"Te Encontré."

B.B. Asmodeus.

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Fandom: Gotham (2014).

Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne, Bárbara Kean/Leslie Thompkins, Jim Gordon/Bárbara Kean, Bárbara Kean/Tabitha Galavan. Así como implicaciones de Jim Gordon/Otros.

Rating: ADULT. (DE NADA).

Resumen: Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado. (Alfa/Omega/Beta 'verse)

Continuidad: Capitulo situado durante Rise of The Villains, 2x08 "Tonight's the night" & 2x09 "A bitter pill to swallow."

(¡) Capítulo dedicado a mi Pepper, que más que una simple gata, fue una amiga querida que me acompañó durante 13 años en altas y bajas, en las buenas y en las malas. Te extraño, querida. El dolor lo proceso de la única manera en la que se cómo: escribiendo.


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30.

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"Mi libertad, mi celda de prisión

Mi tentación de destruir

Mis fantasías, mi control perdido

Mi confusión, desilusión."

-Bronski Beat (Screaming).

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Jim se instaló en la parte trasera de la patrulla junto con Bárbara, mientras Bruce tomó el asiento del copiloto a lado de Bullock.

"¿Hacia dónde vamos?"

Bárbara, aún esposada, intentó hacer contacto entre sus manos. Jim las alejó, ganándose un puchero. "Vayan al centro de la ciudad."

La camioneta de combate les hizo sombra en cuanto arrancaron.

"Alégrense, chicos. ¿Dónde está su espíritu aventurero?"

"En mis otros pantalones." Bullock ladró. "Cinturón, Wayne."

El chico obedeció a regañadientes. Por el espejo retrovisor, el Beta le buscó. Jim lamió sus labios, sintiendo la presión de dos fuerzas, desde dos polos opuestos.

"A la derecha." Bárbara jugueteó con la malla metálica separándolos de la cabina frontal. "Así que, chicos. ¿Qué me he perdido?"

Los tres pasajeros la ignoraron. Jim jaló de las las cadenas para regresarla a su asiento. Esperó a que el silencio se volviera tan largo que sacara a Bárbara de sus casillas.

Luego, empezó de nuevo.

"Sé que es una trampa."

Bárbara giró su rostro hacia él, sonriendo.

"Y sé que Galavan te está usando como marioneta. Es él quien está detrás de esto ¿cierto?"

Bárbara hizo sus hombros bailar, fingiendo demencia.

"Es un psicópata, Bárbara. Te está usando." Jim miró por la ventana. A Bruce. Y de vuelta a Bárbara. "Se está riendo de ti. Y cuando termine contigo, serás sólo un cabo suelto. Te matará, justo como a Jerome."

"En verdad no te agrada este tipo Galavan, ¿eh?"

La dulzura no lo frustró visiblemente, no queriendo caer en el juego de Bárbara.

Al llegar al centro de la ciudad, la mujer les indicó salir en ruta sur, por la zona industrial.

Bullock fue el siguiente en romper la quietud. "No está hablando, Jim. Necesitamos regresar a la Estación ahora."

"Un poco más."

Jim parpadeó al escuchar su pensamiento salir de la boca de Bruce, quien se había mantenido en completo cierre desde que se había subido a la patrulla.

Bárbara saltó a la oportunidad, literal y figurativamente "Oh, Brucie."

"No me llame así."

"Wow. Un verdadero encanto, ¿cierto?" Bárbara le susurró a Jim. "En serio, ¿qué fue lo viste en él? Cero personalidad."

"Requeriría conocerme, Srta. Kean, para hacer tal acusación."

"Bruce." Jim aclaró su garganta. Luego, pensó mejor en la táctica. "¿En verdad quieres saber?"

Bárbara reconoció el tono oscuro de su voz. Jim la sintió estremecer.

Por el espejo, la atención del Beta fue igualmente capturada.

Jim deliberadamente conectó su mirada con la de su ex.

"Bruce no me necesita." Jim acercó su rostro. "No se desmorona cuando no estoy con él. No se siente inseguro si no lo llamo seis veces al día, para decirle lo que estoy haciendo. No tengo que cuidar de él como un niño pequeño, preocupándome si hoy será el día en el que tomará demasiadas pastillas de dormir… Y cuando le comparto mis cargas, me ayuda a sostenerlas. No se rompe en mil pedazos, ni huye dejando sólo una nota."

El azul de las iris de la mujer cristalizaron, más no hubo lágrimas. Sólo odio.

"Impresionante." Bárbara susurró de regreso. "¿Por cuánto tiempo has estado muriendo para echarme todo eso en mi cara?"

"Un largo tiempo."

"Se sintió bien, ¿verdad?"

Jim no respondió, sólo continuó mirándola.

Justo entonces, Harvey entró por un camino de un sólo sentido por el área de las fábricas de acero, cerca de lo muelles. Jim tuvo un mal presentimiento al instante. Bullock le aventó otro vistazo por el retrovisor.

"Bárbara, escúchame. Tienes una vida delante de ti. No la desperdicies en favor de la locura."

"Bullock, Gordon. ¿Me escuchan?"

Harvey agarró el radio. "Adelante, Capitán."

"No me gusta esta ruta. Están encerrados. Mucho espacio alrededor con puntos elevados."

"Perfecto para una emboscada." Harvey reafirmó.

"Así es, tengo que sacarlos a ustedes y a Wayne de allí."

Bárbara se acercó a la rejilla de seguridad por segunda ocasión "Si regresan ahora, no obtendrán nada."

Jim le imploró a Harvey con su mirada. Todavía no.

"¿Me oyen? ¡Retírense ahora!"

Bruce tomó la decisión por ambos. Le retiró el radio a Bullock de la mano y lo desconectó.

Por el espejo, el joven le alentó a seguir.

Jim asintió. "Bárbara. Piénsalo bien. No desperdicies tu vida."

Finalmente, Bárbara pareció sentir algo aparte de apatía. "¿Qué vida?" La mujer jaló de la cadenas de nuevo. "Tú y yo, tuvimos una vida."

Jim rodó sus ojos.

"Tuvimos verdadero amor. Me pediste que me casara contigo." La Omega agachó su rostro como tigresa, su cabellera cubriendo su rostro en gran parte. "Reservé la Iglesia, compré un maldito vestido de bodas. Jim, soy tan tonta…" Una risa vacía salió de sus labios. Al levantar su rostro de nuevo, sus manos se estiraron hacia Jim. En súplica. "Soy tan tonta que aún te sigo amando."

-De nuevo con esto. Jim la evadió, mirando hacia el frente. El ceño fruncido de Bruce fue lo que encontró en el espejo.

"Y sé que aún sientes algo por mí, porque mismo lo dijiste."

"Podemos hablar de eso después." Jim intervino, antes de que Bruce quisiera tirarla de la patrulla. O a ambos. "Tenemos más en juego aquí, Bárbara."

"Te amo, Jim."

"No sabes lo que es amar." Jim gruñó.

"一Y creo que en el fondo, muy en el fondo, una parte de ti siempre me amará. Sin importar cuantas veces ese chiquillo se te trepe en las noches一"

"¡Por el amor de Dios, Bárbara! No me interesa一"

La colisión fue ensordecedora.

Jim no supo qué sucedió exactamente hasta tiempo después, cuando el zumbido de sus oídos lo despertó.

Su visión fue borrosa al primer intento de indagación. Jim intentó levantarse del asiento, buscando por Bruce.

No lo encontró. Sólo a Bullock inconsciente en el asiento del conductor. "¿Harvey?"

