Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Stephenie Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.
Chapter 5:
Suspicions
E.
Por primera vez desde mi estrepitosa llegada al olvidado Forks, desperté con una sonrisa, convencido de que aquél repentino optimismo tenía nombre y apellido.
Alba Reeves. La chica más necia, impulsiva y bocazas con la que alguna vez haya salido, y esa descripción se la ameritaba con tan sólo dos días de conocerla.
Y a pesar de eso, no podía dejar de pensar en ella.
Se veía tan encantadora con ese vestido que cargaba anoche, haciéndola parecer incluso más tierna y delicada. Era de un color verdoso que alcanzaba sus rodillas, enseñando sus piernas blancas como la crema de aspecto esbelto y alargado, con las delineadas pantorrillas dignas de una bailarina. El cabello negro desordenadamente trenzado durante nuestro primer encuentro fue sustituido por una lacia melena que contrastaba con la palidez de su piel, resaltando sus enormes ojos marrones.
Mis pensamientos se vieron inmersos la noche anterior en el indescriptible presentimiento de haber visto esa mirada antes, sin poder identificar racionalmente el origen del mismo. Pero el hilo de mis pensamientos me arrojaba de bruces hacia una misma dirección: Bella Swan.
En alguna oportunidad me informé de un término psicológico llamado confabulación, en el que los sujetos involuntariamente inventaban información para rellenar los vacíos o lagunas de aquellos recuerdos que no eran capaces de evocar con exactitud. Finalmente, terminaban diseñando una historia ficticia, y la persona estaba convencida de su veracidad. No encontraba ninguna otra explicación para mi extraña obsesión por la chica muerta, así que basándome en esa teoría, llegue a la conclusión de que yo ingenié todo. Las cosas que aparentemente recuerdo de ella en realidad nunca sucedieron, y este presentimiento de conocerla se debió a que probablemente la confundí con una muchacha de mi antiguo instituto que guardaba un innegable parecido físico con ella. Especialmente sus ojos.
Alba también los tenía, ahora que lo pensaba.
Aun tenía presente el malestar que experimenté cuando la conocí en ese prado. Por más extraño que parezca, mi primera reacción fue un terror que me conmocionó con un atinazo por lo injustificado que era, transportándome a un mundo de injusticias. Una inexplicable y extranjera sensación de miedo, como si esa chica estuviese a punto de hacer algo que pusiese en peligro mi vida. Irónico, considerando que fui yo quien se le lanzó encima. Todavía no encontraba una causa específica para tal pérdida de la cordura, pero mis explicaciones más coherentes se inclinaban por la activación de mi sistema simpático. Un mecanismo de defensa involuntario, automático y primitivo.
Decidí no seguir pensando en eso puesto que ya no tenía sentido. El misterio para ambos casos estaba resuelto: aparentemente me había convertido un muchacho con una imaginación muy dinámica. Todo esto era culpa de mi madre.
El cambio en mi semblante ha de haber sido notorio, porque lo primero que hizo Elizabeth al verme levantado tan temprano, fue entrecerrar los ojos con sospecha.
—Te noto muy contento.
Fingí estar demasiado distraído tecleando los botones del celular, consciente de que no funcionaría por mucho tiempo evadir su afirmación.
—Seguramente es este café, sabe muy bien. ¿Le pusiste algo?
—Vainilla.
—Hum.
—¿Seguro que está todo bien?
—Por el amor de Dios, Elizabeth —se quejó mi abuela Cathy, rodando los ojos—. Deja al pobre muchacho ser. Es un bendito adolescente, si no le da la gana de decirte lo que le pasa pues que no lo haga.
—Esto no es justo —los labios de mi madre se doblaron hacia abajo en un puchero.
Detestaba ser el único adulto de esta casa, incluso más que mis propios abuelos. No podía etiquetar de responsable a una pareja de ancianos cuyo concepto de la buena vida se reducía al consumo abundante de alcohol y cigarrillos, y ni hablar de sus frecuentes salidas nocturnas a los casinos. Y frente a todo eso, mi difunto padre todavía se había atrevido a preguntarse por qué mamá tenía un toque en la cabeza, y yo no me limitaba a la hora de contestarle que esas eran las consecuencias de embarazar y casarse con una jovencita de diecisiete años que además arrastraba a unos padres no menos disfuncionales que ella.
