Capítulo 9: ¿Último encuentro?
El día no podía estar mejor, soleado y con una brisa fresca que ayudaba a disminuir el calor. Un buen día para desayunar en uno de los jardines de la mansión Rousset. La pareja de pelirrojos se encontraba con Neal en la mesa al aire libre. En realidad, el moreno debería estar en su mansión con su hermana y sobrino, pero se encontraba ahí para evitar a las muchas preguntas que su hermana le estaba haciendo últimamente respecto a su estado de ánimo, esto solo lo irritaba en vez de ayudarlo, a pesar de las buenas intenciones de Elisa. Y ahí se encontraba, escuchando hablar al pelirrojo sobre la sesión de fotos, a la cual, por cierto, no estuvo presente el pelirrojo. Eso lo incomodaba, porque la prometida de Johan también era como una hermana para él, pero que iba a ser, pesaba más la balanza hacia el pelirrojo.
―Y bueno, la francesa no llego, pero afortunadamente llego Neal con la solución al problema ―Menciona Johan, más para Bella que para Neal.
―¿Y cuál era? ―Pregunto la pelirroja.
―Elisa ―Reponde Neal uniéndose a la conversación, luego de varios minutos en silencio― Dirigió la sesión de fotos como toda una profesional, por suerte, ya que la socia confundio los horarios.
―Y ahí esta, el hermano mayor, sacando pecho por su hermanita ―Comenta Johan divertido.
―Puedo presumir todo lo que quiera porque es la verdad ―Dice Neal con voz suave― Además, entre nosotros... ella supo cómo hacer resaltar más las joyas que la línea de ropa.
―Solo espera a que la francesa se dé cuenta ―Comenta Bella con una sonrisa, luego toma la mano del pelirrojo que descansaba en la mesa― Mi amor, debiste haberme llamado, sabes que soy buenísima en eso.
―Si... es que no quería molestarte ―Responde Johan con una sonrisa nerviosa.
Neal desvió la mirada hacia el jardín, esperando a que él se las arregle solo. El jardín era uno de los más hermosos en Fox Lake, estaba hecho para presumir a las visitas pero lo que le llamo la atención fue ver a la pelirroja con una ligera ropa de ejercicio y con el cabello sujetado en una coleta. Ella realizaba un calentamiento sentada en el césped con una pierna flexionada. Al notar que el moreno la miro desvió la mirada y se levantó, empezando a trotar lejos de ellos.
―Veo que sigues interesado en mi primita, hermano ―Sonrió entusiasmada Bella.
―No entiendo que le vez ―Comenta Johan burlonamente.
―Creo que lo mismo que le ves a Bella ―Dice Neal con una ligera sonrisa.
―Por favor, como vas a comparar a mi dulce Bella con la loca de Fiorella ―Mascullo Johan antes de empezar a reír.
―Así para todo el día ―Menciona Bella en voz baja― Ejercitándose y practicando, asegura que volverá a Europa en un par de meses, pero la verdad, si se va perderá la herencia.
―¿Doña Ana no puede hacer nada? ―Pregunta Neal un poco indignado al escuchar eso― Digo, es su nieta, no es justo que se lo quiten solo porque no quiere casarse, además tiene más derecho que su hermanastro.
La pareja de pelirrojos se miraron entre si antes de volver a ver al moreno.
―Si... creo que Johan olvido mencionarte algo, en fin, después hablan de eso, ella está aquí ―Murmuro Bella desviando la mirada.
―No, no es necesario ―Dijo Neal con voz suave― Si es algo personal de ella, prefiero que ella me lo cuente, bueno, si algún día lo hace.
―No creo que lo haga nunca ―Musito Bella.
―Ya, cambiemos de tema ―Pide Johan empezando a impacientarse.
―Oh, les hablaba de mi hermana ―Vuelve a mencionar Neal― En fin, tenemos otra sesión con la francesa, la última, no pienso volver a hacerlo con ella.
―Sí, es muy irresponsable ―Comenta Johan divertido― Escuche que se quedó dormida en el hotel.
―Oh, hablando de eso ―Dijo Bella en voz baja― Fiorella me comento que le pareció verte en el hotel yendo con ella al auto ¿Enserio estuviste en la sesión de fotos?
―Como dices, le habrá parecido, estuve en la sesión de fotos ¿Verdad, Neal?
Ambos pelirrojos miraron al moreno quien suspiro.
―Si ―Murmuro.
―Aclarado ese tema ―Dijo Johan con semblante serio― La francesa me conto que le dio total libertad a Elisa para la próxima sesión ¿Que planea hacer esta vez?
―Pensó que para hacer resaltar las joyas ―Dijo Neal mientras tomaba la taza que aun contenía un poco de líquido― Debo persuadirla para que la colección sea toda de blanco.
―Se va a dar cuenta en una ―Masculla Johan con una sonrisa― Deberás tener una gran excusa, ella no tiene ni un pelo de tonta.
