Hola... volví con el capítulo tres, era para publicarlo hace mucho pero no se había guardado las modificaciones que le hice y aunque quise no pude volver a arreglarlo, después el quince tuve un examen y ahí la inspiración me abandono como castigo (Por desaprobarlo creo xD) Pero regreso hace unos días, me dijo tienes que publicar lo que empezaste y aquí esta. Tratare de no tardarme tanto.

Y arregle el dibujo xD pero sigue sin notarse y me pregunto hasta ahora porque rayos lo hice :(


¿Elisa Leagan, huyendo con el hijo del mayordomo?

¡Jamás! ¡Era imposible! Su hermana, la que se burla de los que tenían menos huyo ¿Por amor?

Por supuesto que no.

Para Neal Leagan estaba claro que el hijo del mayordomo secuestro a su pobre hermana. Fue lo que pensó antes de arrugar la carta entre sus manos, antes de salir hecho una furia hacia los dormitorios del servicio situados en la planta baja.

Recapitulemos desde esta tarde, hace solo cuatro horas, para entender porque Elisa Leagan tomo esta radical decisión.

Todo empezó luego de la reunión del directorio, acabo de nombrar como director general al señor Jackson. Uno de los ejecutivos que más le ayudo en esos meses difíciles. Seis meses pasaron desde que sus padres fallecieron y se convirtió en el jefe sin saber de negocios. Ya no dependía de nadie, no necesitaba adular a nadie, aquí era el jefe y eso le gustaba.

―Enserio estoy muy agradecido con usted por este ascenso ―Dijo el señor Jackson sacándolo de sus pensamientos. Noto que lo había seguido hace un buen rato, repitiendo eso probablemente.

―Has demostrado ser muy eficiente, por eso quiero que seas el director general y mi socio ―Respondió Neal sin muchos ánimos― Me encargare de todo lo que tenía programado este fin de semana, empiezas el lunes.

El señor Jackson noto que su jefe no tenía ganas de hablar, así que luego de murmurar unas palabras más de agradecimiento se dirigió a seguir con su trabajo.

Neal sintió un ligero mareo al llegar al escritorio de su secretaria, quien al verlo le ofreció una pequeña sonrisa.

―Señor Leagan, su hermana lleva esperando hace un par de horas ―Dice la secretaria con voz suave.

El mencionado arqueo una ceja intrigada, pues no esperaba la visita.

― ¿Sucede algo?

―Nada… ¿Puedes quedarte hasta las diez? Necesito que me ayudes a revisar algunos documentos que me dieron en la reunión.

―Pero señor Leagan ―Dijo agachando la mirada nerviosa ―Le avise que necesitaba salir puntual hoy, es que tengo cita con el médico.

―Si es así puedes retirarte ―Dijo Neal― Creo que te he estado explotado mucho últimamente ― realidad apreciaba a su secretaria y al señor Jackson, ese par de ejecutivos que le ayudaron. A Sofía la volvió la secretaria general porque le explicaba lo que no entendía de manera sencilla, pensó que lo mejor sería ascender al señor Jackson a director general. Habían demostrado ser buenos trabajadores, pero sobretodo confiables.

―No diga eso, señor ―Dijo la secretaria con voz suave― Es un placer ayudarlo, solo es por hoy.

―Está bien puedes irte ―Dijo Neal― Solo hazme un favor, antes de irte tráeme un café.

La secretaria asintió antes de dirigirse hacia la cafetería. Neal entro a la oficina, ella no estaba en su escritorio como pensó, estaba sentada en uno de los sillones de la sala de descanso, al lado izquierdo de la puerta. Al verlo se paró de inmediato cruzando los brazos con una mirada que lo puso nervioso, Neal se acercó a su lado. Su mirada mostraba signos de enfado.

―No esperaba verte ahora, Elisa ―Dijo Neal― ¿Qué haces aquí? ¿Sucedió algo?

―No lo recuerdas ¿verdad?

― ¿Qué?

―Lo sabía, no lo recuerdas ―Repitió Elisa pasando por su lado.

― ¿Recordar que? ―Inquirió de nuevo.

―Se supone que hoy me llevarías a ver mansiones en Chicago, íbamos a comprar la más grande de todas.

―Oh ―Exclama Neal con voz apenada recordando esto, claro que no lo había recordado― Elisa, lo siento, lo olvide por completo.

