"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne & Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Ya saben, los OTP's absolutos.

Rating: Adult.

Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.

Continuidad: Rise of The Villains. Situado durante los hechos de los episodios 2X02 "Knock knock" y 2x03 "The Last Laugh."


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23b.

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"No confío en nadie

Y nadie confía en mí.

Seré la actriz protagonizando

tus pesadillas."

-Taylor Swift,

("Look What You Made Do").

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"¡Bárbara, no te muevas!"

Bárbara sonrió. Se detuvo a la mitad del pasillo.

Predecible y tonto Jim. Apuesto en su traje grisáceo, imponente en su porte de héroe.

"Te equivocas sobre mí, Jim. Te equivocas sobre todo. Traté de decírtelo… Pero tú jamás escuchas."

"Te escucho ahora."

"Sí, seguro que sí. Ahora."

"Cálmate." El ingenuo Alfa bajó su arma, como si tal acto fuera a convencer a Babs de que no la lastimaría. "Vamos a hablar de esto, ¿sí?"

¿Qué tan estúpida, la creía Jim? "Es tarde para eso."

Aaron salió de su escondite con un rugido. Le cayó encima a Jim con la ferocidad de un perro rabioso. Prosiguió a moler a Gordon con la facilidad que uno aplastaba a un bicho con la suela del zapato. Fue un primitivo tipo de placer, lo que Bárbara experimentó al ver a Jim arrastrándose en la acerca en busca de su arma. ¡Oh, qué tan bajo caían los grandes!

Detrás de Aaron, Les' observaba la escena con similar atención. No compartía su alegría, o su emoción. Vestida en moda duplicada a la de Babs, la mujer pateó una tubería en la cercanía de las manos de Gordon para que el hombre pudiera defenderse. Jim la ignoró completamente, nunca dedicándole un vistazo. Bárbara rodó sus ojos.

De una manera u otra, Jim terminó en el suelo recibiendo puñetazo, tras puñetazo, en su lindo rostro. Una, dos, tres, cuatro, cinco…

Leslie apareció del otro lado del callejón, ahora detrás de Bárbara. "Un golpe más y partirá su cabeza en dos."

"Aaron. Es suficiente." El comando fue instantáneo.

Jim no se movía más. Su cara era una máscara carmín. Cuando Babs se posó sobe su pecho, no pudo evitar pintar los labios del Alfa con la sangre. En otra vida, Jim hubiera sido una hermosa dama, sin perder su misma bestia interior. "No estoy enferma, Jim. Soy libre. Lee y yo. Ambas lo somos."

El ceño de Jim se frunció con algo más que dolor. "Lee… murió."

Bárbara parpadeó. En ese abrir y cerrar de ojos, Les' desapareció. La repentina ausencia la dejó fría con shock y caliente con ira.

Abofeteó a Jim. "¿Lo ves? ¡No me escuchas! ¡No lo entiendes!… Podría explicártelo pero, ¿sabes? Creo que deberías regresar al trabajo. Quien sabe que salió mal cuando no estabas." Expresó una mueca de burlesca sorpresa para completar el acto.

Besó la frente de Jim en despedida, pintándose sus propios labios de rojo. Se desmontó del Alfa con renovado júbilo, disfrutando de los gritos que podían escucharse desde la GCPD.


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Terry escuchó los disparos de inmediato. Los alaridos de auxilio.

"Demonios." Se acercó a la puerta, abriéndola una fracción. Sonó a una guerra, y Terry no podía distinguir quien estaba ganando. Un agente uniformado se aproximaba por el pasillo, una escopeta en su brazo. Era un tipo gordo, que sonreía como si estuviera en la feria.

Terry lo esperó a lado de la puerta, removiendo sus guantes negros de látex.

Las risas hicieron su entrada primero. Terry sabía que tenía que ser rápido, y así lo fue, aventándose sobre el tipo con una mano tapando su boca, y la otra el brazo sosteniendo la escopeta. El hombre forcejeó con todas sus fuerzas, su panza rebotando contra el torso de Terry.

Su pelea por sobrevivir no bastó, su piel comenzó a palidecer, la grasa de su rostro secándose con la súbita extracción de energía que sufrió, en cuestión de segundos.

La escopeta cayó al piso.

Terry retiró su mano, permitiendo al sujeto desplomar al piso, también. Una vez allí, le dio una patada a la cabeza, sólo para asegurarse de que la pérdida de consciencia fuera el doble de efectiva.

Tomó la escopeta, aprehensivo. Nunca había usado un arma, aunque conocía lo básico de su funcionamiento. Descargó los cartuchos con dedos temblorosos, apenas dándose cuenta que no había vuelto a colocarse los guantes.