―Pensare en algo ―Dijo Neal― De todos modos, termino esto y regresamos a Florida, debo estar más atento a la cadena de hoteles, esto de sesiones de fotos no me interesa, son una perdida de tiempo.
Se quedaron en un silencio agradable por un momento, disfrutando del desayuno al aire libre. Neal observo de reojo a la pelirroja, quien se había dirigido a un área especial para ella. Donde se ponía de puntitas y realizaba una rutina que no podía entender.
―Qué te parece... si la modelo tiene que vestir de blanco porque tiene que lucir como un ángel ―Dice Bella mirando a Neal.
―Es una gran idea, mi Bella ―Dijo Johan.
―Una cara bonita, un vestido blanco de ensueño, hasta le podríamos poner alas ―Comenta con mofa Bella.
―¿Es un poco cursi? ¿No, Neal? ―Pregunta divertido el pelirrojo.
―No... Pero por ahí va la idea ―Dice Neal mirando de reojo a la pelirroja de ojos verdes. Recordó que para el baile de máscaras, ella resalto de blanco. Entonces sonrió, los que asistieron a ese baile se habían quedado fascinados por ella, sabía que resalto tanto que ahora las amistades conocían el nombre de Fiorella Rousset y pensó que ella podía ser la solución al problema.
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Candy removía su cabeza en la almohada, tratando de despertar de un mal sueño. Al abrir los ojos se percató que estaba sudando y su cuerpo estaba muy caliente. Con un suspiro se levantó rápidamente para realizar su rutina matutina. Y mientras se metía a la bañera recordó el sueño que la había inquietado hace unos minutos.
Ella dormía escondida entre las sabanas de su cama, y entre sueños escucho unos pasos acercándose a ella, sintió el tibio aliento de alguien a centímetros de su boca, podía jurar que cuando abrió los ojos, se trataba de un hombre con mascara, aunque esta vez tenía algo entre las manos que parecía ser un sombrero oscuro. Pero se desvaneció a los pocos segundos, no había nada en la oscura habitación. Pero a los pocos segundos reacciono y se dio cuenta que solo se trató de un mal sueño.
Y mientras salía del baño de su habitacion, envuelta en una toalla de baño y el cabello rubio mojado, escucho el golpe en la puerta.
―Adelante ―Musito Candy. Una criada con dos trenzas entro nerviosa al percatarse que la rubia acababa de salir del baño― Dorothy, buenos días.
―Disculpe, señora ―Dice la criada agachando la mirada avergonzada ―Solo quería avisarle que el desayuno ya esta servido.
Candy se limitó a asentir, otras veces hubiera dicho con amabilidad a la joven criada que no la llamara señora porque eran amigas, pero en estos días no tenía cabeza para eso.
―También... tengo lo que me pidió ―Menciono mientras buscaba algo en los bolsillos de su vestido.
―¿Enserio? ―Exclamo Candy sorprendida.
―Si, señora ―Dice la sirvienta con una sonrisa― Por suerte, el jardinero lo encontró cerca de las rosas, tal como nos dijo, estaba a distancia de su habitación, se le debió haber caído.
La rubia desvió la mirada, al sentir un ligero rubor en sus mejillas por recordar que ese día al percatarse de la joya en su cabello lo lanzo por la ventana enojada por lo que sucedió con el dueño del collar.
―Muchas gracias, Dorothy ―Dijo Candy con voz suave― Te agradecería si no le dices a nadie, ya sabes, no quiero que nadie se entere.
―Está bien, con permiso, señora ―Sonrió Dorothy.
Candy asiente y espera a que la joven criada cierre la puerta de su habitación, para empezar a cambiarse. Mientras iba a su armario vio brillar el prendedor que una vez se le cayo a su principe de la colina.
Al pensar en esto descubre que derrama algunas lágrimas involuntarias. Pero rápidamente se dirige al baño para lavarse el rostro.
-Si sigo llorando, mis ojos estarán rojos y tendré que dar explicaciones ―Piensa en voz alta mirando su reflejo- Mejor respiro hondo, mejor me calmo, yo puedo y voy a conseguir seguir con mi vida, esa noche nunca ocurrió, fue un error, no volverá a ocurrir.
Bajo las escaleras luego de atar su cabello rizado atado en un elaborado peinado que le llevo diez minutos hacer, anteriormente la ayudaba Dorothy pero ella se decidió a aprender a hacérselo por si mismo. Y su vestido de seda verde favorito.
Al llegar al comedor principal, se contuvo de ensanchar la sonrisa a Archie sentado al lado de su esposa. Luego de saludar cordialmente se sentó.
―Que agradable verte, Archie ―Dijo Candy con voz dulce― ¿Hace cuánto llegaste?
―Hace pocos minutos ―Sonríe― Por cierto, William llegara hoy.