―Pero me lo prometiste ―Protesto Elisa enojada mirando directamente los ojos de su hermano― Llevo esperando horas sentada aquí.

Neal suspiro, le dolía la cabeza por el largo día y no quería discutir con ella.

―De todos modos es muy tarde, no puedo llevarte a casa ―Dice Neal― ¿Te trajo Jang?

― ¡Casa! Esa pocilga no es una casa, odio vivir ahí ¿No me conoces? Odio vivir en esa casa ¿A ti te gusta? Ya olvidaste quienes somos, como parece que ahora quieres vivir entre pobres.

―No tengo tiempo para esto -Dice Neal controlando su cólera.

― ¡Que novedad! No tienes tiempo para mí, pero si tienes tiempo para coquetear con esa pobretona infeliz que tienes de novia.

― ¿De qué demonios hablas? -Gruño con una expresión encolerizada en su rostro. Su paciencia había acabado.

―De esa tipa becada, a la que llevas a su casa en tu auto.

―Es una compañera de clases.

―Por supuesto ―Dijo con sarcasmo― Por eso llega a la casa con sus mejores trapos, perfumada y con una canasta de galletas que dice que te encantan.

Elisa lo miraba con resentimiento, Neal podía explicarle que solo era una compañera y ni siquiera recordaba su nombre, pero prefirió mirarla de la misma forma.

― ¿Que le has hecho? ―Pregunto con voz fría rompiendo el tenso silencio.

―Digamos que tendrá que lavarse la cabeza o las hormigas se subirán a ella -Dijo Elisa con una sonrisa de suficiencia. Sabia de lo que su hermana era capaz de hacer, incluyendo hacerla llorar tirándole la canasta en su largo cabello oscuro.

― ¡No vuelvas a hacerle algo así! -Exclamo Neal tan fuerte y enojado que Elisa se quedó sin habla un momento, era la primera vez que su hermano le levantaba la voz.

―Tanto te importa.

―No sé mucho de ella, pero se gana la vida justamente, no tienes derecho a maltratarla -Dice Neal con voz alta― Además debiste llamarme si vino a la casa ¡Ahora me causas problemas con mi compañera de clases!

―Al parecer solo tiene que moverte la cola conseguir que la lleves a su casa.

―Por dios, no me metería con ella, y tu ¿Entiendes o no? Que paro todo el maldito día en la oficina y en la universidad,

En ese momento la secretaria Sofía entra incomoda, cerrando la puerta tras ella y dejando rapidamente el café en el escritorio de su jefe.

― ¡Esto es privado! ―Exclama Elisa.

―Lo siento, no volverá a suceder ―Dice Sofía incomoda- Señor Leagan, lamento ser inoportuna, pero un caballero desea hablar con usted.

Neal al escuchar esto suspiro, pelear con su hermana por algo sin importancia lo dejo aturdido. Definitivamente debía beber ese café o empezaría a enloquecer. Decidió ignorar a su hermana, que aún estaba colérica y avanzo unos pasos para darle la espalda.

―No hay ninguna cita programada -Pregunta extrañado- ¿Quién es?

―El señor Rousset.

Al escuchar este nombre su vista se oscureció y torpemente se dejó caer en el sofá tratando de evitar temblar. Sintió que ya no estaba en la oficina, no estaba su hermano ni la secretaria, estaba sola en una oscuridad total, sentía que quería gritar como las voces que escuchaba, sin poder hacerlo y solo trataba de respirar.

―Señorita Elisa ¿Se encuentra bien? ―Pregunta Sofía.

Neal volteo y al ver que el rostro de su hermana palideció se sentó a su lado y toco ligeramente su brazo.

― ¿Te sientes bien?

Neal tomo la fría mano su hermana, y ella pareció salir de una especie de transe en el que se encontraba. Elisa siente que su estómago se retuerce y un nudo en la garganta no le deja hablar. Asiente y agacha la mirada, incapaz de pronunciar palabra. Su mente es un caos en este momento, estaba totalmente petrificada, sin poder reaccionar.

―Puedes retirarte, Sofía ―Dice Neal― Yo me encargo del señor Rousset.

― ¿Esta seguro?

―Si ―Dijo con una sonrisa fingida, odiaba que le preguntara eso casa vez que tomaba la iniciativa para algo. Tomo la mano derecha de su hermana entre las suyas.

