Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Stephenie Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.
Chapter 13:
Best Friend
A.
Alice fue la primera en advertir su presencia. Lo supe por la forma en la que se quedó observando un punto fijo tras el follaje, aunque, como era de esperarse, mis sentidos humanos no me permitieron vislumbrar nada más que vegetación en medio de la oscuridad de una noche silenciosa. Alice estaba frente a mí dándome la espalda, y si bien su postura mostraba serenidad, la ligera tensión en su cuello me confirmó su estado de alerta.
—Pertenezco a la familia de Carlisle Cullen. Soy Alice Cullen —su voz sonaba neutra y cantarina, casi cordial—. No tengo intenciones de permanecer en el pueblo por mucho tiempo, sólo he venido de visita. Por mi parte, el acuerdo que sellamos con Ephraim Black sigue en pie.
Escuché el sonido de las hojas removerse y después de veinte segundos que parecieron eternos, un hombre apareció desde las profundidades del follaje. Encontrándose a muchos metros de distancia, me costó bastante difícil reconocerlo, pero a medida que se acercaba lo identifiqué como Sam Uley. Ya no era el mismo chiquillo de veintiún años que recordaba vagamente, sino un hombre de cuarenta y tantos años. Pero yo ya lo conocía. En más de una ocasión había charlado con él en la cervecería, pues era uno de los mejores amigos de Jacob.
Se detuvo más o menos dos metro de nosotras. Durante todo el trayecto sólo había mirado a Alice, pero cuando tosí, giró la cabeza para observarme con la confusión plasmada en su rostro.
—Hola Alba —saludó cortésmente, elevando la voz.
—Hola Sam —contesté sin más. No se me ocurría ni una sola forma para explicar los motivos por los cuales me encontraba colgada del brazo de una vampira.
—¿Asumo que estás al tanto de la… situación? —preguntó, refiriéndose claramente a la naturaleza de ambos. Noté la advertencia en su mirada, y comprendí que estaba buscando cualquier excusa para llevarme lejos.
—Estoy enterada de todo. Alice es mi amiga.
Pareció bastante sorprendido por mi atrevimiento, pero asintió con la cabeza. Dirigió su mirada nuevamente a Alice.
—Vinimos preparados para intervenir porque nos pareció sospechoso encontrar a… uno de ustedes a solas con esta chica —capté la amargura contenida en su voz—. No reconocí tu rastro y por lo tanto no supe que pertenecías al clan de los Cullen, han pasado muchos años. No atacaremos mientras que se respete el acuerdo y ningún humano sea herido.
—El acuerdo se mantiene —confirmó Alice tranquilamente—. Nuestro estilo de vida es el mismo. No represento ningún peligro para Alba.
—Entonces, creo que eso es todo. Estaremos vigilando.
Y sin más que agregar, se dio la vuelta y regresó por donde vino. Durante un minuto Alice y yo permanecimos en silencio, observando el espacio vacío en el que estuvo Sam segundos atrás, hasta que la insté a adentrarnos nuevamente a la casa.
La frustración de Alice fue súbita desde el momento en el que cerré la puerta.
—Todo estará bien —la calmé, dejándome caer en el sofá.
Me lanzó una mirada indescifrable.
—Bastante irónico, tomando en cuenta quien lo dice. Luces agotada.
Me encogí de hombros, indiferente. La tensión de esta tarde me había arrebatado toda la energía.
—Creo que deberías ir a dormir —agregó.
—No quiero —admití con desasosiego—. Tengo miedo de que desaparezcas una vez que despierte.
—No voy a desaparecer, Alba —juró Alice, con voz dulce y acaramelada—. Estaré aquí hasta que podamos… poner en orden las cosas. ¿De acuerdo?
—Está bien —asentí, levantándome del sofá—. Iré a darme una ducha, entonces. Puedes esperar en mi habitación mientras vuelvo, siéntete en casa.
Me sorprendió la naturalidad con la que conversaba con ella, como si se tratase de la más común de las circunstancias. Consideré la posibilidad de que todavía no había superado el shock de su aparición.
La escuché acompañar mis pisadas mientras me seguía. Me percaté de su mirada curiosa barriendo cada rincón de la habitación mientras yo buscaba ropa interior limpia. Finalmente, la vi sentarse elegantemente sobre una esquina de mi cuarto cuando cerré la puerta y me metí al baño.
Antes de entrar a la ducha, me tomé mi tiempo para meditar, suponiendo que Alice entendería. La fría baldosa de la pared del baño era lo único que me indicaba que estaba consciente, que no había enloquecido. O al menos, eso creía. Aunque no lograba identificar mi posición en el mundo sin sentirme como una lunática.
No tenía idea de cuál era la forma más sensata de actuar o cómo sentir. Necesitaba descubrir cómo proceder de ahora en adelante. De alguna inexplicable manera, conservaba recuerdos que no me pertenecían en esta vida pero que definitivamente eran parte de mí. La textura de los mismos era tan vivida y real que me era imposible negar que no los había experimentado. La fluidez en la que reparaba que mi actual cepillo naranja era más bonito que el azul cielo que solía usar cuando me mudé a Forks en 2005, que ahora prefería usar cobijas en vez de edredones, o que ahora acostumbraba a dormir con peluches en mi cama cuando anteriormente jamás se me hubiese pasado por la cabeza, era simplemente impresionante. Acceder a las vivencias de mi vida pasada resultaba automático, natural. Los recuerdos simplemente estaban ahí, conmigo, como si nunca se hubiesen ido.
