"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne & Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Ya saben, los OTP's absolutos.
Rating: Adult.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Rise of The Villains, MOTHERFUCKERS. Spoilers de 2X02 "Knock knock."
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23a.
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"Sigo corriendo
directo al fuego."
-Bishop Briggs, ("The fire.")
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"¿Qué es esto? ¿Dónde está el Alcalde James? ¿Quién es su amante misteriosa? ¡A nadie le importa con quien se esté acostando el Alcalde! ¡Gente, puedes hacer mejor trabajo que esto!"
Genial. Terry apenas llegaba, y el Editor Wolf ya estaba gritando.
"¡Salgan y encuentren mejores encabezados, con un demonio!"
El primer cuerpo, Terry lo creyó un truco de la iluminación. Ya en su cubículo, aventó su mochila sobre el escritorio. Se tornó hacia el podio de Wolf.
Detrás, cuerpos siguieron cayendo.
Instantáneamente, Terry corrió hacia las ventanas junto con todos sus demás colegas. Su mano se dirigió a su bolsillo, buscando en automático por su celular.
M
"¡Dios mío! ¡Llamen a la policía!" Martha, la asistente del Editor estaba entrando en histerias, y no era la única. El mismo Wolf ahora se asomaba, abriendo una de las ventanas, sus ojos saliéndose de órbita.
A
"Detective Gordon."
"Necesitas venir a la oficinas del Gazette. Directo a la Calle Royal."
"¿Quién habla?"
Terry rodó sus ojos. "Considéralo una llamada anónima, pero mueve tu trasero ASAP."
"¿Cómo obtuviste mi número?"
N
I
"Voy a romperte el corazón, pero uno de tus oficiales estuvo dispuesto a compartirlo a cambio de un six-pack. Triste, lo sé. ¿A dónde se ha ido la lealtad verdadera?"
Se escuchó conmoción del otro lado de la línea. Jim gritó órdenes, encubriendo la bocina. "¿Cuál es la situación?"
Terry no supo cómo explicarlo. "Pues. Um. ¿Una versión… realmente catastrófica y homicida… de una sopa de letras?"
A
X
"Terry."
"¡Sólo apresúrate! Sabrás de lo que hablo, cuando lo VEAS."
"¿Estás en peligro inmediato?"
Aw. Terry ahora tenía evidencia que este Grinch tenía un corazón. "Estoy a salvo."
"Nos dirigimos para allá."
Beep-beep-beep-beep.
!
Terry guardó el móvil en su chaqueta. Leyó el mensaje de aerosol carmín en los cuerpos asesinados con un nudo en su garganta. Volteó su cabeza en dirección del Editor.
"Allí está su encabezado, Jefe."
Wolf vomitó en las zapatillas de la pobre de Martha.
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"Jerome Velaska. 18 años. Matricidio."
Click.
"Arnold Dobkins. Esquizofrénico. Envenenador. Violador."
Click.
"Aaron. Asesinó a su familia entera con sus propias manos."
"Robert Greenwood. Asesinó y luego comió, más de una docena de mujeres."
Click. Una mujer rubia con expresión aburrida.
"Bárbara Kean... Asesinó a sus padres."
La pausa en el precinto fue pesada. Oficiales se miraron entre sí. Los murmullos fueron de esperarse.
"Trabajaremos en grupos de cuatro. Álvarez será mi oficial coordinador. ¿Preguntas?"
Terry presenció los ojos del Detective a cargo, posarse en él, ahora que el hombre le daba la cara a su audiencia.
"¡A trabajar, entonces!"
Todos los agentes se esparcieron a la orden. Terry permaneció sentado en la orilla de uno de los escritorios. En segundos, Jim Gordon se encontraba frente a él.
"¿Qué haces aquí? Esta era una conferencia privada."
"Tengo una cita con la Comisionada." Terry alzó su reloj de muñeca. "Whoops. Creo que llegué algo temprano."
Jim rodó sus ojos. "Que conveniente. Si lo que buscas es más información para el Gazette, estás adelantándote. La investigación del ataque de ayer está en estado prematuro."
"Para tu información, mi columna exclusiva narrando el primer Acto de los MANIAX! salió hoy a primera luz." Sonrió con cautela, porque hablar con este hombre, era chocar con una pared. "Promesa de scout." Con sus dedos marcó una tacha sobre su pecho. "Digo la verdad, tengo mi entrevista con Essen. 10:30 am."
Jim lo barrió de cabeza a pies, asintió y comenzó a girarse en retirada.
"Eh, oye, eso fue impresionante."
Gordon se contuvo. Dobló de perfil en su dirección. La intensidad en su mirada casi tiene éxito en ahuyentarle, pero Terry tragó saliva y se armó de todo su valor.
"Fuiste impresionante. Momentos atrás, exponiendo tu clase Villanos Para Tontos. Eres bueno en tu trabajo… Me alegro. Cumpliste con tu sueño. Felicidades." Ser un oficial de policía, había sido todo de lo que Jim había hablado durante la secundaria. Verlo ahora, comandando a un escuadrón, había erizado los vellos de los brazos de Terry.
"¡Señor McGinnis!"
