Capítulo 6: Baile de máscaras ― Parte 1
Los rayos del sol se colaban por la ventana de una habitación de la mansión Rousset, aunque la luz iba en aumento hace muchas horas, el hombre castaño dormía plácidamente. Al menos hasta que un irritante sonido demasiado alto hizo que despertara de un salto buscando desesperadamente el origen del infernal sonido.
Al girar la cabeza encontró que se trataba de una alarma pero el sonido se calló. Tomo el despertador entre sus manos con enojo con la intensión de lanzarlo por la ventana, pero el respeto hacia la matriarca de esa familia se lo impedía.
―Tu otra vez ―Gruño en voz baja.
Con un bostezo se levantó de la cama casi de un salto, lo primero que hizo fue dirigirse al baño de la habitación y mirarse al espejo. Se sintió aliviado al notar que afortunadamente aun no tenía ojeras. Salió de la habitación luego de escoger un traje oscuro y dejar la corbata en el suelo porque le parecía muy incómoda. En el comedor encontró al pelirrojo desayunando en la punta de la mesa.
―No vuelvas a hacer eso ―Protesta Neal con cara de pocos amigos.
―Le pediste a mi ama de llaves que te despierte pero se fue a la ciudad ―Le explica el pelirrojo con una gran sonrisa― Esperaba escuchar mi nombre por toda la mansión.
―No soy tan escandaloso como tu... ¿Y los demás? ―Pregunta Neal tomando asiento al lado izquierdo de su socio y deja al lado su inseparable agenda.
―Tu hermana se fue en la noche para ver a su hijo, tu mayordomo vino por ella, mi Bella y todas las mujeres se fueron a Chicago, algo sobre una exposición de arte.
El moreno ve unas cartas en la mesa y las empieza a hojear.
―Hace mucho que no me siento al lado de la punta de la mesa ―Comenta Neal.
―Pues que pena ―Contesto John con una sonrisa altanera― Esta es mi casa y como jefe de mi familia me siento en la punta.
―Pero en el otro extremo siempre va la doña ―Dijo Neal con una sonrisa burlona― La gran matriarca de los Rousset.
―Siéntate ahí si te place.
―No, no importa ―Dice Neal restándole importancia― En fin, que bueno que estamos solos.
―¿Porque?
―No quisiera que se enteren que me desperté a las diez ―Masculla levantando la taza de café para dar un sorbo― No pude dormir hasta las tres.
―Los recuerdos, ya sabes ―Dice Johan sonriendo― Aun te duele lo de la pequeña.
―No, es otra cosa ―Explica Neal― Como un mal augurio.
El pelirrojo observo a Neal y el ambiente parecía haberse puesto tenso. Entonces de la nada empezó a reír.
―Estoy hablando enserio ―Le reclama Neal con falsa indignación.
―Y yo no ―Dice el pelirrojo riendo― En lugar de pensar en eso, vamos por unos tragos hasta que empiece la fiesta.
―Aunque tu plan suena muy tentador ―Dice con sarcasmo―No puedo, tengo que ver al idiota de William a las dos y la sesión de fotos con la francesa a las cuatro. Si acabo tal vez vaya… además, tienes prometida, iremos con ella ¿No?
―Nada que tal vez, te recojo en tres horas ―Dice Johan― Por cierto ¿Enserio planeas dejarlo entrar al club de los tramposos? ¿Así nos llaman, verdad?
―Son negocios ―Dice Neal sin darle importancia― No me agrada, ni un poco... pero necesito sus conexiones -Murmura mirando distraídamente su cuaderno cerrado.
―Oh, este bendito cuaderno, veamos... ―Johan con una sonrisa empieza a hojear.
―Deja ―Masculla Neal.
―Calla ―Dice Johan divertido― Haber tres de Junio... 1923... Hablar con el idiota de William, wow... si claro, se nota que no lo detestas... la sesión de fotos con la francesa, revisar cómo le va a Elisa en la línea de joyas... citar a Pierina para contactar anfitrionas para el evento de ... arreglar con Noel lo de la licitación del hotel... ¡Vaya! He creado un monstruo ―Dice con una ladina sonrisa― Ni me dijiste que ibas a arreglar con Noel.
