"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne, Alfred Pennyworth/Harvey Bullock, Bárbara Kean/Lee Thompkins, así como implicaciones de Jim Gordon/Otros.

Rating: Adult.

Resumen: Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado. (Alfa/Omega/Beta 'verse)

Continuidad: Rise of The Villains, 2x05 "Scarification." He cambiado, sin embargo, la secuencia de algunas escenas para mi conveniencia.

ADVERTENCIA: GALAVAN SIENDO GALAVAN.

Nota importante: Estoy increíblemente triste por la próxima cancelación de Gotham. Acabo de ver el Season Finale de la 4ta temporada, y la última toma fue tan hermosa y perfecta entre Jim y Bruce, que pensar que solo tendremos 13 episodios más, hasta Enero del 2019, me rompe el corazón.

Sin embargo, el show debe continuar, ¡y así también lo hará Te Encontré!


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26.

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"Mira lo que me provocaste hacer."

-Taylor Swift.

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Los días se fueron como agua al mando de Barnes.

Atacaron todos los lugares clave para el lavado de dinero del Pingüino, uno tras otro. El equipo Alfatenía sus colmillos bien afilados para la tercera semana en servicio, y Gordon nunca había estado de mejor ánimo en su vida. Barnes era lo que la Comisaría había estado necesitando. Sus métodos arriesgados estaban dando resultados, de una manera que la naturaleza negociable de Essen nunca había logrado.

Jim se sentía culpable por pensarlo, pero no dejaba de ser verdad. Así como Harvey había sido demasiado como Essen, Jim era demasiado como Barnes. Y la vieja forma de hacer las cosas nunca los hubieran llevado al punto victorioso donde ahora estaba el GCPD.

Fue justo durante uno de los arrestos en masa dirigidos por el nuevo Capitán, que Jim todavía electrizado con la adrenalina, se acercó a Barnes con el propósito de perpetuar la continua destrucción de Cobblepot. "Hay un lugar, llamado el Merc. Es usado para vender toda clase de armas. Nunca han sido arrestados, porque le pagan a la mitad del Ayuntamiento."

El rostro de Barnes brilló con renovada sed. "¿El Merc, eh? El Ayuntamiento puede besar mi trasero. Les caeremos de sorpresa mañana. ¡Pinkney! ¡Olvida mi orden! ¡Nadie merece pantalones!"

Jim estaba trotando a su regreso a la estación. Al cruzar el umbral, sintió las miradas y registró los cuchicheos. Los murmullos. Siempre tenían algo que decir sobre Jim Gordon, algo que criticar para sentirse mejor sobre su propia inútil disposición. Jim estaba acostumbrado a no ser aceptado al cien.

Irónicamente, la persona menos esperada le mostró algo de compañerismo. McGinnis estaba saliendo de la morgue, a medio bostezo alzando su mano para saludarlo con su mano libre, mientras la opuesta sostenía un tipo de slurpy. Siempre enguantadas, la mirada de Jim analizó. "Buenos días, Superhombre."

"Prefiero Ángel Vengador." Jim subió al segundo piso a la par de McGinnis. "¿Terminaste el reporte en―?"

"―la extracción de muestras de ADN de Jane Doe? El reporte ya debe estar en el escritorio de Barnes."

"Gracias." Algo que estaba aprendido, era que Terry solía pelear duro por las víctimas con alta probabilidad de convertirse en casos fríos, si su departamento no se sacaba un milagro de la manga en menos de 48 hrs. Entre Terry y Ed, el trabajo estaba siendo procesado mucho más rápido. "¿Qué hay del cuerpo de ayer?"

"Sobredosis confirmada. Lo siento." Terry hizo una mueca. "Litio con cocaína."

"Demonios." Sólo un niño. Apenas 15 años, y había sido encontrado en el baño público de un antro en la Calle 19 y Hanson. "¿Le han avisado a sus padres?"

"Todavía está en proceso de identificación dental." El Forense frotó su sien, deteniéndose justo en la planta alta para recargarse en el barandal. Jim notó sus ojeras, su cabello grasiento. Le faltaban dos de sus pins en la hilera de su bata.

Antes de procesar lo que estaba haciendo, Jim tomó el hombre de Terry. "Oye. Toma un descanso. Vete a tomar duchar y tomar algo de sol. Luces como vampiro."

"Aw. Te importo."

Fue una broma. Aun así, la frase se enganchó a una parte profunda de Jim. "Nunca dejaste de importarme."

Nitidez regresó a la expresión facial de McGinnis. Sobrio de golpe, el forense tragó saliva.

Jim dio una paso hacia atrás, en terreno menos desnivelado. "Y eso en sí, siempre ha sido parte del problema."

"Jim."

"Escucha." Jim gruñó. "Te debo una disculpa. No he sido justo contigo. Tuviste razón en echarme de la morgue el otro día. Desde que llegaste aquí, no haz dejado de trabajar tan duro como todos los demás… No tengo derecho a juzgarte por tu pasado."

Peculiarmente carente de palabras sabiondas, Terry asintió, aceptando su disculpa sin hacer un gran espectáculo al respecto. "Estoy limpio, ¿sabes? No he tocado nada de esa porquería desde―años."

"Me alegro." Jim tuvo la tentación de volver a levantar su brazo, de apretar el hombro de Terry―de hacer algo para resembrar el antiguo vínculo entre los dos. Viejos hábitos, nunca morían, después de todo. Jim había derramado sangre a los quince años por este hombre. Había mantenido lejos a bravucones de la pequeña cosita frágil que Terry había sido en su adolescencia, sólo porque eso era lo que los verdaderos amigos hacían. Todo había sido más sencillo en aquellos tiempos. El mundo había sido reducido a sólo Jim y su madre viviendo solos, con su hermano lejos en la Universidad de Chicago, Peter Gordon tres metros bajo tierra. "Mira, he estado…" Jim caminó a su estación, sabiendo que Terry lo seguiría.

Jim titubeó un momento. Luego respiró hondo, abriendo el cajón donde guardaba el expediente de la desaparición de Karen McGinnis.

"Creo que es hora que se le dé el caso a un nuevo par de ojos."

Terry miró el expediente―descaradamente delgado, vacío de algún tipo de información útil―como si el folder de cartón tuviera guardado el mismísimo cadáver de su hermana en sus adentros.

"Estaba pensando en Bullock. Tiene experiencia y tiene sin números de fuentes que podría explorar."

"¿Para qué?" La monótona voz fue la última reacción que Jim había esperado. "Es una pérdida de tiempo."

Jim frunció el ceño. "No puedes pensar así."

Terry se encogió de hombros. "Han pasado 5 años."

"Y casos aún más viejos han sido resueltos. Siempre hay esperanza, Terry."

Finalmente, la máscara cáustica del hombro encontró fallas, quebrándose minusculamente para los ojos de Gordon. Fue una obra de cuatro actos: negación, dolor ante el recuerdo, resistencia a creer en lo que Jim estaba diciendo, y al final, resignación a tener que enfrentar un monstruo del pasado que nunca se había podido derrotar.

Jim detestaba ver la resignación. Esperaba nunca tener que verla en la cara de Bruce, años en futuro cuando el asesinato de sus padres fuera un recuerdo lejano.

"Escucha. No iré en contra de tu consentimiento. Pero, te lo juro, Terry: Bullock es la mejor opción para olfatear cualquier clase de pista."

Terry ya estaba haciendo gestos con su mano enguantada de "adelante", como si estuviera permitiéndole a Jim un capricho. Sin perder el ritmo, Jim dejó el expediente en el escritorio.

Cuando volteó, lo hizo justo a tiempo para ver la espaldas de Terry escabullirse por las escaleras.

Jim suspiró.

Siempre huyendo.

"Detective, Gordon."

La voz vino de las escaleras opuestas, acompañada de la silueta de la última persona que Jim esperaba ver.

"Buenos días." Theo Galavan extendió su saludo, solemne en apariencia. Jim apenas estaba abriendo su boca- "Me preguntaba si podíamos hablar a solas." -Pero Galavan parecía venir ya un propósito.

"Claro." Dando una vuelta a sus alrededores, Jim lo invitó a tomar asilo en la oficina vacía de Barnes.

"Gracias por brindarme un poco de su tiempo. Sé que es valioso."

"Oh, no hay problema." Jim intentó no verse tan confundido como se sentía. "A decir verdad, creo que una disculpa está en orden. Los dejé plantados el otro dia. Lo siento, Bruce me contó que tuvieron una buena charla."

"Fue un placer conocer al joven Wayne más a fondo. Es una chico inteligente."

Jim sonrió.