Ambos se tornaron en la dirección del grito de Essen. La mujer lo esperaba en lo alto del balcón que conducía a su oficina. Cuando la Comisionada le señaló subir con un movimiento de su palma, Terry recogió su mochila del piso. Para Jim, el escuchar a su Jefa lo rompió del hechizo mágico que lo había tenido entretenido. A Terry le tocó, por tercera ocasión desde su reencuentro con Gordon, ver las espaldas del Alfa alejarse.
"Cierre la puerta, por favor." Essen le recibió con una sonrisa cordial desde el otro lado de su escritorio. "Tome asiento."
"¿Disfrutando del nuevo puesto?" Terry sacó su grabadora portátil de su mochila, simplemente porque odiaba hacer notas. Pidió permiso con una ceja alzada, y aunque Essen miró con mal gusto el artefacto, asintió resignada.
"Hay mucho qué hacer. Junto con el puesto vienen más responsabilidades… así como expectativas."
"Las expectativas pueden morder a uno en el trasero."
Una risilla salió de Essen. "Habla por experiencia."
Mujer astuta. Terry hizo una ligera mueca. "Soy un hermano mayor. Sé todo sobre expectativas."
"¿Oh? ¿Familia grande?"
"Solíamos serlo." Ante la expresión inquisitiva de la Comisionada, Terry aclaró su garganta. "Mi padre no pudo esquivar el cáncer de pulmón, por más que invirtió su fortuna en investigaciones poco convencionales. Sólo mi madre y yo quedamos para sostener el apellido McGinnis."
Essen lo observó, pensativa. "Mencionó que era un hermano mayor."
"Hermana perdida." Terry gruñó la revelación. Le ardió la garganta. "Cinco años sin conocer su paradero. No se ha encontrado un cuerpo."
Essen inclinó su cabeza en respeto. "Lo siento mucho."
Terry intentó inyectar algo de humor al asunto. "Tal vez debería darle el caso al Detective Gordon. Desde que llegué a la ciudad, no he parado de escuchar sobre su reputación de resolver lo no-resolvible."
"Mm." La mujer tomó de su vaso con agua. "Con que, esa clase de McGinnis. Mis sospechas no eran erróneas. Eres el heredero de la Industria Astro-Tech que tú padre fundó hace años."
"Lo sería si todavía existiera. Como dije antes, Warren nos dejó en quiebra."
"Pero atendiste la Facultad de Medicina, con una afinidad en lo Forense."
"Nunca llegué a graduarme." Terry achicó su mirada. "Siento que estoy siendo yo el entrevistado."
Essen sonrió. Estiró su mano derecha y apagó la grabadora por su cuenta. "Si apenas te estás dando cuenta, no eres muy bueno en tu trabajo. El cual…" Con un sonido meditativo, la Comisionada acarició su mentón. "…tampoco terminaste, o iniciaste de hecho, tus estudios para acreditar ser parte del mundo del periodismo."
Terry se retorció en su asiento. "Tengo conexiones. Y necesitaba comer. Soy bueno con una máquina de escribir."
"Pero no es tu pasión. O a lo que estabas dirigiéndote, originalmente."
La epifanía fue lenta, porque Terry siempre había sido distraído e hiperactivo. Pocas cosas en este mundo le capturaban la atención al 100% por un largo periodo de tiempo. Había sido una de las razones por las que se había metido en tantos problemas en la secundaria. "Acaso está… ¿Está ofreciéndome un nuevo trabajo?"
"He leído los ensayos que publicaste; participaste en investigaciones pequeñas durante tu estancia en la Universidad de Berkley. Tenías ideas interesantes. Tenías la capacidad para llegar lejos en el campo. Desconozco tus razones para abandonar todo… pero sé que lo que estabas haciendo, te gustaba. Mucho más que escribir artículos en el Área de Sociales, puedo apostar."
Atónito, Terry produjo patéticos sonidos agudos. ¿Qué demonios estaba sucediendo? "Pero… yo… yo…"
"Escúchame." Regia en su compostura, dominante de la conversación como todo Alfa debía hacerlo, Sarah Essen se puso de pie para colocarse frente a su asiento. Estaba acorralándolo, tanto literal como figurativamente. "Tengo buenos instintos a la hora de escoger a individuos que podrían ser ideales en mi equipo. Así, he encontrado a mis mejores oficiales."
"¡No he practicado en años! Años." –Mentiroso. Un ratón de laboratorio, siempre serás. Terry sacudió su cabeza. Odiaba aquella vocecita en su cabeza, tan parecida a la de su padre. "Comisionada. Podría encontrar a una docena de mejores candidatos allá afuera—"
"Estoy ofreciendo el puesto de Examinador Forense a ti, sin embargo."
"Hay cosas… cosas en mi pasado." Drogas, peleas, rebeldía. Su adolescencia no había sido bonita. Y el principio de su adultez…
"¿Crees que no investigo a potenciales candidatos? Sé sobre tu pasado. Y a pocos de mis empleados les ha ido mejor que a ti. La decisión es tuya." De gentil, Essen se transformó a una mujer dura. "Pero no tengo todo el día."
Terry tragó saliva.
