Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Stephenie Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.
Chapter 6:
Feelings
E.
Aparqué frente a la casa de Alba a las doce de la tarde del día siguiente. A pesar de que me adelanté una hora en relación a la acordada, definitivamente sería más beneficioso que permanecer un segundo más en ese retén de la casa de mis abuelos.
Permanecí de pie frente a la entrada, aguardando pacientemente a que el repiqueteo del timbre anunciara la llegada de un huésped. Ante la ausencia de movimiento, toqué una segunda vez, y tras insistir otro par de veces comencé a sospechar que podría haber sucedido algo malo. Alarmado, me dirigí a la parte trasera de la casa hasta dar con una puerta que conectaba con la cocina. Al cerciorarme de que no estaba asegurada, me tomé el atrevimiento de abrirla, comprobando con alivio que Alba se encontraba a salvo, sólo que demasiado entretenida con los audífonos de su Ipod como para atender a otros sonidos.
De espaldas hacia mí, su cadera se meneaba ligeramente al ritmo de una música presuntamente erótica. Debía admitir que se me hacía un poco difícil mantener las fantasías obscenas al margen cuando movía su cuerpo de ese modo, sobre todo si esos ceñidos pantalones de yoga eran parte de la ecuación. La adolescencia era una perra.
Ignorando el despertar de mis hormonas, me detuve a pensar la manera más sigilosa de acercarme sin espantarla. No me arriesgué a tocarla, dado nuestro fatídico primer encuentro, por lo que preferí cruzarme de brazos y recargarme cómodamente sobre una de las columnas para seguir disfrutando de su pequeña demostración, hasta que finalmente notó la presencia de alguien en la cocina y se giró con violencia, fulminándome con la mirada cuando sus ojos me reconocieron.
—¡Como se te ocurre aparecerte de esa manera! ¡Casi me matas del susto! —chilló, amenazándome con la misma cuchara de madera con la que estuvo removiendo la comida.
Me eché a reír.
—Lo siento mucho, pero me tenías demasiado entretenido con tu discoteca mental.
En el momento en que el enojo fue sustituido por una brillante vergüenza, su rostro se ruborizó furiosamente. Se veía tan jodidamente linda.
—Yo… estoy cocinando —se mordió el labio, apuntando a la enorme masa marrón en un bol—, cupcakes. Estaba preparándote algunos antes de que vinieras.
—¿De verdad? Eso es genial. Muchas gracias, Alba —mi estómago gruñó de júbilo, situándome a su lado para hundir uno de mis dedos en aquella mezcla achocolatada—. Está sabroso.
Me sonrió, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos. Fue entonces cuando tuve noción de las oscuras y enormes ojeras como bolsas, es decir, enormes y fuertes ojeras.
—Alba, discúlpame si sueno ofensivo, pero tienes un aspecto fatal. ¿Has estado durmiendo bien?
Se mordió el labio. Noté que era un gesto involuntario y habitual cuando se ponía nerviosa.
—Honestamente, no. He estado teniendo pesadillas toda la semana, y de paso anoche escuché ruidos en los arbustos de la casa. Dormí con un bate, por si acaso —su tenue risita fue similar a la de un niño.
—No seas tonta, Alba, seguro fue un perro o algo así. ¿Por qué tienes pesadillas?
—No lo sé —se encogió de hombros.
—¿Ves muchas películas de terror?
—Adoro las películas de terror. Pero no, no las he visto en meses.
—¿Tiene que ver con algo que te esté pasando? ¿Con alguien?
—No…
Pude atrapar la mentira en su voz, y esa desconfianza me hizo removerme de frustración, pero tenía que reconocer que Alba y yo apenas nos estábamos conociendo y ella no estaba en la obligación de confesarme asuntos de su privacidad.
—Está bien, está bien. Pero debiste habérmelo dicho para reunirnos en otra ocasión donde no te estés desmayando del sueño. ¿Preferirías que nos viéramos mañana?
