Disclaimer: MLB le pertenece a Thomas Astruc y su maravilloso equipo.
– ¿Entonces conoces al kwami de Chat Noir? – preguntó Marinette distraídamente, mientras terminaba de coser el dobladillo de un vestido.
– Mejor que a nadie – respondió la pequeña criatura – Es difícil no conocer a alguien después de pasar más de cinco milenios juntos.
– Ya veo – se simpatizó la joven, girando momentáneamente la cabeza para mirar a Tikki – Debes extrañarlo mucho.
La kwami asintió, acercándose más a su portadora – Es difícil no hacerlo, después de todo Plagg es como mi otra mitad.
La chica se estremeció instintivamente, pero decidió que tan sólo el nombre del kwami no era suficiente para delatar la identidad de su compañero.
– ¿Plagg? – repitió por lo bajo, y luego con una sonrisa añadió – Es un lindo nombre para un kwami
Una semana y tres días después, Marinette se encontraba con un Chat Noir destransformado en su armario. Estaban tan concentrados en su partido de UMS, que ninguno se percató de la incesante alarma que emitía el anillo del superhéroe. Sólo ella se metía en ese tipo de líos...
– ¿Queso? – inquirió la pelinegra extrañada, quién diría que no todos los kwamis comían galletas. Después recordó que ni siquiera debería de saber lo que era un kwami – ¿Para qué necesitas queso?
– Mi… eh… no sé cómo explicarte – balbuceó el rubio, frotando su cabeza, aunque ella no pudiera verlo – Es algo así como un semi-dios que me permite transformarme, y para recargar energía necesita queso… camembert, de preferencia.
Y así es como terminó hurgando en el refrigerador de sus padres pasada la medianoche.
Unos minutos después, regresó a su habitación con la charola en mano, y llamó a la puerta para captar su atención, aunque supiera que con el súperoído del chico no fuera necesario.
– No encontré camembert, ¿crees que a Plagg le importe mucho si come un poco de gouda?
– No lo creo, es un glotón de lo peor… – Adrien se detuvo al percatarse del curioso desliz de su amiga.
Tras un breve silencio, la chica acercó su oído a la puerta y, antes de que pudiera decir algo, escuchó la voz mesurada de su compañero.
– ¿Marinette?
– ¿Sí?
– ¿Cómo sabes el nombre de mi kwami?
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Mierda.
A/N: No es lo mejor que he escrito, pero se me ocurrió y quise escribirlo :P
¡Bonita semana! Les mando un abrazote.