Por la ventana frontal distinguió figuras encapuchadas acercandóseles. Jim volteó a su costado. La puerta estaba abierta. Sin rastros de Bárbara. A lo lejos se escuchaban disparos.

De repente, los rizos de la Omega le llamaron la atención justo frente a su ventana, bailando por la corriente de viento. Jim hizo todo lo posible por sacar su arma.

"¿Vas a dispararme, Jim?"

Luego, todo se volvió negro de nuevo.

Cuando despertó por segunda ocasión, Jim pensó estar aún soñando.

Estaba en una Iglesia. Amarrado a una silla. Por detrás, escuchó a Bárbara一sus tacones一tarareando la marcha nupcial.

Aparte de vestir de blanco, la mujer tenía una escopeta en sus manos, a un padre amordazado y a gente inocente de rehenes.

Jim la escuchó parlotear sobre su suerte en haber encontrado su antiguo vestido de bodas. "¿Puedes creer que aun me queda?"

"¿Dónde está Bruce?"

"¿Recuerdas la primera vez que visitamos este lugar juntos? ¿Lo emocionada que estaba por casarme aquí?"

"¿Cuanto tiempo crees que tienes, antes de que llegue la policía?"

"Típico de ti." Bárbara lo rodeó como presa, apareciendo a su costado con la escopeta todavía en sus manos. "Aquí estoy, queriendo hablar de nosotros…" La punta del arma hizo contacto con su sien, por más que Jim intentó estirarse en dirección contraria. "Y tu cabeza sigue atascada en el trabajo."

"No existe ningún nosotros." Mirando alrededor, Jim dejó a la bestia interna hacerse cargo. Sus emociones salieron; incluidas su coraje. "Si has lastimado a Bruce, te juro que lo que haré contigo será peor."

"Jim." Bárbara suspiró. "Por favor, no actúes todo sorprendido y agraviado. Sabías desde el inicio que esta era una trampa." Para el ojo común, la Omega podría dar una hermosa ilusión, pero todo lo que Jim podía ver era a una persona retorcida y enferma. "Pero, claro, pensaste: ¡Que los villanos lo intenten! Soy el Alfa Jim Gordon. Encontraré la forma de ganarles." Una risa. "O morir." En un parpadeo, Bárbara se le arrimó de nueva cuenta. "Es la opción B, cariño. Tu más querido anhelo hecho realidad."

Jim tragó saliva. "No quiero morir."

"Aw." Bárbara produjo un sonido de falso consuelo. "Oye." Le tomó del mentón para obligarlo a enfocarse en ella, y no en el techo de la iglesia. "Claro que sí."

"No."

"Estaba en tu expediente, nene. Mm. ¿Cómo era? Ah, sí. Mira un abismo y se lanza a él. Su co-dependencia a las relaciones disfuncionales es probablemente la razón por la que no puede reconocer una relación sana, aun cuando la tiene enfrente." Bárbara le arregló el cuello de su camiseta. El nudo de su corbata. Su cabello desaliñado. La mujer lo tocaba como si creyera que aún tenía el derecho a hacerlo. "Ahí lo tienes. Respaldado por la opinión profesional de Leslie Thompkins. Estás tan enfermo como yo."

"Robaste esos expedientes." Jim masculló, recordando su confrontación con Lee al respecto. "Como siempre, escogiendo el camino de los cobardes, en lugar de hablar conmigo como una maldita adulta."

Bárbara lo abofeteó. "¿No estás cansado de ocultar quién eres en realidad?" Su puño jaló del pescuezo de la chaqueta. "Vi las marcas. Los moretones en el cuello de Leslie. Te enojaste, ¿huh? Te gustó. Admítelo."

Jim guardó silencio.

"¿No estás cansado de mentirte a ti mismo?" Sus dedos acariciaron el rostro del Alfa. Jim los quiso morder. "¿A Bruce?"

Fue el botón equivocado para presionar. El Alfa emergió, y con ese ímpetu, Jim se abalanzó hacia Bárbara. "No le miento a Bruce."

"¿En serio?" Fue la escéptica respuesta. "No es lo que he escuchado. ¿Le preguntamos?"

El chillido de una silla de hospital viviendo de sus espaldas le hizo torcer su rostro, inhalando profundamente para reafirmar sus sospechas. "¡¿Bruce?!"

Una mujer enmascarada empujaba la silla en la que el Beta era ahora prisionero. En su boca, Bruce vestía cinta adhesiva, más fue estoico en su bienvenida. Miró a Jim de reojo cuando fue acomodado a su lado. Jim comenzó a forcejear con todas sus fuerzas.

"Esto no era parte del plan." Vino de la mujer vestida en cuero negro.

La Omega se encogió de hombros. "Improvisé."

"Mi hermano no estará contento."

Eso captó la atención de Jim. Hermano. Analizó a la mujer cuidadosamente, guardando características físicas en su cabeza y comparándolas con un posible perfil.

"Prometo no romper mis juguetes." Bárbara enunció con seriedad. "Sé qué tienen garantía."

La mujer enmascarada volteó hacia Alfa y Beta, aún titubeante. "Regresaré en quince minutos. Y estaré vigilando."

"Claro, corazón."

A solas de nuevo, la Omega brincó sobre Wayne con la escopeta siendo colocada en su pecho. "¡Brucie! ¡Tú y yo tenemos que hablar de este chico malo!" La cinta fue arrebatada sin fineza.

Bruce tomó una enorme bocanada de aire, antes de enunciar una réplica. "Listo… cuando usted lo esté."

La rubia resopló una risilla por sus narices. "Veo que comes gasolina en el desayuno, niñito."

"Deja a Bruce fuera de esto. Este asunto es entre tú y yo, Bárbara."

"Oh, no, no, no. ¡Esto es entre todos nosotros!" Bárbara los rodeó, una brazo extendido por cada respaldo de las sillas. "Recuerdo nuestra última conversación, Bruce. ¿Sobre secretos? ¿Sobre cosas que aún no se habían dicho?"

Bruce alzó su mentón, mirada al frente. Ignoró hasta al mismo Jim.

"Un pequeño pajarito me dijo… Que puede que haya llegado el día en el que ya no puedes lidiar con Jim Gordon y sus engaños." Bárbara jugó con los cabello de Jim, metiendo su dedo en su oreja como niña pequeña. "Viste lo profundo del pozo y te asustó, ¿huh? Te lo dije."

"James no me asusta. Nunca lo ha hecho."

"Vaya." Impresionada, la Omega caminó hasta colocarse frente a ambos. "Es porque no lo conoces en verdad."

"Lo conozco." Bruce reiteró, voz dura.

Jim tragó saliva. "Eres la última persona en juzgar quién soy, Bárbara. Apenas te conoces a ti misma. Todo lo que dices son engaños. No tomas responsabilidad por tus errores y prefieres culparme a mi. Pero yo no fue quien mató a sus padres en sangre fría. Yo no fui quien le cortó la garganta a Lee."

"Bla bla bla." La Omega rodó sus ojos. "¡De acuerdo! ¿Quieres algo de honestidad?" Sonriendo con complicidad, la mujer le guiñó el ojo. "Sé que el Alcalde James está con vida, sano y salvo." Bárbara le picoteó la nariz. "Está en una casa de seguridad en Muelles China. ¿Ves? Honestidad. ¡Ahora tú!"

"¿Quién lo puso ahí?"

"¡Agh, aburrido!" Bárbara se quejó, apuntando el rifle en la dirección de Bruce. "Dije que seguías tú, Jim."

