III
Resultó que Sasuke era un condenado campeón en el póker, y no se lo había dicho.
Ah, desgraciado creído. Cómo le gustaba.
Sí, Naruto lo admitía. Le caía muy bien. Le gustaba. Era una persona fascinante, y si pudiera abrirle la cabeza sin causar daños permanentes lo hiciera, porque no había nada que le comiera más su propia cabeza que la intriga que representaba Sasuke. ¿Qué pensaba? ¿Cuántos trucos más tenía bajo la manga? ¿Qué había estudiado? ¿De verdad era un guerrero? ¿Qué hacía durante la semana, a la luz del día, fuera del navío de los náufragos?
Naruto quería preguntar todas aquellas cosas, pero las palabras extrañamente se le atascaban en la garganta. Mas para el cuarto encuentro (después de conocerlo), por lo menos ya había conseguido que Sasuke abandonara su autoexilio y se uniera al grupo. Naruto tuvo la casi certeza de que "entrar" en el grupo le había devuelto a Sasuke algo que quizás había perdido en algún viaje. Bebía menos y sonreía más. Sí, aquella pequeña sonrisa. Jugaba más, y seguía ganando, y los demás hombres le miraban tanto con rencor como con admiración. En la quinta, la sexta, y la séptima noche (después de conocerlo) alternaban entre el pulso y el póker. Un alma generosa contribuyó a la causa con un juego de dominó que entusiasmó a todo el grupo y redobló las apuestas. Esto también ofreció la oportunidad de jugar en parejas.
Por supuesto, la oportunidad de que Naruto hiciera equipo con Sasuke.
Fue condenadamente fácil. Sólo perdieron una vez, y fue porque el anciano era un veterano en este tipo de batallas y se sabía todas estrategias habidas y por haber. Naruto y Sasuke abandonaron la mesa con un aplauso de los demás después de su novena victoria y su primera derrota. Chocó su copa con la de Sasuke, brindó por ellos y por su gloria compartida y le rodeó el cuello con uno de sus brazos, porque estaba demasiado borracho.
(Nah, no tanto)
Sintió a Sasuke tensarse por varios instantes. Naruto dejó de respirar, o al menos lo intentó, y decidió no moverse. Finalmente,
—Apestas a sake, Naruto.
—Bah, lo mismo digo.
—Hm. – No hizo nada por apartarse. Naruto comenzó a caminar hacia la barra, su copa en una mano, y la otra en el hombro del pelinegro.
—Oye… ¿quieres jugar Yan-ken-pó?
—… ¿A qué viene eso ahora? – bufó Sasuke. Su cabello olía a algo fresco y atrayente. (Cuando se acordara le preguntaría también qué champú usaba.)
Naruto se encogió de hombros. Su forma de hacerlo era descuidada, un despilfarro de energía que le hizo recargar más su cuerpo contra el de Sasuke.
—Para no aburrirnos-ttebayo. Nuestro turno no vendrá por un largo, laaargo rato.
—Hmm… – se veía un poco pensativo ahora que habían abandonado la adrenalina del dominó. El sentimiento cómplice que habían compartido mientras jugaban pendía del aire, como el humo de una pipa invisible. – Me voy.
Naruto se detuvo en seco.
—¿Qué?
Sasuke le empujó un poco con su codo para liberarse de su brazo y se giró levemente hacia él; pero su cuerpo estaba claramente entornado en dirección a la puerta del bar.
Iba a irse. De verdad iba a irse.
—Pero es temprano, todavía no son ni las diez…
Su rostro sereno se veía más duro de lo normal, como si estuviera un par de grados bajo cero.
—Tengo cosas que hacer. – desvió la mirada al decirlo hacia el suelo. Tomó su chaqueta de donde la había tirado encima de una silla, y sin molestarse en ponérsela se fue a la salida.
Naruto siguió sus pasos. El aire ligeramente frío de la noche chocó contra su cuerpo y le instó a regresar a la calidez del bar.
La espalda de Sasuke se alejaba poco a poco.
Le recorrió un espasmo involuntario. Las palabras se agolpaban en su garganta; había un nudo apretado en ese lugar entre su pecho y su cuello.
Cerró las manos en puños, y pesaron los puños a sus costados como piedras.
—¡Te veré la semana que viene, Sasuke!
El pelinegro se detuvo un momento. Bajó la cabeza, y siguió caminando.
Naruto le vio irse.
Hizo una mueca y resopló por la nariz. Las luces de las lámparas pintaban la ciudad de varios colores, y al aullido lejano de los autos llegó a sus oídos.
Los pasos de Sasuke eran un tap tap casi indistinguible con todo ese ruido.
Naruto chasqueó la lengua, borracho, irritado, y triste.
—¡Ponte tu chaqueta, idiota, hace frío!
Había albergado el miedo en su mente, en su corazón y en su estómago de que Sasuke no iría el próximo sábado. Cada vez que la fatídica y pesimista idea pasaba por su cabeza tenía que sacudirla y obligarse a pensar en otra cosa.