―A noche me explico que tiene un contacto dentro ―Explico Neal.
―Pero que aburrido lo que planeas hacer en Chicago ―Comenta dejando la agenda de nuevo donde la encontró― Al menos deberías haber traído a tu sexy secretaria o a tu abogadito para que hagan esto.
―Les di vacaciones hasta volver.
―En cambio, yo soy el que tomara vacaciones y mis empleados trabajaran el doble ―Dice Johan esperando algún comentario sarcástico del moreno, pero este tomaba el café sin brillo en los ojos, el pelirrojo suspira sintiendo remordimiento.
―Como sea, ya me voy para llegar a las dos a ver al... a William ―Comenta tomando un último sorbo a su taza de café antes de levantarse.
―¿Vas a ir a la fiesta? ―Pregunta el pelirrojo pero no obtuvo respuesta, pues Neal ya había salido de la cocina.
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En una de las más grandes oficinas en chicago de la compañía Andley. Un rubio elegantemente vestido, miraba las calles de Chicago desde la ventana del octavo piso mientras tenía el teléfono en la mano.
―Entonces vas a ir de compras con la tía Elroy ¿Y Candy?
―Se fue a velar por la vida de un niño enfermo en la casa Pony ―Respondió su esposa en el teléfono― Voy a distraer a la tía hasta que regrese.
―Está bien, suerte con eso.
―Está bien ―Dice Annie con voz neutral.
―Annie...
―¿Si?
―Entonces si no puedes venir a almorzar que te parece en la noche, para cenar...
―Querido ―Interrumpe― Recuerda que el niño no puede quedarse solo.
―Oh, cierto ―Dice Archie sintiéndose un poco nervioso― Entonces llegare mañana como quedamos ―Contesto y coloco el teléfono al escuchar que su esposa colgó. Volteo al sentir que George entro a la oficina.
―Señor Archie ―Dice George― El señor Leagan esta aquí, pero pide hablar con William.
―Déjalo pasar.
―Es que eso le dije, pero dice que no quiere hablar con usted, solo con William ―Menciona con nervios George.
Archie suspira con amargura y Neal sonríe de manera altanera observándolo recostado desde la puerta. Al notarlo, George sale de la habitación murmurando algo mientras Neal entra de mejor humor que nunca.
―Esperaba ver al jefe del clan Andley ―Dice con un dejo de sarcasmo― No a su empleado.
―Veo que la poca educación que tenías desapareció por completo ―Masculla Archie.
―En cambio tu... ―Canturreo con una sonrisa― Sigues aparentando lo que no eres, entiendes a lo que me refiero, en fin, porque William no está aquí, quedamos en vernos hoy.
―Aun no llega de New York ―Dice Archie tratando de calmarse― Me pidió reunirme contigo en su lugar
―No podemos quedar en nada si William no está aquí.
―Neal ―Dice Archie enojado.
―Hablo enserio ―Dice Neal con una sonrisa― Así no funciona, solo empezare a decirle los términos cuando acepte, además… ya hago mucho con considerar dejarlos entrar.
Archie lo vio con amargura sin saber que decir, había planeado ser amable con él, William le pidió que trate, la tia Elroy también pero estaba claro que Neal Leagan siempre los atacaría. El silencio reino la oficina por unos minutos, en los que ambos se retaban sin apartarse la mirada.
―Los honorables Andley quieren asociarse conmigo luego siete años sin hablarnos ¿Tan mal esta la economía de la familia?―Espeto Neal con una sonrisa burlona.
―Si lo dices así ―Empieza Archie― Suena a que nosotros te abandonamos, te recuerdo que fuiste tú el que nos dejó en claro eso al incendiar tu propia mansión en Sunville.
El buen ánimo de Neal se esfumo al escuchar este comentario.
―Si incendie la mansión de Sunville fue porque tu tía quiso separarme de Elisa, le iba a dar la herencia que me correspondía ―Dice Neal
―Atentaste contra la vida de los propios sirvientes con los que creciste ―Murmuro Archie con un hilo de voz.