La escopeta se resbaló de las manos de Terry, junto con los cartuchos. Su cuerpo entero ingresó en estado de sobrecarga, después de dos años de abstinencia de utilización. Le llevó a Terry una cantidad de tiempo difusa, para controlar el temblor de sus manos, y la corriente súbita de adrenalina y euforia corriendo por su ser.

Lo logró. Eventualmente.

Se levantó del piso helado, quitándose la bata para no ser un blanco fácil, y ya pensando en un nuevo plan. Rodó el cuerpo del gordo para quitarle la chamarra de oficial.

Todos estaban muertos.

Terry lo supo, al instante que asomó su cabeza por el pasillo.

Los dispararon habían cesado. Ahora, reinaba silencio.

Aunque la escopeta estuviera vacía, Terry la tomó consigo.

Había cuerpos por todas partes. Terry se adhirió a la pared, al tener una mejor vista.

En el podio del primer piso, montados en dos escritorios, la Comisionada estaba atada en una silla. Frente a ella, un joven pelirrojo, también vestido de oficial, se retiraba su chaqueta, casual ante la masacre que los rodeaba. Terry lo reconoció como Jerome Velaska.

"¿Por qué hacen esto?"

"Para gobernar el mundo. Bla bla bla. Pero nos conformamos con matar unos cuantos policías y una buena publicidad."

Velaska tenía a uno de sus secuaces filmando todo.

Terry caminó lentamente fuera del pasillo. Tropezó con el cuerpo de uno de los detectives. Resultó estar aún con vida.

"Silencio." Le susurró, apretándole la espalda con la punta de la escopeta para advertirle. "Quédate abajo."

"Bromeaba." La voz de Jerome se inyectó a su atención de nuevo.

Essen le siguió la corriente. "De acuerdo, lo entiendo. Están locos."

"¿Loco?"

Hubo una pausa en el dialogo, el psicópata frente a la Comisionada triunfando en el suspenso. De reojo, Terry lo observó hincarse frente a la mujer.

"Mírame. Puedes ver que no estoy loco."

Lo estaba.

Aunque, en su demencia, Terry envidada la libertad con la que Velaska tomaba vuelo entre el caos. Terry miró los cadáveres en el piso con nauseas. ¿Y qué si estaba loco, o no? Velaska estaba en el lado de los ganadores.

Essen, claro, siempre sería una optimista. O una mujer demasiada obstinada. "Muy pronto, pequeño, estarás muerto… Y el mundo seguirá sin ti. No serás nada. Tu nombre… nadie si quiera lo recordará."

"¡Mmn! No. Ahí te equivocas, anciana. Dejaremos una marca en la ciudad. Nos dispersaremos como un virus… ¿Sabes por qué?"

"¡Porque no hay nada más contagioso que la risa!"

Velaska le disparó a quema roma al oficial que se había atrevido a robar su línea. Terry brincó con el estruendo. Sus dedos estaban sudando sobre el gatillo. Por más que deseara lo contrario, no podía acercarse a las escaleras del segundo piso. Los otros guardias se tambaleaban por el perímetro armados hasta los dientes. Desde su línea de visión podía divisar la silueta de Edward Nygma debajo de un escritorio. Aun herido, Nygma fue lo suficientemente inteligente para no provocar la atención de los asesinos sobre su persona.

Essen escupió sobre el rostro de Velaska.

"Eso fue inexplicablemente… sexy. ¡Hazlo de nuevo!"

Essen prosiguió a darle un cabezazo. Y en su fugaz victoria, una línea sabionda. "Eso sí dejará marca."

-Deje de ser tan estúpida. Aunque intentó no hacerlo, Terry buscó por el cuerpo de Jim entre las victimas caídas. No pudo identificar a alguien de manera concreta.

"¡Me atrapaste!" Velaska se encumbró de nuevo sobre el escenario. Su rostro estaba cubierto de sangre. Su boca era un bosquejo bruto de plasma. Mientras sus carcajadas timbraron de su garganta con inminente explosión. "¡Ahora es mi turno!"

El disparo no tuvo advertencia. Sucedió en un segundo.

Varios de los secuaces de Velaska comenzaron a reír. Entre la confusión de su propia mente, Terry tuvo el buen instinto de escurrirse hacia el pasillo por donde había salido, la escopeta vacía cayendo al piso en el proceso. Los sonidos de huida fueron un alivio.

Las carcajadas se fueron desvaneciendo. Ante el silencio, se pudo concluir que Jerome había dejado las premisas.

Terry corrió.

Essen seguía atada en su silla, sangrando del torso. Terry se apresuró a desatarla.

Los ojos de la Comisionada estaban abiertos de par en par. "Mal… Maldición… M-Mi blusa favorita."