"Pero, no. No es la razón de mi visita. Verá…" Fue a manos de Galavan, que la puerta de la oficina terminó de cerrarse. Las voces activas de la estación bajaron considerablemente de volumen. "Esa noche… en la Gala. Sigo repitiéndola en mi mente."

"Yo también." La repasaba cada noche, sólo para no dejar de sentirse afortunado de escuchar a Bruce quejándose por las mañanas por los diferentes tipos de corbatas que tenía que vestir para el Colegio que detestaba.

"Nunca había matado a una persona antes. El miedo, la sangre…"

Este pobre hombre. Jim no tenía idea que tipo de consuelo dar. Su incómodo silencio lo probó.

"Lo revivo, una y otra vez." Galavan no realizó sonido alguno al deslizarse hasta la cercanía de Gordon, quieto en su intensidad. Le recordó a Jim a una pantera. "Dígame, ¿esos pensamientos alguna vez desaparecen?"

"No." Jim ni siquiera parpadeó. "Pero, con el tiempo, pierden poder. Hizo lo correcto."

Galavan asintió, ojos brillando más allá de lo normal. "Supongo que sí. Estoy sorprendido de mí mismo… Pero usted, Gordon, hace esto todos los días. Lo correcto. Por eso la gente habla tan bien de usted. Jim Gordon, usted es un símbolo para la gente de esta ciudad."

Jim se sentía más perdido. Intentó interrumpir, sólo para volver a ser bloqueado.

"Es un símbolo de esperanza. De honor… Por eso estoy aquí. Me honraría que me respaldara para alcalde."

Ah. Jim acomodó sus mano en cintura, meneando su cuerpo con ligeros nervios. "Oh, conque mi respaldo… Me siento halagado pero me temo… que la policía y la política no se mezclan."

"No para un policía de la calle, asumo. Pero usted… Usted es el presidente del sindicato, Gordon. A donde usted guíe, los oficiales lo seguirán. Y eso es más poder del que proviene de un arma."

Jim resopló por sus narices. Galavan estaba pecando de ingenuo. Poco sabía de qué tan poco adorado Gordon era entre sus colegas. "Luce como un buen hombre, Señor Galavan. Pero me temo que mi respuesta tiene que ser no. Yo no me meto en la política."

Galavan lució decepcionado. Sin embargo, alzó su mano para un apretón. "Sé que será mejor no insistir, entonces."

Justo cuando Jim pensó que se libraría de seguir la conversación, Galavan pausó en el umbral, sujetando el marco. "Pero piensenlo, por favor. Usted y yo… realmente podríamos ayudarnos."


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"¿Por qué no?"

Bruce esquivo el derechazo que vino de su compañero de práctica, cubriendo el golpe dirigido a su rostro.

James cubrió su rostro en mismo estilo cuando Bruce le aventó represalias, girando lejos del Beta justo en el último momento. Sus movimientos poseían una gracia que Bruce todavía no dominaba. Le emocionó la noción de algun dia lograr amaestrar tal habilidad.

Ambos se rodearon, balando alrededor del otro. James ni siquiera estaba sudando, analizando cada movimiento que Bruce realizaba.

Como seguía evitando una respuesta, Bruce insistió. "¿No te agrada?"

Jame rodó sus ojos. "Te salvó la vida."

"¿Entonces por qué no quisiste respaldarlo?"

"No me gusta mezclarme en la política."

Tuvieron otro encuentro, entonces. Ahora con James a la ofensiva, no dejando a Bruce tomar descanso por aproximadamente diez minutos. Bruce aguantó el calculador asalto, recordando las previas lecciones de Alfred sobre paciencia. Detectó puntos débiles, codos adheridos al cuerpo en espera, y atacó en la mejor oportunidad presentada, aventando sus puños enguantados en el estómago del Alfa para quitárselo de encima.

"Bien hecho. Aunque, lento." Su oponente masculló. "Me agrada el tipo. Pero tengo que mantenerme neutral. Ser Presidente del Sindicato no me da dere―¡Oye!"

Aprovechó la distracción para un asalto sorpresa, Bruce inició una serie de jabs, barbilla agachada a su pecho, ojos pegados al frente, fijos en el torso que tenía a su merced.

El cuerpo de James se agazapó en protección, brazos bloqueando su rostro y pecho. En un movimiento conciso, su cuerpo rotó a la derecha. En segundos, el hombre colocó distancia entre los dos.

"¡Debí saber que Alfred te enseñaría a pelear sucio!"

Bruce podía jurar que nunca había sonreído con tantas fuerzas. "¿Estabas diciendo?"

Por lo menos, Jim estaba comenzando a jadear por el esfuerzo. Pequeñas victorias. El orgullo de Bruce se sintió menos insultado.

"Cuidado. Podrías terminar uniéndote a la Fuerza de Ataque."

Bruce hizo una mueca. "¿Fuerza de Ataque?"

Jim expresó un mohín de disgusto compartido. "No escojo nombres, solo los dirijo."

"¡En un nombre terrible!" Eufórico con la adrenalina, Bruce siguió a Jim por la longitud de la sala de música, ahora desalojada y convertida en su área de entrenamiento.

Cometió un error. Al lanzarse a Jim es un ataque similar al anterior, se volvió predecible para los ojos del Alfa. Jim lo vio venir y ahora sí estaba preparado. Antes de que los puños de Bruce hicieran contacto físico, Jim lo esquivó, girando a su cuerpo a la izquierda. Su brazo rodeó la cintura de Bruce, y usó el gancho humano para arrojarlo a la camilla acolchada, situando su cuerpo sobre el suyo para mantenerlo abajo.

"Tramposo." Bruce inhaló el insulto con el 90% de su oxígeno fuera de sus pulmones con el impacto.

El rostro ruborizado de James le mostró cejas alzadas y una expresión de incredulidad. "Necesitabas ser detenido, pequeño demonio." James comenzó a levantar su cuerpo, Bruce actuó rápido, impulsando sus caderas y torso.

En un parpadeo, Bruce se encontró en la cima, mirando hacia abajo, a la cara ofendida de Gordon.

Jadeando, ambos permanecieron en silencio, recuperando sus alientos. Bruce, más que James, para su desgracia.

Las caderas del Alfa buscaron escape. Bruce endureció su piernas y dejó caer su peso para frenarlo. Siguió con su mirada, el cuarto de piel desnuda destapado de la camiseta de ejercicio. La dureza de los muslos del hombre en lo que Bruce se sostenía, para no caer.

Bruce respiró hondo, centrándose. Blanqueó su mente.

Se retiró del cuerpo de Gordon para acostarse a su lado, boca arriba.

"A mi me agrada. El señor Galavan, quiero decir."

"A mi también." Percibió el rostro de Gordon doblándose en su dirección. "Aunque, puede llegar a ser un poco…"

"¿Intenso?"

"Exacto."

"Creo que hiciste lo correcto. No por nada mi padre se mantuvo alejado de la política. Y recuerdo que siempre le hacían invitaciones para tener alguna posición en el Ayuntamiento."

"Son buitres, Bruce." James anunció con dramatismo. Luego, el sonido del velcro de un guante siendo desprendido resonó por la sala. Bruce observó a James quitarse un guante con sus dientes, y algo muy dentro de él, pulsó con calor.

Siempre eran los más pequeños gestos, lo que le afectaba.

Bruce ofreció su guante derecho, interrumpiendo a James en pleno proceso. Ambos intercambiaron una mirada, donde usualmente contenían todo lo que no podían poner en palabras.

James tomó el puño del Beta. Se elevó para tomar asiento en el colchón. Con sus dientes, jaló del enganche de velcro. Dejó caer la mano ahora semi libre. Tomó posesión de la otra mano, repitiendo el proceso.

Bruce fue rápido en empujar los guantes de sus puños, retorciendo torpemente sus extremidades. Se levantó del colchón, precipitado.

Cuando jaló de la cabeza del hombre en su dirección, Bruce besó una sonrisa, sus labios sellándose impacientes.

Ambos cayeron de regreso al colchón, el resoplido sorprendido de Jim mezclado con el rechinado del plástico.

Bruce apretó su cuerpo al de James, abrazándolo a su recelo. Sin embargo, el beso a labio cerrado no fue lo que había estado ansiando. Le recordó al primero, al freno constante del año pasado, cuando ambos apenas y se comenzaban a conocer. La falta de entusiasmo le dio mala espina a Bruce al instante.

Abrió sus ojos, apartando su rostro para hacer chequeo del Alfa. Sintió la palma de James en su mejilla. "Has estado… muy ocupado últimamente."

"Mm-hhm."

Bruce aflojó su abrazo, ambos cayendo sobre sus costados en la camilla. "¿Todo bien?"

