"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne & Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Ya saben, los OTP's absolutos.
Rating: PG-13.
Resumen: (Alfa/Omega/Beta 'verse) Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado.
Continuidad: Rise of The Villains. Situado durante los hechos del episodio 2x03 "The Last Laugh."
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24.
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"Desperté,
Estaba atascado en un sueño
Estabas allí
Destrozando todo."
-Mikky Ekko.
("We must be killers.")
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"Es una pérdida de tiempo."
"Le escuché las primeras treinta veces." Alfred estaba demasiado emocionado, en su opinión. "Teníamos un trato, ¿no? Parte de él es que retome parte de su vida normal. Diviértase un rato. Habrá un mago, recuerde. ¡Le encantan los magos!"
"Odio a los magos."
"¡Piense en los niños con cáncer, entonces! Dios. Nunca imagine que tendría que convencer a un niño—"
"No soy un niño."
"—de divertirse!"
Bruce rodó sus ojos. "Tengo otras formas de divertirme."
"Disculpen." Una introducción femenil se apareció entre mayordomo y protegido. Provino de sus espaldas. Al girarse, Bruce sintió sorpresa al reconocer al origen.
"Sra. Blake."
"Sr. Wayne." El eco fue realizado con aire divertido. "Lamento interrumpir, pero los miré entrar. Sabía que tenía que venir a saludar."
"Por supuesto." Había transcurrido un largo tiempo desde que Bruce había tenido algún encuentro con ella. El hecho que solía darle la mitad de una barra de chocolate Tumbleron a escondidas en algunas de sus visitas, aún estaba presente en el recuerdo de Bruce. Eran raras las personas que eran dulces con él. "Le presento a Alfred Pennyworth, mi guardián. Alfred, te presento a la madre de Johnny."
Tanto fue su apuro por estrechar la mano enguantada de la mamá de Johnny, que el mayordomo mandó a volar el brazo de Bruce.
"Un placer, Madame-Madre-De-Johnny."
La mujer rió suavemente. "Tengo un nombre de mejor uso. Mary. Me alegra verlos por aquí."
Normalmente, la señora Blake no era una mujer descuidada con su imagen. Sin embargo, esta noche se estaba luciendo. Encajaba con la crema y nata de la alta sociedad sin problemas. Su vestido de gala era un rosa roja sirviendo de capullo alrededor de su figura.
"Bruce, nunca mencionaste que tenías escondido un caballero tan galán en tu hogar."
Bruce no tuvo idea cómo responder.
Vergüenza, era de esperarse con la forma que el pecho del Alfred se infló con el cumplido. Lució exactamente a una de las palomas que Selina rescataba, esponjadas en su búsqueda por calor en noches friolentas.
Suspirando, el Beta se resignó. Las leyes de la atracción, repetidamente sobrepasarían su comprensión. "Usualmente lo tengo encadenado en el sótano, pero pensé que sería bueno sacarlo esta noche a… tomar aire fresco."
James Gordon estaba mirando hasta a su propia sombra con desconfianza durante su entrada al salón Capitale. Bruce no debió de haberse preocupado, porque el tuxedo le estaba haciendo la justicia que la forma del detective merecía.
-Brillas como un penny. Bruce recordó el dicho que su madre siempre había usado para elogiar a su esposo.
Con excepción de que un penny nunca sería suficiente para denominar el conjuro de alguien como Jim Gordon.
James lo detectó en cuanto sus zapatos lustrados lo arrastraron al estómago de la bestia. Con sus miradas uniéndose, el cuerpo de Bruce interpretó el gesto con su propio lenguaje, moviéndose hacia el Alfa.
Quizás, las leyes de la atracción no le eran tan indescifrables.
"Viniste." Parpadear fue un reto; pero mirar directo estaba lastimando sus ojos. Que dilema.
"Sí, bueno. Dijiste que tendrían un mago." Jim sonrió inseguro. Jugueteó con sus gemelos, hasta que Bruce se ocupó de frenarlas, tomando ambas muñecas gentilmente para devolverlas a sus costados respectivos. El contacto piel a piel los cargó de electricidad.
Flashes de cámaras se desataron detrás de James, exiliándolo aún más de territorio familiar. Bruce reforzó su agarre, en temor que los puños del Alfa fueran a querer volar antes de que el mago apareciera.
"Tranquilo. Debí advertirte que tomarían fotos de nosotros. Es la primera ocasión que nos ven en público. Alfred ya advirtió que no daré entrevistas."
