Capítulo 8: Recuerdos de la noche de copas
El castaño abrió lentamente sus ojos avellana pero estaba tan cansado que los volvió a cerrar. El suave ruido fuera de la habitación fue lo que le despertó. Pero no estaba consciente del todo, solo deseaba seguir durmiendo un poco más, desconocía la hora o como había llegado a esa cómoda cama pero reacciono cuando se dio cuenta que no estaba solo en la cama. Esto hizo que casi se levante de golpe pero no lo hizo, porque estaba rodeado.
Entonces volvió a abrir los ojos y se dio cuenta que una mujer dormía acurrucada en su pecho, con un brazo rodeándolo y la cabeza descansando en su pecho. Entonces trata de mirar el rostro de la mujer pero no puede, algunos mechones en su rostro lo impiden.
Algunos recuerdos del baile le llegaron a la mente. Neal suspiro. No, eso no estaba pasando, no debió haber pasado.
Se quedó unos minutos así, observando a la mujer acurrucada en su pecho. No era un santo, de hecho, estaba lejos de ser uno pero nunca había llegado a los extremos de emborracharse y terminar en la cama con una perfecta desconocida. No hasta el baile de máscaras, se encontró nervioso por la situación y con un poco de miedo de como reaccionaria la rubia cuando despierte. Pensó como debería actuar ahora, siempre había tenido cuidado con el alcohol para no terminar en situaciones incomodas como esta. Porque no era tan despiadado como su amigo como para vestirse y salir sin que despertarla. No, definitivamente esa no era una opción. Era un caballero, debía afrontar eso.
Movió lentamente su brazo que estaba al lado de la rubia y seguido trato de mover lo más lento que pudo a la rubia, pero se quedó quieto al sentir que ella se movió un poco. Para su buena suerte, la rubia al no sentir el brazo del moreno instantáneamente se dio la vuelta, se acomodó a espaldas a él, abrazándose a sí misma.
Suspiro de alivio y procedió a quitarse las sabanas para salir de la cama.
En menos de cinco minutos se encontraba abotonándose la camisa frente al espejo.
―Que hermosa eres ―Piensa Neal observando a la rubia dormida entre las sábanas blancas desde el espejo.
Dio media vuelta para verla de nuevo un instante, pero siguió buscando por la habitación su corbata, que finalmente encontró sobre el filo de la cama. Volvió a verse al espejo y empieza a acomodarse la corbata con dificultad.
Esta situación le trajo un recuerdo, uno de hace muchos años, uno de los que se esforzó por olvidar.
Acomodaba su corbata frente al espejo, renegando porque el único que sabía atar la corbata era el mayordomo y el ya no estaba ahí. Las corbatas atadas ya estaban sucias, aun enojado intento hacer el nudo, pero unas suaves manos cubrieron las suyas y dejo de estar enojado al instante. Tenía el rostro más angelical que había visto en su vida, una dulce mirada por la que era capaz de tratar de ser amable con los demás, una sonrisa que llenaba su corazón de felicidad, siempre alegre y sincera y su cabello lacio que era como un velo que cubría gran parte de su vestido por ser tan largo.
Aprovecho la cercanía para acariciar con sus dedos el cabello oscuro de la chica. Ella sonrió y acaricio el rostro del castaño con sus pequeñas manos, lo miraba con amor y se ponía de puntitas para alcanzarlo. Entonces el sonrió y se inclinó para besarle la frente. Y ella hizo un puchero, indicando que no era la muestra de afecto que esperaba.
No tenía idea de cuánto tiempo se pasó recordando, las imágenes se formaron en su mente pero fueron interrumpidas por dos golpes en la puerta que lo devolvieron a la realidad. De mala gana, se dirigió a la puerta, se trataba de un mozo que se puso nervioso al ver la cara de pocos amigos del moreno.
―¿Si? ―Dijo Neal con tono evidentemente molesto.
―Lamento interrumpir su sueño ―Se disculpó el joven mozo― Usted es el señor Leagan ¿Verdad?
