"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne; Alfred Pennyworth/Harvey Bullock; Bárbara Kean/Leslie Thompkins.
Rating: Adult.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Situado durante el episodio 1x22 "All the families are alike."
Notas: Hay una advertencia importante que contiene spoilers. Si quieres conocerla, antes de comenzar a leer, la encontrarás al final del capítulo.
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20.
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"Me he acostumbrado
a los villanos viviendo en mi cabeza."
-Halsey ("Control").
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Una jovencita estaba esperándolas, cuando Bárbara y Lee llegaron al Penthouse.
El primer impulso de Lee fue tomar su móvil para llamar a la policía. Bárbara la detuvo en seco, con su mano sobre la suya. "Es una amiga." La rubia le mandó una titubeante mirada. "¿Podrías darnos un momento?"
Leslie no aceptó a la primera. Se regresó al vestíbulo con el propósito de espiar con cuidado desde allí.
"Hola, Selina. Me gusta el nuevo look."
Tanto Lee, como Bárbara tomaron una bocana de aire cuando, de manera precipitada, la jovencilla se impelió sobre la Omega.
Para abrazarla.
Selina era una Alfa. El resguarde de feromonas que envolvieron a Barb, fue inconfundible.
El gesto no fue de larga duración. En cuanto pudo, la joven colocó distancia entre la dos.
"Necesitas cualquier cosa, me dices, ¿de acuerdo? Efectivo, medicinas, tampones. Lo que sea."
Lee sonrió para sí. Les dio privacidad, al sentirse mucho más segura. Regresó por las bolsas del mercado que había dejado cerca de la puerta. Sólo Bárbara se encontraba en la sala, a su regreso.
Momentos posteriores, la Omega se le unió en la cocina.
"No tienes que convertirte en mi niñera."
Leslie siguió con su tarea de acomodar víveres en la alacena. "No tienes que estar sola. ¡Mira lo que traje!" Cuando fue el turno de la última bolsa, un envase de nieve congelada bailó de la mano de Thompkins. "Todo se mejora con helado de chispas de chocolate."
"No tengo hambre." Con una mueca de disculpa, Bárbara dio vuelta para salir de la cocina. Lee permaneció de pie, sintiéndose algo tonta, con el envase todavía en su mano.
Suspirando, la mujer guardó el helado en el refrigerador. Se apoyó del electrodoméstico unos momentos. Se percató que había una nota pegada en el refrigerador con el número telefónico de alguien llamado Cat.
Bárbara estaba encogida en sí misma en la sala, a un lado de la chimenea, para cuando Leslie le siguió el rastro. Lució pequeña. Su corto vestido azul dejaba desnuda sus piernas de manera vulnerable. Lee se apresuró a arroparla con un shawl.
Por supuesto. Barb puso objeción. "Estoy bien."
"Bárbara, estás temblando."
"Por lo cual estoy sentada frente a la chimenea."
"De acuerdo." Lee se puso de pie. "Me doy por vencida. Tengo que ir a trabajar, sólo quería asegurarme de que tuvieras algo que comer antes de dejarte por tu cuenta."
"¡No! ¡No te vayas!" La mujer se tropezó en su súbito intento por levantarse del sofá. Leslie regresó para auxiliarla en su equilibrio. "No sé qué hacer." Fue un gatillo para Bárbara, porque en instantes, sus ojos vidriosos comenzaron a humedecerse con inminentes lágrimas. "Todavía… no sé qué hacer."
Leslie la tomó en sus brazos. "Está bien, está bien. No me iré."
Acompañó a la mujer en el sofá. La tuvo en sus brazos hasta que los sollozos se tranquilizaran. Las feromonas de la Omega eran incitantes, rogándoles porque alguien fuerte cuidara de su dueña. Leslie hacía su mejor esfuerzo por lograrlo, por satisfacer esa necesidad que Bárbara Kean había puesto en exhibición, desde el día que se habían conocido.
"¿Puedo preguntarte algo?"
Lee asintió, su cabeza adherida a la de Bárbara.
"¿Crees… crees que Jim lo ame de verdad?"
Les tragó saliva. No estaba lista para taclear este tipo de conversación, pero sí era lo que Bárbara necesitaba… "Jim me dijo que en toda su vida, sólo ha amado a tres personas. Tú fuiste parte de aquella lista. No sé qué sucedió entre ustedes, pero en su momento, Gordon te amó, Bárbara."
"Y debo conformarme con eso. ¿Es lo que dices?"
"Estoy diciendo que necesitas seguir adelante. Bruce es con quien ahora Jim quiere tener un futuro."
"¡Buscó por mí! Sabía que me encontraría, pero tenerlo frente a mí en la casa de mis padres me hizo sentir… Le dije que a Jason que Jim me salvaría, y tuve razón. ¡Tiene que significar algo!"
"Bárbara. Jim estaba preocupado por ti, cierto. Hizo todo lo posible por encontrarte, pero necesitas saber… que lo hizo principalmente por temor a que El Ogro fuera a lastimar a Bruce. Le conté que robaste mis expedientes, que sabías todo sobre su relación. Jim entró en pánico… Dios, lo siento." Lee sobó su frente, perturbada con lo que estaba confesando. No quería que Bárbara siguiera con falsas esperanzas atadas a Jim Gordon, pero tampoco deseaba hacerla sentirse peor. "En realidad lo siento. Pero, es mejor que sepas la verdad."
Un desconcertante lapso de silencio reinó entre las dos. Bárbara no mostró pista alguna de lo que estuviera sintiendo, o pensando, por un largo rato. No lloró. No entró en histerias. No rompió objetos de cristal en berrinche. No busco refugio en el alcohol.
Asimiló los duros hechos que Lee le tendió a sus pies, en solemne quietud.
Cuando Lee estuvo seguro que la Omega se había quedado dormida, un susurro se manifestó al filo de la clavícula de la forense.
"Está bien. Ahora… sé qué debo hacer."