―Mira... disculpa por haberte hecho renegar ―Dijo Neal al pensar que a su hermana se le bajo la presión por la reciente pelea, él se sentía muy debilitado― Tengo que ocuparme de esto, pero te prometo que termino de atenderlo y te llevo a casa... y mañana veré como darme tiempo.

Neal doblo los dedos de su hermana entre su mano formando un puño y lo acerco a su quijada simulando un ligero golpe.

―Espérame aquí, no tardara mucho.

Elisa se quedó inmóvil sin saber qué hacer, su primera reacción seria huir de la habitación pero la razón de su miedo estaba en la puerta. Y antes de que pueda pensar en otra solución, Neal ya estaba sentado y la secretaria girando la perilla.

―Adelante, señor Rousset ―Dice la secretaria amablemente.

Un joven pelirrojo muy atractivo entro a la oficina con una sonrisa, viendo descaradamente a la secretaria que incomoda murmura algo inentendible antes de salir. Resaltaba su elegante traje color beige claro que hacia juego con una corbata azul oscuro. A la vista saltaba que era mayor que Neal por algunos años, al igual que a la vista se veía que era mucho más alto que él. Por un segundo, los ojos azules miraron detenidamente los ojos avellana del señor Leagan.

―Señor Rousset, tome asiento ―Dice Neal amablemente.

―Gracias ―Cuando el pelirrojo se sentó frente a él, se dibujó en su rostro una sonrisa leve que Neal no evito corresponder.

―Si no me equivoco, me parece que íbamos a hacer negocios, pero no se presentó nunca en Chicago.

―En realidad, soy su hijo, Johannes Rousset ―Explica el pelirrojo― No tenemos noticias de él, desde hace como medio año.

―Oh, lo siento, no sabía que el señor Rousset estaba desaparecido ―Dijo Neal sin ocultar su sorpresa.

―Así es, lo último que sabemos es que venía a Chicago a quedarse en su casa.

Elisa sintió que su corazón se detuvo en ese momento, sentía que debía huir ahora mismo, así fuera por la puerta o por la ventana.

―Quedamos en eso, incluso me llamo unas horas antes, pero nunca llego.

―Si no le molesta, me gustaría llevar unos hombres a inspeccionar cerca de su casa.

―En lo absoluto, entiendo su preocupación -Dijo Neal.-Haría lo mismo si fuera su padre el desaparecido. No sentía que lo acusara de alguna forma. Neal observo que su hermana estaba pálida. Y el pelirrojo volteo al ver que la mirada del señor Leagan estaba mirando tras él. Entonces volteo su vista y se encontró con una pálida Elisa que deseaba desaparecer del planeta en ese instante. Entonces Neal le pide que se acerque a él y ella casi al instante obedece tratando de no alterarse.

―Oh, disculpe señor Leagan, pensé que estaba solo.

―Discúlpeme a mí, ella es mi hermana, Elisa Leagan -Presenta Neal. El pelirrojo se levanta del asiento, con una galante sonrisa le da la mano. Elisa al sentir que le apretó la mano se quedó helada, lo observo desconcertada y desconfiada. Y antes de que el joven hablara probablemente para presentarse, Elisa tomo la palabra.

―Es un placer conocerlo ―Dice Elisa rápidamente― Disculpen, me siento muy mal en verdad -Ella mira a Neal- Regresare a la casa.

Elisa camino rápidamente hacia la puerta sin ver atrás.

―Espera, Elisa ―Dijo Neal con voz suave. Ella se detuvo repentinamente y volteo con una sonrisa forzada.

― ¿Te trajo Jang?

―Lee está en el auto ―Dice Elisa desviando la mirada. Sin esperar respuesta sale rápido de la oficina dejando incomodo a su hermano.

―Disculpe, es que vi a mi hermana nerviosa ―Dijo Neal.

―Entiendo ―Dice el pelirrojo tomando asiento de nuevo― Si me lo permite, quisiera hablar con ella también.

― ¿Porque? ―Pregunta Neal tratando de no sonar muy descortés.

―Quisiera interrogar a las personas, ella está muy nerviosa... a lo mejor vio algo...

―Por favor no -Pide Neal con voz suave. Llego rápidamente a la conclusión de que debía dar una explicación para evitar que mortifiquen a su hermana― Lo que sucede es que hace un rato se puso mal, aun no supera la muerte de nuestros padres.

―Oh, lo siento ¿Hace cuánto paso?

―Hace medio año, pero en fin, prosiga.