El comentario hizo que Candy casi se atragantara con el líquido de la taza. Annie se contuvo de golpearse la frente con la mano mientras observaba a la matriarca con una ceja alzada.
―Creo que la noticia la emociono un poco ―Murmuro Annie con una sonrisa timida.
Candy asintió en silencio, no tuvo idea de cuánto tiempo la matriarca Andley estuvo hablando, lo único que entendió es que irían a la ciudad a comprar porque iba a acompañar a su esposo a una fiesta de compromiso.
Se dedicó a probar los alimentos conteniéndose el encogerse de hombros, igual estaba segura que no era necesario que hable porque de todos modos la arrastrarían a donde sea que estén pensando. Descubrió que los platillos estaban deliciosos, nunca le había sabido tan bien el pan, sobre todo con el relleno que agrego de otro platillo. Así que se comió muy rápido un par más ante las miradas extrañadas de los demás.
―Estas comiendo como si te matáramos de hambre, Candice ―Menciona enarcando una ceja.
―El pan esta delicioso, tía ―Dice Archie con una sonrisa.
La anciana suspira y le devuelve la sonrisa a su preferido. Y Candy sonrió ligeramente al rubio agradecida por haberle ahorrado un regaño.
El resto del día no resulto tan pesado para Candy, por dos razones, una de ellas era porque Archie decidió acompañarlas junto a su esposa, así que la tía de su esposo no estaba de mal humor. Y la segunda era porque los vestidos que eligió para ella si le agradaron esta vez. Le resulto muy agradable salir a pasear por la ciudad, ver tiendas, disfrutar con sus dos mejores amigos.
Pasaron por una tienda de perfumes para comprar algunos. Las jóvenes rubias se sentaron para oler algunas fragancias. Les resulto muy agradable un perfume con olor a vainilla y canela. Y el esposo de Annie se acercó a ambas para enseñarles un perfume que iba a comprar.
―Huele delicioso ―Murmura Annie en voz baja.
Candy se acercó para oler la fragancia pero no pudo evitar hacer una mueca de asco.
―¿No te gusto? ―Pregunta Archie confundido.
―Huele demasiado fuerte ―Admite Candy tapándose la nariz.
―Candy, huele riquísimo ―Dice Annie con voz neutra― Es una fragancia amaderada italiana.
―Solo… me pareció muy fuerte ―Dijo Candy nerviosa― Hazle caso a Annie, ella sabe de estas cosas.
Archie asintió extrañado con el comportamiento de su esposa y su mejor amiga.
―Voy a pagar esto, ahora vuelvo ―Dice Archie guiñándole el ojo a Candy.
Annie sonrió falsamente hasta que su esposo se hubo alejado, entonces toma a Candy de brazo para llevarla lo más lejos que puede de la anciana que estaba de espaldas s escuchando a una empleada hablarle uno de los perfumes.
―Candy, has estado toda la mañana nerviosa, cálmate ―Pide Annie en un susurro.
―¿Y cómo quieres que este? Albert regresa hoy ―Murmura Candy― Además tuve una pesadilla.
―¿Que soñaste?
―Que... estaba dormida y Neal se acercaba a mí, fue una pesadilla.
―Desecha esa pesadilla ―Dice Annie tomando las manos de Candy entre las suyas― Ya paso, que te parece… si aprovechamos que William estará aquí para pedir permiso para irnos a la casa Pony.
―Pero... le va a parecer raro, además la tía Elroy querrá que pase tiempo con él y... no puedo ignorarlo.
―Sí, pero no te preocupes por eso, Archie me comento que estará solo un par de días, es que ocurrió un problema en de las minas en Europa, perderán mucho dinero si no va.
―Oh, no sabía ―Murmura Candy desviando la mirada― Supongo que es mejor, no deseo verlo por un tiempo, al menos hasta superar eso.
Ambas sonrieron nerviosas cuando el rubio volvió a acercarse a ellas.
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En la habitación de Elisa, su dama de compañía empezaba a detestar cuando le pedía que le haga la manicura, pues la señora nunca estaba feliz con los resultados. Claro que no mostraba su molestia y solo se dedicaba a mostrarse amable.
―Con cuidado ―Se quejó Elisa mientras apartaba con suavidad su mano.
―Lo siento, señora ―Se disculpa Ruth― ¿A dónde va?
―Tengo una reunión con mis amigas del circulo de lectura, iremos a la casa de Daisy ―Contesto Elisa― De paso le preguntare algo que me tiene preocupada.
―No debería preocuparse tanto por el señor Leagan ―Menciona la joven criada― Usted es muy afortunada, tiene un cargo importante y una familia, se estresara y el estrés nos da malas energías.
Elisa sonrió y se paró del asiento para caminar hacia el espejo. Y la criada morena suspiro de alivio de que por una vez, la castaña quedo satisfecha.
―Tienes razón, además también tengo un esposo ―Dijo Elisa con un tono más suave― El cual por cierto, llegara pronto, así que debemos limpiar la mansión para darle la bienvenida.
