Hola de nuevo. Aw, que alegría ver que no soy la única que le gusta esta pareja :)

El primer capítulo iba a ser un rápido flashback, pero creo que es mejor expandirlo a un par de capítulos. Para entender a nuestro protagonista, debemos entender que lo llevo a ser quien es ahora y las razones.

De nuevo digo que me gustan los otros hombres en la vida de Candy, sobre todo Stear y Anthony (lo amo) Pero este fanfic tiene a Neal como protagonista (El me robo el corazón cuando se enamoró de Candy, pienso que si hubiese hecho todo de otra manera, a lo mejor podía tener una oportunidad con la pecosa o al menos ser amigos… me hubiera encantado que cambie que sean amigos al menos :c pero bueno, toda historia necesita un villano, Mizuki nos muestra que Neal aunque ame a Candy, no encuentra otra manera de amar que no sea engañándola. Como es en Neal en el manga, no merecia ganar el corazón de Candy, estuve de acuerdo en que lo rechazara públicamente, Neal se portó muy malcriado xD yo hubiera hecho lo mismo) ―en fin, podría seguir escribiendo de esto pero ocuparía tres páginas―

Este fanfiction era mi segunda opción para una historia alternativa donde Candy se quedaba con Neal, pero las ideas estaban en mi cabeza, y ya saben, es mejor terminarlas. Me gustaría un review si te gusto, alguna crítica constructiva, sugerencia o lo que sea xD

Oh, otra cosa mas, que les pareció mi dibujo. :( lo dibuje con mucho esfuerzo ¡mucho! y resulta que no se ve nada. (No me di cuenta) :(

En fin…

Capítulo 1: Nuevo destino

Debemos pensar fríamente antes de tomar una decisión, cada palabra y acción, afecta el futuro. Es duro decidir de qué lado estar, a quienes vas a tener a tu lado y a quienes en contra. Piensa si vale la pena, por rencor, por una orden, por vergüenza, por conveniencia, otros simplemente no tienen elección.


Carta a mi querido padre:

Apenas pasaron unos meses desde que fueron. Si estoy parado ahora es por mi hermana, porque ella me necesita.

Recuerdo esa tarde antes que subieran a la carroza para ir a Chicago. Esa charla nunca la olvidare, recuerdo como me miraste ese día, puedes estar seguro que he madurado. Siempre tendré en cuenta todo lo que me dijiste, fuiste un buen padre, eras muy serio pero aun así te sentí cerca.

Padre, hay tantas cosas que no me enseñaste, todos quieren que tome decisiones en la empresa, hago lo mejor que puedo. Sé que debes estar enojado porque no quiero volver con los Andley, pero verás que fue la mejor decisión ¡No los necesitamos!

Recuerdas cuando me pediste acompañarte a una junta, fue la única vez que lo hice, confieso que me aburrí mucho pero gracias a eso algunos miembros de la empresa me reconocieron como tu hijo. No reconocí a nadie pero ellos si a mí. Me dieron las condolencias, ellos no saben que William solo quiere que me disculpe para volver, si supieran estoy seguro que me presionarían, pero no lo saben. Lo siento papá, pero no se los planeo decir. De todos modos dicen que encontraremos inversionistas.

También te pido disculpas si el funeral no fue digno de un Leagan, pero te aseguro que asistieron las personas indicadas. No tenía idea que tenía parientes de tu parte, siempre has sido discreto respecto a eso. Tenías una hermana que nunca tuvo hijos, que falleció hace tres años, nunca nos dijiste, no sé si lo sabias. Charles, tu primo, vino con su hija. Ellos no tienen una buena situación económica, voy a ayudarlos. También les pedí discreción por ahora.

No te voy a decepcionar, todo saldrá bien te lo prometo. Elisa está recuperándose, lo estoy viendo, está más tranquila. Te escribe todas las noches. No debería pedirte esto porque yo lo haré, pero también ayúdame a cuidar de mi hermana desde arriba. Ella es todo lo que tengo ahora, dale fuerzas para seguir adelante.

No te lo dije mucho y no sabes cómo me arrepiento de eso, pero te amo. Siempre te admite, como mantenía siempre todo bajo control, te amo mucho papá, voy a cumplir la promesa que te hice.

Carta a Sara Leagan, mi querida madre.

Mama, necesito mucho darte un abrazo, no se lo digas a mi padre porque pensara que no he madurado aún. Pero tengo tu bufanda, tiene tu olor, a veces en las noches puedo sentir que me abrazas y me dices que todo está bien. Te necesito mamá, necesito que me apoyes en mis decisiones, que me digas que estoy haciendo lo correcto, que me digas todas esas palabras de aliento. Necesito mucho a mi mama, necesito que me mires y que sonrías al verme. Te juro que quiero mandar al diablo a todos los socios, irme a mi cama y esperar a que me digas que todo saldrá bien pero no puedo porque Elisa necesita que yo lo haga por ella...