"Estará bien."

Primera promesa estúpida hecha por hoy.

Se la repitió hasta creerla, aun con sus manos humedeciéndose en la sangre del abdomen de la Alfa. Aplicó presión. Presión, y algo más. Algo, que Terry nunca había intentado. "Tengo un truco especial…"

Sus manos se sintieron sobre-calentadas, mientras que el organismo de Essen fue enfriándose, una vez recostada en el escritorio. Fue una cruel ironía.

"Vamos." Terry gruñó para sí. "Vamos, vamos. Sólo respire."

Nunca había intentado regresar lo que robaba. No sabía lo que estaba haciendo. Quería inyectar energía en Essen, vida. Quería sanarla. Por lo menos, detener la maldita hemorragia…

No estaba funcionando.

"¡ESSEN!"

"Jim." La mujer susurró en eco. Pareció revitalizarse al escuchar el grito desesperado. Terry volteó hacia la dirección de las escaleras, justo a tiempo para ver a Jim Gordon arribar.

Sintió el empuje inmediato del detective por retirar su presencia, pero Terry se aferró al cuerpo.

"Aguante, Cap." La suavidad de la súplica fue todo lo contrario a la dureza de las propias heridas que Gordon estaba portando. "¡Alguien llame a una ambulancia!"

"¿Quién? Todos están muertos."

La expresión de Gordon sería algo que Terry nunca olvidaría. Terror. Desesperación.

"Chicos… no peleen." Essen levantó su mano y fue atrapada por Jim. Les sonrió. Se le estaba dificultando respirar. Sus pulmones estaban llenándose de fluido. Su corazón, pronto, dejaría de latir al no poder bombear el suficiente oxígeno para sobrevivir. "Es un nuevo día."

Una despedida. Terry sintió furia ante su resignación. Apretó sus dedos sobre la herida de bala. Essen gimió ante el trato impulsivo; no reaccionado a los murmullos de Terry que describían buenas intenciones. El Alfa agazapado sobre ella, no lo vio así, tampoco.

"¡McGinnis, suéltala! ¡La estás lastimando!"

Fue un golpe del pasado, tener a Gordon en su contra bajo circunstancias difíciles de explicar. Terry era un Alfa pasivo por naturaleza; considerado aberrante por su disposición a ceder al ego de otros. Pocos comprendían que debía ser una causa justa la requerida, para despertar en Terry aquella dimensión bruta de su genética.

"¡Estoy intentando salvarla!" Con el rezongo—el gruñido—saliendo de su boca, la mujer en cuestión entonces aspiró en acción contrario, succionando aire de un bocado escandaloso.

Terry bajó su mirada a sus palmas, y averiguó por qué.

Estaban brillando.

Essen se desmayó, ojos rodando en blanco.

Terry, pronto, la siguió a la inconsciencia.


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Helicópteros SWAT estaban filtrando la estación con sus luces de persecución.

Y McGinnis estaba babeando sobre su hombro.

Jim exhaló.

Cuando los paramédicos lo habían arrojado fuera del camino para atender a Essen, el Examinador Forense había sido delegado a su cuidado después de un breve diagnóstico de shock y estrés. Por el transcurso de una hora entera, Terry había tomado turnos entre despertar, y caer inconsciente en pequeños intervalos.

Por su parte, Jim había sido jalado a una silla para ser cocido por un paramédico. Atrapado, Jim estaba soportando ser tocado por extraños sólo el tiempo necesario que se requeriría para llegar a la última puntada.

Con su codo derecho presionó el torso de McGinnis con insistencia, tratando de librarse de su peso. Sólo gemidos adormilados fueron su recompensa.

"¡James!" Entre el olor a sangre, orina, sal y pólvora del lugar, la esencia de llovizna vino a las fosas nasales del Alfa. En cuanto el Beta lo tuvo en la mira, emprendió camino a su lado.

Frenó considerablemente durante el trayecto a Gordon, sin embargo, al notar la compañía inusual.

Jim rehuyó del paramédico, queriendo que lo dejara en paz. "No te asustes. Luzco peor que lo que me siento."

"Déjeme a mí." Bruce se acercó al paramédico con una postura que indicaba que no aceptaría una negativa a su orden. "Me temo que su testarudez es una aflicción permanente."

El paramédico le dio permiso a Bruce para aplicar el algodón empapado de alcohol en la piel lastimada. Jim cerró sus ojos con el dolor provocado.

"Cuando miré las noticias, tenía tanto miedo de que estuvieras…"

Hasta la camiseta de Gordon estaba cubierta en sangre. No podía culpar a Bruce por sonar aterrorizado.

"¿Cómo llegaste?"