―No te hagas, se bien que ninguno estuvo ahí... pero qué sentido tiene que me eches en cara eso, a mí no me afecta ni un poco ―Dice agregando una sonrisa. El moreno se apoya en el escritorio ante un exasperado Archie― Debiste ver su reacción, cuando Elisa me conto en su cara durante ese coctel al que se presentaron.
―La tía Elroy hizo lo correcto ―Dice Archie― Solo la quisimos ayudar, igual que te quisimos ayudar a ti, pero no… preferiste ser el títere del diablo fundar el club de los tramposos.
―Así que el consejo familiar me llama así ―Dice Neal negando con la cabeza con falsa lastima―No es cómo piensan, él no es el diablo, no soy su títere, ni tampoco mis socios son unos tramposos.
―Claro que no ―Interrumpe Archie con sarcasmo― son solo usureros, además de otras cosas que no quiero ni mencionar.
―No somos usureros ―Dice Neal perdiendo la paciencia― ¿Además, que? ¿Te convertiste en el defensor de los pequeños empresarios? Consejo, primero defiende tus intereses, tu familia, deberías hacer tu propio negocio, no se... algo propio, no trabajar para William...
―La empresa es de la familia, todos tenemos poder en el directorio.
―Sí, una pequeña parte igual que todos, pero vives a costas de él.
―Mi propio negocio dices, para ser un próspero empresario como tú ―Murmura con sarcasmo― Si no fuera porque te uniste a la mafia y porque aún le eres útil a Johannes Rousset, te hubieran devorado.
―Mafia, club ¿con cuál te quedas? ―Dice Neal con voz burlona― Me llamas así, pero igual, los tan honorables Andley quieren unirse ¿Verdad? ¿Cómo van sus empresas? No creo que estén pasando por tan buenos momentos si quieren aliarse conmigo.
―Lo planeaste ¿No?
―Nunca los perjudique de ninguna forma ―Masculla Neal― Solo lo del incendio de la mansión en Sunville, los Andley eran de las familias más poderosas... no es como piensas.
―Exacto y tú… fuiste un Andley , sabias en que puntos no teníamos tanto poder.
―Es verdad, fui un Andley― Admite Neal con voz neutra― pero nunca trabaje con ellos...
―Sin embargo tu padre si ―Interrumpe Archie― Y era de los más importantes, sospecho que te dejo información, secretos, estrategias.
―Te recuerdo que nunca los perjudique, es más, los evitaba ―Repite Neal rodando los ojos― Deberían agradecerme, por pensarlo para ayudarlos ―Dice agregando una sonrisa burlona.
―Sabes que ―Suspira con amargura― es inútil hablar contigo.
―¿Sabes qué? tienes razón ―Dice Neal divertido, él toma uno de los cigarrillos que Archie tenía en su escritorio y fuma delante de el ante la mirada de pocos amigos― Ya me voy primo, sigue trabajando duro para William ―Murmura antes de salir― Te lo dije, debiste haberte unido a mi cuando te lo propuse.
Archie vio como el moreno tocaba la perilla de la puerta para salir.
―Porque iba unirme a ti y dejar a mi familia sola ―Dice Archie con voz neutra― Solo por un berrinche como tú lo hiciste, porque Candy eligió a William y no a ti.
Neal volteo y miro al rubio con una ladina sonrisa.
―Para no dañar a tu esposa y a ti mismo.
Dicho esto Neal sale de la oficina dejando a Archie sorprendido. Aun si los Andley consideraban a Neal Leagan la oveja negra de la familia, Neal hizo lo que quiso y se fue. En cambio, el si se quedó, se quedó al lado de Candy como amigo y mano derecha de William, se casó con la mejor amiga de Candy y tiene un hijo con ella, porque le pidió que la cuidara siempre. Él se quedó por ella.
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Una hermosa luna llena acompañaba el cielo nocturno. En la mansión Leagan, una castaña revisaba documentos con mucha ansiedad. Pero una llamada hizo que los dejara de lado y tome el teléfono. Elisa nunca hablaba en el teléfono por seguridad, esperaba a que la otra persona responda primero.