"No hay problema." Jim murmuró. "Sucedería tarde o temprano." Relajó sus manos y su hombros, frente en alto. Cuando Bruce lo soltó, fue sorprendido con la iniciativa que el hombre mostró frente a los medios. Colocó una mano en la espalda de Bruce para guiarlo de regreso a su tutor.
"Mira nada más, acabo de obtener la noche libre." Alfred no escondió su elación con el prospecto de no actuar de niñero. "Qué bueno que te nos unes. Sería aún más bueno, claro, si el amo Bruce y tú fueran a la barra por algo para refrescarnos."
Bruce tuvo la intención de dejar en claro que no estaba dispuesto a moverse de su lugar. Una mirada furtiva de la Sra. Blake, sin embargo, le recordó de la existencia de modales. Esta noche, Bruce no sería responsable porque su madre se fuera a revolcar en su tumba. "¿Le gustaría algo en especial, Sra. Blake?"
"Sólo agua mineral." En agradecimiento, la mujer presionó su antebrazo con suavidad.
James no pidió por ningún tipo de trago, transparente en su distracción dentro de su propia mente; Alfred fue dejado con su mentón entreabierto, puesto que Bruce se retiró antes de escuchar alguna especificación. Si agua mineral era suficiente para Mary Blake, también tendría que serlo para él.
"Pensé que te vería por aquí, Mary. Felicidades, el lugar luce…"
Bruce se fue con el inicio de la conversación calando en sus oídos. Le hizo pensar.
Al regresar, Mary era la líder de la plática, y en segundos, el centro de la atención de Bruce.
"–Además, Jim ha hizo lo suficiente amable de cuidar de Johnny cuando mi internado en Arkham se ha dedicado a succionarme el alma. Es un milagro que haya podido concluir mi aportación al evento de hoy, pero… siempre he deseado ser parte de un servicio comunitario, aparte de académico."
Aceptó su agua mineral con gracia. Luego, Bruce se percató de que se había olvidado de la bebida de Alfred.
Jim había estado cuidando de Johnny. La mente de Bruce se atascó en la revelación.
"Es muy noble de tu parte, Mary." Si antes, Alfred había tenido estrellas saliendo de sus ojos, ahora tenía vía lácteas.
Bruce y Jim se miraron uno al otro, uno menos entretenido que el otro, por la saliva saliendo de la boca del mayordomo.
Un integrante del comité del Hospital se le acercó a la Sra. Blake para darle un mensaje en voz baja, junto con una tarjeta. La mujer se disculpó. "¡Oh! El deber llama. Es hora de comenzar."
"Buena suerte." Jim le animó, luciendo algo desconcertado sobre qué exactamente iba a comenzar. "¿No deberíamos tomar asiento?"
"Prefiero estar cerca de la salida." Bruce masculló.
Alfred, por supuesto, alcanzó a escucharlo. "¿Ves lo que aguanto?"
"Niños." Jim los empujó a ambos de los hombros en búsqueda de la mesa reservada para ellos. "Iré al bar. Ahora vuelvo."
Claro. La típica huida.
Mary Blake les dio la bienvenida ante el micrófono, pero Bruce no pudo sumar interés para prestarle atención detenidamente. Ya estaba aburrido, y el evento apenas comenzaba. Alfred fue todo lo contrario, sin embargo. Tenía sus ojos adheridos al escenario.
"¡Sin más demora, les presento al Gran Rudolpho!"
La asistente, colorida de cabeza a pies con su disfraz de plumas y leotardo rosado, se dirigió al cajón gigante que había sido acomodado sobre el escenario. Abrió la puerta una vez, para mostrar que estaba vacía. La segunda ocasión, Rudolpho salió, causando furor con los espectadores.
Todos aplaudían. Alfred estaba aplaudiendo.
Después de presentar a su bonita asistente, el mago prosiguió con su serie de trucos para calentar motores—de su pañuelo sacó una rosa roja; de su sombrero una paloma. Sus trucos no se podían considerar originales, pero efectivos para la audiencia crédula en la que se presentaba.
Bruce giró su cabeza hacia la parte trasera del salón, buscando por alguna pista del regreso de James.
Divisó a Selina, en cambio.
Asomándose por detrás de las cortinas rojas, su rostro redondo brillaba con el maquillaje y la iluminación del lugar. Justo cuando Bruce sintió el impulso de levantarse, la cortina se abrió una fracción más.
Johnny se había cortado su cabello, luciendo maduro y digno del traje de gala que vestía. Tenía un brazo alrededor de la cintura de Selina, naturalidad plasmada en el gesto.