"¡No estoy aquí para seguir tus juegos!"

"¡El Jim que crees conocer es una farsa, Bruce! ¡Es un adicto! Cree que puede vagar por la oscuridad, mientras no se vean las marcas de la aguja."

El pecho de Bruce subió y bajó con una honda inhalación. "Todos somo farsantes, de una manera u otra."

"Profundo." Bárbara rodó sus ojos. "¿Te dijo acaso… cómo recuperó su trabajo en el GCPD?"

El perfil de Bruce dobló hacia Jim por primera vez. Jim quiso poder tocarlo. "Mató a alguien como favor a Oswald Cobblepot."

La boca de Bárbara casi tocó el piso. "¡Wow! ¿Y te lo dijo antes, o después, de que se acostara con una prostituta en la Zona Rosa?"

-¿Cómo demonios…? Jim tronó sus dientes juntos, furia liderando cada molécula.

"Antes." Bruce interrumpió. "¿Qué hay de usted? ¿Cuando supo que la habían dejado por un adolescente sin personalidad? ¿Antes, o después de terminar en la cama de la Detective Montoya?"

"Pequeño diablo." La cabeza de Bruce fue jalada bruscamente por sus cabellos en represalia. "¿Y crees que lo amarás, aun conociendo todas las partes feas? ¿Te crees capaz de amar a un asesino frío, obsesionado con la muerte, incapaz de demostrar que tiene sentimientos?"

"Lo hago." Bruce le gruñó, directo a la cara de la Omega. "Sus monstruos no me asustan."

Jim no apartó su vista del joven, acongojado por lo que estaba escuchando. Odió que tuviera que escuchar tal confesión bajo estas malditas circunstancias.

"Bárbara. Déjalo ir."

Bárbara no lo hizo. Al contrario, sacó una pequeña navaja del cinturón de su vestido. Jim observó la hoja acariciar la yugular de Bruce.

"¿Crees que lo conoces mejor que yo?"

Bruce hizo todo lo anatómicamente posible para alejarse de la punta de la navaja, pero el contacto era inevitable. Sabiamente, guardó silencio, limitándose a mirar a su atacante directo a los ojos.

Jim siguió tallando de la soga, cada vez sintiéndola más ligera alrededor de sus muñecas. "De acuerdo. ¿Quieres honestidad? Nunca te amé, Bárbara. Fuiste una ilusión que quería cumplirme al recuerdo de mi padre, eso fue todo. Lo admito."

Funcionó. Bárbara se tornó a él con incredulidad total.

Jim peló sus dientes. "¿La boda? Sólo para hacer feliz a un fantasma. Te usé. Pero, luego tu tambien me usaste, ¿no? A Montoya. A Lee. Estamos a mano, ¿no crees?"

Bárbara fue fría quietud. "¿Pero lo amas a él? ¿Es lo que quieres decirme?"

La soga cedió. Jim esperó a que la Omega orbitara a su cercanía. "Aquella noche en la que lo conocí, sólo bastó un segundo一sólo un segundo一con Bruce, para olvidarme de ti por completo."

"Eres un hijo一"

El empujón la tumbó al piso, y en segundos, Jim tenía el rifle que la misma Bárbara había previamente abandonado. La apuntó directo a la mujer. "Suelta el cuchillo."

Bárbara no se dio por vencida, ni bajó el arma blanca. "¡Oooh, ahí está! ¡Mi majestuoso Alfa!"

Fue un eco aterrador, ayer con Oswald, hoy con Bárbara. "No me obligues a matarte."

"¿Obligarte?" Más risas lunáticas brotaron. "Jim, quieres matarme."

Al verla avanzar, Jim reiteró su agarre de la escopeta. "¡No des un paso más!"

"James, escucha." La voz de Bruce se filtró entre el caos. El Alfa se frenó el paso, todo su cuerpo rebelándose a la decisión de no atacar.

Oyó las sirenas, sin embargo. Sirenas de patrullas del GCPD.

Por primera vez, pánico se reflejó en la rubia. "Demonios." Titubeó un momento más, antes de pegar la huída justo frente a sus ojos.

"¡No los dejen escapar!"

Jim le disparó a matar a los cómplices que aparecieron de las sombras de la capilla. Hizo todo lo posible por cubrir a Bruce del fuego, pero cuando más disparos vinieron de la mujer enmascarada, Jim actuó rápido. Usó a uno de los hombres caídos como escudo y le disparó a la mujer en el pecho.

Le dio en el hombro. No la desplomó, pero logró espantarla del lugar.

Las puertas de la Iglesia dieron un escandaloso estruendo, y más pasos retumbaron.

Jim se arrastró por el piso hacia Bruce, apresurandose a desatarlo. "¿Estás bien?"

Bruce asintió, temblando. Por adrenalina. Por miedo. Jim apostaba a ambos. Los brazos del Beta, en cuanto estuvieron libres, se colgaron del cuello de Jim.

"Sssh. Fuiste muy valiente."

Bruce se separó tan súbitamente como se le había abalanzado. "¡James, mira!" El chico le apuntó hacia el piso superior del santuario, donde una nube de tul blanco se apresuraba.

Jim no lo pensó dos veces. Aun armado hasta los dientes, el Alfa inició la persecución.


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"Se terminó, Bárbara." Leslie le imploró a la oreja, al unísono que Jim entraba al ático. "Todavía puedes cambiar el desenlace de todo esto. No es tarde."

"Ahora lo comprendo." Bárbara le susurró. "Comprendo todo."

"¿Bárbara?"

En acto traidor, Leslie apareció detrás de Jim. Su bata médica le recordó a Bárbara del día en el que se habían conocido. Lucía como la verdadera Leslie Thompkins; espíritu altamente santurrón incluido. La desaprobación fue palpitante en su ceño fruncido y en su ligero puchero.

Inconsciente del fantasma que le daba sombra, el Alfa avanzó hacia ella lentamente.

"Siempre matas a lo que amas." Les' repitió, extrayendo el dicho de su último sueño. Tristeza enmarcó sus facciones. "No tiene que ser así siempre, ¿sabes?"

"Se terminó." Jim fue la perfecta réplica de Leslie; como dos gotas de agua.

Bárbara sonrió, libre. "No. Aún no."

Se le echó encima al Alfa con la navaja en alto. Una parte de Bárbara quiso detenerse, pero ya habían llegado demasiado lejos. No había vuelta atrás. Esto era lo que merecía. El gran clímax.

Jim fue más fuerte一como siempre. La giró sobre su eje, luchando por quitarle la daga de sus manos. Bárbara gruñó feral, sacando un último empuje de sus extremidades para quitárselo de encima.

La ventana se rompió tras el cálculo equivocado, y en instantes, Bárbara no tuvo suelo bajo sus pies. Sólo aire frío, y la mano de Jim aferrándose de la suya desde las alturas.

"¡Agarrate fuerte!" El hombre apretó sus dedos, sintiendo sus manos resbalarse por el sudor. Por la sangre. "¡Bárbara, vamos! ¡Sujétate!"

Bárbara no se sintió asustada. Se sintió liviana. Poderosa, sabiendo que esta sería la manera perfecta de quedar tatuada en el recuerdo de Jim. Ahora sería su turno el ser cazado por su fantasma. "Lo siento, cariño… Está cita ha apestado, ¿huh?"

"No一¡Ni lo pienses!"

"Todo estará bien." Bárbara jadeó. "Sólo recuerda: omnia vincit amor."