―¿Hola? ¿Podría pasar el teléfono a Elisa Leagan? Soy Bella.
―¡Bella! Que sorpresa ―Responde Elisa más tranquila― Que sucede.
―Elisa, que bueno, te llamaba para decirte que mi Johan y Neal estarán en la mansión de Noel en Chicago.
―Lo sé ―Dice Elisa encogiéndose de hombros― Siempre me llama para decirme a qué hora llegara, al menos cuando esta por aquí.
―Vaya, tienes muy controlado a tu hermano ―Dice riendo Bella― okey okey, te avisaba por si acaso.
―Está bien Bella, gracias por preocuparte de todas formas.
Luego de que cortaron, suspiro. Debía arreglar todo antes de que llegara su hermano, pero fue interrumpida de nuevo cuando una criada morena entro a su estudio.
―Mi señora, el señor Lee envió esta carta.
Elisa toma la carta y oculta agachando la mirada una pequeña sonrisa que se le formo al recibir el sobre.
―Gracias ―Dice sin mirarla.
―¿Desea algo más? ¿Le traigo un te? Siento que le preocupa algo ―Pregunta la morena con un tono de preocupación, Elisa levanta la mirada solo para decidir si contarle a su dama de compañía o no.
―Hace unos días mi hermano le pidió matrimonio a la prima de Johannes Rousset ―Comento.
La morena asintió y sonrió.
―Esperemos que sea feliz ahora, no le fue bien antes.
Elisa suspiro sin mirarla.
―¿Cómo es ella? Señora
―No la conozco mucho, trabajaba en una compañía de ballet en Europa, Neal solo la ha visto un par de veces.
―¿Que le preocupa?
―Que mi hermano me deje de lado por su nuevo matrimonio ―Dice Elisa― Además los Rousset no me agradan.
―Mañana veremos que hacer, señora ―Dice Ruth con una sonrisa― Descanse, necesita energía positiva.
―Sí, creo que eso hare ―Dice Elisa levantándose del asiento y tomando la carta que la criada le trajo.
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En la mansión Andley ubicada en una de las zonas más importantes de Chicago, una frágil rubia con ojos azules soltó un bostezo mientras se recostaba en el sofá ya cansada de ver a su amiga caminar ir de un lado a otro de la sala.
―Y la tía Elroy me prohibió volver a la casa Pony, ¿Sabes lo impotente que me sentí? Manuel estaba enfermo y la señorita Pony también ―Se quejaba la rubia de cabello rizado y ojos verdes―Pero si cree que dejare de ir solo por el que dirán de su gente está muy equivocada.
―Creo que deberías dejar que se calme unos días ―Murmuro Annie mientras tomaba el brazo de su amiga para que se sentara junto a ella.
―¿Escuchas lo que te digo, Annie? ―Dice Candy un poco enojada ― La señorita Pony tenía fiebre.
―Te escuche, Candy ―Murmura Annie― Lo siento, no quise que parezca que no me importa, sabes que quisiera ir pero tengo que cuidar al pequeño Alistear...
―No, discúlpame a mí ―Dijo evitando mirarla― No debí subir la voz.
―Lo importante es que la señorita Pony y el niño están bien ―Dice Annie suavemente― Y ahora... debes calmarte, estas muy alterada, le diré a Dorothy que te traiga una valeriana para que descanses.
―No, no ―Murmura Candy― Tomare una pastilla cuando vaya a la cama.
―No puedo creer que la tía Elroy te haya estresado en solo quince minutos, es un tiempo record ―Comenta Annie en voz baja― Yo estuve con ella todo el día y no la pasamos tan mal.
―Es que parece que cada cosa que hago está mal para ella ―Dice Candy agachando la mirada.
―Honestamente, no me gusta vivir con tía Elroy―Dice Annie con una media sonrisa― Si, es muy exigente y debe serlo más contigo, señora Andley.
Sin embargo esto no animo a su amiga que parecía haber perdido ese resplandor que la caracterizaba. Annie ordeno una manzanilla esperando que con esto la rubia de ojos verdes se relaje un poco.