Muy dentro de sí tenía además la sospecha que algo había sucedido la noche pasada y no se había dado cuenta. Naruto sabía que era un poco denso, pero eso no significaba que fuera un completo burro.
Sasuke sí vino. Naruto casi se derritió como mantequilla en sartén contra la barra, y el barman, que se llamaba Zabuza, le miró con algo que fluctuaba entre la burla, la exasperación y poquito de afecto.
—Contrólate. – le dijo al tiempo que sacudía la cabeza.
Luego le echó otro vistazo abatido a la sonrisa bobalicona cuando Naruto siguió al pelinegro después de que este tomara asiento en su sitio usual en la barra, como si pensara que el rubio no tenía remedio.
La noche era joven. La noche era un barco pirata que acaba de encontrar la isla Tortuga. Risas, sake, carcajadas, juegos, apuestas, pequeñas querellas, el bar se había vuelto muy popular gracias a todo este movimiento, y Naruto estaba seguro que el administrador tendría que agradecérselo algún día y pagarle su generosa ayuda con unas cuantas bebidas gratis. Si no se acordaba, Naruto le mandaría el mensaje con Zabuza.
La noche era joven. Naruto se había cuidado de beber poco, imitando un poco el ritmo de Sasuke para no perderse en la niebla y dejar pasar los detalles.
La noche era joven. El brillo en sus ojos negros se había contagiado de algo que Naruto no conseguía entender. Chocaban con los suyos, los diurnos con los nocturnos, y luego se desviaban hacia la mesa, hacia las fichas de dominó, hacia las barajas, hacia alguno de sus compañeros de juegos. Una vez, sus ojos se desviaron hacia su reloj de plata y el corazón le saltó en el cuerpo como si estuviera participando en las Olimpiadas.
La noche era joven. La isla hacía mucho que había aparecido en el mapa, pero la selva oscura continuaba tan inescrutable y misteriosa como siempre. Naruto ahora tenía una antorcha y se sentía un poco más confiado, pero por alguna razón no había logrado avanzar más que dos o tres pasos.
La noche era joven, hasta que no lo fue.
12:33 am. Sasuke anunció su retirada y se despidió con un saludo cortante pero efectivo hacia el resto de la población del bar. Tomó sus cosas y se encaminó a la puerta.
Naruto tomó sus cosas y se encaminó a la puerta.
Zabuza dijo algo que sonó mucho a "Qué idiota".
—Tengo una idea. – dijo cuando estuvo a la par de Sasuke. El pelinegro marchaba sin prisa, con las manos en los bolsillos de sus pantalones y la mirada hacia el frente. Se detuvo un momento cuando escuchó los pasos y la voz de Naruto, pero continuó, ¿cómo si el rubio no estuviera ahí? ¿O como si aceptara su compañía?
Tomó aire.
—¿Qué idea?
Naruto se sintió a sí mismo sonreír.
—Tengo un tablero de shogi en mi casa-ttebayo. Me lo regalaron por mi cumpleaños el año pasado, pero no lo he usado casi. Una vez, creo.
Sasuke le miró incrédulo. Se detuvo y todo para mirarlo, como si le hubiera dicho que el cielo era verde y de él llovían margaritas.
—¿Juegas shogi?
—¡Hey! – reclamó indignado – Soy bastante bueno, ¿sabes?
—Pff, eso lo dudo.
—Ahh, te burlas de mí, ¿eh? – Naruto tendía a tomarse la rivalidad de forma muy dramática – Bueno, ¿y quién dice que tú eres bueno? Tal vez eres más malo que yo.
La corta risita afable y condescendiente hizo que su corazón se saltara un latido.
—Eso es científicamente imposible, Naruto.
Oh, adoraba ese tono burlón. Le daban ganas de estamparle la mano en la cara, tirarle de las mejillas y de su excéntrico cabello. Casi se rió. En su lugar, rechinó los dientes.
—Bah, como si fuera a creerte, Sasuke. Eres un tramposo. Muy bien podrías estar mintiendo.
—Sabes que no miento. Cuando te digo que voy a ganarte, lo hago. Creo que ya tienes experiencia suficiente como para predecir lo que va a pasar. – dijo a tiempo que le miraba de reojo, con el rostro levemente inclinado en su dirección.
—Sasuke, créeme, yo soy impredecible.
Pararon en un semáforo.
El pelinegro le observó con los ojos entrecerrados.
—Pruébalo.
De repente, Naruto se dio cuenta de cómo las luces y las sombras pintaban el rostro de Sasuke en un místico juego de claros y oscuros. Naruto se dio cuenta del ángulo de sus pómulos y de su barbilla, de las pequeñas estrellas en sus ojos. Algo trágicamente doloroso y cálido palpitó en su pecho. Su respiración por un solo momento se hizo entrecortada, y estuvo paralizado.
Una sonrisa bella, una curva dulce y peligrosa, efímera como cada exhalación. Un arco invertido de labios finos que disparó una flecha directo al centro de su cuerpo y le atravesó el alma.
Oh, pensó.
Tal vez había mentido.
Sasuke era el más impredecible de los dos.
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Capítulo final: 6 de enero ¡Espérenlo!