De esta manera, me sorprendía que yo no fuese un muchacho conflictivo, tomando en consideración el modelo de crianza de mis abuelos durante los meses que a Elizabeth le tomó terminar el instituto aquí en Forks, antes de graduarse y llevarme consigo a Chicago para apoyar a mi padre. Apostaba a que me dejaron caer cuando era un bebé.
—¿Qué es eso? —pregunté, percatándome de la extraña piedra colgando de su cuello.
—Es un jade —respondió con entusiasmo—. Es para limpiar mi aura y otorgarme belleza. Acabo de lavarlo con agua potable y sal marina.
Podía comprender sus cursos de yoga para meditar. En lo absoluto me oponía a la idea de que asistiera a alguna actividad que la ayudase a amortiguar el dolor que le ocasionó la muerte de Richard, pero no estaba de ánimos para soportar más de sus creencias esotéricas. Bastante hice aceptando con una sonrisa el libro de ayuda espiritual que me regaló hace varias semanas, y que todavía permanecía con su empaque y etiqueta en algún rincón de mi habitación en Chicago.
—No necesitas ponerte ningún ridículo mineral para verte bien, mamá —me encontré diciéndole, conteniendo mi desaprobación. No había algo que me disgustara más que verla tan desdichada.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Ay, Eithan, te pareces tanto a tu padre.
Bueno, era suficiente. Me esperaban unos días demasiado largos como para hundirme de nuevo en un pozo sin fondo por culpa de mi padre.
A las tres de la tarde no pude resistir marcar al número de Alba. Las ganas de escuchar su linda su voz eran absurdamente desmedidas, pero, ¿a quién le importa?
—¿Hola? —la somnolencia en su voz me arrancó una sonrisa.
—Buenos días, dormilona.
Intuí que se había sentado en la cama, ya el ronco sonido fue sustituido por uno mucho más limpio.
—¡Eithan! ¡Mierda, me quedé dormida! Me perdí mi clase de danza de hoy.
—¿En serio te estás levantando justo ahora?
—No dormí nada bien anoche —contestó con pereza—, pero te agradezco mucho por despertarme. Todavía tengo tiempo para alistarme para el trabajo. ¿Te gustaría llamarme más tarde? Necesito apresurarme.
—Cuenta con eso, hermosa. Que tengas una feliz tarde —colgué el teléfono, cargando una estúpida sonrisa en el rostro.
La mitad de la semana transcurrió con una insoportable lentitud, atascada entre lo monótono y lo ordinario. Mi día comenzaba con un poco de culturización por medio de las noticias digitales y finalizaba con una larga ronda de videojuegos. En las tardes, cuando no estaba drenando mi aburrimiento con ejercicio, me echaba a lamentarme por no habérseme ocurrido traer mi teclado Yamaha portátil. No me quedaba otra opción más que conformarme con la vieja guitarra española que descansaba descuidadamente en el armario de mis abuelos, pero intentar componer una melodía con ella era tarea tediosa, porque yo nunca había sido muy bueno con los instrumentos de cuerda y la falta de entrenamiento hacía que las cuerdas me lastimaran los dedos.
Lo peor de todo era lidiar con mamá. Ella se comportaba la mayor parte de la mañana, pero después del mediodía le entraba una especie de depresión que la confinaba en su cuarto. A pesar de mis esfuerzos por animarla o sacarla de la casa, ella no parecía sentirse atraída por otra cosa que no fuera su maldito libro de romance erótico. Bien. Era una viuda de tan sólo treinta y seis años. Supongo que a las mujeres de esa edad les volvía locas ese tipo de cosas.