Al cabo de veinte minutos decidí que era hora de ducharme. Por primera vez en mi vida, tocarme a mi misma resultó una experiencia nueva. Mientras me limpiaba con jabón, entendí las proporciones de mi cuerpo y pude discernir las diferencias entre mi actual apariencia física y la de mi otro cuerpo. Mi piel no era tan blanca como la de Bella, pero casi. Podía entender que era más bajita que antes, que mi cintura era más estrecha y mis hombros probablemente más pequeños. Mis pies eran más grandes, eso sí, pero apreciaba con más cariño el aspecto perfilado y alargado de mis piernas, producto de años de entrenamiento en la danza. Mi busto no era tan grande como antes, pero es comprensible cuando sólo se pesan cuarenta y nueve kilos. Siempre me molestó no ser más alta, por lo que descubrir que en otra vida gocé de más estatura, así sea por unos pocos centímetros, me hizo sentir celosa.
Me pareció imposible no detenerme frente al espejo sobre el lavamanos para continuar con el estudio. Mi rostro contaba con más pecas que antes. Mi labio superior ya no sobresalía, sino que ahora encajaba perfectamente con el de abajo, otorgándome una boca de labios simétricos y un poco más delgados. Mi nariz era considerablemente más grande, detalle que toda la vida me había perturbado. Mi mentón no era tan puntiagudo y mis cejas eran más finitas.
Una tristeza enorme me inundó cuando discerní que lo único que conservaba de mi anterior vida eran mis ojos marrones.
Encontré a Alice mirando aburridamente un canal de famosos en la televisión cuando regresé de mi larga ausencia, disimulando que no estaba a punto de desmayarme.
—Te dejaré para que te cambies —acotó ella, comenzando a levantarse.
—No te preocupes. Ya estoy casi vestida —me deshice la toalla y señalé mi delgada camiseta blanca y la ropa interior.
Noté su mirada fascinada cuando me incliné para remover entre mi gaveta por un nuevo pijama. Extraordinariamente calmada por su presencia, proseguí rápidamente con mi habituada rutina, aplicándome crema humectante, desodorante, vistiendo el pijama y desenredando tiernamente el cabello húmedo. En búsqueda de unos pocos segundos de normalidad en mi vida, intenté no pensar rotundamente en nada para no recaer de nuevo.
La sentí situarse a mi lado después de un rato, observando con curiosidad los objetos sobre mi peinadora.
—Sé que las cosas han cambiado —comenzó a decir, bajando la voz—. Al fin tenemos algo en común. Ahora resulta que si te tomas la molestia de vestir bien y conservar un impecable manicure —señaló, tomando una de mis manos para acariciar el esmalte—. He husmeado en tu guardarropa mientras no estuviste. Espero que no te importe —suspiró—. En fin. Eres diferente, muy diferente. Pero por más absurdo que parezca, incluso para mis estándares, algo me impulsa a quererte. No importa cómo seas. En el fondo, sigues siendo Bella.
Las esquinas de boca se estiraron en una sonrisa, y no pude aguantarlo más, su discurso me rompió en pedazos. Me puse a llorar desconsoladamente sobre su regazo.
—Ya, ya, todo estará bien, Alba —me arrulló dulcemente, dando suaves palmadas en mi espalda.
—Siento que en cualquier momento me voy a desvanecer. No sé cómo lidiar con esto —gemí, golpeando el colchón con los puños—. Mágicamente y en tan solo unos minutos, extraño a unos padres a quienes jamás he conocido. Estoy enamorada de un hombre a quien nunca tuve el gusto de tocar, y todo a causa de recuerdos, Alice. Recuerdos. No me queda nada más que los recuerdos. Porque en realidad, lo perdí todo cuando decidí arrojarme de ese acantilado.
—El hecho de que estés aquí demuestra que eso no es cierto.
—¿Y qué pasa si no soy ella? —me pregunté casi a mí misma, horrorizándome ante la posibilidad—. ¿Y qué si ella al morir me transfirió su vida? ¿Y qué si nada de esto me pertenece en realidad?
—Eres tú, Bella —insistió Alice, luciendo agotada—. Porque, de otra forma, jamás hubiese conectado contigo. Mira tus ojos. Mira la forma en la que me recibiste.
—Puede que tengas razón —acepté, secando mis lágrimas con la manga del pijama—. Pero no puedo evitar sentirme horrible. Es decir… son estas dos vidas interactuando juntas. Puedo sentirlas, son parte de mí, yo soy todo eso. Pero es tan… abrumador.
—Duerme —me empujó suavemente sobre la cama, arropándome—. Prometo que mañana aclararemos todo.
El sonido se su voz se fue apagando conforme me acariciaba el cabello. Me dormí antes de que pudiera determinar si ya se había marchado.
…
En mi sueño, nos hallábamos sentados uno frente al otro sobre mi suave colchón, tan juntos como él nos lo permitía. Su aliento me mareaba.
—¿Estás lista para dormir, o tienes alguna pregunta más? —había inquirido él.
—Sólo una o dos millones —respondí, sofocada con su cercanía.