Bárbara se destrabó de Lee para caminar a la cocina. Diez minutos, regresó con el envase de helado, dos enormes cucharas y dos platos hondos. Se plantó en el sofá contrario al que Leslie ocupaba. Le sonrió, al ofrecerle el cucharón para servir. "¿Quieres hacer los honores?"
Comieron helado de desayuno. Bárbara le contó breves anécdotas de su infancia. Compartió como su madre había acostumbrado llamarla "Puerquita" cada vez que la había visto disfrutar de golosinas, o de alimentos que no había considerado apropiados para su silueta. Anna Kean había sido estricta, según su hija. Su padre, no tanto.
"Siempre me llevaba a pasear en caballo, durante vacaciones. Mi tío tenía un rancho en Montana. Íbamos cada verano."
"Suena a que ustedes dos se llevaban bien."
Bárbara, para esas alturas, estaba acostada sobre el sofá, piernas colgando del armazón. "Era un pervertido. Engañaba a mi madre con la muchacha de la limpieza, y le gustaba verme tomar duchas desde que era pequeña."
Leslie emitió un sonido. "Oh, Bárbara…"
"Los amaba. Pero no eran perfectos. Supongo que está bien. Tus padres son tus padres. No debes juzgarlos, etc. ¿Cierto?"
"A veces, tienes que juzgarlos." Leslie sintió que estaban llegando a un punto trascendental. No era coincidencia que Bárbara estuviera hablando de sus padres, así nada más. Estuvo en la razón. No tardó la conversación en profundizar en el túnel oscuro que Bárbara había destapado.
"Siento que todo esto es un sueño. Que voy a despertar pronto."
"Bárbara." Leslie respiró hondo. Su entrenamiento de consejera entró en acción. "Fuiste secuestrada. Tus padre fueron asesinados frente a ti."
"Oh, sí, esa parte fue real. Me refiero a esto…" La rubia expandió sus manos por encima de su cabeza. "A esto. Esto es el sueño. Voy a despertar… él seguirá vivo. Y vendrá por mí."
Leslie se sentó en la alfombra, frente al sillón. Se arrodilló frente a la chica. Besó un hombro desnudo en apoyo. "No lo hará. Jason está muerto."
"Escuché tu mensaje."
"¿Mm?"
"En la mañana después de la Gala… Encendí mi teléfono y miré tus llamadas."
El cuerpo de Barb se tornó para ver a Lee.
"Dijiste que no me odiabas."
Leslie acarició un mechón de cabello rubio. Agachó su cara para plantar un beso en la frente de la Omega. En la punta de la nariz. En la boca. Lo hizo con delicadeza. Con temor de alterar las defensas de Kean.
Bárbara la detuvo, alejándola con una mano en el pecho de Leslie. "¿Me odias?"
"¡No!"
Los dedos de la mujer trazaron el cuello de Leslie. No había marcas de los dedos de Jim, pero Leslie juraba que todavía podía sentirlos. "¿Aun sabiendo que me acosté con él?"
Leslie se echó hacia atrás. "No tenías ninguna obligación conmigo, a hacer lo contrario."
Para su sorpresa, Bárbara rodó sus ojos en blanco. "No te mentiré. Lo disfruté. Al menos, Jason sabía cómo pasar bien la noche."
Lee se levantó con la excusa de tomar los platos vacíos. "Ser experto en seducción era parte de su Modus Operandi."
"Fue más que eso. Jason me miró justo hasta el centro desde el primer momento. Fui transparente para él. Desnuda. Eso es para sentir miedo, ¿cierto?... Excitación."
Leslie no sabía qué decir. Bárbara ni siquiera estaba mirándola; vacante de verdadera emoción que pudiera ser importante. Aunque fuera cobarde de su parte, Lee huyó a la cocina. Permaneció sentada allí, por tiempo indeterminado.
"Lo siento. No fue mi intención asustarte."
Lee cerró sus parpados. Suspiró con el propósito de liberar su aprehensión de su cuerpo. "Sólo quiero ayudarte. Si escucharte decir detalles íntimos de lo que transpiró entre Jason Lenin y tú. Que así sea."
Al abrir sus ojos, Bárbara la recibió del otro lado del comedor. Su postura lució ablandada, nada comparable con el maniquí que Leslie había estado observando estos últimos días. Algo de calidez hizo invitadora la sonrisa curveando la boca de la Omega. Leslie fue atraída, cual magneto. Se sintió más familiar, a la vieja rutina de ser arrastrada a la cercanía de Kean, aunque estuviera en contra de su lógica.
"Usted forma parte de Los Buenos, Doc. Hasta ahora, lo comprendo." Barb se transportó en pie descalzo por la cocina, hasta posarse detrás de su silla. Sus manos acariciaron los hombros de Leslie, a través de la tela de su vestido. "Es lo que más me gusta de ti." Las caricias fueron prolongadas, con objetivo, lentamente dejando el terreno neutral para abrirse camino por el pecho de la Doctora.
La sangre de Lee, escaldó.
"¿Qué tal si probamos el pastel que compraste?"
"No tengo hambre. Puedes tener mi pieza." Pero, Bárbara ya se había movido. Lee la escuchó desplazándose a sus espaldas. El click clack de los cubiertos. El abrir y cerrar de la puerta del refrigerador.
El aroma de Bárbara adoptó una transformación dulce. Leslie cerró los ojos en relajación, llevada a un estado de tranquilidad.
Justo como el depredador que Lenin había sido, Bárbara utilizaba la seducción como un arma. Si Leslie se dejaba llevar de la mano de la Omega, entonces sí, culminaría su larga serie de errores en un fulminante Bang.
Acceder, era demasiado precipitado.
Un plato con una delgada rebanada de pastel apareció en su línea de visión.
"Te dije que estaba llena." Creyó haber articulado. Creyó, porque su voz fue hurtada, y no logró escucharla salir de su propia boca. Lee se ahogó con su propia saliva. Intentó de nuevo.