Diantres.
"¿Está interesado, o no, Señor McGinnis?"
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Harvey estaba preparándose para su turno en el bar, cuando escuchó el golpecillo en la puerta. Era un día caliente. Harvey no dejaba de limpiar su frente de sudor.
Al abrir la puerta, Harvey sonrió.
Luego, miró hacia abajo, a la maleta que Alfred estaba cargando.
"¿Quieres un compañero de cuarto?"
Harvey estiró su brazo en invitación. "Advierto: no lavo trastes sucios."
"Como si no lo supiera ya." Alfred era el retrato de la miseria absoluta. Tras cerrar la puerta, Harvey se apresuró a sacarle una cerveza fría del refrigerador.
Alfred no dudó en aceptar la botella, sentándose en el sofá.
Otro golpe a la puerta. Demonios. Harvey miró el reloj de la pared. Llegaría tarde.
"Menuda reunión." Harvey gruñó. Jim alzó una ceja en pregunta silenciosa. "Qué bueno que viniste, necesito un aventón."
"¿Todo bien?" Jim preguntó, después de entrar y ver a Alfred. Justo como Harvey, su alarma creció al ver la maleta. "¿Qué sucedió?"
Alfred levantó su cara de perro Hushpuppy. "He sido despedido."
Harvey y Jim se voltearon a ver.
"¿Despedido? ¿Por quién?"
Alfred gruñó. "Cielos, si éstas son las grandiosas mentes deductivas que nos resguardan, con razón estamos como estamos."
"Bájale a tu espuma, es una pregunta razonable." Bullock le dio un codazo a Jim, indicándole que él era el escogido para lidiar con esta crisis. Jim rodó sus ojos, pero caminó hacia Pennyworth con cautela.
"¿Qué hiciste?"
Corrección. Cero cautela, directo a la candela.
"¿Qué HICE YO? Te diré lo que hice. ¡Mi maldito trabajo! Cuando fui contratado para el puesto, nunca me mencionaron que tendría que criar a un muchacho más necio que un toro, con problemas de autoconservación, ¡y tendencias a encontrar cuevas secretas detrás de las chimeneas! ¡Todo lo que me importa, es mantenerlo a salvo! ¿Es eso tan fuera de lo normal y razonable?"
"De acuerdo." Gordon rezongó, levantando sus manos para frenar el monologo. "Entiendo. Entonces, ¿qué hiciste?"
Alfred lo miró con mentón colgando. Por un momento, Bullock estuvo seguro que el Alfa le tiraría la botella de cerveza encima. Luego, el ex- mayordomo suspiró, vaciándose de helio. "Destrocé todo."
Jim colocó sus manos en la cintura, echándole un vistazo a Bullock. "¿Destrozar, en qué sentido?"
Alfred levantó su botella en brindis. "En sentido de que tomé un bate de béisbol y le di con todo a la computadora del difunto Thomas Wayne, antes de que el Amo Bruce tuviera de oportunidad de presionar el interruptor de encendido."
Bullock chifló en verdadera admiración.
Jim, en típico estilo por-qué-demonios-me-pasa-a-mí, suspiró.
"Oh, no me mires así. No es como si tú no hubieras tenido el antojo de hacer lo mismo estando en esa maldita cueva."
"Pero, no lo hice. Me contuve." Jim gruñó ferozmente. "Hablaré con Bruce. Pero, por ahora… Tengo cosas qué hacer." Jim asintió hacia la puerta, indicándole a Bullock que ya estaba listo para darle el aventón al bar. "¿Quieres que te traiga algo de la Mansión?"
Alfred negó con su cabeza. "Sólo… estate al pendiente de él, ¿por favor?"
"Claro." Jim murmuró en despedida. Minutos después, estaba al volante, compartiéndole a Bullock sobre el nuevo caso del precinto.
"¿Cuatro lunáticos y Bárbara? Hombre, no tienes suerte de ningún tipo. Te dije que la vida de civil era mejor. Pero, nah, tienes que estar en el ojo del huracán."
"Sí, lo hiciste. De hecho…" Jim le lanzó un vistazo, después de arrebasar a unos autos tortuga que tenían enfrente. "De eso quería hablar contigo."
"Ajá."
"Harvey, necesito tu ayuda."
Harvey respiró hondo. –Aquí vamos.
"El caso es de alto rango, y no tenemos los oficiales suficientes para manejarlo como debería hacerse. Me preguntaba…"
La pausa fue intencional. Jim le estaba dando la oportunidad de insertar su respuesta.
Harvey lo dejó sufrir. "¿Decías?"
"Te necesito, Harvey. Eres mi compañero."
"Tengo una vida." Harvey masculló. "Antes, hubiera saltado en la oportunidad de regresar, lo admito. Pero ahora… No estoy tan seguro."
Jim asintió. "¿Podrías pensarlo, tan siquiera?"
Pensarlo, fue todo lo que Bullock hizo en el camino al bar. Cuando estuvo por bajar, se tomó un momento para aventarle un hueso a su hermano.
"Jim, una última observación de tu tío Harvey… Estos maniáticos asesinaron a un montón de personas del astillero, ¿cierto?"