... Lo siento, estaba demasiado sensible hace un rato, ya estoy mejor.

No sé si me apoyaras, pero te aseguro que todo saldrá bien. Te pido disculpas si no invite a los Andley, pero ellos tampoco nos han buscado. Traje a Elisa a la propiedad de mi padre, la que está cerca a Lakewood, no es una mansión muy grande, pero hay mucho terreno, el lugar no es tan importante como Lakewood o como la casa de Chicago pero también pronto levante la empresa arreglaré esta situación. Elisa si quiere volver, no le gusto, sé que quiere regresar con los Andley aunque no me lo dice. Aun así no me echaré para atrás. Lo siento mamá, pero no puedo volver y obedecer a William. No quiero ver a Candy casada con él, sé que esto te molesta pero estoy siendo sincero. Veras que todo saldrá bien.

Eres la mejor mama del mundo, siempre me has dado tu cariño y apoyo incondicional. Te amo.

.

.

La criada salió de la cocina, trataba de controlar sus nervios o de lo contrario se caería la bandeja con el café, al lado había galletas de avena y un pastel de fresas. Suspiro antes de entrar al gran salón, los hermanos Leagan estaban sentados en el sillón de espaldas a ella, una pareja de ejecutivos los acompañaban, ya les había servido café. No hubo problema con ellos.

—Su café, joven Leagan.

―Gracias.

Neal tomo la taza de café, sintió el aroma antes de beberlo. Esperaba con esto resistir el resto de la tarde, no había dormido hasta la madrugada, aun cuando estaba agotado, no lo entendía pero eso no importaba ahora. Estaba irritado, pero debía escuchar a la mujer que hablaba ahora. No sabía nada de negocios, pero como ellos habían dicho, tenía personas trabajando para él, consultores, contadores, asistentes, ejecutivos. Le aseguro que no tenía que sentirse presionado, poco a poco iba a entender cómo funcionaba todo.

Asintió antes de inclinar el tenedor para probar el pastel, pero al bajar la mirada, se le quito el hambre, no se veía muy apetitoso. Respiro lentamente para que se le pase el enojo, no era buen momento para reclamar algo a una empleada. Pero entonces su hermana le susurro algo.

—Neal, esta horrible.

Y el exploto.

—...Por otro lado tenemos a los inversionistas Johnson y Williams, pero es poco lo que quieren invertir sin embargo antes también trabajamos con ellos y nos fue bien...

—Disculpen, un momento.

La ejecutiva asintió y le sonrió a su compañero pensando que tal vez el nuevo director general, presidente y dueño de la empresa Leagan no comprendía del todo. Anteriormente el cargo de director general lo ocupaba un Andley, pero por orden del patriarca, todos los Andley debían abandonar la empresa Leagan, todo cargo o acciones.

La pareja de ejecutivos esperaban que el nuevo señor Leagan elija un nuevo director general, aun no hablaban de esto pero no tardarían. Pero Neal no era tonto, ahora no confiaba en un Andley, menos lo haría con personas que no conocía, sabía que podía ser fácilmente engañado y que debía tomar con cuidado sus decisiones.

Esto le tenía sin cuidado a Neal por el momento, lo único que pensaba era en buscar a la empleada y descartar su rabia, así que luego de excusarse con la pareja se puso de pie y se dirigió a la cocina a paso rápido. El mayordomo se excusó rápidamente antes de seguirlo.

En la cocina había un par de criadas limpiando la cocina. La castaña no pudo disimular su miedo cuando vio al joven acercarse hacia ella.

―S...sucede algo, joven Leagan.

―Eso te pregunto ¿Que sucede? ―Dice Neal enojado, antes de que la criada reaccionara el tomo su muñeca para arrastrarla hasta la puerta trasera, para asegurarse que los ejecutivos no escuchen los gritos que estaba a punto de darle. La castaña sabia como era el, había visto más de una de sus rabietas pero nunca que usara la fuerza con alguien. Aun así no tenía valor para defenderse de su jefe. Afortunadamente para ella el mayordomo intervino rápidamente, en un rápido movimiento retiro la mano de Neal de la muñeca de la criada.

― ¿Que sucede? ―Pregunta el mayordomo serio.

― ¡No te metas!

―Cálmese, señor ―Dice tranquilamente― Los ejecutivos están a unos metros, dígame cual fue el problema.

Neal suspiro, la ira estaba reflejada en su rostro, no le gustaba nada como el mayordomo se atrevió a intervenir.

―Pasa que esta criada hizo el pastel de fresas con fresas del año pasado ¿Acaso querías intoxicarme? Además las galletas y el pastel están incomibles.

―Lo siento, lo que sucede es que... esas eran las únicas fresas que tenemos, trate de mantenerlas frescas pero el calor… no había mucha azúcar así que estamos midiendo las porciones hasta el domingo…

― ¿Como que no hay? Si llenamos la despensa el fin de semana.

Jang se acercó a la despensa y comprobó que estaba casi vacía.