—Tenemos mañana, y pasado, y pasado mañana….
La perspectiva me hizo sonreír.
—¿Estás seguro de que no te vas a desvanecer por la mañana? Después de todo, eres un mito.
—No te voy a dejar —juró, y su voz llevaba la importa de una promesa.
Me desperté llorando. A diferencia de otras ocasiones, esta vez sí pude distinguir la veracidad del sueño. Era un recuerdo. Esa fue la primera vez que Edward me prometió que nunca me abandonaría, aquella noche en mi habitación, a escondidas de Charlie. Fue el mismo día en qué decidió mostrarme su aspecto vampírico a la luz del sol, el mismo día en el que me confesó su amor por mí, el día en el que me besó por primera vez…
Sofoqué un grito en la almohada, recordándome a mi misma que ya nada de eso importaba. Edward siguió adelante, Charlie siguió adelante.
Yo seguí adelante.
Arruinaste tu vida entera. Ya no puedes devolver el tiempo. No queda nada por hacer.
Mientras me ajustaba a la luz del día, me percaté de la ausencia de Alice. Para mi suerte, conseguí una nota con perfecta caligrafía sobre mi mesa de noche justo a tiempo para que mi corazón no se paralizara de un infarto.
Volveré después del mediodía.
A.
Respiré, más aliviada. Aunque no se me ocurría a donde pudo haberse metido. No me pareció que estuviese muy sedienta anoche. ¿Habría ido de caza?
Me asomé al cuarto y comprobé que mamá estaba dormida. Seguramente había vuelto en la mañana, agotada de su turno nocturno.
Al colmo de llorar, me entraron unas descomunales ganas de despertarla y tomarla en mis brazos para jurarle que jamás la dejaría, segura de que sería incapaz de cometer el mismo error dos veces. Ya era suficiente con haber perdido una madre, y no podría soportar perder también a esta.
Más no hice nada. Cerré la puerta con cuidado y bajé a la cocina para prepararme el desayuno, llorando durante todo el proceso de freír los huevos y servirme leche. No quedaba absolutamente nada de mí ahora más allá de una cáscara vacía, un simple disfraz de mi verdadera existencia.
Yo era nadie.
Escuché golpes en la puerta de la cocina y di un respingo. Al abrirla, me esperaba Jacob Black.
—Vístete. Tenemos que hablar. Ahora —su voz estaba salpicada de amargura, su mirada fría como un témpano.
Me sentí empalidecer, pero no me lo pensé dos veces. Corrí a mi habitación, me enfundé de unos pantalones, un suéter, mis botas y mi chaqueta. Cuando regresé, Jacob me tomó del brazo y me sacó de la casa sin que yo pudiera decir ni pío. Me obligó a entrar a su auto y arrancó sin mirar atrás.
—¿A dónde se ha ido Alice Cullen? —masculló sin apartar la mirada del volante. Tenía las manos tan tensas que pensé que las venas le reventarían.
—No lo sé —murmuré, con voz temblorosa—. Dijo que volvería más tarde.
—¿De verdad lo sabes, Alba? ¿Sabes qué es ella…?
—Vampiro —lo interrumpí, absorbiendo su mirada estupefacta—. Lo sé todo, Jacob.
Gruñó, más no dijo nada el resto del camino. Sólo siguió conduciendo.
Mientras tanto, me dediqué a observar el paisaje a través de la ventana para no llorar. Su presencia, lejos de ser tranquilizadora, no hacía más que desestabilizarme, porque todavía no estaba lista para lidiar con nada de mi pasado. Estaba segura de que mi corazón latía tan deprisa que lo escucharía con suma facilidad.
Se detuvo a unos pocos metros de la cervecería, la cual me extrañó que estuviese cerrada. Me ayudó a salir del auto y me arrastró hacia adentro, cerrando la puerta en el proceso.
Recordaba con impresionante claridad lo que conllevaba irritar a un hombre lobo, lo había visto en el desfigurado rostro de Emily, la esposa de Sam. Anteriormente, aquél conocimiento no me impidió seguir actuando con la misma terca imprudencia que condenó mi vida, pero las cosas habían cambiado. No volvería a ser tan estúpida, no de nuevo.
—Salgamos de aquí. No quiero que me hagas daño —le exigí, en tono calmado. Él se volvió con el horror plasmado en su rostro.
—Alba, cielos, no. Sabes que sería incapaz de tocarte. Te traje aquí porque necesito un lugar donde podamos conversar en privado, no encontré otro sitio más oportuno. La playa es muy… pública.
—No me refiero a eso —aclaré, exhalando del cansancio—. No me molesta estar aquí contigo, sé me trajiste a La Push porque es el único sitio donde puedes protegerme. Sé que no me harás daño, pero no conscientemente, al menos. Lo que pasa es que estás enojado y temo que entres en fase aquí mismo y me lastimes. Sé que eres un licántropo. También sé sobre la manada.
Su boca se abrió del asombro y se quedó ahí, colgada.
—¿Cómo…? ¿Cómo sabes...? —sacudió la cabeza, alejándose de mí para concederme espacio, comprendiendo mi incomodidad—. No te haré daño, estoy bajo completo control. Pero eso lo podemos dejar para después —sus ojos se endurecieron—, ¿qué coño estabas haciendo tú con una de los Cullen?