"Astillero Gellings, sí."
"¿Por qué de ahí? Pudieron haber ido a donde fuera. Asesinar a cualquiera. Pero esos lunáticos escogieron ese lugar. ¿Por qué será?"
El brillo de agradecimiento en los faroles de Jimbo le hizo sonreír. Harvey aventó la puerta del copiloto, sin más que agregar. "¡Buena suerte!"
Su buena obra del día estaba hecha.
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"¿Alguien en casa?"
Del pasillo que conducía al estudio, se asomó la cabecita de Bruce. Se apresuró a su lado, al verlo hacer malabares en la puerta, ayudándole con las dos cajas de pizza y la bolsa de papel conteniendo un six-pack de Budweiser.
Al cerrar la puerta, Jim le dio un pequeño beso en la mejilla. "Mi héroe."
Como lo había previsto, Bruce se sonrojó con el gesto.
Ya en el estudio, Jim acomodó las cervezas y las cajas de pizza en la mesa, mientras Bruce fue a la cocina por utensilios.
"No me avisaste que venías en camino."
"Quería sorprenderte."
"Supongo que ya estás enterado de lo que transpiró… esta mañana."
Jim no iba a tener esta conversación, sin antes abrir su cerveza. "Comamos primero, se enfriará."
Bruce no tuvo necesidad de una repetición de la orden para atacar la caja superior de las pizzas—La Hawaiana. El chico había estado muriendo de hambre. "Es mucha pizza, ¿no crees?"
"Eres un chico en crecimiento." Jim masticó, guiñando su ojo derecho con las mejillas llenas de masa y queso. Era uno de sus más famosos talentos. Coquetear y comer al mismo tiempo. "Y no estaba seguro de que supieras cocinar. Me preocupé por tu supervivencia."
Bruce rodó sus ojos. "Sé cómo abrir una lata de atún, gracias."
Jim le robó una piña de su segunda rebanada. Bruce se vengó, tomando un trago hurtado de su lata de cerveza.
La mueca resultante ante el sabor, tuvo a Jim revolcándose en la alfombra con carcajadas.
"¡Bah! Es muy amarga." Las contorsiones faciales del Beta fueron impresionantes. "¿Cómo puedes tomarla?"
"Te acostumbras al sabor. Cuando eres un adulto." Tomando la lata de regreso, Jim recalcó su regaño con un largo trago. Bruce continuó atascándose de pizza, lección aprendida. Optar por seguir con su agua mineral, fue una decisión sabia.
El estómago de Jim se llenaba rápido. Siempre había sido así. A la tercera rebanada, se dio por vencido, dejándole todo lo demás al Beta. Cuando sintió la atmosfera despejada, estiró un brazo para acariciar la nuca del joven, recargándose en el sofá durante el proceso.
"Escojo no involucrarme en este embrollo entre Alfred y tú."
Bruce limpió su boca con la servilleta. "¿Lo viste?"
"Está hospedándose con Harvey. Se encuentra bien, considerando…"
Bruce suspiró. "Sabes lo que hizo, entonces."
Jim se encogió de hombros. "Como dije. No me involucro. En vez de eso…" Se levantó del piso con un destino más acojinado en su mira. Jaló del Beta para que hiciera lo mismo, invitándole a acostarse a lo largo del sofá junto con el Alfa. Ambos se deshicieron de sus zapatos, del suéter de lana blanca de Bruce, y del saco gris de Gordon.
Acomodado sobre el pecho de Jim, ambos contemplaron el techo por un largo rato.
"Ya sabes lo que tienes que hacer, Bruce. No me necesitas para recordártelo." Picoteó el costado del muchacho para ablandar sus palabras. Bruce apareció en su línea de visión, luciendo contemplativo. Al sentir los botones de su camiseta siendo aflojados, un resoplido salió de la nariz de Jim. "Oye. Tenemos la casa para nosotros solos."
La sonrisa de Bruce fue alargándose. "¿Qué podríamos hacer para aprovecharlo?"
La corbata del policía fue retirada y enrollada con sumo cuidado por parte del Beta. Probando las aguas, por así decirse.
Jim decidió regresar a lo básico, antes de echarse de cabeza a la marea alta.
Como algo que no había realizado en mucho tiempo, Jim marcó a Bruce con su esencia—la punta de su nariz raspando una muñeca; sus labios trazando símbolos invisibles en la palma; prosiguiendo con el cuello semidestapado, halando de la camiseta de manga larga.
Bruce se estremeció a su cargo, adentrado en el ritual.
Jim lamió el pulso el Beta, saboreando el tenor de las cuerdas vocales desde su origen. Ante la succión a su cuello, Bruce encajó sus dedos en los hombros del Alfa. A ciegas, la mano libre de Jim tomó posesión del rostro del joven, acariciando el relieve de este. Un pulgar a un lóbulo suave, su índice a una ceja, el angular a un parpado.
Bruce se rindió ante él. Su rostro se ladeó ante sus yemas, queriendo prolongar el contacto. Jim besó su clavícula en recompensa. Otorgó fricción entre sus cuerpos, guiando las caderas del Beta para presionarse a su pelvis. Con una exhalación hundida en chillido, Bruce dejó caer todo su peso sobre el Alfa.