El único momento del día que me entusiasmaba era cerca de las nueve y media de la noche, porque significaba que Alba llegaría del trabajo y podría conversar con ella. Nunca me habían atraído las mujeres parlanchinas especialmente, pero con Alba era diferente. Incluso disfrutaba del entusiasmo con el que me contaba de su día, parloteando como un loro, porque cualquier cosa me parecía adorable mientras ella me concediera el honor de seguir escuchando su voz. Nuestras despedidas eran tontas y torpes, y cuando se alzaba la noche, mis pensamientos se veían inmersos en la imagen de ese dulce rostro que no correlacionaba con su verdadero carácter. Había algo en ella, una pasión por la vida que me hipnotizaba como ninguna chica ha podido lograrlo jamás.
Llegó el viernes, y con él se fueron los restos de mi supuesto autocontrol. ¿A quien quería engañar? Me desfallecía de la necesidad de verla. Así que, siguiendo las instrucciones de mi madre, me fui rumbo a La Push, esperando que Alba se llevara una sorpresa con mi aparición. Ya encontraría la forma de convencerla de que no era un acosador, en caso de que mis acciones fueran malinterpretadas, aunque no me preocupaba demasiado. A las mujeres les encantaba toda esa mierda de los tipos insistentes.
La Cervecería La Push me irradió de un ambiente pintoresco al estilo caverna, pero agradable, paradójicamente elegante. Las paredes eran de un color amarillo pálido, contrastando con las columnas decorativas de ladrillo. Era un sitio cerrado, sin ventanas, algo que me pareció un desperdicio, tomando en cuenta que estábamos a tan sólo cincuenta metros de First Beach. Sin embargo, no podía negar que era un sitio encantador, comenzando por la elegante repisa de madera en donde descansaba una colección de vinos, y un espacio exclusivo para las copas de vidrio colgando boca abajo decorativamente.
Esperando localizarla revoloteando junto con los demás camareros, barrí el sitio con la mirada, sin tener éxito. Mi corazón dio un vuelco de emoción en cuanto la encontré haciendo función del barman detrás de la barra.
Esta vez no estaba inmaculadamente arreglada como en nuestra última cita. Vestía unos pantalones sueltos de jean y una franela negra sin mangas con la insignia del local, y su cabello estaba recogido en una cola de caballo. Sin lugar a dudas Alba era una niña preciosa, y más cuando se veía tan bonita y arreglada, pero esta apariencia simple y recatada me inundó de un súbito e indescifrable sentimiento de nostalgia.
—¡Dos Rabid Rabbits! —gritó hacia una de las camareras, una rubia altísima que estaba a punto de alcanzar mi metro ochenta. Detallé a Alba inclinar los vasos y verter la cerveza del sifón de barril expertamente con una precaución veloz, antes de deslizarlos sobre la madera con un movimiento preciso que alcanzó las manos de la rubia, quien las recogió con agilidad y se apresuró a llevar el pedido hasta la mesa.
La escuché decir una palabrota cuando accidentalmente abrió el sifón con su codo y mojó la rodilla de su pantalón. Aprovechándome de su descuido, me acerqué silenciosamente hasta sentarme en una de las sillas de madera del bar, pero ella no alzó la cabeza para observarme, a pesar de que sus ojos volaron efímeramente sobre mi pecho, advirtiendo la llegada de un nuevo cliente.
—¿"Rabid Rabbits"? ¿Qué clase de nombre ridículo es ese?
Acto reflejo, dio un respingo al escuchar su voz, y juro por Dios que tuve que morderme la lengua para no morirme de la risa al ver su ridícula expresión de sorpresa. El rostro le quedó pequeño con esos ojos de porcelana abiertos como platos.
Tomando ventaja de su aspecto vulnerable, detallé su rostro limpio de maquillaje, percatándome de la mínima y casi transparente hilera de pecas marrones adornando sus pómulos, y de que su nariz a lo mejor era más grande de lo que debería. Eso no me molestó. Ya tendría tiempo para pensar en una escala de apodos de narizones para molestarla.
—¡Eithan! ¿Qué haces aquí?
—Vine a visitarte —le sonreí intencionalmente, haciéndola ruborizar. No es que yo fuese un seductor experto, pero estaba consciente de cómo lucir encantador para las chicas. Desafortunadamente para Alba, yo no pararía de hacer este tipo de cosas, porque ver su cara roja como un pimentón se había convertido en unos de mis pasatiempos favoritos.