Bajó su mirada. Su vestido estaba arruinado.
Sus manos volaron a su garganta. Al sentirlas deslizar entremedio de una sustancia viscosa, sus dedos se aferraron.
corte tráquea desangre bárbara aprieta aprieta aprieta aprie—
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"Prefiero renunciar."
"Harvey, no te precipites."
"Nah." El hombre aventó su pistola al escritorio de Essen. "¿Policía de tráfico? ¿En serio? Prefiero irme ahora, con la poca dignidad que me queda."
"Es temporal."
"No lo sabe a ciencia cierta, así que ni se moleste, Capitana. Este castigo de Loeb puede durar hasta mi jubilación. ¡Y tú! ¿Por qué tan callado? ¿El gato te comió la lengua?"
Jim suspiró. Así no había sido, como había imaginado la continuación de su mañana. Había comenzado en nota tan positiva… Miró a Bullock con resignación. "No sé qué hacer aparte de servir como policía, Harvey."
"¡De tránsito, Jim! No puedo creerlo. ¿En serio estás considerando quedarte? ¡Serás el hazmerreír de todo el precinto!"
Jim siseó entre dientes, "Cielos, gracias por las porras."
"Pues es la dura verdad, hermano. Al diablo, me voy de aquí." Apuntándole a Essen con un dedo lleno de indignación, Harvey dio su último acto de rebeldía. "Si en verdad lo respeta, no debería permitirle a Gordon hacer esto, tampoco. Matará su carrera."
Essen estaba atada de manos. Era obvio que odiaba las órdenes que se le habían dado, pero la mujer estrujó sus puños y suspiró. "Es elección de Jim quedarse o irse, Bullock. De nadie más."
Bullock abandonó la oficina. Jim y Essen compartieron una mirada. Jim se encogió de hombros. "No tengo a donde más ir."
"Empiezas el próximo lunes, a primera hora." Essen abrió un cajón de su escritorio y le devolvió su insignia. "Lo siento."
"No es su culpa." Jim intentó sonreírle para apaciguarla, pero sus labios estaban demasiado tensos. Salió de la oficina a paso rápido para alcanzar a Bullock. Lo encontró en el estacionamiento de la estación, momentos después.
Al verlo, Bullock movió su cabeza de un lado a otro, desaprobando hasta la forma en la que Jim respiraba. "No necesitas seguir siendo el payaso de Loeb. Si fuera tú, me retiraba y dejaba que Wayne me mantuviera por el resto de mi vida."
"Claro. Sólo intercambiaría una vida sin dignidad, por otra." Se acomodó a lado de Harvey en el cofre del Cadillac. "¿Qué harás, de ahora en adelante?"
"Meh." Harvey rascó su barba. "Todavía tengo una carrera de bartender que dejé a medias. Siento el repentino llamado de regresar."
"Buena suerte." Te voy a extrañar, fue lo que no pudo manifestar. Seguir en la Fuerza sin Bullock era impensable. Sin embargo, comprendía las razones de Bullock por renunciar. Sería difícil. Como todo lo demás en Gotham. "No es como si nos fuéramos a dejar de ver, considerando la compañía con la que te rodeas."
Harvey sacudió sus cejas de arriba abajo. "Oye. Tal vez necesitan otro mayordomo. Dios sabe que Wayne es cosa seria."
Jim resopló por sus narices. "Te escribiré una carta de recomendación."
"Verdadera amistad, Jim. Es lo que tenemos."
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Cuando Bruce entró al estudio, frunció el entrecejo. "Alfred. ¿Qué haces?"
"Cambio las cortinas."
"¿Por qué?"
"Bueno. Le dijiste a Gordon que estábamos redecorando. Si llega a entrar, sería de lo más sospechoso encontrar el sitio en las mismas fachas. ¿No lo crees?"
Ah. Bruce caminó hacia el mayordomo para ayudarle con la tarea de introducir los ganchos al nuevo set de cortinas. Había olvidado todo sobre las mentiras blancas que le había dicho a James la noche anterior. En el amplio panorama de asuntos importantes, había sido lo último en su mente. "Necesito que guardes unos documentos importantes en la caja fuerte, por favor. Los dejé en el cajón derecho del escritorio."
Alfred lo dejó en la labor para obedecerle. Bruce lo observó de reojo, casi vidente a la manera que su amigo iba a reaccionar, una vez que le echara un vistazo a los documentos. Bruce estaba preparado. Las maldiciones. El sermón. Los gruñidos posesivos de Alfa.
Por lo que optó Alfred, al final de guardar los documentos en la caja fuerte, fue un curtido. "Con su permiso o sin él, necesito un trago."
Bruce suspiró, una vez a solas. "Bueno. Pudo haber sido peor."
"¿Hablando solo?"
Las cortinas salieron del tubo al que Bruce había estado introduciéndolos. Se tornó hacia la ventana culpable. "¿Qué tienes en contra de las puertas?"
Selina se había vuelto más alta en el tiempo sin verla. Su cabello estaba peinado en una rara moda que Bruce suponía debía funcionar para intimidar a otros. Sin olvidar, que la Alfa todavía amaba el cuero.
"Me estorban." Al igual que Bruce, la chica-matona estaba analizándolo de pies a cabeza. Aquella innombrable tensión que siempre los encerraba, se hizo presente, de nueva cuenta. Las feromonas de Selina se sintieron como manos estirándose para tocarlo. Bruce retrocedió automáticamente, por fin comprendiendo lo que la Alfa aludía con los mensajes de sus hormonas y composición química.
Atracción.
"Por tu bien, no deberías sentirte tan segura al escabullirte en el futuro. No sé cómo reaccionaría Alfred si te viera en estos momentos."
"¿Le dijiste?" Selina gruñó.
"¡Por supuesto que se lo dije!" Bruce gruñó de vuelta. "¿Qué haces aquí?"