Bruce estaba por responder, cuando el rostro de Harvey se asomó por detrás del muchacho, subiendo las escaleras junto con Alfred.

Al igual que Bruce, ambos se tomaron un momento para alzar sus cejas ante el panorama que Jim presentaba.

Oh.

Jim volvió a sacudir su hombro derecho. Esta ocasión, McGinnis reaccionó.

"¿Qué demonios…?" Frotando su rostro, parpadeó a las fuertes luces de los helicópteros. "Dios mío, ¿este día todavía no se acaba?"

Bullock lo tomó del antebrazo para ayudarlo a levantarlo del asiento adjunto a Jim. "¿Quién diablos eres tú?"

Las palabras salieron de la boca de Jim instintivamente. "Salvó a Essen."

Bullock lo soltó, mirando a McGinnis de pies a cabeza. "Estás usando la bata de una amiga, no sé si sepas."

"Siempre me dijeron que tenía una figura femenina." McGinnis no fue menos de la persona que siempre había sido con sus respuestas acidas. El hombre se giró hacia Jim, pero el detective desvió sus ojos. Se enfocó en Bruce. Ambos sostuvieron miradas por un instante, aun cuando Terry seguía moviendo su boca y produciendo sonidos. "Gordon. ¿En verdad Essen está…?"

"Detuviste que se desangrara." Jim le aseguró. "No está fuera de peligro, pero lo menos estaba viva cuando se fue en la ambulancia."

"Mierda." Luego, McGinnis se percató de la presencia de Bruce entre ellos. "Ah, quiero decir, oh maldito estiércol—"

Bruce resopló por sus narices, tirando el algodón a una bolsa de desechos médicos que el paramédico les había dejado. Jim se puso de pie, necesitando hablar con Bullock a solas. Le indicó a Bruce esperar en el lugar con un apretón de su hombro.

La oficina de Essen estaba intacta. Jim no podía creerlo, después del infierno por el que habían atravesado. Los retratos de los hijos de Essen permanecían de pie. "Fue—"

"Los Maniax. Ya lo sé."

"Y Bárbara." Jim le dio la cara a Bullock con el escritorio de por medio. "Vino a la estación, sirviendo de señuelo para sacarme de aquí mientras Jerome… Ni siquiera lo pensé dos veces antes de ir tras ella. Fui tan estúpido."

"Essen está viva, concentrémonos en eso. Llamaré al hospital para pedir una actualización."

"Harvey." Ambos eran hombres de pocas palabras. Con sólo ver a Harvey vestido de detective de nuevo frente a él, sabía qué significaba. No necesitaba que Bullock explicara sus intenciones. Aun así, Jim se obligó a preguntar… "¿Estás seguro que es lo qué quieres?"

La respuesta de Bullock consistió en sacar su móvil de su saco. Salió de la oficina con su voz ya dando una docena de órdenes.

Jim se sostuvo del escritorio, respirando hondo. Por su cabeza, retornaron pedazos de recuerdos, pulsando al rojo vivo.

El beso ensangrentado de Bárbara.

"No estoy enferma, Jim. Soy libre."

Las manos de Terry resplandeciendo—

Jim reabrió sus ojos. Sacudió su cabeza.

Bullock regresó a la oficina junto con Álvarez, quien por estar con vida, se ganó un apretón de brazo de su parte.

"Jim, tienes que ver esto." Harvey encendió el televisor, donde una reportera advertía que lo que estaban por ver era material gráfico y violento.

En imagen de baja calidad, la cara de Jerome no tardó en aparecer en la pantalla. Tenía sangre en la mitad de su rostro, así como una expresión de felicidad.

Hola, Ciudad de Gotham! ¡Somos los Maniax! Soy Jerome, el jefe de esta banda. Estamos aquí para esparcir un mensaje de esperanza y sabiduría." Una pausa se manifestó en la grabación, para dispararle al oficial que Jerome tenía atado a sus espaldas. Sólo un gemido comunicó la muerte de la víctima. "Algunas personas no tienen modales." Con el interludio, el humor mercurial de Jerome sufrió un cambió para lo peor. "Todos ustedes son prisioneros. Lo que ustedes llaman cordura es sólo una prisión en sus mentes que los detiene de darse cuenta que son tornillos dentro de una gigantesca maquina absurda—¡DESPIERTEN!"

Bullock le echó un vistazo a Jim. Gordon apretó sus brazos cruzados alrededor de sí.

"¿Por qué ser tornillos? Sean libres… ¡Como nosotros! Justo como él." Velaska jaló de la mejilla del anterior oficial, manipulando una grotesca sonrisa en sus labios. "Vamos, sonríe, pequeñín." Entre carcajadas Jerome continuó con el mensaje, tirándose al piso en el momento que sirenas retumbaron de fondo en la grabación. "Uy, hora de irse. Pero, no lo olviden… ¡Sosténganse a sus asientos, gente, porque todavía no han visto nada!"