Una de las criadas se acerca junto a un par de jóvenes gemelas y antes de que las anuncie ellas ya se habían sentado en el sofá, una a cada lado de Annie. Candy que estaba apretada por la reciente joven que se sentó entre ella y Annie, se levantó para sentarse en un sofá individual dejando la infusión en la pequeña mesa.
―¡Annie! Tenemos que hablar contigo urgentemente ―Dice una de ellas.
―Si es algo urgente ―Insiste la del lado izquierdo. Annie nerviosa les pide que se calmen y que no hablan a la vez ya que ambas jóvenes le susurraban en cada oreja. Candy se levanta con una pequeña sonrisa al ver que lo que sea que le iban a decir, no iban a compartirlo con ella.
―Bueno, iré a descansar, que bueno verlas, Kelly, Lilly ―Dice con voz suave.
Ambas le sonrieron a Candy y decidió subir las escaleras sin decir nada más. Si lo pensaba ellas nunca la habían dejado de lado, pero supuso que no era nada de malo que quisieran hablar solo con Annie, era obvio que se llevaban mejor porque la que asistía a las fiestas y reuniones que organizaban en su círculo era solo la rubia de ojos azules.
Al llegar a su habitación se ve en el espejo y nota que su rizado cabello esta mas enredado que antes, así que se sienta en la cama y empieza a cepillarse el cabello para dormir. Cuando acaba busca en uno de sus cajones un camisón limpión y lo deja en la cama. Se acerca de nuevo al tocador y deja encima el anillo que siempre lleva y su infaltable prendedor que un día se le cayó a su príncipe de la colina.
Aun sintiéndose tensa por la reciente riña de la tía de su esposo decide no pensar en nada y se sirve un poco de agua de la jarra de cristal que siempre le colocan en su habitación. Vio de reojo que Annie entro tímidamente sin tocar.
―Annie ¿Que sucede? ¿No estabas con las gemelas?
―Si ―Dice Annie enseñándole una tarjeta― Mira, nos invitan a un baile.
Candy toma la tarjeta que le extendió y luego de leerla se la devuelve.
―Pero es hoy y ya es muy tarde ―Se apresuró a decir Candy―Además, la tía Elroy quiere que este con ella a primera hora... algo sobre cómo comportarme en un evento de caridad al que iré en lugar de Albert.
―Vamos Candy ―Insistió Annie con una sonrisa tímida― Estas muy estresada, di que sí, solo bailaremos y comeremos las cuatro y si te cansas, regresamos.
―Pero...
―Solo un rato ―Insiste de nuevo Annie.
―¿Pero dónde queda?
―Es la mansión de al lado ―Responde Annie― La organiza el señor Noel Howland y su esposa Daisy Dillman, a ella la conoces, nos invitó a una fiesta de té, hace una semana atrás.
―Si me acuerdo de ella ―Dijo Candy encogiéndose de hombros, de hecho recordaba mucho sobre ella― Pero aún queda un problema, la tía Elroy no nos dará permiso.
―Pero no le vamos a pedir permiso ―Dice Annie con un ligero rubor en sus mejillas.
―Pero si no le pedimos permiso no nos dejaran salir ¿Lo sabes, no? ―Inquirió confundida Candy.
―Por eso pensé que podemos salir por tu ventana, hay un gran árbol con el que saliste hoy ¿no?...
―Espera, espera, me has invitado solo para que te ayude a salir ¿verdad? ―Inquiera Candy sorprendida.
―No, Candy, como crees ―Dice Annie suavemente― Es porque estas muy estresada y quise que vinieras con nosotros.
―Pero sabes que no disfruto de esas fiestas tan ostentosas.
―No es así, esta te gustara créeme… ―insiste Annie con voz suave― Anda, vamos Candy, las gemelas nos esperan en su auto cerca de aquí. ¡Ah, cierto! Ponte un vestido negro. En la tarjeta dice que los invitados deben asistir con ropa negra.
―¿Eres Annie? No te reconozco―Exclamo Candy sorprendida.