"Sólo tengo bastante en mi cabeza el día de hoy." James picoteó la nariz de Bruce con su pulgar. "Pero ayudaste. Deberíamos entrenar más seguido. Sin hacer trampa, claro."

"Cada victoria cuenta en una pelea."

"Cuidado. No querrás ver mi lado tramposo."

"¿El bueno y recto Jim Gordon tiene un lado tramposo? No creo una palabra de lo que dices."

James quiso desenredarse―en vano―del abrazo del beta. Gruñó cuando Bruce solo le hizo el trabajo más difícil, entrelazando sus piernas con los muslos del detective. "Bruce, vamos, si Alfred entra y nos mira, estaré durmiendo afuera como perro."

"Oh, es por eso…" Frunciendo el ceño, Bruce aprovechó la posición precaria de James para volverlo a tumbar boca arriba. Con sus nudillos vendados aplicó presión en el pecho de Gordon. "¿Así que hemos vuelto a dónde empezamos? ¿Las estúpidas reglas de Alfred? Al atacarme a ellas, no recuerdo haber acordado regresar a la tierra de la represión emocional contigo."

"Primero que nada." Jim intentó levantarse. Bruce le empujó de vuelta al colchón. "Es llamado no morder la mano que te alimenta."

Bruce hizo una sonido de completa incredulidad. "¿Por eso no te he visto en las últimas dos semana, con excepción de la hora del desayuno? ¿Me has estado evadiendo?"

Jim suspiró, sus manos yendo a los antebrazos del chico. "No exageres. Yo tambien he estado ocupado."

"Sí, entiendo pero… te he extrañado." La confesión fue envuelta en un gruñido poco tierno, impulsando mayormente por su frustración. "No es justo."

"La vida rara vez lo es. Y Bruce, tienes que aprender a escoger bien tus batallas." La expresión del Alfa fue solemne. "Estoy aquí. Viviendo en la mansión porque me lo pediste. Pero, no siempre estaré a tu disposición. Tengo que respetar las reglas de Alfred. Es un pacto entre Alfas. Superalo."

"Me lo prometiste." Bruce encajó sus puños con más ímpetu. "No más interferencias de terceros en nuestra relación―"

"Esto es diferente."

"¿Vas romper esa promesa también?"

Los ojos índigos del Alfa se oscurecieron. Bruce no tuvo oportunidad de analizar más a detalle, estaba muy ocupado siendo atraído al cuerpo de James. En tres movimientos, Bruce se encontró acostado en la camilla, su cuello y hombros siendo acolchados por el brazo del detective, mientras el hombre se posaba sobre él.

A pesar de posición, Bruce no cedió, aventando dagas por sus ojos.

James gruñó.

Esta vez, el beso fue un asalto completo. La boca de Bruce ya estaba abierta cuando sintió al hombre acercarse.

Bruce se derritió.

Aquello―tener a su Alfa rodeándolo, cediendo acceso a su paladar para besarse con avidez―era uno de los pocos placeres que Bruce atesoraba. Estos momentos con James eran rayos de luz, en medio de los días tortuosos en el Colegio. Gimió, jaló de la camiseta gris de James―dejó de respirar―sólo para prolongar el encuentro.

La separación de sus bocas fue ruidosa, un desastre de saliva y hormonas. Luego, Jim se sometió de nuevo, atrapando el labio superior del beta suavemente. Bruce volvió a respirar, conforme encontraban su ritmo de nuevo, después de semanas de abstinencia.

Bruce no había querido presionar. James había necesitado adaptarse a la mansión, a su nuevo jefe, a su relación siendo expuesto al ojo público. Había sido paciente, obediente hasta un punto donde la soledad era soportable.

"Te extraño." Repitió la confesión, ahora un murmullo azorado, sólo reconocible para los oídos de su Alfa.

"Aquí estoy."

Calor se expandió por todo su cuerpo. Maldito Jim Gordon, diciendo tales cosas con una facilidad que siempre le evadía al Beta. -No dejes de besarme. Quería expresar, pero la demanda no pasó de su garganta. Algo bueno, considerando que su boca estaba muy ocupada.

Una de las manos del Alfa se escabulló para acariciar un muslo de Bruce, de arriba a abajo, arriba a abajo, sin prisa.

Probó ser demasiado. Con entusiasmo bordando el locura, Bruce mordió a ciegas, causando un gemido de James. Sus bocas se despegaron.

James lamió sus labios. "Tranquilo, tigre."

Bruce tumbó su cabeza vuelta al colchón. "Lo siento."

James sonrió, sus labios hinchados. Le dio una fuerte palmada a la pierna de Bruce. "Necesito bañarme. Apestamos."

El gemido de Bruce se escuchó por toda la mansión.

Fue el turno de James de girar sus ojos en blanco. "Vamos, devuelveme mi brazo, ya no siento circulación."

Bruce no le dejó ir a la primera. Se sostuvo del cuello de la camiseta como ultimo opción. Un renuente Jim se agachó para despedirlo con un último beso.

"Tengo que regresar a la estación."

"Mm."

"Y tú tienes tarea que hacer."

"Mmmm."

Un resoplido tocó su mejilla. "Hablaré con Alfred."

Bruce sintió la sonrisa formarse en su boca sin su consentimiento. No había sabido que tal cosa era lo que necesitaba escuchar. "¿Lo harás?"

"Sí. Por el bien de mi salud mental." Una vez de pie, James le ofreció una mano para ayudarle a levantarse. "Tienes razón, no podemos regresar a 0… Pero tiene que haber un campo medio." Jaloneó de los cabellos de Bruce con humor. "Mientras tanto, se más paciente."

Bruce suspiró. "¿Volverás esta noche?"

Jim pausó en su retirada, volteandolo a ver. "Depende. ¿Es una orden?"

Los pies de Bruce se movieron en instinto. Plantó un beso que no dejó dudas al respecto.

Alfred escogió ese momento para llegar a la sala de música, luciendo para nada sorprendido. "Dios mío. Acabo de comer."

"¡Él empezó!" Jim Gordon, cobarde que era, retrocedió, manos en el aire. "Voy a tomar un ducha."

Bruce quiso imitar la retirada, dándole una palmada al hombro de Alfred.

"¿A donde crees que va? Tu entrenamiento apenas empieza." Alfred recogió los guantes que Bruce había desertado. Los aventó contra el pecho de Bruce con fuerza extraordinaria. Cuando sonrió, lo hizo con malicia pura. "Gordon sólo era el calentamiento."

-En más de un solo sentido. Bruce suspiró, resignado a colocarse el guante derecho.


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"Me gusta."

Selina se negaba a sentirse juzgada por un ñoño. Sin embargo, reconoció sentir alivio al escuchar el veredicto salir de Johnny, tras dar una delicada revisión por el cuartillo que Selina llamaba hogar. Sólo había cedido a la petición de Johnny por conocer su guarrilla por culpa. Por haberle fallado a Blake durante la Gala.

O tal vez estaba buscando por una distracción, después del puñetazo de realidad que Alfred Pennyworth le había proporcionado.

"Es misterioso, con el espacio suficiente. ¡Tiene una ventana! Ah, y tienes buena ventilación." Blake apuntó al ventilador que servía de soporte para la cama. "Queda contigo, en serio."

Selina dejó de sacarle plumas a su almohada de manera ansiosa. De piernas cruzadas sobre el pie del colchón, Selina hizo espacio para el chico. "Me gusta." Blake repitió, mirando directamente a los ojos de Selina.

Selina aun no entendía aquel apretón extra que se manifestaba entre sus costillas. ¿Por qué sucedía tan frecuente alrededor de este tipo? "Es temporal." La Alfa masculló entre dientes. Luego, odió tener que dar excusas. No quería impresionar a nadie, después de todo.

"¡Oh! ¿Sabes? Tenemos una televisión que no utilizamos-"

"No necesito tu caridad."

Johnny cerró su pico de a una.

Una pauta.

La mano de Blake se escurrió hacia la suya sobre el colchón. Acarició suavemente los dedos descubiertos de los guantes de Selina.

"Podríamos encontrarte una en remate en el tianguis de la calle Diez. Menos daño a tu orgullo."

Selina cerró su puño; lo dirigió al hombro delicado de Blake. El chico dio una carcajada. La tensión del inicio se volvió laxa.

Un toquido en la puerta de metal, sin embargo, la devolvió de nuevo, triplicada. Selina se levantó del colchón en defensa, aun cuando no sabía quién estaba detrás del portón. Aun sabiendo que no había un lugar para esconder a Blake, su mirada hizo un veloz registro.