La pantalla se volvió negra.

Jim no necesitaba voltear para saber que los últimos quinces segundos habían sido vistos por dos personas extras.

"Essen está viva. La indujeron en coma para estabilizarla." McGinnis. Fuera de uniforme; oliendo a desinfectante. Su móvil permanecía en su oreja, una pierna en la oficina y la otra en el pasillo. Su expresión les advirtió a los detectives que lo que saldría de su boca no serían buenas noticias. "Están evaluando el grado de daño en su espina dorsal."

Con aquel dictamen, prosiguió a escurrirse fuera de allí.

Álvarez compartió una singular oración llena de palabras sucias. No tardó en salir de la oficina para realizar sus propias llamadas. Harvey y Jim compartieron una última mirada, unidos en el coraje que tal diagnóstico podría significar para la mujer que ambos respetaban inmensamente. Cuando Bullock lo dejó a solas con Bruce, Jim se dejó caer sobre el escritorio para recuperarse.

Bruce se acercó de manera sosegada; cuando previamente había sido un objeto inmovible, detrás de las persianas de la puerta.

No había manera de esconderlo. Lo feo. Lo malo. Lo cruel. Lo desalmado que era realizar su trabajo. Por tanto tiempo, Jim había hecho el mejor esfuerzo por proteger a Bruce de todo aquello.

Una vez que el joven se plantó frente a él, Jim reclinó su rostro en su dirección, posando su cabeza en el pecho del joven. Bruce cubrió su nuca con una mano, el otro brazo encargándose de rodear la espalda del detective.

El pecho de Jim tembló cuando deseó respirar profundo; no fue un sollozo lo que brotó de su boca, porque Jim no era ese tipo de persona.

Gordon no había llorado en el funeral de su padre; no había dejado caer una sola lágrima al hallar el cadáver de Leslie Thompkins, y no empezaría a hacerlo el día de hoy, aun cuando las personas cercanas a él seguían cayendo como moscas.

Jim Gordon tenía una manera distinta de procesar su angustia.


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"¿Quién es tu dueño?"

Bárbara mostró sus dientes en rezongo. El collarín aplicó presión.

Jason besó su lóbulo, agachando la mitad de su cuerpo para cubrirle las espaldas. "¿Cómo se llama?"

La secuencia de embestidas fue un castigo ante el silencio. Bárbara sabía que se trataba de un juego, pero no apreció el acto de martillo humano que la hizo gemir, y no exactamente de placer.

La pregunta vino de nuevo. "¿Cuál es su nombre? En la gala, creíste que era alguien más. Lo noté."

Una mano tomó su seno derecho, optando por suavidad para tentarla a sincerarse. Jason giró su rostro para obligarla a verlo directo a los ojos.

Piel oliva. Cabellos azabaches. Sonrisa gentil. Lee apareció por su mente en efímera tortura.

Le sonrió a Jason. "Mi unicornio."

El siguiente jaloneo comunicó la insatisfacción de su actual amante. Jason no insistió.

Un día después, averiguaría la razón.

Eventualmente, Babs comprendería que Jason había optado por extraer la respuesta no con placer sexual, pero con un cuchillo acariciando el vientre semidesnudo de la Omega.

"Te di la opción de ser sincera conmigo. Me decepcionaste."

Tic.

"¿A quién quieres que asesine?"

Toc.

Aun petrificada con los restos de sedativo en su sistema y el saber que iba a morir, Bárbara balbuceó una negativa, atrapada en los brazos del hombre. Semidesnuda frente al espejo de la recamara, los moretones en su piel eran inevitable de registrar por su mirada.

"Quizás tu querida Lee apreciaría una visita."

Bárbara se congeló. Fue en ese momento que supo que estaba atrapada.

"Escoge." Jason la soltó, caminando hacia la cama, donde un vestido de su elección había seleccionado para la Omega. "Escoge a quien matar, o yo elegiré por ti." El hombre acarreó el vestido con delicadeza hacia Bárbara, imponiéndole su voluntad de cualquier manera que pudiera. "Mejor aún, escoge dos. Dos blancos." Le auxilió a meterse al vestido rosa pálido con la paciencia de un padre vistiendo a su hija. Al subir el zipper, el comando retornó a ser susurrado en la curva de su oreja. "Dos blancos, por Jim Gordon y Leslie Thompkins."

Bárbara armó duelo consigo misma frente a su reflejo en el espejo.

Escogió.