—¡No! —su expresión alarmada me arrancó una sonrisa—, es decir… ya planeé mi día contigo. Además, sólo te quedarás en el pueblo por unas varias semanas y deberíamos aprovechar el tiempo… quiero decir, no es como si fuésemos a tener algo, o sí, pero es que tú te irás y yo también y…
—Alba —interrumpí su nerviosa y titubeante cháchara—, créeme que el motivo por el que estoy aquí es porque me moría de ganas de verte. Te lo ofrecí porque te noto cansada, pero quiero quedarme.
—¿De verdad? —cuestionó con timidez, parpadeando sus hermosas pestañas.
—Sí.
No pude detener el impulso de alzar la mano para acariciarle el cabello. Mierda, me estaba muriendo por las ganas de tocarla, de besarla, pero no quería ahuyentarla al precipitarme con tanto atrevimiento y dar por arruinado el lazo de confianza que habíamos construido durante los últimos días.
Para mi gran sorpresa, la mirada introvertida de Alba se transformó, y de pronto sus enormes ojos se encontraban intensamente puestos sobre los míos, como retándome a hacer algo más. ¿A besarla? ¿A no besarla? ¿A alejarme? Mierda, si seguía mirándome así por un segundo más no me daría tiempo de tomar una decisión racional porque terminaría besándola de todos modos.
El universo me arrojó la respuesta cuando mordisqueó la parte interna de su labio inferior. Eso era todo. No se tenía que ser demasiado inteligente para comprender la claridad de su ofrecimiento. Ella estaba pidiéndome explícitamente a que la besara con ese gesto, y a mí me picaban tanto las manos por tomarle el rostro y dar el primer paso que no entendía había logrado retener mis inescrupulosos impulsos durante tanto tiempo.
Mi corazón comenzó a palpitar nerviosamente, preparado para inclinarme, y entonces alguien llamó a la puerta.
El ambiente de excitación se dispersó tan rápido como apareció, aturdiéndome al punto de querer matar al hijo de puta que acababa de interrumpir uno de los momentos más emocionantes de toda mi vida. Por su parte, Alba dio un sobresalto, lanzando una mirada desesperada en dirección al sonido. Al menos me consolaba saber que yo no era el único frustrado aquí.
—Dame un segundo —pidió nerviosamente, prácticamente dando saltos hacia la entrada—. ¡Sr. Black, hola! ¡Qué sorpresa!—escuché su alegre voz exclamar desde afuera.
Muy alegre.
Mucho.
Decidí aparecerme por detrás, descubriendo a Alba de puntillas abrazando el cuello y palmeando la espalda de uno de los tipos más musculosos y enormes que había visto en mi vida. ¿Cómo podía vivir así?
—Hola Alba. ¿Podemos hablar un minuto? —contestó contenidamente, aclarándose la garganta.
—¿Ahora mismo? —Alba parpadeó, cargando una expresión confusa en su rostro. Después de varios segundos de silenciosas miradas entre ellos, recordó que yo todavía seguía ahí—. Ay, que descortés soy. Eithan, éste es Jacob Black, mi jefe.
—Un placer —reaccioné con cordialidad, estrechando con fuerza su mano todavía más fuerte.
—Igual —a duras penas me miró antes de volverse a Alba—. Lamento si soy importuno, sólo me tomará unos pocos minutos, pero necesito preguntarte una cosa, en privado.
La última palabra fue acentuada intencionalmente en una muda petición de que los dejara solos, y ahí fue cuando me encabroné. ¿Acaso este tipo no conocía el teléfono? ¿Qué podría ser tan importante como para aparecer un sábado al mediodía en casa de una chica claramente bastante menor que él?
Inhalé con fuerza en un sutil intento de enfriarme el cerebro. No podía comportarme como un idiota. No me convenía, tomando en cuenta que no contaba con la potestad de intervenir en esto como si yo tuviese algún derecho sobre ella. Si él era su jefe, probablemente tenían algún asunto importante de trabajo que discutir que no era de mi incumbencia. Pero si sólo eran compañeros de trabajo, no entendía ese recibimiento tan informal y amigable de parte de Alba si sólo se trataba de su jefe. También me alteraba de sobremanera la forma en la que él la miraba, demasiado intenso y significativo, tratándose de una simple empleada.