―Si ¿Que sucede?
―Una señorita que dice ser prometida de su amigo esta al teléfono, dice que es urgente, me gustaría que me acompañe al despacho para que le responda personalmente.
―No será posible ―Dice Neal― Solo dígale que él está bien y que no puedo hablar ahora.
―Pero señor...
―Dígale que está conmigo, que no se preocupe ―Insiste.
―Está bien, con permiso.
Neal espero a que el mozo de media vuelta y cerró la puerta. Se dirigió de nuevo a la cama con la intención de recostarse pero se sentía intimidado. Se acercó más y noto que la rubia ya había despertado, al parecer solo hace unos segundos, pues observaba la habitación con una mirada confundida.
―¿Estas bien?
―Yo.. ¿Qué hago acá? No sé… no entiendo.
Al no obtener respuesta, más que una mirada sin expresión. Mira alrededor y encuentra el vestido que uso en la noche en el piso y sobresaltada al percatarse de lo ocurrido se le subió la sangre al rostro al percatarse que estaba desnuda bajo esas sabanas y se empezó a taparse con ellas lo más que pudo.
Lo último que recordaba era que estuvo en el baile.
El baile de máscaras.
Ella lo mira y de repente su rostro pasó de rojo a ponerse pálido. Se levanta de golpe de la cama, tapándose con las sabanas como si fuera una toalla de baño, alejándose de él lo más que pudo.
―No... ―Murmura Candy negando con la cabeza― No es posible, yo no...
El moreno seguía en silencio, con una expresión en el rostro indescifrable para Candy. Sin imaginar que trataba de reconocerla.
La rubia no había llorado pero su respiración estaba agitada. Se acerca rápidamente al moreno y después de que el entendiera que sucedió, sintió un fuerte dolor en su mejilla.
―Eres un maldito infeliz, eres un animal ―Grita Candy negando con la cabeza. Al no obtener respuesta se desespera y lo agarra de los brazos para sacudirlo y gritarle, pero no pudo cuando mira sus ojos. Candy levanta la cabeza y ambos se miran detenidamente. Ella se acerca más a los ojos avellana del castaño y le atraviesa el alma. Ya sabía a quién pertenecían esos ojos avellana que la volvieron loca en el baile de máscaras, las facciones de su rostro habían cambiado pero al mirarlo detenidamente noto.
―Tu... ―Dice Candy sin creerlo― Claro, solo tu podías hacerme algo así.
―¿Candy? ―Por fin fue capaz de hablar, entonces ella aparto su rostro y se alejó de él.
―Vete ―Dijo Candy con voz dura― Me has drogado, me has puesto algo.
―Ah, te e drogado ―Dice Neal con una mirada tan fría que Candy se calmó en ese instante. Entonces uno de los recuerdos le viene en la noche.
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La atención de ambos se desvía hacia un par de copas que un mozo dejo en la mesa. La rubia iba a tomar una de ellas pero el también y sus manos se rozan, el contacto hizo sonrojar a Candy pero no se apartó, el castaño nota esto y sonríe al percatarse que no le es indiferente a la rubia. Entonces toma la copa y se la da a la ojiverde, ella murmura un gracias y da un sorbo.
El tiempo pasa mientras ellos hablan de la canción que suena recientemente. Entonces otro mozo pasa y Candy toma dos vasos y le ofrece uno al moreno. El complacido acepta el trago y ambos bebieron de un solo trago.
―La música que no te gusta ya acabo ¿Ahora si podemos bailar? ¿O tampoco te gusta esta?
―Esta canción nunca la he escuchado en mi vida ―Dice Candy antes de beber el ultimo sorbo del vino― Pero es mejor que nada.
Candy sonríe y acepta la mano del caballero, quien le lleva a la pista de baile y ella se siente extraña, al sentir el calor de la mano del castaño tocando la suya, extenderse por su piel.