—Pero sabes que no puedo atenderte. Estoy trabajando.
Me complació notar ese cambio en su actitud que ponía en manifiesto su decepción.
—No me importa, me quedaré por ahí hasta que termine tu turno, pero cenaré algo primero. ¿Qué me recomiendas?
—Bueno… las parrillas de aquí son muy buenas.
Se limpió las manos en el delantal, echando vistazos ocasionales sobre mi hombro para comprobar que no la necesitaban con urgencia. Se pasó un mechón de cabello suelto por detrás de la oreja, tratando de acomodarlo, pero esa cola de caballo que tenía ya se estaba desarmando, desordenándole los cabellos.
Después de pensármelo unos segundos decidí que Alba sencilla me gustaba mucho más.
—Bien, quiero una de esas entonces.
—Le pediré a Emily que te la lleve, yo estoy en la barra mientras Bob regresa del baño. Tuvo… uhm… ya sabes. Muchos frijoles —se rió, y yo estaba encantado con su risa. Alba era una niña muy risueña, sonriente, alegre.
Me encanta.
—De acuerdo. Te veo en unas horas —me despedí, alejándome de ella contra mi voluntad.
Me quedé en mi propia mesa durante el resto de la noche, siempre echándole un vistazo a Alba. A veces recargaba su mano en mi hombro cuando pasaba a mi lado, o me pellizcaba juguetonamente en la mejilla con sus dedos. Si bien no tenía compañía, no sentía aburrimiento propiamente, ya que estaba bastante distraído disfrutando un partido de fútbol soccer por uno de los televisores del local. Después de cuarenta minutos, terminé de pie junto con una pila de tipos con quienes había iniciado una camaderia que duraría hasta que el partido terminara.
A solo tres mesas de donde yo me encontraba, un imbécil se llevó a la boca una botella de cerveza a fondo blanco. Salí del local y encendí un cigarrillo, neutralizando mi envidia con mi otro vicio favorito. Si no contaba con la edad de beber alcohol en público al menos podría darme el lujo de fumar todo lo que me diera la gana.
—Hey, amigo, ¿me prestarías tu encendedor?
El tipo era moreno y más alto que yo, con el cabello algo largo amarrado en una cola y un piercing en la ceja, claramente perteneciente a la reserva. Debía tener como treinta años.
—Seguro —dije, entregándoselo.
—Muchas gracias, hombre, qué manera tan estúpida de ir a penalti —comentó cuando, a los lejos, escuchamos las protestas de los fanáticos.
—Una completa idiotez —concordé, y luego charlamos sobre deportes durante diez minutos. Esperaba que Alba no pensara que me había ido.
—Chico, no te he visto antes por aquí. ¿Vienes de vacaciones?
—Se puede decir que sí, aunque en realidad me estoy quedando en Forks. Vine hasta aquí por una amiga.
Sabía que Alba y yo estábamos saliendo y definitivamente no en plan de amigos, y no es como si fuéramos pareja, pero me sentí un poco mal llamándola de esa forma.
—Excelente. Si te gusta surfear, por allá tenemos una tienda —señaló hacia el establecimiento.
—Surfear no es lo mío, pero lo tendré en cuenta.
—Muy bien. Creo que me solicitan. Fue un placer conocerte. Soy Embry Call.
—Eithan Grant —estrechamos nuestras manos, y él se despidió a reunirse con un par de sujetos que le hacían señas a lo lejos.
Minutos después de que se fuera, me encontré a una alegre Alba caminando en mi dirección, alzando los brazos al aire en un gesto triunfal.
—¡Ya terminé! Estoy muerta. ¿Te aburriste mucho? Me encantaría hablar un rato contigo, pero estoy destruida. Ya tendremos tiempo mañana para eso.
—No me aburrí nada. Y perfecto, pasaré por ti a las dos. ¿Qué quieres hacer?
—Si te soy honesta, no estoy de ánimos para salir. ¿Te molestaría si nos quedamos en mi casa? Puedo preparar el almuerzo —sugirió, pero detrás de ese falso desinterés pude notar que le apenaba ofrecerme su casa para una de nuestras citas.