Lo último que Bruce esperaba, era que Selina sacara un sobre de papel del interior del bolsillo de sus pantalones. Lo estiró en su dirección, dejándole no otra opción a Bruce más que acercársele. Bruce le arrebató el sobre y se apresuró a volver a poner distancia. Le dio las espaldas a Selina, mientras analizaba el correo.
Simplemente decía Querido Señor Wayne en la parte frontal. Al desdoblar la nota del interior, Bruce obtuvo más pistas.
Le debo un encuentro en el ring, ¿no es así?
Ahora que tengo su atención, ¿qué tal si nos vemos la tarde de mañana? Sólo usted y yo. Cinco en punto. No se preocupe, sólo quiero charlar, no se moleste con los guantes de box.
B.K.
Al girar su cuerpo, se sintió verdaderamente sorprendido de descubrir que Selina seguía en el lugar.
Y luciendo inquietada. "¿Qué quiere Babs, de ti?"
Bruce retornó la nota al sobre. Alfred podía regresar en cualquier momento. "No me digas que estás preocupada por mí. Bien sabemos que no tienes noción de tener lealtad, mucho menos de tener amigos del cual preocuparte."
El resultado fue predecible. Selina parpadeó, dando paso a una expresión ofendida que pronto cubrió con cruel estoicismo. "Eso me gano por andar de mensajera."
Bruce sostuvo su respiración hasta estar seguro de volver a estar por su cuenta. Se disculparía, después. Se lo compensaría de alguna forma a Cat. Por ahora…
Pateó las cortinas, aun tiradas en el piso.
Se tornó hacia la maldita chimenea. El objeto principal de sus frustraciones.
Necesitaban explosivos.
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Sólo para habituarse con el futuro que le esperaba, a la siguiente mañana, Jim se midió el uniforme, a pesar de todavía estar bajo suspensión. Se miró frente al espejo por diez minutos.
Luego, prosiguió a arrancárselo del cuerpo.
Tocaron a la puerta del apartamento. Apurado, Jim se cubrió con unos pantalones deportivos y su wife-beater, para responder.
La Sra. Blake parpadeó al verlo. Jim suponía que nunca lo había visto en otro atuendo aparte de traje y corbata.
"¡Lo siento! No era mi intención interrumpirle si estaba descansando. Aunque, siempre se encuentra despierto a esta hora."
"No hay problema. ¿Qué puedo hacer por ti, Mary?"
La mujer perdió algo de su confianza antes de proseguir. De sus espaldas, sacó un periódico. Se lo mostró con una sonrisa simpática. "Sólo quería decir… ¡Felicidades! Quiero decir, ¿es verdad? Es el Gazette, así que no pensé que fuera a ser alguna patraña de tabloide. Todavía se hacen pasar por un periódico con credibilidad."
Jim no sabía qué decir. Ahí estaba su cara plasmada en la Página 4, impresa con el encabezado "HÉROE DE GCPD UNIDO AL PRÍNCIPE DE GOTHAM – ¿VERDADERO AMOR O CAZAFORTUNAS?" Una foto de Bruce Wayne yacía a lado de la suya, acompañados de una detallada descripción de la reciente visita que habían hecho al Registro Civil.
"Es verdad. Sobre el Registro Civil."
Mary se aventuró a tomarlo de un hombro. "Entonces, no se preocupe, detective Gordon. Usted sabe lo que realmente importa."
Gordon dobló el periódico en dos. "Gracias. ¿Puedo quedármelo?"
"Claro." Intuitiva a que Gordon no estaba de humor para socializar, Mary Blake le dejó sólo en la compañía de sus demonios.
Jim cerró la puerta. "Maldita sea." Abrió el periódico otra vez. El artículo se esparciría como fuego forestal por toda la ciudad. Para el medio día, todo el mundo estaría enterado de su nuevo estatus como Emparejado de Bruce Wayne. Justo lo que necesitaba…
Achicando su mirada, el Alfa releyó con mayor atención el nombre del autor del artículo. Creyó haber leído mal, en la primera ocasión. Sin embargo, el nombre no cambió. Tampoco la sensación de quedarse sin piso.
Terry McGinnis.
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"No sé qué es peor tema para el desayuno, diferentes tipos de explosivos o estos… ridículos chismes." Alfred arrojó el periódico en la mesa.
Bruce dejó en paz sus panqueques para leer lo que su amigo le estaba apuntando efusivamente con su dedo.
"Sucedería, tarde o temprano." Fue el veredicto de Bruce, momentos después. "Difícilmente nos ocupamos de ser discretos al respecto."
"Dudo que el Detective Gordon vaya a compartir su falta de histeria."
"Bueno, uno de nosotros tiene que mantener una cabeza fría."
"Amo Bruce. Esto es delicado. El trabajo de Gordon cuelga de un hilo, y con este tipo de propaganda, quien sabe qué clase de presión pueda recibir—"
"No pueden despedirlo."
"No. Sólo… empeorar su existencia."
Justo entonces, Harvey Bullock hizo acto de presencia en el comedor. El hombre vestía una bata de dormir que, en definitiva, debía ser de su solemne propiedad. Era peluda y desaliñada. Tenía agujeros, y olía a nicotina. Bruce torció su nariz, cuando el hombre le pasó por un lado. Se apresuró a tomar de su té de limón, para poder dejar la cocina.
"¿Has visto esto?" Con una familiaridad que asustaba, Alfred se corrió a lado del detective para enseñarle la nueva edición del Gotham Gazette, mientras Bullock se servía una taza de café. Bruce cometió el error de dejar sus ojos demasiado tiempo en la pareja, y obtuvo una vista poco grata de una mano del ex-detective apretando un glúteo de su mayordomo.
"Por todo lo Santo y lo Endemoniado. A Jim se le subirá la presión sanguínea cuando lo vea. ¿Te ha llamado, Wayne?"
Bruce estaba ocupado tallando sus ojos. "Estaba por llamarlo." Fue la perfecta oportunidad para su escape. No fue siquiera mentira. Llamó a James desde el teléfono del estudio. El hombre contestó al primer ring.