Porque Selina era Selina, al presentir la atención del Beta, la chica le envió una mirada desbordada en desafío.
"¡Necesito un voluntario!"
Bruce endureció su espalda, el mensaje claro: ¿En verdad crees que me importa?
"¡De Tin Marín… de Do… Pingüe!"
El reflector le lastimó los ojos. Bruce parpadeó confundido. Alfred lo apresuró a ponerse de pie con murmullos insistentes, pero no fue hasta que tuvo a la asistente de Rudolpho frente a él, ofreciendo su mano enguantada, que Bruce supo en el lío que se estaba metiendo.
Oh. Un voluntario.
"Vamos, amo Bruce. Siga la corriente."
Diez minutos posteriores, cuando Bruce tuvo una lámina de acero a punto de partirlo en dos, no tuvo a nadie más para culpar que a su mayordomo por su grandiosa idea. Nunca lo admitiría en voz alta, pero su ropa interior pudo haber estado a punto de ser arruinada en el último segundo que el letal Shhhhh atravesó los cajones. Sin embargo, el dolor nunca vino, sólo ilusiones y engaños. Bruce se recordó una y otra vez el procedimiento que armaba todo aquel ridículo truco. Pensar lógicamente lo ayudó a soportar hasta el final del espectáculo.
Al por fin ser liberado del cajón, lo primero que vio fue a James re-entrar al salón, una sonrisa impresionada formándose en su cara.
Sólo al recibir sus aplausos, Bruce se permitió sonreír con algo muy parecido a diversión. Entre la marea de aplausos, la asistente le llevó directo al Alfa, traspasando la mano del chico a su seguridad.
"Buen trabajo."
Bruce no estaba sonrojándose. Sólo se trataba del calor humano encerrado en el salón. Detrás de ambos, Rodolpho ya estaba escogiendo a otro voluntario para el siguiente acto.
"No esperaba que me vieras." Bruce no preguntó por los dichosos tragos que el hombre había ido a conseguir. La mueca que hizo James, fue suficiente.
"Lo siento. Tenía que atender una llamada."
"¿Todo bien?"
Jim le habló al frente, donde estaba una mesa con cuchillos de distintos tamaños estaba siendo destapada por la asistente. Tenía su ceño fruncido. "Essen ha sido diagnosticada. Paraplejia."
Bruce apretó sus dedos alrededor de los de James.
"Lo siento."
"Nunca volverá a caminar. El daño es irreparable."
Rodolpho tenía una cuchilla en sus manos. "Por cierto…"
"¿No se te hacen conocidos?" Jim le susurró al oído. "El Mago y aquella mujer."
"… nadie saldrá con vida esta noche."
La audiencia se llenó de risillas. Escalofríos, sin embargo, recorrieron al Beta. La asistente se inclinó ante el público, removiendo su antifaz por un momento que fue decisivo.
Bárbara Kean les guiñó el ojo, desde el escenario.
El Teniente Rollins nunca esperó recibir una cuchilla directo en el corazón.
Distintas expresiones de caos y violencia se manifestaron en manera simultánea. Gritos. Ametralladoras soltando fuego. Invitados corriendo.
Y James empujándolo hacia la parte trasera del salón. "¡ESCÓNDETE!"
La aglomeración de personas hizo exactamente lo mismo; se llevaron a Bruce a lo profundo del área trasera del salón, bloqueándole de la vista de lo que estaba sucediendo. Gritó por James, por Alfred, a la misma muchedumbre para detenerla—pero la ayuda que recibió se manifestó en un jalón de sus brazos, aislandolo de la estampida.
"¡Por aquí!" Selina lo arrastró hacia escaleras y más escaleras. No fue hasta que pararon en lo que Bruce sospechó ser los pisos inferiores, que fue consciente de que tan lejos se encontraba del salón Capitale. No tenía idea de que les había sucedido a los dos Alfas que había dejado atrás.
"Espera, espera…" Jadeando, Bruce se sostuvo del barandal color oro.
"¡Ya casi estamos en la salida! ¡Muévete!"
"Tengo que regresar."
"¿Estás loco? ¡Ese tipo estaba asesinado a personas!"
"¡No puedo dejarlos! ¡Alfred y James pueden estar lastimados!"
Selina lo sorprendió con un gruñido. "¿De qué les vas a servir? Mejor espera a que llegue la policía y se encarguen del verdadero trabajo."