―Como le decía, señor Leagan ―Dijo el joven con voz queda― Me gustaría mandar a revisar el área por su casa, también quisiera pedirle discreción, no nos gusta cuando se mete la prensa o la policía.

―Entiendo, tendrá discreción de mi parte ―Dijo Neal, el intento detener un bostezo llevándose involuntariamente su mano a la boca. El pelirrojo sonrió levemente viendo que el director general se moría por tomar el café del escritorio.

―También estoy aquí para continuar los proyectos que mi padre tenía con usted -Dijo el pelirrojo, esto hizo que Neal lo observara más atento y agrego con una ligera sonrisa- Hablemos de negocios, señor Leagan.

―El señor Rousset me informo que quería invertir.

―Así es, el señor Rousset y yo queremos invertir veinte millones ―Dijo con una sonrisa vanidosa. Neal oculto su sorpresa al escuchar esto. La sonrisa del señor Rousset aún no se desvanecía, así que le devolvió la sonrisa antes de empezar a hablar de negocios. Su secretaria no estaba, pero Neal sabía perfectamente que hacer. Le explico el proceso para volverse socio de la empresa, hablaron un par de horas sobre los proyectos en mente.

―Luego de esas formalidades, en un par de semanas estará integrado a la firma, pero antes necesito crear un folio del inversionista y su empresa para efectos de investigación.

― ¿Y es necesario?

―Por supuesto ―Dijo Neal extrañado― Pero no se preocupe, solo es una formalidad más, señor Rousset.

―Entonces eso sería todo ―Dijo el joven pelirrojo― ¿Le parece si mañana continuamos?

El pelirrojo noto el cansancio del director general, quien le agradeció silenciosamente dejar la charla para mañana.

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Todo el trayecto en el coche se la paso ignorando al joven de ojos rasgados, el había notado que algo perturbo a la castaña. Miraba por la ventana tratando de ordenar su mente. Finalmente el auto se detuvo frente a su nueva casa desde hace un par de meses. Odiaba esta casa, no quería volver a dar un paso dentro. Lee sabía que Elisa estaba muy agresiva últimamente, ni siquiera él pudo calmarla, de hecho ella parecía muy arrepentida de haber estado con él, lo trataba mal. Pero entendía que después de ese mal momento, probablemente iba a quedar destrozada. Por eso le ofreció su amor, pero al parecer eso no fue suficiente para ella. Aun así lo entendía, aun en esos momentos de silencio cuando él le llevaba té y ella no le dirigiera la palabra. Le prometió quedarse a su lado. Va a esforzarse para hacerla sonreír de nuevo, aunque solo pueda estar cerca sirviéndole te. Apaga el vehículo y guarda las llaves.

―Sácame de aquí –Susurra Elisa antes que el joven baje del auto.

― ¿Qué? ―Murmura Lee sorprendido.

―Que me saques de aquí ―Repite Elisa. El joven se dio cuenta a tiempo que Elisa iba a tener un ataque, así que sale del vehículo y toma la mano ayudándola a salir y la envuelve en un protector abrazo, pero ella lo aparta lentamente. Por fin lo mira a los ojos, el comprendió que algo le ha perturbado, pues desde ese día se había vuelto silenciosa.

― ¿Qué fue lo que ocurrió? ―Pregunta Lee― Confía en mi.

―S..su hijo ¡Su hijo! Vino a buscarlo, dijo que iba a mandar a investigar la casa ―Explico Elisa tratando de no tartamudear. Luego de que ella le contara detalladamente lo que sucedió, el trato de calmarla.

―Elisa, mi amor, no pasara nada.

―Los van a encontrar ¡Eso va a pasar! ―Exclamo Elisa entre lágrimas- Que hare, no quiero ir a la cárcel.

―No lo harán ―Insiste Lee mirándola de una forma que sabía que a ella le gustaba― Confía en mí, no pienses en eso...

No quería contarle los detalles de ese día, como oculto el crimen perfecto. El vuelve a intentar abrazarla y esta vez ella si se deja, las lágrimas humedecían su perfecta camisa blanca, con lentitud rodeo a la castaña, que en este momento parecía tan frágil.

Elisa aun con lágrimas en los ojos levanto su mano hacia el rostro de su amado sirviente, acariciándolo sutilmente, observando su hermoso rostro. El joven de ojos rasgados la miraba con amor.