Soltó la mano de Jim Gordon y con eso, cayó al vacío, disfrutando de los alaridos de terror que su acción provocó.


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"¡Jim!"

Harvey halló a su compañero tirado al pie de la ventana rota, su brazo todavía flexionado. Harvey le llamó de nuevo. Jim siguió inmóvil. El hombre parecía estar en estado completo de desorientación.

"Oye." En cuanto lo tuvo cerca, lo ayudó a rodar lejos de la ventana. "¿Estás lastimado?"

"Bárbara." Jim masculló. "Se cayó."

Demonios. Harvey se apresuró a tomar el radio de su cinturón y demandar que alguien fuera a revisar la planta baja. "¡Llamen a una ambulancia ahora mismo!"

Jim quiso levantarse. Si no hubiera sido por el apoyo de Bullock, hubiera besado el piso de nuevo.

"Jim, reacciona." Le golpeó el pecho ligeramente. "Estás blanco. ¿Qué pasa? ¿Contusión?"

"¿Bruce?"

"Está con Alfred, afuera."

Jim levantó sus ojos, grandes como platos. "Bárbara está afuera."

"Sí, Jim. Lo sé. La van a ayudar." Raramente Harvey se creía adecuado para ser gentil. Pero Jim en serio lo estaba comenzando a asustar. "Llamé una ambulancia, y no deben tardar. Vamos, salgamos de aquí."

"¡Gordon!" Barnes se les unió. Al ver a Jim, alzó sus cejas. "Dios, hombre. Dime que le sacaste algo importante."

Harvey no apreció la falta de consideración por el shock que Gordon todavía experimentaba. Irónicamente, fue tal comando lo que surgió efecto. Jim actuó como si un balde de agua fría le hubiera caído encima.

"El Alcalde. No delató a Galavan pero一Bárbara dijo que el Alcalde James estaba prisionero en el Muelle China en una casa de seguridad."

La ambulancia se escuchó a la distancia mientras los tres hombres bajaban a la planta baja de la Iglesia.

"¡Unidades móviles, todos a los Muelles China! ¡Repito, todas las unidades móviles, vayan ahora mismo a los Muelles China!"

Antes de salir con el fuego del momento bajo sus respectivos traseros, Harvey notó a su compañero buscar entre las multitud de paramédicos y oficiales por el rastro de su chiquillo. Hasta a Harvey le pareció extraño no verlo por ninguna parte. "Al' debió haberlo llevado a casa, ¿huh?" Le empujó a Jimbo en las espaldas para apresurarlo hacia una de las patrullas.

"Lo más probable." Fue el murmullo que recibió.

Cuarenta minutos después, tras revisar dos bodegas equivocadas, encontraron al Alcalde James con una caja en la cabeza y una bola de concreto atándolo al piso.

"¿Qué tienen podrido en la cabeza esta gente?" Olía a alcantarillas y Harvey se vio obligado a aguantar la respiración.

"Ayuda… Ayúdame." El Alcalde James temblaba ligeramente dentro de la jaula en la que lo habían guardado. Aún vestía la ropa con la que había salido a su oficina el día de su desaparición, y fue obvio que había sido obligado a hacer sus necesidades fisiológicas bajo circunstancias poco gratas.

Cuando Jim abrió la caja fuerte puesta en su cabeza para destapar su rostro, el hombre mostró la decadencia de su estadía, barba crecida y piel grasosa. "¡Ayúdame!"

"Es lo que haremos, no se preocupe. Pero díganos… ¿Quién le hizo esto?"

James miró a Gordon directo al ojo. "¿Quién diablos crees?"


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Alfred sabía que habían límites. Líneas.

Y el Amo Bruce las estaba cruzando justo frente a sus ojos, sin noción de freno. Sin el uso de cabeza fría. El chico se le estaba resbalando de sus dedos y el Alfa no podía mantenerlo contenido.

"Fue un error venir aquí." Alfred insistió, aun queriendo dilatar la secuencia de eventos que estaban por estrellarse, y para la cual, sabía que el Beta no estaba preparado para afrontar.

El Alcalde Galavan los había recibido con sorpresa al primer instante. Luego, gula. Había prácticamente jalado a Bruce a su estudio para mostrarles los documentos necesarios a firmar, para concretar la transacción de Empresas Wayne.

"Es lo que sigues diciendo." Vino de su protegido, ojos pegados a los párrafos bajo su inspección.

"Espero veas que todo está en orden, Bruce." Galavan regresó al estudio, tras haberse desaparecido misteriosamente por cinco minutos.

"Concuerdo." El Beta estaba obviamente, dilatando el momento. A pesar de haber leído los documento tres veces ya, el muchacho pretendió examinar la última hoja de papel de nueva cuenta.

"No tenemos mucho tiempo." Galavan se posó sobre el escritorio, su mano prácticamente sobre el puño del Amo Wayne para obligarle a firmar la maldita línea.

"¿Cómo puedo estar seguro que no está vendiéndome una mentira?"

Galavan le echó una mirada suspicaz a Alfred, antes de enfrentar la pregunta del joven. "Supongo que tendrás que confiar en mi."

El Amo Bruce aceptó el bolígrafo que Galavan le ofreció. Alfred se acercó a las espaldas del joven, casi jadeando sobre su nuca.

La punta de la pluma tocó el papel.

Luego, la pluma fue apartada.

"Propongo un mejor trato."

Alfred parpadeó.

Galavan fue la misma historia. "¿Perdón?" Los contornos de su rostro se profundizaron, impaciencia saliendo de sus poros, y algo más oscuro desprendiéndose en sus feromonas. Alfred, instintivamente, acercó su mano al hombro del amo Wayne.

El joven se liberó, sin embargo, de su mano y de la silla que lo aprisionaba contra el cuerpo de Galavan. Cuando se dirigió al otro Alfa, lo hizo con convicción. "Me entregará lo que sabe. Todo. Sin necesidad de venderle mi 51%."

Una risa incrédula salió del Alcalde. "¿Por qué, en todos los cielos, haría cual cosa, Bruce?"

Estruendos se oyeron a la distancia. Alfred se tornó hacia el umbral del estudio.

"¡GCPD! ¡Abran la puerta!"

"Porque, aproximadamente en diez minutos o menos, será arrestado por tener al Alcalde James secuestrado todo este tiempo, y puede que yo sea su única oportunidad de salir bajo fianza."

Alfred sintió su mentón aflojarse al escuchar tal cosa. Su cuello se quejó con la fuerza que le aplicó al voltear a su protegido. "Amo Bruce, ¿ha totalmente perdido la cabeza?"

Caos hizo erupción de todas las direcciones一Alfred pudo jurar que un ejército emergió del vestíbulo en ese preciso momento, aunque sólo se trató de unos cuantos oficiales de policía y de, por supuesto, Harvey Bullock y Jim Gordon.

"¡Alfred, aleja a Bruce de él!"

"¡No!" En el proceso de hacer justo eso, de reojo, Alfred divisó el paquete de evidencias que Galavan había estado usando de zanahoria tentadora, volar directo a las llamas de la chimenea. No hubo forma de entrometerse en el camino para intentar salvar los contenidos. No cuando el mortal ferrocarril que fue el Detective Gordon, dirigió su puño directo a la cara de Theo Galavan.

"¿Sorprendido de verme?" Placer literalmente se derramó de los colmillos de Gordon, tras indudablemente haberle fracturado la nariz al otro Alfa. "Quedas bajo arresto, hijo de puta."

"¿Bajo cuáles cargos?"