"Bruce."
"No suenes tan vencido." Le rompió el corazón escuchar a Jim decaído, sólo con una palabra. "Sé que no eres un cazafortunas."
Escuchó un bufido de su Alfa. Bruce sonrió.
"Estoy dirigiéndome al Gazette, de hecho."
"Por favor, James, no intentes arreglar esto con tus puños. Entre más atención le demos a este artículo, más fuerte será el revuelo con los tabloides. Es mejor ignorarlos."
"Es sólo… No entiendo cómo se enteraron. La Jueza Dawes me asegura que ella no fue la fuente, pero sé que tuvo que ser alguien de su oficina el que vendió la información."
"A final de cuentas, no importa cómo." Suspirando, Bruce se sentó en la orilla del escritorio. "Te debo una disculpa. Si yo no fuera… quien soy… No tendrías que sufrir bajo el ojo público a tal magnitud."
Jim se escuchó menos alterado. Su voz fue suave, como solían ser sus caricias. "Sufrir, no es exactamente, la palabra que utilizaría. Soy más resistente de lo que esos payasos creen."
Tal convicción, llenó a Bruce de calor. Sintió presión en su pecho, una presión que tenía mucho que ver con las palabras aún no había podido articular en voz alta. "James… No me arrepiento de ninguno momento que he tenido a tu lado, incluyendo el momento que firmé aquellos papeles."
Una fuerte exhalación causa estática por la bocina. James tardó en responder.
"No lo hice por desesperación, ¿me oyes? Lo hice porque he estado a punto morir tantas veces en el último mes… La próxima vez, no quería estar frente a una pistola pensando en hubieras. Si estoy por morir, quiero hacerlo teniendo la certeza de que aproveché toda onza de felicidad contigo."
La mirada de Bruce se humedeció. Estaba fija en la chimenea. En la cueva. En los secretos que aún mantenía, y no sabía por qué. Tartamudeó el nombre de James. "Qui-Quiero que—Que te mudes a la Mansión."
"¿Disculpa?"
"No es opcional. Te necesito contigo. No eres el único que quiere sacar provecho de todo momento."
Una pausa.
"De acuerdo."
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Fue déja vú. Abrir la puerta y ver a Bruce Wayne luciendo impecable del otro lado.
Bárbara sonrió. "Adelante, Señor Wayne. Me alegra que Selina haya logrado ponerse en contacto con usted."
Aunque el muchacho no había optado por su esmoquin, su saco de vestir delineaba una silueta matadora. El gel de su cabello lo hacía brillar. "Mi padre era el Señor Wayne. Con Bruce es suficiente."
"Claro. Sólo si usted devuelve el favor." Bárbara le alentó al joven a seguirla hasta la sala. Tenía todo preparado. Había movido la mesa del comedor para crear un punto especial con el cual sentarse uno frente al otro. "¿Pastel? Es de chocolate."
Bruce negó con su cabeza. "Quizás después."
"Cielos, tan joven y tan serio." Bárbara cuchicheó. Se servició un pedazo para ella. Uno grande. Necesitaba la azúcar. "Puedes sentarte, Bruce. ¿Qué tal un poco de té?"
Bruce aceptó.
"En el hospital me dio la impresión de que querías hablar conmigo. Y a decir verdad, siento que esta reunión ha sido retrasada bastante ya, ¿no? Sin Jim. Sólo tú y yo."
"Concuerdo." Bruce dejó de batir la cuchara dentro de la taza. "En el espíritu de ser honesto, estoy harto de los rodeos."
Bárbara guiñó su ojo. Le pasó el dedo por el betún de su pedazo de pastel. Lo lamió, necesitando el sabor dulce en su paladar. "Rawn." Bruce no mordió anzuelo. Fue una estatua. Una tediosa, y aburrida, estatua. "Nunca lo hubiera pensado, pero parecer ser que tú y yo no somos tan diferentes."
"No comprendo."
"Bueno. Estás aquí para invitarme al Club de los Huérfanos, ¿cierto?" Justo en el blanco. La porcelana de la estatua se partió un poco. "Todos esos Docs allá afuera…" Bárbara apuntó haca la vista de sus ventanales con su mentón. "Todos intentan venderte la misma propaganda. 'Habla de tus sentimientos. El tiempo lo cura todo.' Dime. ¿Te ha servido a ti?"
"Ayuda… No estar solo."
"¿Cómo Jim lo estuvo, aquella noche?"
"No todo se envuelve alrededor de James." Bruce apretó sus puños enguantados sobre la mesa. "Pero, sí. Su presencia me ha ayudado."
"Jim es así de grandioso, ¿verdad?" Bárbara exageró su tono dulce a propósito. "¿Ya te ha dicho que te ama?"
El muchacho tosió parte de su té. Cubrió su boca con la servilleta de tela. "N-No."
"No te preocupes. No me importa." La mujer lamió otro dedazo de betún. "¿Ya se lo dijiste de vuelta?"
Bruce se ocupó cortando un pedazo de pastel para sí. Bárbara sonrió. Lamió sus labios, saboreando algo más dulce que el betún. "No deberías guardártelo. Jim detesta los secretos."
Por primera ocasión, Bárbara tuvo el privilegio conectar sus ojos directamente a los del Beta. Eran engañosos, oscuros cuando las sombras de la sala lo querían, claros cuando en el reflejo de las llamas de la chimenea eran sus aliados.
"Eso sería muy exigente de su parte." El pastel fue picoteado, más no saboreado como lo merecía. El Beta contempló el postre antes de alzar su mirada de nuevo. "Todos guardamos secretos."
"La cosa con Jim es que… Uno cree que vale la pena aferrarse a sus secretos…" Por la mente de Babs se abrió un sendero de recuerdos. La primera cita con Jim. Los nervios, el miedo, al estar completamente sola con alguien como aquel Alfa. "pero entre menos lo esperas, quedas transparente frente a él, lo quieras o no."