—Claro. ¿Me disculpas un momento, Eithan? Puedes esperar en la sala mientras vuelvo.
—Por supuesto —le sonreí con dulzura, disimulando el intenso malestar que me provocaba el verla ingresar a la cocina con el tal Jacob pisándole los talones. Estaba a dos pensamientos de acatar sus órdenes cuando las voces comenzaron, por lo que me encadené a mi sitio, con el sentido auditivo completamente direccionado.
—¿Qué sucede, jefe? ¿Pasó algo en La Push? ¿Sarah está bien? —la escuché decir preocupadamente desde la cocina.
Me pareció detectar un matiz desesperado en la voz de Jacob mientras contestaba.
—Sí, sí, todo está bien. Alba, voy a preguntarte algo que probablemente te parecerá una tontería pero me gustaría que me lo dijeras. ¿Ha venido alguien a visitar tu casa últimamente?
—No. Sólo Eithan.
—¿Estás segura? ¿Algún amigo? ¿Algún turista? ¿Un desconocido?
—¿Un desconocido? No, nadie ha venido para acá.
—¿Algún amigo de tu mamá?
—Mi mamá ha estado trabajando al cien por ciento toda la semana, Jacob, nadie ha venido, que yo sepa. ¿Qué está pasando?
Jacob. Jacob. ¿Podría tratarse del mismo Jacob del que escuché la noche anterior?
—Espero que nada —suspiró audiblemente. Esta vez, su voz adoptó una pizca de nerviosismo, ocasionando que las siguientes palabras fuera más atropelladas—. Mira, necesito pedirte un favor. Si te topas a solas con algún sujeto extraño y que no conoces, o si ocurre o presientes algo extraño, por favor huye de ahí, dirígete a donde haya personas y no dudes en llamarme.
—Jefe, me está asustando. ¿Por qué me pide todo eso? ¿A quién podría encontrarme que pondría en peligro mi vida?
—Es sólo… Es que creo que hay un grupo de vándalos por ahí sueltos haciendo desastres en La Push y escuchamos que vinieron hasta Forks, sólo causan problemas, drogadictos y demás. Me pareció prudente venir a advertirte sobre eso. ¿De acuerdo? Cierra la ventana por las noches.
¿Vándalos? ¿Tenía sentido que este fuese el mismo tipo del que conversaban Embry y los otros sujetos la noche anterior, algo sobre localizar a un tal Jacob? ¿Estarían ellos metidos en algún problema de drogas? No me atrevía a hacer una acusación tan severa cuando ni si quiera los conocía, pero no me gustaban. Algo definitivamente andaba mal. ¿Debería decírselo a Alba?
No, sería enemistarme con ella demasiado pronto. Por otro lado, si ese tal Jacob viajó hasta aquí para advertirle que tuviese cuidado, debía reconocer que al menos se preocupaba por ella. Pero, ¿estaba Alba en peligro por el simple hecho de relacionarse con él? ¿A eso se referían ellos la noche anterior con los fulanos chupasangres? A lo mejor no eran ellos los drogadictos y yo estaba equivocado; probablemente estarían lidiando con un montón de adolescentes rebeldes y estaban desesperados por sacarlos de la reserva. ¿No? ¿Sí?
Maldición.
—Ah. Está bien, gracias por decírmelo. Tendré cuidado —ella agradeció en un susurro, y la casa se sumió en el silencio.
Entonces, él acaricio su nombre, al igual que un arrullo.
—Alba…
Más silencio.
Estupefacto, no moví ni un solo músculo, consciente de que involucrarme en lo que sea que estuviese pasando allí dentro sólo traería un montón de problemas a mi vida. Y así me quedé, de pie, pensando en cuánto deseaba correr hacia Alba y alejarla del hombre que probablemente estaba haciendole las cosas que yo deseaba hacerle.
Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea.
—Bien, no te quito más tiempo. Por favor cuídate —concluyó él, luego de un momento que me pareció eterno.
—Está bien —Alba tartamudeó una respuesta.
El tipo no regresó, por lo que supuse que había abandonado la casa por la puerta de la cocina. Una ligeramente pálida Alba caminó lentamente hacia mí, con los ojos firmemente abiertos.
—Disculpa por eso…
—No importa. De todos modos creo que lo mejor es que me vaya.
Sabía que huir como un maldito cobarde era todo menos prudente, pero no podía pensar claramente luego de haber prácticamente presenciado una escena romántica.
El sólo pensarlo hacía que se me formara un nudo en el estómago.
—¡No! ¿Por qué?
Suspiré, con fuerza, sólo para poder elaborar una respuesta educada.
—Alba, no sé qué sucede entre tú y ese tipo, pero estoy seguro de que es mutuo. Y después de lo que escuché en la cocina…
—¿Qué? ¡Sólo me estaba advirtiendo algo! —chilló con indignación
—Eso no, Alba —me contuve de rodar los ojos—. Es lo que pasó después. Pude sentir la química desde aquí.
Me observó con los ojos tan abiertos como un par platos y, eventualmente, sus hombros se relajaron, al igual que su mirada, antes de aclararse la garganta.
—Bien, te seré honesta. Estuve un poco enamorada de Jacob durante un tiempo, pero eso es todo —explicaba tranquilamente, sin dejar de gesticular con las manos—. Somos muy buenos amigos, a pesar de la diferencia de edad. Y él no siente por mí de esa forma, Eithan, es un hombre casado con hijos que ama a su esposa.
—Entonces, ¿qué fue lo que pasó ahí dentro?
—No pasó nada —me miró con una expresión de cansancio—. Hablamos y listo, te lo juro. No puedo estar interesada en Jacob porque ahora mismo estoy interesada en alguien más.
Sus ojos honestos y transparentes me decían la verdad. Por unos breves segundos, me debatí entre continuar con mi infantil y muy injustificado interrogatorio o dejar a un lado el malentendido, pero terminé desistiendo de lo primero al advertir la dramática manera con la que me estaba comportando. No era un rasgo propio de mi personalidad, y tampoco tenía el pase de ser posesivo con una chica con quien no había acordado ningún compromiso oficial, pero me angustiaba pensar que se pudiese fijar en otro hombre distinto a mí a tal punto que era inevitable morirme de los celos.
Nuestro pequeño juego de miradas se sostuvo por varios segundos, hasta que finalmente di un paso hacia ella, dispuesto a acabar con esto de una buena vez cuando sujeté con una firme suavidad su mentón con mis dedos, empezando a inclinarme.
—¿Por qué no me pediste mi número cuando nos conocimos? —preguntó repentinamente, abriendo sus tiernos y expectativos ojos para mí.
Retrocedí para observarla sin poder creerme lo que me decía.
—¿Se te antoja hablar de eso justo ahora?
—Me trataste como si nada, pero al siguiente día te apareciste en la academia para buscarme —reprochó infantilmente, y demonios si eso no me hacía sentir cosas raras.
—Te traté como te traté porque no quería relacionarme contigo —suspiré, tomando un mechón de su cabello y colocándolo gentilmente detrás de su oreja—. No me interesa quedarme en Forks y pronto me mudaré a Ohio a comenzar mi vida universitaria. No tenía caso intentar algo contigo porque pronto partiría, y tú también, y todo eso del "amor de verano" me parece una ridiculez.
—Pero aun así viniste por mí.
—Porque me llamaste completamente la atención —me esforcé en que mi voz se proyectara con dulzura—. Y a pesar de haberte rechazado, tuve que buscarte al día siguiente porque lo poco que logré saber de ti fue suficiente para que la curiosidad me atrapara, quería conocerte mucho más. Y aquella cita que tuvimos fue un desastre, no dejamos de discutir con el otro, eres inteligente y necia y siempre tienes algo que decir, y eso me encanta. Me encantas incluso ahora, cuando se te antoja reclamarme justo cuando estoy a punto de besarte.