―Eres el mayordomo, debiste decirme, acaso querías que pasemos hambre.

―Disculpe.

Neal irritado saco su billetera del bolsillo de su pantalón y le dio algunos billetes.

―Rápido, compren todo lo necesario, llenen la despensa.

Jang asintió antes de salir seguido por el único par de criadas que tenían. Si el señor Leagan no era nada simpático, era serio y callado, pero su hijo era peor, se quejaba por todo, se enojaba, propenso a las rabietas, lanzar objetos y maltratar a las personas. Las que sabía que no podían defenderse, porque estaba claro que se mostraba amable y sereno con los ejecutivos. Pensó que tal vez tenia doble personalidad. No era nada agradable el nuevo señor Leagan, aun así había logrado simpatizar con él un par de veces, cuando hablaba de su padre, pensó que el tiempo haría que pueda llevarse bien con su nuevo jefe.

Neal no entendía porque no le dijeron, algo tan simple. La despensa no podía quedar vacía, era inaceptable, como iba a recibir invitados importantes así. Nunca hablo con su padre acerca de esas cosas.

Si no podía administrar los gastos aquí menos podría una mansión más grande, más empleados, más mantenimiento. Pensó que sería más fácil, ahora debía ir a sacar más dinero del banco. Suspiro, esta situación lo irritaba, pensó que lo mejor sería comprar una propiedad en Lakewood, en Chicago, donde sea pero sería un gasto muy grande, podía hacerlo, pero sería como retroceder, si quería avanzar tenía que buscar algo mejor.

Al volver a la sala, los ejecutivos estaban parados, parecían apresurados en salir.

―Lo siento, era importante…

―Está bien, señor Leagan ―Interrumpió la ejecutiva con una agradable sonrisa― Le decía que tenemos un inversionista internacional más importante, le convendría más a la empresa cerrar el trato con él, desea invertir una fuerte suma, nunca escuchamos de él, pero es importante, la desvinculación con los Andley nos dejó un poco cortos de dinero.

―El señor Rousset, me comunique con él por teléfono hace unos días ―Dijo Neal, los ejecutivos asintieron sin contener su sorpresa ―Esta dispuesto a ser nuestro socio, el desea comprar una propiedad para instalarse en Chicago, junto a su familia, actualmente vive en New York, me pidió quedarse en mi casa unos meses.

―Excelente señor ¿Cuándo llegara?

―En algunas horas probablemente.

―Pero debemos ir a la empresa, tenemos una reunión con los ejecutivos ¿Lo olvido?

―Iremos ahora, le pediré a mi hermana que reciba al invitado.

―Está bien, señor Leagan ―Dijo el ejecutivo― lo esperamos fuera.

Neal se acerca a Elisa cuando vio salir a la pareja. Aún se veía decaída, le aparecieron unas ojeras y su piel estaba algo pálida, pero no podía negarlo, estaba mejor que hace unos días. Al menos esto era un punto a favor de Neal, su hermana estaba voluble, no cuestionaba sus decisiones. Sabía que su hermana tenía mucho carácter, ella era la que influía en el y no al revés, pero por ahora debía actuar rápido, antes de que ella reaccione y se dé cuenta que lo mejor era volver con los Andley.

―Elisa, tengo que ir a una reunión lo olvide por completo ―Le susurra― Llegaran unos inversionistas, serán nuestros invitados, se buena anfitriona, por favor.

Elisa asintió sin mirarlo, miro las galletas antes de dejarlas a un lado.

―Los sirvientes han salido a comprar, así que solo indícale su cuarto, el señor es un caballero, llevara su maleta- Dijo Neal nervioso, su hermana no respondía pero estaba apurado asi que se limitó a caminar a la puerta.

―Neal...

Se detuvo antes de llegar a la puerta, volvió hacia ella.

― ¿Si, hermana?

―¿Podemos volver a la mansión en Florida, sinceramente no me siento bien aquí.

―Sé que quieres volver a la mansión de Florida porque es más cómoda, pero por ahora no se va a poder ―Dice suavemente pero firme― Necesito encargarme de todo. Además para mantener la corporación vendí las propiedades Leagan, la de Florida no, pero no puedo dejarte sola...

Increíble, su orgullo es más grande que ser un Andley Pensó ElisaIncluso vendió propiedades con tal de no necesitar su ayuda.

Asintió cansada, vio cómo su hermano se retiraba apresurado. En verdad no tenía idea si hacían lo correcto o no, pero estaba segura de algo, no podían vivir en una "casucha", si su hermano planeaba seguir con esto debía conseguirle un lugar digno de una Leagan. Se sentía tan vacía, no sabía cómo iba a vivir sin sus padres, no podía entender que ya no los volvería a ver. Sus ojos se humedecían de nuevo, pero sintió una caricia en su cabeza que la estremeció, antes de voltear y ver al joven a su lado con una radiante sonrisa, le dio una rosa y ella desvió la mirada sonrojada, pero tomo la rosa entre sus manos.