―Como diga, señora- ―sonrió la criada.
―Supongo que tengo que terminar mis pendientes para pasar tiempo con el ―Piensa Elisa en voz alta.
―El señor Lee llegara cansado ¿Algún platillo en especial? Le diré a Jang que compre los ingredientes.
Elisa iba a responder pero se detuvo al ver entrar a la habitación a su pequeño hijo, que camino hasta llegar a ella para darle una tierna sonrisa. Elisa se agacho hasta quedar al mismo nivel que el pequeño de ojos rasgados. Se veía tierno aun con el cabello despeinado y con la pijama azul.
―¿No le vas a dar un beso a tu mama? ―Pregunto Elisa señalando su mejilla.
El niño obedece silenciosamente, picotea la mejilla de su madre, derretida por el niño lo acerca para abrazarlo, pero lo aparta al percatarse que estaba oliendo mal.
―Te orinaste ¿Verdad? ―Murmura Elisa en su oído. Cuando mira el rostro del niño nota que estaba completamente rojo y enternecida decide no regañarlo. Simplemente no podía cuando tenía esa expresión tan tierna, idéntica a la de su padre.
―Mama ¿A dónde vas? ―Pregunta Luke con aire inocente con intensión de despistar a su madre― Estas oliendo rico, a rosas y te vez muy bonita, pareces una reina.
―Qué lindo, mi amor ―Dice Elisa enternecida por el comentario― Uno siempre tiene que lucir presentable, con el atuendo y el rostro limpio, debemos mostrar que estamos por encima de todos.
―¿Encima de quién? -Pregunto Luke confundido.
―Cuando crezcas, lo entenderás.
Luke solo se encogió de hombros y le sonrió a su mama, era agradable el perfume que usaba. Era el perfume favorito de su padre y de él. Se sintió aún más agradable cuando Elisa se arrodillo frente a él, para peinarle el cabello con un pequeño cepillo, cuidando de no lastimarlo. El niño disfruto de sentir a su madre acariciando su cabello, pues ella no solía peinarlo con frecuencia. Cuando acabo ella sonrió satisfecha con su trabajo y se paró para ver a su dama de compañía.
―Ruth, se le mojo el atuendo a mi niño ―Dice Elisa con voz suave― No quiero que se resfrié ya que en la noche lo bañaste, así que no le mojes el cabello, pero báñalo, me lo traes perfumado y arreglado.
―¿Porque? ―Pregunta Luke.
―Me vas a acompañar hoy ―Dice Elisa suavemente― Estaré en una reunión y puedes jugar con los hijos de Daisy.
―¿Va a estar mi amiga Margeory? ―Pregunta Luke con una sonrisa.
―Oh, sí, es la niña verdad -Dice Elisa distraídamente.
―Vamos, jovencito ― Ruth dándole la mano. Luke toma la mano de la criada y la sigue fuera de la habitación.
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Se encontraban en un lujoso restaurante de la ciudad de Chicago. La mesa donde estaban sentados estaba al lado de la ventana que permitía apreciar las calles de la ciudad. El mesero les trajo los platillos que ordenaron a los pocos minutos. El almuerzo transcurrió tranquilamente, con una conversación divertida gracias a que Archie podía ablandar el corazón de su tía.
―Bueno, yo debo regresar a la mansión ―Menciona Archie.
―¿Porque? ―Pregunta Annie.
―Neal me aviso que venía a hablar conmigo sobre negocios, si voy ahora llegare a tiempo.
―Archibald, por favor...
―Si tía, ya lo sé, trata de ser amable con el ―Interrumpe Archie rodando los ojos― Sigue siendo parte de la familia, según tú.
―Lo es ―Afirma.
Archie le pide al mozo la cuenta para dejarla pagada antes de irse. Y Candy come lo más rápido que puede para alcanzar a Archie ante la mirada curiosa de Annie.
―Iré contigo -Dice Candy levantándose.
―Aun no puedes ―Dice Elroy― Aun no compramos los zapatos y...
―Tia Elroy ―Interrumpe Candy― La verdad es que me siento muy cansada, me duele la cabeza y quisiera descansar para esta noche, cuando regrese Alb... William, los zapatos que traigas estarán bien para mí.
La matriarca de los Andley la miro dudosa pero resignada asintió. Archie sonrió. Estaba encantado de pasar tiempo con Candy, a pesar de que ella no escucho ni una palabra que le dijo en todo el camino mientras estaban en la carreta. Tenía que pensar en cómo entregarle a Neal el collar sin que Archie o alguno de los sirvientes la viera.
―Fue su culpa ―Piensa Candy mirando al frente― El fingió no reconocerme y se aprovechó de que estuviera pasada de copas.
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―De acuerdo ―Dice Neal divertido por la reacción de la rubia― También se me acaba de perder mi amigo ¿Cómo te llamas?