La melodía no sonaba como un vals, de los que estaba acostumbrada a bailar. Era mucho más emocionante, entonces llegaron a la pista de baile y ellos seguían tomados de la mano. Neal sonríe y con la otra mano roza su cintura. Ella le devuelve la sonrisa y toca ligeramente su hombro dejándose guiar por el caballero con mascara. Los pasos eran fluidos, ella no podía dejar de ver esos ojos avellana, nunca se había sentido así bailando antes. Tal vez era por la máscara pero sentía su corazón acelerado y que adrenalina aumentaba.
―Esta canción me gusta mucho ¿Cómo se llama?
―Cantarella ―Menciona el moreno― En realidad tiene el nombre de un veneno.
―El significado no es lindo ―Comenta Candy.
Ambos ríen por el comentario de la rubia, el moreno levanta sus manos entrelazadas y las suelta ligeramente y ella entendiendo gira, un poco nerviosa vuelve a girar porque él no bajaba sus manos. Ella quedo de espaldas a él, sintiendo que le rodeo la cintura y su mirada observo como el delicadamente tomaba su mano. Su brazo restante quedo en el aire.
Ella sonrió nerviosa al no tenerlo de frente y siguió dejándose guiar por el caballero con mascara.
―Gira y vuelve hacia mí ―Le susurro. Ella obedeció, girando dos veces y vuelve a acercarse a él, volviendo a la posición inicial, pero esta vez están más cerca, Candy se pierde en la penetrante mirada de su pareja de baile y decide acercarse más a el para no verlo a los ojos pero ahora podía percibir su perfume y sin escuchar algo en su mente que le decía que no lo hiciera, ella cerro los ojos y se acercó más a él para sentir su perfume.
El moreno sintió que ella tenía muchos problemas, pudo verlo cuando ella volvió a verlo a los ojos, esa mirada era de alguien que sufría y tuvo la intención de abrazarla. Pero en vez de eso sigue bailando con ella. Vuelve a hacerla girar y a la rubia se le escapa una sonrisa.
Cuando vuelven a quedar cerca, saca de su manga la flor de papel y la coloca en su oreja, la rubia sonríe dulcemente, siente que su corazón late como loco. Se dejó guiar por el moreno, el mira la profundidad de los ojos verdes de la rubia, tan parecidos a los de su amor imposible de hace muchos años.
Él se acercó a la rubia con la intención de besarla, entonces ella retrocedió pero sin dejar de sonreír hasta que sintió que su espalda choco con la pared. El moreno apoyo una mano en la pared y termino la distancia entre los dos presionando sus labios contra los de la rubia. Candy siente sus mejillas enrojecer y trata de empujarlo con ambas manos pero termina sujetando los hombros del moreno.
Se separaron apenas un poco, mirándose fijamente, con la respiración entrecortada. La rubia tenía una expresión de deseo que nunca antes había tenido. Sentía que sus piernas temblaban y un ligero mares. Se agarró de la solapa del caballero. Él le susurro si se sentía bien con voz ronca.
Ella asintió y el tomo su mano, para volver al centro de la pista de baile. Sin pensar en la hora ambos continuaron bailando mezclándose con los invitados. La rubia rodeo su cuello y el tomo la cintura de la rubia mientras la música continuaba.
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Ninguno de los dos fue capaz de hablar, Candy recordó que el intento besarla muchas beses después de eso aunque sin éxito. Miro al castaño que la miraba sin expresión, igual o más tenso que ella.
Sabía exactamente lo que estaba pensando. La fiesta continúo con un ritmo más rápido y ellos bailaron hasta la media noche.
―Luego te pregunte si querías ir a otro lado ―Dijo en voz baja Neal.
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La fiesta continuaba con un ritmo más rápido y la pareja bailaba mirándose con intensidad. Muy cerca, cada vez se sentían más cerca. La rubia le sonríe mientras la palma de su mano palmeaba su ancho hombro izquierdo y la otra tocaba el brazo del moreno hasta que este acaricio la parte de su codo haciendo que ella levante la mano y acaricie el cabello castaño del caballero para bajar hasta acariciar su cuello.