―Solo porque me das una rosa no significa que entre tú y yo va a pasar algo.

El joven la miro con ternura, se arrodillo para quedar cara a cara con Elisa que estaba sentada en el sofá. Ella pensó que la besaría, su mano involuntariamente se extendió para evitar que se acerque más. El joven la vio de una manera que nadie la había visto, la vio con amor, tomo su mano y le dio un beso. Elisa se ruborizo y quito lentamente su mano.

―Sé que usted merece más que solo rosas, no tengo mucho que ofrecerle, pero puedo poner a sus pies miles de rosas solo para ganarme su corazón.

Elisa no puedo evitar enternecerse al escucharlo.

―gracias...

El joven sonrió, el corazón de la castaña estaba latiendo aceleradamente. Pero porque por este joven, era atractivo, tierno con ella, pero era el hijo del mayordomo, un sirviente más. Su hermano se volvería loco, ella también pero no pudo evitar devolverle la sonrisa. Era el único que alguna vez se interesó en ella. No para casarse, pero era lo que necesitaba ahora, alguien que la ayudará a recuperarse.

―A... arregla el cuarto principal de invitados, llegara pronto un invitado muy importante.

―Como usted diga, señorita Elisa ―Dijo sin dejar de mirarla. Lentamente se levantó para subir las escaleras. Entonces ella suspiro.

.

Esa noche, no pudo dormir pero se negó a despertar a su hermano, él tenía una reunión muy importante a primera hora. La alertaron unos pasos cerca de su habitación, entonces se levantó de su cama y se dirigió al balcón, ahí vio al joven con ojos rasgados, dejándole un ramo de rosas en el balcón. El joven al verla se quedó sin habla, ella también, se supone que debía gritarle ahora, pero en vez de eso dijo…

Eras tú el que dejaba las rosas en mi ventana.

No era una pregunta, solo lo confirmo. Recordó a Anthony, nunca le había regalado una sola de sus rosas, pero este chico las ponía en su ventana siempre. Hasta ahora nunca había tenido mucha relación con chicos, además de su hermano. Siempre era hostil con ellos, alguna vez Terry fue galante con ella, pero solo tenía ojos para Candy. Recordó que sus amigas, las gemelas Pemberton, hijas de una familia menos rica e importante que ella. Fueron comprometidas casi al mismo tiempo, tuvieron la libertad de elegir entre diferentes pretendientes. Inclusive, el único heredero de los Howland estuvo cortejando a Daisy Dillman, hace unos días recibió su parte para la boda que se celebraría en un par de meses. Ella no tenía pretendientes hasta ahora, excepto este chico que tenía una cálida sonrisa y un ramo de rosas en las manos. No lo podía negar, era guapo y también diferente, sus ojos rasgados eran un rasgo muy particular.

Pensé que las flores la alegrarían un poco Responde el joven.

Podía burlarse del joven en este momento, decirle como se atrevía a coquetearle a ella que era la dueña de la casa, que estaría en problemas. Que no era digno de darle siquiera una rosa, pero era la primera persona que la miraba de esa manera. Darle una oportunidad a un sirviente, su madre se hubiera enojado mucho y Elisa tampoco deseaba eso, sus amistades se reirían de ella. Pero sin darse cuenta, estaba perdiéndose en la dulce mirada del sirviente, sus rostros se acercaban. El joven lentamente le deposito un beso en la comisura de sus labios. El rostro de Elisa se tornó rojo de vergüenza, aun mas cuando vio que el joven también se ruborizo.

Me gustas mucho, señorita Elisa.

Elisa no recordaba su nombre, no sabía cómo reaccionar. Era la primera vez que alguien se le confiesa, por si fuera poco era el sirviente. Encima le robo un beso, le robo su primer beso.

Cual era tu nombre Pregunta nerviosa.

Lee Responde el joven. Elisa estaba a punto de preguntarle por el nombre, le parecía muy raro, pero entonces el joven siguióSi me deja demostrar que la quiero, haría todo para hacerla feliz.

Yo...

Sé que soy un simple sirviente y no la merezco, pero el amor lo puede todo, incluso las clases sociales.

Elisa sentía que necesitaba a alguien, cariño, además de su hermano, quería sentir una emoción fuerte

No séDice Elisa Necesito ver que tanto estarías dispuesto a hacer por mi.

El joven ríe ante su respuesta haciendo que Elisa se avergüence y enoje.

Por usted, enfrentaría al propio diablo.

No me refería a eso Dice ElisaSino que no se si estás hablando enserio.

Nunca he hablado tan enserio, usted me gusta mucho Dice suavementeHaría todo por verla sonreír .

.

