando les dieron una patada fuera del bar irlandés que Bullock solía frecuentar, Jim pidió un taxi, intentado adivinar la hora sólo por la posición de las estrellas. Harvey no paraba de reírse en el asiento trasero, porque la cerveza siempre le sacaba lo risueño. Jim, por su parte, era un ebrio melancólico. Fue a esa melancolía a la que culpó, cuando le dio la dirección al conductor.

Al llegar, Jim ayudó a Bullock a salir del taxi, echando vistazos por el patio de la Mansión. Estaba endemoniadamente oscura. Las cortinas estaban cerradas. Sabiendo que estaban de madrugada, Jim optó por utilizar su llave.

El vestíbulo estaba en penumbras. Nadie podía culparlo, si a los primeros pasos, Jim terminó con la cara aplastada en la alfombra persa.

Con Bullock encima.

"¡Ow! ¡Mi espalda!"

"¿Tu espalda?" Jim gruñó. Empujó a Bullock con todas sus fuerzas. "Quítateme de encima, antes de que me rompas en dos, bestia—Por el amor de Dios, Harvey, dime que no liberaste flatulencias en la caía."

"Es causa y efecto, ¿qué esperabas?"

¿En dónde diablos estaba el interceptor de la luz? ¿Se le había olvidado a Alfred pagar la cuenta de luz eléctrica? "Eres asqueroso." Manoteó por la paredes en busca de… lo que fuera que pudiera ayudarle. Debió haber encontrado lo que buscaba, porque en segundos, Jim se encontró parpadeando, encandilado.

"¡Se hizo la luz!"

"No tengo palabras."

Jim escuchó a Bullock hacer más el ridículo, mientras se enfocó en no perder el equilibrio.

"Excelente, guapo, porque no tenemos que hablar para tener un buen rato—"

"Harvey, esa línea hubiera podido funcionar si no olieras a alcantarilla."

Jim restregó sus ojos. "¿Por qué no respondes tu maldito teléfono?" De repente, la melancolía morfó a enojo profundo. "¿Se rompieron los dedos acaso?"

"¿Por qué? ¿Nos perdimos de algo importante?"

Era para reírse, o para entrar en estado Berserk. Jim gruñó. "Depende. ¿Ves los noticieros? ¿La Guerra de la Mafia no te suena conocido?"

"Increíble. Invades mi hogar para regañarme a las tres de la madrugada. ¿Sabes qué, Gordon? Con la semana que he tenido, puedes llevarte esa actitud de regreso por donde viniste. O mejor aún, metértela por—"

"Oigan, oigan, ssssssh. Calma, calmaaaaa. No enfrente del junior."

Jim parpadeó. Intentó enfocar su mirada. Creyó divisar la silueta de Bruce, pero los sentidos no eran de confiar por el momento. "Sólo vine a dejar a Bullock. No dejaba de lloriquear que quería ver tus infinitos luceros celestes—"

"¡Prometiste que no le contarías a nadie!"

"—Conseguiré un taxi." Su estómago estaba comportándose de manera traicionera. Jim se enfocó en las puntas de sus botines para comenzar a salir del vestíbulo. "O alguien más podría pedirme uno…y me sentiría muy agradecido."

"No seas inepto, Gordon. Amo Bruce, me daría una mano—No, no con esté gorila, hágase cargo del suyo."

"No le hagas caso, chiquillo. Jim sólo está ardido porque se embarcó en otra misión suicida y le explotó en su carota. ¿Quién, en su sano juicio, se pone en el medio de una guerra para proteger a Falcone? ¡Jim Gordon, por supuesto!"

"Deja de moverte tanto, Harvey."

"¡Hablo en serio! Tres veces pensamos que de seguro estábamos fritos, y las tres veces intentó llamarte para despedirse y ninguno de ustedes contestó—Por cierto, ¿tu amiguita Cat? Puede que la noquee la próxima vez que la vea."

¿Por qué Bullock no cerraba la boca? La cabeza de Jim estaba punzando.