―Siempre te cuidare, Elisa ―Dice sin romper el abrazo― Deja que pida tu mano al señor Leagan.

―Él no va a aceptar eso jamás ―Murmura Elisa bajando la mirada.

―No vamos a saberlo si no lo intentamos, además no es necesario... no es tu padre...

―Jamás va a permitir que estemos juntos, si le dices eso te va a echar a la calle junto con tu padre y yo no quiero eso ―Dice Elisa mirándolo tristemente― Por eso no quiero que le digas, no quiero que nos separe.

―Está bien, entiendo ―Dice Lee suavemente. Pasan unos minutos en silencio, Elisa ya había dejado de llorar, pero aún estaba asustada― Te amo, te voy a cuidar, lo juro, creo que tenemos que irnos.

― ¿Irnos?

―Tu hermano no va a aceptar que estemos juntos, creo que debemos irnos por un tiempo, alejarnos de todo y en especial de esta casa, casémonos en otro lado, muy lejos de aqui.

Elisa se quedó en silencio sin saber que decir, no esperaba que este tan dispuesto a dejar todo por ella ¿Y ella? ¿Podría hacer lo mismo?

-Solo por un tiempo ―Dice Lee mirándola tiernamente, Elisa lo ve sin saber que decir― Vámonos ahora mismo.

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Después de salir del gran edificio. Johannes Rousset se dirigió en su auto hacia un bar cercano. La reciente reunión que tuvo con el director general de la empresa Leagan lo había dejado agotado, se acercó a la barra y le pidió al barman un whisky y se dedicó a observar a las bellezas del lugar. Le llamo la atención una hermosa mujer sentada en el otro extremo de la barra. Ella tomo con delicadeza su copa y camino de forma sensual hacia una de las mesas. El pelirrojo la reconoció en pocos minutos, al verla caminar, era la secretaria que le gusto del señor Leagan. Se dirigió hacia ella con una sonrisa galante, pero antes de que la mujer lo notara un hombre moreno se acerca a ella. El suspira, no estaba sola. Así que se dispuso a irse.

― ¿Hiciste que firmara?

―No pude señor Jackson... su hermana estaba esperándolo, malogro el plan.

―Era el momento perfecto, estaba cansado, solo tenías que decirle que lo firmara.

―No es tan fácil ―Masculla con fastidio― Y de ninguna forma iba a aceptar firmar sin llevarse los documentos. Además ¿Para qué? Te dio el poder de director general.

―Por supuesto, el hijo del señor Leagan confía ciegamente en mi ahora, más que en ti, que solo debías seducirlo o emborracharlo para que te firmaran esos malditos papeles.

―Estas demente, como se supone que debía seducir a alguien más joven, le hubiera parecido ridículo.

―Lo ridículo seria no aprovechar esto. Neal Leagan logro mantener la empresa a flote, pero si queremos sacarle provecho, debemos arriesgarnos.

―No estoy diciendo que lo sea, solo te dijo que si vamos a estafar al señor Leagan, debemos tomar precauciones y además... no quiero ser la única que se arriesgue.

―Tu eres su mano derecha ―Dice Jackson― Tienes la información de cada transacción compra e información. Ya hice mi parte, créeme que convencer al señor Carter y a un par de hombres de seguridad no fue fácil. Y con este poder que me dio, será mucho más fácil todo, veras que ni siquiera se va a dar cuenta.

―Espero que todo esto acabe rápido, ya quiero irme del país a disfrutar del dinero del señor Leagan ―Dijo ella con voz sensual.

― ¿Irte? ¿Porque? No vamos a hacer nada malo ―Dijo el moreno tomando la quijada de la mujer, ella se tensa pero le sonríe forzadamente y se deja besar. El pelirrojo se aleja al ver a la pareja besándose, pide otro trago y se sienta en la barra.

―Que mal por ti, señor Leagan ―Piensa con una sonrisa- Al parecer eres un pésimo empresario, para no darte cuenta de eso. Lástima, me caía bien.

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Un par de rubias miraban las estrellas desde una colina. No podía estar mejor, sentirse en casa, el olor del césped, clima templado. Era verano, la rubia de ojos azules prefería estar en la cómoda en la mansión de sus padres adoptivos, pero no podía olvidarse de sus raíces. Debía aprender de Candy, quien parecía más cómoda aquí que en Lakewood. Luego de un largo día con la señorita Pony y la hermana Maria junto con los queridos niños, las rubias tenían un poco de tiempo solas como en los viejos tiempos.