Jim jaló del cabello del joven. Bruce lo sorprendió con un gruñido. Cuando se reencontraron en un beso, Jim estaba gruñendo por su cuenta.
Bruce, súbitamente, separó su boca. Sofocado, el muchacho se elevó, manos plantadas en los pectorales del Alfa. Su cabello estaba revuelto. Sus ojos negros estaban clavados en Jim Gordon. En nada más.
"¿Po-podrías tocarme?"
Jim frunció su ceño.
Bruce capturó la mano que anteriormente le había proporcionado ternura, entrelazando sus dedos para llevarlo al regazo de Wayne. El rubor de su pálido rostro se amplificó, pero no desistió.
"¿Podrías, James? P-Por favor."
"Cariño." Desarmado por el susurro, Jim desabotonó el cinturón y todo lo demás que se interponían en su camino. "Tengo algo mejor para ti."
"¿Mm?" Ojos ahora cerrados con el puño de Jim alrededor de su miembro, el Beta comenzó a perderse en la inmensa sensación. "James." Gimió, entre más presión el Alfa aplicó al masajeo.
"Espera." Jim detuvo sus administraciones con el objetivo de mover el cuerpo del Beta en una mejor posición. "Acuéstate. Quítate los pantalones."
Bruce hizo sonidos quejumbrosos, pero obedeció. Todavía en bóxers, calcetines, y su camisa a medio cerrar, el chico mostró sentirse algo incómodo.
La cabeza de Bruce recayó al brazo del sofá, al Jim hundir su rostro en el regazo del Beta. Aquellos muslos antes apreciados, fueron una trampa, prensándose alrededor de su cuello. Jim hizo una mueca—Su cuerpo le pasaría factura después, por su espíritu aventurero.
Habían transcurrido muchos años desde que Jim había hecho esto. La mayoría del tiempo, Jim se había inclinado por amantes femeninas, encontrando mejor compatibilidad con sus necesidades. Cuando uno perdía la práctica podía ser intimidante, ¿pero desde cuando Jim no era atraído por un desafío?
La boca del Alfa tocó el realce de la erección bajo el material de algodón negro. Bruce torturó el cuero del sofá con sus manos, produciendo una colección de notas agudas que hubieran tenido a Alfred yendo por la escopeta.
Jim sonrió.
Deslizó el elástico de la ropa interior. Besó el fémur descubriéndose ante sus ojos. Tocó a Bruce, como el muchacho se lo había pedido, no dejando de ser gentil con su estimulación. El órgano rosado estaba húmedo con pre-eyaculación. El sabor fue salado, sobre su lengua. La pelvis de Bruce hizo corto circuito, pero las manos de Jim fueron firmes, inmovilizándolo.
Bruce gruñó su nombre, frustrado.
Jim succionó la punta—no circuncidada—con ritmo mesurado, mientras el resto de la longitud era masajeada. El miembro de Bruce no era algo del que menospreciar respecto a tamaño. El Alfa aprobaba al cien por ciento de lo que poseía; rumió al tener al Beta dependiendo de él.
El control era de Jim. El poder, del Alfa.
Ambos habían sabido que más pronto que nunca, Bruce sería vencido. Habían fantaseado al respecto.
Su propia erección pedía atención dentro de sus pantalones. Gordon, con la mitad de su cuerpo en el suelo, restregó su pelvis en el cojín. Encontró placer en el sabor, el calor, las feromonas, y la pasión circulando por sus venas. Se perdió; se fue en el hambre. Masturbó la erección del muchacho con lánguida velocidad, llevándole a un camino sin retorno. Hubo un momento, preludio al orgasmo inminente, donde la cabeza de Jim encontró un ritmo, subiendo y bajando con disciplina envidiable.
No había contado con Bruce, sentándose de golpe.
El Beta cubrió la cabeza de Gordon con su cuerpo entero. Jim sintió el jaloneo de su camiseta, y despegó su boca del apéndice. Bruce no le dio oportunidad de hacer cuestiones; cubrió su rostro con sus manos para atraer su boca a la suya.
Jim gimió. Aventó a Bruce de regreso al sofá. Y fue novedoso que el muchacho le empujara, peleando. Bajo la mano del Alfa, aquel esternón buscó alzarse de nueva cuenta.
Con lengua, labios y dedos de su mano derecha, el Alfa lo convenció de desistir. Tuvo a Bruce jadeando, forcejando, hasta el desenlace.
Con un último gimoteo, Bruce encontró alivio.
Jim pudo jurar sentir toda la tensión en el muchacho, ser absuelta fuera de su cuerpo.
Tras un rato donde el Beta se recuperaba, Jim tomó un puñado de servilletas para limpiar su cubrir su boca y escupir en el papel. Le dio una palmadita al estómago sudado del adolescente, para asegurarse que siguiera con vida.
"¿Todo bien?"
Bruce le echó una mirada, que bajo otras circunstancias, hubiera sido fulminante. Por ahora, sólo se le podía comparar a un gato antipático en una noche lluviosa.