"Quédate allí." Le ladró al final, resignada a que Johnny tendría que exponerse a su estilo de vida más rápido de lo previsto. Sacó un navaja de su pantalón, mientras se asomó por el hoyuelo de la puerta.

Butch.

Genial. Selina volvió a mirar a Blake, expectativo en la cama.

"No abras la boca para nada, ¿de acuerdo?"

Deslizó la puerta para dar acceso a su visitante.

Butch se auto invitó sin pena alguna. Dejó salir una risilla al ver a Blake. "Aww. ¿Interrumpo su cita?"

"¿Qué quieres?"

Butch rodeó el cuarto de la misma manera que Blake lo había hecho.

Selina se colocó entre la cama y el grandulón. Cuando repitió su pregunta, fue envuelta en un gruñido. "¿Qué quieres?"

Butch alzó sus cejas. "Necesito que me lleves con los hermanos Pike."

Selina se cruzó de brazos. "¿Los incendiarios de los Estrechos?" El recuerdo de Bridgit explotó en su mente, con tan solo escuchar Pike. Tantas tardes jugando con la Beta en los tejados. Extrañamente, el olor a estiércol de paloma siempre venía junto con el recuerdo. "¿Por qué quieres que te lleve?"

"Para que me respaldes. Los Pike son los mejores incendiarios, pero son leales a Fish. Y ya sabes, esos idiotas creen que regresará."

"Podría regresar." Selina no pudo evitar insistir.

Butch le dedicó una expresión de simpatía, mezclada con resignación. "Estuve ahí, querida."

"Nunca sabes." Selina no perdía nada en aferrarse a la esperanza.

"No importa—Como sea. No vine a hablar de Fish. Los Pike me odian y al Pingüino por razones obvias. Pero…" Butch le echó un vistazo a Blake, quien estaba siendo completamente obediente a las órdenes de Selina. "Todo saben que Fish te amaba."

Que la mejor Alfa de Gotham hubiera tenido aquel sentimiento por Selina la elevó en espíritu y ego. Selina sonrió involuntariamente, con la adrenalina que la oración provocó. "¿En serio?"

"Tu cara abrirá puertas, nena."

Selina hizo cálculos. Nombró el precio de su linda cara. "Seiscientos."

"Tres cincuenta."

Selina rodó sus ojos. "Bueno. Espera afuera."

Butch se mostró desconfiado, acostumbrado a que Selina aprovechara momentos como estos para escaparse hasta por el último conducto de aire. Selina le apuntó con sus ojos en la dirección de Blake. Butch rodó sus ojos, pero esta vez movió su gordo trasero afuera del apartamento.

"Recuerdas el camino de regreso, ¿verdad?" Selina no esperó por una respuesta, colocándose su chaqueta de cuero para preparar su salida.

"Espera un momento—"

"No." Selina le apuntó un dedo. "Sé lo que vas a decir y es un enorme y gordo NO. No vas a venir con nosotros, Blake. Así que ve tomando camino de regreso a tu casa." Selina sacó un billete cinco dólares para acercárselo al Omega. "Toma el autobús, justo en la esquina de esta cuadra. No camines."

Blake no aceptó el billete.

"Tu mamá te espera para la cena. ¿Recuerdas?" No había punto más obviamente débil para el chico que su propia madre. En especial después de lo sucedido en la gala. Johnny la detestó por traerla en la conversación, claro en su rostro rojizo. Se levantó con ofensa radicando en toda su persona, recogiendo su mochila del suelo. Selina hasta lo resintió por no mostrar más objeción—Bruce lo hubiera hecho. Bruce se hubiera empeñado hasta salirse con la suya.

Pero, justo como él mismo Bruce había dicho, Blake era diferente. Blake era un soldadito obediente que amaba seguir las reglas.

Media hora después, estaban en el complejo de apartamento donde se hospedaban los Pike.

"Deja que yo hable. Sólo sonríe y aparenta que somos amigos."

"¿Amigos?" Selina resopló. "Serán cien dólares extra, entonces."

Bridgit fue la que acudió a la puerta. Su perfil había crecido, se había afilado y se había vuelto más terso. Olía a gasolina.

Selina le saludó con voz suave, para no asustarla. No tuvo efecto. Bridgit fue un manojo de nervios.

"Hola… Selina. Tanto tiempo sin vernos."

Bridgit era más alta, más delgada—probablemente, desnutrida—vestida en un uniforme de trabajo digna de cualquier fábrica. La chica además, tenía una nube de miseria sobre su cabeza. "Mi gorila mascota y yo venimos por negocios. ¿Están tus hermanos en casa?"

Bridgit asintió, jalando la puerta para hacerles espacio para pasar.

Los tres puerquitos Pike estaban juntos en su taller/comedor. Aunque al principio renegaron a la presencia de Butch, Selina los tuvo convencidos de tomar el trabajo de Cobblepot en un santiamén. Porque más que a Fish Mooney, los Pike amaban ganar dinero. El secuaz de los Pike masculló sobre visitar la Merc por más explosivos, al ver la lista de los requerimientos y se esfumó para hacerse cargo.

Lo que brincó a su atención, sin embargo, fue cómo con una simple mirada de Wallace, Bridgit se apresuró a sacar tres cervezas del refrigerador.

Le ofreció una botella a Butch, y otras dos a sus hermanos. Al darse la vuelta, Wallace le agradeció con una patada en su espalda que casi la derrumbó al suelo.

"Oye, hermanita. ¿Por qué eres tan descuidada? Tenemos compañía. ¿Qué hacemos al respecto? "

"Les damos un vaso."

"¡Ding, ding, ding! Ve y házlo."

Coraje fue montando en el interior de Selina, mientras más largo fue el intercambio de humillación entre los Pike y Bridgit. Una vez que los tres malditos vasos fueron colocados en la mesa, la chica huyó del lugar. Selina no dudó en plantársele a Wallace con una mirada de repugnancia.

Encontró a la Bridgit en el callejón afuera del complejo. Estaba llorando.

Demonios.

Selina no sabía qué hacer con personas que lloraban. Por eso no había visitado a Blake en el hospital, cuando su mamá había estado internada.

"Parece que va a llover."

Bridgit le siguió el juego, mirando el cielo con ojos húmedos. "Sí, eso parece."

"No me molesta. La lluvia por lo menos sirve para limpiar las calles."

"Es verdad."

Selina no supo qué más decir, o hacer. Ver las lágrimas seguir saliendo de la chica, le daba tristeza. Y eso era difícil de provocarle a alguien como Selina. "En fin… cuídate, Bridgit."

Por fin, la chica le dio la cara en entero.

Selina no estuvo preparada.

No estuvo lista en lo absoluto, puesto que Selina nunca había considerado a otra chica bonita, hasta este momento.

Tragando saliva, la Alfa continuó. "Sé fuerte."

Y aunque nunca lo admitiría, Selina pegó fuga fuera el callejón antes de que Bridgit pudiera añadir más a la plática, perturbada por la corriente que sus hormonas había tomado en cuestión de momentos.

No fue hasta tres tejados después de su huida, que se percató que Butch le debía los cien dólares extra de su preciada amistad. Regresar con los Pike no fue una opción, así que Selina retomó el rumbo a la guarida de Cobblepot. Esperaría por Butch allí.

La mansión de Cobblepot era una zona de guerra.

Tan pronto como Selina se escurrió por el sótano al corredor principal, supo que alguien había estado en celo, y que todos estaban sufriendo con los estragos. La peste de feromonas fue molesta para su nariz. La confundió aún más, considerando sus emociones ya revueltas. Mientras se mantuvo escondida debajo de las escaleras, su cabeza fue perseguidas por las caras de Bruce, Bridgit y Johnny.

Algunos días, Selina odiaba que Bruce fuera un Beta.

Hubiera sido tan fácil marcarlo como suyo en cuanto había posado sus ojos en él. Siendo un Omega, hubiera sido tan simple tenerlo como Elegido. Así, Selina no estaría tan sola todo el maldito tiempo. Así, Selina dejaría de ser víctima de tanto alboroto hormonal. Con Bruce, Selina sentía el mundo calmarse. Con Bruce, Selina no tenía que hablar. El Beta siempre entendía lo que Selina quería transmitir sin tener que obligarla a usar palabras.

Al mismo tiempo, Selina se sentía afortunada de no estar atada a alguien como Bruce. Simbolizaba todo lo que Selina odiaba de la alta sociedad. Bruce, quien nunca aprendía de sus errores, y solo hablaba con ella cuando necesitaba algún favor. Bruce con su perfecto dúo de Alfa cuidándoles las espaldas-

-Rayos. Las feromonas del lugar estaban en verdad jodiendo su cabeza.

Selina tapó su nariz con el cuello de su camiseta. Volvería cuando la peste no estuviera tan potente.