Hubo un silencio.
"No lo entiendo. ¿Por qué amar tiene que comprometer tu propia libertad?"
Bárbara se levantó para dirigirse al estante donde guardaba el coñac. Con una copa en su mano, la mujer miró a la luna asomándose desde la ventana. "Personas como nosotras no podemos darnos el lujo de mostrarnos al cien. Nuestras bestias asustan, Bruce."
Cuando retornó a la mesa, el chiquillo Wayne no despegó su mirada de la suya. La mano izquierda de Bárbara se fue acercando al cuchillo lentamente, aprovechando que Bruce lo había dejado en su cercanía después de partir su trozo de pastel. La anticipación fue una droga para su sistema.
"Tómame de ejemplo: estoy aquí portándome como una persona civilizada cuando todo lo que quiero es arrancarte los ojos."
El Beta aspiró súbitamente. Sus ojos se posaron de inmediato en la mano de Bárbara. En el cuchillo en sus dedos.
"Y tú estás aquí, poniendo tu mejor cara frente a una persona que consideras tu mayor amenaza, porque es tu culpa que mis padres estén muertos."
El cuerpo entero del muchacho estaba endurecido. Sus ojos viajaron del cuchillo a la cara de la Omega, una y otra vez.
Bárbara soltó el cuchillo. Se relajó sobre la silla, colgando una pierna por el brazo de éste. "Oh, lo siento. ¿Te sientes incómodo?"
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"Creo que es hora de retirarme."
La Omega, como Bruce lo había previsto, no se mostró amena con la idea. Era un tigre enjaulado en un penthouse. Bruce comenzó a sentir que había sido mala idea venir a confrontar a un animal tan salvaje en su propio territorio.
"Pero, todavía no llegamos al punto donde quieres respuestas, Bruce."
"Vine aquí para ofrecerle mis condolencias, Srta. Kean." El cuchillo seguía estando al ras de los dedos de la Omega. Bruce no realizó movimientos súbitos, pero aprovechó de un momento donde la mujer le dio las espaldas para servirse más coñac, para presionar Call en su teléfono celular. Lo mantuvo en el bolsillo interior de su abrigo. "Para disculparme principalmente. Esperaba… que cualquier mal entendido entre los dos por fin fuera aclarado. No sé a cuál clase de respuestas se está refiriendo."
"Pensé que habías dicho que no querías rodeos." La Omega había retirado sus tacones desde hacía un rato, caminando a pie desnudo por la sala. Así fue como regresó a su asiento, esta vez optando por recargar sus brazos sobre la mesa. Ambos se miraron fijamente. Los ojos de la mujer estaban rojizos. Bruce no era del gusto del aroma de sus feromonas. Demasiados dulces. "Con un demonio, sólo pregúntalo. Haz llegado tan lejos, Bruce. No quieras salir corriendo con la cola entre las aptas, sólo porque la loquita está alcoholizándose."
De acuerdo. Bruce se recargó sobre la mesa en eco a la posición de la Omega. "¿Le dijiste a Jason Lenin sobre mi existencia?"
Los enormes ojos verdes de la Omega no parpadearon. "No."
Una parte de Bruce sintió alivio, por el bien de Jim. Sin embargo, el resto de su ser no encontró sosiego. "¿Por qué no?"
"No hubiera servido de nada. Jason estaba obsesionado conmigo. Saber de ti, no me hubiera salvado. No soy tan tonta para haber pensado lo contrario."
Bruce tragó saliva. Sintió genuina tristeza por la dura realidad de los hechos. "Lo hubieras hecho. Tal vez, tus padres seguirían vivos, si le hubieras dicho que viniera tras de mí."
Kean produjo un sonido pensativo, retrocediendo hacia su asiento. Sus manos se extendieron en la mesa con aire de reina. A Bruce le desconcertó, que a pesar del tema de conversación, ninguna emoción estuviera siendo transmitida por la expresión facial de la Omega. Bruce estaba teniendo recolecciones de otra persona en particular, que también había actuado mudo, al verdadero dolor de perder a sus padres.
Aunque, Jerome Valeska era una persona enferma. No podía haber una comparación justa entre la Srta. Kean y él, ¿cierto?
"Quizás. Pero eso, no era lo que yo quería."
¿Cierto?
-Sólo hay una forma de saberlo. Bruce tomó una decisión. Se le estaba tendiendo una trampa, y eligió caer en ella, curioso, impaciente, listo— "¿Qué era lo que querías?"
Kean sonrió a labio abierto. Sus dedos estaban sobre el cuchillo, de nueva cuenta. El cuerpo de Bruce se tensó en preparación.
"Escucharlos. Mirarlos a los ojos. Sentir sus últimas respiraciones sobre mi rostro mientras… Mientras, los apuñalaba, una y otra vez. Ver la confusión en sus caras, mientras los degollaba."
Bruce actuó rápido. Vio los dedos en el mango del cuchillo, y se alzó junto con la mesa, arrojándola con la suma de sus fuerzas sobre la mujer. La Omega fue veloz, sin embargo. Su cuerpo esbelto fue una ventaja, auxiliándole a escabullirse. Persiguió a Bruce por la sala, por el pasillo, hasta el baño, donde Bruce cerró la puerta en su cara. Huir por la ventana no fue una opción viable. Cuando revisó su móvil se encontró con señal fallida.
Bruce miró su reflejo en el espejo del baño. A un lado de éste, permanecía colgada una elegante toalla para secarse las manos.
Los nudillos del Beta fueron rodeados con el terciopelo blanco, segundos después sirviendo de protección contra los fragmentos de vidrio que cayeron sobre el lava-manos. Se tornó contra la puerta—
—lo miró, entonces. El pie entaconado saliendo de la orilla de la tina.
Jaló de la cortina.
Bruce gimió en sobresalto.