Annie le sonríe tímidamente y luego de unos minutos Candy bajo primero el gran árbol para que su compañera la siguiera asegurándole que si se caía la ayudaría. Luego de encontrarse con las gemelas en el auto. No fue necesario esconderse pues no había ningún guardia en la puerta afortunadamente y bajar por el árbol sirvió para que pensaran que ambas estaban en la planta alta de la mansión.
Llegar a la mansión vecina no tomo muchos minutos. La entrada a la mansión estaba resguardada por un par de guardias que les pidieron la invitación y solo así pasaron. Había muchos autos estacionados cerca, así que parecía que no eran las primeras. Antes de bajar del vehículo unas criadas les ofrecieron mascaras negras.
Apenas entraron al salón de baile, la rubia de ojos verdes se arrepentiría de haber aceptado. Aunque la música sea agradable y todo parezca de ensueño, con el hermoso salón de baile amplio, los adornos de cristal y los invitados con máscaras. Tenía una extraña sensación, se sentía muy nerviosa. Y Annie no se equivocó, esta fiesta no era lo que esperaba, con la máscara no reconocía a nadie y estaba segura que nadie la reconocería.
Daisy Dillman se acerca al grupo de amigas con una gran sonrisa y luego de una amena conversación con las gemelas y Annie. Daisy noto que la única que no parecía a gusto era Candy, así que al ver que distraída se separaba de ellas decidió acercarse, llamo la atención de Candy que estaba de espaldas a ella apoyando su mano en el hombro.
―¿Disfrutas de la fiesta, Candy? ―Pregunta con su mejor sonrisa de anfitriona.
―Sí, me gustó la idea de las máscaras ―Dice Candy forzando una sonrisa.
La bella dama se acerca a una de las mesas y toma dos copas ofreciéndole una copa― Ten, espero que te guste un coctel frutal.
Candy la observo nerviosa sin saber cómo reaccionar, ella siempre había visto el beber alcohol como algo malo, sabía que estaba prohibida la venta de alcohol, pero no quería incomodar a la anfitriona. Le murmura un gracias y toma la copa entre sus manos, esperando que Daisy se contentara con eso, pero estaba claro que no se iría, hasta que haya bebido un poco.
―Vamos, Candy ―Dice Daisy con una sonrisa― No me desaires.
―Pero… esto tiene alcohol, es ilegal ¿no? ―Pregunta Candy.
―Solo un poquito ―Dice Daisy guiñándole el ojo― Pero no te preocupes, hasta en las fiestas que organiza la señora Elroy Andley les ponen un poco de alcohol.
―Es que yo no bebo ―Intenta Candy de nuevo forzando una sonrisa.
―¿Qué, Candy? ¿ No le harás caso a la anfitriona? ―Intervino Kelly.
―Es que...
―Candy, no tienes de que preocuparte ―Dijo Annie acercándose al lado de la rubia― No nos vamos a separar en toda la fiesta.
―Si, además no tiene nada de alcohol ―Dijo Lilly guiñándole el ojo.
―Somos tus amigas te vamos a cuidar ―Insiste Annie.
―¿Además, que es lo peor que podría pasar? ―Se preguntó en voz alta Kelly.
―Bueno, podrían llegar ebrias y la señora Elroy podría... ―Contesto Lilly y luego se calló cuando su gemela le dio una mirada de mala muerte.
―Regresaremos a las doce, como un par de cenicientas ―Insistió Annie con una sonrisa nerviosa.
Candy decide obedecer para no poner en un aprieto a la anfitriona y se lleva la copa a sus labios, cuando dio un sorbo al líquido colorido se dio cuenta que no era lo que esperaba.
―Esta delicioso, solo sabe a jugo de granada -Dijo Candy sin creerlo.