Neal se aleja un poco con una sonrisa traviesa y bebe la copa de la mesa cercana. Candy bebe otra copa sin dejar de moverse al ritmo de la música.
―Me saliste bailarina ―Murmura Neal antes de beber otro trago. La rubia le sonrió y se terminó la copa de un solo trago. Sigue moviéndose al ritmo de la música, sus risos rebeldes se movían con ella mientras movía sus caderas, lo que para el caballero le resultaba sensual y provocativo. Ella había perdido la vergüenza inicial al notar que todos los invitados aquí no solo bailaban en pareja un simple bals, sino también se movían con la música mientras charlaban. El moreno sonríe pensando que disfrutaba más de verla bailar que de atraerla violentamente hacia él y besarla. Aunque no desechaba lo último. Entonces ella abruptamente sonríe y se toca la frente con la palma de su mano.
―Me siento un poco cansada.
―¿Quieres ir a otro lado? ―Pregunta el castaño con voz suave.
―¿A dónde?
―Ven ―Dice tomando la mano de la rubia y entrelazándola con la de e― A un lugar más tranquilo y silencioso, para que te sientas mejor.
La rubia aprieta la mano y asiente. Entonces Candy sigue moviéndose al ritmo de la música y él sonríe satisfecho. La intenta besar pero ella lo aparta con la mano sin dejar de sonreír.
―¿Estás seguro?
―Claro.
El castaño empieza a caminar seguido por la rubia.
Recuerda que llegaron a la habitación y el la ayudo a tirarse en la cama. El moreno la miro intensamente y lentamente se colocó encima de ella, usando sus brazos como apoyo.
―Gracias ―Dice Candy con una sonrisa― Ya puedes irte.
Él se acerca al rostro ruborizado de la rubia hasta que su nariz rozo la suya. Y ella tenía la misma expresión llena de deseo que tenía en el baile. De un rápido movimiento, Candy le quita la máscara dejando que cayera a un lado de la cama.
―¿Estas segura? ¿Quieres que me vaya?
La rubia observo el rostro del caballero ahora sin mascara, brillo una expresión atractiva. Quiso llevar una mano hacia el pero no lo hizo.
―No ―Susurro con una media sonrisa. Ambos se acercaron al mismo y se besaron. Se perdieron en el momento, era como si todo transcurriera en cámara lenta. Pero nada importo en ese momento, solo profundizaron más el beso.
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Candy recordó lo que ocurrió hace pocas horas y lo ve desencajada. El moreno al verla en ese estado avanzo hacia ella y extendió su mano pero la rubia se alejó de él apretando los puños.
―Sal de aquí ―Le ordena a Neal.
―Lo siento ―Murmura desviando la mirada― No sabía que eras tú, te juro que si lo hubiera sabido...
―Sal... Eres un maldito infeliz.
Neal asiente mirando por última vez a la rubia, era una expresión de odio con algo de ¿Decepción? Tal vez, sabía que para ella esto era lo peor que le pudo pasar. Y era su culpa, de nuevo la había dañado. El moreno toma su saco que estaba cerca y sale de la habitación dejando a la rubia sola quien aún trataba de asimilar el gran error que cometió gracias al alcohol.
―No es posible, yo no pude haber hecho esto... ―Piensa Candy.
Neal recorre el pasillo y llego rápidamente al gran salón, aun había una docena de parejas bailando. Puede jurar que aún no sale el sol, lo más sereno posible busca algún rostro conocido, para su suerte, reconoce al anfitrión de la fiesta, el señor Howland bailando con una mujer rubia con mascara.
―Noel, necesito hablar contigo un segundo ―Dice Neal en voz baja.
―Está bien, Neal ―Dice el señor Howland dejando de bailar― Espérame un segundo, querida amiga ―Le murmura a su pareja de baile, la rubia asintió pero en vez de esperarlo, solo se acercó al par de amigos que se habían alejado a un rincón para hablar tranquilos― Que sucede, amigo.