"No saben lo que está sucediendo. Podría ser muy tarde para cuando reciban una notificación."
"Johnny los llamó. Encontró a su madre inconsciente entre los bastidores, mientras tu jugabas al emparedado humano en el escenario."
Bruce parpadeó. "¿Dónde está Johnny?"
Selina rodó sus ojos. No respondió a la primera, pero el rezongo eventualmente salió de su boca. "Se quedó con su madre. No quiso dejarla."
Bruce se sintió más que justificado en su misma necesidad de permanecer en el lugar. "Es bueno que se vaya familiarizando con tus prioridades, entonces."
"Púdrete." Selina le empujó, pero Bruce no cayó al suelo. La enfrentó cara a cara. "Ve y mátate, si es lo que quieres."
"No juegues con él, Selina."
"¿Qué?"
"Johnny no es como nosotros." Divorciada, pero John Blake tenía una familia. Una mamá cariñosa, y un padre que aunque vivía en Washington, procuraba llevarlo al estadio a ver juegos de béisbol en los veranos. El chico era el epitome de vida normal. Por ello, el mismo Bruce no podía soportar estar cerca de él, la mayoría del tiempo. Le recordaba a todo lo que Bruce no podría experimentar.
Mucha de la ira previa fue atenuada de la chica, pero para cuando Bruce registró su respuesta, ya le había dado las espaldas. "Lo sé."
Al retractar sus pasos por una extensa colección de escaleras, Bruce se encontró con una escena de terror, detrás de las cortinas del backstage.
Supuso que las armas de los guardias habían sido seducción suficiente para regresar a los invitados a sus lugares, aunque ahora sólo eran formas temblantes y temerosas, en lugar de espectadores joviales.
Jim estaba sujetado en la ruleta humana en contra de su voluntad. Las puntadas de su sien se habían reabierto, sangrando de nuevo. Bárbara Kean, por su parte, estaba disfrutando de su participante cautivo a montones, encontrando cualquier excusa para correr sus manos enguantadas por el cuerpo del Detective.
Siempre siendo el centro de atención, Jerome Velaska estaba hablando por el teléfono de James, directo a la cámara que había sido empleada por los reporteros del Canal 5 para cubrir el evento de caridad.
"…hablemos de lo que yo quiero. Veintisiete millones de dólares. Un helicóptero, obviamente. Un pastel con la forma de mi cara. Um, no sé qué más… ¡Un pony!" Se rio de sus propio chiste. "Tiene treinta minutos, Detective Bullock, antes de que comience a matar personas bien vestidas. ¡Ah! Recuerde que estoy transmitiendo en vivo, así que… El contenido de este programa puede subir de clasificación en un santiamén. ¡Bye!" Las risas alocadas que prosiguieron fueron un acto. En cuanto salió del enfoque, Jerome cambió de semblante.
"Creo que me salió bien."
"¡Suficiente!"
Un hombre se levantó del público aterrado. Bruce no lo reconoció como ningún miembro de la Asociación de Caridad, aunque su atuendo y la elegancia de su caminar hablaba de mucho dinero y clase. "Necesitas empacar de vuelta tu patético show y retirarte."
"¿Oh? ¿En serio?"
"Puede ser presuntuoso de mi parte hablar en representación de los ciudadanos de Gotham, pero creo que estaría en lo correcto en decirte… ¡que estamos hartos de ti! No eres más que un hombre insignificante, y malicioso, con una patética necesidad de atención."
Jerome no lo negó. Se mostró adulado.
"Suficiente. Por el amor de Dios, suficiente."
"Tengo curiosidad por saber el motivo de su valentía, Señor…" Ya con el hombre frente a sus narices, Jerome tomó posesión de un hombro para girarlo hacia la cámara.
"Theon Galavan."
"Bien, Señor Theon-Galavan." Amoroso, Jerome acarició el rostro del sujeto mientras le presentó una mortal advertencia. "Vaya a sentarse, guapo, o le disparo en la cabeza."
"Sé que hay una parte decente todavía en usted. Si quiere quedarse con un rehén escójame a mí. ¡Pero, permita que toda esta gente se marche! Dejen que regresen a sus familias—" Un martillazo en la nuca de parte de Kean provocó que el Señor Galavan cayera inconsciente.
Bruce se adentró de regreso a su escondite. Si apretaba sus puños con más fuerza, temía que sus nudillos se fueran a fusionar juntos.