La pecosa de ojos verdes se sentía muy dichosa de que su amiga la visitara. Se la paso hablando la mayor parte mientras que Annie escuchaba atentamente. Por supuesto que no tardo en tocar otro tema delicado para ella, le pregunto por Terry Grandchester. Fue sincera con su amiga. Recordó las palabras que le dijo a su prometido hace unos días, en esta misma colina.

Me dolió mucho la separación con Terry, dudo que mucho que un día deje de sentir cariño por él, yo lo quise demasiado, me ilusione un futuro con el... pero ahora estoy contigo, es a ti a quien amo... eres con quien me voy a casar.

Era un gran amigo de ambos, aun así William había evitado hablar de Terry, temía haber presionado demasiado a Candy. Pero ella corrió a sus brazos y lo abrazo.

―Y te vas a casar con tu príncipe de la colina -Dice Annie sacándola de sus pensamientos- nunca me dijiste de él.

Candy sonríe a su amiga.

―También te casaras con tu príncipe, antes que yo ―Dice Candy tomando sus manos. No había visto a Archie, pero Annie le dio la noticia esta mañana. No saltaba de alegría como una novia feliz. Todo lo contrario, parecía muy preocupada. Annie se sonroja y agacha la mirada.

―Candy, yo estaba pensando... que sería lindo, si nos casamos al mismo tiempo.

― ¿Una boda doble? ―Dijo Candy con una sonrisa― Seria lindo... pero dudo que la tía abuela Elroy le agrade la idea.

Annie desvía la mirada e intenta contener unas lágrimas, Candy se percata de esto, pero finge no darse cuenta, porque teme hacerla llorar si le dice algo.

―Los Andley no quieren que me case con Archie... y yo tengo miedo que el cambie de opinión ―Dice en voz baja.

―No digas eso, Archie te ama.

―Yo lo amo con todo mi corazón-Dice Annie con voz baja.

―Yo lo sé, estoy segura que él lo sabe… pero yo voy a esperar un poco más para casarme... sabes, está muy tenso el ambiente en la mansión Andley, prefiero estar aquí, la tía Elroy me culpa de que Neal y Elisa se hayan ido.

―No fue tu culpa.

―No sé que hacer, sé que no fue mi culpa pero no hay nada que pueda hacer para arreglarlo.

―Es mejor que no te acerques a ellos, Candy ―Dice Annie con voz baja― Achie me conto que fue bien recibido por Neal, es el quien habla por los dos, en cuanto a Elisa... ella solo asintió sin escucharlo, me dijo que no era ella, pero Neal se enojó cuando le pidió que volviera, le dijo que así la tierra se parta en dos no va a volver, no hay nada que hacer.

―Archie no me conto ―Dice Candy, pensó que de hecho, no le había escrito ninguna carta.

―Está muy ocupado ahora que trabaja con William ―Comenta Annie tristemente― Para en la oficina... no me escribe, ni me llama, ni siquiera lo he visto en tres semanas…

Candy observa la mirada sin brillo de su amiga. No puede entender porque esta tan insegura si Archie la amaba. Jamás le gusto ver a su amiga con lágrimas en los ojos, ella haría lo que sea para que siempre este feliz.

―Tengo miedo, mucho miedo de que Archie ya no quiera casarse conmigo.

―Eso no sucederá ―Dice Candy suavemente. La pecosa abraza a Annie, ella se limpia las lágrimas de los ojos antes de mirarla de nuevo.

―Eres más que mi mejor amiga, eres mi hermana Candy ―Dice Annie― A veces me pregunto si lo serias de sangre o nos abandonaron dos mejores amigas.

Candy sonrió levemente ante esta posibilidad, ambas fueron abandonadas, nunca iban a conocer a alguien con su sangre, pero lo más cercano que tenía a una hermana eran la una a la otra.

―Para mí lo eres ―Dijo Candy con una sonrisa triste.

―Yo... tengo que contarte algo ―Dice Annie entre lágrimas― Archie... y yo...

― ¿Qué pasa, Annie? Vamos cuéntame ―Pide Candy con voz suave.

―No me juzgues, por favor ―Pide agachando la mirada.

―Jamás lo haría, dime que paso.

―Es que... él y yo... él me dijo que me necesitaba... que no esperemos hasta la boda… y yo... me entregue a el -.