Neal observo a la rubia que lo miraba con recelo.
―Creo que decírtelo arruinaría el baile de máscaras ―Le susurro como si fuera un secreto.
―Cierto, cierto entonces como me refiero a usted―Pregunta con una sonrisa
―No sé ―Dice Candy, ella toma una copa y se la lleva a los labios después de agregar― Adivina mi nombre.
Neal la miro desconcertado y Candy sonrió pensando ―estoy segura que se va a aburrir y se ira.
Candy toma otra copa nerviosa al sentir la mirada del moreno observando lo que la máscara negra le permitía, que no era mucho.
―Existen miles de nombres en todo el mundo ―Murmura como si fuera lo más obvio del mundo― ¿Alguna pista? Bueno, si serias tan amable.
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Al recordar esto Candy agacha la mirada sin notar que Archie seguía hablando. Se apoya más en el asiento.
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―Ah… disculpa, no quise ofenderte―Dice Neal con un poco de sarcasmo― ¿Charlotte? ¿Candy? ¿Cinthia? ¿Claudia? Creo que podría tomar toda la noche y no adivinar.
Candy ensancha su sonrisa al escuchar su nombre entre ellos. La melodía cambia hacia la canción que una vez bailo con su príncipe de las rosas.
―Dime que es alguno de esos ―Pide mirándola con picardía.
Candy niega con la cabeza divertida y Neal suspira de alivio.
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Suspiro derrotada, enserio daría lo que fuera por volver a esa noche y decirle su nombre, no sabía porque pero tenía el presentimiento de que aunque el sospechara que era ella no estaba seguro y como ella no lo detuvo, el avanzo hasta el final.
―¿Candy? ―La voz de Archie la saco de sus pensamientos― ¿Me estas escuchando?
―Sí, dime.
―Te decía... que me gustaría que subas a tu habitación apenas lleguemos, como comente en la boutique, Neal estará en la mansión y no quisiera que te haga pasar un mal momento.
―Esta bien, lo hare ―Dice Candy fingiendo restarle importancia- Además que podría hacerme.
―No tengo idea, pero sigue siendo grosero ―Comenta Archie con voz seria― Siempre te ha hecho daño, creo que lo mejor es evitar que vuelva a acercarse a ti.
Se quedaron en silencio hasta que llegaron a la mansión, el rubio observa como Candy sube a la planta alta de la mansión. El suspira aliviado, pensando que ahora Candy estaba a salvo de las garras de Neal.
Candy camina por los pasillos del segundo piso pero no se dirige a su habitación, sino a uno de los balcones para observar cuando el moreno llegue y pensar en cómo bajar.
Recordando que no vino por ella, sino por el collar lo busco por los bolsillos de su vestido. Y se apoyó en el balcón mientras observaba el collar de moneda, solo era una moneda vieja, pero de alguna manera le recordó al tesoro que ella guardaba de su príncipe de la colina.
―El collar debe ser importante para el ―Piensa Candy encogiéndose de hombros― Seguro es especial porque una chica se lo regalo.
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―Eres una buena persona ―Dice Candy sonriendo dulcemente― Estoy segura que encontraras a alguien aunque en el pasado no hayas sido correspondido y que esa mujer te va a amar mucho.
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Sin querer sonríe al recordar eso, sin creer reconforto a quien había sido su enemigo hace mucho. ¿Pero acaso no lo era ahora?
―La vida da muchas vueltas ―Piensa Candy mirando por el balcón un auto estacionarse frente a la mansión― Pero me engañaste, tampoco me dijiste tu nombre porque temías que fuera yo.
Ante este pensamiento sintio sus mejillas rojas y ganas de desquitarse con lo primero que encuentre, pero respira hondo para calmarse al ver a la joven criada acercarse a ella.
―Señora, pruebe estas galletas recién hechas.
Candy sonrió, era lo que necesitaba para relajarse un poco.
―Gracias, Dorothy ―Dice Candy tomando una entre sus manos y llevándosela a la boca. La joven criada solo sonríe amablemente. Las galletas con chispas de chocolate eran sus favoritas y no pudo evitar comer algunas más. Pero de repente sintio nauseas y se lleva una mano a la boca para ocultarlo.
―¿Se siente bien?
―Si, es que comí demasiado en el almuerzo ―Murmuro Candy― Con permiso.
La joven criada observo como la rubia corría hacia su habitación.
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Archie miraba a Neal con recelo. Para su sorpresa no se había dirido a él como ayudante de William o algo parecido, es más, no había hecho ningún comentario sarcástico o se le había dirigido hacia el jefe de los Adley como el idiota de William, como muchas veces se le escapaba. Se comportaba serio y a ratos nervioso, mirando de reojo al jardín o las escaleras.
―Y por eso, mis socios y yo pensamos que es mejor no hacer negocios con ustedes ―Termino por fin de explicar Neal.
―Pero no lo entiendo, ofrecemos buenas condiciones, esto nos beneficiaria a todos.