Jerome encontró formas de entretenerse—y a su público—mientras esperaban a que Harvey Bullock respondiera a sus demandas. Disparos de pistolas de agua en rostros aterrados, manzanas siendo reventadas sobre cabezas de senadores—fue toda una función de circo.
Y Bárbara Kean no cedía ni un solo centímetro de la forma de su ex. Bruce no podía escuchar el contenido la conversación entre los dos desde esta distancia, pero podía leer el lenguaje corporal del Alfa. James estaba llenándose tensión con cada minuto transcurrido.
Cuando Kean intentó besarlo, James le escupió en el rostro.
El público, incluido Bruce, produjeron sonidos de sorpresa al ver el puño de Kean doblegar la cabeza de James de un lado a otro.
"¡Todavía no acaban los treinta minutos, mujer!" Jerome la alejó del Detective con su propia dosis de fuerza bruta. "¡Tendré que comprarte un reloj!"
Kean hizo pucheros. "¡Estoy aburrida! Y hablando por experiencia propia, temo decirte que para provocar a alguien como Harvey Bullock, tendrás que subir las apuestas. Cierto, ¿amor?" Al retornar a lado de James, Kean encendió la ruleta. "Comienza a nombrar víctimas."
"Mm." Jerome aplaudió. "¡De acuerdo! ¿Cómo lo hacemos? Ah, orden alfabético. Nombres con A—"
"Siguiente!"
"La B, entonces, querida asistente." Jerome se posesionó del micrófono. "Todos lo conocen y lo aprecian. Pobre niño rico. Padres asesinados en un callejón—"
James estaba convulsionándose en la ruleta, queriendo liberarse a pesar del movimiento.
"—Asi como mi voluntario favorito! Damas, y Caballeros, dónde se encuentra… ¿BRUCE WAYNE?"
El silencio fue peligroso. La pausa que creció los tuvo a todos los presentes en la expectativa.
"También soy huérfano, Bruce, no lo olvides. Recuerdo esa noche, ¿sabes? Fuiste amable conmigo. Tocaste mi hombro y me diste el pésame por la muerte de mi madre. A pesar que era una mujerzuela."
Bruce lo recordaba.
"¡Dios! ¡En verdad apestabas! Me acuerdo bien cómo te gusta presumir frente a los hambrientos lo que bien que tu Alfa te monta a diario—"
"¡No lo escuches, Bruce! ¡No salgas!"
Otro puñetazo, ahora cortesía de Velaska. Bruce no lo soportaba.
"Mata al mayordomo." La sugerencia fue dulce, inadecuada para lo que está alentando.
Bruce supo en ese momento, que nunca odiaría a una persona tanto como a Bárbara Kean.
Ahora sirviendo de señuelo, Alfred estuvo disponible en su línea visión, siendo empujado por los matones de Jerome hacia el centro del salón. El primer instinto de Bruce fue correr hacia él, porque Alfred solía ser el que siempre arreglaba las cosas rotas.
No esta vez.
"¡Sal, sal, de donde quiera que estés, Brucie!"
Respirando hondo, supo que no tenía opción. Emprendió su salida de las cortinas, decidido.
"¡BRUCE!"
Fue el comando, la intensidad de la orden de un Alfa, más la mano que se posó en su hombro para obligarlo a retroceder, fue una combinación que pasmó su cuerpo y mente. La orden implícita en la voz de Jim al gritar su nombre—NO TE MUEVAS—nunca había sido cargada de tanto poderío fisiológico. Fue la primera ocasión que Bruce experimentó tal cruda agresividad combinada con un Mandato.
El efecto sirvió para aturdirlo por unos momentos; no obstante, Bruce no era un Omega. Aunque Jim tuviera las más nobles de las razones, su alcance era limitado, y su control sobre un Beta, bastante efímero.
Al volver en sí, Bruce se dio cuenta que Johnny Blake lo había guiado detrás de un pilar. En su mano, tenía una pistola. Bruce no pensó dos veces, la idea llegándole súbitamente. "¿Está cargada?" No había tiempo para preguntar de dónde demonios la había conseguido. Al verlo asentir, Bruce la retiró de dedos laxos. Tenía el seguro desconectado, lista para ser usada. "¿Estás bien?"
Johnny estaba blanco como hoja de papel. "La-La encontré tirada fuera del cuarto de abrigos."
"Alguien debió haberla pateado entre la trifulca. Tu madre, ¿se encuentra bien?"
"Sigue desmayada." La pregunta produjo la distracción que Bruce necesitaba. "La escondí entre los abrigos. ¡No, Bruce, espera!" Johnny no pudo detenerlo esta vez cuando Bruce se le escabulló.