Esperó al otro día. Entonces, Butch la llamó para indicarle que recogiera el motín del taller de los Pike.

Demonios.

Dirigirse al complejo fue un jalón muy similar al que Selina solía tener hacia la Mansión Wayne. Decidió no pensar mucho al respecto. Sólo lo hacía para asegurarse que los Pike no le quedaran mal. Nada más.

Bridgit estaba sola en el taller. "¿Qué estás haciendo?"

Cociendo, al parecer. "¡Oh! ¡Hola!" Diferente al día anterior, la chica ahora le lanzó una pequeña sonrisa al verla. Tenía un brazo metido en una manga. "Me hago un traje. Así no me quemaré de nuevo."

"¿Por qué te quemarías de nuevo?"

Bridgit levantó su pierna izquierda sobre la mesa. Estaba vendada.

Selina comprendió lo que había sucedido. El coraje retornó. "¿Te están haciendo iniciar los incendios?"

La Beta se encogió de hombros, regresando a su aguja. "Supongo." Murmuró incomoda. Después, miró a Selina tímidamente. "Siéntate. ¿Quieres un refresco o algo?"

"No, no puedo. Tengo que llevarle al Pingüino su motín."

"Es ése cuchillo." La chica apuntó hacia el objeto en la mesa. Selina lo metió al interior de su chaqueta.

"¿Sabes? Van a hacer que te maten."

"Tendré cuidado."

"Ajá. Tener cuidado no basta." Selina exclamó con extrema incredulidad. "¡Mira lo que pasó! ¿Esperarás a que se te caiga la pierna entera?"

Bridgit rodó sus ojos. "¡Fue emocionante, Selina! A decir verdad… lo disfruté."

Se notaba. Entusiasmo ahora regía la compostura de la chica. Selina no podía creerlo. "Yep. Acabarás como tocino."

"¡Mis hermanos dijeron que hice un buen trabajo!" Selina se detuvo justo en la salida. "Es el negocio familiar. ¿Qué quieres que haga?"

"Esos brutos no son tu familia. ¡Tú mamá se acostaba con su viejo, eso es todo!" Regresó hasta tener a Bridgit cerca, oliendo a maldita gasolina y refresco de cola—Diablos, ¿sus labios siempre habían lucido tan anchos? "No los necesitas. No necesitas a nadie. ¡Mírame, yo soy libre!"

Bridgit resopló, caustica. Sin embargo, su voz no dejó aquel tono suave, libre de la defensa que su cuerpo mostraba. "Recuerdo cuando era pequeña y llegaste a los Estrechos. Buscaste a tu mamá todos los días. Tu cara estaba llena de mocos por no dejar de llorar. Así que no actúes como si no quisieras una familia."

Eran pocas las personas que sabían leer a Selina con total transparencia. Selina lo había olvidado. Había olvidado que tan bien Bridgit la conocía. "No hables de mi mamá."

"¿Qué importa si eres libre? ¿Qué es la libertad, si estás sola?"

"¿Qué bueno tiene la familia, si eres su esclava?"

Bridgit lució como si hubiera recibido una bofetada. Miró a Selina resentida.

Ambas se quedaron en silencio, lastimadas, y tercas hasta el fin.

"Como sea." Selina se dio la vuelta. Su bestia interna gruñó en contra, queriendo quedarse en el taller, seguir oliendo el aroma a combustible del cabello de Pike. "De todas formas, no sé por qué crees que me importa lo que te pase."

Dejó el cuchillo directamente en las manos de Oswald.

Aunque no fuera su intención, sus feromonas tuvieron un efecto tranquilizador en el Omega, y el mismo Oswald lo notó. El Pingüino le ordenó a una de sus sirvientes alimentarla con los restos de la cena de la noche pasada. Selina lo tomó como un tipo de agradecimiento.

Selina no se negaría un almuerzo gratis, así que se tomó su tiempo para saborear las chuletas de cerdo. Vació el dulce puré de manzana de su jarrón, colocando una montaña en cada chuleta, y alcanzó de postre una rebanada de pie de manzana.

Cuando era hora de irse, Selina recordó la deuda de Butch. Se escondió en el exacto mismo lugar del día anterior, cazando por el grandote. Cuando el gorila se dignó a aparecerse, no venía solo. Selina reconoció a la vieja Edwige, la dueña de la tienda de antigüedades en la calle River.

Selina no era otra cosa, sino curiosa. Se deslizó entre las sombras del corredor para acercarse y poder escuchar.

"Lo siento, no puedo ayudarte."

"Edwige, puedo ver que si conoces este cuchillo." Ese fue Oswald. "Le tienes miedo. ¿Por qué? ¿Por qué me mientes?"

"No miento."

"Madame. Algo que reconozco muy bien, son personas mentirosas. Ahora, dime todo lo que sepas sobre este cuchillo, o lo usaré en tu pellejo."

Siempre tan encantador. Selina rodó sus ojos.

"… Este cuchillo está maldito. Casi 200 años atrás, fue usado para un crimen terrible. Hablo de una época donde Gotham era controlada por cuatro familias. Los Elliots, los Kanes, los Crownes, los Dumas y la más poderosa de todas, los Waynes… Llamaban a Celestine Wayne la joya de la corona de Gotham, parte de la generación más joven de los Wayne. Dicen que era verdadera hermosura. Estaba comprometida al hijo mayor de los Elliots. Pero había otra persona que la deseaba. Caleb Dumas. Una noche durante la fiesta de Pascua en la Mansión Wayne, Celestine y Caleb desaparecieron. Trabajadores de la propiedad Wayne los encontraron en un abrazo ilícito… Caleb insistió que estaban enamorados, pero Celestine juró por la tumba de su madre que Caleb la había forzado. Justicia, si se le puede llamar así, fue súbita. El hermano de Celestine, Jonathan Wayne, ejecutó el castigo: cortando el brazo derecho de Caleb con este mismo cuchillo… Y eso no fue suficiente para los Waynes. Exiliaron a los Dumas, se apoderaron de sus propiedades. Los destruyeron. Caleb Dumas se exilió a una secta penitencial fundada por el santo patrón de su familia. Celestine murió como vieja solterona. Los Waynes le prohibieron a la prensa siquiera mencionar a los Dumas. Renombraron calles y edificios. Los sobrevivientes de la familia Duma fueron forzados a cambiarse su apellido. En conclusión, los Wayne los borraron de la historia de la ciudad."

"Aquellos sobrevivientes de la familia Duma, ¿cual apellido escogieron adoptar?"

"Mmm. ¿Acaso no eres listo?… Galavan. Cambiaron su apellido a Galavan. Justo como ese hombre que está postulándose a Alcalde."

Así que, poco Jim Gordon sabía de la que se había salvado. Aburrida a estas alturas, Selina se volvió visible para Butch, una vez que la lección de historia llegó a su desenlace, y el matón y Edwige salieron al pasillo.

"¡Dios, casi me da un ataque cardíaco!"

"100 extras. Págame." Selina estiró su mano impaciente, mientras Butch sacaba su cartera a regañadientes. En cuanto el billete tocó sus dedos, Selina se esfumó entre las sombras.

Terminó visitando a Bridgit pasada la media noche para querer enmendar las cosas horribles que se habían dicho, pero no la encontró. Ni a sus hermanos. Había llegado tarde.

Para su suerte, Selina recordaba los edificios que tenían que incendiar. Sabía cuál sería el siguiente.


[+]+[+]


La emboscada de El Merc fue una victoria extraña, considerando el sujeto que terminó volando en miles de partículas justo frente a los ojos de Gordon y Barnes. Por no decir además, que fue una victoria fugaz. A tan solo un día después, tenían un nuevo caso y una nueva clase de problemas que manejar. El mismo Barnes se encargó de ponerlo al día en cuanto lo vio atravesar la entrada del GCPD.

"Cinco lugares, quemados hasta los cimientos."

Durante el reporte, Garrett se le unió brevemente para compartir la última actualización del laboratorio. Los incendios se habían iniciado con un combustible para acelerar el fuego.

Jim intercambió una mirada con Barnes, ambos sospechando la misma cosa. "Así que estamos en busca de un incendiario profesional. Gracias." Y porque el muchacho lo merecía, Jim se apresuró a compartirle algo de feedback antes de su retirada. "Hiciste un buen trabajo en El Merc."

El pecho de Luke se infló. Con razón justa. Un Omega siendo reconocido, no era algo cotidiano.

De vuelta a solas, Barnes siguió perforando el mapa de la ciudad con su mirada láser. "Es extraño. ¿Por qué un profesional haría cinco trabajos en una noche? ¿Cual es la prisa?"