—Alice es mi am…
—Sí, "tu amiga". Eso fue lo que dijiste. ¿Qué carajos quiere contigo?
—Yo… no puedo decírtelo…
Jacob dio dos grandes pisadas en mi dirección y se detuvo frente a mí, retándome con la más peligrosa de las miradas. Sus dos metros de altura me encogieron en mi sitio.
—Podemos estar en este jueguito todo el santo día, honestamente no me importa. No te vas a ir de aquí hasta que me expliques todo. ¿De dónde la conoces?
Me le quedé mirando al borde de un ataque de nervios, porque Jacob ya no era el mismo niño despreocupado y radiante del pasado. Los recuerdos que conservaba de él eran viejos y obsoletos. Lo único que sabía era que me encontraba a menos de un metro de un hombre distinto y su deber ancestral de resguardar a su pueblo, y aquello incluía a una hija y una esposa a las cuales proteger. Ante menudo cambio de panorama, intuía que él no dudaría dos veces en lastimarme si me consideraba potencialmente peligrosa para su familia.
Si las cosas se salían de control sabía que lucharía por mi vida, que buscaría la forma de enterrarle algo en la cara o algo así. Pero si un vampiro podía morir a causa de un hombre lobo, ¿que esperanza quedaba para mí?
Envolví mi torso con mis brazos. Tenía ganas de vomitar.
—Yo… apenas la conocí ayer…
—No me jodas, Alba —amenazó él, sacudiendo la cabeza—, no se te ocurra mentirme y mucho menos en mi cara. Sabes que no es la primera vez que ese chupasangre viene a visitarte.
—¿De qué estás hablando?
—Hablo de aquella tarde que fui a tu casa. Te pregunté si te habías topado con algún extraño y me dijiste que no conocías a nadie. Tu casa estaba impregnada de su maldito rastro y aun así te creí, consciente de lo improbable que era que justamente tú estuvieses involucrada con uno de ellos.
—Espera un segundo —lo interrumpí—, ¿Alice ya ha estado aquí antes? ¿En mi casa?
Jacob frunció el entrecejo, tan perdido como yo.
—¿Me estás diciendo que no lo sabías?
—No… —susurré, empezando a sentirme mareada—. La vi ayer por primera vez…
Experimenté el pinchazo de la traición y mis ojos se humedecieron de rabia. ¿Por qué Alice me ocultaría una cosa como esa? Ella me había dicho el día anterior que era la primera vez que hacía contacto conmigo, que jamás me había localizado antes. ¿Sabía de mi existencia y aun así nunca se molestó en aparecer? ¿Qué la motivó a mentirme de ese modo? ¿Acaso nunca estuvo en sus planes conocerme?
—Alba —me llamó Jacob, atrayendo nuevamente mi atención—. Ya basta. Necesito que me digas la verdad. ¿Cómo es qué sabes todo esto?
Negué con la cabeza, permitiendo que las lágrimas se desbordaran libremente.
—No me creerías de todos modos —asumí, con voz quebrada.
—Dímelo —demandó, suavizando su postura—. Tienes que decirme qué está pasando.
Sofoqué mis lamentos con las manos al cubrirme el rostro, dándome por vencida. No podía soportarlo más. Sus cálidas manos me obligaron a apartarlas, parecía preocupado hasta la médula por mi súbito ataque de llanto.
—¿Por qué estás llorando? ¿Esa cosa te lastimó? ¿Estás bajo amenaza?
—Nadie me lastimó. Yo misma me he hecho esto —me aparté de él—. Lo siento, Jake. Lo eché a todo perder.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué echaste a perder?
—Todo. ¡Lo arruiné todo! Era demasiado terca, demasiado obtusa, y no te hice caso. Me arrojé de ese acantilado aun cuando me pediste explícitamente que te esperara. Debí esperarte. Lo siento tanto.
Ladeó la cabeza, arrugando la cara en desconcierto.
—No sé a qué te estás refiriendo. Yo jamás hablé de eso contigo.
—Puede que no conmigo —lo miré desde el suelo—, pero si con Bella.
El movimiento de su pecho se detuvo.
—Fui a buscarte ese día —proseguí—, pero no te encontré. Fue Billy quien me dijo que te habías ido.
—¿Qué? Alba, mi padre murió hace más de diez años.
—Me dijo que la manada había encontrado un rastro de Victoria y tú fuiste a ayudarlos. Me habías prometido que ese día me enseñarías a hacer salto en acantilado y como no estabas decidí hacerlo sin ti. Fue el peor error que pude cometer, y ahora estoy pagando por culpa de esa decisión.
—¿Victoria? —sus ojos se abrieron, antes de entrecerrarlos con una amenazante sospecha—. ¿Quién te dijo eso? ¿Cómo sabes de eso?
—Lo sé porque yo estuve ahí —me puse en pie—. Lo sé porque… bueno, porque cargo con su espíritu, porque soy Bella. Nací el mismo día que ella murió. He soñado contigo desde que te conocí. Ahora sé que eran recuerdos de nosotros, de cuando éramos amigos.
Su respiración se convirtió en un jadeo violento y llevó una de sus temblorosas manos al pelo.
—Te estás pasando, niñita. No sé qué crees que consigues jugando con esto y ciertamente no me interesa saberlo. Vine a lo que vine.