―Mira, no es solo decisión mía― Dice con voz neutra― Somos siete miembros y cinco no están de acuerdo, mayoría manda, no es nada personal.
Dorothy entra baja las escaleras y ambos se quedaron en silencio.
―Señor Archie, la señora Candy quiere que suba un momento ―Dice Dorothy desviando la mirada.
―Está bien ―Dice Archie con una ligera sonrisa, para luego borrarla para mirar con expresión seria al moreno― Espérame un momento.
Sin esperar respuesta Archie sube las escaleras a paso rápido y Neal deja escapar una risa.
―wow, primo, tantos años casado y sigues igual de arrastrado ―Piensa Neal con una sonrisa aunque luego se le borra al recordar algo importante.
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Archie llego a la habitación de Candy con una sonrisa amigable.
―Dorothy me dijo que me llamabas.
―Si… ―Dijo Candy con una sonrisa nerviosa―Tengo un favor que pedirte… veras, quiero mover este armario hacia este lado, ¿Me ayudas?
―Está bien, pero más tarde, ahora estoy…
―por favor ―Dijo Candy― Lo que sucede es que voy a tomar una siesta después.
Antes de que Archie hablara Candy tomo su mano y lo llevo hacia el armario.
―Es que ahora estoy ocupado ―Intenta explicar Archie nervioso
―Oh, ya veo ―Dijo Candy agachando la mirada― bueno… en ese caso disculpa.
―No… Candy, déjalo, te ayudo, somos amigos ―Dice Archie guiñándole el ojo
―Solo necesito que lo muevas hacia la ventana ―Pide Candy ensanchando su sonrisa.
―¿Estas segura?
―Si
Tardo cerca de diez minutos en mover el armario al otro extremo de la habitación.
―Se ve mal ―dice Candy fingiendo estar no muy convencida― En todo caso, mejor… devuélvelo a su sitio.
Archie agotado la miro y ella sonrió dulcemente como disculpa y él le devolvió la sonrisa.
―Si me sonríes así, como te voy a decir que no ―Piensa Archie mientras empuja el armario hacia el otro extremo.
―Ahora vuelvo, Archie ―Susurra Candy sin esperar respuesta.
La rubia baja las escaleras rápidamente y encuentra a Neal apoyado en una pared de la sala de espaldas a ella y no supo porque, pero entendió que estaba recordando los días en que vivió allí. Seria porque apreciaba las pinturas o miraba los detalles de la casa.
Neal se percata de su presencia y espera a que ella se acerque, ella extiende la mano y el moreno toma el collar.
―Gracias ―Dice Neal sintiéndose aliviado al sentir el contacto del collar en sus dedos.
Candy lo mira con recelo notando como sus ojos se iluminaron al ver el collar y lo guardaron en su bolsillo.
―Ya tienes tu collar, ahora yo te pido que no vuelvas a buscarme nunca mas
―Está bien ―Acepta Neal― no volveré a buscarte más.
Candy lo mira con recelo antes al darle la espalda para volver a subir las escaleras, por un momento se sintió mareada, ha de ser por el calor o por el encuentro pero no le hizo caso y siguió caminando.
―¿Estas bien?
―¿Te importa? ―Responde con molestia Candy.
―Si no me importara no te lo preguntaría ―Menciona Neal con voz suave.
―Eso no te incumbe ―Masculla Candy y el moreno rio al ver su expresión molesta poniéndola tensa, entonces Archie llega y se coloca delante de Candy de manera protectora.
―¿Qué haces aquí, Candy?
―Ah, baje para tomar un poco de té, antes de ir a dormir ―Responde Candy con una sonrisa nerviosa.
―¿Dónde está?
―¿Qué?
―Dijiste que bajaste a tomar un poco de te
―Oh, ya me lo tome ―Dijo Candy desviando la mirada― Bueno, me voy.
El par de caballeros observaron en silencio como la rubia subía las escaleras rápidamente. Archie mira mal a Neal.
―Como te decía, tampoco son negocios muy limpios que digamos y mis socios creen que ustedes se echaran para atrás algún día, por eso mejor rumbos separados.
―Creo que eso me lo pudiste haber dicho por teléfono ―Menciona Archie con semblante serio― Creo que viniste aquí solo para fastidiar a Candy
―Por favor, somos adultos ―Dijo Neal y Archie enarco una ceja
―Enserio, yo veo que sigues teniendo el mismo comportamiento de siempre.
―Contigo ―Aclara Neal― Supongo que a los Andley en general, pero a las mujeres, no les hago ni les digo nada malo, ese es mi limite, en fin primo, es una lástima ―Dice con una ladina sonrisa― Mis mejores deseos para ustedes, me voy.
Archie observo como Neal salía por la puerta seguido de George. Se le había quedado la imagen del moreno apoyado en la pared riendo y a la rubia cerca de él. Tenía que ver que Candy este bien cuanto antes. Así que se dispuso a subir las escaleras para ir a la habitación de la rubia.