―Dime, Candy White... diré Andley, ella... ¿Vino sola a esta fiesta?
―No recuerdo haberla visto ―Responde el señor Howland― Déjame preguntarle a mi esposa mañana, creo que esta dormida.
―Es que es urgente…
―¿Qué sucede con ella? ―Pregunta la rubia acercándose a ellos, la rubia mira detenidamente los ojos avellana y lo reconoce― ¿Neal?
El moreno reconoce la voz de Annie, no fue tan difícil reconocerla a ella pues si había tenido contacto con la rubia en Florida, en una de las muchas reuniones sociales a las que había asistido con su esposo. Claro que nunca habían mantenido una conversación, pero si reconocía a la esposa de quien había sido su primo.
―¿Dónde está Candy?
Neal mira que la rubia lo mira con recelo y el decide ser directo.
―Tercera habitación, de la planta baja a la izquierda ―Murmura.
La rubia frágil lo mira de forma sospechosa antes de salir del gran salón lo más rápido que pudo. Noel observa la cara de su socio y entiende.
―¿Te acostaste con ella? ―Pregunta sin creerlo. Neal niega con la cabeza sin saber que decir. Mil veces imagino que si se volvería a encontrar con Candy, entonces se disculparía sinceramente por todo lo que le hizo en el pasado. Y que ella tal vez lo perdonaría y todo el remordimiento que llevaba iba a desaparecer. Pero tenía claro que después de esta noche, eso no pasaría.
Sabía que probablemente Annie ya se haya reunido con ella y lo primero que querría hacer Candy era irse de la mansión y lo mejor que podía hacer era retirarse antes de que se fuera, pero no podía irse sin encontrar a su amigo, a la prometida de él le daría un ataque si se entera que lo perdió de vista, sabiendo cómo era, lo busco con la mirada por todo el salón pero no lo encontró. Encogiéndose de hombros decide irse, de todas formas era probable que este en una de las habitaciones de huéspedes. A paso rápido sale de la mansión y se sorprende al ver que el cielo seguía oscuro. Apenas empezó a alejarse de la mansión escucho pasos tras de él. Voltea un poco nervioso y suspira de alivio, se trataba de la anfitriona de la fiesta, que tenía una expresión amigable.
―El soltero más codiciado ―Dice Daisy con una sonrisa misteriosa― Porque tienes esa cara, parece como si hubieras matado a alguien.
―No, solo buscaba a Johan ―Responde Neal ―¿lo has visto?
―El tipo que trato de forzar a una de mis anfitrionas―Dijo Daisy con una sonrisa falsa.
―Supongo que se pasó de copas... me disculpo en su nombre ―Dice Neal sin saber que más decir, pues la mirada de la dama parecía que lo culpaba a el― Bueno Daisy, me gustaría charlar contigo pero debo irme.
―¿Vas a Fox? Son las tres, quédate aquí ―Dice Daisy con voz suave― Ya sabes, en el cuarto de invitados.
―No… gracias, mejor iré al hotel ―Dice el moreno lo más sereno que puede― Tengo que hacer una sesión de fotos con la francesa hoy.
―Oye, escuche que le pediste matrimonio a Fiorella Rousset ―Menciona Daisy con una mirada picara.
―¿Quién te dijo eso? Bueno… si, pero no quiero hablar de eso ahora…
―Creo que le gustas ―Dijo ella guiñándole el ojo― Solo actúa fría contigo le da vergüenza expresar lo que siente.
―Se notó, cuando bailo con el tipo ―Murmura Neal
―Estaba pasada de copas, sabes, ella estuvo esperando largo rato a que dejaras de bailar con la señora Andley ―Menciona la señora Howland. Entonces el castaño no pudo evitar abrir los ojos más de la cuenta, al entender sus indirectas.
―Yo…
Daisy ensancha su sonrisa.