―Me alegra que te guste ―Dice Daisy con voz cordial y dulce, ella levanta la copa y hace que el grupo de amigas beban al mismo tiempo. La rubia de ojos verdes se sintió más tranquila al comprobar que no era lo que pensó, en su vida había bebido una gota de alcohol pero ese trago era dulce y fresco, le pareció que no le habían mentido y que de verdad no tenía alcohol. Luego de conversar un rato decidieron bailar entre ellas. Candy se sentía muy feliz y energética inexplicablemente, sentía como si todas las tensiones que llevaba ya desde hace varios meses desaparecieron al bailar y reír junto a sus amigas. Iba por su tercer trago inconscientemente. Lo mejor de todo era que como todo el mundo llevaba máscaras, nadie parecía estar pendiente de nadie. En cambio en otras fiestas, como la señora Andley, tenía que cuidar de cada uno de sus movimientos y eso era algo que la estresaba demasiado. Las gemelas se habían perdido en la pista de baile, Candy se sentía un poco mareada pero Annie recibió un par de copas de uno de los mozos y le ofreció una a Candy sacándola de sus pensamientos.
―Por nuestra amistad ―Dice Annie con las mejillas rojas por beber de mas― Eres mi mejor amiga, Candy.
―Somos hermanas, siempre estaremos juntas ―Dice Candy antes de beber un sorbo.
―¿Enserio? ―Pregunta Annie un poco llorosa.
―Venga, no llores, ya estás muy grande ―Se burló Candy con una sonrisa― Eres esposa y madre, ya no puedes ser llorona.
Annie se limpió una lagrima de su mejilla y sonrió incomoda, tomo una copa y hubo un tranquilo silencio entre ellas. Hasta que el anfitrión de la fiesta se acercó a ellas.
―¿Disfrutan de la fiesta? ―Pregunto una voz suave que hizo que Annie dejara de beber una copa para no atorarse.
―Mucho ―Dijo Annie. Candy se limitó a asentir.
―Señora Cornwell ¿Me permite una pieza?
Annie asiente y él le ofrece el brazo. Candy decide esperarla pero no quería bailar con nadie así que sale de la pista de baile. Los observa cerca de una de las mesas con algunos tragos. Una de los mozos le ofreció uno de los tragos y ella lo bebe sin pensarlo, aunque algo en su mente le decía que no. Tan pronto termina una pieza sigue otra y Annie se acerca a la rubia pecosa, no deja de bailar con el anfitrión de la fiesta. La rubia bebe despacio observando como Annie disfrutaba de estas fiestas, claro que a ella también le gustaba bailar y sentirse como una princesa como a todas las mujeres. Pero a diferencia de ella, Annie era feliz, tenía un hijo y disfrutaba de estar en sociedad, no como ella. Y sintiendo que sus ojos se humedecen, pero evita llorar. Vuelve a buscar a Annie con la mirada pero la perdió de vista. De reojo vio algo que le llamo la atención, entre tantos invitados vestidos de negro solo había una mujer de blanco. Un joven rubio con traje negro bailaba con ella. Se sintió inquieta al verla girar con tal gracia, noto que varios invitados la miraban, o mejor dicho la admiraban. Era como si la hermosa pelirroja de blanco fuera la protagonista de un cuento y los demás vestidos de negro solo eran personajes extras incluyéndola a ella. Pero al verla no pudo evitar pensar en una novia. Se preguntó si acaso no sabía que en la invitación indicaba vestir de negro y una sonrisa se le escapó al recordar que cierta vez en el Real colegio San Pablo, le jugaron una broma parecida.
―Debo buscar a Annie ―Piensa preocupada
Decide entrar al salón de baile y buscarla, pero se sentía un poco mareada, tan pronto entro un joven con mascara le pidió bailar, pero le rechazo con cortesía para volver a buscar a su amiga o a las gemelas, esta situación se repitió un par de veces más así que decidió salir de la pista de baile.
Tenía la boca seca y se siente cansada, así que recuesta su espalda en la pared, tomando una copa. Sin notar que un caballero a un metro de ella también estaba apoyado despreocupadamente contra la pared, observando la pista de baile.
Sin levantar la cabeza, por lo mareada que se sentía se dirige al moreno y sin querer choca con él. Se dio cuenta que la rubia iba a perder el equilibro y antes de que caiga al suelo la rodea con sus brazos y la atrae hacia él, en ese momento Candy levanta la cabeza y ambas miradas se encuentran. Candy mira los penetrantes y profundos ojos avellana del muchacho, tenía la respiración entrecortada y se sentía confundida. El moreno la sujeta sin saber que esa mirada ingenua y llena de brillo era de la primera chica de la que estuvo enamorado hace muchos años, la misma que le rechazo. No puede evitar sentir que su corazón se acelere.