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El moreno fue recibido por el mayordomo en la entrada y sin mirarlo entro a la mansión, escucho el suspiro de su mayordomo y claro, como olvidarlo, padre de su cuñado. Lo primo que vio al entrar es a su hermana con una expresión preocupada dirigida hacia el.
―Neal, tienes una cara... ¿Estas enfermo?
―Estoy bien, solo estoy cansado ―Masculla Neal con intenciones de seguir su camino hacia las escaleras, pero la mirada de su hermana le indicaba que esa conversación no había terminado.
―¿Tienes algún problema? Soy tu hermana, sé que estas mal.
―Ninguno, Elisa ―Dice Neal con voz neutra― No tienes de que preocuparte.
―Te conozco ―Elisa se acerca a su hermano para verlo a los ojos― Sé que algo te ocurre ¿Qué pasa?
―Hermana, no pasa nada, enserio ―Dice Neal con voz tranquila― Admito que estoy un poco estresado, pero eso es todo.
Elisa desvió la mirada dudando si decirlo o no.
―Daisy… me conto lo que paso en el baile de máscaras ―Musito.
Neal observo a su hermana sin saber que decir.
―Yo... sé que no debí ir, no quiero hablar de esto ahora, dame un poco de tiempo, no la estoy pasando tan bien que digamos para escuchar reproches ―Pensó observando a la castaña, pero no lo hizo, porque dudo que esa sería la reacción de ella, si fuera así estaría furiosa.
―Me gustaría que invites a Fiorella a cenar mañana, ya sabes, quisiera conocer a mi futura cuñada ―Dice Elisa nerviosa.
―¿Fiorella? ¿Qué tiene que ver Fiorella en todo esto?
―Sé que le pediste matrimonio y yo te veo mal, me imagino que estas así porque no se decide.
―¿Y si fuera así tu solución es invitarla a cenar? ―Menciono con sarcasmo.
―No como prometidos ―Aclaro Elisa― Como amigos, no tiene nada de malo...
Neal suspiro al entender que lo que en realidad quería Elisa era saber cómo era la pelirroja.
―No creas que no me importas ―La voz de Elisa era suave, casi comprensiva― Te vi mal esa noche, así que hoy la visite, me dijo que bien es por Fiorella o por una de sus anfitrionas con la que bailaste, si es la anfitriona... creo que deberías esperar a Fiorella, una anfitriona no es para ti, no puedes darle nuestro estatus.
El moreno se acercó a su hermana y le acaricio la mejilla, ella sonrió confundida.
―Elisa, no quiero tener esta conversación ―Murmuro Neal― Estoy cansado.
―Está bien ―Cedió con voz cansina― Ya no te molesto más.
―Gracias.
―Hermano, no te molestare más con ese tema, pero me dijiste que hoy ibas a hablar con el idiota de William, ¿que...
―Todo cancelado ―Dijo Neal irritado― No confió en ellos así que no seremos socios.
―Pero quedamos en que los ibas a persuadir ―Dijo Elisa nerviosa por el repentino cambio de actitud de su hermano.
―Mañana hablamos ¿Si? Buenas noches ―Dijo Neal tratando de suavizar su voz, pero claramente no lo logro, sonó cortante pero no tenía ganas de hablar con su hermana. Elisa parpadeo sorprendida y el subió las escaleras para dirigirse a su habitación.
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Candy se encontraba echada en su cama mirando al techo, su esposo no llego hoy afortunadamente, claro que lo extrañaba y hace unos días anhelaba tenerlo entre sus brazos, pero no, temía el momento en que regresaba.
Intento detener los recuerdos del baile, pero aparecieron en su cabeza de un momento a otro.
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Cuando vuelven a quedar cerca, saca de su manga la flor de papel y la coloca en su oreja, la rubia sonríe dulcemente, siente que su corazón late como loco. Se dejó guiar por el moreno, el mira la profundidad de los ojos verdes de la rubia, tan parecidos a los de su amor imposible de hace muchos años.
Él se acercó a la rubia con la intención de besarla, entonces ella retrocedió pero sin dejar de sonreír hasta que sintió que su espalda choco con la pared. El moreno apoyo una mano en la pared y termino la distancia entre los dos presionando sus labios contra los de la rubia. Candy siente sus mejillas enrojecer y trata de empujarlo con ambas manos pero termina sujetando los hombros del moreno.
Se separaron apenas un poco, mirándose fijamente, con la respiración entrecortada. La rubia tenía una expresión de deseo que nunca antes había tenido. Sentía que sus piernas temblaban y un ligero mares. Se agarró de la solapa del caballero. Él le susurro si se sentía bien con voz ronca.
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No pudo derramar ni una sola lágrima, pero se sentía abatida, enojada con él y con ella misma, se había dejado seducir por los ojos de alguien desconocido. Si le hubiera pedido que le acompañe al infierno probablemente ella lo hubiera seguido.