William aún estaba en shock pero trataba de mantenerse sereno, no había tiempo de reunir al consejo, esto era grave. Esta noticia fue como un balde de agua fría para Archibald y la tía Elroy, no era para menos. Archí no se llevaba bien con los hermanos, pero comprendía la situación, de hecho era el que se veía más afectado, estaba sentado tocándose la frente tratando de controlar su desconcierto. La tía Elroy estaba destrozada, no solo por el hecho de que Sara, que había sido como una hija para ella este muerta, sino porque los niños que vio crecer habían estado solos todo este tiempo. George se mantuvo ahí callado todo el tiempo. Fue por el que se enteraron de la noticia, al no recibir noticias fue a la empresa Leagan, donde no le dieron información, ni lo mandaron a hablar con nadie. ¿El señor Leagan había logrado mantener la empresa sin ayuda? Si, lo había hecho, pero no el mismo señor Leagan. ¿De dónde saco dinero? Sencillo, todas las propiedades de los Leagan fueron vendidas, excepto un par. Pero el que las vendió fue Neal Leagan, investigar el resto fue sencillo.

― ¿Porque Neal no nos avisó? ―Pregunta Archie.

―Creo que está enfadado por haberlo desligado de los Andley ―Dice Albert.

―Aun así, ni siquiera hubo noticias ¿Entiendes? Ni en las revistas, ni siquiera la prensa disperso esto, el compro a la prensa... ¡No sé! Debemos ir ahora mismo a darles las condolencias y traerlos.

―Te lo dije, no era buena idea ―Musita la señora Elroy con recelo ―Te lo dije, pero insististe.

―Tía... nadie pensó que esto iba a pasar, el consejo me presiono para que imponga un castigo a los Leagan.

―Por supuesto que nadie pensó, pero si no le hubieras confesado tu amor en ese albergue del que la sacaste ese día, no hubiera sido tan duro para Neal, preferiste proteger a Candy que a los Leagan.

Estas palabras sorprendieron a William, la tía Elroy nunca le había echado la culpa de algo. Se quejó en el pasado de la adopción de Candy y sus aficiones pero esta vez no tubo cuidado, le estaba culpando.

Si no fuera porque un paparazzi los siguió ese día a la colina de la casa Pony, no hubiera sido para tanto. Cuando Candy corrió a sus brazos no pudo controlarse y termino confesándole que la amaba. No hubo un beso o algo que probara que era verdad. Solo un abrazo. Candy desde que lo conoció solo pensaba en su príncipe de la colina, entonces le prometió hacerla feliz. Tuvo que tomar una decisión, si lo negaba ahora sería imposible más adelante tener una relación. Estaría mal visto, entonces le propuso matrimonio. Ella aún se encontraba triste por Terry, pero podía ver en sus ojos, ella también quería lo mismo.

Le dijo que sería difícil, su vida no sería como antes. Pero ella solo lo abrazo y le dijo que lo apoyaría en todo. Esta noticia conmociono a todo el consejo familiar y sobre todo a la Tia Elroy. Pero aunque le llorara o amenazara no iba a dar marcha atrás. El consejo tuvo que ceder, el lado positivo seria que el patriarca debía tener una esposa, algo que iban a buscarle pronto de todas formas. Además si el jefe era feliz en su matrimonio, eso garantizaba un próspero futuro.

Sus ojos notaron la presencia de su prometida en la entrada, que se retiró del salón con lágrimas en los ojos. Le ofreció disculpas a la Tia Elroy antes de salir, con esto no había notado la presencia de Candy. La siguió por los pasadizos hasta que finalmente la alcanzo, ella se había detenido frente a una ventana. Cuando se acercó vio que lloraba.

― ¿Cómo están ellos? ―Pregunta Candy.

―No los hemos visto aún.

―No se merecían perder a sus padres ―Dice Candy sin dejar de llorar― Están solos, ¡Solos! Debemos ir a verlos, Albert.

William no pudo evitar verla tiernamente, sabía todo lo que los Leagan le habían hecho. No había sido por las duras palabras de la tía Elroy que ella estaba llorando. Si no por el hecho que sus enemigos de la infancia estén solos. Podía entenderla, ella no tenía padres pero entendía que era horrible perderlos, sobre todo a ambos y en estas circunstancias.

―Eres una muy noble, Candy ―Dijo William― Pero por ahora solo iremos la Tia Elroy y yo, creo que lo que necesitan ahora es verla a ella, siempre han sido apegados a ella… creo que Neal y Elisa primero desearían desahogarse con ella.

―Yo también quiero darles el pésame.

―Lo sé, pero deben estar sensibles ahora, sabes que puede te hagan pasar un mal momento.

― ¿Enserió lo crees? ―Dice Candy histérica― Albert sus padres murieron, sé que no será así.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas y ella se limpiaba con sus nudillos. William le deposito un beso en la frente.

―Tal vez después, por ahora solo iremos la tía Elroy y yo, solo para que se sientan más cómodos- Dice suavemente William.

Candy asintió, comprendía que no sería buena compañía para ellos. Debían odiarla, sabía lo de la prensa. También sabía que el consejo presiono a su prometido, pero ese "castigo" no pasaría de unos meses, luego que los Leagan pidieran disculpas, ella bien sabía que los hermanos Leagan no lo harían, por eso le pidió a William que no se haga algo grande esto.