"¿Y qué tal si aún no terminan?"

"Ser positivo es todo un don tuyo, ¿eh?" Barnes rezpingó. "Apégate a él para encontrar un patrón de los incendios antes que quemen toda la ciudad."

James tomó la amenaza en serio. Encontrar un patrón fue exactamente a lo que se dedicó toda la tarde. Harvey se le unió, haciendo llamadas a todos sus contactos. Fue durante una de estas llamadas, que Jim fue capaz de traer buenas noticias a su escritorio.

"Deberías verte la cara." Harvey le acusó, mano todavía en la bocina del teléfono. "Como el gato que se tomó toda la leche."

Jim sonrió. "Estaba bien oculto tras aliases corporativos, pero resulta que todos los edificios quemados anoche tienen un dueño." Le entregó el sobre manila a su compañero. "Empresas Wayne."

"Aja." Harvey rodó sus ojos. "Por supuesto que tiene que ver con los Wayne."

"Los incendiarios fueron del este al oeste." Jim extendió el mapa sobre el escritorio. Con su dedo índice a punto al sendero que los incendiarios habían seguido fielmente hasta ahora. "Si aparecen esta noche y siguen el patrón, hay un objetivo obvio. Un viejo edificio también propiedad de Empresas Wayne: Depósitos de libros de Gotham."

"Yay. Día de stakeout. Compraré las rosquillas."

"Evita las salchichas con chili, por favor. Le avisaré del plan a Barnes."

Horas posteriores, Gordon estaba arrepintiéndose de su momento eureka. Las noches de vigilancia nunca eran divertidas. Muchos menos escuchar los versos poéticos que Harvey le dedicaba a su subway, mientras permanecían en un espacio pequeño apestando a cebolla.

"Odio las vigilancias."

"La mitad del buen trabajo policial es el arte de plantar tu trasero cuando se ocupa."

"Sí así fuera, ya serías Comisionado."

Aun con la boca llena, Harvey se carcajeó. "Har har." Envolvió la mitad restante de su subway para aventarlo al tablero del auto. Uso su usual desastre de servilletas para limpiar su boca y sus manos. "Admitelo. Nuestra relación se nutre de estos momentos de quietud. ¿Cómo te está yendo? ¿Listo para cambiarte el apellido a Wayne?"

Jim rodó sus ojos. Sin embargo, tenía que admitir que necesitaba desahogarse. "Ha sido un largo proceso."

"¿A la locura?"

"Bruce es demandante, para la sorpresa de nadie. Me quiere alrededor las 24 hrs, siete días a la semana, y hace berrinches al respecto. Pero, pero no es novedad."

Harvey golpeó el volante con sus dedos. "¿Y qué? Vas a fingir que esto no era lo que sucedería? Ese chiquillo, Jim… Está bien ido por ti, hombre."

Jim suspiró. No sonrió. Culpa apretó su pecho.

"Óh, óh. Conozco esa expresión."

Jim conectó miradas con su compañero. "¿Cual expresión?"

"Deberías estar en las nubes. Lo tienes todo, el paquete Alfa completo. ¿Por qué la cara de constipado?"

Cuando la van gris se apareció por el edificio Wayne, fue la mejor de las salvaciones. Tomó la bocina del radio para dar un advertencia sobre el nuevo vehículo. Ordenó a la unidad Alfa permanecer en stand by.

Bullock se le unió, pistola a la mano en caso de emboscada. Rodearon la parte frontal del edificio, siguiendo la trayectoria de la camioneta hasta el callejón detrás de la calle principal.

Pegados al muro que los escondía de la vista de la van, Jim y Harvey se asomaron con cuidado.

De la van, una persona cubierta en un traje oscuro bajó. Su rostro estaba oculto con un casco, no tan disimilar a un disfraz de noche de brujas. Jim miró el lanzallamas en la espalda de la persona y supo que tenían el culpable de los incendios.

"Todas las unidades, a nuestra ubicación ahora." Jim ordenó por el radio. Minutos después, ambos salieron de su escondite. "¡GCPD!"

"¡CORRE!" Se escuchó del co-piloto del vehículo, justo mientras le daban hasta el fondos al acelerador. Dejaron al incendiario a su completa merced, los pedazos de porquería.

"¡Van gris saliendo del callejón, persiganlo!" Jim notificó de nuevo. Se acercó lentamente, un par de pasos más adelante que Bullock. "¡Pon las manos arriba y nadie tiene que salir herido!"

"¡Atrás! ¡No se me acerquen, por favor!"

Jim echó maldiciones en su cabeza, al distinguir la voz femenina, y tan endemoniadamente joven. "¡Es sólo una chiquilla!" Le dijo a Bullock. "¡No te dispararemos! ¡Sólo baja tu arma!"

Claro, en lugar de obedecer, la joven intentó escapar por la salida opuesta del callejón. Bullock corrió apresurado tras de ella, demandando que se deshiciera del maldito lanzallamas.

No funcionó, ahora acorralada, la incendiaria se aprovechó de su arma. Encendió el basurero, cajas abandonadas de cartón, todo lo que pudo para imponer una barrera entre su persona y los oficiales.

Entonces, tan rápido como el fuego nació, este cedió. El lanzallamas casero se averió, muy posiblemente por la misma temperatura a la que estaba siendo sometido. Jim intentó de nuevo.

"¡Baja el arma! No queremos lastimarte–"

"¡La tengo!" De las nada, Garrett se abalanzó contra la chica. Jim sintió terror al verlo.

"¡No, Garrett! ¡Ten cuidado!"

"¡Suéltame!" El forcejeo entre ambos no fue suficientemente claro para sus ojos por culpa de las llamas aún vivas. Jim las rodeó, intentando una forma de atravesarlas, pero Bullock le jaló en dirección opuesta. "¡No me toques!"

"¡Baja el arma! Es una orden–¡AAAAAAHHH!"

No.

En un parpadeo Garrett estaba prendido en fuego, corriendo en su dirección, gritando en agonía. Jim jaló de un trozo de manta industrial de uno de los basureros para intentar apagar las llamadas de su desfallecido cuerpo. "Te tengo, Luke. Resiste. ¡Necesito una ambulancia! ¡Oficial caído!"

Harvey intentó perseguir a la chica, pero diez minutos después regresó sin frutos. Hizo guardia sobre Jim y Luke, la llegada de la ambulancia sintiéndose infinita.

Garrett respiraba y gemía. Pobre hombre. Jim lo envolvió en sus feromonas, buscando tranquilizarlo, queriendo apaciguar el dolor que debía estar experimentando por todo su cuerpo.

"No quiero…."

"Shhh." Jim murmuró. "Te tengo. Aguanta. Estarás bien, solo aguanta un poco más."

Harvey lucía aterrorizado, ahora que estaba recuperando su aliento. Miraba a Jim con ojos saltones.

"...No quiero… morir. Mmmmgh."

Jim escuchó las sirenas de ambulancia. Gracias a Dios.

Una vez en la escena, levantar el cuerpo adolorido de Garrett a la camilla fue un espectáculo terrible. Sus gritos se fundieron en el cerebro de Jim. Nunca se podría deshacer de ellos. Estaba seguro.

Sin nada más que hacer, Bullock lo pastoreó a la patrulla, y posteriormente a la estación. Lo sentó y lo dejó a solas, seguramente para dar el reporte a Barnes.

"¿Qué demonios pasó? ¿Jim?"

Jim parpadeó.

La imagen de Terry no se fue.

"Garrett. Él…"

En un parpadeo, Terry estaba sobre él, iluminando sus ojos con su linterna médica. "Hombre, necesitas respirar profundo, ¿de acuerdo? Ten, toma un trago de mi Coca Cola."

El refresco sirvió de alivio a su garganta seca. "Estoy bien." Se acabó la bebida de manera mecánica, mientras Terry proseguía a descubrir su antebrazo con el objetivo de checar su ritmo cardíaco con el estetoscopio.

Cuando Terry comenzó a retirar su mano, Jim no pudo contener su curiosidad. Atrapó los dedos enguantados. "¿Por qué? ¿Por qué las tienes cubiertas todo el tiempo?"

McGinnis se congeló. Fue el proverbio ciervo atrapado frente a las luces de un automóvil.

Jim apretó su dedos sobre el látex. "Y lo que hiciste. Con Essen."

"Estás en shock." Con eso, Terry jaló su mano de regreso. "Odio los gérmenes. Especialmente en este lugar. Por supuesto que usaré guantes, Gordon."

Jim lo observó detenidamente. "¿Tuviste un accidente o algo asi?"

"¿En serio? ¿Que acabo de decir?"

"Muéstramelas."