Candy vio a su amiga sollozar y la abrazo. Ahora tenía la cara roja de tanto llorar, levanto la mirada para ver los ojos verdes de su amiga pecosa.

―No es nada malo porque fue por amor ―Dijo Candy intentando consolar a su amiga. Pero aun así Annie se sentía mal, sentía que decepciono a sus padres adoptivos y a sus madres de la casa Pony.

―Tengo miedo ―Dice Annie entre lágrimas― Los Andley no quieren que me case con el... ¿Y si Archie ya no me quiere?

―El jamás haría algo así ―Dice Candy limpiando las lágrimas de las mejillas de la rubia con sus dedos― Solo está ocupado con el trabajo, William también lo está.

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Neal estaciono el auto frente a la casa, una fina llovizna empezaba, pero no pensó en esto. Le dolía la cabeza, se sentía muy cansado. Había olvidado escribir la carta a sus padres de hoy. Ya todas las luces estaban apagadas. El par de sirvientas, el mayordomo y su hijo ya debían estar dormidos. Se dirigió al pequeño despacho, quería dejar los documentos que trajo. Se extrañó que las luces estén encendidas, una de las sirvientas estaba ahí.

― ¿Qué haces aquí?

―Lo siento, señor Leagan ―Dijo la criada agachando la mirada― El teléfono en su despacho no paraba de sonar, su secretaria lo llamaba.

―Entiendo ―Dice Neal, luego de llamar a la secretaria y comprobar que no era urgente, vio que aún no se había ido― ¿Deseas algo?

―No, con permiso ―Dijo la criada sin mirarlo a los ojos.

―Ah, por cierto, Laurie ―Dice Neal haciendo saltar de miedo a la castaña― ¿A qué hora llego mi hermana?

―Hace una hora... creo ―Dice la criada agachando la mirada. Le intimidaba demasiado su jefe, a veces se ponía muy agresivo. Pero esta vez se preguntó si acaso recordó su nombre por el incidente del café― Por cierto, la señorita Elisa no ceno, nos pidió que no la molestáramos.

―Ya veo ―Dice Neal antes de retirarse del despacho sin mirarla. Subió las escaleras pensando en que debía hablar con su hermana. Esperaba que aún no este dormida, sentía que debía hablar con ella hoy aun si estaba cansado. No podía dormir pensando que ella cree que no le importa. Entendía que su hermana quisiera una mansión, quería vivir como estaban acostumbrados, el no paraba mucho en la casa por lo cual dejo de importarle. Pero también era importante, debía volver a trabajar en su imagen. Iba a darle el gusto a su hermana y de paso volver a aparecer en la sociedad, haciendo una recepción en la nueva mansión. Todos estos meses trato de evitar a la prensa pero ya no lo haría, ya no le tenía miedo a las preguntas venenosas que harían.

Toco la puerta de Elisa dos veces, aviso que iba a pasar y así lo hizo. Al ingresar miro la cama aun arreglada. Sintió que su corazón se detuvo por unos segundos. Había una nota doblada en la cama.

Hermano, te escribo para que no te preocupes por mí, lo siento, no pude decírtelo en persona. Me enamore de Lee, nos vamos a casar y vivir lejos. El quería hablar contigo pero sé que no lo aceptarías. Cuídate hermano, te quiero, estás haciendo un gran trabajo con la empresa de nuestro padre. Te prometo que nos veremos de nuevo, pero por ahora no.

Y entonces, las palabras que acabo de leer flotan en su mente. Siente mareos, así que se sienta en la cama volviendo a leer la nota. Su hermana no era capaz ¡Elisa Leagan no era capaz de huir con el hijo del mayordomo!

Por muy molesta que haya estado hoy, ni de broma se le ocurriría escribir semejante disparate. Hace solo unas horas se quejó de su compañera pobre, la trato de lo peor solo por ser pobre ¿Cómo rayos una chica que haga eso podía escaparse con Lee Sung.

Apretó fuerte el papel entre su mano, tenía toda la ira reflejada en su rostro. Tenía el presentimiento de que esta era una pesadilla de mal gusto. Pero la carta estaba en sus manos. ¿Cómo era posible? No podía ni imaginarlo.