Le sonreí de manera tranquilizadora.
—Me encantaría. ¿Te parece bien a la una de la tarde?
—Es perfecto —confirmó, con una sonrisa tímida.
Estábamos caminando hacia nuestros respectivos autos cuando percibí que algo muy importante me faltaba. Me contuve de lanzar un gruñido.
—Oh, maldición, dame unos minutos. Volveré pronto.
No quería parecer un vagabundo mendigando por un encendedor, pero éste era especial. Un amigo lo había traído de recuerdo para mí desde el pasado Comic-Con y tenía el fondo de uno de mis animes favoritos como decorativo. De ninguna manera iba a permitir que un idiota se quedara con él.
Anhelando con nerviosismo que no se hubiese marchado de allí, recorrí todo el local en su búsqueda. Al no conseguirlo, continué con la playa. Había unas pocas personas en los alrededores compartiendo con fogatas, bebiendo cerveza y jugando cartas, más no conseguí rastro de Embry. El volumen de la música era muy alto, de modo que ponerme a gritar su nombre no iba a conseguir que él apareciera. Estaba a punto de darme por vencido cuando se me ocurrió dirigirme hacia la parte trasera del negocio para ver si tenía algo de suerte, justo frente a las puertas de los baños exteriores.
—¡Maldita sea, hombre, maldita sea! ¿Estás seguro?
Instintivamente me detuve, asustado, y esperando no haber sido visto. No reconocí la voz de quien había hablado, pero el tono amenazante que no se doblegaba ante la música prometía sangre.
—No estoy malditamente loco, Paul —protestó otro—. Lo sé, era uno de ellos.
—¿Cuándo fue? —preguntó otra voz.
—Me di cuenta hoy al mediodía, que fui a visitar a un amigo en el pueblo. No tengo idea de si fue hoy o hace unos días, y no tengo ningún rastro de esa cosa en La Push como para haber sospechado antes. Sea quien sea ese chupasangre, fue muy astuto borrando su pista, porque ninguno se dio cuenta.
—¿Dónde carajos está Jacob? —reconocí la voz de Embry.
—Con Sarah —respondió el interpelado, con aires de resignación—. Lo llamé justo hace unos minutos, está al tanto y viene para acá.
—Al diablo con Jacob, Sam, ¿qué vamos a hacer? —preguntó nuevamente el que supuse yo era Paul.
—Por ahora, sólo estar atentos y hacer rondas de inspección. Pero escuchen esto, lo que me pareció todavía más extraño: el efluvio se dirigía hacia una de las casas del pueblo y continuaba por el bosque hacia la carretera. No ha pasado nada, no ha habido desaparecidos ni accidentes. Seguramente esa cosa comprendió que pasaría desapercibido cazando en las grandes ciudades. Se me revuelve el estómago sólo de pensarlo. De todos modos, necesitamos revisar toda el área.
¿Cazar en ciudades? ¿De qué demonios estaban hablando? Si existía un entorno apto para la caza, ese era el bosque. ¿Y a qué se referían con "chupasangre"? ¿Sería alguna clase de subgénero de bizarro de cazador que cocinaba a especímenes en extinción o algo parecido?
No entendía a qué se podrían estar refiriendo, pero mi mente comenzó a divagar en otras probabilidades. ¿Serían ellos unos policías siguiendo las pistas de algún criminal, o un asesino serial? Los perros sabuesos estaban entrenados para seguir rastros, y los términos que manejaban podrían ser algún código de lenguaje para policías.
En fin, de todos modos siempre quedaban otras opciones, como que ellos eran una cuerda de lunáticos o que el LSD* que se metieron estaba buenísimo.
—Oye, al fin te encuentro —decidí finalmente salir de mi escondite.
Todos se giraron para encontrarse con mis ojos, y si las miradas matasen… No tenía la maldita culpa de estar aquí, pero no me iba a tomar la molestia de pedirles disculpas por haber interrumpido su momento de éxtasis.
Embry fue el único que pudo conservar la compostura, siendo lo suficientemente amable como no demostrar que me quería fuera de aquí.