"No." El gruñido con tenor primitivo sorprendió a Jim de vuelta a su asiento. "Sé que estás sintiéndote de mal humor ahora mismo, pero no quieras desquitar tu frustración conmigo, Jim."

Jim se puso de pie, rebelándose a la imponencia del otro Alfa a pesar de la diferencia en alturas. Ambos permanecieron en duelo silencioso por un momento. Los ojos de Terry fueron casi negros, firmes en su intención de mandar a Jim al diablo. Justo como había mandado al diablo a su propio padre, durante su adolescencia.

"Me afirmaste que no estabas consumiendo. Y te creí."

"Cielos―No se trata de eso, sólo…. Aquí tienes." Terry desnudó su palma izquierda primero. Aventó su guante al escritorio. Prosiguió con el segundo. Las alzó a su línea de visión para que el detective pudiera inspeccionarlas a su gusto. "¿Ves? Mis hermosas manos son dos apéndices sedosas y libres de piquetes de jeringa. ¿Satisfecho?"

Jim sobó su sien, la adrenalina bajando de golpe. Se dejó caer de vuelta a la silla. No pidió perdón, pero Terry se suavizó en compostura, volviéndose a poner sus guantes.

"Me pondré contacto con la Unidad de Emergencias dónde está Luke. Intentaré averiguar su estado―"

"No te molestes." La grave entonación de la orden en boca de su jefe, los incorporó como balde agua helada. "¡Su atención, por favor!" Barnes llamó, acercándose a ellos con una expresión solemne. Jim se levantó de nuevo. Agentes se acercaron a su ubicación, incluído Harvey y el resto del equipo Alfa. "Acabo de recibir la notificación del médico. Luke Garrett falleció hoy a las 5:23 am."

"Maldición." Bullock expresó. No fue el único.

"No es correcto. Quemado vivo en un sucio callejón."

"Iba a ser un gran policía."

"Era un gran policía." Barnes cortó el festival de lamentaciones tan súbito como su anterior declaración. "Y lo vamos a llorar. Pero, no ahora. Un asesino de policías anda suelto. No puedo permitir eso. "

Jim de repente, se sintió exhausto.

"Encontraremos a quien mató a nuestro hermano y lo detendremos usando cualquier método legal que tengamos." Con eso, Barnes retornó a su oficina, cerrando la puerta tras de sí.

-Es sólo una jovencilla. Su conciencia insistió. -No otro Ogro.

Al tornarse hacia Harvey, Jim divisó conmoción en el piso inferior. Galavan. Seguramente en otro intento de agraciarse con los demás oficiales.

Porque Jim no estaba siendo regido por su objetividad por el momento, el detective se apresuró por las escaleras en dirección del político.

Galavan estaba esperándolo. "Puedo ver en tu rostro que tu compañero no sobrevivió."

"No lo hizo."

"Lamento oírlo."

"Los malos de esta ciudad están cambiando. Ya no siguen las reglas antiguas―O de ninguna clase." Jim pausó, preguntándose si estaba haciendo lo correcto. La ira decidió por él, sin embargo. "Necesitamos usar cualquier método a nuestra disposición. Y no solo hablo de más armas."

Galavan asintió. "Debes ir a donde debas ir, presionar a quien debas presionar, y necesitas el apoyo de la ciudad para lograrlo. Lo entiendo."

"Correcto. No sé qué tan feas se pondrán las circunstancias." Lamiendo sus labios, Jim alzó su mano. "Pero si me das tu palabra que no las enfrentaremos solos… te doy mi respaldo." Te doy. Al hablarle en persona directa, dejando atrás el espacio de respeto por un figura política, se sintió más real, sólido, y bastante pesado para su mente, el ceder ante el deseo de Theo Galavan.

No obstante, Jim estaba intentando priorizar el bienestar de su gente, y no su propia comodidad. Para variar.

El enlace de palma en palma fue rápido. Galavan acogió la mano de Jim entre las suyas con recelo. "Te lo prometo." El hombre jaló de su unión para atraerlo. "Te prometo que tendrán todo lo que necesiten, Jim."

Gordon inhaló. Sólo encontró una esencia neutral. Sin rastro de feromona primitiva que diera pista sobre la veracidad de lo que el político decía. Jim sólo olió estabilidad. Un equilibrio emocional que Jim envidió.

Galavan era el Alfa más controlado que Jim había conocido.

Horas más tarde, una vez que Barnes lo hubiera corrido de la estación para ir a dormir por lo menos un par de horas, Jim se encontró en uno de los bares que los oficiales solían frecuentar.

Pidió un shot de bourbon y lo brindó en nombre de Garrett.


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Entrada la tarde, poco después de regresar a la Mansión, Jim estaba viendo a Alfred cuidar de las rosales del jardín.

No era lo que había esperado que terminaría haciendo al final de este dia, pero observar al hombre en su elemento fue bastante hipnotizante. Alfred poseía delicadeza para retirar espinas de un rosal, aun cuando Jim sabía que sus dedos podían matar.

"¿Qué haces acá afuera?"

Jim no sintió sorpresa ante la presencia de Bruce sumándose en la banca de mármol de los jardines. Lo había olfateado acercarse. "Estoy relajándome."

Hacía frío. Bruce estaba vistiendo una camisa de cuello largo debido a ello. Lució impecable con su gabardina, cada día más parecido a Thomas Wayne. Estaba viendo a Jim como si el hombre le hubiera hablando en mandarín. "¿Afuera? ¿Mirando a Alfred?"

¿Cómo explicar que había hecho lo mismo de joven, mientras su madre se había hecho cargo de su propio jardín? A veces, Jim se cansaba de explicar sus motivos. "Verlo trabajar es tranquilizante." Jim brindó más espacio en la banca cuando sintió al Beta sentarse de manera cruzada. "Tiene una rutina. Un orden a sus deberes. Debe sentirse bien."

Bruce sacó una envoltura con fruta seca de su abrigo. Ofreció compartirla, con un estirón de su mano. Jim rebuscó por cacahuates entre las pasas, nueces y almendras.

"Asumo que tu día estuvo regido por caos."

Jim no quería hablar al respecto. Por ello había buscado distracción en el trabajo manual de un simple mayordomo. "O puede que me interese aprender algo de jardinería."

Bruce le siguió la corriente, su sonrisa siendo un dulce cómplice a su escape. El viento del atardecer revolvió el fleco del muchacho. Jim lo peinó impulsivamente.

Color fluyó por el rostro del joven. Bruce bajó la mirada, la curva de su boca marcándose con ligero flirteo.

-"Ese chiquillo, Jim… Está bien ido por ti, hombre."

Permanecieron afuera una hora más, mayormente por las quejas de Alfred sobre las bajas temperaturas que se las cobraría después, con un buen resfriado. Pidieron pizza de cena para evitar cocinar y Jim no volvió a abrir el tema de su trabajo, permitiendo que Alfred compartiera anécdotas de su juventud durante los 70's para aligerar la velada.

A la hora de dormir, Jim encontró compañía en su recámara, después de salir del baño en pijamas.

"Es viernes." Bruce se limitó a expresar, con una revista abierto en su regazo, ojos pegados a las fotografías de papel.

Jim miró la televisión, que había planeado encender antes de averiguar que tendría compañía. Al final, se apegó a sus planes originales. Sintonizó el canal 9, justo en la trasmisión de Rocky. Apagó las luces y cerró las tres ventanas con seguro—fuerza de hábito.

En la pantalla, Rocky paseaba por lo muelles para cobrar el dinero de su jefe. Jim quiso reírse por dentro ante la ironía.

Por su parte, Bruce estaba totalmente inmerso en el catálogo de automóviles clásicos. Jim sonrió al ver la ilusión en su rostro. Bruce estaba muriendo por aprender a conducir, desde que había averiguado que heredaría la colección de su padre en su próximo cumpleaños.

Jim estaba cansado. Tan cansado que no se dio cuenta de cuando se quedó dormido, arrullado por la voz de Stallone.

Despertó indefinido tiempo después, con Bruce intentando escurrirse bajo el edredón.

"Mm."

Bruce se congeló, una pierna adentro y otra afuera. Susurró una disculpa. La televisión había ido apagada. La lámpara de la mesa de dormir estaba encendida con tenue iluminación.

Jim comprendió que necesitaba moverse de encima del edredón. Ayudó a abrir las sábanas para que ambos pudieran acomodarse. Sobre su costado, observó a Bruce apagar la lámpara. A oscuras, se reencontraron uno al otro, Bruce dándole la cara, manos acomodadas por debajo de su mejilla.

Sólo costó estirar su rostro para tener el aroma de lluvia en sus fosas nasales. Adormilado, Jim escondió su rostro en el cuello del chico, buscando por algo intangible.