Bárbara despertó con un grito ahogado. A lado suyo, Tabitha no se inmutó sobre la cama. Desnuda, Bárbara se escurrió al baño. Abrió la llave del agua fría y se introdujo de inmediato.

"Aw, ¿los amas?" Jason se había burlado de ella incesantemente de camino a la casa de sus padres. "El amor es una enfermedad, Bárbara. Te curaré. Verás… te curaré y de esa forma, serás invencible."

Les' no había regresado.

Al salir se envolvió en una bata. Salió de la suite, dirigiéndose directo al origen de los sonidos de fiesta.

Jerome estaba bailando solo. La melodía era una pieza de la era prehistórica. Aun así, cuando se le ofreció unirse al baile, Bárbara aceptó.

El resto de los Maniax estaban en varios estados de inconsciencia alrededor de la sala. Jerome pisó unas cuantas manos en su deslizamiento por el piso alfombrado.

"Deberíamos ser amigos."

Bárbara alzó una ceja. "Matamos gente juntos. ¿No te basta?"

"Falta compenetración—¡Jo! No de ese tipo, ¿a menos qué se te antoje?—Como decía, falta intimidad. Tenemos una conexión, ¿cierto? Tenemos tanto en común. Mataste a tu mami, yo a la mía, pero aun así, no siento que hayamos tenido la oportunidad de sentarnos a charlar…"

"¿Y pintarnos las uñas?"

Jerome la mandó a hacer una pirueta; como siempre ronroneando sus risas. Lució su edad en esos momentos, algo ebrio en vodka y ponche de frutas, no tan coordinado como lo había estado en las noticias de las 6. Al volver a su lado, Bárbara acarició una mejilla pálida en deseo pasajero.

Jason hubiera adorado dejar marcar en aquel rostro bello.

"¿De qué querrías charlar?"

Jerome persiguió la mano de Bárbara en similitud de una mordida perruna. "Haz sido una mala, mala chica."

Bárbara asumió el baile como concluido. Empujó a uno de los Maniax de un asiento para reemplazarlo. Se las ingenió para hacerse compañía de una de las botellas de champaña que habían sido abandonadas. "Necesitarás ser más específico, Petirrojo."

"¡Mm!" Entre saltos de conejo, el Omega tiró otro cuerpo para dejarse caer en el asiento paralelo. Señaló inmediata atención a la rubia con su cuerpo entero. "No me dijiste que mataste a tu noviecita."

Bárbara frunció el ceño. "Leíste la revista de chismes equivocada, me temo."

"Leslie Thompkins. Medica forense." Jerome escribió en el aire con sus dedos de bolígrafos. "Degollada hasta desangrarse. Crimen pasional. Encontrada en la tina—"

El estruendo de la botella de champaña siendo quebrada mató la oración. Instantes después, si el tipo no se callaba, sería su cuello el degollado con vidrio afilado.

"No tengo idea de qué estás hablando." Jaló del cabello rojizo, para acercar la cabeza del muchacho a las múltiples navajas de la botella quebrada. Presionó un milímetro, y una línea de sangre se abrió fácilmente.

Jerome lamió sus labios. Sus pupilas amplificadas mostraron lo excitado que encontró su posición. Porque Jerome era fenómeno de la naturaleza.

"Comprendo lo que te pasa. Recuerdo… la culpa primeriza. El shock inicial. Luego, quieres hacerlo de nuevo… sólo para repetir la infinita satisfacción…Mmmm." Un gemido vibró de su garganta, implicándose en otra línea de sangre con el movimiento de su manzana de Adán. "Además, la tipa quería follarse a Jim Gordon. Nadie puede culparte."

Sus manos habían comenzado a temblar. Su corazón latía tan fuerte que Bárbara juraba podía escucharse por todo el penthouse.

"Ooooh sí. Recuerdo. Olía a pantys mojadas cuando la conocí, siguiendo a Gordon por el circo. ¡Aw, pequeña perrita en celo! ¡Por favor, préstame atención, querido Alfa!"

"¿Vas a permitirle hablarme así?" Leslie se quejó detrás de Jerome, apareciendo con la gracia de una serpiente. Sus largas piernas se deslizaron por la longitud del sofá sin producir fricción. Había cambiado. Sombra pesada en color negro cubría sus parpados, y su cabello había crecido. El traje de sastre ahora a su disposición, la hizo ver intimidante. La frialdad en sus ojos, resultó totalmente desconcertarte.

Bárbara soltó la cabellera de Velaska. La botella fue tirada hacia la parte trasera del sofá. Alguien chilló con el impacto. "¡Hazme el favor! ¡Son mentiras! Calumnias de la GCPD para querer retacarme por más tiempo dentro del manicomio."