"Estás sucio."

Bruce se congeló a centímetros de hacer contacto con el Alfa. Sus feromonas fueron distinguibles. "Dice, el que tiene sangre en su chaqueta."

"Y hueles raro." Jim achicó sus ojos. Bruce no estaba en ropa de dormir. Sus pantalones mostaza estaban manchados de cenizas de chimenea, y los botones de su camiseta estaban mal puestos. "¿Qué has estado haciendo?" Ahora que Jim comenzó a prestar mejor atención, por lo que alcanzó a ver mientras el mayordomo desaparecía en el pasillo con Bullock, Jim descubrió que Alfred estaba en su atuendo normal.

"Estábamos… Redecorando."

Jim giró sus ojos en blanco. Luego, se arrepintió. Bruce tomó su brazo para apoyarlo a caminar. Jim se rehusó a moverse, sin embargo. "¿Estás… mintiéndome?"

"Claro que no. Estábamos moviendo muebles en el estudio." Bruce le jaló hasta que las piernas temblorosas del Alfa comenzaran a cooperar. Cuando Jim se percató de que Bruce quería ayudarlo a subir las escaleras, volvió a meter los frenos.

"Oh, no. Olvídalo. Iré a dormir al estudio—"

"¡No!"

Jim fue jalado de nueva cuenta a las escaleras. No ayudó con las náuseas. "Bruce, no hay forma que puedas con mi peso hasta el segundo piso, sólo ve a dormir, no sería la primera ocasión—"

"Tomaremos el elevador."

"No creo que eso… ayude…" Aturdido por el movimiento continuo, Jim fue una débil defensa ante la insistencia de Bruce. Fue prácticamente arrastrado por el pasillo que llevó a la cocina. En efecto, el elevador de los sirvientes, estaba esperándolos con la rejilla abierta. Alfred lo había dejado para su futuro servicio. "Ugh. Bruce… déjame sentarme."

"¡Ya casi llegamos!"

Jim intentó frenarse con su mano en el marco del elevador. El whiskey estaba, definitivamente, quemándose de vuelta por su garganta. Si tan sólo Bruce dejara de moverse con tanto apuro…

Fue el movimiento del elevador al ser activado, la gota que derramó el vaso. Su estómago ya no pudo contenerse.

Cuando Jim vomitó en el piso de la diminuta cabina, Bruce no tuvo a quien culpar más que a su propia necedad.


[+]+[+]


"Una navaja es una buena amiga, cuando no tienes ningún otro."

Jim despertó al sonido de metralletas.

Le tomó un momento, enterarse de que el sonido estaba sólo en su cabeza.

Falcone. Cobblepot. Fish Mooney. Fueron los primeros rostros que flashearon por su mente, antes de abrir sus ojos. Recordó todo. Luego, le dio la cara al sol entrando por las ventanas.

Mm.

Nada como ser colgado cabeza abajo como un lomo de res, para cambiarte las prioridades en la vida.

Le pegó a Bruce fuertemente en el pecho—por lo menos, ese bulto debajo de las cobijas más valía que fuera Bruce, o estaría en serios problemas—mientras que se balanceó fuera de la cama a rápida velocidad. Con un gemido de sobresalto, el bulto rebotó sobre la cama.

Jim se puso de pie. Esperó a recobrar el balance. Vomitar todo el alcohol antes de caer inconsciente, había ayudado con su resaca, pero sus rodillas todavía no despertaban.

"Levántate. Alístate." En bóxer, Jim caminó lentamente por la recámara en busca de su demás ropa. Cuando le echo un vistazo al joven, resopló por sus narices. La expresión desconcertada de Bruce no tenía precio.

"Um. ¿Qué?"

"¡Dúchate rápido, vamos!" ¡Ajá! Jim encontró su reloj. Eran las 7:40 de la mañana. Todavía era temprano "Saca tu mejor traje."

"¿Por qué?"