Jalo la puerta con enojo, bajo las escaleras y se dirigió a paso rápido al cuarto del mayordomo. Quería derribar la puerta, pero no lo hizo, prefirió esto. Cuando el mayordomo salió le tiro un puñete con toda la fuerza que no tenía idea de donde saco. Las sirvientas encendieron las luces con el escándalo. Una vez que Neal le gritara lo que sucedió, o lo que él pensaba y le enseñara la nota, la cara de vergüenza de Jang no pudo esconderse. Neal le aseguro que sería echado luego de encontrar a Elisa.

Habían huido hace aproximadamente una hora, pero era una noche demasiado oscura, la leve llovizna se había trasformado en una fuerte lluvia. Jang insistió en que se quedara en casa al lado del teléfono, pues él le llamaría de cualquier lado cuando los encuentre. Neal se maldijo, sabía que debió contratar seguridad, pero no lo hizo. No pudo cuidar a su hermana, se sentía un inútil, un irresponsable, un mal heredero de su padre. Sentía mucho remordimiento, no podía quedarse dando vueltas en el despacho esperando una llamada mientras que su pobre hermana este quien sabe dónde probablemente pasando frio. Lo más extraño era que no se había llevado nada, ninguna joya, ropa, ni siquiera habia retirado dinero. Su chequera también estaba en su habitación.

¿Y ahora? No había forma de contratar personas para que busquen a su hermana, podía intentarlo pero era probable que no. Ya eran más de las doce, volvió a maldecirse, si hubiera comprado la casa que su hermana quería, no hubiera pasado esto.

Se tentó a llamar a William, el debía tener muchos hombres a su disposición, era lo mejor que podía hacer. Le dolería en su orgullo pedirle ayuda pero no podía permitir que Lee se lleve a su hermana.

―No debieron haber ido muy lejos, señor Leagan ―Dijo una de las sirvientas, una morena con grandes ojos. Neal la miro sin decir una palabra, no quería discutir en este momento. Iba a reaccionar mal. La criada castaña entro a la habitación, sujetando temblorosamente una taza de té.

―Beba esta infusión, señor Leagan ―Dice tímidamente― Le va a hacer bien.

― ¿Porque me tratas como un loco? ―Pregunta con voz dura y amarga― ¡La loca es mi hermana! Ella se escapó con un sirviente.

Las criadas se mantuvieron en silencio, esperando que su jefe no tuviera una rabieta y las echara. Laurie temblaba mientras que la otra trataba de no sonreír. Estaba claro que el señor no se calmaría con ella, tal como dijo un sirviente era menos que él, al menos eso era lo que pensaba su jefe. Pero entendía que estaba preocupado por su hermana.

Neal caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer. Volvió a leer la carta, era la letra de Elisa. Pero ella, Elisa Leagan, nunca se enamoraría del hijo del mayordomo, la conocía perfectamente ¡Jamás en la vida!

¿En verdad dejo todos los lujos que el podía darle para casarse con él? Estaba hablando de su hermana, ni siquiera Candy.

Se había jurado no necesitar a los Andley, así se parta el mundo en dos, no se acercaría de nuevo, no podía soportar la idea. ¿Qué le podía dar el idiota a su hermana? Nada.

Antes de arrepentirse tomo el teléfono y llamo a la mansión Andley en Lakewood, tenía entendido que se estaban quedando ahí.

Neal: ¿George?

George: Así es ¿A quién busca?

Neal: Soy Neal Leagan, necesito hablar con William, es urgente... por favor.

George: Jo... joven Neal (dice sorprendido) Está bien, un momento por favor.

Neal espero unos veinte minutos, antes de que George le dijera que lo sentía pero no podía localizar al señor William, pero que el podía atenderlo o podía pasarle con la señora Elroy.

Neal colgó al escuchar ese nombre. Pensó de nuevo en lo que acabo de hacer, su imagen estuvo por los suelos cuando paso lo del compromiso. Iba a comprometer a su hermana. Aun si no era público estaría mal vista por los Andley, seria repudiada por ellos, a varios de ellos razones no le faltaban para empezar a rechazarla con ese error. Prefería salir en caballo a buscarla, necesitaba dormir urgentemente, le dolía la cabeza, lo único que quería al llegar a su casa era dormir y no iba a poder hacerlo.

Se pregunto que estaba haciendo con su vida, el puesto de su padre le quedaba enorme y no pudo ni siquiera cuidar a su hermana. Le pidió a una de las sirvientas que le traiga un café ya más calmado, cuando el reloj apunto exactamente a las dos en punto sintió que perdió la esperanza. En ese instante el teléfono sonó.