Jerome limpió la sangre de su cuello con sus dedos. Prosiguió a lamerlos con la inocencia de un infante que jugaba con su comida. "¡Deberías invitarla a la fiesta, entonces!"

-Ella ya está aquí. ¿No ves?

¿Por qué nadie más podía verla? Leslie estaba sana y salva, recorriendo la sala en estos momentos con repugnancia en sus facciones.

("Lee… murió.")

Tanto extrañarla, para en aquel momento, Bárbara no deseara darle la cara a Les'. Podía sentir la mirada de la mujer recayendo en su ser, tras su examinación de personas ebrias. El efecto no fue placentero.

"¿Qué es… esto?" Un dedo índice, tintado de púrpura, repasó un sendero sobre el triángulo de piel desnuda que se descubría por el doblez de la bata.

Era una mordida. Tabitha la había producido en acto pasional, enterrando sus dientes en la hondes de su clavícula. Bárbara golpeó la mano fría de Les para alejarla. Fingió no ver la expresión lastimada que causó con su indiferencia.

"Leslie… no es muy fiestera que digamos."

Jerome fue cómplice a su sonrisa sabionda. "¿Gusano de biblioteca?"

"Oooh. No tienes idea. Mojigata de corazón. No sabía el significado de la diversión hasta que me conoció."

"Mm." Velaska sobó su mentón con profunda concentración. "¿Sabes qué? En mi experiencia, esa clase de personas, es la que posee más potencial. Quiero decir… ¡basto yo como el mejor ejemplo!" Una oleada de típicas risas condimentó el comentario. "Aw, pobre Jerome, fiel a su tarea de limpiar estiércol de elefante, metido en su propio mundo. ¡Mírenlo! Patético, hablándole a su serpiente porque es lo único que puede conseguir de amiga. ¡Nadie…. Me vio… Venir!"

"Sé a qué te refieres."

Bárbara caminó hacia el ventanal que mostraba las luces nocturnas de la ciudad. El reflejo de Leslie estaba distorsionado. En blanco y negro. A colores. Sólido. Semitransparente. Nítido un segundo, borroso al siguiente.

"Nadie me vio venir a mí tampoco."


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Mandar volando a traficantes de cocaína por las ventanas de bodegas abandonadas era algo rutinario.

Hoy, sin embargo, tenían una misión.

Después de terminar con el juego ¿Quién quiere convertirse en cohete humano?, Jim se acercó al líder la banda con la vil intención de inyectarle el terror de los mil demonios. "Jerome Velaska. Ataque al GCPD. ¿Les refresca la memoria?"

Bullock alistó una silla para involucrarse al interrogatorio sin tener que cansarse de más.

"Alguien en la calle está hablando. Alguien sabe algo."

Delfino y su gente no sabían hacer otra cosa, más que negar con su cabeza. Bullock sacó la foto de Jerome. "Pelirrojo, risa demente." Prosiguió con una de Bárbara. "Puede que esté corriendo las calles de la mano de esta linda rubia."

Delfino estaba empapado en sudor. Muy probable, también en orina. "No sé nada. ¡Hablo en serio!"

Jim se tornó a su compañero. "¿Le crees?"

"Nop."

"Yo tampoco." Un puñetazo prosiguió como estrategia de interrogatorio. Delfino escupió sangre. "Velaska intentó asesinar a nuestra Comisionada, y Kean mató a una de nuestras amigas. Quien los oculte, quien esté protegiéndolos, será el siguiente. ¿Te queda claro? Ahora… corre la voz."

Jim lo tomó de un hombro, y Harvey del otro. La cuenta de basuras humanas aprendiendo a volar fuera de ventanas, se alzó a ocho.

Apenas a un día de la masacre en la estación, Jim sentía que les faltaba tiempo.

Al regresar al GCPD, Harvey no desistía de su idea de hablar con el Pingüino, y aunque Jim reconocía que Oswald debía tener alguna clase de información, no deseaba verle la cara tan pronto.

Prefirió arrancarle la cabeza a una de las oficiales en alaridos, al verla quitando las bandas de plástico de la oficina, justo debajo de la placa: CAPITANA ESSEN.

"¿Qué crees que estás haciendo?" Aun viendo el miedo en el rostro de Ramírez, Jim no se frenó. Se desquitó con la mujer y con el resto del cuerpo policíaco, porque fue mucho más fácil que sentarse y dejar el tiempo pasar. Fue más fácil que dejar que todos olvidaran que una buena mujer había perdido su vida entera en nombre de la justicia, y le debían su lealtad.

"Sarah Essen está luchando por su vida y nueve de nuestros hermanos perecieron en esta casa. ¡En nuestra casa! ¡Su asesino estuvo parado allí, y se rio de nosotros!" Una vez que tuvo la atención absoluta del precinto, Jim intentó tranquilizarse. "Nunca lo olviden."