"Secuestro y tortura de Aubrey James. Bullock, espósalo."

El joven Wayne observó a Galavan siendo escoltado fuera del estudio, y renovado coraje regresó a su lucha por liberarse. "¡James, espera!"

Gordon se tornó a hacia ellos con completa confusión. "¿Qué demonios hacen aquí?"

Fue entonces, que Alfred tuvo la certeza que el chico había descubierto lo mismo que Alfred. El paquete. La chimenea.

Eso bastó para detonar en el Amo Bruce su propia bestia interna. Pisó el botín de Alfred para liberarse de sus brazos y se le abalanzó directo a Gordon. "¡Lo arruinaste!"

Fue doloroso. El alarido trágico de su protegido. El shock en el rostro de Gordon. Las llamas de la chimenea haciendo cenizas el nombre de un asesino.

Y la manera en la que Bruce golpeó el pecho de su Escogido con sus puños, casi de manera blasfémica.

Era una imagen cruel, resultado de circunstancias que habían estado hirviéndose dentro de un olla de presión por semanas.

"¡Lo arruinaste todo!" Jim Gordon sometió al adolescente enfurecido, sujetándolo de las muñecas de manera rápida, aunque no perfecta. Bruce sólo gruñó, sus forcejeos aumento de intensidad.

"¡Bruce, cálmate!"

"¿Por qué no puedes dejar de lastimarme? ¡Sólo por un maldito dia! ¿Que no has hecho suficiente ya?"

Eso caló hondo. La expresión en Gordon lo evidenció. Lució como si le hubieran disparado por las espaldas.

Alfred levantó sus manos, deseando hacer contacto con el Beta一Una mirada del otro Alfa lo congeló antes de completar la acción.

Aléjate. El rojo en la mirada de Gordon fue claro.

"¡Déjame ir!" El Beta en sus brazos fue hundiéndose, tanto emocionalmente, como por el peso de su cuerpo. "¡Suéltame! ¡No me toques!"

El Detective se mantuvo en silencio, a pesar de las provocaciones y el descontrol en el que estaba envuelto.

Alfred fue retrocediendo de la pareja, quedando solo un par de oficiales en la entrada del estudio. Alfred los liberó de seguir siendo espectadores de algo tan privado, indicándoles que salieran del lugar.

Antes de hacer lo mismo, Alfred se permitió dar un último vistazo a sus espaldas.

La furia de Bruce Wayne fue un fuego lentamente amenguándose. Las manos de Gordon nunca lo dejaron ir, aprisionándolo contra su pecho ahora con sus brazos alrededor de su delgado cuerpo. Las discriminaciones estaban lentamente evolucionando a sollozos quietos一y frente a todo, Jim fue una roca firme, inamovible, aceptado todo la munición que su Escogido estaba arrojándole en su cara, a mecha encendida.

La imagen del desplome simultáneo de sus cuerpos a la alfombra, quedó en su cabeza,y Alfred sabía que permanecería con él, por mucho más tiempo de lo deseado.


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"一mañana un equipo forense pondrá el Penthouse pies arribas en busca de cualquier evidencia. Barnes dice que el testimonio de James puede no ser suficiente."

"Mm." Jim produjo contra la bocina. "Encontraremos algo, estoy seguro."

"Quizás. Recuerda que Galavan es demasiado listo." Harvey bostezó descaradamente entonces. "Me estoy muriendo, hombre. Te veo mañana, ¿de acuerdo?"

Hubo una pausa donde Jim sabía que Bullock quería preguntar algo más. Jim cortó la llamada antes de que eso sucediera. Aventó el móvil a la mesa de estar, todavía en su traje sucio.

En la cama, Bruce seguía dándole la espalda, sentado en la orilla más lejana a Gordon. Su cabello brillaba con la luz de la lámpara, húmedo por la reciente ducha.

Jim comenzó a retirarse la corbata. Los zapatos. Al seguir siendo ignorado, Jim los recogió del suelo, dirigiéndose a la salida de la alcoba. Algo irónico, considerando que se trataba de la suya.

"¿Eso es todo? ¿Ya te vas?"

Jim resopló por sus narices. "¿Qué quieres de mi, Bruce?"

"Dejar de huír de mí, sería un buen comienzo."

Encendido, Jim aventó la puerta. El ruido le resultó satisfactorio. "Aquí estoy."

El joven se levantó de la cama, por fin dándole la cara. "Lo siento. Por la forma en que reaccioné."

Jim dejó caer los zapatos al suelo. Para ocupar sus manos en algo, jaló de su corbata para desatarla. "No te disculpes por mostrar lo que realmente sientes."

"No estaba enojado contigo, no en verdad." El joven produjo un sonido de intensa frustración. "Si tan solo hubieras esperado diez minutos más一"

"¿Para qué? ¿En verdad creíste que podrías estafar a un maestro manipulador como Galavan, para obtener lo que quieres? Es obvio que no había nada en ese sobre. Galavan estaba mintiendo, Bruce."

"Galavan es demasiado listo para fingir lo contrario. Tú mismo lo haz dicho. Es un maestro en lo que hace."

La terquedad fue suficiente para sacar de Jim un suspiro harto. "De acuerdo. Cree lo que quieras. Pero, ¿sabes lo que yo creo? Creo que todo lo que dijiste en ese Penthouse es sólo parte de lo que has estado guardándote."

Los ojos de Bruce estaban irritados por llorar, a pesar de la ducha. Jim sintió su rostro quemar con vergüenza al escuchar el sentimiento real de coraje provenir de la siguiente oración.

"Por lo menos. yo siento algo al respecto."

"¿A qué te refieres?"

"La manera en la que te comportas. Es como si te diera igual. Dices que lo sientes, pero honestamente, se siente como si lo hubieras ensayado frente al espejo. Desde tu confesión… Se siente como si te hubieras dando por vencido."

Mierda.

Bruce se le acercó con cautela. Jim, todavía sin oportunidad de recuperarse por el golpe directo a sus defensas, hizo lo habitual en un Gordon.

Cambiar el tema.

"Mañana revisaremos su penthouse hasta el último rincón. Buscaré por lo que sea que pueda relacionarse a la muerte de tus padres, te lo prometo."

Bruce cruzó sus brazos. "Esta batalla no es tuya, James."

Jim mordió el interior de su mejilla. Prosiguió a retirarse la chaqueta. "Galavan la ha convertido en mía. Ha asesinado y torturado a gente inocente. Me engañó para obtener mi apoyo en su campaña, manipuló a Bárbara para dejarla suelta como perro rabioso, y casi logra matarte en el proceso más de una ocasión. La maldita lista sigue y sigue."

"No me refería a Galavan." Al ver que Jim estaba por pegar huida al baño adjunto, fue rápido y listo. Se interpuso en su camino, frente en alto. Una mano se clavó al antebrazo del Detective. "La muerte de mis padres no es tu problema. Te liberé de su caso desde hace tiempo."

"Pero Galavan lo está usando para manipularte. ¿Qué no lo comprendes?" Jim masculló. "Ese hombre ha ido detrás de todas las personas cercanas a mi. Lo quiero bajo rejas el resto de su vida, podrido en un celda por todo lo que ha hecho."

Los ojos de Bruce aumentaron de tamaño ante su vehemencia. Sus feromonas fueron una manifestación ligera de lo que estaba sintiendo, aromas tenues y débiles para su olfato, como la marca de pertenencia que su Alfa tenía un largo tiempo sin reafirmar.