Bastante orgulloso, Jim se sirvió de otra lata de cerveza. Ayudó a limpiar su paladar. Recibió una patada ligera de un calcetín verde. Jim atrapó el pie fácilmente. "¿Quieres?"
"Pensé que sólo los adultos podían."
"Ocasión especial." Jim dio otro trago. Cuando le ofreció la lata, el joven se apresuró a levantarse del sofá. Mientras Bruce daba un trago, Jim se encargó de reacomodarle su ropa interior—De una manera u otra, sus manos buscando por contacto a la piel de Bruce.
Terminaron compartiendo al sabor amargo de la bebida en un beso, ambos torciéndose en ángulos ridículos para no separarse. Una vez que la lata estuvo segura sobre la mesa, Jim levantó el peso de Bruce por entero, transportándolo a sus brazos.
"Espera." Jim jadeó, debajo del cuerpo invasor que lo capturó sobre el sofá. Bruce estaba temblando de nueva cuenta, pero era audaz con el manejo de su propio cuerpo, ondulando sus glúteos sobre el regazo del Alfa. "No todos tenemos un cambio de ropa a nuestro alcance."
"Deberías." Bruce jadeó en replica, ahora susurrando en su oído, moviendo su pelvis en continuo péndulo humano.
La sutileza, no era punto fuerte de Bruce Wayne. Cuando la mano de Jim se colocó sobre su cinturón fue detenido por dedos ajenos. Al levantar su mirada, fue atrapado por el labio inferior que Bruce estaba mordiendo, inconsciente de los efectos al libido del detective.
"¿Me das permiso?"
Jim no reaccionó a la primera. Bruce estaba pidiendo abrir sus pantalones, después de todo. ¿Quién podría pensar claramente? Asintió con el corazón en su garganta. Despejó sus manos del área, optando por dejarlas en el sofá.
"Adelante."
Bruce no fue meticuloso. Sus dedos trabajaron con eficiencia. En dos minutos, el cinturón fue colgado en el respaldo. En tres minutos más, tenía el zipper abajo, y en cuatro minutos más, jalaba de los pantalones con ayuda de Jim, para entonces dejarlos caer al piso. La ropa interior del Alfa no dejaba mucho a la imaginación.
Estuvieron en las mismas, entonces—en bóxers, calcetines y camisetas abiertas a medias.
Con una risa ligera, Jim aplastó a Bruce entre sus brazos, restregando su mentón en el hombro semidesnudo del joven. Fue un adolescente de nuevo, besándose a escondidas con la hermana del guitarrista en aquel garaje, después de los ensayos de su presuntuosa banda de rock…
Simultáneamente que su puño estimuló su erección, sus dientes se engancharon a la clavícula bajo se boca. Bruce se aferró a su cuello en estupefacción, respondiendo a la mordida con disciplina, y tolerancia magnifica, al dolor.
Jim no necesitó de mucho; con el sabor metálico de la sangre de Bruce en su paladar, el salto al abismo, fue fácil.
Se lanzó con ojos cerrados.
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Alfred fue puntual a la hora de almuerzo. Apareció con un plato cubierto de aluminio y con todavía aquel ligero puchero en sus labios.
Al destapar el platillo, el olor fue fenomenal. Harvey sacó una botella de Coca Cola para acompañar el pollo asado. "Hombre. ¿De dónde sacaste esta maravilla? Sé que no de mi refrigerador."
"Te ayudaré con las mesas." Fue el murmullo que obtuvo de respuesta. Con cejas alzadas, Harvey cedió su trapo al hombro de Pennyworth para que éste se fuera a limpiar las mesas y tomar algunas de las cuentas. Nunca le quitó los ojos de encima pero no se metió en asuntos que no eran de su incumbencia.
Difícilmente podía culpar al hombre, por querer sentirse útil.
"Deja de hacer un mejor trabajo que yo. Harás que me despidan."
Al retornar a la barra junto con Bullock, un buen rato después, Alfred se hizo su propio trago. Bacardi con Coca Cola. Le ofreció un trago pero Harvey negó con su cabeza. El hombre sonrió. "¿Ves? Incluso si volvieras a la Fuerza Policiaca, no caerías en viejos hábitos, Harv."
Este hombre debía ser brujo; no había otra explicación. "No lo sabes con certeza."
"Sí lo sé." Retiró el platillo de Harvey. Una de sus manos se enganchó a la cadera del Alfa. Harvey se dejó ser volteado. "Voy a estar aquí, para recordártelo."
Harvey sintió su rostro calentarse. Aclaró su garganta de los restos de pollo y puré de papá. Por detrás de Pennyworth se abrió la puerta del bar. Sonrió, al reconocer cierto joven petulante, entrar muy a fuerzas. "Atiende al siguiente cliente, y después seguimos con la conversación."
Alfred se quedó sin habla, al ver a Bruce Wayne tomar asiento en la barra como un profesional, aunque… no tan tieso, como Harvey lo hubiera imaginado. Su aroma estaba cambiando continuamente, y en este momento en particular, fue una formula distinta a todas las pasadas. Olía a algo nuevo.
Una vez recuperado de su shock, Alfred se colocó frente al muchacho.