―Por cierto, nuestra boda quedó pospuesta, no podemos celebrar por ahora.

―Claro que no― Está de acuerdo.

―Buenas noches, mi amor- Dijo William -Tengo que terminar de hablar con la tía Elroy-.

Cuando William se retiró, ella empezó a mirar a un punto inexacto del cielo y cerró los ojos.

Señor y señora Leagan, gracias por contratarme como dama de compañía de Elisa. Si no fuera por ello nunca hubiera encontrado la felicidad, ustedes hicieron lo que pensaron correcto en ese entonces, como iban a saber que sus hijos me hacían travesuras en ese entonces... yo los perdono. Cuiden a Elisa y Neal, que tengan fuerzas...

.

.

Elisa veía el ramo de rosas en su regazo, ahora que lo pensaba ¡Era una Leagan! Sus amigas se reirían de ella, era una locura. Pero esa tierna mirada no salía de su cabeza. Elisa comenzó a respirar profundamente, tratando de calmarse, eso no estaba bien. Dejo las flores en la mesa frente a ella, debía llevarlas a su cuarto antes que su hermano llegara. Cuando el ruido de los caballos le anuncio que el invitado de su hermano había llegado.

Al salir, encontró el carruaje tirado por un par de caballos en la entrada, dos hombres vestidos elegantemente y de negro estaban en los asientos delanteros. Un sujeto corpulento era el que tenía las riendas, al lado un hombre que debía tener entre cuarenta y cincuenta, pero muy atractivo, con unos ojos azules y el cabello cobrizo, le sonrió, le atravesó el alma, con una mirada penetrante.

―Buenas tardes, soy la hermana del señor Leagan.

Ambos hombres sonrieron.

―Soy Don Rousset y este caballero mi asistente Bruce.

-¿Don?- Piensa Elisa, nunca había escuchado de algún socio que se haga llamar así. Pero Neal dijo que era importante, era una persona rica.

―Un placer conocerlos ―Dijo amablemente― Llevemos los caballos al establo.

Elisa los guio hacia el establo nerviosa, no sabía cómo iba a entretenerlos hasta que llegue el mayordomo para que lleven las enormes maletas, que deben traer en esa carrosa o llamar a Lee , que seguro aun debía estar arreglando el cuarto de invitados. Lo mejor sería invitarlos a almorzar mientras llegan, pero los sirvientes no estaban. Elisa empezó a irritarse, los llevo hasta el establo. Les abrió la puerta del establo para que puedan desatar los caballos. Los caballeros bajaron para desatar a los caballos.

―Disculpe la molestia señorita, pero por favor ¿Podría mover esa herramienta de ahí?

Elisa asintió y entro irritada, no eran nada caballeros, ningún hombre decente le pediría a una dama que se agache a recoger una herramienta llena de tierra. Se dirigió al interior del establo, se agacho para recoger una pala que estaba en el suelo del establo. Don Rousset y su asistente se vieron con una sonrisa maliciosa.

Uno de ellos le tapó la boca por detrás, Elisa abrió los ojos asustada al sentir el filo del cuchillo que el otro sujeto tenia contra ella. Entonces vio sus miradas, se maldijo a sí misma, como no se dio cuenta que estaban ebrios.

― ¡Suéltenme!

―Tranquila damita o te va a doler más-.

Amedrentada con el cuchillo la tiraron en el piso mientras que el otro le desgarraba la ropa.

Lloraba y no podía gritar porque taparon su boca con una tela. No sabía cuánto tiempo estuvieron manoseándola. Soltó un aullido de dolor. Nunca antes se había sentido tanto dolor y humillación. Sentía que podía desmayarse en cualquier momento, no escuchaba las vulgares frases que le decían. Lloraba de dolor y humillación. Sintió que este era el infierno, entonces vio como Bruce cayó al suelo por un palazo. Don Rousset volteo para ver al joven que desmayo a su jefe. El corazón de Elisa latía angustiado al que iba a atacar a Lee. Estaba a punto de atacarlo, entonces Elisa sin pensar tomo el cuchillo que el asistente dejo caer al suelo y se lo clavo por la espalda. Cayo al suelo al instante, se desangraba. Bruce seguía inconsciente.

―Elisa ¿Estas bien?

Ella estaba temblando sin saber que decir.

― ¿Q…que haremos, Lee? ―Tartamudea Elisa

―Maldita perra, desgraciada ―Escupio una voz tras ella.

Elisa da un grito cuando Don Rousset aun retorciéndose en el suelo la maldecía, antes que empezara a salir sangre de su boca y el brillo en sus ojos desapareciera, así como la vida. Lee se acercó para tomarle el pulso.

―Está muerto.

Empezó a temblar, ella lo había matado, lo hizo por proteger a Lee.

―Por dios, yo mate a ese hombre ―Grito Elisa espantada.