Su boca fue formando una pequeña "o" conforme asimilaba mis palabras. Tenía ganas de decirle que otro de los motivos por los cuales me había fijado en ella era porque sus ojos eran los más hermosos que había visto en mi vida, pero temía intimidarla mucho más de lo que ya estaba.
Santo Dios, ella me encantaba a niveles alarmantes.
—Pero eso no quita una palabra de lo que dijiste. Dijiste que no estás interesado en los amores de verano, y honestamente, también pienso que es tonto. ¿Aun así quieres intentarlo? —arqueó una ceja.
La tomé del rostro, esperando que comprendiera la seriedad de mis palabras.
—Lo único que sé es que nunca he conocido a nadie como tú, y necesito explorar eso. Sé lo que dije y lo que pienso, pero no quita el hecho de que no quiero ignorarte como si no hubiese pasado nada cuando es obvio que ambos nos gustamos y queremos pasar tiempo con el otro.
—Entonces… ¿cero etiquetas? —propuso dubitativamente.
No pude dejar de sonreírle.
—Me parece bien.
—A mi también.
—Así que… —hice una pausa dramática—, no tengo que preocuparme por algún novio escondido, ¿verdad?
Echó la cabeza hacia atrás para lanzar una adorable carcajada. Acto seguido, la sentí ponerse de puntillas para tomar las solapas de mi camisa, jalando mi rostro hacia el suyo hasta que sus labios atraparon los míos en un beso que había estado añorando a gritos desde que la vi por primera vez. Y todo en lo que podía pensar en ese momento era en que jamás había besado a nadie sintiendo aquél inesperado apretón en el pecho, a todo mi sentido común haciéndose trizas.
—Espero que esto responda tu pregunta —murmuró contra mi boca.
—Para nada —sonreí.
Esta vez yo la besé a ella.
(Re-editado. 30/12/16).
¡Hola de nuevo! Lo sé, fue algo cortito, pero muy significativo, a pesar de todo. Me tomaré a partir de ahora unos pocos capítulos para explorar la (extraña) relación de Alba y Eithan, pero no demasiados, puesto que su relación puede ser bien plasmada sin necesidad de recurrir a diez largos capítulos que al final no son más que relleno innecesario para esta historia. De todos modos, en los siguientes capítulos aclararé varios aspectos de sus vidas que son muy importantes para poder conocerles. Así que para quienes esperan ansiosamente a Los Cullen, sólo les anunciaré que la primera de ellos en integrarse será Alice. ¿Cuándo? No voy a spoilearlas, ¡sería acabar con la sorpresa de su aparición!
Desde que inició el fic, varias chicas me han preguntado si ellos recuperarán sus recuerdos algún día. Les responderé a todas que SÍ, ellos SÍ recobrarán sus anteriores vidas, porque, ¿dónde estaría la emoción de no ser así? Jajaja. Pero el cuándo... bueno, no quiero arruinarles otra sorpresita, porque les aseguro que les he reservado unas cuantas ;)
En fin. ¿Les gustó el capítulo? ¿O quieren arrojarme tomates? La siguiente actualización será el sábado.
¡Espero sus reviews!
Vicky.
pd1: Los anteriores capítulos a este están en proceso de re-edición (sólo en detalles de redacción), para que no luzcan como si fuesen borradores, pero no modifiqué detalles fundamentales de la historia como tal.
pd2: Gracias por sus hermosos comentarios Dess Cullen, Xi0t, linda bella, mariees, Adriu , maria victoria cullens, Emma Emmav, Yoliki, choiamberc, Lady Stew, powercat, MansenAbril, GPCS. Sonitha Pico, pili, CecyBlack, Rossy04, lunaweasleycullen14, y Serena Princesita Hale.