El cuerpo llevaba tiempo sin vida: pómulos azules, pupilas opacadas por tejido blanquizco. El cuerpo estaba acostado sobre la longitud de la tina, como si éste estuviera tomando un verdadero baño bajo agua tibia. El cabello azabache, todavía sedoso y brillante, estaba extendido alrededor del rostro de la vícti—No. De Thompkins.
Del rostro de Leslie Thompkins.
Bruce cerró sus ojos. La escena no cambió. Nada cambió. La Doctora siguió inerte. Una larga apertura delineaba el ancho de su cuello, mostrando la causa de la muerte. El vestido de la mujer estaba manchado de sangre seca, aunque el cuello y el pecho en sí, habían sido limpiados meticulosamente. Sus manos descansaban sobre su regazo.
Golpes a la puerta de madera lo sacaron del trance. Un agujero estaba siendo hecho por medio de una varilla de acero. Bruce aguardó hasta que la mano de Kean se asomara por el agujero para torcer el seguro de la puerta, desde el exterior.
En el momento que la puerta se abrió, Bruce arremetió contra la invasora, utilizando el trazo de vidrio para cortar.
Kean chilló ante el corte directo a su antebrazo. Bruce la empujó hasta tirarla al suelo, aplastándola en el proceso de su escape fuera del baño. Sus propios dedos sangraban por el frenesí con el que sostenía su única arma—Bruce fue tumbado al suelo en seco.
Forcejeó contra su atacante, pensando, recordando, sintiendo, actuando en aquellos impulsos que lo habían llevado a golpear a Seth con el reloj de su padre. Pataleó en automático. Jaló de los cabellos rubios de Kean—La Omega estaba riéndose. Y sangrando.
Alfred lo había estado entrenando, cierto, pero este era otro tipo de combate. Bruce había estado equivocado, al asumir que había estado listo.
Bárbara Kean tenía un peso mayor, y a tan corta distancia, Bruce no podía pausar para estirar un brazo y aventar un puñetazo, como tantas ganas tenía, de hacerlo. Sólo podía pensar en defenderse, cuando el trozo de vidrio salió volando fuera de su control. Enganchó sus pies detrás de la cintura de la mujer, atrayéndola a sí mismo, halando de su cabello, evitando que Bárbara pudiera golpearlo. No funcionó como lo esperado, para su mala fortuna. La Omega se adueñó de su pescuezo, comenzando a presionar.
Bruce encajó sus manos en los hombros de la Omega. No alcanzaba a sujetarla de más allá. Siguió luchando, aun cuando rápidamente estaba entrando en pánico, por la falta de aire a sus pulmones.
Un golpe en la cabeza de la Omega llegó desde las alturas.
En instantes, Kean cayó inconsciente.
Bruce tosió masivamente, recuperando oxígeno a bocanas hambrientas.
Selina se arrodilló frente a él. Le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse.
"¿Qué demonios está sucediendo?"
Bruce no tenía respuestas concretas. Selina revisó a la mujer con acusación en su rostro. Como si todo fuera culpa de Bruce, y no de la locura naciendo en la Omega presente.
"Necesitas llamar… a la policía." Bruce susurró con urgencia. Se sintió completamente desorientado. Le pareció escuchar la puerta siendo derribada, junto con gritos repetitivos de su nombre, pero la percepción de Bruce estaba siendo seriamente comprometida. Estaba en shock. Sus manos dolían. Su cuello pulsaba. Su mente daba vueltas.
No fue hasta que la mano de su Alfa tocó su espalda, que Bruce tuvo la certeza de que su llamada no había sido en vano. James sí había escuchado lo necesario para venir a su auxilio. Bruce se echó a sus brazos. Reconoció los aromas de Alfred y de Bullock a su alrededor. Giró su rostro para tenerlos en su línea de visión.
"El baño—James, el baño."
Selina había desaparecido en las sombras, tan rápido que Bruce dudó de su existencia. ¿La habría alucinado, o en realidad había acudido a su rescate?
Fue el Detective Bullock, quien dio marcha hacia el lugar señalado.
"Estás sangrando. Por todos los cielos." Alfred tenía un pañuelo listo. Haló de las muñecas de Bruce, pero el Beta sólo apretó más sus nudillos, clavándose al saco de James. Un suspiro impaciente salió del Alfa mayor.
Harvey Bullock regresó. Le dio la cara a los tres presentes con una expresión pesada en conmoción. "Jim."
El hombre no continuó. Aun con su boca abierta, no hubo palabras que surgieran.
Bruce comprendía su estado.
Por mucho tiempo, a él también, se le dificultó encontrarlas.
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"¡Jim!"
"Quiero hablar con ella."
Essen se interpuso entre la entrada a las salas de interrogatorios, y el Alfa. "No hay necesidad. Tenemos su confesión… de los tres homicidios."
"Me importa una mierda su confesión, necesito verla."
"¿Crees que soy tonta? Si entras allí, la matarás. ¡Ve a casa, Gordon!"
Jim refunfuñó. Empujó contra Essen, y los dos oficiales detrás de ella. Harvey se le enredó por las espaldas para arrastrarlo en dirección contraria, pero fue la voz de Bruce lo que tuvo más resultado.
"¡James, basta!"
Quitándose a Harvey de su torso, el Alfa volvió a gruñir, ahora acorralado entre la necesidad de entrar a ver a Bárbara y el deseo de sólo—Al final, no tuvo opción, Bruce se la quitó.
"Vayamos a casa, ya terminé con mi declaración." Bruce no tuvo miedo en acercársele, en tomar sus nudillos duros entre su mano izquierda. "Por favor. Sólo… llévame a casa."
Alfred los transportó a la Mansión. El silencio del auto fue abrumador. Ni la estación de radio que Harvey encendió para distraerlos pudo borrar la atmósfera. Durante el viaje, Bruce nunca soltó su mano, su cabeza recostada en su hombro, mientras Jim miraba por afuera de la ventana.