Tenerlo tan cerca de nuevo, le recordó a Jim de las acusaciones一¿Que no has hecho suficiente ya?

"Lo siento, Bruce." Jim semi-gruñó. "Por todo." Incapaz de seguir sosteniendo su mirada, Jim soltó su antebrazo. Su garganta se sintió atascada. "Sigo viéndolo. La navaja de Bárbara en tu cuello."

"No puedes culparte por las acciones de esa mujer." Bruce susurró.

"No entiendes." Jim cerró sus ojos. "Bárbara tenía razón. La quería matar. Si te hubiera lastimado… la hubiera matado." Talló sus párpados para aliviar los comienzos de dolor de cabeza. "He tratado de ignorarlo, pero desde lo que hice esa noche… estoy enojado conmigo mismo todo el tiempo."

Bruce permaneció inmóvil, procesando lo que estaba escuchando.

Jim extendió sus palmas justo frente a sus ojos. Vio sus propios dedos temblar. No habían dejado de hacerlo, desde que Bárbara lo había soltado. "Existe esta oscuridad en mi… Me siento constantemente en este precipicio, día a día… Y cada vez pierdo más el miedo a saltar."

Momentos después, Jim sintió las manos de Bruce sostener las suyas; un intento solidario por detener sus temblores.

"Sigues subestimándome." El Beta deliberó con irritación. "Comprendo a la perfección a lo que te refieres."

Jim pudo haber jurado ver hilos dorados iluminar la piel traslúcida de Bruce conforme sus dedos se enclavijaron entre sí, venas reaccionando a su compatibilidad. Pudo haber jurado que sintió su propia sangre condensarse; sus moléculas entrando en duelo con la naturaleza de Bruce.

Besarlo, fue familiar. Después de un mes regido por distancia, altas tensiones y cierta expectativa a que todo se iría al carajo con la palabra o acción equivocada, el beso fue un impacto. Jim se sintió noqueado directo al piso.

Bruce no pretendió que no lo había extrañado. Su boca insistió sobre la suya hasta que Jim diera acceso y sus lenguas entraran en contacto. Jim sintió al Beta alzarse en puntillas, sosteniéndose del cuello de su camiseta. Con un gruñido, el Alfa se apoderó del cuello del joven para apartarlo bruscamente.

"Quiero dejar de huir. Pero me aterra lo que pasará… si me quedo quieto."

Fue una revelación, ver a Bruce, y atestiguar una incertidumbre similar a la suya. "Yo también tengo miedo." El chico lamió sus labios. Un rizo mojado se había aplastado contra su frente.

Jim lo volvió a besar, adicto a la dulzura. Al confort. Entre más tiempo sus bocas se reconectaron, menos entumecido Jim se sintió.

Aunque en su mente Jim volvió a ser atacado con la imagen de Bárbara sobre Bruce. El Alfa tuvo más voluntad que la culpa. Sus palmas bajaron por la seda cubriendo la espalda del joven, disfrutando de la longitud y la forma. Disfrutando de los sonidos que provocó con su delicadeza.

Jim restregó su nariz por el cuello del Beta. La antigua marca fue constatada en segundos, sus feromonas aferrándose de vuelta a la piel de Bruce. En respuesta, el joven se apresuró a jalarlo de la camiseta rumbo a la cama.

Jim no pudo evitar resoplar ante el entusiasmo. "Bruce, apesto." Sus calcetas le ayudaron a frenar contra la alfombra. "Y no estoy bromeando."

"No me molesta." Obtuvo, en forma de rezongue. "Para mi, hueles como deberías."

Jim peinó los mechones húmedos que se habían resbalado por la sien de Bruce. "Esas son las hormonas hablando, no tu sentido común."

El Beta se volvió a adueñar de su camiseta, su nariz precipitándose contra la suya. "James. Después del día que tuvimos… Al diablo el sentido común."

Jim exhaló lo que le quedaba de resistencia.

Bruce, por su parte, pareció tener como misión personal el del recordarle que se trataba de un adolescente, en auge de hormonas, que estaba harto de ser ignorado. Exceptuando la cordura de Jim, el chico no tomó rehenes.

Jim se dejó llevar. Cuando Bruce lo jaloneó a la cama, se lo permitió. Cuando fue empujado sobre ella, no obtuvo objeción. El Alfa, sangre fluyendo por todo su rostro一los insistentes besos de Bruce diluyéndose con la sangre seca aún manchando su piel一encontró cierta tranquilidad en perder el control de lo que estaba pasando.

Nunca lo había pensando. Que ceder, sería la solución.

Por una pequeña pausa, sus dedos se clavaron en el mentón del Beta, queriendo asegurar que fuera escuchado.

"Te amo."

Recibió una entrecortada exhalación de calor en réplica. Bruce parpadeó, mejillas rosáceas, pupilas dilatadas. El chico asintió. "...y yo a ti."

En segundos, el cuerpo entero de Bruce le brincó encima. Jim rodeó su cintura en instinto, jalando de la bata de dormir para descartarla de su vista. Los botones del camisón le siguieron, algo torpe en llevándose la acción acabo.

Bruce lo distrajo con otro beso, con el masajeo de sus manos sobre su pecho, con su olor.

Sintiéndose abrumado, Jim gimió. Sus dígitos, aún anclados en la cintura del Beta, empujaron de su dueño. La fricción fue un golpe de adrenalina entre sus regazos. Jim no supo cómo comenzar. Por dónde.

Bruce no sufría de la misma aflicción. Armando de determinación, tuvo sus pantalones abiertos con una agilidad que le asustó a Jim. De ahí, fue fácil deshacerse de lo restante, desnudando el torso del Detective como una madre a su bebé.

Jim se tumbó sobre la cama para patear sus pantalones fuera de sus piernas. Libre por un momento del peso de Bruce, aprovechó para retirar sus calcetas.

Luego, Jim levantó su mirada. "Diablos."

Bruce tragó saliva desde donde permaneció de pie. La bata de dormir y sus pijamas eran un bulto en la alfombra, no muy lejos de la ropa de Jim.

Una vez que obtuvo la mirada fija de Jim sobre su persona, el muchacho deliberadamente retiró su ropa interior, dejándola colgar en sus tobillos por un momento, antes de desenredarlos.

El impacto visual dejó a Jim sin voz. Sus ojos, muy probablemente, bastaban para reflejar sus adentros.

Bruce caminó de regreso a la cama, completamente desnudo, en exhibición frente a él一Como nunca había sucedido en la historia de su relación.

-No te muevas. Jim demandó sólo en su cabeza. -No te acerques. Porque no sé de lo que soy capaz.

En cuanto tuvo la oportunidad, quiso averiguar la sensación de su palma sobre el abdomen frente a él. Bruce se estremeció con el primer contacto, apoyándose en los hombros ajenos de nueva cuenta, para treparse sobre el Alfa.

Al colapso de sus cuerpos juntos, fue turno de Bruce de liberar un sonido acongojado. No hubo más, sin embargo, porque Jim se los tragó con su boca. Se cubrieron el uno al otro de la cabeza a los pies, cuerpos ceñidos en estilo siamés, jadeos pronto retumbando por la recámara.

Jim tuvo la certeza de que nunca había experimentado algo tan íntimo.

"James." Bruce murmuró. "¿Qué…qué más puedo hacer?"

Jim gimió, apretando el trasero del joven con sus manos para atraerlo hacia sí. "Lo que quieras一Lo que se sienta bien, cariño."