Se dio la vuelta con el destino a su escritorio. Se congeló a ver a Bruce esperándolo. ¿De dónde diablos había salido?

"¿Cuánto tiempo tienes esperando?"

"Depende. ¿Contando desde anoche?" Había una bolsa de papel en el escritorio, en conjunto de un envase de líquido caliente. "Te traje tu almuerzo."

Jim se fue directo al vaso térmico. Hizo una mueca con el sabor. "Esto no es café."

"Claro que no. Es té. Ingerir más cafeína puede que reviente tu corazón a estas alturas." Bruce se levantó del asiento del detective para acomodarse en una orilla. "Ahora, come."

Con un resoplido, Jim obedeció. La bolsa de papel fue destrozada con la necesidad de ingerir carbohidratos. El olor de la hamburguesa lo hizo salivar. Fue lo más maravilloso que su boca pudo saborear. Recordó que sólo había sobrevivido de café y dos bagels durante la madrugada. Terminó con la mitad de la hamburguesa en una sola mordida.

"En una escala de 1 a 10… ¿Cómo calificarías tu gusto por trucos de magia?"

Jim esperó que su mirada dejara en claro sus sentimientos al respecto. "Creo que le rompí la nariz a un payaso en una ocasión." Dejó caer la hamburguesa sobre las envolturas; limpió sus dedos grasosos con las servilleta que Bruce le acercó. "¿Por qué?"

"Esta noche es la gala del Hospital Infantil de Gotham." Aclarando su garganta, el joven levantó su cara de la examinación de su bolsillo deshilado. "Necesitarás un tuxedo."

Sinnúmero de protestas estuvieron en la punta de su lengua, y todos empezaban igual: "No puedo."

Un suspiro impaciente le arrebató la palabra. "Sé que es una pérdida de tiempo. Pero es parte del trato que hice con Alfred. Le di mi palabra que contribuiría en mejorar mi imagen pública. Mi familia fundó el Hospital. Tengo que estar al pendiente de su legado."

"Entiendo esa parte; es la parte que me incluye vestido de pingüino, la que no tiene sentido."

Bruce recolocó la bebida caliente de Jim justo frente a sus narices. Algo del té se escurrió por el escritorio con el súbito movimiento. "Tú también formas parte de la familia, ¿recuerdas?"

Una voltereta en su pecho manifestó los nervios de Jim. "Bruce." En teoría, más palabras debían de seguir, pero algo se averió en la comunicación boca-cerebro.

Además, Bruce apenas comenzaba. Una de sus piernas cubiertas en mezclilla ceñida estaba jugueteando con las del Detectives, halando del tobillo del hombre ligeramente con sus sneakers. El pequeño diablo sabía cómo distraerlo. "Por lo menos eso pensé, cuando firmé los papeles del ayuntamiento."

Jim se retorció en su silla, pensando en las miles de excusas que podía utilizar, y que ni siquiera serían mentiras. Optó por sacar la bandera blanca. "Debes estar realmente desesperado para usar esa carta contra mí."

Nunca tendría la certeza si parte de la inocencia plasmada en el rosto fino del Beta era autentica, o completamente fabricada. "Alfred dice que contarán con un Mago para el show. Si te apetece romperle la nariz, prometo no atravesarme en tu camino."

"Gracias por la consideración." El detective alzó una mano antes de que el Beta pudiera cantar victoria. "Haré lo posible por atender—¡Áh, áh! Pero no hago promesas. Sabes que estoy siguiendo pistas de Jerome por toda la ciudad."

"De acuerdo." Mágicamente, el puchero de Bruce fue transformado en una sonrisa radiante. "La Gala es a las 8:00. Deje tu atuendo de pingüino en tu casillero."

"¿Cómo sabes cuál es mi—?"

La interrupción fue a causa de un beso en su mejilla.

"Gracias." Se le murmuró, nariz a nariz.

Jim le sonrió al concluir el gesto. Le empujó en retroceso, antes de que ambos se emocionaran de más—Algo que estaba sucediendo a menudo desde su reconciliación—Lo último que quería, era dar espectáculo a todo el precinto.

"¿Wayne, otra vez por aquí? Necesitas hobbies, niño." Bullock subió las escaleras como si Lucifer lo estuviera persiguiendo. Mordió el resto de la hamburguesa de su compañero. Hizo la misma de mueca al probar el té. "Jim, muévete. Álvarez contactó al Jefe del circo. El adivino ciego, ¿padre de Jerome? Pagó su fianza. ¡Tenemos una dirección!"


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Fin de Parte 23b.

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