―Disculpa ―Murmuro Candy en voz baja sacándolo de la mescla de sentimientos al ver sus ojos verdes, pero antes de que el castaño pueda articular una palabra la rubia ya se había ido lejos de él.
Candy empezó a asustarse al no ver por ninguna parte a sus amigas, así que aun sintiéndose mareada, esquiva a las parejas bailando tratando de encontrar caras conocidas, no resultaba sencillo puesto que todo el mundo no solo traía mascaras sino también llevaban ropa negra. Era como si esta fiesta hubiera sido hecha para ese propósito, para perderse. Sin darse cuenta llega al otro extremo del gran salón, se siente tan frustrada por no encontrar a sus amigas, pero más se siente mareada. Tiene algunas preocupaciones, la principal seria si la tía Elroy descubriría esta travesura y tendría que escucharla un par de horas hablar de cómo tenía que comportarse como la señora Andley. También piensa que tal vez las copas, o bien tenían mucho alcohol o bien a bebido más de la cuenta, no recordaba cuantas copas bebió esta noche. Se encoge de hombros y toma otra copa que uno de los mozos le ofreció. Mira la copa dudosa, tenía tantas preocupaciones y tenía la necesidad de beber esa copa y mandar al diablo todo. Con esto en mente y con un dolor de cabeza reciente por el apretado moño, se lleva la mano al sujetador con la intensión de aflojarlo, pero el lazo se desato.
Se acercó a una mesa vacía y se dejó caer en la silla más cercana. Se sintió mas aliviada al descansar las piernas, el mareo se había ido pero sabía que no estaba en sus cinco sentidos. Lo que más quería en este momento era bailar, era muy contradictorio porque se la había pasado negándose a todo caballero que se le acercara. Pero no tenía ganas de bailar con un desconocido, solo con sus amigas.
―Hola señorita ¿Bailamos? ―Una voz la saco de sus pensamientos, al levantar la mirada noto que era un caballero con ojos azules y cabello oscuro. Ella rechazo sutilmente y cuando el joven se retiró no pudo evitar dejar escapar una ligera sonrisa. El joven probablemente tendría menos de veinte. A sus veinticinco años, se sentía como si le hubieran cortado las alas. Pero no podía quejarse, porque ella había decidido esto, pero a veces sentía que no encajaba entre los Andley, sentía que no les era útil.
Otro caballero se acerca hacia ella y levanta la mirada solo para encontrarse con los ojos avellana del caballero.
―Es el de hace rato ―Piensa Candy al reconocer la mirada penetrante del caballero que evito que se caiga.
―¿Me permite esta pieza? ―Pregunta con voz suave.
―Disculpa, es que no tengo ánimos de bailar ―Dice la rubia con voz cordial y dulce.
―Lo entiendo ―Responde el caballero con tono amable.
La rubia miro de reojo que el caballero sonrió y se apoyó en la pared al lado de ella. Sin querer se dedicó a observar al moreno, de cabello castaño y ojos avellana. Por su primer encuentro sabía que era más alto que ella y el traje negro le hacía lucir elegante y atractivo. Ninguno de los dos dijo nada, Candy no tenía idea de que estaría pensando el caballero, pero ella tuvo la leve impresión que esa mirada la había visto antes, pero no recordaba a quien le pertenecía.
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Creo que es la primera vez que actualice rápido haha xD Eso que el autoguardado me jugo una mala pasada y tuve que volver a reescribir este capítulo como tres veces ¡Creo que fue lo mejor! Porque lo iba a subir antes, pero ahora siento que quedo mejor. Tratare de actualizar mucho antes de navidad, luego tendré menos tiempo porque me iré de vacaciones a un lugar donde no se si hay internet. Si te gusto el capítulo déjame un comentario, consejo … o cualquier cosa xD
Respondo los comentarios de esta capitulo en la parte 2, empezare a editarlo para tratar de subirlo lo más rápido posible.