Bruce embistió contra él, y la sensación lo llevó a clavar su rostro en el hombro del Alfa. La ondulación continua los tuvo a ambos en una perpetua agudez. El placer fue sorpresivo en su intensidad一Jim de repente, sintió urgencia. Admitió desear más, pero no sabiendo en exactitud qué.

Al final, el Alfa tomó posesión. "Dejame sentirte."

Atontado con el enjambre de feromonas zumbando en sus orejas, Bruce no presentó ofensa al ser empujado sobre la cama. Jim lo alentó a colocarse sobre su costado, piernas aun enredadas juntas. No perdió tiempo. Tomó la erección del joven en su custodia, acariciándola con dedicación.

"Ven aquí."

Bruce abrió sus ojos, sus jadeos crecientes en potencia. Jim lo acercó a su abrazo, manteniendo robada la atención del Beta, mientras su puño experimentaba con sus caricias. Evitó estimular las zonas más sensibles, consciente que Bruce sería una espectáculo del 4 de Julio, sin mucho esfuerzo. Se concentró en hacerle sentir bien, sin prisas.

Ojos engrandecidos, Bruce se agarró de la cintura de Jim, sus sonidos siendo mínimos. Su cuerpo se retorció en contra-ritmo a la mano de su Alfa. Fue todo un hallazgo, presenciar a alguien tan joven procesar placer neto como este, y soltarlo al exterior tras aprenderlo en cada una de sus células. Le hirvió a Jim de adentro hacia fuera, sabiendo que hasta esto, era su responsabilidad y gran parte de la falla en el ritmo de su relación.

Por mucho tiempo, al negarle a Bruce esta parte一esta plenitud en su vida íntima一Jim le había estado negando su lugar a su lado.

Su nariz buscó por la del Beta, golpeándola en jugueteo. "¿Te gusta?"

Bruce ocupó recuperar funcionalidad de su boca, antes de otorgarle un respuesta. "Todo… Todo lo que haces conmigo… me gusta."

Jim relamió sus labios, conmovido. Afortunadamente, Bruce prosiguió a besarlo con todas sus fuerzas, evitando más confesiones vergonzosas de las que Jim después no pudiera digerir en la luz del día.

Justo cuando sintió al Beta acercarse al punto de no retorno, Jim soltó la erección del chico por un instante, sólo para volver a aplicar fricción ahora alrededor de ambos pilares, el placer de Jim ahora unido al de Bruce.

Como todo lo demás.

Bruce se rompió primero, encajando cuatro medias lunas en la cadera de Jim con la cúspide de一muy posiblemente一una enorme carga de tensión sexual encontrando resolución. El orgasmo de Jim fue algo más tranquilo, extraído de un cuerpo que había estado en batalla todo el maldito dia. No se sintió menos apreciado, claro.

Jim acarició el torso sudado de Bruce hasta que los temblores disminuyeran, y el chico pudiera recobrar el uso de sus neuronas.

"¿Qué es eso?" Fue el eventual murmullo que salió del joven. Jim sintió la presión de sus dedos todavía en su cadera.

Jim hizo una mueca. "Una mala decisión."

Bruce se levantó. No fue justo que luciera tan alerta. "No lo había visto antes."

Jim enseguida comenzó a jalar de las sabanas. "Porque hasta ahora no habías podido husmear con tanta libertad."

"¡Oh, vamos!" Bruce se rió a sus expensas, endorfinas haciendo de las suyas. "¡Déjame ver!"

Jim le empujó para que rodara al otro lado de la cama, ganándose más risas.

Ahora envuelto en una de las sábanas de la cintura para abajo, el Alfa reinició su camino a la ducha pendiente. No le cayó de sorpresa, sentir compañía a sus espaldas.

"¿Desde cuando lo tienes?"

Ahora frente al espejo del baño, Jim suspiró. "Ya sabes que estuve en una banda."

"¿Y su eslogan era un pequeño tiburón con un sombrero de copa?"

Jim se encogió de hombros. Para sus sorpresa, al volver al reflejo, sólo encontró a Bruce vibrando de diversión, cero carcajadas.

"Creo que es un tatuaje... bastante adorable."

-Peor aún. "¿No tienes frío?" Jim le alzó una ceja a su completo estado natural.

Bruce cerró la puerta del baño tras de sí, luciendo diabólico. "Parece ser que estoy en necesidad de otra ducha. Lo correcto sería compartirla y no desperdiciar agua, ¿no lo crees?"

Jim sólo respondió dejando caer la sábana al piso.


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Bárbara Kean había caído en coma.

Bruce estuvo presente cuando James recibió la notificación por teléfono. Observó su expresión y la forma en la que sus puños seguían temblando en periodos.

"Pasaré a verla." Escuchó al hombre ladrar. "Gracias, Harvey."

"¿Estás bien?"

James, desatento a la figura de Bruce en la entrada de la cocina, se mostró incómodo al instante. Sin embargo, el Alfa le compartió el diagnóstico en un murmuro apresurado.

"Será transferida a Arkham hoy."

Bruce terminó de entrar a la cocina. Se apoyó en la barra, a lado opuesto de James. "¿Estás bien?"

El Alfa se tomó un momento. Cuando asintió, lo hizo con firmeza. "Lo estaré cuando Galavan sea sentenciado."

No había mucho que Bruce pudiera agregar a tal convicción. No cuando él mismo tenía sus propios objetivos respecto al destino de Theo Galavan. "¿Mientras tanto?"

"No lo sé." James carraspeó. "Pero anoche… me ayudó. Hablar."

"Gritar, querrás decir."

Se ganó una sonrisa. "Y lo que siguió."

Bruce sintió su propia sonrisa nacer. Lo que siguió. Los recuerdos le llegaron como carbón en brasas. Rodeó la barra de manera inevitable, usandola de apoyo para ganar impulso y besar a James con toda la facilidad posible. Jim rió contra sus labios, pero lo recibió de todas maneras. Lo rodeó con sus brazos. Con su aroma. Algo que Bruce había extrañado inmensamente.

Fue distinto a las veces anteriores. James fue más duro en el jalón de su cuerpo contra el suyo. Menos controlado. Al empujarlo a la madera de la barra, Bruce fue el primero en resoplar desprevenido, el contacto bruto de sus regazos llenándolo de calor en segundos.

Bruce fue el primero en admitir que parte de su cerebro se conviritó en gelatina.

"Oh. ¿Entonces hicieron las paces? Excelente. Hora de dejar en paz mi cocina, entonces."

James rompió el beso, más le sonrió a Bruce con complicidad. No movió ni un músculo de su actual posición depredadora. "¿O podrías darte la vuelta y pretender que tienes algo más que hacer, en otra parte de este enorme lugar?"

La expresión de Alfred no tuvo precio. Bruce sospechó que su tutor estaba a un minuto de sacar uno de sus mazos de los cajones. "Alguien está sintiéndose valiente hoy, ¿huh? Esa victoria contra el Alcalde parece haberse ido directo a su cabezota, Detective."

La mención de Galavan tuvo el efecto deseado por el mayordomo, para la decepción de Bruce.

"Se me hace tarde. Barnes está esperándome en el penthouse." Desenredándose de Bruce, el Detective revisó el reloj de su muñeca. Torció su rostro en un gesto de preocupación. Al retornar al Beta, lo hizo con una última caricia de su pulgar en su mentón. "Lo siento."

"Después." Bruce suspiró.

Un último guiño fue su despedida. "Pasaré para el almuerzo." Bruce no despegó sus ojos del hombre hasta verlo desaparecer de la cocina, en paso apresurado.