Entre menos pensado, Jim se encontró en la sala, parado en medio de ésta, con ira todavía en sus venas. "¿Qué estabas pensando, al ir a verla sin avisarle a nadie?"
Alfred fue el primero en respingar. "Gordon, no te atrevas a colocarle este desastre al amo Bruce."
"Me invitó. Quería hablar conmigo."
"¿De qué?"
Bruce aventó su abrigo a uno de los sillones. Se encendió al mismo son que el Alfa, en cuestión de segundos. "¡Sólo quería hablar con ella, sin tenerte a ti en medio intentado controlar la situación!"
"Sí, que bien te resultó, ¿no?"
"Oh dios mío, en serio, ustedes dos, es la media noche." Bullock empujó a Jim unos buenos metros lejos de Bruce. "Cálmate. Estás semi-berserk. Mañana te arrepentirás de actuar como un imbécil, Jim."
"Esto no te incumbe. A ninguno de los dos, de hecho." Apuntó a Pennyworth y a Bullock, mirada roja.
"Gordon, saca tu cabeza de lo profundo de tu trasero, hombre."
"No, Alfred, James tiene razón."
Harvey aventó sus manos al aire. "¡Es oficial! Ahora, no sé quién está diciendo más sandeces."
Jim se tomó un momento para cerrar sus ojos y aspirar hondo. Algo del rojo de su visión disminuyó. Su voz fue firme, más estable. "Fue inmaduro, e irresponsable de tu parte, no avisarle a Alfred en donde te encontrabas. Especialmente después de lo sucedido con El Ogro. ¿Qué tal si yo no hubiera contestado el teléfono, a tiempo?"
Alfred suspiró. "Bueno. En esa parte, no puedo estar en desacuerdo."
Bruce rodó sus ojos. "Gracias, Alfred."
"Nos pides que te tratemos como un adulto, pero luego cuando te damos la espalda, haces cosas impulsivas como éstas, Bruce." Jim compartió una mirada con Pennyworth, antes de continuar. "¿Cómo se supone que debemos confiar en ti?"
Fue doloroso ver la expresión del Beta crujirse, su aire estoico quebrándose en una revelación lastimosa. Jim se sintió un desgraciado, por ser el responsable. Pero, había llegado al tope. ¿Qué lo sucedido con Reginald Payne, no había asustado al muchacho lo suficiente?
"Difícilmente eres la persona adecuada para quererme darme una lección en impulsividad. ¿O embarcarte en misiones suicidas involucrando la Mafia, sin darle cuentas a nadie, no puede ser considerado impulsivo, e irresponsable?"
"Gordon 0, Wayne Jackpot." Bullock añadió, dándose un tour personal por el área del escritorio que había pertenecido a Thomas Wayne.
Jim giró sus ojos. Se acercó a Bruce en un intento por bloquear a las presencias ajenas de algo que era entre ellos dos. "Te llamé. Más de una ocasión. Y no es lo mismo. Es parte de mi trabajo—"
"¿No crees que estás siendo muy duro con él, Jimbo? ¿Cómo se suponía que el chiquillo tenía que saber que Kean había perdido la chaveta?"
"¡¿Podrías cerrar la boca?!" "¡Me puedo defender solo!"
El par de vociferaciones conjuntas de Alfa y Beta, originaron que Bullock brincara del sobresalto. Con el trasero precariamente aplastado en la esquina del escritorio, Harvey perdió el equilibrio y en sus manos se cayó al suelo el libro que había estado husmeando.
Jim abrió su boca para proseguir con el alegato, pero de inmediato se congeló al inspeccionar el rostro de Bruce. En un abrir y cerrar de ojos, el fuego de su defensa se transformó en algo muy parecido a miedo. El Alfa persiguió la mirada del Beta en dirección al suelo…
…del libro que Bullock que había tirado, un objeto pequeño se había deslizado de las páginas.
Por la alarma demostrada inmediatamente de parte de amo y mayordomo, Jim sospechó que no se trataba de algo tan mundano como un separador de párrafos.
"¿Qué es eso?" Jim masculló en voz baja, a pesar de la cantidad de personas presentes, sólo dirigiéndose a Bruce.
Con delicadeza utilizada en manejo de evidencia, Harvey alzó el objeto del piso alfombrado. "Parece ser un tipo de—¡Whoa, no tan rápido, amiguito!" Del intento de arrebato del Beta, Bullock retrocedió sin problemas. "Cielos. Sólo estoy mirando. No me lo voy a robar."
"¿Bruce?"
Un suspiro se liberó del muchacho en cuestión. La renuencia a mirarlo a la cara, a dar una respuesta clara, encendió más alarmas en Jim de las que ya habían estado causando estragos en su mente.
"Bruce. ¿Qué es eso?"
Al final, Jim no debió de haberse sentido sorprendido. Lo había sabido, desde hace tiempo. Lo había temido: Bruce siempre le daría prioridad a sus secretos. Fue un conjunto de varios detalles—la postura dura de los hombros del Beta, la máscara artificial de neutralidad—lo que le advirtió a Jim, que estaba a punto de ser el receptor de una enorme y descarada mentira…
La música clásica lo desconcertó.
Eso, y que Alfred se moviera ágilmente sin ser interceptado, para arrancarle el objeto a Harvey. Todo sucedió con rapidez, antes de que uno de los tres pudiera reaccionar.
-Prokofiev. El oído entrenado de Jim, identificó de las notas.
Primero pensó que se trataba de un terremoto, no obstante, el gruñido masivo perteneció a la chimenea. A la maldita chimenea. Que se estaba moviendo.
Atrás, atrás, atrás, para luego, frenarse en lo profundo de una caverna.
Jim se tornó hacia Bruce.
Bruce fue solemne en su silencio; ansioso, en el relamido de su labios y en el constante pestañeo de sus ojos saltados.
Jim abrió su boca—
Y Harvey le robó las palabras.
"Que me parta un rayo."
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Fin de Temporada 1.
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(¡)Advertencia(¡): Muerte de Personaje Principal.