―Vuelve a la mansión ―Dijo Lee.

― ¿Que haremos? Mi hermano no puede enterarse de esto.

―Lo sé, lo sé ―Dice Lee, él se quita el saco y envuelve a Elisa con el― Vuelve a la mansión, yo me encargare de esto. Elisa temblaba pero abandono el establo. Escucho un sonido de bala, aun temblando de siguió hasta entrar a la mansión, iba a encerrarse en su cuarto.

El amor puede llevarte a hacer cosas impensables, puedes cambiar tu actitud, darlo todo por el ser amado. Lee lo único que pudo pensar cuando busco algún arma en la carroza y le disparo al pobre sujeto que desmayo era que Elisa si estuvo dispuesto a hacer eso por él.

Mike subió los cuerpos en la carroza, los llevo hacia el bosque para enterrarlos y la carroza se disponía a esconderla, pero luego pensó que lo mejor sería arrojarla al río, así lo hizo. Volvió a la mansión, se dirigió hacia el cuarto de Elisa, ella estaba llorando, estaba asustada, Mike se acercó a ella y la beso apasionadamente.

― ¿Ellos hicieron esto? ―Pregunta entre besos. Elisa asintió con lágrimas en los ojos, la recostó en la cama, sus caricias se sentían bien. El quería que borrara ese horrible recuerdo.

―Te amo, casémonos ― Le susurra en el oído. Elisa vio que era sincero, pero no quería pensar en eso ahora, acabo de asesinar a alguien. Lee limpio las lágrimas de las mejillas de Elisa. Algunos hombres podían ser despreciables, además ahora, si sería desposada probablemente la rechacen, ya no estaba pura.

―Le pediré la mano a tu hermano ¿Aceptas?

―Acepto.

.

.

Pasaban los días, Neal veía a su hermana más deprimida que antes, pero era algo más, estaba asustada. Neal dejo los papeles que estaba leyendo en la mesa, su hermana estaba a su costado, le acaricio la mejilla provocando que Elisa saltara del sofá.

― ¿Porque estas así?

―N-nada ―Tartamudea.

―Uhm... que te parece comprar una mansión en Chicago, podemos ir hoy a obtener información si quieres, la más grande, la que más te guste.

Neal lo había pensado bien, su hermana necesitaba una casa decente y el también. Esta propiedad estaba cerca de la empresa y de la universidad, el viaje se haría más largo para él, pero estaba bien, si con esto Elisa podía sentirse mejor.

―También pensé que podemos ir a las tiendas esta tarde, puedes probarte todos los vestidos que quieras, esta vez no me quejare y te veré con cada uno ¿Te gustaría?

Neal observa que su hermana no lo estaba escuchando.

― ¿Elisa?

Ella estaba mirando hacia un punto inexacto de la habitación. Esto extraño a Neal, Elisa siempre se quejaba con el de todo, era su hermano, su confidente. A pesar de lo deprimida que ella estaba desde la muerte de sus padres, siempre le hablo todo. Y ahora...

Neal tomo su muñeca y ella reacciono.

― ¿He? ―Dice con sorpresa― ¿Si? Dime Neal.

Un par de golpes se escucharon en la puerta, el mayordomo se acercó para abrir. Entonces Neal se paró para ver que William y Elroy Andley estaban en la puerta.

La tía Elroy se acerca a Neal, dejándolo paralizado unos instantes. Era ella, su tía Elroy, a pesar que muchas veces le decía a Elisa que solo iba por sus propinas, le dolía lo que iba a hacer, a el más que a ella. Suspira y devuelve levemente el abrazo

― ¿porque no nos avisaron? ―Pregunta la tía Elroy acercándose a Elisa para abrazarla, esto pone a temblar a Elisa― Ambos son importantes para mí y lo saben.

William entro a la mansión, quedando frente a Neal. Era mucho más alto que el, pero aun así Neal tenía una mirada altiva, no agacho la mirada o se intimido en ningún momento.

―Tia... no es momento para hablar de eso ―Dice William.

Sus miradas chocaron, William sintió una energía muy negativa en su sobrino, podía imaginar la razón. Pero ya había tiempo de hablar después.

―Mi más sentido pésame ―Le dice, William se iba a acercar para poner una mano en su hombro pero Neal se aleja mirándolo hostilmente, el rubio quedo con la mano en el aire, pero mantuvo la calma, ellos perdieron a sus padres― Vendrán a vivir a la mansión de Chicago con nosotros.

Al escuchar estas palabras Elisa se alejó de la tía Elroy, camino rápidamente detrás de su hermano, nada volvería a ser como antes, no después de lo que hizo y sabía que el único que iba a poder cuidar de ella sería su hermano, los Andley no la aceptarían ahora.

―Empaca las cosas de mis sobrinos― Ordena William― volvemos a la mansión Andley.

El mayordomo se quedó perplejo, por la mirada amenazadora de su nuevo jefe, del nuevo señor Leagan.