"Uf, ya me aburrí. ¡Dispárenle al mayordomo!"
"¡DÉTENTE!" No hubo freno en esta ocasión, al resurgir de las cortinas. Un reflector se posó en él, lastimando sus retinas. Caminó directo hacia Alfred, sin pausa y sin mirar atrás.
"¿Qué demonios estás haciendo, pequeño?"
Bruce acercó su torso lo más que pudo a su tutor. "Hay un arma en mi chaqueta." Su cuerpo fue arrancado, pero la flexión del brazo de Alfred al extraer el objeto en cuestión, fue precisa.
La mano presionando su estómago pertenecía a Jerome. La navaja en su cuello dolió. El olor de Omega no le sentó bien a su estómago. Bruce intento quitarse la mano ajena de encima, no soportando el contacto tan íntimo, pero Velaska resultó ser más fuerte físicamente de lo que aparentaba.
Alfred fue alejándose de su vista al ser arrastrado al escenario. Velaska ordenó a sus matones revisar el sitio por donde Bruce había salido, y alarma lo recorrió. ¿Seguiría Johnny allí?
"Y mata al mayordomo, de todas formas."
Alfred estaba rodeado, sin siquiera oportunidad de usar el arma. Bruce gruñó en frustración. Sus piernas dieron patadas. La navaja en su cuello se apretó.
Disparos tronaron por el salón. Bruce fue testigo de los sesos volando fuera de la cabeza del lacayo que había estado a punto de llevar a cabo la orden de ejecutar a su guardián. Alfred, afortunadamente ahora con la distracción, sacó el arma que Bruce le había otorgado.
Más disparos. Más gritos.
Harvey Bullock fue un toro desatado, disparando a diestra y siniestra, cero duda en sus movimientos. Limpió el flanco izquierdo del salón con una habilidad extraordinaria, a la par y perfecta sincronía con Alfred, quien se encargó de hacer lo mismo con el espacio restante del Capitale. Quedaron en impasse frente a Jerome, no obstante, porque el cobarde usaba el cuerpo de Bruce como escudo.
"Deja ir al muchacho, Chucky." Bullock dijo, sin bajar el arma. "Te echarás encima más problemas de los que tienes ya."
"Mantén la calma, Bruce." Alfred le habló directamente.
"Parece que nos encontramos atrapados juntos, Brucie." Jerome le susurró. Su aliento fue dulce. Como golosinas de mantequilla. "¿Qué dices? ¿Alzamos los ratings de este espectáculo?"
"Si muero, tú mueres." Todo indicó que el psicópata no había esperado una réplica. "En el momento que me mates… mi Alfa te destrozará."
Bruce no mentía. No tenía idea exacta de lo que James era capaz de hacer, y ese mismo desconocimiento, era una respuesta. Si James era un alfa propenso a entrar en modo Berserk en un día normal, era difícil imaginarlo en una situación donde Bruce…
"Dije, suficiente."
La petición no vino de su boca. Bruce parpadeó. Su torso fue liberado, al Jerome darse la vuelta para darle cara a Theon Galavan.
Fue por los gemidos de horror de los invitados que Bruce supo que algo más horrendo había sucedido a sus espaldas.
Jerome estaba cayendo al suelo sujetándose al Señor Galavan. Una navaja estaba encajada en su yugular. Bruce no pudo despegar su mirada de la sangre que estaba rebosando de la boca del Omega.
"¡Harvey, ve trás ella!"
El grito de James lo regresó a la realidad. El Detective Bullock ya estaba sobre el escenario, tirándose encima de la mujer. Kean se introdujo a la columna de acero por la que había salido en primer lugar. Una cortina roja escondió su figura. Para cuando Harvey Bullock jaló de la tela, no había rastro de la Omega.
Bruce estaba siendo abrazado por Alfred con desesperación en un parpadeo. Bruce se permitió un momento de disfrute—suspiró en el pecho del Alfa, sintiéndose seguro y cálido—pero se desprendió del hombre, respondiendo a la necesidad de atender a otro.
Jim estaba siendo ayudado de la ruleta por Bullock. Sus piernas, al ser liberadas, no lo sostuvieron. Bruce fue una oportuna ayuda, entonces, sumada al soporte que alguien tan corpulento como el otro detective podía dar.
Su Alfa quiso empujarles en advertencia—"Creo… que voy a…"—pero el vómito le ganó a su voluntad.
"Ew, Jim. Que desperdicio de tamales."