"¿Qué… le puedo traer, amo Bruce?"
Siguiéndole el juego, el joven alzó un hombro. "Un refresco de cereza con cola, está bien."
Harvey resopló por sus narices. "Sin comentarios."
"Creo que con ese, ya dices mucho." Alfred le dio un codazo mientras se dirigió al refrigerador.
Más clientes aparecieron, y Harvey decidió enfocarse en terminar su turno de hoy. Dejó a solas a Empleador y Empleado, pensando en manera de hacerle la vida imposible a Wayne si el mocoso se atrevía a no regresarle su puesto a Pennyworth.
Sin embargo, porque Harvey era un Detective de corazón y alma, alzó las orejas, cada vez que rodeó la cercanía de su lado de la barra.
"No quiero que te mantengas lejos, Alfred. Pero estás conmigo, o estás contra mí… Y si estás contra mí, no me dejas elección."
"Estoy con usted, amo Bruce. Siempre lo estuve. Pero lo que usted hace es equivalente al suicidio. Son cosas de adultos. Usted es joven y no está listo para entrometerse en asuntos de su padre—"
"¡Entonces, prepárame!"
Whoa. Demasiado intenso. Harvey se alojó lo más lejos de la barra, después de oír ese intercambio. Entre menos Harvey supiera de sus planes locos y extravagantes, mejor sería para su pellejo.
Media hora después, Wayne se había marchado, y Alfred estaba poniéndose su chaqueta de nuevo, aunque luciendo algo confundido.
"¿Por qué esa cara? ¿Te tendrá castigado por más tiempo?"
Alfred lució más pálido de lo normal. "Todo lo contrario. Pero… Tengo que encontrar… Un experto, por así decirlo. Y no tengo idea, cómo."
Harvey frunció su entrecejo. "¿Un experto de qué?"
El otro Alfa dejó salir entre dientes un ácido "En reparar lo que rompí."
[+]+[+]
Después de salvar un autobús lleno de porristas en histerias, Jim pensó que su día no podría ser más bizarro.
Había estado equivocado.
"¿Qué haces tú…?" La pregunta murió en su boca, porque la mirada que Essen le arrojó estuvo repleta de advertencia. "McGinnis."
El cadáver de Dobkins estaba en la plancha de la morgue, justo a la merced de Terry y sus pinzas de acero. Justo durante la llegada de Essen y Gordon al cuarto frio, el hombre había estado guardando la bala extraída del temple del fallecido, en una bolsa de evidencias.
Tenía anteojos puestos. Su bata de protocolo era demasiado chica para él—¿Sería aún la de Lee?—y tenía una expresión de total incertidumbre.
"Gordon, tenemos un nuevo examinador médico, como puedes ver. Los presentaría, pero tengo la impresión de que no es necesario." Essen miró entre los dos. "¿Qué ha averiguado, Sr. McGinnis?"
"Ah." El hombre hizo una mueca. "No soy experto en balas—En serio, en serio, en serio, quiero reiterarlo antes de, ya saben, abrir mi boca—"
"¿Y?"
"Bueno, el Señor Nygma fue amable en prestarme gran parte de sus notas. Bueno, en realidad no tan amable, y más en el área de lo perturbador… Pero, ah, logramos confirmar que las balas son de alto calibre."
En instinto, Jim asintió alentadoramente, al tener los ojos de McGinnis en su persona, buscando por algo de apoyo moral. "Dobkins fue disparado desde una larga distancia. Considerable."
"¡Así es!" McGinnis sonrió, abriendo su gran manojo de carpetas de notas médicas. "Y puedes deducirlo por… mmm… estaba por aquí…"
Essen jugueteó con las puntas de sus tacones, esperando sobre el lavado de aluminio. Jim se acercó al cadáver con manos en su cintura, admirando el tamaño de las heridas en la cabeza y el torso de Dobkins.
"…la velocidad de los disparos, claro. Sí. Eso." Levantando su rostro de las notas, Terry parpadeó al tener más cerca. "¿Dijiste que provinieron de las alturas? Probablemente de una azotea de un edificio cercano, ¿no crees?"
"Fue definitivamente, alguien con experiencia. Alguien de respaldo, en caso de que alguno de los MANIAX! se fuera a descarrilar del plan, me imagino. Y eso es exactamente lo que Dobkins iba a hacer."
"¿Pero cuál plan?" Essen preguntó exasperada. "¿Por qué porristas? ¿Cuál es su motivo? Ni siquiera pidieron por una recompensa."
"¿Causar pánico?" Terry ofreció. "Si este tipo estaba a punto de hablar, eso dice mucho de su fidelidad al equipo. Dudo que haya sido su idea escapar del manicomio y hacer brochetas de porristas. Además, abrí su estómago…" Terry chifló impresionado. "Dobkins tuvo una cena digna de reyes. Alguien lo consistió antes de mandarlo al matadero."
Jim y Essen se tornaron uno al otro. La Comisionada mostró haber tenido la misma conclusión que Gordon.
"Son sólo peones para causar miedo en las masas. No están en control."
"Apuesto a que ni siquiera Jerome es la verdadera mente detrás del caos." Jim masculló. "Él está por la adrenalina y la fama."