Dejé salir un grito frustrado y acorté la distancia entre ambos. Mi cercanía lo disgustó, pero yo no ablandé. No podía perder su atención ahora que la había obtenido. No estaba dispuesta a esconder el secreto, no de él.
—Te busqué para que me ayudaras a reparar unas motocicletas que no eran más que chatarra. Duramos más de un mes reparándolas. Me ayudaste cuando más necesitaba de alguien, cuando Edward me abandonó. Me salvaste de Laurent, el vampiro que me acorraló en aquél prado en medio del bosque. Me protegiste de Victoria, quien quería asesinarme por venganza. Incluso, cuando intentaste apartarme de tu vida, me protegías. De ti, de tu secreto, del peligro que conllevaba. Siempre estuviste preocupado de mi seguridad.
—¿Quién te dijo eso? Fue ella, ¿verdad? ¿Fue ese chupasangre? —gritó, enloquecido—. ¿Cómo sabe ella de todo eso? ¡¿Qué quiere de nosotros?! ¡Di la verdad!
—¡Alice no me ha dicho nada! ¡Te estoy diciendo la verdad! —grité a mi vez, con voz desgarrada—. ¡Soy Bella! ¡Nos conocemos desde niños!
—Nada de lo que me dices es posible, Alba, Bella está muerta.
—¡No, no lo está!
—¡Si lo está! ¿Y sabes cómo estoy tan seguro? ¡Porque fui yo quien la sacó del agua! Permanecí más de media hora tratando de reanimarla, pero era tarde. ¡Estaba muerta!
—Jake… —solté un sollozo. No sólo había arruinado mi vida, sino también parte de la suya—. Lamento haberte hecho pasar por eso. No sabes cuánto lo siento.
—No me has hecho pasar por nada de eso porque tú no eres ella —odio puro destilaba su mirada.
—¡Sí lo soy¡ ¿Te acuerdas de aquella salida al cine con Mike Newton? Yo sí, y con más claridad de la que merezco. Recuerdo que te acercaste para abrazarme, pero yo me alejé porque estaba demasiado jodida. No quería dejar entrar a nadie, ni si quiera a ti, y sin embargo, me prometiste que no te rendirías. Que lucharías por mí. ¿Acaso ya lo olvidaste?
Jacob empalideció de tal forma que pensé que se desmayaría, y comenzó a temblar, pero no de rabia. Era miedo. Estaba tan asustado que casi se cae de espaldas cuando extendí el brazo en su dirección.
—También cuando entraste a hurtadillas a mi habitación aquella noche. Pensé que Sam era el culpable de que te hayas alejado de mí, que decidieras que no deberíamos salir más. Te propuse escapar juntos —mi pecho se retorció—. No quería que sufrieras, te pedí que tomáramos nuestras cosas y huyéramos de nuestras casas, pero me dijiste que estabas atado de por vida a tu misterio. Pero tu lealtad te prohibía decírmelo, yo tenía que adivinarlo todo a través de las leyendas quileute que me contaste cuando fui con mis amigos del instituto a La Push, ¿recuerdas? Apenas acababas de cumplir quince años y no creías ninguna de esas leyendas. Estabas enojado con tu padre por obligarte a seguir todas esas supersticiones.
"Te arrastré lejos del grupo y te pregunté por qué los Cullen no se acercaban a la reserva e hice que me contaras sobre "los fríos". ¡Gracias a eso también descubrí quien eres tú! Por eso fui a buscarte al día siguiente de tu visita. ¡Pensaba que eran ustedes los lobos, los responsables de las desapariciones! ¡Que los habían matado! Te echaste a reír cuando te lo dije. Pero luego me confesaste su verdadero propósito: eliminar a los vampiros. Pero los Cullen fueron la excepción. Ellos eran diferentes. Por eso acordaron jamás atacarlos mientras ellos no se acercaran a la reserva.
"Después te conté sobre ellos y sus dones, y tu me confesaste la capacidad de los licántropos de leer la mente del resto de la manada cuando entraban en fase. Te conté que Victoria quería matarme porque Edward mató a su pareja, y luego me llevaste a conocer a Emily y al resto de la manada. Fue el día que... ¿Paul? Perdió el control, que terminaron peleándose —hice una pausa, pensando—. Emily había preparado panecillos...
—¿Cómo puedes saber eso? —cuestionó con desconcierto, sus ojos brillantes.
—Porque soy Bella —le sostuve el rostro, fijándome en sus pupilas. Mi voz titubeaba a causa de las lágrimas—. Siempre tuve el presentimiento de que te conocía más de lo que debería. También estuve enamorada de ti, como un flechazo a primera vista —confesé, sin dejar de mirarlo—, y ya entiendo por qué lo hice. Fuiste mi mejor amigo, ni si quiera la muerte me quitó el cariño que siento por ti. También sé cómo me miras desde que nos conocimos, como si estuvieses buscando algo, como si tuvieses un presentimiento. También recuerdo como me miraste cuando estábamos en la cocina. Tus ojos me traspasaron de tal forma que pensé que iba a desaparecer. Siempre tuvimos una conexión. ¿Fue por Bella, verdad?
Jacob tragó saliva, nervioso.