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Otra noche.
Otra oportunidad para que su cabeza se sintiera a punto de partirse en dos.
Cuando los buitres aterrizaron con sus uniformes de paramédicos, Jim ni siquiera les dejo acercársele.
Laura Martínez, quien a estas alturas, estaba tan harta como Jim de coincidir con tantas crisis junto con él, le aventó un paquete gazas a la mesa. "Por lo menos, limpia tu cara, pareces tú el asesino serial, Gordon."
Jim lo hizo. Robó agua mineral de una copa abandonada y trató de limpiarse lo mejor que pudo.
Todo lo que deseaba, era irse a casa. La mera idea lo hacía gemir con nostalgia. Estaba exhausto hasta la profundidad de sus huesos.
La camilla con el cuerpo de Jerome le pasó por enfrente. Jim siguió el cuerpo, levantándose de la mesa del evento. Detuvo al oficial a cargo, sólo lo suficiente para destapar la cara del occiso.
El bastardo había tenido la osadía de morir sonriendo. Feliz.
"Directo a la morgue de la GCPD, ¿entendido?" Ordenó, volviendo a cubrir con la sabana al monstruo que había perforado la espina dorsal de Essen.
"¿Listo, entonces?"
Como el mayordomo de excelencia que era, Alfred cargaba con los abrigos de Bruce y Jim en sus brazos. Fue una ayuda necesaria para Jim a la hora de colocarse el suyo, y a terminar de enmendar el desastre de su rostro con más agua mineral.
Jim miró hacia el escenario, diez minutos después. Bruce estaba siendo abrazado por Mary Blake en despedida. Tal visión le hizo sonreír, a pesar del dolor facial.
Se tornó de regreso a Alfred, pero el Alfa se había movido de su lugar.
Lo encontró acogiendo la mano de Theon Galavan.
"Salvó la vida del amo Wayne. Si hay algo que pueda hacer por usted, lo que sea, sólo nómbrelo."
"¡Oh, no! Yo sólo hice lo que cualquiera habitante de esta ciudad haría."
"Me gustaría creerlo." Jim se metió en la conversación, atrayendo la atención de Galavan de inmediato. No pareció reconocerlo, a pesar de haber cruzado caminos en la Ceremonia de Reconocimiento de Essen. "Jim Gordon."
"Theon." Vino la automática réplica. A Jim le desconcertó su mirada. Como si Jim fuera una revelación. Su mano fue suave en su apretón, acogiendo los dedos de Jim con fuerza. Tardó en dejarlo ir. "Creo que estamos olvidando que el verdadero héroe fue tu muchacho."
Tu muchacho. Jim carraspeó su garganta, tomado desprevino. Había olvidado, entre el caos, que Bruce ya no era sólo su pequeño y sucio secreto. Habían sido expuestos ante la alta sociedad, y dentro de poco, lo estarían ante toda la ciudad. "Es un chico valiente."
"¡Vaya que sí! Apuesto que sus padres hubieran estado increíblemente orgullosos de él."
"Oh, sí. Definitivamente. Después, claro, se hubieran dedicado a despedirme por haberle permitido a su hijo hacer algo tan estúpido."
Galavan rio. Los miró a ambos con aire de connivencia. "Bien. Como sean las circunstancias, en caso que necesiten mi ayuda no duden en contactarme, ¿de acuerdo? Estamos juntos en esta batalla, después de todo."
Un buen discurso para un excelente político, en su opinión. Galavan fue guiado por el paramédico fuera del salón, pero a Jim le costó limpiar sus fosas nasales de su aroma. Estar en su cercanía fue como aspirar gasolina.
"Creo que esto les pertenece." Bullock se les unió con cierto Beta siendo empujado en la dirección de Jim. Bruce tenía un parche adherido a su cuello, cubriendo la herida causada por Velaska. Jim tocó el área con delicadeza, ganándose una sonrisa valerosa del joven. "Me quedaré en la escena. Deberían irse a casa, pueden dar sus declaraciones mañana temprano."
"Puedo—"
"Nop." Harvey le advirtió con una mirada fulminante. "Vete. A casa. He visto hasta tus tripas el día de hoy, Jim. Al', desaparécemelo de mi vida, por favor."
"Aye, aye, Capitán." Y justo frente a los ojos inocentes y puros de Bruce y Jim, Alfred tiró a Harvey de la corbata para plantarle un beso.