—Hey, amigo. ¿Qué pasa?
—Te quedaste con mi encendedor.
Sus ojos se abrieron con comprensión.
—Mierda, lo olvidé totalmente —sacó el encendedor del bolsillo y me lo entregó con una mueca de disculpa.
—No hay problema —me encogí de hombros, susurrando un "hasta luego", para entonces devolverme por mis pasos. Supongo drogarse era lo más interesante que podías hacer en esta aburrida reserva.
Alba me esperaba cruzada de brazos contra la puerta del piloto de su camioneta, con los ojos cerrados y la respiración acompasada. Estaba a punto de quedarse dormida.
—Hey, ya podemos irnos —le informé tiernamente, ganándome un sobresalto—. ¿Estás bien? ¿Quieres que conduzca yo? Podemos venir a recoger tu camioneta mañana.
—No no, estoy bien. Sólo me quedé pegada un segundo —sacudió la cabeza, montándose en el vehículo.
—Alba, tus ojos lucen realmente agotados. No quiero que conduzcas así.
—Estoy bien, de verdad, sólo que tardaste un poco y me quedé aquí descansando. Estoy bien.
Suspiré con resignación.
—Está bien, pero yo conduciré delante de ti, y te vas a poner el cinturón de seguridad. Ya estoy nervioso.
Ella me rodó los ojos.
—¿Siempre eres así de mandón?
—Y eso que no has visto nada —respondí, sonriéndole insinuantemente.
Por simple precaución, la acompañé hasta su casa. Se bajó de su camioneta con torpeza y básicamente estaba librando una batalla con la cerradura de la puerta.
Tuve que tragarme una carcajada. Era admirable que aun permaneciera en pie.
—Descansa —me despedí, más no me acerqué para besarle la mejilla. Por algún motivo pensé que no sería oportuno tocarla.
—Buenas noches, Eithan —murmuró, parpadeando adorablemente antes de ingresar a la casa. Sonreí, puesto que su agobiante cansancio no era un impedimento para seguir coqueteando conmigo.
Mientras encendía el auto, mi mirada voló hacia el espejo retrovisor, cuyo reflejo apuntaba hacia el patio trasero de la casa. Por un instante, me pareció ver una cola peluda y marrón perderse entre los arbustos. Tendría que comentarle a Alba que no olvidara cerrar bien la ventana esta noche.
(Re-editado). 25/01/17.
N/A: *Según Wikipedia, el la dietilamida de ácido lisérgico (popularmente llamado LSD, ácido o papel) es una droga psicodélica semisintética que se obtiene de laergolina y de la familia de las triptaminas. Es conocida por sus efectos psicológicos, entre los que se incluyen alucinaciones con ojos abiertos y cerrados, sinestesia, percepción distorsionada del tiempo y disolución del ego.
Lamento mucho la tardanza! La universidad me tenía atrapada, pero pude apurarme para que la actualización se diera un sábado (quiero que sepan que las actualizaciones de nuevos caps. serán SIEMPRE los sábados o como mucho los viernes, nunca días entre semana, por ahora). Wow. ¿Quien podrá ser ese "chupasangre"? Me pregunto quien de ustedes puede otorgarme una conclusión acertada, aunque no es muy difícil intuirlo. Espero que les haya gustado el capítulo.
Me imagino que se habrán dado cuenta de que el fic tiene nueva portada. Podrán verla en tamaño grande en mi perfil de FF, donde dice "Portada versión Eithan/Edward". También monté una versión mejorada de la portada Alba/Bella.
La próxima actualización será el sábado, sin falta. ¡Espero sus comentarios!
Vicky.
pd:como de costumbre, quiero darle las gracias por sus comentarios a MarieElizabethCS , MansenAbril , , Dess Cullen, alecssie cullen vulturi, Andrea 17 de Cullen, Emma Emmav , vanesscsb , Isis Janet , GPCS. Sonitha Pico , lunaweasleycullen14 , Ninacara , linda bella, GPCS. Sonitha Pico , pili, CecyBlack , Rossy04 , Serena Princesita Hale, Martu Vampira, maria victoria cullens, somasosa, y todos los "guest"!