Suspiro al recordar esto y se acomodó a un lado para dormir.
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El moreno se encontraba echado en su cama, observar el collar de moneda entre sus manos. Su expresión se suavizo al recordar como obtuvo ese collar
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Ocurrió el último día de clases de su primer ciclo en la universidad, fue agotador pero ya había terminado. Pensó seriamente en dejar de estudiar, porque le enseñaban mucha teoría y en este momento le importaba más aplicarlo a su trabajo. Le costó admitirlo al principio, pero ahí estaba, asistiendo a clases día a día para ver pasar a una pobre becada de la que se había enamorado. Tomo la mano de su novia para caminar juntos hacia un banco para sentarse, ignorando las miradas de los demás. Y ella le sonrió débilmente.
La frágil joven le conquisto con su amabilidad, su mirada dulce y por supuesto, sus deliciosos platillos, su cercanía era especial, ella lo entendiera sin palabras, sabia como se sentía solo con mirarlo o tocarlo, se preocupaba y cuidaba de él, así que decidió cuidar de ella también, era una conexión muy fuerte que no quería perder nunca, podía ver su alma a través de sus ojos. Antes de llegar al banco ella se detuvo y el volteo para verla y antes de que le pregunte si pasaba algo ella se sacó un collar que siempre traía en su cuello y le rodeo el cuello con sus brazos para colocárselo a él.
―Como... te vas a Florida, quería darte algo ―Dice nerviosa y con un ligero rubor en sus mejillas― Espero que te guste.
Tomo el rostro de la joven y la beso, sintió como le devolvió el beso con timidez, tubo la intención de estrecharla aún más hacia el pero no lo hizo, no queria asustarla, cuando se alejaron aprecio el rostro de su novia, lo miraba con los ojos brillosos llenos de ilusión, nadie lo había visto de esa manera y al notarlo se dio cuenta que ya no tenía que seguir buscando, era ella.
―Es mi moneda de la suerte, mi padre me la dio así que es valioso para mí ―Murmura agachando la mirada― Quiero dártela a ti, para darte buena suerte en tus negocios.
―Gracias ―Neal la miro a los ojos― Creo que mientras este en Florida, tomare la moneda fuerte y pensare en ti.
Ella simplemente le sonrió y tomo su mano para sentarse en el banco.
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Al pensar en ese beso no pudo evitar suspirar, pero su mente lo llevo hacia otro recuerdo. Mientras el sigue contemplando la moneda.
Él se acercó a la rubia con la intención de besarla, entonces ella retrocedió pero sin dejar de sonreír hasta que sintió que su espalda choco con la pared. El moreno apoyo una mano en la pared y termino la distancia entre los dos presionando sus labios contra los de la rubia. Candy siente sus mejillas enrojecer y trata de empujarlo con ambas manos pero termina sujetando los hombros del moreno.
Se separaron apenas un poco, mirándose fijamente, con la respiración entrecortada.
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―Fue una locura ―Dijo Neal en voz alta.
Y sonrió, a pesar que probablemente ella le odie y no lo quiera ver nunca más.
―Ya tienes una vida y con quien compartirla ―Dijo Neal― Pero hace mucho que no volvía a sentir esto.
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Él se acerca al rostro ruborizado de la rubia hasta que su nariz rozo la suya. Y ella tenía la misma expresión llena de deseo que tenía en el baile. De un rápido movimiento, Candy le quita la máscara dejando que cayera a un lado de la cama.
―¿Estas segura? ¿Quieres que me vaya?
La rubia observo el rostro del caballero ahora sin mascara, brillo una expresión atractiva. Quiso llevar una mano hacia el pero no lo hizo.
―No ―Susurro con una media sonrisa. Ambos se acercaron al mismo y se besaron. Se perdieron en el momento, era como si todo transcurriera en cámara lenta. Pero nada importo en ese momento, solo profundizaron más el beso.
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Neal suspira, se acercó porque pensó que se parecía y resulto que era ella, Candy White. Debió pensarlo mejor, pero no podía borrar nada, ya estaba hecho.
Se acomoda en la cama para dormir.
-Y volvi a sentir lo mismo por ti, no podria estar peor -Piensa Neal antes de cerrar los ojos dispuesto a dormir.
Bueno amigos, prometí subirlo en un par de días pero me tarde un poco más, creo que es el más extenso que escribí, no creerían que al inicio era el más corto xD, pero está bien así. ¿Qué dicen? ¿Es el último encuentro?
Me encantan sus conclusiones y a decir verdad, algunos le atinan xD
Lo que está en cursiva son flashback, espero no haber abusado de ellos. Me tarde un par de horas eligiendo el titulo, al inicio estaba entre dos "Pensando en el enemigo" o "De nuevo, enemigos" ¿Cuál creen que hubiera sido mejor? xD
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