Luego, se tornó hacia Alfred. "No empieces."

Alfred rodó sus ojos. "¡Ustedes dos son como un sistema de tuberías descompuesta! Frío. Caliente. Caliente, frío. No tienen una maldita temperatura templada."

"Ah, tus analogías siempre son tan peculiares, Alfred."

"¡Hablo en serio!" Cerrando la puerta del refrigerador, Alfred regresó a la estufa con la canasta de huevos. "¿No estaba acaso lloviéndole a golpes a Gordon, anoche? ¿Qué cambió?"

Bruce ayudó en la tarea de comenzar con el desayuno, extrayendo el paquete de tocino y la leche de soja del mismo refrigerador. Esperó a que Alfred aceptara las ofrendas de sus manos, para tener su completa atención.

"Dejamos de comportarnos como idiotas."

Alfred alzó sus cejas. Eventualmente, le mostró una ligera curva de su boca. "¿Está diciéndome, que acaso está aprendiendo a madurar, Amo Bruce?"

"No exageremos." Bruce bromeó de vuelta. Minutos transcurrieron en lo que esperó a que Alfred rompiera los huevos y prosiguiera a revolverlos en el sartén. "Siento… que finalmente lo recuperé, Alfred. ¿Tiene eso… sentido?"

Alfred le echó un vistazo. "Le rompió hasta la última defensa con ese pequeño show de ayer. Claro que el hombre por fin debió de haber despertado de su nube de autoflagelación y pobreza de habilidades sociales. Sí, Amo Bruce… Tiene sentido."

Bruce se sintió aliviado. Como si Alfred le hubiera quitado una pesa de sus hombros. "Las cosas que la Srta. Kean dijo ayer… Fueron horribles."

"Me imagino."

"No." Bruce afirmó, yendo por el pan para cortarlo. "Esa mujer es una experta en hacer a James sufrir. Hubo un momento donde creí que James en verdad iba a matarla. Me dijo que quería hacerlo."

Alfred lució alarmado. Más los huevos en cocción lo mantuvieron ocupado.

Bruce comenzó a cortar franjas del pan de trigo. "Sigo pensando… en que si lo hubiera hecho. ¿Cómo hubiera reaccionado yo?"

"¿Y?"

Bruce suspiró. "Descubrí que sería la última persona en juzgarlo. Si se hubiera tratado del asesino de mis padres, yo hubiera…" Ahora así, los ojos de Alfred estaban casi saliendo de órbita. Bruce tragó saliva. "Somos tan parecidos."

Alfred apagó la estufa. Al voltear hacia Bruce, su expresión lució bastante consternada. "Quizás demasiado. Quizás… eso es peligroso."

Tal hecho no era sorpresa para Bruce. James siempre había sido peligroso. "O eso, sólo muestra la veracidad de nuestra compatibilidad."

Alfred no dio la impresión de sentirse mejor. "De acuerdo. Suficiente plática sombría. Tiene el día libre. ¿Qué planes tiene?"

Justo así, el timbre de la mansión sonó, casi por intervención divina. "¿Contestar la puerta?" Sonriendo, Bruce salió de la cocina para hacerse cargo de la tarea.

Al inspeccionar el ojuelo de la puerta, Bruce fue sorprendido por la persona que encontró del otro lado.

El abrir la puerta, no cambió el panorama.

"¿Johnny?"

Vestido de un gorro de lana, el chico batió una mano enguantada en saludo. "Hola, Bruce."


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Alfred estaba tan emocionado por tener visitas de una personal normal, que hizo tres diferentes tipos de panqueques, aparte de los huevos revueltos. Johnny fue educado, siempre diciendo gracias y por favor y oooh, quedaron deliciosos, Sr. Pennyworth一Bruce se mantuvo en silencio la mayoría del desayuno, todavía indeciso en cómo sentirse respecto a la visita.

Finalmente, después de que Alfred se disculpara para atender la carga de ropa en espera en la lavandería, Johnny cambió completamente de semblante.

"Pensé que nunca se iría."

Bruce levantó una ceja. "¿Oh?"

"¿Haz visto a Selina?"

La otra ceja se le unió. "No. ¿Debería?"

Johnny suspiró. "Bruce, creo que está en problemas. La última vez que la vi, estaba bastante molesta y hablaba sobre liberar a una persona del hospital一"

"¿Qué?"

"Una amiga suya. Quería que le ayudara a sacarla del hospital antes de que la transfirieran al manicomio Arkham. Intenté ayudarla, hasta hablé con mi madre para intentar incluirla al programa de beneficencia social en el que ella trabaja… Pero." El joven suspiró, hundido en culpa. "Pero eso no era lo que Selina quería."

Bruce dio un trago a su té. Eso sonaba exactamente a un momento de capricho estilo Cat. "Bridgit Pike, ¿querrás decir?"

Johnny se mostró esperanzado. "¿La conoces también? ¿Podrías ayudarla a escapar?"

Bruce sacudió su cabeza. "Por supuesto que no. No hay manera de hacer tal cosa sin que James se entere."

Johnny suspiró, quitándose un guante. "Por eso no quería pedir tu ayuda. Dijo que la acusarías con el Detective Gordon."

"No haría tal cosa." Bruce gruñó. "Pero sería imposible mantenerlo en secreto. James sabría inmediatamente si yo llegara a auxiliar a una criminal que asesinó a un policia parte de su escuadrón, escapar del hospital." Bruce había sido testigo que tanto la muerte de aquel oficial había afectado el juicio de James. Involucrarse en el asunto sería estúpido. "Como sea el caso, Selina lo superará eventualmente. No me preocuparía si fuera tú."

Fue peculiar, la forma en la que Johnny lo miró entonces. Como si Bruce hubiera asesinado a un gatito justo frente a sus ojos. "Pero eres su amigo, Bruce."

"Selina y yo…" Bruce dejó salir un sonido frustrado. ¿Cómo describirlo? La conexión con Selina era una rareza. "Somos aliados. En ocasiones. Pero, amigos… no es como nos describirían. Selina es peligrosa, Johnny. Deberías tener cuidado."

Johnny rodó sus ojos. "Dios. Eres un hielo, Wayne."

"¿Perdón?"

"Lamento haberte molestado." Johnny se puso de pie, y se colocó de nueva cuenta su gorro de lana y sus guantes. "Dile a Alfred que su cocina es lo mejor que he comido en mi vida, pero que si vuelve a coquetear con mi madre, pondré crema depiladora en su champú."

"¿A dónde vas?" Al no recibir una respuesta, Bruce se levantó para seguir al muchacho al vestíbulo. "Johnny, no puedes ir tras ella a ciegas. No la encontrarás si ella no quiere ser encontrada."

"Tengo que intentarlo." Fue casi gracioso. La forma en la que Johnny levantó su mentón en desafío. "No quiero que se meta en problemas. ¿Qué tal si la arrestan por intentar romper la ley?"

Bruce no pudo controlar su boca. "No sería la primera vez."

Incrédulo, Jonnhy sólo lo miró fijamente unos momentos. Luego, se dirigió a la puerta principal.

Bruce suspiró internamente, odiando que a pesar de todas las objeciones lógicas en su cabeza, Selina ganara de nuevo por sobre todas las cosas. "Johnny, espera."

El chico no soltó el picaporte, pero su mirada fue sospechosa.

Bruce jaló del material de su bata de dormir. "Al menos, déjame ir a cambiarme."


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Fin de parte 30.

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NdA: *para su oreja* Oh, qué gracias por el porno rikolino, ¿dicen?