―Tu amigo esta por allá, en los arbustos ―Señalo con el dedo un rincón del jardín, al lado de una fuente.
―Pero qué diablos hace mi hermano en los arbustos ―Murmura Neal― Gracias Daisy, regresare con el cómo pueda.
―Está bien, regresa cuando quieras ―Dice con voz amable y una media sonrisa.
Neal la observa detenidamente, si no supiera que las damas como ella ensayaban su comportamiento, expresiones y frases para las reuniones sociales, a lo mejor no se hubiera dado cuenta que era solo sarcasmo.
―Ah y Daisy, por favor, no le digas a nadie que estuve hablando con Candy.
―Te refieres a decirle la verdad en su cara, ¿A su esposo? ¿A los miembros de la familia Andley? ¿Que bailaron, se besaron y pasaron la noche juntos?
―Daisy, estaba borracho ―Trataba de mostrarse sincero pero estaba claro que ella no le creía― No lo menciones… no solo lo digo por ella sino que tendremos muchos problemas y me refiero a todos los socios.
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Se sentía agotado mentalmente, apenas había dormido un par de horas apenas llego a su hotel en Chicago, pero el día no acababa, aún tenía una sesión de fotos muy importante. Para su mala suerte su socia lo llamo avisándole que no iba a poder asistir y eso era malo, ella era la que se iba encargar de preparar a las modelos. Él no tenía ni idea de que hacer. Pero sabía quién si, solo había un pequeño problema, ella se iba a negar rotundamente. Así que se le ocurrió algo para persuadirla. Llego en la tarde a un estudio fotográfico luego de recoger a su hermana. Tenía mucho remordimiento pero tenía que cumplir con sus responsabilidades. Se sentía muy inquieto pero trataba de disimularlo. Entro con Elisa del brazo, el lugar era pequeño, tres modelos estaban siendo maquilladas por una asistente.
―Elisa... la francesa no va a venir ―Comenta Neal en voz baja.
―¿Qué? ―Dice Elisa desconcertada― Pero ella... es la que se encarga de esto
―Necesito que lo hagas tú.
―No quiero hacerlo ―Dice Elisa enojada― eres el director de la joyería, encárgate tú.
―Y tú la gerente general ―Señalo el castaño viendo como Elisa cruzaba sus brazos― También sé que sabes de vestidos... vamos, no me hagas rogarte, sé que tienes noción de esto, así que si eres esa mujer tan fuerte que creo que eres vas a ayudar a tu hermano.
Se formó un tenso silencio entre ellos, mientras la castaña observaba al camarógrafo preguntando por la socia.
―Está bien ―Por fin hablo Elisa.
Neal suspira aliviado, por un momento pensó que su hermana saldría corriendo y el tendría que ocuparse de eso. Elisa paso veinte minutos dando instrucciones a las modelos mientras que Cris la asistía, se trataba de la mejor modelo de la agencia, a la que había visto en el baile de máscaras. Sonrió al ver que su hermana se desenvolvía perfectamente en esto, sabía que era capaz de eso y mucho más. Por ultimo Cris obedecía las órdenes de Neal y colocaba las joyas a las modelos.
Ella les indicaba a las modelos como posar y al fotógrafo cuando tomar la foto.
―Los vestidos de la francesa tienen muchos colores, opacan nuestras joyas, pero aprovechando que ella no está aquí, podemos hacer posar a las modelos de manera que resalte nuestro producto ―Le susurra Elisa guiñándole el ojo. Neal sonrió al ver a su hermana tan emocionada. Entonces pidió que le entrevisten a ella en su lugar, porque el crédito lo obtuvo ella sola. La socia llego y se unió a la entrevista. Le agradeció a Elisa por encargarse de todo.