Jim no supo donde no mirar; su mano tapó la cara de Bruce, porque Harvey fue un pulpo en cuestión de segundos. Jaló al muchacho en dirección de la salida, pero ni aun así, fueron lo suficiente rápidos para evitar la continua violación auditiva.
"Oye. Nadie le apunta un arma a mi hombre, a menos que quieran perder la maldita mano." Harvey gruñó, y la nalgada con la que despidió a Alfred del lugar, hizo eco por el mausoleo.
Decidido. Jim nunca se pararía de nuevo en ningún evento de maldita caridad.
Mandaría un cheque la próxima vez.
[+]+[+]
En la pantalla, el gato Silvestre estaba enfrentándose a ratones asesinos para salvarle la vida a su dueño porcino. John estaba a tres parpadeos de rendirse al cansancio, pero la ventana abierta de su recamara por fin dio frutos.
Se reincorporó sobre la cama con torpeza, reconociendo primero el aroma, y luego la silueta sentada en la ventana.
"¿Estás bien?"
"¿No debería ser yo, la que te pregunte eso?"
Selina había abandonado el vestido por su usual atuendo de cuero. Tenía sentido, considerando que el frio de las dos de la mañana no sería amable para sus piernas descubiertas—John extrañó el vestido, sin embargo.
"Estaba esperándote."
La chica se despegó de la ventana. Se adentró a la recámara con cuerpo duro y voz fría. "¡Porque eres un tonto!"
John hizo señales con sus manos para indicar que no era ideal hablar tan alto. Su mamá dormía en la siguiente habitación, y aunque estaba ligeramente sedada, explicar la presencia de una chica en su cuarto era lo último que quería hacer. No sobreviviría la humillación (o el castigo que se ganaría).
Selina hizo caso omiso, bastante inspirada en su discurso. "Vine a decirte que no somos amigos, ¿de acuerdo? No soy una chica buena, y no me interesa aparentar ser alguien que no soy."
"¡De acuerdo! Eso… eso es bueno."
Selina fue iluminada por la televisión. Su cara estupefacta le dio a Johnny la oportunidad de acortar la distancia entre los dos. Tocó los googles de la cabeza de la chica para tumbarlos de la cabeza llena de rizos castaños.
"¿Lo es?"
"Claro, porque ser tu amigo, no es lo que quiero."
Selina lució más adorable en aquellos momentos—mejillas rosadas, ojos engrandecidos con residuos de sombra plateada—que cuando Johnny la había visto arribar al Capitale luciendo como una princesa.
Una princesa hurta-carteras, por supuesto.
Lo tomó como buena señal que Selina le dejara juguetear con sus rizos. Por un momento, Johnny fue víctima de una larga inspección, de arriba abajo, de adentro hacia afuera. En conclusión, Selina sólo le empujó del pecho levemente.
"Eres más tonto de lo que pensé."
"Conozco a muchas chicas buenas, ¿sabes? Usualmente, en el fondo… no lo son en verdad." Sólo recordar a sus compañeras de clase, le trajo a John escalofríos. En especial el escuadrón de las porristas de su secundaria. Todas las chicas estaban obsesionadas con ser populares, y tener duelos de egos entre ellas mismas. Selina era completamente distinta. "Tú eres más honesta que muchas de ellas… Y si ser honesta significa ser considerada mala, pues…" Se encogió de hombros. "No tengo problemas al respecto."
"Te dejé." Selina susurró. Probablemente sin intención de mostrar su culpa, pero John lo vio. Vio el remordimiento. "Te dejé a ti, y a tu mamá cuando necesitabas ayuda, y siempre será así. Siempre pensaré primero en salvarme."
Cierto. En su momento, había dolido voltear y darse cuenta que Selina se había esfumado. Johnny prefirió enfocarse en lo positivo. "Ayudaste al Detective a entrar al edificio. No hubiera llegado a tiempo, si no hubiera sido por ti. No creo que seas una mala persona… Sólo alguien… ¿Que no está acostumbrada a hacer cosas buenas?"
Pensativa, la Alfa bajó su rostro. Retiró la mano de Johnny con la suya. "Vete a dormir, cabeza de chorlito."
Johnny sonrió.
Selina tuvo la cortesía de cerrar la ventana detrás de sí.
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Fin de Parte 24.
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NdA: Es mi fanon que Lizzie Caplan es la perfecta Mary Blake. Y sí, ahora le tocó a Jim ser la damisela en peligro. Considero irreal que Jim estuviera en óptimas condiciones físicas en este episodio, considerando que el día anterior había sido atacado tan brutalmente en la estación de policía.