—Yo… no había pensado en Bella en años hasta que te entrevisté por el puesto. Todo en ti me resultaba familiar y no podía quitarme esa idea de la cabeza. Pero eso es todo. No significa nada.
—Significa que tengo razón. Por favor, ¡tienes que creerme! —insistí, sosteniendo sus hombros.
—Pero, ¿cómo? —cuestionó, mirándome como si hubiese perdido la cabeza—. ¿Cómo hacerlo? Todo lo que me dices es imposible.
—¿Recuerdas cómo jugábamos? Solíamos competir por quien tenía mayor edad que el otro. Al final te concedí muchos años más porque pudiste reparar las motocicletas. ¿Te parece que me inventé eso?
Sacudí la cabeza, frustrada, con las lágrimas escurriendo por mis mejillas. Los hombros de Jacob se relajaron conforme me observaba. Y entonces, cayó de rodillas a mis pies, como si su espíritu se hubiese desplomado.
—Soy Bella —murmuré, arrodillándome frente a él—, por eso le he temido al agua toda mi vida. Por eso nos llevamos tan bien. La conexión que tenemos se remonta a mucho más que unos meses. Eres mi mejor amigo. Por favor, Jake…
Jacob alzó la mirada y escrudiñó mi rostro en busca de algo que yo no podía identificar. No supe discernir cuánto tiempo permanecimos inmóviles, mirándonos el uno al otro, con el único sonido de mis sollozos.
Flexionó su brazo para acariciar lentamente mi mejilla, sin dejar de estudiarme.
—¿En verdad eres tú?
—Sí —afirmé, colocando una mano a un lado de su cara.
—Se supone que estás muerta.
—Lo sé. Pero aquí estoy.
De su pecho brotó un gemido ahogado y entonces me tomó en brazos, antes descargar su llanto sofocado sobre mi hombro.
—Perdóname —lloró con voz rota, estrechándome con fuerza—. Perdóname por no haber estado ahí para ti. Perdóname por haberte fallado. Nunca debí dejarte sola. Por favor, perdóname, perdóname…
Dentro de mí, algo se rompió.
Jacob no me decía nada de esto porque al fin me había creído, en lo absoluto. No necesitaba que yo lo perdonara; necesitaba perdonarse a sí mismo. Estaba presenciando la dolencia de un hombre que sólo buscaba redimirse y ser libre, tras haberse culpabilizado durante tantos años. Sabía que nada de esto era su culpa. Sabía que le mentiría si me atrevía a seguirle la corriente, pero lo que yo pensaba no importaba. Se lo debía.
—Tranquilo, tranquilo. Te perdono, Jacob.
Él no respondió. Envolví como pude su enorme cuerpo con mis brazos, y durante la siguiente hora, nos permitimos llorar por todo aquello que perdimos.
…
Me desperté con una considerable jaqueca y un doloroso hambriento y estómago. Eran la una de la tarde en el reloj de pared que se hallaba a un lado de la barra, y yo todavía no había desayunado. Me encontraba sentada en el suelo y con la espalda apoyada en la pared, con la mitad del pesado cuerpo de Jacob dormido sobre mis piernas. Eso explicaba todo mi entumecimiento.
Con mucho cuidado, me removí para zafarme de su agarre. Jacob estaba tan noqueado que no sintió el momento en el que deposité cuidadosamente su cabeza sobre el suelo. Sabía que no era lo más apropiado marcharme sin notificarle, pero necesitaba hablar con Alice lo más pronto posible y exigirle una explicación por haberme mentido. Decidí que un mensaje de texto sería suficiente.
No obstante, mi escape no resultó como esperaba. El brazo de Jake me detuvo cuando estaba a dos pasos de salir por la puerta. El corazón casi se me sale del susto.
—¿A dónde vas? —cuestionó, con voz preocupada.
—Necesito encontrar a Alice —contesté, esquivando sus ojos—. Necesito explicaciones.
—¿Volver con ella? ¡¿Acaso perdiste la cabeza?!
Fruncí el ceño ante su inminente cólera. Su rostro estaba distorsionado por la ansiedad.
—No me hará daño —aseguré.
—No quiero que te mueras otra vez.
Mi optimismo se iluminó.
—¿Me crees, entonces?
—No… lo sé —admitió, torciendo el gesto—, honestamente no sé qué pensar. Sólo no quiero que te lastimen.
—Bien —contesté, fingiendo que su incredulidad no me dolía—. Ya que no me crees, entonces me voy. No desperdicio más tu tiempo.
Jake me asió con fuerza del brazo y me empujó hacia él.
—¡No, no no no, no! Bella, por favor —suplicó, sus ojos hundidos de la pena—. No te vayas, ¡por favor!
No respondí. Estaba demasiado sorprendida.
—¿Cómo me explico la confusión que siento? ¿Cómo me explico que cuando te veo a los ojos, siento que vuelvo a ser aquél torpe y necio chiquillo de dieciséis años? ¿Que cuando sonríes, estoy viendo a Bella? Desde que te conocí, no he hecho más que pensar en Bella, en lo mucho que me recuerdas a ella. No tiene ningún sentido, y aun así, no dejo de compararlas. Por todos los cielos, Alba, ¿cómo no creerte, cuando siento que te conozco desde antes de que nos viéramos por primera vez? Sí, te creo —aceptó, sosteniendo mi rostro con el tacto de una pluma—. Esto es increíble, absurdo y completamente irreal, pero te creo. Y por esa razón no permitiré que esos Cullen destruyan tu vida de nuevo.