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Los días pasaron demasiado rápido para Candy, cada día era un día menos para que William regresara, tenía intenciones de decirle pero sabe que eso solo lo haría más complicado para todos. Annie le pidió perdón por llevarla a la fiesta innumerables veces y le aconsejo no decirlo pero ella sabía que acabaría confesándolo. Se maldijo a si misma por no haber llevado su anillo o su insignia. Sabía que él no se merecía eso. Escucho dos golpes en la puerta y ella murmuro un adelante, su mejor amiga entro a la habitación y se tapó la nariz apenas entro.
―Huele horrible ―Dijo Annie en voz baja.
―Es un nuevo tratamiento que la tía Elroy me recomendó ―Responde Candy sin verla.
―Candy, enserio perdóname por haberte pedido ir ―Se disculpó Annie agachando la mirada― No pensé que eso sucedería, creo que mereces saber porque quise ir...
―No te disculpes, eso no fue tu culpa ―Le interrumpe la ojiverde― Solo no hablemos más de eso, por favor, sé que no puedo decirle a Albert, pero no creo poder mirarlo a los ojos.
―Sé que estas sufriendo ahora pero debes ser fuerte ―Dijo Annie― Eso fue un error, los hombres como él se aprovechan de las mujeres cuando están pasadas de copas, solo no debí hacer que bebas...
―Annie, no hablemos de eso ―Pide Candy mientras pasaba su brazo por sus hombros y la abrazaba― Me ayudas más sin mencionarlo, yo voy a hacer mi mejor esfuerzo por superarlo y cumplir con las expectativas de la tia Elroy, voy a cuidar a Albert, voy a ser una buena tía para el pequeño Stear, voy a poner de mi parte.
Annie solo se quedó mirando los ojos verdes de su amiga, eran sinceros, ella estaba dolida pero tenía la decisión de superarlo.
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En cambio, para él, los días pasaban y se sentía peor cada día. Fue notorio, su propia hermana se dio cuenta que algo andaba mal. Elisa se preguntó que podía estar mal, pero cuando le preguntaba él le respondía que solo era un resfriado o un dolor de cabeza. El remordimiento más el trabajo lo estreso. El día había terminado y el solo quería irse a dormir, se quitó la camisa y se fue a rebuscar en su armario algo limpio para dormir. Pero algo estaba mal, faltaba algo que llevaba siempre. En pocos minutos estuvo buscando en todo su cuarto. Se enojó con el mismo al no percatarse antes.
Se dirigió al despacho y marco el número rápidamente. Espero unos segundos después de que el mayordomo de la familia Howland fuera a llamar a su jefe.
―Que sucede, Neal ―Escucho la voz del señor Howland.
―Noel, en el baile de máscaras... quería saber si en la habitación encontraron un collar.
―No, Neal ―Respondió― Si hubiera sido así alguna de las mucamas me lo hubiera informado.
―Manda a que lo busquen de nuevo.
―Te aseguro que no está.
Luego de esta llamada el solo se sintió más preocupado. Pero tenía que recuperar ese collar. A como de lugar, incluso si tenía que preguntarle a Candy. Pero piensa descartarlo al recordar a la rubia envuelta con las sabanas mirándolo con desesperación, sabía que no quería verlo ni en pintura. Pero su deseo de recuperar su tesoro pudo más.
Mando a uno de sus contactos a rastrear a Candy sin éxito, pero finalmente el espía de Johan infiltrado en la mansión Andley le informo que la rubia pecosa no estaba saliendo de la mansión en chicago. Así que lo único que le quedo es ir a ella.
Llego a la mansión al atardecer, el espía le informo los horarios de salida de cada uno de los Andley. Y ahí se encontraba, luego de siete años sentado en la sala de la mansión Andley, anteriormente su casa. George se encontraba nervioso al observar como el castaño miraba la mansión.
―El señor Archibald llegara en media hora, por favor, espérelo aquí.
―Está bien, George.
―La señora Elroy está en la ciudad en estos momentos, estoy seguro que si ella sabía que usted estaría aquí...
―Si, lo entiendo, no te preocupes ―Dijo Neal con voz neutra.