"Veamos si identificamos la bala. Quizás tengamos suerte." Con eso, Essen los dejó a solas.
Terry estiró su brazo, dándole la bolsa con las balas.
Jim la aceptó. Se movió a la puerta, pero se dio la media vuelta en retroceso. "No dudes de ti. Hiciste una observación que puede nos ayude bastante, a la larga."
McGinnis rodó sus ojos, dejándose caer sobre el banco incomodo de la morgue. "¿Inspeccionar por Donas de Kryspy Creme y langosta no digerida? Yay para mí."
"Tuviste una corazonada." Jim se encogió de hombros. "Forma parte del 90% de nuestro trabajo, créeme."
"De acuerdo." Terry murmuró. "Gracias."
Jim tomó el picaporte de la puerta.
"Espera."
En el proceso de volver a levantarse, McGinnis tumbó las notas al piso. No se molestó con levantarlas. "¿Huele igual, cierto? Vivo, o muerto, está marcado potentemente con feromonas ajenas."
Cierto. Jim cerró sus ojos, inhalando profundo. "Huele a Bárbara a Kean, una de las fugitivas. Es una Omega, al igual que Jerome… Es posesiva."
"¡Todos lo son!" Con ojos agrandados, Terry destapó el resto del cuerpo del cadáver para otra examinación. "Quiero decir, no posesivos—Pero sí Beta y Omegas, ninguno de los MANIAX es de categoría dominante. Tiene que tratarse de una persona Alfa a cargo de ellos. Estos fugitivos… no fueron escogidos al azar."
Jim suspiró. Sí así fuera el caso, era alguien sumamente cuidadoso. No había rastro de feromonas Alfa en el cuerpo de Dobkins. El, o la Alfa, estaban escogiendo su rastro meticulosamente. "Buena hipótesis."
Terry produjo un gemido pensativo en respuesta, de nuevo, inmerso en la examinación de su nuevo juguete. Jim resopló por su nariz, ahora sí, saliendo del laboratorio.
Mandó la evidencia al departamento de balística. Después, se sentó en su escritorio, realizando llamadas para recabar toda la información posible de Criminalística.
Fue, justo después de colgarle al departamento de balística, que recibió la llamada.
"Gordon."
"Hola, Jim. Es Bárbara."
Jim separó la bocina de su oreja, completamente incrédulo, antes de regresar el objeto a donde pertenecía. "Hola, Bárbara. ¿Cómo estás?"
"¿Oh, yo? Fabuloso. ¿Y tú?"
"Bien. ¿Qué hay de nuevo?"
Bárbara emitió una risilla. "¿El Sr. Calmado, eh?"
Jim miró a sus alrededor.
"Debes estar furioso conmigo."
"Escúchame. Si te entregas, puedo ayudarte."
"¿Cómo, Jim? ¿Regresando a Arkham? No lo creo."
"Estás enferma."
"Claro. Siempre es culpa mía. Que típico de ti."
Jim tumbó su frente de profesionalismo, entonces. "¿Típico de mí? Yo no asesiné a nadie."
"Ooooh, sí. Ahí estas." Bárbara prácticamente gimió ante la bocina. "Mi dulce Alfa. Tan enojado."
Jim suspiró. "A decir verdad, no lo estoy. No lo vales."
"¿Ni siquiera sabiendo que traté de filetear el hígado de tu adorado Brucey?"
"¿Crees que estuve sorprendido de que intentaste lastimarlo? Te conozco, Bárbara. Mucho mejor de lo que te imaginas… No sabes cómo ser feliz, así que no la soportas en otras personas."
"¡Vaya, escúchate nada más! ¡Rawwwr!" El último gruñido gatuno resonó más allá de la bocina, haciendo eco por el mármol del edificio. Jim se tornó al origen del sonido y encontró a Bárbara en la entrada, móvil en su mano. "¿Cómo me veo? ¿Lo suficientemente infeliz para ti?"
Luego, Bárbara cerró el móvil y salió del lugar.
Jim la siguió.
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Continuará en 23b…
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NdA: Partí este capítulo en dos partes para no tener a lectores en el suspenso y subir de una vez lo que tenía hecho. (Y también porque me di cuenta, ¡que me falta una buen parte por completar!) Disculpas por la tardanza, comencé un nuevo trabajo y anduve cuidando sobrinos hiperactivos todas las vacaciones. Zero fun times for me :(
¡En fin!
Antes que empiecen a pedirme que me apure a actualizar, tengan la consideración de darme feedback sobre Terry McGinnis (originalmente de Batman Beyond). Me estoy divirtiendo mucho escribiéndolo.
Esta versión de Te Encontré es una combinación de tributos hacia la serie The O.C., y a su vez a mi antiguo OTP que eran Seth Cohen/Ryan Atwood (Adam Brody/Benjamin McKenzie respectivamente). Por esa razón, en mi mente es a Brody a quien veo dándole vida a Terry. Moriría extasiada si el actor apareciera en Gotham, omgggg. Ya ha aparecido Julie Cooper como la madrastra de Oswald, después de todo… Se vale soñar.