—Eso no fue así.
—¿Acaso crees que soy tan idiota como para no saber que ella se suicidó? —escupió, sus ojos encendidos como llamas—. Estaba tan estúpidamente empeñado en enamorarla que no me di cuenta de lo mentalmente inestable que era, y todo por culpa de esas sabandijas. No sé que le hicieron, pero no voy a dejar que se involucren contigo también.
—¡Yo no me suicidé! —grazné, obstinada de con su insistencia—. Y será mejor que empieces a dirigirte hacia mí como si fuese ella, porque lo soy, por eso te aseguro: no me suicidé.
Jake parpadeó, sorprendido por mi respuesta, rascándose la nuca.
—¿No fue así?
—No —negué, tranquilizándome—. Mi intención jamás fue matarme, sólo quería divertirme.
—¿Divertirte? —repitió él, respirando agitadamente—. ¿Sabes lo que nos costó a todos en el pueblo tu diversión? ¡Arruinaste la vida de Charlie y arruinaste el resto de mi adolescencia! ¿Sabes cuánto me costó superar el trauma de sostener tu cadáver? —envolvió mis brazos con sus manos y su duro agarre casi me arranca un gemido—. Así que te pido una explicación mucho más razonable que esa. ¿Por qué demonios lo hiciste?
Ignorando la punzada de culpa ante la mención de mi padre, decidí que no podía seguir mintiendo. Jacob merecía que fuera honesta con él. Era lo mínimo que podía hacer para recompensar parte de su sufrimiento, así sea un segundo.
—Descubrí que alucinaba con la voz de Edward cuando me encontraba en una situación de peligro. Sonaba muy parecido a como solía hacerlo, cuando intentaba protegerme. Por eso te pedí arreglar las motocicletas, y por eso quería hacer salto de acantilado. Estaba buscando desesperadamente una forma de volver a escucharlo, así fuese una mentira. Arruiné mi vida por culpa de una ilusión y no sabes cuánto lo siento.
Jacob se quedó como una estatua, mirándome fijamente. Después se varios segundos que parecieron eternos, musitó en voz baja:
—Juro que si en lo que me queda de vida llego a encontrármelo, lo mataré.
—Eso no pasará —respondí ácidamente—. Él jamás volverá, ya no me quería. No tiene motivos para hacerlo.
—¿Y qué haces con uno de ellos, entonces?
Me tomó veinte minutos relatar mi encuentro con Alice y mi relación con ella. Le recordé sobre su don, sobre sus visiones, y le ilustré el motivo de su visita. También aclaré que, mientras yo lo deseara, no estaba dispuesta a alejarme de ella bajo ningún concepto.
Mi fidelidad hacia ella ocasionó una cara de aflicción en el rostro de Jacob.
—Así que ¿te irás con ella? ¿Después de todo lo que pasó? —acusó, con un estremecimiento. Su voz se convirtió en un ruego apagado—. Por favor, Bella. Quédate aquí, te protegeremos.
—No puedes obligarme —lo desafié, imponiendo mi postura—. Se estallará un conflicto si Alice viene a La Push para buscarme. Además, ella no se quedará mucho tiempo. He estado pensando, y pretendo vivir mi vida de la forma más normal que pueda, sin intervención de ellos. Sólo necesito hablar con ella, aclarar unas cosas, y luego le pediré que se vaya para siempre. No tiene sentido que intenté aferrarme a mi pasado cuando en teoría nada de eso me pertenece, no cuando todo el mundo siguió adelante —me encogí de dolor al pensar en mis padres—. Bella Swan está muerta.
Jacob bajó la cabeza y apretó los párpados, dándose por vencido, porque sabía que yo tenía razón. A él le convenía más que a mí que los vampiros estuviesen alejados lo más posible de la reserva. Su hija era primero.
—No voy a forzarte a quedarte. Sólo dime que volverás —susurró con derrota.
—Claro que lo haré —aseguré, esbozando una torpe sonrisa—. Todavía no hemos terminado.
…
Eran las dos de la tarde cuando regresé a casa, sin ningún rastro de Alice a la vista. Desprenderme de Jacob resultó bastante difícil, ya que no estaba dispuesto a dejarme ir tan pronto ahora que me había encontrado. Me tomó varios minutos tranquilizarlo al jurarle que regresaría en cuanto conversara con Alice.
Un delicioso alivio se extendió por mi cuerpo cuando al fin pude comer. Los huevos estaban fríos y la leche tibia, pero estaba demasiado nerviosa como para preocuparme por una nimiedad como esa.
No me sorprendió ver a Alice apoyada sobre la encimera cuando me giré en dirección al vestíbulo. Su rostro era una máscara de serenidad y neutralidad, lo cual me indicó que, a diferencia de mí, ella ya conocía el rumbo de la conversación que estaba por iniciar.
—Hola Alice. ¿A dónde fuiste? —pregunté como si nada, sin dejar de masticar.