George se retiró a contestar el teléfono en la planta alta de la mansión y Neal supo que era momento de buscar a Candy, no había sido difícil encontrarla gracias al contacto adentro. Ella pasaba las tardes dentro pero como hoy no se encontraba la señora Elroy era seguro que estaba en el jardín.
Jugando con su suerte se dirige al jardín trasero, la encuentra sentada en la rama de un árbol. Ella al reconocerlo ensancha sus ojos, pensó que era producto de su imaginación, no podía ser tan descarado, pero al comprobar que no lo era baja del árbol y camina hacia él.
―¿Qué haces aquí? ―Mascullo Candy jalándolo del brazo, llevándolo tras el tronco― Acaso te volviste loco.
―No vine a molestarte, créeme que no tuve opción ―Menciono el moreno― Solo quería preguntarte, esa noche en la habitación...
―Shh, no lo digas ―Mascullo Candy en voz baja.
―Esa noche se me perdió un collar.
―Debe estar en la habitación ―Le susurra enojada― Como te atreves a venir a buscarme solo por esa tontería.
―Se lo pregunte a Noel, pero dice que no...
―Mira, Neal ―Le interrumpe Candy enojada― Eso a mí no me importa, no me vuelvas a buscar.
―Tú me lo quitaste del cuello, estoy seguro ―Dijo Neal desviando la mirada― Creo que se enredó en tu cabello ―Candy ensancho los ojos al escuchar eso y él le leyó la mente― Lo sabía.
―No sabía que era tuyo, lo tire a la basura cuando llegue ―Dice Candy en voz baja― Ya no está.
―Sé que me odias con razones y tienes razones.
―Claro que te odio, te odio porque me odiaste primero ―Piensa Candy pero no se atreve a decirlo.
―Lo que sea que pienses de mí, soy peor ―Murmura Neal― Pero te pido que lo busques y me lo devuelvas, es importante para mí.
―Escucha, Neal ―Dice Candy con voz dura― Se perdió, ya olvídalo, no quiero que me busques nunca más, el verte me hace recordar esa maldita noche contigo, no quiero recordar las cosas que me hiciste y como me mentiste y agradece que no le diré nada a nadie.
Neal esperó pacientemente a que la rubia terminara de hablar, sabía que no tenía derecho a pedirle algo en la vida pero solo por esta vez, se atrevería. Cuando acabo le dejo algo en claro.
―Candy, quiero mi collar para mañana ―Dijo con voz seria― Es muy valioso para mí, sé que eso no te importa, pero, si no me lo das mañana entonces voy a aparecerme donde sea que vayas con William y sé que eso no te gustaría.
Candy lo vio incrédula, tenía ganas de pegarle como lo hizo esa noche de copas, pero él ya había entrado a la mansión. Observo como le decía quién sabe que a George, probablemente que vendría mañana. Observo que el moreno había cambiado, tenía el aspecto más frio y duro. Y suspiro.
―Porque tenías que reaparecer en mi vida tan de repente ―Piensa Candy mirándolo desde el jardín― Y volver a arruinarlo todo
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Volví, para ver el mundo arder xD Por cierto, feliz año nuevo, estoy segura que cumplirán todas sus metas, yo estoy de viaje pero afortunadamente si había una cabina de internet y pude actualizar. Solo me faltan unos retoques para el próximo capítulo así que probablemente lo suba en unos días. Espero no haber abusado del drama, pero este capítulo era infaltable.
Lo que está en cursiva es un flashback del capítulo anterior, que no quise poner, pero ya me anime, es que sin esto la historia no avanza, espero no haber ofendido a nadie, al inicio si pensé en que era mejor que no estuvieran casados Albert y Candy pero creo que es mejor así. A mí me encanta esa pareja, pero esta es una historia Neal/Candy. Igual, creo que ya se esperaban esto, en el propio summary está más que explícito.
Si me comentas algo bonito prometo subir el capítulo en un par de dias xD
Un nuevo personaje no tan importante. Salio en el capitulo anterior.
Cris: Modelo.