"Bingo." James encontró sus pantalones debajo de la cama. Cuando se reincorporó, le mandó un guiño. "Porque no puedes llegar al Registro Civil en pijamas. Pensé que eras un genio, Bruce."

Mientras Bruce se encargaba de recobrar sus funciones cognitivas, Gordon le ganó el baño. Justo cuando des-enjuagaba el champú de su cabello, la cortina se partió.

"¿Quieres decir…?"

"Sip."

"¿Hoy? ¿Ahora mismo?"

"¡Así es!" Sonriendo, Jim exprimió su cabello, y todavía mojado, salió de la ducha para dejársela libre al muchacho. "¡Apúrate, no queremos hacer cola para alcanzar a la jueza!"

No le dijeron a nadie. Tomaron el auto de Pennyworth sin desayunar, sin cuestionar lo que estaban haciendo. Fue tanta la emoción, que no se dirigieron palabras todo el camino. Bruce miró a la ciudad pasarle por la ventana, sus nudillos clavados en el asiento. Jim sobrepasó el límite de velocidad, en reflejo de sus ansías.

Jim había llamado a la Jueza Rachel Dawes antes de arribar, advirtiendo que tenía un favor que pagar. No hubo cola para ellos. Jim guio a Bruce por las distintas estaciones del edificio, una vez allí. Dawes esperaba por ellos en su oficina. Un lugar privado, como Jim había pedido.

"¿Señor Wayne?" Los ojos azules de la Jueza se agrandaron, al reconocer a la figura en su compañía. Era una bella mujer, de las pocas Omegas en llegar a una posición de poder dentro del Ayuntamiento. Le dio la mano a Bruce para saludarlo, antes de proseguir a hacer lo mismo con Gordon. Lució algo deslumbrada por la presencia del heredero de la fortuna Wayne. "Es un gusto conocerle, así como poder acompañarlo en este… gran paso."

"Gracias por vernos." Jim esperó a que Bruce tomara haciendo, para hacerlo mismo. Frente a ellos, encima del escritorio, yacía una colección de documentos, sellados con el permiso del Ayuntamiento de Gotham, y el Registro del Departamento de Compatibilidad Fisiológica.

Jim tragó saliva.

Era real.

Volteó hacia Bruce. El Beta hizo lo mismo. Conectaron sus miradas.

Los labios de Jim se partieron—

—Bruce le ganó la partida. El joven no necesitó ser instruido para tomar el bolígrafo acomodado en medio de los documentos y mirar a la Jueza directo a los ojos.

"¿Dónde firmo?"

Para esto, no necesitaban testigos más que la Jueza. Donde su dedo apuntó, Bruce rayó con su nombre, nunca dando pausa. Nunca titubeando.

Al ser el turno de Jim, el Alfa dentro de su cuerpo, rumió en placer.

Colocó su nombre a la izquierda del de Bruce Wayne, del primero al último papel certificado.

"Es todo por ahora." Dawes les sonrió, al final de todo el procedimiento. "Frente a los ojos del mundo, de ahora en adelante, ustedes son Emparejados de manera oficial."


[+]+[+]

Fin de Parte 19b.

[+]+[+]


(3) TODAVÍA no termino con la Temporada 1. ¡¿Pueden creerlo?! Demonios. El siguiente capítulo será el cierre, para entonces sí, entrar en mi temporada favorita y más amada. ¡Uuuuuf, tengo tantas sorpresas! Bruce y Jim. Oh, pequeños. Todavía les falta mucho por aprender, para en verdad ser una pareja. Sabemos que Galavan estará más que dispuesto a explotar esos puntos débiles…

(4) Próximo capítulo, Bárbara y Leslie. ¿Cómo perderás la cabeza, Barb? ¿Le confesarás a Lee lo que hiciste en verdad, o será otra persona a la que perseguirás con un cuchillo? Al final de todo, Bruce, ¿serás honesto con Jim-tu-futuro-marido, o intentarás guardar en secreto la cueva?