—Un licántropo estuvo rondando a unos kilómetros de distancia de aquí desde la madrugada. Cuando tu futuro (y mi futuro) desapareció, tomé la decisión de irme y volver en la tarde, ocasionando que el horizonte cambiara y nos trajera justo donde estamos ahora. Supuse que sería tu amigo y preferí darles algo de intimidad, en vista de toda la confusión que puedes estar experimentando.
—Oh, vale —aquella me parecía una explicación bastante razonable—. Por tu expresión, supongo que ya has visto lo que pasará a continuación.
Asintió con una mirada triste y bajó la cabeza, avergonzada.
—Sí.
—Entonces, no andaré con rodeos. ¿Por qué, Alice? Me dijiste que era la primera vez que me conocías. ¿Por qué me mentiste?
—Te mentí porque no sabía si era necesario que supieras la verdad todavía —abrió los brazos, señalando a su alrededor—. Pero es una realidad de la que ninguna de las dos podemos escapar.
—¿Qué es, Alice? ¿Qué me estás ocultando?
Alice suspiro y alzó la mirada, petrificándome. Sus ojos expresaban la más dolorosa de las desdichas.
—Edward supo que moriste.
Escuchar su nombre casi me hace perder el equilibrio, pero me sostuve a tiempo de la columna de la pared. La herida en mi pecho se abrió en carne viva.
—Bueno, algún día tenía que pasar, ¿no? —se me salió una risa histérica, sin motivo aparente—, él sabía que yo moriría algún día. ¿Se lo dijiste tú?
—No… fue Rosalie…
—¿Rosalie? Le contaste lo que pasó.
—Sí, fui yo, justo después de verte saltar. Después Rosalie se lo contó a Edward, y él llamó a tu casa. Alguien le contestó y le confirmó que falleciste.
Fruncí el ceño. No entendía a donde quería llegar Alice con esto, todo lo que me decía ya lo había dado por hecho. No detectaba nada anómalo en su declaración.
—Bueno, ¿y qué tiene eso de alarmante?
—Justo después de colgar la llamada, Edward se fue a Italia.
Al principio no comprendí a qué se refería. Después de todo, a pesar de haber recobrado mi anterior vida, me tomaba unos cuantos segundos de esfuerzo recuperar los fragmentos perdidos. No obstante, las piezas cayeron en su lugar cuando recordé aquél tiempo en el que yo hubiese apostado todo lo que tenía a que él me amaba.
"Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti. Aunque no estaba seguro de cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían… así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis… Lo mejor es no irritar a los Vulturis. No a menos que desees morir…"
"No a menos que desees morir".
—No… —susurré, tapando mis oídos con las manos.
Pero Alice tenía razón, no era algo de lo que yo podía escapar.
Me apartó las manos con dureza y me forzó a mirarla.
—Los Vulturis lo mataron.
N/A: El sueño de Alba/Bella es un parafraseo de una escena de "Crepúsculo". del capítulo "Mente Versus Cuerpo".
¡Feliz año nuevo a todas! Espero que hayan pasado una excelente navidad y un buen inicio de año.
Me imagino que más de una querrá arrancarme la cabeza. Lamento enormemente haberme desaparecido tres semanas. Me enfermé, lo cual me retrasó una semana, y luego llegó la navidad y el año nuevo y me dediqué un largo tiempo a compartir con mis familiares y amigos, por lo que no pude llevarme la laptop. Pero ya me estoy poniendo al día con la historia de nuevo :)
Quiero aclarar varias cosas a continuación:
1) Sé que quedan todavía muchas dudas, pero ya se aclarará más adelante. Y para quienes extrañan la participación de Eithan: sabremos de él en el siguiente capítulo, aunque seguiremos en el POV de Alba/Bella.
2) También quiero aclarar que NO estoy planeando ningún triángulo amoroso entre Jacob/Alba/Eithan. Pueden ir descartando esa idea.
3) Y para quienes consideran un posible enfrentamiento con Victoria: ella no aparecerá en esta historia, así que su paradero es irrelevante.
4) Con respecto al resto de los Cullen: falta poco, muajajaj.
Por favor, NO olviden dejarme un hermoso REVIEW para que me cuenten que piensan del capítulo! También seguiré respondiendo a dudas y enviando adelantos del siguiente capítulo a quienes me lo pidan. Las invito también por favor votar en el Poll (encuesta) que se encuentra en mi perfil de FF. Es importante para mí que lo hagan, de ese modo decidiré sobre cual personaje será el primer outtake de esta historia :)
Y... ya, creo que eso es todo amigos. ¡Nos leemos en la siguiente actualización!
Vicky.
PD: Quiero agradecer por sus reviews a Estrella masen, Vtzaa Hernndez, evelyn sarango, Bella collen, choiamberc, MMansenAbril, evelyn sarango, mauxijonas12, lunaweasleycullen14 , vanesscsb, pili, alecssie cullen vulturi, tary masen cullen, CB, Isis Janet , Krom, Cullen-21-gladys, Emma Emmav, Adriana, somasosa, GPCS. Sonitha Pico, Yoliki, Vikkii Cullen, Ale74 , Illusion-addicted, TsukihimePrincess, CecyBlack, Little Whitiee, Martu Vampira, apenasmediavoz, Andreagf17, FerHerrera, Bella Cullen Halliwell, Lady Stew, denisse, Clau, Allana Zakra, Belleza, bitha-granger, Pao199, y todos los "guest"!