―William se encargara de la empre Leagan, hasta que termines la universidad ―Le explica Elroy al ver la hostilidad de Neal.

― ¿Quién lo dice? ―Pregunta Neal.

― ¿Qué? ―Se escapó de los labios de la tía Elroy.

―Le estoy diciendo que el único que da órdenes aquí soy yo.

La tía Elroy lo miro incrédula, se quedó tan sorprendida que se quedó sin habla. William camino hasta quedar al lado de Elroy y frente a Neal.

―Sé que estas enfadado pero nadie nos informó sobre esto, regresemos a la mansión, cuidaremos de ustedes ― Dijo William― Luego hablamos en privado sobre lo que te molesta.

Una ladina sonrisa se formó en el rostro de Neal entendiendo a que se refería. William entendió que su sobrino no planeaba salir de ahí.

―Neal, obedece, por favor ―A pesar de que lo decía suavemente, era firme, era una orden.

― ¿Porque? ―Pregunta con un tono medio serio, medio sarcástico.

―Porqué soy el jefe de los Andley, Neal solo queremos cuidar de ustedes...

―Exacto eres la cabeza de los Andley, no de los Leagan.

La tía Elroy empezó a enfadarse, todo tenía un límite, pero no esto.

―Neal ya basta ―Dice Elroy ―Van a regresar a la mansión con nosotros.

Neal toma los papeles que tenía en la mesa, sabía que en algún momento William aparecería en la puerta, había planeado este momento aunque no contó con la presencia de su tía Elroy. Con una mirada llena de desprecio, se acerca a William y los lanza al aire, cerca de William, dejando sorprendidos a Andley.

―Los Leagan están desvinculados de los Andley, estos papeles lo prueban, no tenemos ninguna relación, lo firmaste, tío William.

―Hicieron algo muy grave, tenía que imponer la autoridad pero en dos semanas estaría cancelado.

―No me importa, la empresa Leagan no tiene relación contigo ahora, así que les pido que se retiren ―Dice con desdén, roza la mano de Elisa que mantenía la mirada altiva, pero no muy convencida ―Yo me encargare de la empresa Leagan y mi hermana, aprecio que vengan a darnos las condolencias, pero comprenderán que no es agradable para mi ver a los Andley.

La tía Elroy lo miro incrédula, Neal nunca se había comportado tan hostil con ella, siempre fue cariñoso. No reconocía a la persona que acabo de lanzar esos papeles prácticamente en su cara.

―Neal, aún no estás preparado, entiende ―Dijo William― Solo queremos ayudarlos, no te voy a quitar nada, eso es tuyo así como te corresponde una parte de la herencia Andley.

― ¿Tratas de sobornarme?

―Como te atreves a hablarle a William así.

―Señora Elroy Andley, no tengo porque, Elisa y yo no tenemos relación con su familia―Dice seriamente― Jang, acompaña a los Andley a la salida.

William toma el brazo de Elroy y sale de la mansión, dejando a Neal y Elisa paralizados, claro que les afectaba esto, aunque siempre se negaron a decirse entre ellos que ella no les importaba, ella siempre les dio cariño desde que eran niños. Pero ella ahora tenía a su sobrino, su favorito, William. Lo protegió a el ¿Verdad?

Prácticamente echados de la mansión Leagan, en la carrosa hacia Chicago, la tía Elroy no pudo evitar derramar lágrimas de enojo y tristeza.

― ¿Viste cómo me hablo? ―Dice llorando― Me odia.

William no pudo evitar sentirse mal al ver a su tía así, se acercó a ella y la abrazo para que se calme pero ella solo lloro mas fuerte.

―Archibald y Neal prometieron no hacer nada que me agobie ―Sollozo― ¡Neal me lo prometió!

―Tia, Neal solo está molesto, entiéndelo ―Dice suavemente― No es fácil para él, no es fácil asimilar la muerte de tus padres.

―William, ellos nunca habían sido así conmigo.

―Hablare con el cuándo este más tranquilo ―Dice limpiando las lágrimas de su tía Elroy― Él te aprecia mucho, comprenderá que hizo mal y te pedirá disculpas.

― ¿Lo harás?

―Si tía Elroy, en unos días.

―Promételo, William ―Pide con ojos vidriosos― que traerás a Neal y Elisa.

―Te lo prometo.

Ambos se abrazan, antes de llegar a la mansión de Chicago. William aún estaba sorprendido, nunca había visto la mirada de alguien tan… vacía. Sus ojos reflejaban hostilidad y resentimiento, pero estaban tristes, muy tristes. Pero esa tristeza no era por sus padres, era algo mas.


Jang Sung: Mayordomo de los Leagan

Lee Sung: Hijo del mayordomo.

Señor Rousset (Don Rousset): Iba a ser el nuevo socio de Neal. Asesinado por Elisa.

Bruce: Asistente del señor Rousset. Asesinado por Lee mientras estaba desmayado. (ñe, no es importante)