"'e—amo." Y lo hacía.

Amaba a Bruce tanto.

Tras un tenue gemido, Bruce acarició su nuca. "Duerme."

Aquella ternura le destrozó la última defensa que pudiera haber albergado. "Bruce." Jim rodeó la cintura del muchacho con su brazo. Acercó su boca al oído del muchacho, de repente incapaz de seguir fingiendo que todo estaba perfectamente bien

"Necesito decirte algo."


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"Padre Creel."

Bárbara se detuvo en su paseo adormilado por el pasillo. Se escondió justo en el umbral que llevaba al estudio de Theo. Se asomó con curiosidad.

En efecto, Galavan estaba abrazando a un anciano desaliñado. Fue desconcertante ver a alguien tan pulcro como Theo, dejarse tocar por alguien tan harapiento.

"Ha pasado mucho tiempo. Se mira en perfecta condición."

"Igual tú." El monje corrió una mirada especulativa a su alrededor. "Te has rodeado de lujos."

"Como verá, tengo que jugar mi parte, Padre, para ver los resultados." Theo apuntó hacia un artefacto en exhibición que Bárbara no había visto antes. Desde su escondite no podía tener una mejor idea de lo que Theo estaba presumiendo.

Rápidamente aburrida, Bárbara comenzó a retroceder.

"¿Tienes al muchacho Wayne?"

Cautivada, Bárbara se detuvo.

"Todavía no." Hubo un suspiro, y luego Galavan estaba invitando al monje a tomar asiento. "Hay piezas de ajedrez que faltan por colocarse antes del jaque mate. Pero… Pronto."

"Se refieren a Bruce." Lee susurró, del otro lado del umbral, en perfecta imitación de la posición actual de Bárbara.

"Duh." Bárbara formó la palabra sin sonido, ganándose un entregiro de ojos de la otra mujer.

"Después de 200 años, podemos ser pacientes. El día de la redención está cerca. Nuestros hermanos están cruzando el océano justo ahora. Guerreros, como los que ésta ciudad nunca ha visto."

¿De qué demonios estaba este viejo hablando? ¿Guerreros? ¿Día de la redención?

"Gotham será redimida en sangre. Y Bruce Wayne perecerá."

Sonaba al Plan Perfecto, en su opinión. Era una lástima que no habían pensado en invitarla.

"Debe estar cansado, Padre. Permítame llevarlo a una de nuestras habitaciones de huéspedes."

Barbara caminó de puntillas al baño que quedaba a corta distancia, dejando la puerta abierta una franja. No tuvo que esperar mucho tiempo para ver a Theo guiar al anciano por el lado opuesto del pasillo hacia el área de la recámara de la misma Bárbara.

En cuanto estuvieron fuera de su vista, la Omega se apresuró al estudio.

Leslie estaba frente al artefacto, analizándolo con cierta reverencia.

Bárbara tomó la daga en cuanto la tuvo a su alcance.

"La has visto antes." Lee se acercó a su lado, sonando intrigada.

Tenía razón. Bárbara volteó el mango y en efecto. La cresta de la familia Wayne yacía allí. "Por supuesto. Yo misma manejé su venta a las Empresas Wayne." Había sido un largo tiempo atrás, pero uno no olvidaba su primera subasta en la alta sociedad. Bárbara había querido impresionar a su jefa, al ser su primer empleo formal, así que se había preparado con la historia de cada una de las piezas estrella, incluida esta.

"Tiene una historia graciosa, a decir verdad. Alguien termina con un brazo mochado por esta hermosura."

La historia de Celine Wayne y Caleb Dumas era la versión de Gotham de Romeo y Julieta. Sólo que más sangrienta.

¿Qué tendrían que ver con Theon?

Retornó la daga a su estuche.

"Tienes que decirle a Jim."

Bárbara no estaba segura de lo que había escuchado. Sin embargo, al voltearse en dirección de Leslie, su sangre se enfrió del coraje. Lee lucía absolutamente seria y decidida. "¿Por qué haría tal cosa?"

"Porque…" De repente sensual y dulce, Les' rodeó el rostro de Babs con sus manos. Sus uñas se encajaron delicadamente en sus pómulos. "Tienes que ser más inteligente que todos los demás. Con la información que tienes, podrías negociar tu libertad, Barb'."

-Ya soy libre. ¿Cuántas veces tengo que decirlo? Barbara sujetó las muñecas de Les, descubriendo que su piel era fría.

"Regresa a la realidad. Jim nunca nos escucharía."

"Lo hará si la vida de Bruce está en juego. Podríamos formar un trato con el GCPD. Le das información, a cambio de ser liberada de tu sentencia. Podrías salir al exterior. Sentir el sol, para variar."

"No seas ingenua. En cuanto tuviera oportunidad, me mandaría de regreso a la prisión."

El dedo de Leslie acarició el labio inferior de su boca pintada de rojo. Barbara sólo sintió la frialdad. "Si hacemos un trato con Jim, lo honrará. Y si no piensa hacerlo, podemos compartir su pequeño secreto con el mundo, contar cómo fue que pudo tener de vuelta su trabajo."

"¿Hablando sola?"

Leslie se desintegró.

"¿O con tu amigo imaginario, otra vez?"

Bárbara abrió su boca, incorporándose con gran esfuerzo. Expulsó una risa para seguir con el acto. "¿Me creerás que soy sonámbula?"

Tabitha sonrió. "¿Qué no tienes que tener tus ojos cerrados para estar dormida?"

Bárbara jaló de la bata de dormir de la mujer para desnudar parte de su torso. "Estoy aburrida. ¿Jugamos?"

Justo entonces, de la misma forma que Lee lo había hechos momentos atrás, Tabitha acogió su rostro con una de sus manos. "Theo es mi hermano. No permitiría que nadie lo traicionara."

"¿Y?"

"Sabes demasiado, Barb. El secuestro de la madre del Pingüino. La muerte del Alcalde. El ojo que le sacamos a Bunderslaw―uno de tus viejos clientes. Sería una tragedia que esa información saliera de este edificio." Sus dedos estrujaron la mandíbula de la rubia, sometiendo a Bárbara en un desliz mortal, rotando el cuerpo de la Omega hasta tenerla de espaldas. "¿Nos traicionarías? ¿Después de todo lo que hemos hecho por ti?"

Frente a ella, todo lo que Bárbara vio fue la maldita daga. "Lo haré si no me incluyen en la diversión. Estoy harta de estar encerrada." Utilizó cada feromona de su cuerpo para amansar a Tabitha. Aplicó aquel tono chilloso que resultaba irresistible para cualquier Alfa. Onduló sus caderas, incitando. "No puedo esperar más. Cada día que pasa, es otro dia que no puedo arruinarle a Jim Gordon."

"Dios. ¿Por qué la obsesión con este hombre? Cobblepot, tú, mi hermano. Es todo lo que oigo desde que llegué a Gotham." Bárbara fue soltada en favor de la búsqueda por un whiskey. Tabitha reajustó su bata de dormir. Le ofreció un trago a Bárbara en son de paz. "Pronto, Babs. Ya sabes que mi hermano tiene planes."

"Promesas." Babs respingó con dulzura, aceptando el vaso de cristal. Besó a Tabitha antes de tomar del whiskey, a pesar de todo, adorando el eterno sabor a chocolate que la mujer albergaba. "Tendrás que mantenerme ocupada. Llévame a algunas de tus aventuras."

"Ya veremos." Tabitha mordió su labio superior, halando del labio para causar dolor. "Si prometes ser buena."

Por su parte, viéndolas en escena, Les' recogió la daga de su pedestal. Recorrió la hoja afilada con la yema de su dedo índice, lamiendo el hilo de sangre que resultó.

Fue cuando colocó la daga en su cuello, que la mente de Bárbara se descarriló con la fuerza de un tren sin vías.

"¿No te trae viejos recuerdos?" Leslie le guiñó el ojo.

SHASH.

Bárbara produjo un gemido ahogado, viendo la sangre salir de la degollada mujer. Tabitha dejó de besar su clavícula al escucharla.

Como si nada, Lee regresó la daga a su lugar, embarrando todo―absolutamente todo― de su sangre.

"¿Bárbara? ¿Qué pasa?"

Lee cayó al piso, sus piernas dejándole de sostener. Su atuendo cambió drásticamente. Un vestido blanco. Stilettos negros. Cabello corto.

"¿Qué tal si probamos el pastel que compraste?"

"No tengo hambre. Puedes tener mi pieza."

La Omega vociferó—

Recordando.


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Fin de Parte 26.

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Notas: I'M DEEEEEEAD.